Francisco I El Paseado

Me resulta difícil saber ante ciertas actitudes si se deben a una inteligencia que supera en mucho a la mía limitada o si son fruto de una estupidez soberana. También queda la opción cíclica, esa que sostiene que los extremos se confunden y que en este caso casi haría imposible discernir entre una jugada maestra y una contumaz majadería. Y el problema es que argumentos sobran para sostener ambas premisas, y ambas premisas se sostienen contemplando el bochornoso espectáculo al que nos encontramos expuestos sobre este tema.

Es difícil no pensar que la popularidad del dictador estaba tan en declive, que, salvo algunos nostálgicos de tiempos pretéritos muy entregados a la causa, muy pocos, muy de vez en cuando, nadie visitaba la tumba que en un lugar apartado de la sierra contiene los restos del personaje en cuestión. Tan en declive que seguramente era incómoda para aquellos que necesitan de muleta y engaño para hacer ver a los demás un posicionamiento político que son incapaces de desarrollar salvo con gestos que no tiene otra trascendencia que la de su exhibición pública. Ahora la semi olvidada tumba, y todo su entorno, ha reverdecido sus viejas glorias visitantes y recibe alborozada a leales de toda la vida y curiosos de la última hora que visitan por igual el enterramiento o el juzgado donde van a pasear al último popular encausado.

Mi duda, respecto a la jugada y su conveniencia, no es su eficacia para adictos a la ideología, sean de la promotora o de la contraria, ni siquiera su repercusión, previsible para los mismos, no, mis dudas están en la falta de previsión respecto al desarrollo de la historia, la falta de previsión o la eficaz planificación. Hace ya cinco meses largos que Pedro Sánchez y su gobierno tomaron las riendas, es una forma de hablar, del país. Hace ya cinco meses largos que hicieron de esta medida santo y seña de sus compromisos con “el pueblo”.

 

“Mi duda, respecto a la jugada y su conveniencia, no es su eficacia para adictos a la ideología, sean de la promotora o de la contraria, ni siquiera su repercusión, previsible para los mismos, no, mis dudas están en la falta de previsión respecto al desarrollo de la historia, la falta de previsión o la eficaz planificación”

Y cinco meses más tarde aún no sabemos ni cuándo ni a donde irán a parar los restos del redivivo, al menos mediáticamente, dictador. Cinco meses más tarde lo único que han logrado es que no haya día en el que no haya algo distinto, nuevo me parece un exceso, que comentar sobre el tránsito, el pretendido tránsito, del nefasto personaje. Afortunadamente no tiene posibilidad de presentarse a las próximas elecciones, o sí, porque le estarían haciendo la campaña gratis. Removiendo sin curar, agitando sin parar, paseando sin lugar.

Malo sería que el dictador acabase en un lugar más emblemático y accesible para sus adictos, malo y casi inevitable ya que no sé cómo se podrá evitar que la familia decida hacer uso de su legítima propiedad.

Pero de lo que no cabe duda es de que mientras hablamos de la diaria y virtual, de momento, itinerancia de un cadáver de hace cuarenta años no nos preocupamos de tantos temas que nos son necesarios en la actualidad. Y eso sí que es bueno para un gobierno instalado en eludir sistemáticamente la realidad.

  • Nada sobre la reestructuración de la justicia.
  • Nada sobre una sanidad más eficaz.
  •  Nada sobre la imprescindible reforma de la educación.
  • Nada sobre un reparto más justo de la riqueza salvo el consabido recurso de subir los impuestos y hacer más pobres a los más pobres
  • Nada sobre la reforma de la ley electoral que devuelva el control a los ciudadanos.
  • Nada sobre la solución a los problemas territoriales que ante la dejación gubernamental se enroca, se crece y se hace más fuerte.
  • Nada sobre unas elecciones que devuelvan un gobierno fuerte, eficaz y capaz.
  • Nada sobre la asunción inmediata de responsabilidades ante hechos que suponen el desprestigio y cuestionan la integridad de los miembros del gobierno, empezando por el propio presidente.
  • Nada de nada
  • Nada de nada de nada

Y ante esta nada tenemos una oposición ineficaz, un cadáver itinerante, unos socios de gobierno indeseados y una vicepresidenta del gobierno más digna del forofismo de un equipo de fútbol que de un equipo de gobierno.

Pero esto es España. Forges ha muerto y nos hemos quedado sin motoristas. Y para colmo nuestro ancestral apego al toreo nos hace entrar a la muleta sin pararnos a pensar que nos están toreando. Es más, seguramente somos el único toro que aplaude y jalea al torero, y olé.

“Y ante esta nada tenemos una oposición ineficaz, un cadáver itinerante, unos socios de gobierno indeseados y una vicepresidenta del gobierno más digna del forofismo de un equipo de fútbol que de un equipo de gobierno.”


De todas formas no nos preocupemos, mientras Francisco I “El Paseado”, no encuentre acomodo definitivo para sus huesos tampoco nosotros encontraremos de nuevo nuestra preocupación por las medidas necesarias. ¿Quién necesita conciencia actual pudiendo hablar de memoria histórica?

¿Y cuándo encuentre acomodo? No, claro, después tampoco. Ya encontraremos otro cadáver que pasear.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.