ESPECIAL 26J: Hoy no es Ayer

Hoy no es ayer, aunque no descarto que mañana si lo sea. No, no he inventado la máquina del tiempo ni sé de nadie que lo haya hecho, pero a veces la estupidez de los hombres parece imitar a la tecnología no alcanzada.

Hoy, efectivamente, no es ayer y la capacidad del hombre de moverse por el tiempo se sigue limitando a su tránsito por el mismo en sentido único e indefectible, pero todo lo que leo, todo lo que escucho, todo lo que percibo en el ambiente,  a propósito de las nuevas elecciones, me lleva a pensar en que el día posterior a las mismas no va a diferir en gran manera del día posterior a las últimas, no me sale el verbo celebradas aunque si el calificativo célebres, perpetradas. La obcecación, la necesidad de medrar, la ambición personal y la partidista, me llevan a pensar que estamos al borde de iniciar un bucle temporal por tiempo indefinido.

Ya me estoy viendo, como en el film “El Día de la Marmota”, levantándome cada seis meses para ir a votar a los mismos candidatos de los mismos partidos, en los mismos colegios y delante de los mismos señores, y buscando desesperadamente la forma de romper el Oroboros electoral que las ambiciones partidistas amenazan con crear.

No, definitivamente hoy no es ayer porque, aunque se repita la fatídica convocatoria, mi vida continua y cada dos ciclos yo cumpliré un año y habré consumido una cuota más de paciencia y resignación, aunque, al parecer y para la mayoría de los ciudadanos, esa cuota parezca ser infinita.

Así que tal como comentaba al principio de estas letras hoy no es ayer pero el ciego, el empecinado, actuar de esas máquinas interesadas e insensibles  diseñadas para alcanzar el poder a costa de, por medio de, lo que sea, cueste lo que cueste, sin resquicio a la toma en consideración de la voluntad o de la necesidad ciudadanas, que son los partidos políticos si pueden conseguir que cada seis meses mañana sea como ayer, como un ayer indefectible y frustrante.

Un ayer en el que escuchemos el triunfal mensaje de todos, de todos aquellos que han perdido porque no pueden acceder a sus objetivos, de todos aquellos que en su frustración y ansia dicen haber entendido perfectamente el mensaje de las urnas que, a su parecer, dicen casualmente aquello que a él, o a ella llegado el caso, le interesa para alcanzar su fin único, último, de conseguir el poder. Y fíjense que digo poder y no gobierno.

Yo, pobre de mí, iluso creyente de una sociedad de ciudadanos libres y comprometidos, veo los resultados electorales y leo algo bien diferente a lo que parecen leer ellos, los partidos, sus líderes.

Yo leo que este país, y todas sus trifulcas internas, externas y mediopensionistas, necesitan de un gran pacto, de un pacto global y generoso en el que no se excluya a nadie, salvo a los que quieran excluirse a sí mismos, que nos salve de la mediocridad, de la ambición de poder, del frentismo, del inmovilismo moral, social y educativo, en el que llevamos instalados desde hace décadas. Que nos salve de la soberbia, cíclica y de todos los colores, de la imposición de las posiciones del temporal ganador sobre el temporal perdedor. Que nos salve del revanchismo de tirar abajo todo lo hecho por el anterior para imponer lo que será tirado abajo por el posterior. Que nos provea de unas líneas claras y básicas claras en los campos fundamentales: educación, convivencia, justicia, fiscalidad, exteriores, sanidad y servicios sociales, que permitan que pueda haber para todos los ciudadanos del país, de cualquier rincón, los mismos derechos y deberes y aplicados de la misma forma y durante más de cuatro años. Que permita que esos derechos y deberes no se conviertan en el campo de batalla, en el toma y daca de personajes sin otra ambición que la personal a costa de lo que sea.

“Así no se puede progresar, así, no se puede conseguir. Así, lo repito una vez más, lo único que se puede conseguir, es que aunque hoy no sea ayer, mañana si lo sea, y no hay nada más pernicioso, no hay nada más triste y degradante, que vivir en el pasado, aunque sea cada seis meses.”

 

Así no se puede progresar, así, no se puede conseguir. Así, lo repito una vez más, lo único que se puede conseguir, es que aunque hoy no sea ayer, mañana si lo sea, y no hay nada más pernicioso, no hay nada más triste y degradante, que vivir en el pasado, aunque sea cada seis meses.

No, hoy no es ayer, puedo constatar en mi cuerpo, en mi memoria, que el tiempo pasa, pero algún engranaje de la maquinaria parece averiado y veo con claridad, con tristeza, con agotamiento y con desmoralización, que puede que mañana, varias veces, si lo sea.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

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Rafael López Villar Escrito por el Jun 18 2016. Archivado bajo Política. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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