CANAL CONSUMO, CIUDADANO IN MEMORIAM

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Es curioso ver cómo pasa el tiempo, pero los problemas siguen pareciendo los mismos, siguen siendo los mismos.

Va a hacer cincuenta años, apenas faltan dos, que, al albur de los cambios políticos y sociales que se asomaban, y empezaban a parecer inevitables, dos orensanos se atrevieron a poner en marcha el proyecto de una revista de información al consumidor. “Ciudadano”, se llamó la criatura, y tuvo un gran éxito de acogida entre la gente de a pie, y algo menos entre grandes empresarios y políticos de pelo único, que eran los que mandaban en aquel entonces.

 

Y no es que yo sea muy de efemérides, ni quiera ahora proponer homenajes y reconocimientos a Alfonso Sobrado Palomares o Heriberto Quesada Porto, sus creadores, o a Manuel Saco, su director y sostenedor durante los años que duró la ilusionante aventura. Ni siquiera se trata de poner en valor y circulación el par de articulillos, mi primera aventura publicada, con los que colaboré con la misma, no. Esta incursión en tan añeja memoria viene a cuento de que, viendo los tiempos que corren, las formas y maneras empresariales para con los ciudadanos, que se encuentran inermes ante los abusos, casi siempre legales, casi siempre dudosamente éticos, que día a día se perpetran contra ellos, uno acaba añorando que haya alguien, algo, capaz de orientarnos en el permanente disparate de las tarificaciones crípticas, en la selva de los precios inalcanzables, en el dudoso rigor de la aplicación de descuentos, ayudas y beneficios, a la hora de incorporarse a las facturas, a los precios, al coste de la vida.

Uno de los grandes argumentos de la privatización de las sociedades públicas, casi todas de sectores estratégicos, que los gobiernos democráticos heredaron de la dictadura, era que contribuirían a la liberalización del mercado, y la pretendida competencia que esa liberalización iba a provocar, supondría una auto-regulación de los precios de los mercados, y, como consecuencia, un abaratamiento de las tarifas.

A día de hoy el argumento supone una chanza, y lo que abunda es la indefensión del ciudadano ante las grandes compañías energéticas, de comunicación, financieras, alimenticias, o de distribución, que campan a sus anchas y manejan el mercado a su antojo, sin atisbos de la tal competencia. Sí, existe la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), y me gustaría que alguien me dijera, fuera de los ámbitos profesionales, una actuación ejemplar de este organismo en alguno de los mercados sensibles. Efectivamente, yo tampoco.

En vergonzoso visitar una sucursal bancaria, que la ley te obliga a contratar con la excusa del blanqueo de dinero, si quieres cobrar una pensión, una nómina o un trabajo de cualquier tipo, y darte de bruces con un montón de puestos de trabajo vacíos, colas interminables, horarios restrictivos, comisiones disuasorias y más.

Es de juzgado de guardia enfrentarte a los servicios de atención al cliente de las grandes corporaciones, automatizados, cerriles, disuasorios, que deberían de llamarse servicios de contención del cliente, ya que esa parece ser su única función identificable.

Es lamentable, dada como está la situación económica, tener que estudiar un máster, o una especialización técnica de algún tipo, para ser capaz de entender un recibo de algo tan básico y vital como pueden ser los de la luz, el gas, el agua (en breve el aire), y sentirte indefenso para, entre permanencias, desatenciones, complejidades e informaciones crípticas, poder elegir la opción que más te convenga.

Y si lo privado es castrante, lo público no lo mejora. Burocracia, desinterés, falta de recursos, privilegios funcionariales y algunas que otras zarandajas, en las que, obligado por la ley, atrapado por el sistema, el contribuyente, antiguamente ciudadano, se siente inerme, agredido, indefenso, dada la diferencia de recursos entre el entramado oficial y el presunto culpable, que es la presunción de la que parte la Administración, aunque la Constitución diga lo contrario

Así que, dada la habitual inutilidad de las protestas a gritos, la usual inutilidad de las hojas de reclamaciones que nunca suelen llegar a solución alguna, y el creciente abuso de tamaño de corporaciones y organismos oficiales, el consejo de redacción de Plazabierta ha decidido, con las distancias inevitables, recuperar algo del espíritu de servicio de aquella emblemática publicación, y abrir una Canal de Consumo en nuestro digital. Un Canal de Consumo que les permita a ustedes denunciar aquellas situaciones de indefensión, de mala praxis, de incumplimiento de funciones, que les afecten o preocupen, y a nosotros intentar documentarnos, indagar, y, si nuestra pericia, y nuestros medios, lo permiten, informar de la situación, sin descartar el llegar a la denuncia formal, legal.

¿Han utilizado el servicio de repostaje de alguna empresa con sistema de fidelización después de la entrada en vigor del descuento de los veinte céntimos? ¿Han revisado su aplicación? Nosotros sí, y obtuvimos unas disculpas inmediatas y devolución instantánea de parte del importe. Pero ese será nuestra primera intervención en este nuevo canal de Plazabierta, el suyo, el que les espera para intentar poner algo de voz donde ahora solo hay resignación.

Os esperamos, os convocamos en: consumo@plazabierta.com, nuestra voz, vuestra voz.

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