El diván de mi vecina

 

 

  • La que se avecina

Hoy ha vuelto mi vecina de sus vacaciones, apenas una semana ha estado fuera y la he echado de menos. Al final a todo aquel que se trata se le coge cariño y apego. Y más que morena yo la veo negra, no del color de piel, que también, cual lagarto que se ha puesto al sol durante horas y horas; sino, más bien, por lo que había visto.

El solárium que había utilizado para mudar su piel es la playa de Sitges, en Barcelona -para quienes no la ubiquen-, pero el motivo de la negritud era el proceso soberanista. “No te puedes imaginar lo revolucionada que esta la gente a cuenta del impresantable de Puigdemont”, me dijo nada mas preguntarle qué tal se lo había pasado.

Incrédulo acerca de la revolución que había presenciado, pues ya de todos es sabido que mi vecina es un poco histriónica, le pedí que precisará más lo que había visto para incitarla a utilizar el  adjetivo de “impresentable” atribuido al President. La respuesta fue, prácticamente la misma que su introducción: “estos independentistas se están pasando tres pueblos”, “quieren dividir España y hasta que no lo consigan no van a quedar agusto”.

De nada sirvió mi tesis acerca de la libertad de los pueblos y de su derecho a la autodeterminación. Bueno, sí… tuvieron bastante efecto mis palabras, porque si ya estaba un poco encendida, lo que acaba de decir provocó en ella una furia incontenible, de tal magnitud que su cara volvió a cambiar de color, del moreno de playa a un rojo intenso de una rabia de la que jamás había sido testigo en persona alguna. No exagero si digo que me llego a preocupar que tal estado le pudiese provocar un infarto, pues sus labios también se habían tornado de un color morado, y cuando me disponía a tranquilizarla espetó por su boca: “a ver si Cospedal cumple con su palabra y manda a las tropas a defender la indisoluble unidad de la Patria”.

Se había abierto la caja de Pandora, acompañada de  rayos y truenos incesantes que no paraban de salir de su boca y de sus ojos enramados por tanta ira, de manera que convencido que de nada iba a servir mi deseo de tranquilizarla, la deje continuar hasta que escupiera, perdón por la expresión, todo lo que llevaba dentro.

“Se había abierto la caja de Pandora, acompañada de rayos y truenos incesantes que no paraban de salir de su boca y de sus ojos enramados por tanta ira”

¿Pero, bueno, que es lo que has visto para que vengas así?, volví a preguntarla, pues todavía no acaba de entender los motivos de tanta indignación si tenemos en cuenta que el proceso de independencia de Catalunya lleva tiempo en el candelero, el suficiente para que cada cual a estas alturas se haya formado su opinión; siendo conocedor, además, de su postura “anti-todo” lo que pueda oler a izquierdas. Y, he aquí, la verdadera razón de su cabreo: ¿Te puedes creer que después de dejar allí mi dinero, me hablasen en Catalán y con cierto desprecio?. “Mujer, tampoco es para tanto, es su lengua oficial”, contesté.

Era consciente que, como siempre me pasa cuando hablo de política con mi vecina, que me acababa de meter en otro charco del que me iba a resultar difícil salir si quería continuar con mi papel de abogado del diablo, así que decidí plegarme y dejar que ella hablase, pues sea cual fuese mi postura, a favor o en contra, la de ella era otra distinta y, por lo tanto, respetable, aún a pesar de que sus argumentos no eran muy sólidos y con un evidente olor a la España “una”, “grande” y “libre” de épocas pasadas que yo no comparto. Pero, sobre todo, bajo la creencia de que si hay buena voluntad política por parte de todos pueden encontrarse posturas integradoras. Y, en algo si tenía razón de todo lo que dijo; y es que de nada sirve levantar muros, aunque no sólo por parte  de los independentistas, como ella afirmaba, excluyendo en el proceso la voz de los españoles que forman parte de su pretendida nación, sino también por parte de aquellos  españoles -incluyendo el gobierno estatal-, con insultos y amenazas veladas.

Llegados a este punto, en el que ella se encontraba más sosegada, me despedí con notable preocupación por mi parte, consciente de que la posturas integradoras en este país no son posibles;  concluyendo: “La que se avecina, vecina”.

Feliciano Morales Martín
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Feliciano Morales Martín Escrito por el Jul 17 2017. Archivado bajo Actualidad, Política. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

1 Comentario por “El diván de mi vecina”

  1. Narayán

    ¿Es Cataluña una Colonia? !no!, por lo tanto desde Marx, Lenin, el imperio Otomano y la liga Wundista sumado a la historia de España, ES UNA AUTENTICA !ABERRACIÓN! solo pensar que Cataluña puede separarse de España, máxime, cuando lo apoyan solo 1.5 millones de catalanes, a eso se le llama “parapetar al clan Puyol” y “acto reiterado de sedición” haciendo de la constitución española, puro, papel mojado; que está vigente porque no se cumple, ya que tenemos al presidente más cobarde y la oposición más sucia que ha conocido la historia de España. Oligarquía de partidos al servicio de las grandes corporaciones financieras, monárquicos todos, auténticos pandilleros de Estado.
    (D.Antonio García Trevijano)

Dejar un comentario

Buscar en Archivo

Buscar por Fecha
Buscar por Categoría
Buscar con Google

Galería de Fotos

120x600 ad code [Inner pages]
Acceder | Designed by Gabfire themes