Mi querido Willy

 

Todo lo que rodea a tu persona genera polémica, lo cual favorece tu imagen de actor. Como se suele decir en este mundillo de los artistas: “es bueno que hablen de uno aunque sea mal”, aunque estoy convencido que tú no lo haces con esa intención, pues destaco y admiro tu otra faceta de activista político, comprometido y comprometedor.

Es cierto que, para cambiar el mundo, a veces hay que ir de frente, llamando a las cosas por su nombre. El único problema es que cuando se pisa los callos a la gente se corre el riesgo de recibir un puñetazo en las narices y, aquí no se trata de quien lleva la razón que seguro que la llevas tú, mi querido Willy, y no lo digo con sorna, ni con segundas, ni siquiera con quintas. Quiero decir que, en todo país democrático, y vamos a considerar como tales a todos aquellos en los que además de residir en el pueblo la soberanía nacional con lo que ello comporta, debe haber y hay otro elemento muy importante como es el imperio de la Ley, que indirectamente ha emanado del pueblo.

Y, digo todo esto no criticando tu comportamiento, amigo Willy, habida cuenta que estoy convencido que cuando adoptas un determinado papel dentro de tu activismo político eres perfectamente conocedor de las consecuencias de tus actos. Eres un desobediente civil permanente y convencido, no como muchos que cuando ven las orejas al lobo salen corriendo o cambian de chaqueta. Digo lo que digo, porque todo tiene unos límites y si esos límites no se respetan posiblemente lo normal es obtener la reacción de la espada de la ley.

La desobediencia civil acarrea una seria de consecuencias jurídicas y una de ellas es la sanción que se deriva del incumplimiento de la Norma Jurídica en cuestión, lo cual puede ir desde una sanción meramente administrativa hasta la de cárcel, por lo tanto no es una cuestión baladí la decisión de decir: “aquí me planto y no paso ni una”.

Dicho efecto de reacción del sistema ante nuestros actos al margen del Derecho hay que ponerlo de manifiesto ante la inconsciencia de muchas personas que siguiendo el “ejemplo” de ciertos personajes públicos, se ponen el mundo por montera y se lanzan a la calle puño en alto o blandiendo una determinada bandera nacional o nacionalista, repitiendo las soflamas de ciertos líderes políticos, sin medir el alcance de sus actos.

Además, desde un razonamiento más comprometido estoy convencido que la desobediencia civil no lleva a buen puerto una determinada protesta social porque el efecto del incumplimiento de la Norma no se debe hacer esperar para evitar el caos, salvo que sea éste el efecto perseguido, lo cual nos llevará inevitablemente a una revolución social.

No soy partidario de la violencia para nada, ni de la física ni de la verbal, ésta última, por cierto muy utilizada al amparo de llamar a las cosas por su nombre, que está bien que se haga, pero al menos con la suficientemente motivación que justifique si es que se puede lo que en principio no deja de ser un insulto que puede atentar contra la dignidad de la persona o contra su propia imagen; pudiendo constituir una injuria o una calumnia. Pienso que la violencia solo genera violencia, lo cual es un hecho que podemos apreciar y constatar todos los días -basta con poner la televisión y ver las noticias-, y que la desobediencia civil lleva implícita cierta confrontación o grado de violencia puesto que supone una lucha contra el orden establecido, un orden del que todos somos en cierto modo responsables puesto que viene amparado en un ordenamiento jurídico emanado de un poder legislativo que todos hemos elegido y que nos representa.

Pienso que la lucha contra las corrupciones de nuestros políticos, la elevada presión fiscal, la falta de empleo, y un largo etcétera de resultados negativos procedentes de una pésima gestión de nuestros políticos, tanto de los de un lado como de los de otro, debe de hacerse en las urnas; sin eliminar, obviamente, la salida a las plazas y calles de nuestros pueblos y ciudades cuando quienes suponemos nuestros representantes cierran los ojos y se tapan los oídos para no ver y oír lo que realmente está sucediendo, pero sobre todo para reclamar nuestros derechos y libertades.

“… la lucha contra las corrupciones de nuestros políticos, la elevada presión fiscal, la falta de empleo, y un largo etcétera de resultados negativos procedentes de una pésima gestión de nuestros políticos, tanto de los de un lado como de los de otro, debe de hacerse en las urnas”

Mi querido Willy, espero que esa lucha encarnecida que tienes contra las injusticias del sistema sean entendidas por el juez que te ha mando capturar como una manifestación de tu libertad de expresión, sino las consecuencias no se harán esperar y como siempre se inundarán las redes sociales de insultos de los defensores y detractores de unos y otros -también en uso de su libertad de expresión-, y al final se hará una bola tan gran de especulaciones sobre si vivimos en un país democrático o en una pseudo-democracia sólo por el hecho de que se hagan cumplir las normas, que me recuerdan debates que creía  que todos teníamos ya superados.

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

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Feliciano Morales Escrito por el Sep 6 2018. Archivado bajo Actualidad, Nacional. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

6 Comentarios por “Mi querido Willy”

  1. Angeles Jimenez Santamaria

    Vaya porquería de escrito, porque no dices directamente que estás de acuerdo con la inquisición? Cuando vamos a ver encarcelados o citados por un juez a algún fascista insulton, amenazante y casi siempre peligroso, citado o encarcelado? Insinuas que Willy saca rédito de esta ‘publicidad’ pues resulta que es más bien lo contrario, cuanto tiempo hace qué no le contrata ninguna tele para trabajar en alguna serie o película. Y si te preocuparas de conocerle sabrías qué Willy siempre fue como es.

  2. Angeles Jimenez Santamaria

    Vale he intentado dejar un comentario y me ha enviado a página desconocía, se ve que tenéis un programita de esos que detectan palabras como “facha” por ejemplo No voy a volver a escribir mi comentario porque lo hago desde el móvil y la verdad, me agota. Adiós muy buenas. Tan sólo volve a decir que tú artículo aunque parece que no quieres que sea partidista lo es

  3. Angeles Jimenez Santamaria

    Vaaaya él comentario ha llegado, aleluya qué dirías tú y que respeto, pero respeta tu que seamos ateos y lo podamos expresar sin que nos venga a detener la santa inquisición

  4. Angeles Jimenez Santamaria

    Mis comentarios están pendientes de moderación,, si no os gustan los borrais Viva la libertad de expresión en España.

  5. Fernando

    Ángeles Jiménez Santamaria, ¿has leído bien el artículo?, parece que no, porque no se ataca al Willy, es más se dice en el primer párrafo del artículo: “aunque estoy convencido que tú no lo haces con esa intención, pues destaco y admiro tu otra faceta de activista político, comprometido y comprometedor”.
    Nadie discute la libertad de expresión, únicamente se habla de las consecuencias en caso de no ejercerla adecuadamente, porque todos los derechos deben ejercitarse conforme a los límite que la propia ley establece. Creo que decir que el escrito es una “porquería” evidencia tu respeto hacia los demás y tu respeto a la libertad de expresión. Al final te muestras Ángeles como una fascista intolerante, ya que lo que no te gusta directamente lo tachas de porquería…. ¿dónde están tus argumentos?… Sigo al autor de este artículo y más respeto a la libertad de expresión y a la tolerancia no es posible… Buen artículo Feliciano, a pesar de lo que digan los que no saben realmente lo que es liberta de expresión. Vaya falta de madurez democrática que hay en este país….

  6. Jacinta

    Bien lo dice el autor en su artículo: “las consecuencias no se harán esperar y como siempre se inundarán las redes sociales de insultos de los defensores y detractores de unos y otros”… Y aquí vemos reflejada a Ángeles Jimenez, un claro ejemplo de intolerancia y de no saber leer, porque el autor de ninguna manera se mete con willy sino de las consecuencias de un mal uso de la libertad de expresión.

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