ASÍ ES ESPAÑA Y ASÍ SOMOS LOS ESPAÑOLES

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España, un país dividido y sin futuro, y los españoles y menos españoles entretenidos en cuitas ideológicas que estarían bien sino fuera porque lo que apremia en este momento son otras cosas de las cuales depende nuestra estabilidad social y política.

Los protagonistas, cuatro hombres y un destino, jóvenes relativamente, con una mano de maquillaje para aparentar lo que no son, como si se tratarse de una simple labor de marketing político, dos de un lado y otros dos del otro, y en cada grupo uno más radical que el otro. Desde una extrema derecha hasta una extrema izquierda, pasando por cierta indeterminación en ambos lados que genera cierta incertidumbre en quienes los votan.

En la derecha, cada vez más convertida en una extrema derecha, el recién estrenado como líder del partido Pablo Casado dispuesto a recuperar el PP de José María Aznar, volviendo a jugar con los conceptos que mueven a sus seguidores, anclados a un patriotismo de camisa azul con el  yugo y  flechas, la confrontación de la reconquista ante los sentimientos autonómicos e independentistas, y la manipulación basada en creencias religiosas queriendo convertir al país a una ética del tres al cuarto utilizando valores tales como la vida, la familia, la educación religiosa, pero sin querer ver la paja en su propios ojos. En definitiva, un lavado de cara frente a su corrupción endémica e imparable.

En el mismo lado del ajedrez de esta partida absurda entre ideologías, Albert Rivera, utilizando el tiro de su aparición en la escena política nacional, con los mismos conceptos de la derecha rancia, pero en este caso, aprovechando sus aparentes manos limpias de la corrupción, aspecto no del todo cierto si tenemos en cuenta algunos de los informes negativos del Tribunal de Cuentas sobre subvenciones electorales, como el último relativo a los gastos  realizados y no autorizados en 2015, emitiendo publicidad en televisiones locales cuando no podía hacerlo.

A la izquierda la cosa no mejora, aunque la separación entre partidos es mucho mayor que la existente en el otro lado, con un PSOE con giros hacia la derecha como el borracho que va de un lado al otro de la calle, un partido que en connivencia con el PP ha hecho una política durante los últimos cuarenta años de democracia instaurada en 1978 que ha beneficiado a los ricos en vez de a los trabajadores, pieza indispensable en cualquier economía bien entendida y asentada, no sólo porque somos los que soportamos la mayor presión fiscal, sino porque todavía no hemos sido vistos como parte del activo de las empresas en el que hay que invertir para mejorar su producción y, en consecuencia, hacerlas mejores y más competitivas. Un PSOE que se ha alternado en el gobierno de la nación con el PP gracias a la modificación de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General pactada entre ambos para no dar oportunidad a los partidos más pequeños, amen de otras medidas que han beneficiado a ambos como el indulto de los corruptos del contrario, por aquello que de hacerlo sobre ellos mismo sería dejar verse demasiado el plumero.

Su líder, Pedro Sánchez, número uno en aparentar la cara de un hombre bueno, y algunas dicen que guapo, con más ansias de poder que un niño en comer un caramelo, como siempre aprovechándose de las debilidades del contrario para subir escalones ante la carencia de méritos propios, como el resto; con una política ideológica de corte socialista en determinados temas que afectan más a un sentir popular que al propio avance del país en términos económicos o a la protección de los más débiles del sistema frente a los más fuertes. Una manera de mantener entretenidos a los pobres ciudadanos.

Y llegamos al último, al más populista de todos, el que encontró el poder en las plazas sin ir a ellas, el que hizo suyo el 15M presumiendo de un movimiento asambleario que utilizó para hacerse con las riendas de lo que dijo que nunca sería un partido, desplazando la democracia de sus círculos. Habló de empoderamiento de un pueblo para empoderarse el mismo. Vendió el partido como una social-democracia, algo descafeinado para acoger a todos los cabreados de la izquierda, cuando sus políticas responden más un comunismo estalinista. Un partido en los que no piensan igual son señalados como apestados o fascistas, sin darse cuenta o queriendo disimular a los que de este corte tienen dentro.

Pero aquí no acaba todo, cada cual tiene su partido satélite, casi siempre nacionalistas dispuestos a mamar de la teta del Estado a cambio de un voto para aprobar leyes en minoría. Aprovechados sin escrúpulos, dispuestos a utilizar cualquier recurso político incluso aquellos que van en contra de su propia existencia y esencia,  si con ello alcanzan el poder que ansían u obtienen un buen pellizco de dinero en inversiones territoriales, no siempre necesarias.

Todos expertos en manipular, mentir, vender su alma al diablo, a la banca y otros poderes facticos  para mantenerse en el poder quienes lo alcanzan o poder optar a él; pero lo que es peor, si cabe, manteniendo al pueblo entretenidos en luchas ideológicas que a lo único que conducen es a la confrontación, en vez de aportar proyectos e ideas de futuro, buscando el consenso o pactos de Estado en aquellas cuestiones de vital importancia como son la educación, la sanidad, los servicios sociales, la inversión en innovación y desarrollo. En definitiva políticas de futuro o de larga duración y no ceñidas al tiempo que duran en el poder, buscando única y exclusivamente la rentabilidad política cara a las próximas elecciones. Nosotros no somos más que las piezas sin valor que ello mueven a su antojo

“todos expertos en manipular, mentir, vender su alma al diablo, a la banca,  para mantenerse en el poder quienes lo alcanzan o poder optar a él, pero lo que es peor, si cabe, manteniendo al pueblo entretenidos en luchas ideológicas que a lo único que conducen es a la confrontación


Este es el mapa político, este es el Estado de la provocación entre la derecha y la izquierda recordando viejas luchas que en ambos lados están dispuestos traer al presente aprovechándose sin escrúpulos del dolor ajeno, porque si este país necesita algo es solucionar aquello y no removerlo cada cierto tiempo por quienes tienen las riendas de nuestro destino como país en sus manos, provocando un dolor entre contrarios con un olor a sangre, lo que es lo mismo que hacer la guerra en tiempos de paz. Esta es nuestra querida España un país sin futuro, saqueado, humillado, por ellos pero también por nosotros por carecer de la dignidad suficiente como para mandar a esta cuadrilla de niños guapos, unos más que otros, a su casa. Dicen que  lideres de nueva sangre dispuestos a romper con el pasado, cuando lo que circula por sus venas no son más que una grandes ansias de poder a cualquier precio repitiendo política que por viejas no hacen mas que remover la mierda que nos empeñamos en seguir manteniendo debajo de las alfombras por si en algún momento necesitamos echar mano de ellas. Patético, pero cierto.

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