El infierno del Gulag (2ª Parte)

 
Un genio literario nacido en 1.918 tras la Revolución Rusa

Interminables riadas de prisioneros japoneses desfilaban hacia un destino en Siberia y Asia Central al final de la guerra con Japón. El torrente de gente detenida era inagotable, emigrados de Manchuria cuyas familias fueron separadas, polacos, rumanos, húngaros, a los que se sumaban más de un millón de soviéticos que habían huido del régimen. Y en ese maremágnum de locura pasaron inadvertidas riadas menores, como la de los niños españoles que fueron enviados a Rusia a comienzos de la guerra civil española y educados en sus internados; en la postguerra ya eran adultos y deseaban regresar a su país. La política de Stalin no se lo permitió, les acusaron de ser ‘socialmente peligrosos’ y a los más persistentes de ser ‘espías de los americanos’, muchos terminaron en los Gulag.

En Nueva Jerusalén se hizo espacio para otra riada de prisioneros alemanes desalojando a los presos rusos y reubicándolos en distintas cárceles del archipiélago. Solzhenitsyn fue trasladado a Kaluga Gate, cerca de Moscú, dejando atrás el tedioso color rojizo-grisáceo de los pozos de arcilla y el atroz trabajo de recogerla con las manos cuando estaba empapada por la lluvia. Allí estuvo diez meses. El 18 de julio de 1.946 le enviaron nuevamente a Butyrki, pasando una y otra vez por los mismos vejatorios procedimientos. Aún así resultó más soportable. El hedor continuaba siendo irrespirable en la celda diseñada para la mitad de hombres que la abarrotaban, pero al menos no se veía obligado a experimentar a cada momento el horror de otros campos. ¡Qué felicidad sintió!, pudo resarcirse de la falta de sueño y recibir diariamente dos comidas calientes.

Un día fue recalificado como “prisionero en misión especial” gracias a su licenciatura en Matemáticas y Física. En septiembre de 1.946 llegó a un conjunto de prisiones dedicadas a la investigación científica, llamadas  situadas en la cuenca alta del Volga, en Rybinsk, donde se diseñaban y construían motores de aviones. Las prisiones disponían de fábricas, laboratorios, talleres, y los trabajos estaban dirigidos por presos expertos en dichas materias. Más adelante, en otra sharashka recién inaugurada en el norte de Moscú, llamada Marfino, también conocida como ‘Prisión Especial no16”, encontraría la inspiración para su novela ‘El primer círculo’, y comprobaría que la vida era sustancialmente distinta a la de los campos de trabajo. Ya no tenía que derrumbarse agotado sobre los tablones duros de madera con las alpargatas de cuerdas puestas, allí se pudo entregar a un descanso placentero cobijado por la amable tibieza de una limpia sábana. Al poco tiempo llegaron dos presos con los que haría gran amistad, Dimitri Panin y Lev Kopelev. En sus memorias Dimitri describiría el encuentro con Solzhenitsyn. ‘Recordaba haber visto a un hombre de impresionante figura, vestido con un abrigo de oficial, bajando los escalones. Le gustaron de inmediato, la franqueza de su rostro, el vigor de sus ojos azules, su espléndido pelo castaño, su nariz aquilina’.

En sus memorias Dimitri describiría el encuentro con Solzhenitsyn. ‘Recordaba haber visto a un hombre de impresionante figura, vestido con un abrigo de oficial, bajando los escalones. Le gustaron de inmediato, la franqueza de su rostro, el vigor de sus ojos azules, su espléndido pelo castaño, su nariz aquilina’.”

Llegado el año 1.950 la época “dulzona” de Marfino se extinguió. Le llevaron a Ekibastuz, un campo situado en las estepas de Kazakhstan, en Asia Central. Fuera de aquel perímetro se extendían la taiga y la tundra entre los cientos de kilómetros que le separaban del mundo conocido. Fue el lugar en el que gestó ‘Un día en la vida de Iván Denisovich’. Meses después le diagnosticaron un cáncer y le ingresaron en el hospital de la prisión. Le operaron y poco a poco se fue recuperando. Una vez más se reforzaba. Traspasó el umbral que separaba la desesperación de los campos de trabajo a la desolación en una cama del hospital enfrentándose a la muerte y definitivamente triunfando a la muerte en sí misma. ¡La Providencia tenía planes para él! A la vez que se recuperaba físicamente crecía espiritualmente, de aquella experiencia nacería su obra ‘Pabellón de Cáncer’. En el campo de Ekibastuz conoció a hombres apresados por sus creencias. Memorizó las historias al igual que sus propios versos, quedarían reflejados en ‘Archipiélago Gulag’. En aquellos días su esposa Natalya tras años de abnegada soledad, le escribió una carta dando por concluida la relación de 16 años.

¡Y por fin, el 3 de marzo de 1.953, la condena finalizó! Varios presos y él fueron conducidos al distrito de Kok-Terek en la zona sur del gran desierto Bet-Pak-Dola. Comenzaba el exilio perpetuo. Por primera vez en años saboreó la libertad. Consiguió una plaza de profesor de matemáticas en la escuela. Apenas transcurridos unos días de su llegada le avisaron para que acudiera a la plaza del pueblo, los aldeanos se congregaban alrededor de un aparato de radio escuchando las noticias, Stalin había muerto. Aleksandr escribiría: “… ¡El dictador asiático ha muerto! ¡Qué increíble júbilo habría en los campos! Yo podría haber aullado de júbilo junto al altavoz; ¡incluso podría haber bailado una desenfrenada giga! Pero los ríos de la historia fluyen lentamente…”

Al poco tiempo tuvo una recaída de la enfermedad pero logró superarla definitivamente, entonces Solzhenitsyn se sintió purificado. Había evolucionado a un estado espiritual superior y aquella inestimable riqueza que se aglutinó en su interior, dio lugar a la persona en la que se convirtió. Con paso precavido, en secreto, pero firme y seguro comenzó a escribir las obras que le encumbrarían como a uno de los grandes escritores rusos del siglo XX. Regresó a sus orígenes religiosos y a las sagradas tradiciones del pueblo ruso, logrando rescatar los entrañables recuerdos de su infancia.

Sus orígenes

Aleksandr había tenido una infancia feliz en comparación con otros niños rusos. Nació en Kislovodsk en 1.918 pocos meses después de la Revolución. Sus padres, Isaaki Solznenitsyn y Taissia Sncherbak eran personas inteligentes y cultas. Un trágico accidente acabó con la vida de su progenitor. Cuando nació, su madre se lo llevó a vivir a Rostov criándole en circunstancias muy duras. Los evangelios y la literatura de la religión ortodoxa actuaron como el manantial que ayudó a desarrollar su imaginación. Aprendió de su tía Irina el verdadero sentido de la belleza de las tradiciones, las raíces, la familia y la devoción por las artes. Le impulsó en la lectura abriéndole las puertas de su biblioteca donde descubrió fascinado a Tolstoi, Dostoievski, Turgeniev, Shakespeare, Dickens o Jack London, entre otros.

Creció en un círculo familiar donde todos eran antibolcheviques. Hablaban abiertamente de las atrocidades que el nuevo régimen estaba cometiendo contra el pueblo, de las propiedades que el estado confiscó a su abuelo y de la persecución que éste sufrió. En cambio en la escuela recibía un adoctrinamiento muy distinto. Los mismos bolcheviques eran ensalzados, contaban hazañas en las que enarbolaban banderas y tocaban trompetas. Inexorablemente las utópicas doctrinas marxistas-lenilistas le irían convenciendo de una ideología sincera e ingenua, propia de la inexperta juventud. Promulgaban el ateísmo y los cristianos ortodoxos sufrieron las consecuencias de aquel febril odio. Saquearon iglesias y detuvieron a muchos popes, unos fueron enviados a los campos de trabajo y a otros los fusilaron. No estaba prohibida por ley ninguna doctrina pero no se podía hablar de ello bajo pena de prisión. La poetisa Tanya Khodkevich lo expresó con irónico y amargo humor: “Puedes rezar libremente, pero de manera que sólo pueda escucharte Dios”. Fue condenada a diez años.

En aquel ambiente desarrolló sus estudios de Matemáticas y Física en la Universidad y al mismo tiempo de Humanidades en el MIFLI. En 1.940 Natalya Reshetovskaya y él decidieron casarse. Un año después se incorporó a filas, estuvo en el frente hasta que en 1.945 fue arrestado y condenado al Gulag. Permaneció en el exilio hasta 1.956 en que su caso se revisó, considerando que no había pruebas suficientes le rehabilitaron y regresó a Moscú. El reencuentro con Natalya, a pesar de estar ya separados, les llevó a retomar su relación, pero algo profundo había cambiado entre ellos. Se desplazaba a casa de sus amigos para escribir en secreto, en un deseo incontenible de contar al mundo la espantosa realidad vivida en los campos de trabajo por millones de personas.

Las últimas décadas

Decidió enviar el manuscrito de ‘Un día en la vida de Iván Denisovich’ a Tvardovsky de Novy Mir. En aquellas fechas ostentaba la presidencia Nikita Kruschev, un estalinista que deseaba alejarse de aquella línea y dar una nueva imagen del país. A Tvardovsky le encantó el manuscrito e hizo lo imposible porque se publicara, obteniendo la aprobación de Kruschev. La publicación resultó un bombazo literario que levantó ampollas en el sistema soviético. Solzhenitsyn comenzó a ser conocido en el resto del mundo, aunque en su país le volvieron a vilipendiar y a despreciar. En 1.968 conoció a Natalya Svetlova, quien se convirtió en su segunda esposa y con la que tuvo tres hijos. Le concedieron el premio Nobel de Literatura en 1.970. Posteriormente en 1.973, la publicación en París de la primera parte de ‘Archipiélago Gulag’ provocó un ataque de furibundas críticas al autor, por ello fue detenido de nuevo en 1.974, acusado de traición, expulsado de la URSS y enviado al exilio. Viajó a Estados Unidos un año después donde escribió diversas obras, recibió varios premios. Regresó a su país en 1.994 cuando Mikhail Gorbachov le restituyó la ciudadanía rusa. Recibido como un héroe se convirtió en un referente político y moral para la mayoría de los rusos, reconocido por su amor a la verdad. En 2007 le visitó en su domicilio el presidente Vladimir Putin para agradecerle su labor en beneficio de Rusia y felicitarle por el Premio Nacional. Murió en 2008 y a petición propia se le enterró en el Monasterio Donskói de Moscú junto al historiador Vasili Kliuchevski. Le hicieron un funeral de Estado, con todos los honores. Dimitri Medvedev interrumpió sus vacaciones para acudir al acto religioso acompañado del primer ministro Putin.

 

¡Por fin se le hacía justicia restituyendo su honor!

Fuentes consultadas.
Biografía escrita con su propia colaboración por Joseph Pearce Un día en la vida de Iván Denisovich
La casa de Matriona
Archipiélago Gulag

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Montserrat Prieto
Solo soy alguien que nunca dejará de soñar con un mundo mejor. Que hace del aprendizaje una constante de su vida. Amante y defensora de la salud medioambiental, de los Derechos Humanos y de la Justicia. Escritora de cuentos y relatos

Montserrat Prieto Escrito por el Ago 20 2017. Archivado bajo Actualidad, Mundo. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

1 Comentario por “El infierno del Gulag (2ª Parte)”

  1. Mayte Ingelmo

    Reconoçimiento por fin a este escritor premio Nobel en el ocaso de su vida.

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