CARTAS SIN FRANQUEO (CC)- CARTA SIN DESTINATARIO

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Estimados lectores:

Cumple este escrito el número doscientos de los que hace unos años decidí estiquetar como cartas sin destinatario, y para celebrar tan redonda efeméride he decidido que esta carta sí sea una carta. Una carta a corazón abierto, a calzón quitado, en carne viva, y así os la remito, sin franqueo, sin destinatario, sin sobre, ni cartero, pero directa al alma.

 

Foto de Liam Truong en Unsplash

«He escrito esta carta tantas veces, tantas veces la he roto, roto yo mismo por las palabras, que apenas me pongo a escribirla de nuevo ya se rompe por sí misma. Apenas tengo el tiempo de completar el renglón cuando un rasgado lo hace ilegible. Tal vez sea el papel, especial para recoger palabras que nunca quisiste que se pronunciaran, que se escribieran, o tal vez que el lápiz se agarrota ante lo que escribe y en su pesar va rompiendo el papel al que intenta transmitirle el pensamiento. Sea lo que sea, no ha de llegar al fin esta, como no llegaron al fin ninguna de las predecesoras.

Pero no es la única aberración de esta misiva, la de tener que ser leída en trozos de papel dispersos por el sentimiento, dispersados por el viento, deformados por la humedad del llanto que su contenido inspira en quien pretende escribirla. No, no es esa su única aberración, porque jamás podrá escribirse el nombre de su destinatario. Jamás podrá tenerse la certeza de quién ha inspirado el dolor que rompe el alma del escribiente, y el papel que intenta recoger sus palabras.

Ya no importan, ni siquiera, los hechos que pudieron mover al escribiente a plasmarlos sobre unos renglones que se niegan a ser reflejo de acontecimientos funestos, a recoger en palabras sentimientos que se fueron haciendo negros, casi letales. Ya no importa si sucedieron como el escribiente los recuerda, o de alguna otra manera que el imposible destinatario pudiera recordar. No, ya no importa. En realidad, a estas alturas, ya no importa nada.

De nada sirve intentar contar lo sucedido, porque sucedido está y no parece tener otra secuencia que una ruptura sin retroceso. De nada sirve contar sin que contar pudiera tener otro objetivo que remover los sentimientos, que recrear el dolor ya vivido, vívido aún en el alma. De nada sirve contar por contar sin que el relato procure alivio, o reparación de lo sucedido.

No, esta es una carta sin destinatario, sin objetivo, sin un soporte capaz de mantenerse íntegro ante el dolor que se pretende que soporte.

Ya nadie puede devolverme lo que el pasado se ha llevado, nadie puede devolverme lo que el tiempo ha sentenciado, nadie puede decir que las heridas que aún son llagas, no han existido, o que son imaginarias. Basta con asomarse un poco, basta con mirarme a los ojos, para ver en mi interior el daño que el alma arrastra, el dolor que el corazón soporta, la resignación que seguir vivo comporta. Ya no es solo el dolor por lo que haya sucedido, es el dolor de una vida desperdiciada, de sentirse despojado del único bien que nadie restituye.

Podría extenderme casi tan infinitamente, como infinito es el dolor que me inspira las palabras. Casi tan infinitamente como infinito sería el tiempo necesario para poder olvidar lo sucedido. Casi tan infinitamente como infinito sería el borrador necesario para perdonarlo. Pero el infinito no está al alcance de los hombres, no al menos de este hombre volcado en el enésimo intento de que sus palabras salgan, de lograr que las palabras digan, de lograr que las palabras sanen.

He escrito esta carta tantas veces, la he pensado tantas veces, tantas veces he querido poder leerla y que me escucharan, que tal vez ya no sea más que un bálsamo insuficiente, pero necesario, un intento de desalojar al sufrimiento del campamento que ha hecho en mi alma, colonizada, sometida, pero aún dispuesta a ser escuchada.

Nunca, aunque al final consiguiera escribirla sin romperla, aunque pudiera escribirla sin que ella misma se rasgara, llegará esta carta a los ojos de aquella persona a la que debiera estar destinada. Nunca, ni aunque por un extraño destino pudiera llegar a sus manos, ser leída por sus ojos, y reconocidas las palabras, podría reconocer lo que digo, instalada en la soberbia de una historia inventada, instalada en un relato selectivo que omite todo lo que pudiera responsabilizarla.

Así somos los hombres, capaces de convertir los mejores sentimientos en las más crueles armas, capaces de generar dolor con el amor, capaces de matar con la entrega, capaces de odiar desde una mentira construida.

Sí, ya lo he dicho. Podría extenderme casi infinitamente, pero aquí se acaba.»

 

1 COMENTARIO

  1. Don Rafael López villar ,es un escritor fácil de leer por el lenguaje que utiliza para expresar sus sentimientos.
    Leer sus libros o artículos es como estar tomando un café y mantener una conversación de cualquier tema.
    Considero que es una persona muy culta, humilde, educada, cercana, divertida…con la que puedes contar en cualquier momento.
    Animo a todos a que saquen un ratito para leerlo y disfrutar de su aportación literaria.

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