El talento olvidado de Mileva Maric

Después de permanecer en la opacidad de la sombra durante décadas, relegada e injustamente olvidada, la figura de una excepcional investigadora emergió a la luz, de una forma más definitiva, en 1.987. Fue a través de la publicación de los archivos personales del que fuera su esposo, Albert Einstein. Un inestimable legado que hasta entonces estuvo férreamente custodiado por sus albaceas testamentarios, Helen Dukas y Otto Nathan.

La revelación de dichos archivos entre los que se incluían las cartas íntimas de amor, las que Albert y Mileva se habían intercambiado en el período de tiempo que duró su noviazgo, sacudieron los cimientos de una parte de la ciencia, conmocionando y revolucionando al sector, aún hoy continúa el debate. Y al mundo entero. Las llamadas cartas de amor han dejado en evidencia aspectos hasta ahora desconocidos y, por la misma razón, han generado tanta polémica porque han abierto nuevos horizontes desvelando algunas inconsistencias relevantes.

¿Por qué extraña razón una científica tan brillante ha sido ignorada tanto tiempo, y, si se me permite, tan maltratada como para pasar su determinante presencia inadvertida para la historia, la ciencia y la mayor parte del mundo?

Cierto es que estuvo marcada por la época que le tocó vivir, además de las dos guerras mundiales, su vida estuvo plagada de obstáculos y barreras en un mundo moldeado por y para hombres, donde escasas mujeres lograban acceder a esa sociedad hermética y machista, cuanto más ser reconocidos sus esfuerzos personales en una sociedad que las marginaba y menospreciaba sin ningún tipo de pudor, creando vacíos incomprensibles. Y, en este caso concreto, ¿hubo un interés especial por ocultar los logros de sus trabajos, los mismos que fueron indispensables para el desarrollo de la Teoría de la Relatividad que encumbró a Albert Einstein como genio del siglo XX, los cuales, misteriosamente, llegaron a desaparecer? Tal y como expresaba su biógrafa, Desanjka Trbujovic.

Pero, ¿quién fue en realidad Mileva Maric?

Nació un 19 de diciembre de 1.875 en una ciudad que entonces formaba parte del antiguo Imperio Austro-Húngaro, llamada Titel, en la actual Serbia. Desde la niñez asombró por su precocidad, su gran inteligencia y enorme potencial. Sobresalía en ella la irrefrenable pasión que sentía, especialmente, por las matemáticas y la música. De carácter reservado, tenaz, y pese a la influencia de la religión, ortodoxa, era libre-pensadora.

 

“Con solo diez años fue matriculada en el primer curso en la Escuela Superior femenina de Novi Sad, más tarde consiguió un permiso especial para matricularse en el Instituto masculino de Enseñanza Media.”

 

 

 

 

 

 

Mostraba determinación y confianza en sí misma. Obtuvo la aprobación y el apoyo de su padre que alimentó con entusiasmo las expectativas de su hija en la consecución de sus objetivos, también algo inusual para aquella época. A nivel físico padecía una artrosis congénita de cadera que la obligaba a cojear.

Con solo diez años fue matriculada en el primer curso en la Escuela Superior femenina de Novi Sad, más tarde consiguió un permiso especial para matricularse en el Instituto masculino de Enseñanza Media.


En 1896 fue admitida en la prestigiosa Universidad de Zúrich (Suiza) con el fin de iniciar estudios superiores de Física y Matemáticas. Allí conoció a Einstein y a su gran amiga Helene Savic. El joven Albert, por aquel entonces, mantenía una actitud un tanto irreverente hacia sus profesores, especialmente con Herr Weber, indisciplinado e indeciso faltaba a las clases y se comportaba extremadamente arrogante, también sucedió que cuando conoció a Mileva se enamoró locamente de su mente, como así lo llegó a expresar él mismo.

Un año después Mileva se trasladó a la Universidad de Heidelberg (Alemania) para estudiar el efecto fotoeléctrico junto al profesor Lenard, quien recibió, posteriormente, el premio Nobel de Física. En 1898 regresó a Zúrich para continuar sus estudios en la Escuela Politécnica llevando los trabajos que había desarrollado. Albert y ella se hicieron inseparables, su amor no se podía entender sin la mutua pasión y estrecha colaboración en la investigación, faltando a algunas clases para hacer experimentos por su cuenta. Igualmente disfrutaban de su otra pasión, la música, realizando veladas con sus amigos en las que tocaban instrumentos. Mantuvieron una amistad con los esposos Curie.

Tenían planes de futuro y pensaban contraer matrimonio a pesar de la oposición de sus familias, al acabar sus estudios. La madre de Albert llegó a escribir una carta muy ofensiva a los padres de Mileva. Los acontecimientos se precipitaron al quedarse embarazada, lo que la obligó a refugiarse en casa de su hermana en Novi Sad. Dio a luz a una niña a la que llamaron Liesert, aunque no se tienen datos sobre lo que ocurrió con ella. En 1903 se casaron en Berna (Suiza) después de que Einstein hubiera conseguido su primer trabajo en la Oficina de Patentes de dicha ciudad. Mientras tanto su esposa había ido desarrollando investigaciones de la teoría de los números, cálculo diferencial e integral, funciones elípticas, teoría del calor y electrodinámica. Aquellos fueron los años más pletóricos y creativos de la vida del genio, cuando ambos compartían sus investigaciones.

En 1904 nació su hijo Hans Albert y fue cuando Mileva sacrificó todas las posibilidades profesionales para dedicarse a su familia aunque seguía compartiendo los trabajos con su marido que escribía en casa. Al año siguiente Einstein hace grandes avances con la Teoría de la Relatividad que le convirtieron en el mayor genio del siglo XX, por el cual recibiría el premio Nobel de Física. Respecto a la coautoría Evans Harris dice lo siguiente: ”La Teoría de la Relatividad comenzó con la tesis que Mileva escribió y presentó a la supervisión del profesor Weber cuando estudiaba en la escuela politécnica de Zúrich, “cuya memoria se ha perdido”. El efecto fotoeléctrico tiene su origen en los trabajos de Mileva cuando estudiaba en Heidelberg junto al profesor Lenard, premio Nobel de Física. Precisamente por su trabajo experimental sobre el efecto fotoeléctrico la teoría del movimiento Growniano es producto del pensamiento de Einstein y de su interés por la termodinámica. Mileva contribuyó al mismo con el trabajo matemático describiendo el movimiento desordenado de las moléculas.”

En los años posteriores la vida de los Einstein-Maric sufrió diversos cambios. Nació su tercer hijo en 1910, Eduard, y se trasladaron varias veces a causa del trabajo llegando a vivir en diferentes ciudades, Berna, Zúrich, Praga, de nuevo Zúrich, finalmente Berlín. En 1913 Albert inicia una relación extramatrimonial con su prima Elsa Lowenthal, la cual vivía en Berlín, estaba viuda y tenía dos hijas. A pesar de todo Mileva amaba a su esposo y le acompañó a Berlín. Allí tuvo que vivir uno de los episodios más humillantes y duros de su vida. Einstein ya no la necesitaba y es cuando le impone unas reglas de convivencia, al ser publicadas éstas dieron la vuelta al mundo conmocionando a unos y otros por su extrema dureza:

“Einstein ya no la necesitaba y es cuando le impone unas reglas de convivencia, al ser publicadas éstas dieron la vuelta al mundo conmocionando a unos y otros por su extrema dureza”

 

1) Tendrás que encargarte de que mi ropa esté siempre en orden.
2) Se me sirvan tres comidas diarias en mi cuarto.
3) Mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y de que nadie toque mi escritorio.

Debes renunciar a todo tipo de relaciones personales conmigo, con excepción de aquellas requeridas para el mantenimiento de las apariencias sociales.
No debes pedir que:
1) Me siente contigo en casa.

2) Que salga contigo o que te lleve de viaje.

Debes comprometerte explícitamente a observar los siguientes puntos:

1) No debes esperar afecto por mi parte y no me reprocharás por ello

2) Debes responder inmediatamente cuando te dirija la palabra

3) Debes abandonar mi dormitorio y mi estudio en el acto

4) Prometerás no denigrarme cuando así te lo demande yo ante mis hijos, ya sea de palabra o de obra.

A los pocos meses, ante el temor de la guerra y una situación tan degradante ella abandona Berlín regresando con sus hijos a Zúrich. Vivió en una pensión con escasos recursos hasta conseguir trabajo dando clases de música y matemáticas, consiguió mejorar su situación logrando dar una vida más digna a sus hijos. Einstein le pidió el divorcio lo que la llevó a padecer una fuerte depresión, quizá porque nunca perdió la esperanza de que regresase junto a su familia, finalmente se lo concedió. Cuando diagnosticaron una esquizofrenia a su hijo Eduard ella se negó a ingresarle en un psiquiátrico. Albert se desplazaba a Zúrich de vez en cuando para pedirle opinión sobre sus trabajos. La última vez que vio a su hijo Eduard fue en 1933, cuando partió hacia Estados Unidos, huyendo de la persecución nazi.

Resulta curioso que en aquellos años, precisamente, María Sklodowska Curie contase con el apoyo de su esposo, el también científico Pierre Curie, cuyo comportamiento para con ella fue muy distinto, la ayudó a salvar las barreras que hasta entonces parecían infranqueables a las mujeres. Cuando Pierre se enteró de que iba a ser propuesto para el premio Nobel de Física y que su esposa no contaba con el mismo reconocimiento de todos los miembros del Comité mostró enérgicamente su disconformidad, manifestando por escrito su expreso deseo a que el premio fuera compartido con ella, igual que ambos compartieron la investigación que dio lugar a los descubrimientos de la radioactividad.

No se trata de juzgar a nadie, es incuestionable que Einstein fue un genio, pero quienes se empecinan en mantenerle mitificado como si fuese un dios sagrado sin mácula alguna, de aspecto bonachón, y conservar sus logros exclusivamente como suyos sacralizados en una urna de cristal, cometen la mayor de las injusticias contra una científica excepcional cuya coautoría, del logro que consiguieron trabajando conjuntamente y que dio origen a la Teoría de la Relatividad, parece indiscutible e indudable que también le pertenece a ella y hasta que no sea reconocido por la Ciencia, la Historia y el mundo, se estará en deuda con Mileva Einstein-Maric.

Montserrat Prieto
Solo soy alguien que nunca dejará de soñar con un mundo mejor. Que hace del aprendizaje una constante de su vida. Amante y defensora de la salud medioambiental, de los Derechos Humanos y de la Justicia. Escritora de cuentos y relatos

Montserrat Prieto Escrito por el May 17 2017. Archivado bajo Actualidad. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

Dejar un comentario

Buscar en Archivo

Buscar por Fecha
Buscar por Categoría
Buscar con Google

Galería de Fotos

Acceder | Designed by Gabfire themes