APARENTE FELICIDAD

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Existen dos comportamiento en el ser humano que  nos impide alcanzar la plena felicidad, como son el narcisismo y la idiotez,  o la idiotez del narcisista, aunque existe un tercero, que engloba a ambos: la estupidez humana, de los que sólo, los ascetas, entiendo, pueden llegar a liberarse plenamente tras un largo camino iniciático de búqueda de la perfección espiritual, mediante la renuncia de lo mundano y en la disciplina de las exigencias del cuerpo.

 

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Sin embargo, la mayoría de los mortales, vivimos en esa continúa esquizofrenia donde nuestro espíritu no encuentra el sosiego necesario porque vivimos adheridos a una felicidad hedonista de continua apariencia, donde sentimos la necesidad de demostrar a los demás lo maravillosos que somos y lo felices que estamos, hasta el punto de perder la perspectiva de nuestra propia existencia, de la existencia real, cual idiotas con un chupa chups en una mano y en la otra el móvil para los selfies que muestren al mundo nuestra exitosa vida, pagada a plazos mensuales.

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Vivimos en un continua vorágine de idas y venidas que nos hacen ir por delante de nuestro propio paso para llegar a no se sabe dónde antes que los demás, perdiendo la calma con drogas que nos permitan encontrarnos a nosotros mismos, algunas de farmacia recetadas por nuestro médico de familia y otras que se venden en los aseos de un bar de copas para  seguir aguantando nuestro propio descontrol, nuestra propia locura vital, nuestro propio desatino.

Somos incapaces de parar, porque si paramos no sabemos qué hacer al haber perdido la facultad de escuchar a nuestro interior, porque nos duele nuestra propia conciencia,  porque los propósitos de cambio no dejan de ser propósitos por nuestra falta de voluntad, porque nos preocupa que nos vean como realmente somos, porque no queremos que nadie se percate de nuestra falsa apariencia, de nuestra tristeza vital.

Y así se nos pasa la vida, segundo a segundo, minuto a minuto, día a día, año tras año, hasta que el pelo se vuelve gris, la piel se nos descuelga porque ya no da para más estiramientos,  y de repente  nos damos cuenta que nos hemos hecho viejos sin ser nosotros mismos, sin vivir nada más que para aparentar, aunque ya sólo podamos aparentar que somos el anciano con el mejor sonotone conectado a ese móvil con el que todavía seguimos haciéndonos selfies retocados para compartir con nuestro, cada vez más reducido, grupo de amigos.

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Narcisismo y consecuencia de éste la idiotez o carencia de sentido común que nos inhibe en tomar consciencia de nuestros actos más allá de la búsqueda del placer, aún sabiendo que ese no es el camino adecuado, pues la ficción de nuestro engaño no nos da para mas que el lamento de ser tan estúpidos, incluso imbéciles, porque sabiendo que somos víctimas de nuestro propio engaño no hacemos nada por cambiarlo, empleando nuestra existencia sólo en planear y desarrollar estrategias para ser considerado socialmente a base de imbecilidades.

 

 

 

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