CARTA A MI MALTRATADOR

0
230

No me ha quedado otro remedio que pedir ayuda para poder salir de este abismo: no puedes obligarme a quedarme y resistir porque esté casada contigo. Esclavizada y a tu servicio, me acosas, chantajeas, manipulas y maltratas psicológicamente desde hace… ni me acuerdo.

 

 

No puedo seguir coaccionada  ni vejada emocionalmente. Pretendes que vaya y vuelva a cualquier parte en el mínimo tiempo, y que esté preocupada sintiéndome responsable de cualquier cosa que pueda ocurrir si no hago las cosas como tú quieres.

Impides de todas las maneras posibles que pueda desenvolverme en mi trabajo y actividades, en definitiva, mi desarrollo profesional, realización como persona, como mujer, y ya no tener un futuro sino un presente.

Te notifico mi decisión de interponer una demanda de divorcio inmediatamente, y me libero de la obligada convivencia conyugal, colmada de conductas de control, asedio y manipulación, que han producido una lesión psicológica por desgaste, incapacitándome para defenderme ante tus abusos, actos retorcidos, malas palabras, persecuciones por la calle y constantes mensajes telefónicos.

Estoy sometida, desde hace mucho tiempo, a tu acoso afectivo e intimidación, ejecutados mediante pautas de sujeción que, como acosador, has ejercido al fingir depender emocionalmente de mi, tu víctima, hasta el punto de hacerme la vida imposible, saqueando mi tiempo amén de devorarme con tus manifestaciones continuas y exageradas de afecto, reclamaciones de cariño y atenciones continuas.

Has robado mi intimidad, además de contarle a todo el mundo detalles de nuestra vida personal, arrebatándome la tranquilidad y el tiempo para realizar mis tareas y actividades, que has interrumpido constantemente con tus demandas; apenas me has dejado respirar entre petición y petición, pero siempre con buenas palabras, inoportunas y agobiantes. Cuando he podido salir para ir a trabajar, atender a mi familia o visitar a mis amigas, a mi regreso siempre he sufrido represalias, ultrajes y amarguras.

Cuando he rechazado someterme a esta forma de acoso, te has quejado, llorado, desesperado, implorado, amenazado y realizado actos de maldad, torticeros y ladinos, que has justificado diciendo que todo lo haces porque me amas. Esto supone añadir el chantaje afectivo a la estrategia de acoso.

En los últimos meses, además, apelas a cualquier cosa para provocar en mi un sentimiento de culpa e incrementar el menoscabo emocional.

Eres un artista de la agresión insospechada, una forma de violencia psicológica sutil y elaborada que se ejerce disfrazándola de protección,  atención, buenas intenciones y deseos.


La culminación de tu plan fue impedir mi desarrollo como persona autónoma, dificultado ejercer mi derecho a la libertad, sin poder escapar del entorno artificial fabricado para mí.

Todo dices hacerlo por mi bien; jamás has permitido mi independencia, nunca, haciéndome creer que el día que faltes mi integridad valdrá bien poco.


Me has agobiado con demandas de ayuda, como si fuera una enfermera o tu madre, privándome del derecho a salir con mis amigas, de viajar a mi gusto o de desarrollar mi profesión, pasando horas sin dejar de vigilarme, observarme y paralizarme.

Para no estar solo me has convertido en chica para todo, no tengo autonomía, no puedo descansar (me llamas y me mandas mensajes y whatsapps a todas las horas). Soy una esclava (hago la compra, cocino, te acompaño a pasear, a tomar algo, etc.).

Otra forma de agresión insospechada son los consejos. Tus consejos sapientísimos han tenido siempre un matiz de amenaza y han sido otra forma de acoso.


O lo que es lo mismo, empeñarte en dar tu visto bueno a mis acciones, ofreciéndome tu parecer sin pedirlo o, por el contrario, vetando mis proyectos. Te has permitido incluso darle tu beneplácito a mi sexualidad, mientras me repetías incansablemente que era el amor de tu vida y te ibas con otras mujeres, de lo que también me has hecho responsable.

Aconsejarme sobre lo que tengo que hacer en una u otra situación y hasta prevenirme del desastre si no seguía tus recomendaciones, ha sido la puntilla. Te has opuesto con todas tus fuerzas a que hiciera cosas que ni te iban ni te venían, pero en las que tú no podías dejar de intervenir.

Tengo secuelas de tu violencia psicológica contra mí, pero esto no es nada para ti, maltratador, tu manipulación me hizo creer que todo son exageraciones mías, que tengo la culpa de lo que sucede y, por supuesto, que es mi deber pasar página y perdonarte siempre. Lo mismo has intentado hacer con mi entorno, de manera que todo el mundo opinara que eres un excelente cónyuge, compañero o amigo. Lo has intentado, pero la gente no es tonta. Mi entorno sabe lo que pasa contigo y lo que estoy pasando contigo. Son mi apoyo, no estoy sola.

Sí, tengo secuelas: el desarrollo una personalidad adictiva, psicótica y casi violenta. La misma escena o escenas similares se han repetido una y otra vez hasta dejar de producirme malestar, porque mi mecanismo de habituación funciona y mi cerebro dejó de responder. Este es el mecanismo que desempeña el papel más importante en la violencia psicológica, porque la víctima, yo, he llegado a aceptar mi situación como algo totalmente normal y la he incorporado a mi vida como una faceta más.

Me ha costado mucho admitir que estoy anulada por ti, no es que me haya acomodado, sino que me has anulado por completo.

No me dejas descansar, ni dormir. No dejas de atacarme y de intentar engañarme para que me quede contigo. Pero no voy a seguir.

Me marcho lo quieras o no. Vas a dejar de perseguirme, acosarme, culpabilizarme y maltratarme.

Déjame vivir, por favor, no me mates.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí