El Papa, ¿hombre bueno o malo?

 

Hace algunos días discutía con un amigo acerca de la existencia de Dios, del bien y del mal, de la propia existencia del ser humano. Claro, este amigo es totalmente ateo, o al menos eso aparenta.

Continuando con el relato…, este amigo ateo tiene un apego muy singular a ese dicho que dice algo así como: “vamos a vivir bien que son tres o cuatro días”, es decir, de disfrutar el aquí y ahora, como si no existiese futuro, de los placeres de la vida. Claro, este amigo todavía es joven, pero no le falta razón, salvo que tenga por diosa a una moto, pero también lo entiendo, a veces es mejor una moto que un mal amigo.

Bueno…, acordándome de esa conversación y del esfuerzo que tuve que hacer para no aparentar un “carca”, tengo que decir que mi posición en ese momento fue una posición agnóstica1 y punto, igual que ahora.

No niego la existencia de Dios2, y hoy escribo ese “DIOS” con mayúsculas porque no le pongo o hago lo hasta lo imposible por no ponerle una cara determinada, una imagen religiosa, para que se me entienda. Creo en un Dios que es energía, en un Dios creador del universo, un arquitecto superior, pero no como nos lo pintan en las iglesias, de  ese hombre con barba blanca y un triángulo encima de su cabeza que en siete días creó todo;  lo cual no deja de ser un simbolismo de un inicio del todo desde el nada. Yo me refiero a Él como energía cósmica en el sentido que algunos científicos como Stephen Hawking, explica del origen del universo en sus diferentes teorías.

Y…, ¿porque Hawking y no lo que dice la iglesia sobre Dios?. Por cierto mi iglesia de nacimiento es la católica. En cuanto a la pregunta, creo que no hay que elegir sino mezclar, y de esa mezcla quedarse con lo que más nos satisfaga, eso sí con la coherencia que esa satisfacción exige. Me explico, aunque el católico, creyente y practicante exige el cumplimiento de una reglas y la creencia de unos dogmas, aporta la satisfacción de que existe un Ser Benevolente que en la muerte nos va predornar todos nuestros pecados y errores, y recoger en sus brazos, viviendo a su lado la vida eterna. Sin embargo en mi caso no me aporta satisfacción alguna porque mi única aportación al universo es la energía en la que me transformaré cuando me muera.

Centrándome aún más en el tema, mi posición agnóstica es destacable en el hecho de que nada me posiciona ideológicamente, por decirlo de alguna manera a la figura del Papa y de la Iglesia católica, de manera que si tengo que posicionarme respecto a su lider acerca de si es un hombre bueno u hombre malo, indudablemente mi respuesta sería la de un hombre bueno y, con ello no juzgo su trayectoria o viaje por esta vida que le precede, por dos razones, una porque no he indagado sobre la vida de Jorge Bergoglio antes de ser Papa y, segundo, porque no soy quien para juzgar a nadie en el sentido de atribuirle una condena a una conducta negativa determinada una condena que, simplemente, puede consistir en el desprestigio. Y, digo bueno, porque me lo parece, simplemente, y porque lo ha demostrado a lo largo de su pontificado, pero sobre todo por haberse puesto a levantar las alfombras de una institución de 2000 años de existencia, que por ser llevada por hombres, forzosamente ya no es infalible y, por lo tanto tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, como todos.

” si tengo que posicionarme respecto al líder de la Iglesia, ¿hombre bueno u hombre malo?, indudablemente seria un hombre bueno y, con ello no juzgo su trayectoria o viaje por esta vida que le precede”

Creo, además, que es un hombre valiente porque la limpieza que ha iniciado incomoda a un sector dentro del vaticano, vamos a llamarlo, más conservador, con mucha fuerza debido a un amplio sector entre los fieles que les apoyan.

Que no es un hombre perfecto, que no es un dios en la tierra, pues claro que no. Hasta si se lo preguntan a él creo que respondería en este mismo sentido, no sólo por humildad, que en este caso no es el hombre de un simple golpeo en el pecho con la mano derecha, sino por su gran conocimiento del ser humano como jesuita que es.

Parece que el ser progresista en nuestro días es cumplir y defender una serie de dogmas que, ademas, debes creer a pies juntillas, como ser feminista, gay, lesbiana, o  apoyarlos  hasta casi pensar o sentir como ellos; ateo, anarquista, anti-sistema, radical, animalista y otra serie de tópicos y típicos comportamientos, forma de vida, creencias que aunque es cierto son propios de personas con una mentalidad abierta, no tienes porque compartir necesariamente en toda su extensión, porque si algo lleva implícita esta condición de progresista debería ser la de ser libre-pensador y tremendamente respetuoso con las opiniones contrarias.

“… así debes ser feminista, gay, lesbiana, o  apoyarlos  hasta casi pensar  o sentir como ellos; ateo, anarquista, anti-sistema, radical, animalista y otra serie de tópicos y típicos comportamientos”

Así pues, dentro de ese progresismo mal entendido, otro dogma o pauta a seguir es presumir -no todos -, y este no es el caso de mi amigo-, de cierto ateísmo en una posición claramente anticlerical, por varias razones, pero sobre todo por la fuerza opresora que ha ejercido a la largo de su historia, muchas veces muy unida al poder del Estado, como ha sucedido en la historia reciente de nuestro país.

No me gustan las religiones porque no me gustan los dogmas. Sólo me importa el humanismo y por lo tanto el lado humanista de la Iglesia de la que estamos hablando lo tiene. Por supuesto que debería ser más amplio, a pesar de su boato, ritos y viejas tradiciones, que a mi no me importan, aunque es cierto que podría utilizar sus tesoros para atemperar la plaga de pobreza en muchos de los países del sur del planeta, aunque aquí tendríamos en contra la propia conservación  del patrimonio histórico artístico de sus bienes y otras labores sociales que hacen.

No le demos más vueltas, la Iglesia tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, como buenos y malos son sus servidores, estando entre los malos los pederasta que cada día son más y que se autodenominan siervos de Dios para cometer sus ignominiosos actos. Igualmente, el Papa tiene sus cosas buenas y malas.  Pero perdonen los “progresistas” -las comillas son intencionadas para diferenciarlos de los que realmente lo son-, no voy a sacar mi odio visceral y escupir la hiel que circula por mis venas contra todo lo que huela a Iglesia, y menos públicamente, porque, no tengo odio ni hiel en las venas y en segundo lugar porque juzgar a la Iglesia es juzgar a los seres humanos que la dirigen, aunque entiendo, a veces, la misantropía de algunos de mis amigos y amigas,  y también el anticlericalismo, y no es para menos.

1, adjetivo/nombre masculino y femenino

[persona] Que, sin negar la existencia de Dios, considera inaccesible para el entendimiento humano la noción de lo absoluto y, especialmente, de Dios.

“ser agnóstico depende de un razonamiento intelectual; lo que el

2, En las religiones politeístas, ser sobrenatural al que se rinde culto; tiene poder sobre un ámbito concreto de la realidad y sobre el destino de los humanos.

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

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Feliciano Morales Escrito por el Ago 30 2018. Archivado bajo Actualidad, Mundo. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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