APRENDIENDO A TRABAJAR – CÓMO LOS CHICOS DE LA CLASE OBRERA CONSIGUEN TRABAJOS DE CLASE OBRERA – DE PAUL WILLIS en Akal Pensamiento crítico, Madrid 2017.

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Choque entre la cultura contraescolar y la cultura académica.
La cultura de los alumnos “colegas” (de clase obrera) contra la de los alumnos convergentes con la cultura escolar “pringaos”. El contraste y los rasgos arquetípicos de una y otra culturas en la obra del sociólogo británico Paul Willis

INTRODUCCIÓN

Vaya por delante una valoración general sobre la lectura de este texto, que a mi juicio tiene un notable interés, subrayando el valor etnográfico y su profundización teórica, que rompe con los esquemas tradicionales de los enfoques en sociología de la educación funcionalistas, que han marcado la producción sociológica durante décadas e incluso los más centrados en el conflicto: los neoweberianos y los marxistas (de orientación estructuralista) de la reproducción, al recuperar elementos de otra tradición marxista como la gramsciana de hegemonía.

Poner de manifiesto que la supuesta neutralidad axiológica de la escuela es uno de los aspectos que el texto pone más en evidencia (la escuela no es para nada neutral), así como la contribución crítica sobre el nivel de autonomía de la escuela y de los agentes sociales que en ella participan respecto de las estructuras de poder y de control social.

IDEOLOGÍA Y HEGEMONÍA

Dos conceptos básicos son importantes para comprender el esquema desarrollado por Willis, estos son: hegemonía e ideología. Ambos conceptos son de matriz claramente marxista y son conceptos que se implican mutuamente en el nivel de conflicto en que se debate la sociedad capitalista; son conceptos que explican el desarrollo de la lucha de clases en el nivel de la superestructura.

Las teorías dentro de los planteamientos hasta entonces utilizadas, léanse Bowles & Gintis, como epígonos, que utilizaban el concepto de ideología en el sentido más clásico, de falsa conciencia.

La ideología hace aparecer como naturales las diferencias de clase, etc. Así, podemos entender que el discurso dominante distorsiona la percepción de la realidad social de los dominados. Mutatis mutandis, la escuela como agente de la ideología dominante del Estado ejerce el control y la dominación de la clase burguesa en su propio favor.

Tanto la escuela como el sistema productivo se estructuran de la misma manera, es decir, a través o a partir de un sistema jerárquico disciplinado, que separa al individuo del control de lo que produce (en la fábrica) o sobre lo que debe aprender (escuela). La escuela incentiva a los estudiantes con premios en forma de notas, credenciales, etc., análogamente el empresario capitalista recompensa al obrero en función de su productividad.

La inculcación ideológica que lleva a cabo la institución escolar desarrolla en los individuos un sentido de identidad de clase, y unas formas de comportamiento que se adecuan a los distintos perfiles de trabajadores. De esta manera los individuos de las clases más desfavorecidas aprenden a obedecer y a actuar según las normas, mientras que las clases privilegiadas, al alcanzar niveles de formación superiores, adquieren la autonomía necesaria para el desempeño de tareas de dirección y control.

Esta concepción un tanto estática, es lo que Willis ataca en su etnografía y análisis y despliega otro concepto más dinámico e interactivo, que puede resumirse en: la formación de la conciencia es también un producto parcial de las acciones de los agentes sociales, los cuales disponen de un margen relativo de autonomía que utilizan para la lucha política, para tratar de liberarse de las imposiciones de la clase dominante.

El concepto de hegemonía, definido por Gramsci, es el proceso por el cual la clase dominante ejerce el control moral e intelectual sobre los otros grupos sociales, pero este control no consiste en una imposición ideológica, sino que representa un proceso de transformación pedagógico y político en el que la clase dominante articula un principio hegemónico que integra elementos comunes que se hallan en las cosmovisiones y en los intereses de los demás grupos.

La hegemonía, por tanto, subraya la relación entre dominantes y dominados. A través del principio de hegemonía, la clase dominante consigue articular un discurso que hace aparecer sus propios intereses como universales y objetivos.

EL «CHOQUE» O LA LUCHA IDEOLÓGICA EN EL TERRENO DE LAS PRÁCTICAS MATERIALES DE LOS «COLEGAS»

Es en el terreno de las prácticas cotidianas donde emergen los elementos de oposición a la cultura dominante, donde los individuos resisten a la inculcación ideológica.

La escuela se convierte en el espacio de producción y desarrollo de la subcultura juvenil obrera. Los “colegas” desafían la imposición cultural dominante de la escuela a partir de una producción cultural propia, que hunde sus raíces en la cultura de clase familiar (obrera). La teoría del habitus1 (Bourdieu), que no es una trasposición mecánica, como algunos pretenden, sino como un sistema de disposiciones que se activan o no dependiendo de las estrategias de los actores…

Comoquiera que mi deformación sociológica, me impele a dar cuenta de ciertas categorías para el análisis, que por otra parte proceden de otra tradición (en particular de la sociología francesa (Durkheim, Mauss, Lévi-Strauss, Bourdieu, Passeron…» estructuralistas de pro) que tienen más en consideración los aspectos relativos a la teoría de la reproducción, quiero traer aquí parte de un texto que produje para otro ensayo y que considero de algún valor y que creo relevante por cuanto, si bien no invalida las tesis fundamentales de Willis, sí pueden servir de apoyo a una comprensión global del fenómeno que estamos estudiando. Considero que, en un sentido amplio no quedan refutadas plenamente las teorías que hablan de la reproducción por cuanto hace a la una mayoría; es decir, la asimilación cultural que realizan los «pringaos»:

«El capital es una relación social (el capital no sólo en su sentido fuerte, como capital económico, sino también el capital cultural, simbólico). Una relación de poder. Define la apropiación diferencial de recursos por parte de los distintos sujetos. Un mercado (no es exclusivo el sentido restringido de mercado en el sentido económico) es un campo de relaciones de poder. En sus redes se confrontan grupos e individuos -definidos y ordenados por su estructura diferencial de capital por la apropiación diferencial de recursos. Pero también es un campo moral: las luchas juegan sobre el suelo de la creencia colectiva en el valor de las apuestas. Toda confrontación política es una confrontación moral, y viceversa. Las luchas simbólicas son luchas políticas: tienen eficacia sobre la apropiación diferencial de los recursos. Hay dos clases de luchas por el valor (luchas simbólicas): A) luchas por imponer o destronar un principio de equivalencia y clasificación, y B) luchas por la ordenación de los sujetos y objetos dentro de un principio de equivalencia vigente. La mayoría de las luchas cotidianas son de la segunda clase. Pero también utilizan la primera.

La imposición de un principio de equivalencia, de una jerarquía entre principios de equivalencia o de un ordenamiento de sujetos y objetos dentro de un principio de equivalencia es lo que se denomina violencia simbólica. Mediante la violencia simbólica se logra la complicidad de los dominados en su dominación.»

Se pueden observar los rasgos característicos que definen la cultura de los «colegas», a contrapelo con los asimilados por los «pringaos», que expresarían los del esquema reproductivo «clásico». Una valoración de la cultura de los «colegas» se podría establecer como cultura dominada, que reacciona a modo de resistencia contra la cultura dominante y que se produce en términos dualistas: «Ellos» y «Nosotros», tal y como es percibido por la cultura resistente.

1 «Los condicionamientos asociados a una clase particular de condiciones de existencia producen habitus, sistemas de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas para funcionar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones que pueden estar objetivamente adaptadas a su fin sin suponer la búsqueda consciente de fines y el dominio expreso de las operaciones necesarias para alcanzarlos, objetivamente «reguladas» y «regulares» sin ser el producto de obediencia a reglas, y, a la vez que todo esto, colectivamente orquestadas sin ser el producto de la acción organizadora de un director de orquesta.» BOURDIEU, Pierre: El sentido práctico, Madrid, Taurus, 1991. (pág. 92)

 

Cultura obrera / «colegas»Cultura dominante «pringaos»
Relaciones políticasResistencia / insubordinaciónAdhesión
Rebeldía simbólicaRopa, fumar, alcoholNo se dan
Valores para el trabajoFuerza, habilidadConocimientos, aptitudes
CompetenciaPrácticaTeórica
Lógica socialEl grupo informalLógica del individualismo
RegulacionesLas reglas informalesLas normas
TabúesChivatoNo se explicitan
GratificacionesInmediatasDiferidas
LenguajeArgot carcelario, tacosConvergente
Percepción del otroDesprecioMiedo
Percepción escuelaEspacio de la imposición. Arena de la luchaEspacio de la administración del saber
Ethos»La masculinidadEl saber / las credenciales

Aquí presento, en forma de cuadro, algunos de aquellos elementos de las culturas que se enfrentan.

 


CONCLUSIÓN

La formación de una contracultura escolar obrera es una forma de resistencia que acaba por legitimar la propia institución escolar y, en consecuencia, la estructura de la sociedad.

La aportación de Willis es un tanto contradictoria con el análisis que pone el énfasis en la reproducción, por un lado niega que las prácticas de la escuela reproduzcan la estructura de la sociedad: existen prácticas materiales de oposición, que generan una cultura distinta, pero al mismo tiempo afirma que la misma cultura generada contra la cultura dominante que trata de reproducir la escuela llega a producir el mismo efecto: los chicos de clase obrera rechazan la cultura académica escolar y el trabajo intelectual, eligen trabajos de clase obrera.

En definitiva, acaban de reproducir la misma división social del trabajo, a la postre, la desigualdad social original. La escuela se convierte en el espacio para la lucha estratégica para afirmar una contracultura, que se manifiesta de una manera parcial, restringida, la representada por los «colegas», contracultura propia, pero al mismo tiempo por su analogía con la de la clase obrera. Se invalidan parcialmente las teorías de la reproducción, (este es quizá el valor más importante del análisis de Willis) y se llega a la conclusión de que más que reproducción, en la lucha de una fracción de la clase obrera, ésta se autoproduce, legitima la propia institución escolar y la estructura de clases.

El concepto de autopoiesis[1] o autorreferencia, según aportes de la teoría de los sistemas, podía dar cuenta del fenómeno que analiza Willis. Bajo este paradigma teórico que tiene origen en la ciencia biológica y que postula el equilibrio, por lo tanto, situado en las antípodas del modelo teórico conflictualista de Willis, se puede llegar a la misma conclusión. Pero este sería otro debate que no corresponde al tema que nos ha traído aquí.

[1] Por autopoiesis se entiende un sistema que produce y reproduce por sí mismo los elementos de que está constituido. Concepto que se debe a Humberto Maturana y Francisco H. Varela en su obra: Autopoiesis and Cognition. The Realization of the living. Dordrecht, 1980. Citado por N. Luhmann en Teoría política en el Estado de Bienestar, Alianza, Madrid, 1994 (pág. 53).

 

2 Comentarios

  1. Estando de acuerdo con este análisis donde la «educación» actual y pasada reproduce mayoritariamente los roles clásicos » de que el hijo del obrero tendrá trabajo de obreros y el hijo del rico o del empresario o del capital tendrá trabajos directivos o superiores y por tanto mucho mejor remunerados», lo importante sería sacar conclusiones de cómo transformar nuestras «enseñanzas regladas»para corregir esas notorias desigualdades. Y no sólo la enseñanza, sino que incluiría cómo cambiar las mentalidades de padres, familias, sociedad, política, de cara a reconocer que sólo el esfuerzo, con todo tipo de ayudas: becas, reconocimientos, préstamos, ayudas tempranas…, puede cambiar poco a poco este axioma que nos planteas con tu trabajo. Gracias Jesús, y te animaría a que bajes a la arena práctica y muestres una posible transformación de esta situación tan desigual e injusta.

  2. Muchas gracias, tocayo, por tu comentario y también por la recomendación.
    Lo que dices al final es lo de quién pone el cascabel al gato. Todos nos afanamos porque eso sea posible, pero hay instalada una mala praxis educativa por parte de los «nuevos» padres, y en parte por la sociedad que tolera esas praxis cargadas de un egoísmo que yo tildaría como muy próximo a la ideología neoliberal, y que tristemente hacen el proyecto inviable por el momento. Los episodios de las familias y de los jóvenes confinados en hoteles de Mallorca por mor de la pandemia y sus lamentables respuestas son el botón de muestra de cómo está el patio actualmente.
    Es evidente que sólo una acción política y ciudadana conscientes, pueden poner todo esto en orden: no en el orden que quisieran nuestras extremas derechas (ordeno y mando), sino en en el orden de restaurar los valores colectivos que importan como el de la solidartidad, la fraternidad, la empatía… acompañada de acciones políticas, como las que tú manifiestas, que cooperen en el sentido apuntado.
    En esa lucha seremos siempre combatientes.
    Un abrazo.

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