A VUELTAS CON LA LENGUA

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Las lenguas se usan más para separar que para unir, y eso que se crearon, en teoría, para entendernos. Aunque, según algún psiquiatra, las personas no se entienden hablando, se entienden de otra manera.

Imagen de archivo de dos American Pitbull – AFP
No podemos convivir en paz, no podemos estar a gusto, hay que tener polémica. En este país si no tenemos gresca parece que nos calienta el sol.
Mi madre me decía que ella, y todo el mundo en aquella época, estudió en castellano o español. Era lo que marcaba la ley, pero hablar, lo que se dice hablar, hablaba en gallego. Era el idioma de «aquellos lugares» y el castellano poca gente lo sabía. Algo parecido me contó un tío mío de Barcelona: Él platicó toda su vida en catalán, incluso de joven, y nunca tuvo ningún problema. Otra cosa eran los estudios o la documentación oficial. Ahí era todo en español. También opinaba, mi madre, que era mejor no meterse en política, de lo contrario motivaría problema seguro.

En mi época de EGB, años 80, sólo se impartía en gallego la asignatura de Lengua y Literatura Gallega, el resto, todo en castellano. Durante la década de los 90, cuando cursé FP, ya empezaban a darse más asignaturas en gallego: tecnología, matemáticas e incluso, durante dos años, una profesora de inglés explicaba la asignatura en gallego. Nuestro primer o segundo idioma, según como se vea, empezaba a ser más notable.

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Miguel de Cervantes – Castelao. Getty Images

Durante casi una década estuve fuera de casa. Allá por las tierras del Duque de Béjar, supuesto mecenas de Cervantes y al parecer nada amante de las letras y de la literatura. Quizá sin merecerlo, le fue dedicada la novela entre las novelas en lengua castellana. Este puede ser un buen ejemplo de la historia pasada y presente de nuestra literatura.

Residir casi una década fuera de mi tierra y empaparme de libros y teatro en castellano, me ayudó a darme cuenta de la riqueza y de todas las posibilidades que ofrece a quien  usa y ama la lengua castellana. Tengo la sensación de que no se estorban. Cervantes puede convivir con Castelao dentro de mí sin pelearse, ya que se complementan, se enriquecen y se fusionan.

Ahora con mis hijos veo que el uso del gallego se da en casi todas las asignaturas, más que en mi época. Aunque es cierto que depende del profesor, la Xunta de Galicia promueve el gallego. La documentación que recibimos en papel viene toda en gallego. La página web de los colegios o de los institutos suelen tener la opción de que la parte más estructural pueda cambiarse de un idioma a otro con un simple clic de ratón. El resto depende de quien lo escriba.

Si ahora observamos lo que habla normalmente la gente por la calle podemos oír que en ciudades como Vigo y Pontevedra escuchamos más el castellano. En ciudades como Orense y Santiago más gallego. Por último, en las zonas más rurales tres de cada cuatro personas hablan el idioma de nuestra Comunidad.

No es muy difícil de entender para los castellanoparlantes, por eso los que vienen de otras cumunidades no les cuesta adaptarse al idioma. Con el catalán y sobre todo con el vasco la adaptación es algo más difícil. De todas formas, sé de más de uno que está hasta las narices de que todo sea en gallego. Suelen repetir: pero si estoy en España ¿por qué tengo que aprender otro idioma?

Pues simplemente porque toca, te guste o no. Sé que es una gran incomodidad para algunos, pero este mundo no es perfecto. Requiere que nos adaptemos a las circunstancias, y estas circunstancias exigen que, al menos, debas entender lo mínimo para desenvolverte.

Tengo bastantes anécdotas acerca de mi propia vivencia como gallego en Galicia: he de decir que siempre he notado, por parte de algunos, cierto desprecio hacia, más que al idioma como tal, sí a las personas que lo hablaban. Que no deja de ser desprecio por esa lengua en la que se comunican. Una forma muy típica de desprecio que me he encontrdo es contar una anécdota en castellano y cuando intervenía el «tonto» lo hacía en gallego. Esto sí que me ha molestado y me sigue molestando, porque me parece injusto: un idioma es como un teorema de matemáticas, puede ser más bonito o menos que otro pero tener validez. Otra cosa, también muy importante, es la cantidad de personas que lo hablen y del bagaje literario y cultural que esa lengua tenga, que ya es harina de otro costal.

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Imagen: ABC

Más o menos hasta el año dos mil, parecía que la lucha de las lenguas no era tan fuerte o se podía usar cualquiera de las dos sin mayor problema o rechazo. De unos años a esta parte, comienza el mismo problema de antaño pero envuelto en otra ideología: al parecer, el castellano es una lengua invasiva, como algunas plantas y animales que llegan a otro ecosistema y al no tener depredadores naturales, arrasan. Pues es eso el español en Galicia para algunos gallegos, «lingua invasora».

Y así estamos. Se evidencia que en las escuelas del País Vasco, Cataluña, Baleares, Comunidad Valenciana, Galicia y no sé si en alguna más, el castellano se está relegando de las aulas y también que el concepto de país, España, está también desapareciendo de los libros de texto, sobre todo en los de historia. Por último, se acusa del uso de los colegios e institutos para adoctrinar a los estudiantes. No sé si esto es cierto o no, pero he comprobado que en el libro de historia de 2º de la ESO, en el tema Al-Ándalus sólo se menciona a los Reyes Católicos una vez, y al final.

Cierto o no, el hecho de que se está atacando al castellano en algunas partes de España es algo que se da por cierto. Esto significa que volvemos a retroceder más de cuarenta años, época en la que sólo se podía hablar una lengua, relegando a las demás a la clandestinidad. Todo documento oficial era en español, lo quisiera uno o no. Ahora ¿pasa lo mismo, pero al contrario? Pues parece que sí. A un compañero le rechazaron un título oficial de un curso por estar en castellano. Además con la noticia que expongo a continuación parece que la polémica está servida.

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Una vez más, estamos llevando la convivencia hacia un extremo con pocos visos de tener un desenlace amistoso. Poco a poco nos estamos volviendo más radicales. Las posturas son más extremas y los ataques ya se están produciendo. Parece que NO hemos olvidado las viejas rencillas, volvemos a nombrar a los abuelos y sus fantasmas, que ahora son nuestros fantasmas. Nos vemos incapaces de asumir nuestro pasado, de llegar a un acuerdo, a un reconocimiento, a un entendimiento.

¡Pero qué país más cainita somos!

Para más información:

Emilio, el profesor gallego

El Quijote vuelve a Radio 5

Historia de España contada para escépticos

Una pelea más, ¿una lengua menos?

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