El diván de mi vecina. Mi querido Blesa.

Mi vecina tiene un gran corazón, tan grande que creo que es una de las pocas personas que se han compadecido de la muerte de Miguel Blesa.

Llegaba de mi paseo diario y me la encontré en el ascensor, y tras el saludo de cortesía me informó del suicidio del exbanquero con todo el lujo de detalles, de manera que cuando logré ver la noticia en los informativos de las diferentes cadenas de televisión no me aportaron nada nuevo, aunque tampoco era mucho lo que se podía contar: un disparo en el pecho con el arma de caza en la finca de un amigo. La gran noticia del día, contada en el ascenso a nuestras viviendas en un ascensor que parece del siglo XIV que terminó con un lamento de compasión: “pobre hombre”, concluyó, invitándome a tomar una limonada en su casa.

Me pareció un acto de humanidad sentir la muerte de tan cuestionada persona, odiada por muchos tras su gestión al frente de Bankia, por las perdidas económicas ocasionadas a sus clientes por las preferentes, observación que verbalicé; pero lejos de encontrar la respuesta que esperaba, de que una cosa es la muerte de un ser humano y otra el juicio sobre su vida o parte de ella, su respuesta fue algo así como: “estarán satisfechos los que le han vilipendiado, acosado y maltratado”.

Intenté interiorizar sus palabras con el objeto de comprenderlas, acto que no tuvo el resultado pretendido. Comprendía que el juicio paralelo al que estaba teniendo lugar en los tribunales de justicia, cuando se hace en la plaza del pueblo puede ser muy cruel y poco objetivo; pero, también comprendía la indignación de aquellos que habían perdido los ahorros de toda una vida por una pésima gestión de la que no es él, el único responsable, de manera que intentando ponerme en la piel de éstos mi indignación fue en aumento, no sólo pensando en el finado sino en su predecesor Rodrigo Rato.

Un exministro de economía y hacienda durante el gobierno de Aznar y un inspector de hacienda que llegó a subdirector general de Estudios y Coordinación del mismo ministerio, por lo tanto dos personas duchas en materia económica, que hace que constituya un agravante de la gran estafa de la que han sido sus máximos responsables. Así pues, no lograba entender a mi vecina haciendo recaer la responsabilidad de su muerte a unos ciudadanos cuya indignación estaba más que justificada.

Como es habitual en mi, meterme en charcos cuando hablo con mi vecina, en vez de callarme para no expolearla, le dije que cada uno es responsable de sus actos y que ante tan deplorable gestión era entendible el juicio social, sobre todo de estas dos personas cuya arrogancia y soberbia ha sido su principal característica al ser interpelados por los medios y en sus comparecencias en las comisiones de investigación en el Congreso, aún sabiendo el mal que habían ocasionado de forma consciente. Efectivamente, mi vecina entró en trance, mientras sus ojos iban tiñéndose de un color rojo al igual que su cara, explosionando finalmente: “más tontos fueron los inversores que compraron las preferentes, pues deberían haber si conscientes con el riesgo que asumían”.

 

“más tontos fueron los inversores que compraron las preferentes, pues deberían haber si conscientes con el riesgo que asumían”.

 

¿Se podía ser más necio que mi vecina?, ¿cómo una persona con estudios  universitarios, como ella, podía hacer una reflexión tan estúpida y carente de fundamento?. Hacerle entender a partir de este momento de confrontación absoluta, que el problema fue vender una acciones como si se tratasen de renta fija cuando no lo eran, no me iba a conducir a buen puerto, máxime cuando ella es una fiel admiradora del mentor de ambos, Don Jose María Aznar, del PP y de su gestión económica que según sus palabras había salvado al país de estar a la altura de Grecia o Portugal. Como si fuéramos muy diferente.

El caso es que me quedé sin la limonada que me ofreció, que permaneció sin tocar en la jarra donde la trajo. Ni siquiera se la pedí, aunque tengo confianza para eso y mucho más, pensando que por el tiempo transcurrido debía estar caliente, tanto o más que ella y yo. Así que decidí dar por terminada tan apasionante conversación con la disculpa que tenía que ducharme y afrontar el día que me quedaba por delante.

Abandone su casa sin poder reprimir mi indignación, y tras pasar el umbral de mi puerta me dije a mi mismo ¿debó sentir la muerte de un ser humano causante de tanto daño?, ¿me estaré deshumanizando al sacar ahora sus trapos sucios y no sentir nada?. Pasando unos días, después de leer en las redes sociales tanto insulto y divertimento a consta de una persona muerta, encontré la resuesta a tales preguntas: “sí, soy humano y como tal condeno a quien se aprovechó de los más débiles”, así que no siento su muerte, aunque, tampoco comparto tanta mofa a su costa. Una cosa es un juicio serio y otra montar un circo mediático de todo esto.

 

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Feliciano Morales Escrito por el Jul 25 2017. Archivado bajo Actualidad, El divan de mi vecina. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

5 Comentarios por “El diván de mi vecina. Mi querido Blesa.”

  1. Lola Jimeno

    No pienso hacer héroes y mártires a villanos y villanos a los que son inocentes, gracias a qué mis padres me educaron de maravilla, para poder entender perfectamente el mundo.
    No sigo los dictados de esta Sociedad hipócrita, con la educación del corazón que me dejaron de legado, discierno sin que otros me ocupen con sus falsos alegatos.
    Buenos días!!

  2. Muy fan de tus debates con la vecina. Yo me he hecho la misma pregunta y he llegado más o menos a la misma conclusión, aunque todavía no me convenzo a mí mismo porque en el fondo me da un punto de alegría saber que Blesa ha sufrido en sus carnes la misma desesperación que provocó en tantas otras buenas gentes que confiaban en el banco que él dirigía, hasta el punto de que si tengo que elegir entre pensar que se suicidó y pensar que lo suicidaron, yo prefiero la primera opción.

    No sé si estoy perdiendo el foco y convirtiéndome en una mala persona 🙁

  3. Manuel

    Que compasion tuvo el con todos aquellos que engaño y a los que destruyo su vida, que puso de su parte para dar una salida a toda esa gente que engaño, ninguna.
    Y si se le pudo dar solucion lo digo por esperiencia, yo tuve preferentes con el BBVA y me advirtieron con tiempo me aconsejaron y no perdi nada de mis ahorros que tenia en preferentes.

  4. Concepción Cortés calvero

    Lo mataron o se mató

  5. El problema es que hemos incorporado a nuestra experiencia la cultura política del pelotazo. En nuestro país no se entiende ser un servidor público al servicio del bien común. Esa forma de ejercer el poder es de tontos para la mayoría de la ciudadanía. Por ello, la élite ha interiorisado que era normal como actuaban y no comprenden a estas alturas de la película qué está sucediendo en la sociedad, para que la cultura política en vigor desde hace siglos aceptada por el pueblo ahora empiece a ser rechazada. El asombro de estas gentes antes aclamadas por todos y ahora señaladas como parásitos políticos-sociales puede conllevar a actuaciones extremas en algunos casos. No parece una forma de suicidarse premeditada sino impulsiva. Hay que tener mucha sangre fría para preparar y ejecutar la propia muerte con una escopeta de caza. No veo claro el asunto,

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