ATRAPADOS EN LA FURIA DEL PASADO

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Hay crímenes de lesa humanidad y habría que ampliar el concepto a los errores cuyas consecuencias desembocan a medio o largo plazo en acciones que canalizan estos crímenes. Estamos, disculpen por generalizar, atrapados en la furia del pasado, y esa oscuridad impide el aprendizaje que evitaría cometer  estos errores de lesa humanidad. La guerra que asola Ucrania es un cumulo de esos errores.

 

Siempre quedara para el futuro las razones políticas que pusieron en marcha está aberración, porque la guerra de Putin no ha surgido por generación espontánea, nadie piense que pretendo ni en una sola de las palabras que conforman está reflexión justificar la guerra contra Ucrania, pero son necesarias otras lecturas para que se llegue a comprender, sí es que ello es posible, mínimamente el porqué de esta guerra, más allá de las razones que unos y otros esgrimen en réplicas y contrarréplicas mediáticas.

El final de la guerra fría se produjo en un escenario de desigualdad entre la OTAN  y el Pacto de Varsovia. Los países miembros de la OTAN gozaban de una estabilidad política y socio económica de la que los países del Pacto de Varsovia adolecían. Los liderazgo a un lado y otro del telón de acero también se decantaban a favor de occidente. Gorbachov y su perestroika fueron determinante para finalizar el clímax belicista entre ambos bloques y le granjeo el respeto de las potencias occidentales, sin embargo en clave interna, dentro del bloque soviético, fue una señal de debilidad  que socavó su liderazgo.

Su sucesor, Boris Yeltsin, contribuyó a desmantelar la URSS, con la complicidad de las repúblicas de Ucrania y Bielorrusia y junto a sus políticas reformistas y la liberalización económica no hizo más que, a medio largo plazo, socavar su liderazgo en un contexto crucial en la historia de Europa, esto más la precaria situación económica de la federación Rusa, cuya inflación en 1993 era del 839,87 %, terminó  por encumbrar a Putin hasta que en diciembre de 1999 se convierte en Presidente tras la dimisión de Yeltsin. Según Vladimir Fedorovski, miembro del equipo de Gorbachov, en esos años el pueblo ruso vivía  diez veces peor  que actualmente con Putin.

Estas circunstancias fueron aprovechada por EE.UU, fundamentalmente, partidario de mantener a Rusia en la periferia de Europa, dejarla caer porque ponía en riesgo el dominio estadounidense, mientras que algunos países europeos liderados por Mitterrand mantenían la idoneidad de integrarla en Europa. Finalmente prevaleció la estrategia atlantista, con George Busch a la cabeza, sobre la diplomática.

Como consecuencia de esta estrategias se llegaron a acuerdos con Rusia que tanto unos como otros incumplían antes o después, uno de ellos fue el de garantizar que “la OTAN no se extendería ni un milímetro hacía el territorio de Rusia” siendo secretario de Estado norteamericano, James Baker. Obviamente está promesa se ha incumplido, ninguneando a Rusia en el contexto internacional. De igual manera Rusia ha incumplido el Memorándum de Budapest en el que se incluían garantías de seguridad frente a las amenazas o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania, a cambio Ucrania cedió a Rusia el tercer arsenal de armas nucleares del mundo entre 1994 y 1996.

Estamos a las puertas de una nueva situación geopolítica en la que intervendrán Europa, no como unidad sociopolítica, y ese es el error, sino Europa como conjunto de países. Mientras Rusia buscará nuevas alianzas militares y económicas esta vez con China. Sí olvidar la India o Brasil.

La influencia, en términos globales, de EE.UU sobre los países de la Unión Europea sigue siendo un problema estratégico a resolver y sus consecuencias se mide en la falta de liderazgo de la UE frente a problemas globales. En el caso de la guerra de Putin parece que está dinámica se ha revertido, y lo parece por la apuesta común de apoyar sin fisuras a Ucrania, aunque empiezan las discrepancias cuando interfiere EE.UU, caso de Polonia con el suministro de cazas al ejército ucraniano. EE.UU con su atlantismo y la UE con su endogamia particular.

La UE, como unidad política, no debe subordinarse al atlantismo estadounidense, otra cuestión es la participación en la defensa militar cuando haya que recurrir a ella. Pero no basta con la defensa del territorio ante amenazas de terceros, es necesario que también muestre su liderazgo en el panorama geopolítico internacional. La pandemia y ahora la guerra iniciada por Rusia ha puesto en valor un modelo de civilización que la UE debe esgrimir como una de sus principales fortalezas.

 

 

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