A LOS INSENSATOS SOLIDARIOS Y A LOS VILLANOS

#EnCasaconPLazabierta

Todos y todas vamos por la vida creyendo que somos inmortales, vemos la muerte como algo lejano. Ya me tocará cuando me toque, decimos cuando tenemos ante nuestras narices situaciones de riesgo como la que se está viviendo en estos momentos a nivel planetario con gran incidencia y especial virulencia en nuestro país del Covid-19.

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También hay que reconocer que los españoles mostramos una gran solidaridad con nuestro entorno, cuando crisis o desgracias de especial agudeza se ceban con nuestro entorno social.

Ambas, no dejan de ser una manifestación de la propia idiosincrasia  de los españoles que, no es otra, que la de esos dos personajes creados por el universal e inmortal Miguel de Cervantes y Saavedra que, junto a Colón y el Pintor Velázquez, fueron los más destacados de la edad de oro española. Don Quijote manifestación del idealismo y de los sentimientos más elevados del ser humano dentro  en su extraordinaria locura con abundancia en valores humanos como la justicia, la bondad, la belleza y la libertad; Sancho Panza, sin embargo, es un hombre realista y bonachón que decide acompañar al hidalgo en sus aventuras, manifestando en cierto momento de la obra su desilusión por un sueño que no llegó a cumplirse cuando contagiado por las alucinaciones de su señor se obsesiona tras ser nombrado gobernador de la Ínsula Barataria, hasta que se da cuenta de que no es más que una burla, pese al buen trabajo que hizo allí.

Así, somos en este país, una mezcla de Don Quijote y Sancho Panza, idealistas, incluso inconscientes,  enfrentándonos a esos molinos de vientos que son esas bolas minúsculas con ventosas, imagen del virus, sin importarnos salir a la calle y arriesgar  nuestra salud si de ello se deriva una acción buena para alguien más desvalido o necesitado, con la misma insensatez del hidalgo que terminaba estrellándose contra las aspas de los molinos de viento, mientras que nuestro Sancho Panza nos advierte del peligro, aunque aceptándolo finalmente con el pensamiento que es una mala gripe que hay que pasar, cuando la realidad nos demuestra que no es así por la especial virulencia de la pandemia sobre nuestros mayores, pero también en personas con enfermedades crónicas que pueden verse agravadas hasta la muerte, incluso totalmente sanas. Es impredecible.

Todos somos candidatos a enfermar del Covid-19, todos somos candidatos a formar parte de esas cifras cada vez más grandes e incesantes de enfermos y fallecidos hasta el momento. Todos somos responsables de frenar el avance de esta enfermedad vírica, responsabilidad que implica adoptar las medidas que nuestras máximas autoridades sanitarias y políticas, en base a la experiencia adquirida en otros lugares del mundo afectados con anterioridad, y que en atención al propio devenir de la enfermedad, van experimentando y, en consecuencia aprendiendo de ella, de su comportamiento, como su evolución, formas de contagio y prevención, así como en el descubrimiento de una vacuna que nos permita hacerla frente.

Por ello, la insensatez en estos momentos no tiene cabida, a veces disfrazada de un heroísmo innecesario o, al menos, peligroso si no se adoptan medidas que nos lleven a un buen puerto, evitando el contagio de la persona que esta afectada que, podemos ser nosotros mismos, ya que en ciertas personas la enfermedad es asintomática o con pequeñas molestias. Así lo están haciendo nuestros sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, incluso el ejercito, corriendo un gran riesgo pero tomando las medidas oportunas para no enfermar y evitar que enfermen los demás.

Quedarnos en casa durante el tiempo que dure el confinamiento tras la declaración del estado de alarma por el gobierno que, según los expertos no va a ser corto; lavarnos las manos con mucha frecuencia, incluso estando en casa porque el virus puede estar en cualquier sitio, en el pomo de la puerta, en los propios envases en el que vienen los alimentos que consumimos, en las barandillas de las escaleras, y guardar cuando es inevitable salir a la calle la distancia social, superior a un metro, y de forma ideal tres. Eso ya nos convierte  en verdaderos heroes. Pero como en toda historia hay heroes y villanos. No se trata de generar alamar porque la alarma ya existe.

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Y la última reflexión, la pandemia nos ha llevado a la unión a toda la Humanidad, una gran pena que tengan que llegar situaciones como estás para dejar al descubierno la bondad del ser humano. Ojalá que cuando todo esto termine, que terminará, aunque con muchos muertos en el camino, sigamos igual de unidos, incluyendo a los políticos, trabajando por el bien común, sacando lo mejor de nosotros mismos.

 

 

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