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libertad prensa

Cuando se cumplieron 2 semanas de la desaparición de Diana Quer, escribí un pequeño borrador de artículo sobre el caso. No con el fin de unirme a la cacofonía de voces “expertas” que se pueden escuchar o leer casi todo los días en los medios de comunicación, sino con el fin de realizar una crítica a esta suerte de espectáculo en la que se ha convertido este caso.

Un borrador de cuyas tesis no estaba muy convencido en ese momento. Quizás esto es lo que tiene a veces ser un obstinado que se niega a asumir el mantra publish or perish que impera en la academia (y parece que también en el periodismo), cuya más notable consecuencia es un aumento desproporcionado de publicaciones basura.

Sin embargo, un artículo de Toni García Ramón me ha animado a retomar aquel borrador. Quizás lo peor de su artículo son las incómodas verdades que encierra, verdades que suscribo totalmente. Con el título de este escrito no me estoy refiriendo a “los malos habituales” de la mayor parte de los artículos que se suelen publicar en los medios (por ejemplo, los políticos), sino precisamente a aquellos otros que creen ser los únicos en este país capaces de discernir lo “bueno” de lo “malo”, lo “correcto” de lo “incorrecto”, en absolutamente todos los temas imaginables. ¡No sé porque se están pagando sueldos en las Universidades a Filósofos de la Ética, cuando tenemos la genialidad y la gran capacidad de disquisición de los tertulianos!

Voy a recuperar las palabras de aquel escrito que hace unos meses hice sobre el caso, añadiendo algún que otro dato reciente.

Es indignante el circo que están montando todas las mañanas dos grandes programas generalistas con la madrileña desaparecida en Galicia… Llevan una semana entera haciendo reportajes del caso. Entrevistando a los padres. Familiares. Amigos. Conocidos. Recorriendo las calles del pueblo en el que veraneaba, cámara en mano (y con una música de suspense de fondo) recorriendo los lugares por los que se cree que pasó, reconstruyendo los supuestos “hechos”. Como si fuera una película, vaya. Pero no se quedan ahí. El delirio, o mejor dicho, la mala prensa, llega hasta a hacer entrevistas ¡a los dueños de la autoescuela a la que iba!”

Tampoco están teniendo ningún pudor en lanzar, constantemente, suposiciones. Pero no suposiciones del tipo “es probable en base al indicio X, Z e Y, que Diana se encuentre en el estado P”. No, no. Las de este tipo son demasiado fáciles para los ilustres tertulianos. Son más bien suposiciones que hacen uso de un psicologismo y sociologismo sólo reservado a aquellos orgullosos de su propia ignorancia, y cuya prepotencia les impide realizar cualquier tipo de disquisición que lleve a algo a lo que podamos denominar “verdad” ¿A qué me refiero con esto? Pues al intento de explicar su desaparición cómo resultado de su mala relación con su madre/padre (aunque que el “rol” de estos haya ido cambiando con el curso de los días; tan pronto es uno de ellos un demonio y el otro un ángel cómo a la inversa), o cómo resultado de una cierta temeridad al atreverse a “irse por ahí” con chicos desconocidos (y luego en estos programas claman contra el machismo, hay que joderse), o incluso ¡como una desaparición voluntaria para escapar de sus padres! Ya no las recuerdo todas, pero nuestros tertulianos sin ninguna duda han hecho un gran esfuerzo al imaginar todas las posibilidades factibles (eso sí, sin más fundamento que cualquier otro lego en el caso) 

 Me resulta curioso ver ahora, con la muerte de Rita Barberá, a políticos de primer nivel acusando a la prensa y a los medios de comunicación, de haber sido los principales verdugos de la alcaldesa (por ejemplo, aquí y aquí) e incluso condenándolos directamente de su muerte. Y hoy a día 28 no faltan comentarios, acerca de la importancia de “reflexionar” sobre los límites de la libertad de prensa. Vaya, resulta curioso ver cómo esas mismas personas que ahora defienden el establecimiento de límites a la libertad de prensa , son los mismos que hace unos meses ponían el grito en el cielo cuando desde algún partido político se defendía esta misma opción (aquíaquí, y aquí) Nos parecemos a Venezuela sólo cuando interesa; menuda novedad.

 

“Me resulta curioso ver ahora, con la muerte de Rita Barberá, a políticos de primer nivel acusando a la prensa y a los medios de comunicación, de haber sido los principales verdugos de la alcaldesa…”

Alguien que esté leyendo esto y esté vacunado contra el sensacionalismo, se preguntará, ¿qué tendrá que ver lo de Rita con lo de Diana Quer? Muy fácil. En el primer caso, el de Rita, tenemos a una persona famosa, con poder y amigos en el poder; una persona cuyas actuaciones (como comentaba el jueves “El Gran Wyoming” en el Intermedio) le han llevado por derecho propio a estar bajo la lupa y el “acoso” de los medios de comunicación, apareciendo durante días y días en radio, prensa y televisión. En el segundo caso, por otra parte, tenemos a Diana Quer que desapareció durante sus vacaciones en un pueblo de Galicia; una chica que, aunque no provenga de un entorno de primer nivel, no deja de pertenecer a una familia cuyo nivel social invita a que se le preste más atención al caso que a otras desapariciones más “plebeyas”. En definitiva, Diana es una persona que ha desaparecido (que al fin y al cabo no es una acción intencionada por su parte), y que ha recibido una atención mediática desproporcionada, en la que varios programas no han tenido ningún problema en violar su privacidad día sí y día también.

Y aquí viene el nexo: ¿por qué hablamos de la necesidad de poner límites la libertad de expresión y reflexionar sobre el papel de los medios con el caso de Rita Barberá pero no con el de Diana Quer? ¿Por qué no ha surgido este necesario debate antes? ¿Es que acaso sus ilustres y morales señorías no han tenido la empatía suficiente como para ver la salvaje exposición pública a la que ha sido sometida Diana?

Y no sólo Diana. Recuerdo que cuando ocurrió el fatídico accidente del Alvia de Santiago, muchos periodistas se lanzaron, sin pudor alguno, a criticar al maquinista en base a falsedades. ¿Pero sabéis que fue lo mejor de todo? Nadie en los grandes medios de comunicación (sobre todo en las tertulias) defendió nunca al maquinista, ni tampoco le dio la más mínima oportunidad de explicar su versión de los hechos. Ni tampoco a tantas otras personas que son objeto de persecuciones y burla mediática para deleite de unos espectadores a los que les gusta hablar de “buenos” y “malos”, que repiten sin cesar las mismas simplezas de esos tertulianos que lo saben todo, que están siempre en la posesión de la verdad absoluta, y que hacen creer a todo aquel que los ve, que el mundo es  “blanco” o “negro”, sin posibilidad de una escala de grises.

El respeto a la libertad de prensa no está reñido con señalar los excesos de unos medios de comunicación dispuestos a hacer de cualquier infortunio una noticia. Así que ahora que no es de chavistas hacerlo, voy a sumarme a esa petición de los “populares” para poner límites a la libertad de prensa. No por el caso de Rita, no. Lo voy a hacer porque todos podemos ser pasto de esos buitres.

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Germán Hevia Martínez Escrito por el Nov 29 2016. Archivado bajo Actualidad. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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