Reflexión a la catalana

Reflexion21D

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Imaginen ustedes un hogar español, más concretamente un hogar catalán, por eso de las elecciones al parlament, en el que cada uno de sus miembros, aún a pesar de ser de distinta ideología y forma de ser y pensar, tirasen en distintas direcciones, en vez de colaborar en pro de los intereses comunes familiares. Un desastre, ¿verdad?. 

Este planteamiento, también lo podemos transpolar a cualquier grupo social o entidad integrada por individuos, de cualquier tamaño, con una actividad finalista y, donde en su seno es lógico y necesario que exista un debate interno que, en caso de falta de consenso, necesariamente debe imponerse la decisión mayoritaria en sus órganos de decisión y administración.

Hasta aquí, con matices, obviamente dependiendo del tipo de grupo, tamaño, organización interna y otras peculiaridades; la consecución de objetivos de cada grupo necesita de las sinergias de sus miembros para una actuación exitosa. Sin embargo, en política todo es diferente, habida cuenta que lo que se impone no es el bien o los intereses comunes o generales sino la rentabilidad política, tanto a nivel de partido como a nivel social. Entendiéndose por rentabilidad el incremento de votos en los futuros comicios electorales.

En contra de lo que resulta, no sólo lógico, sino también necesario, como debería ser que el único motor de los partidos políticos fuese la satisfacción de los intereses generales; sin embargo, todos sabemos que no es así, importando más la satisfacción de determinados grupos de presión o poderes fácticos, de los cuales, finalmente, van a obtener una contraprestación o un cambio de favores.

Todo ello pone de manifiesto un panorama nada halagüeño, en el que, por un lado, nos encontramos a quienes van a ser nuestros representantes, los votemos o no; y por otro, los cándidos electores que, en la mayoría de los casos espoleados por el fragor del debate y confrontación política durante la campaña electoral, terminan votando al que consideran más apto para la gestión de los intereses generales, aunque tal vez, deberíamos decir el “menos malo”. Encontrándonos al final en el mismo punto de partida que en anteriores comicios, es decir, la falta de respeto al resultado de las urnas, con los famosos pactos de gobernabilidad que, aunque necesarios para mantener una estabilidad en la gestión pública, a la postre no están respetando el deseo de quienes votaron o, lo que es peor, las promesas que hicieron a la ciudadanía, debido a que dichos pactos obligan  la mayoría de las veces a hacer concesiones al aliado o renuncias al propio proyecto político para dar cabida al de con quien o quienes van a unirse para gobernar.

Entonces, ¿para que servimos los ciudadanos?.

En contra de lo que se sustenta cualquier régimen democrático, que no es otra cosa que la soberanía nacional residente en el pueblo, los ciudadanos no somos más que tontos útiles en un sistema donde prima, como se ha señalado antes, los intereses de partido o la rentabilidad política a cualquier precio, como en el caso de las elecciones catalanas, esquilmando la propia economía dentro de su territorio con la fuga de empresas que, aunque se trata de minimizar por los independentistas con el argumento de que sólo se trata de un cambio de domicilio social; sin embargo lo que trasciende a dicha actuación es un toque de atención de sus consejos de administración en el sentido de que, si continúa la tendencia secesionista con las consecuencias de falta de reconocimiento internacional, sobre todo en el ámbito de la Unión Europea, lo próximo podría ser un cambio de sede y de producción.

“los ciudadanos no somos más que tontos útiles en un sistema donde prima, como se ha señalado antes, los intereses de partido o la rentabilidad política a cualquier precio, como en el caso de las elecciones catalanas, esquilmando la propia economía dentro de su territorio”


La cuestión, por lo tanto, no es la opción de votar independentismo o constitucionalismo, sino la opción más favorable para los ciudadanos, en particular para quienes en este caso forman parte de la respectiva circunscripción electoral; aspecto que en la campaña que ha precedido a las elecciones catalanas de mañana nadie ha tratado con el suficiente rigor, informando a los ciudadanos de lo que realmente puede suceder, sino simplemente lanzando consignas alarmistas por unos y de prosperidad y de auténtica democracia por los otros, aunque en este último caso el sustento legal de una posible y repetida declaración de independencia brille por su ausencia, salvo que impere la negociación con el gobierno estatal, aspecto de todo improbable mientras que el Partido Popular siga en el gobierno, apoyados por su marca blanca (C´s), y con la tolerancia de un Partido Socialista que, aunque trata  de buscar su sitio en la arena política, continúan siendo vistos por la sociedad como el partener de la derecha -para algunos el partido mamporrero-,  teniendo en cuenta su trayectoria política a los largo de los años en que con aquel se han alternado en el gobierno del Estado desde la Constitución de 1978.

La cuestión, en definitiva, es que seguimos votando a ciegas, por impulsos o por falsas ideólogas o proyectos políticos inalcanzables; eso sin contar o  hacer mención a los candidatos que en las elecciones que analizamos se han postulado a la presidencia del govern catalá, que han hecho de la campaña electoral una confrontación política sin precedentes, donde el insulto, no sólo al contrincante ha sido la tónica general, sino también a los ciudadanos o grupos sociales que no comparten sus ideas y proyectos.

Permítanme que termine con la brillante y exitosa campaña puesta en marcha por amodio.org, y es que, en España siempre nos hemos movido en arenas movedizas, entre el amor y el odio, tirando cada uno por su lado en vez de buscar las sinergías que hagan posible, mediante la apuesta de todos, un país prospero y la solución a un contencioso histórico como es configurar una organización territorial que haga posible lo que somos, un nación de naciones.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

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Feliciano Morales Escrito por el Dic 20 2017. Archivado bajo Actualidad, Política. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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