La hienas políticas

Las hienas tienen un aspecto muy poco simpático. Su cuerpo es tosco, la cabeza robusta, con un hocico destacable, sin la menor gracia. El corte de los ojos da a estos animales una expresión pérfida y agresiva. El pelo largo, áspero y rizado, y su color oscuro son otros elementos que contribuyen a dar a la hiena un aspecto francamente desagradable. Añádase a esto dotados de una voz desentonada, estridente, una risa histérica; además son ávidas por naturaleza.

Las hienas son carroñeras, de manera que, cuando huelen la carne putrefacta son capaces de luchar con toda su energía contra cualquier otro animal que se les ponga por delante. Esta cualidad, unida al hecho de que normalmente atacan por la espalda me recuerda a nuestra clase política, a aquellos que se llaman servidores del pueblo sin serlo, porque una vez que huelen la carroña del poder, la opulencia de los sueldos, los privilegios de los cargos que ocupan son capaces de pelear, traicionar, destrozar a su adversario político o incluso, a alguno de los suyos, si trata de quedarse con lo que tiene o removerle de su puesto.

Las hienas políticas pueden encontrarse tanto en la derecha como en la izquierda, allí donde haya un espacio en el que convivan intereses de poder y ansias de control ante las debilidades de la condición humana, las encontraremos. Y todo ello porque la política es un terreno fértil para las desavenencias, donde a diario se ponen a prueba las lealtades y juramentos de amistad eterna para conservar el poder, fáciles de romper con una simple dentellada de estos pérfidos animales.

También son fáciles de encontrar en aquellos partidos que han surgido de manera milagrosa para tomar la iniciativa política y que se hicieron pasar por movimientos sociales disfrazados de una intelectualidad crítica ante el neoliberalismo de la derecha y la hegemonía imperial de un bipartidismo apestoso. Prueba de ello es la incapacidad que están demostrando para llegar a un acuerdo de unión de la izquierda si no hay sillones por medio; por otra parte contra-natura, si tenemos en cuenta que el principal hacedor del mismo es una de las partes del citado bipartidismo a quien el monarca ha encargado formar gobierno, y la otra quien más lo ha criticado al definirlo como casta y corrupto. Pero como de hienas va la cosa, y la carroña del poder es su presa, cualquier cosa es posible, porque sino lo hacen los unos lo hacen los otros.

Las hienas tienen un aspecto muy poco simpático. Su cuerpo es tosco, la cabeza robusta, con un hocico destacable, sin la menor gracia. El corte de los ojos da a estos animales una expresión pérfida y agresiva. El pelo largo, áspero y rizado, y su color oscuro son otros elementos que contribuyen a dar a la hiena un aspecto francamente desagradable. Añádase a esto dotados de una voz desentonada, estridente, una risa histérica; además son ávidas por naturaleza.

Las hienas son carroñeras, de manera que, cuando huelen la carne putrefacta son capaces de luchar con toda su energía contra cualquier otro animal que se les ponga por delante. Esta cualidad, unida al hecho de que normalmente atacan por la espalda me recuerda a nuestra clase política, a aquellos que se llaman servidores del pueblo sin serlo, porque una vez que huelen la carroña del poder, la opulencia de los sueldos, los privilegios de los cargos que ocupan son capaces de pelear, traicionar, destrozar a su adversario político o incluso, a alguno de los suyos, si trata de quedarse con lo que tiene o removerle de su puesto.

Las hienas políticas pueden encontrarse tanto en la derecha como en la izquierda, allí donde haya un espacio en el que convivan intereses de poder y ansias de control ante las debilidades de la condición humana, las encontraremos. Y todo ello porque la política es un terreno fértil para las desavenencias, donde a diario se ponen a prueba las lealtades y juramentos de amistad eterna para conservar el poder, fáciles de romper con una simple dentellada de estos pérfidos animales.

También son fáciles de encontrar en aquellos partidos que han surgido de manera milagrosa para tomar la iniciativa política y que se hicieron pasar por movimientos sociales disfrazados de una intelectualidad crítica ante el neoliberalismo de la derecha y la hegemonía imperial de un bipartidismo apestoso. Prueba de ello es la incapacidad que están demostrando para llegar a un acuerdo de unión de la izquierda si no hay sillones por medio; por otra parte contra-natura, si tenemos en cuenta que el principal hacedor del mismo es una de las partes del citado bipartidismo a quien el monarca ha encargado formar gobierno, y la otra quien más lo ha criticado al definirlo como casta y corrupto. Pero como de hienas va la cosa, y la carroña del poder es su presa, cualquier cosa es posible, porque sino lo hacen los unos lo hacen los otros.


Feliciano Morales Martín Escrito por el Mar 6 2016. Archivado bajo Feliciano Morales, Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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