La maldición del librepensador, los nuevos correligionarios

Como decía Paco Ibáñez en La Mala Reputación: “A la gente no gusta que, uno tenga su propia fe”. Y en eso estamos, en que cualquiera que reivindique el librepensamiento es automáticamente aplaudido. Eso sí, aplaudido hasta que alguno de sus pensamientos no coincida con el desairado que desde ese momento pensará que el tal librepensador es en realidad reo de ideología intolerable e intolerablemente contraria a la que él tan sabiamente milita.

Porque, y hay que tenerlo en cuenta, el librepensamiento es el derecho que tiene todo ser humano a pensar libremente sobre cualquier tema siempre y cuando esté de acuerdo con el que le otorga generosamente ese derecho al escucharlo.

Así que la esencia del auténtico y desconocido librepensamiento debería de consistir en: ser ultra liberal si hablas con uno de derechas. Ser marxista leninista revisionista con un toque de autocrítica histórica que no afecte a los indiscutibles logros socialistas y convencidamente sindicalista, si hablas con alguien de izquierdas. Radical y anti sistema si quieres ser oido por la izquierda a la izquierda de la izquierda que se ha pervertido en centro. Ser furibundamente intolerante con todo y con todos, empezando por ti mismo, si hablas con un extremista de cualquier signo.

 

“Cualquier discrepancia, no importa si razonable, razonada o reflexionada, se convierte de forma inmediata en el insulto, la descalificación y la inclusión en el grupo de deshechos de la sociedad.”

Por supuesto, ni se te ocurra discrepar en los temas propios del linchamiento mediático y virtual: feminismo, animalismo, homosexualidad, perdón, LGTB, independentismo, sexismo, racismo, aborto, inmigración o terrorismo. Cualquier discrepancia, no importa si razonable, razonada o reflexionada, se convierte de forma inmediata en el insulto, la descalificación y la inclusión en el grupo de deshechos de la sociedad.

Pero con ser todo lo apuntado suficientemente grave, incómodo y desesperanzador, como para presentar la dimisión en el CUL (lástima de O), Colegio Universal de Librepensadores, aún hay una situación mucho más incómoda para el pobre incauto de altas y pretendidamente independientes ideas.

Pongámonos en situación. Reunión social, no importa si familiar, de amigos o de negocios. Los temas saltan como las piedras que rebotan en el mar, incapaces de profundizar a pesar de su peso. En un momento determinado el librepensador emite una reflexión contraria al pensamiento mayoritario del entorno. Se genera la reacción habitual ya comentada. Finalmente el tema se aleja sustituido por otros que demandan el comentario prefabricado habitual. Lo peor está por llegar. Alguien se acerca a tí y te felicita por tu acierto en el tema discrepado. Hasta aquí todo bien. Y de repente, cuando tienes poca experiencia de forma inopinada, si tienes más experiencia de forma inevitable, empieza a hacerte partícipe de su ideología, las más de las veces inasumible, en formato de confidente y hermano.

La única posibilidad de salir de la situación es la capacidad, la habilidad, que tengas para pasar a toda velocidad del modo librepensador al modo sordopensador aquiescente. Cualquier otra opción te puede llevar a ser objeto de odio irrefrenable de por vida.

Y es que ser librepensador, no solo en este país, no, casi en cualquier lugar del mundo, es un ejercicio de riesgo. Te puedes encontrar conque pierdes a los amigos o, lo que es peor, conque haces amigos nuevos que nunca sospechaste, que nunca deseaste, que jamás sabrán lo que realmente piensas, ni les importa, porque indudablemente estás de acuerdo con ellos.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Rafael López Villar Escrito por el Sep 14 2017. Archivado bajo Actualidad, Cultura. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

3 Comentarios por “La maldición del librepensador, los nuevos correligionarios”

  1. David Capilla Ruiz
    David Capilla Ruiz

    Pues muy buen razonado todo pero la frase inicial se la debemos más a Georges Brassens que a Paco Ibañez..

    Como bien dices, no es solo cuestión patria, sino que el que sigue rutas diferentes, siempre es señalado con el dedo en cualquier parte del mundo.

    Te dejo el original para que te deleites con las guturizaciones francesas de la “R” a lo Piaf. 😉

  2. Diego Carrera Martín
    Diego Carrera Martín

    Muy buena defensa del librepensamiento. Te recomiendo, si no lo has leído ya, «Sobre la libertad» de John Stuart Mill. Una oda sin igual a la libertad en el sentido más amplio. No tiene desperdicio.
    ¡Un saludo!

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