Seguramente uno de los mayores logros, en cuanto a la libertad individual de los ciudadanos, de esta sociedad sea la popularización del automóvil como transporte individual, gracias a la cual se pueden garantizar derechos como la libre circulación, o el disfrute de un ocio de mayor calidad, y que contribuyó a los aires de gran libertad conquistada desde mediado el siglo pasado, y mantenida hasta la primera década de este. Pero desde entonces, una corriente política tendente a recortar los derechos y libertades del ciudadano, en pro de unos supuestos derechos y libertades colectivos, ha ido cercenando esos logros, y, casualmente, como sin queriendo, al mismo tiempo ha empezado una persecución inclemente contra el coche particular, una persecución fiscal, normativa, y siempre recaudatoria. Eso sí, por nuestro propio bien, por supuesto.

Son tantas las mentiras, tantas las incongruencias, tantas las terribles responsabilidades del coche particular en la mala marcha del mundo, que hasta da un poco de vergüenza intentar defenderlo, que hasta te hacen sentir un poco culpable, pero precisamente por eso, porque es intolerable la persecución de ese instrumento de libertad, que conviene repasar lo que nos cuentan, e intentar poner de manifiesto su verdadera naturaleza de persecución a la libertad individual.
- Límite de velocidad. Pues sí, corría el año 1973, año de la famosa crisis del petróleo, cuando España no podía pagar el combustible fósil que sí pagaban los españoles, y el gobierno, aún franquista, decidió rebajar el consumo limitando la velocidad máxima a 120 kilómetros a la hora. Curiosamente la misma velocidad que hoy, cincuenta y tres años después, con una red viaria de mucho mayor nivel que la de entonces, desdoblada, señalizada y correctamente mantenida, por la que circulan unos vehículos con un despliegue de medios técnicos y tecnológicos en pro de una seguridad que los organismos oficiales niegan, se impone a golpe de multa y represión, hasta hacer de las carreteras un coto de caza de una policía reconvertida en recaudadora, por nuestro bien, insisto, aunque ese bien cree un aburrimiento mortal y peligroso en los conductores, y fomente la multiplicación de conductores incapaces y que crean riesgos que no son perseguidos por los recaudadores de turno. Claro que tampoco tenemos que olvidar que si tanta consideración tiene para los administradores nuestra seguridad, y esta dependiera de la velocidad, bastaría con que los coches salieran del concesionario con la velocidad máxima limitada. Técnicamente no es ningún problema, racaudatóriamente sí.
- El carnet de conducir. Un título público que se otorga a cambio de unos estipendios, y de alimentar negocios particulares, pero que en ningún momento se preocupa de analizar la capacidad real del titular para controlar la máquina a la que se le autoriza a manejar, ni la posibilidad de circular de forma coherente con el resto de los conductores, incorporarse a eso que habitualmente llamamos tráfico. Conductores de ojos desorbitados, posturas rígidas y lacerantes, nudillos blancos de aferrar el volante con violenta desesperación, cabeza que roza el parabrisas en su necesidad por ver lo que su misma incapacidad como conductores les niega, y cuyo mismo lenguaje corporal revela la tortura de ser incapaces de encontrar la habilidad mínima suficiente para una conducción segura. Cualquier conductor profesional, incluso de maquinaria no circulante, incluso de vehículos que van por vías, sufre un examen mucho más riguroso, mucho más selectivo. Pero lo importante, otra vez, no es la seguridad real, no es lo que se invoca, es la recaudación. Conozco conductores con secuelas físicas después de conducir: cansancio, dolor de ojos, dolores musculares, cambios de humor, que aún se ven con capacidad para criticar la soltura ajena, la capacidad de conducir sin lacras de los demás. Pero, a mayor gloria del recaudador, usted por el camino se ha dejado las tasas de examen, las clases, con su IVA correspondiente, y todo el entramado económico que acompaña al permiso para conducir vehículos en la vía pública. Yo, hace ya tantos años, pude examinarme por libre, hoy eso es imposible.
- Impuestos repetitivos. Sin duda tener coche es, impositivamente hablando, uno de los mayores lujos que un ciudadano se puede permitir, o no, un ciudadano de a pie, y uno de los grandes nichos recaudatorios de la administración. Por supuesto que está sujeto al IVA, pero, además, hay que pagar el impuesto de circulación, y las tasas correspondientes, y otra vez el IVA si se financia, y la pegatina de tipo de motorización, y la matriculación, y otra vez, si usted vive en una zona con regulación de aparcamiento, el permiso para aparcar en su zona, y si no, paga usted otra vez impuestos por aparcar en una calle por la que ya ha pagado repetidamente impuestos, para su mantenimiento, para su limpieza… y podríamos seguir, pero ya se habrá hecho una idea. Impuestos cada vez que echa gasolina, tasas para renovar el carnet, impuestos para que la ITV le diga que su vehículo puede seguir circulando, impuestos para las revisiones, impuestos en ciertas carreteras. Impuestos, impuestos, y más impuestos, y tasas, y multas… Aquí no se invoca el bien particular, pero ya se sabe que los impuestos sirven, falcatruadas aparte, sobredimensionamiento administrativo aparte, asesores y políticos aparte, para el bien común, para los servicios públicos, para pagar al funcionario que le busca a usted la ruina, para mantener una maquinaria burocrática que a la más mínima dificultad le va a destrozar a usted la vida.
- Zonas de aparcamiento. Hace muchos años, era yo un niño, el yerno de Dolores, la señora que todos los sábados y domingos nos sacaba, a mi hermana y a mí, a jugar al retiro, o al cine, o, si el tiempo obligaba, nos cuidaba en casa, se compró un coche que no podía mover de donde estaba aparcado, junto al portal de su casa, porque no tenía carnet de conducir. Cuando la familia quería usar el coche, normalmente para irse al pueblo, o de vacaciones, contrataban un conductor que los llevaba. Hoy eso sería inviable. Hoy existen normativas que impiden tener un vehículo aparcado en el mismo sitio más de tres días. Te pueden multar sin previo aviso, sin saber si está averiado, o hay alguna causa justificada que te impida moverlo. No se puede tener parado un coche sin seguro, multa, o sin ITV, multa, así que si tu coche está pendiente de una pieza que no encuentras, o tienes un problema económico que te impida contratar el seguro en ese momento, se te multará aunque no circules, y aunque seas residente y tengas derecho a esa plaza. Lo importante es multar, el resto importa mucho menos. Bueno, en realidad, el resto no importa nada. Y si tienes que acceder a una zona de estacionamiento regulado, y no eres residente, o no es tu primera residencia, ya sabes, o pagas el aparcamiento, o pagas la multa, que te puede caer de todas formas, si no tasas bien el tiempo de aparcamiento estimado. Pero esto es por el bien de los ciudadanos, que conste. Se disminuye el tráfico, se liberan espacios de aparcamiento, incluso en zonas donde nunca ha habido problema, y el hecho de que haya recaudación solo es una consecuencia indeseada por la administración.
- Zonas de bajas emisiones. En realidad se deberían de llamar zonas de exclusividad para ciudadanos con alto poder adquisitivo, pero quedaría feo. Se supone que es para mejorar el aire, y la circulación, pero solo puedes acceder a ellas si tu poder adquisitivo te permite comprarte un coche nuevo, impuestos incluidos, naturalmente, aunque ese coche contamine más, o lo mismo, que el viejo que tenías. Algunos híbridos solo circulan con su componente eléctrica, o ecológica, lo justo para tener la pegatina, pero en realidad usan habitualmente su motor de combustión, por no hablar de esos coches que van por zonas “protegidas” echando las tripas y el aceite por el tubo de escape, y pasan junto a una patrulla municipal que ni se inmuta. Importa poco la contaminación en esta regulación, y lo único importante es, una vez más, la recaudación encubierta. Un ejemplo más: si la contaminación fuera lo importante, nuestros coches podrían circular, o no, por zonas restringidas, en base a sus emisiones reales, que son medidas regularmente cuando pasan la ITV, y no en base a una valoración subjetiva que les da carta blanca durante cuatro años. Un coche cuyas emisiones se ajusten a normativa, podría circular independientemente del año en el que fuera matriculado, que sería lo lógico. Y no olvidemos que hay otros vehículos que si pagan tienen derecho, los históricos. Eso sí, al final lo importante es pagar, lo importante es alimentar las arcas públicas, no importa la razón esgrimida.
- La baliza de los mismísimos. Y llegamos a la última ocurrencia de ese héroe de la democracia y la libertad que se llama Pere Navarro, la baliza V16, implantada con obligatoriedad, y alevosía, para evitar atropellos en la señalización de accidentes. La razón esgrimida es incuestionable, pero los inconvenientes, evidentes, y previsibles, son tan incuestionables como la razón, pero mucho más abundantes. Cuando se activa la baliza, obligatoriamente, desaparece nuestro derecho a la intimidad, ya que su localización se publica, sin ningún tipo de restricción, o de respeto a la ley de protección de datos, en un mapa accesible desde cualquier elemento de comunicaciones, dejándolo a disposición de ladrones, de piratas de la carretera, de parejas celosas, o de una administración ávida de controlar al ciudadano, y cualquiera de ellos puede usar esa información como mejor le convenga, y con la absoluta indefensión del usuario que está obligado a activar su propia desgracia, o a pagar una multa por defender su derecho inalienable a la propia intimidad. Pero, ¿a quién le importan los derechos del ciudadano, cuando lo que estamos hablando es de controlarlo, o de esquilmarlo? Y, no pierdan de vista las próximas ocurrencias, por nuestro bien de este santo cruzado de la carretera hostil y el transporte público para los cada vez más pobres. Rebajar el límite de velocidad en carretera, y lograr prohibir la circulación de vehículos sin pasajeros. Así que, en cualquier momento, solo podrán circular los que tengan chofer, como él mismo., ministros y asesores, o los que puedan pagar a alguien para que vaya con ellos en el coche. Supongo que sus amigos ya estarán preparando una empresa que pueda aprovechar la obligatoriedad del pasajero, como ha habido una empresa que no solo ha recibido subvenciones para la fabricación del artefacto V16, además ha tenido el premio de la homologación prioritaria, posi una sola cosa no fuera suficiente.
Algo huele a podrido en el bien común. Hay una terrible peste a corrupción entre los políticos y sus adláteres de confianza. Hay un insoportable hedor a abuso e impunidad entre los que gobiernan. Pero no nosotros seguimos pagando, y cantando aquello de: “al cochecito leré, vienen piratas leré, y si te asustan leré, quédate en casa leré”.




