
BLACK LINE nace de la observación de los espacios de tránsito del metro, lugares atravesados cada día por miles de personas y, al mismo tiempo, marcados por una profunda sensación de anonimato.


A través de la fotografía en blanco y negro, el proyecto explora la relación entre arquitectura, movimiento y presencia humana.


Construyendo una mirada donde la espera, la repetición y el desplazamiento adquieren una dimensión poética.


Las imágenes no buscan documentar un lugar concreto, sino sugerir una experiencia compartida: la de quienes habitan temporalmente estos espacios suspendidos entre un origen y un destino.


BLACK LINE es una reflexión visual sobre la soledad colectiva, el ritmo urbano y los silencios que permanecen ocultos bajo la superficie de la ciudad.







