Es fácil, sobre todo si no se repara en consecuencias, decir lo que otros quieren oír, sin tener ninguna intención de solucionar el problema, a cambio simplemente de recaudar el rédito electoral de sus aplausos. Eso, que directamente se llama populismo, es un mucho de lo que llevamos años viviendo con el tema de la inmigración, en el que solo hay dos posible posiciones: estar de acuerdo con una pretendida izquierda, o declararse fascista. Ya el planteamiento rechina.

Yo, personalmente, aborrezco las fronteras, porque considero que son una forma de repartirse el mundo entre aquellos a los que solo les importa lo que pueden sacar de él en su propio provecho, y para ello crean los territorios, las banderas, los nacionalismos, y a los enemigos. Es difícil encontrarle alguna positividad a este invento que acumula en su haber la mayor cantidad de muertos y aberraciones humanitarias a lo largo de la historia. Lo mismo les sirven para ejercer el poder en nombre de una religión, que de un concepto ideológico, que de una identidad racial, o de un interés económico. Todo ello, como se puede ver, muy edificante.
Es cierto que el hecho de haber veraneado toda mi vida en una frontera natural, el río Miño en su desembocadura, teniendo otro país al otro lado, aunque nunca llegué a entender que aquel fuera otro país, ni los trámites e inconvenientes para atravesar el río, en otros tiempos, marcó mi posición al respecto, y que la lectura de “La Cerca Trágica”, de Zane Grey, contribuyó a fijar mi posición, pero no es menos cierto que basta una mirada con un cierto rigor para ver que no hay mucha diferencia entre el concepto de país, y el de chiringuito de intereses.
Pero de igual forma, con igual convicción, creo que si se decide mantener las fronteras, si se decide marcar territorios, esta aberración debe de tener consecuencias, debe de regirse por unas reglas, debe de preservar lo elegido por los de dentro para su propia convivencia. Es la única opción positiva que puedo reconocerle.
Lo que no tiene sentido es mantener unas fronteras, y considerar que no existen, o que su negación sirva para ensalzar la propia generosidad, o solidaridad, sobre todo si esa solidaridad se acaba justo cuando los que quieren venir han logrado cruzar esa línea maldita, y desentenderse de intentar proporcionarles una vida digna, una vida integrada y solidaria, por ambas partes, una vida en la que se acepten las obligaciones a cambio de adquirir los derechos, porque los derechos hay que adquirirlos, y respetarlos.
Llevo años preguntándome, y preguntando, como alguien que defiende la necesidad de la inmigración, alguien que defiende la integración de los inmigrantes en la sociedad, alguien que dice defender la vertiente humanitaria de la inmigración, y además, por otro lado, reniega de la economía sumergida, puede defender que un inmigrante tenga que justificar tres años de residencia, durante los cuales le está prohibido, hasta la persecución de cualquiera que intente ayudar, tener ninguna actividad remunerada, y lo obliga a trabajar sin cobertura social, a vivir de las ayudas, o a entregarse plenamente a la picaresca, o a la delincuencia. O a varias de estas cosas a la vez.
Yo entiendo, y me solidarizo, con el drama de las personas que vienen buscando ayuda, o un mundo mejor, me solidarizo con aquellos que buscan una mejor vida para sus familias, y su derecho a buscarla donde crean que pueden conseguirla, pero aborrezco los guetos que observo en los barrios marginales, aborrezco la delincuencia de un sistema incapaz de reaccionar ante individuos que se lucran de un sistema débil, desinteresado en las soluciones reales, populista. Y aborrezco esto porque es consecuencia de unas leyes injustas, permisivas con lo nocivo, implacables con lo positivo, y ciegas con los problemas reales de los ciudadanos que acogen, y las verdaderas necesidades de los aspirantes reales que lo solicitan.
Y aborrezco esas leyes porque he visto como se contrapone, y antepone, lo burocrático a lo humanitario, lo legal a lo justo, lo sancionador a lo regulador, sin que a los legisladores les tiemble el pulso, o les conmueva la situación, cuando lo económico va a su favor, y lo sancionador sustituye a lo integrador. He visto como la burocracia ponía en la calle a un trabajador después de llevar un año cotizando, por la falta de un papel, y anulaba y se apropiaba de sus cotizaciones, dándolas por no existentes, y multando a quién lo había contratado, y todo ello “EN DEFENSA DEL TRABAJADOR”. ¿Se puede tener mayor cinismo?
España tiene una terrible falta de mano de obra en los trabajos manuales, sociales, no cualificados, pero los empresarios españoles no pueden, salvo que se la jueguen, contratar a los miles de personas que vienen solicitando ese trabajo, porque nadie se preocupa de las empresas salvo para subirles los impuestos, o arruinarlas a sanciones, ni de los inmigrantes, salvo para las trifulcas ideológicas, para los discursos populistas.
Ahora hacen una regularización extraordinaria, bienvenida sea, a algunos les aliviará la situación límite que están viviendo, pero no nos llamemos a engaño, por mucho que regularicen, las leyes en vigor, que son el verdadero mal, no han sido modificadas. El estatuto de los trabajadores, que ahonda en la injusticia, y permite aberraciones como la ya narrada, ahí sigue, y la intención política de solventar el problema real de la inmigración, no solo la parte positiva, si no la negativa, brilla por su ausencia.
Está bien que lo bueno (la regularización extraordinaria), por una vez esté por delante de lo mejor (unas leyes justas con los inmigrantes, en lo bueno, y en lo malo), pero no es suficiente. Hacen falta nuevas leyes, un enfoque real del problema que ni niegue la acogida, como proclama la extrema derecha, ni convierta al país en un territorio sin ley para aquellos que llegan a él, como proclama la izquierda radical. Todo en su justa medida. Yo propondría unas líneas mínimas para edificar una legislación homologable por todos los ciudadanos de este país, que permitieran una sociedad multicultural justa, integrada, con una convivencia aceptada.
- Inmigrantes en edad laboral. Un tiempo máximo de tres meses para encontrar un trabajo estable. Al cabo de un año de cotización, regularización automática de sus papeles. Posibilidad de periodo extraordinario para formación laboral.
- Inmigrantes menores de edad. Un año lectivo para demostrar su capacidad de integración en la sociedad, y su voluntad de formarse para lograr un hueco en la sociedad que los acoge.
- Obligatoriedad de acatar las leyes, y respetar los usos y costumbres del país que los acoge.
- Repatriación inmediata de aquellos que delincan.
- Estudio personalizado de aquellos que no hayan logrado el objetivo de regularización en el periodo marcado, pudiendo acceder a una prórroga extraordinaria si eso permitiese una integración, o repatriación en caso de falta de voluntad de integración, o falta de capacidad para conseguir un lugar en la sociedad de acogida.
La absoluta permisividad en este tema de cierta “izquierda”, no me parece menos nociva que la absoluta intransigencia de cierta “derecha”, son los dos platillos de una misma balanza, y ambos desequilibran el fiel de unas leyes injustas en su afán de imponer dogmáticamente sus convicciones a una sociedad que los mira con un recelo más que justificado.
Ser justo, no es ser permisivo. Ser justo no es ser intransigente. Ser justo es tener generosidad con los que lo necesitan, y ser intransigentes con aquellos que pretenden abusar de esa generosidad, porque cuando se tiene justicia, la generosidad no hace falta invocarla, brota de esa misma justicia.
Ahora hace falta que esta sociedad exija lo que les corresponde, una casta política capaz de mirar por sus ciudadanos, y no para adoctrinarlos, no para salvarlos de su propia idea de sociedad, no como salvapatrias indeseados, si no para servirlos, para acatar su voluntad cuando la manifiesten, para hacer correctamente aquella función para la que fue concebida su existencia, la representatividad de la voluntad popular.




Buenos días amigo Rafa, estoy totalmente de acuerdo con tu exposicion sobre la inmigración, de acuerdo con las fronteras , de acuerdo con las personas q vienen a trabajar honradamente para mejorar su vida ,q se integra en nuestra sociedad y respeta nuestras costumbres y leyes, todos aquellos q hacen lo contrario y delinquen tan asiduamente son parásitos, esos fuera. Con todo mi aprecio un fuerte 🤗.
Gracias, Ismael, un abrazo.