A LOS NECIOS

 

© Carlos Muñoz

 

Cuánta lástima vierten mis sesos al ver que ahora la estupidez, se ha colocado simulando al Espíritu Santo, como una llama de amor viva, sobre unos seres huecos por fuera que utilizan el número cero, para lanzarlo al vaporoso reflejo de una idea cubierta de moho e ignorancia. Ayer, compré un enmascarado jilguero, silbón entre cardos e higueras con el moscatel regalado. Y recordé a las bestias sin voz que le amenazan; él vive libre, componiendo mudo la música en sus ojos. Los otros, eligen a duras penas la decisión de un cerdo desangrado.

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