Desde tus cimientos – Parte 1

mujer saltando

mujer saltando en el campo

Hay un aspecto del cuerpo humano que me fascina: cada vez que das un paso el pie de apoyo debe soportar, aproximadamente, una vez y media tu peso; si en lugar de andar echas a correr esa cifra puede aumentar hasta cinco veces.

Imagina que saltas o caes desde una pequeña altura: el impacto es brutal. Esto parece trivial, pero si esas fuerzas recayesen directamente sobre una articulación ésta quedaría gravemente dañada, sin embargo, algunos individuos son capaces de correr durante horas o caer desde alturas aterradoras sin sufrir, aparentemente, ningún daño.

Hasta hace relativamente poco tiempo la explicación de cómo el cuerpo era capaz de “absorber” esos impactos no estaba del todo clara, un arquitecto ecologista fue el primero en apuntar el camino. Una breve introducción a la historia de la tensegridad y la fascia.

“Torre de aguja”

[La “Torre de aguja” de Kenneth Snelson, una estructura construida utilizando los principios de tensegridad]

El término “tensegridad” viene de la unión de los términos “tensión” e “integridad”. Es un principio estructural donde, al contrario que en la construcción tradicional, los elementos rígidos que forman la estructura no entran en contacto unos con otros sino que están “atrapados” dentro de una red tensada. El término fue popularizado por el arquitecto Richard Buckminster Fuller, un conocido activista medio ambiental cuya máxima era “hacer más con menos”. En los años 40 del siglo XX empezó a experimentar con el diseño de las cúpulas o domos geodésicos y posteriormente llevó más allá el diseño creando el término integridad tensional, tensegridad.

Esta forma de construcción crea estructuras a las que si se les aplica una presión la reparten entre toda su superficie sin crear puntos de debilidad local, llegando a ser incluso plegables y permitiendo construir estructuras complejas a partir de otras más simples. ¿Y qué tiene que ver eso con nuestro cuerpo? Aparentemente todo, en los años 70 Donald E. Ingber propone que la mecánica y estructura celular podría basarse en un sistema de tensegridad, desde nuestras mismas células aprovechan ese principio estructural.

 

[Estructura tridimensional de un pie]

Si intentamos observar el cuerpo siguiendo este principio, nuestros huesos serían los elementos rígidos sostenidos por una estructura tensa de músculos y tendones. Aparentemente el modelo tenía sentido pero había un problema: el comportamiento y distribución de los músculos individuales, nuestra visión del mismo con un punto distal y otro proximal, no acaban de encajar con lo que sería un sistema de tensegridad. Nos faltaba un elemento que explicase el comportamiento de nuestro cuerpo ante el movimiento y el impacto. Entra en juego la fascia.

La fascia es una red tridimensional de tejido elástico, húmedo y pegajoso, no suena muy sexy pero es, básicamente, lo que nos mantiene unidos. Una suerte de vaina que rodea las distintas estructuras del cuerpo. Aunque las técnicas de liberación miofascial llevaban tiempo rondando por el mundo de la fisioterapia es a partir de los trabajos de la Dra. Ida Rolf, continuados por su hijo, o del Dr. Leon Chaitow cuando se empieza a ver a este tejido como una pieza estructural básica. Algunos autores llegan a considerar que nuestro cuerpo no tiene 600 músculos, sino que estaría formado por un solo músculo aislado en 600 compartimentos fasciales.

 “es pasar de un sistema newtoniano, donde entendemos cada parte del cuerpo de manera aislada y separada con palancas, vectores de fuerza y puntos de apoyo, a la teoría de la relatividad de Einstein”


Esto supone un cambio de paradigma absolutamente radical en la manera que entendemos nuestro cuerpo y nuestro movimiento: es pasar de un sistema newtoniano, donde entendemos cada parte del cuerpo de manera aislada y separada con palancas, vectores de fuerza y puntos de apoyo, a la teoría de la relatividad de Einstein, con sistemas que funcionan de manera sinérgica y aplicando la geometría “tensegril” a nuestra biología.

Este campo aún necesita de investigación y validación científica pero muchos fisioterapeutas, entrenadores y expertos en movimiento están aplicando sus principios con bastante éxito. En el próximo artículo veremos cómo puedes sacarle provecho a tu fascia para mejorar tu flexibilidad, ganar fuerza y evitar lesiones.

 

Alguna lectura adicional sobre fascia y tensegridad:

https://masquefisioterapia.wordpress.com/tag/tensegridad/

http://thehealinglotus.ca/lotus-notes/what-you-need-to-know-about-tensegrity-and-the-human-structure/

https://andreasaracco.wordpress.com/2012/04/10/tensegridad-y-cuerpo-humano/

http://smoda.elpais.com/belleza/la-fascia-el-nuevo-organo-que-nos-descubrio-gwyneth-paltrow/

Nicolas Delmonte Escrito por el Jun 22 2016. Archivado bajo Lifestyle, Vida. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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