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Mujeres, hombre y viceversa

¿Por qué a las mujeres siempre se les pide un plus en relación a los hombres?.

Madres perfectas, esposas ejemplares entregadas a los deseos de sus maridos, unas perfectas amas de casa después de una dura jornada de trabajo fuera de sus hogares. Pero sus jornadas no son de ocho horas, sino de catorce o quizá más, eso sin tener en cuenta las noches de desvelo si algún miembro de la familia tiene la desgracia de caer enfermo, y cuando no, porque los problemas cotidianos se agolpan en su cabeza, buscando una solución que aveces no existe, y que de existir, sin contar con nadie, intentan buscar en su papel de heroína que puede con todo lo que le echen, Todo por un amor incomensurable para con los suyos. Personas que luchan con uñas y dientes, y que se enfrenta a los peligros con valentía intentando superarlos

Sin embargo, echo en falta ese reconocimiento social, hasta incluso familiar, de ver en ellas lo que realmente son: unas supermujeres que cargan con un peso muy superior al de los hombres, flaqueando su autoestima ante la falta de una palabras de agradecimiento y cariño; todo ello porque socialmente no están haciendo otra cosas que lo que les corresponde por tradicción, educación y porque un día un dios en el paraíso terrenal les  puso el dedo encima para ser madres y soportar los dolores del parto.

Sí, supermujeres que trabajan en casa y fuera de ella, que cuidan de sus mayores y de sus hijos, que tienen dispuestas las zapatillas de su marido en su sillón preferido para un “merecido” descanso, ni siquiera parecido al que ella necesita, preparando las comiditas que le hacia su madre antes de salir del hogar en el que nacieron, aveces con reproches porque le falta algún que otro condimento para igualarla. Sustituyen a la madre por una esposa, salvo, claro está en las relaciones sexuales, en las que muchas veces fingir el orgasmo es necesario para que todo encaje.

Pero,  llega el día en que es imposible disimular. Aparecen los trastornos, con enfermedades depresivas, con una distimia que le impide desempeñar con normalidad su vida o sentirse bien, padeciendo a la larga episodios de depresión grave

 Sí, son las mujeres seres muy valientes pero no invencibles. como cualquier ser humano tienen sus límites, y necesitan sobreponerse, descansar, darse sus caprichos y, sobre todo ser reconocidas en su grandeza, y a partir de ahí asumir tareas que nadie ha dicho que les pertenezcan por su naturaleza, salvo la de dar a luz; sobre todo en aquellas que por sus diferencias físicas son más propias de los hombre, sin olvidarnos del resto.

 

Si seguimos con el encaje de la mujer en la sociedad actual, debemos señalar, igualmente, que éstas están hoy subrepresentadas en relación con el sexo contrario. Y esto en casi todos los aspectos de las sociedades europeas.”


Pero, si seguimos con el encaje de la mujer en la sociedad actual, debemos señalar, igualmente, que éstas están hoy subrepresentadas en relación con el sexo contrario. Y esto en casi todos los aspectos de las sociedades europeas. La propia sociedad está permanentemente reforzando y moldeando estereotipos y, sobre todo, prejuicios. La cuestión está detectarlos, porque sabemos muy bien cuales son, aunque a muchos hombres no les interesa porque aceptarlos seria perder privilegios, siendo mejor tenerlos soterrados, invisibles; no siendo que, cuando lleguemos a casa no estén las zapatillas en su sitio ni la comida preferida en su plato

La solución, entre otras, está en la formación y alfabetización mediática, que nos haga ver que las mujeres son iguales a los hombres en cuanto a derechos y obligaciones, y en el cumplimiento de los deberes domésticos… y si no te das cuenta de ello, quizá es que todavía tienes los genes del hombre de cromañon, y no mereces una mujer a tu lado.

Dedicado a ti Toñi

Feliciano Morales Martín
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El sufrimiento de la desesperación

Dejadme sufrir en paz..

Las personas que deciden terminar con su vida no son diferente al resto. No existe un perfil del suicida. Los espirituales, esos que viven en comunión con Dios dicen que el suicida es un Espíritu cobarde e ignorante que huye a los compromisos adquiridos en la Espiritualidad, como medio de rescate de su propio pasado; destruyendo un cuerpo que no le pertenece, ya que es una obra de Dios. Que simple razonamiento,

¿Es un valiente o un cobarde el que decide quitarse la vida?. El suicida ni es un loco ni un valiente ni un cobarde. Sin embargo, constituye un problema de salud pública, ya que cada año un millón de personas en el mundo se suicida; es decir, cada 40 segundos muere un individuo por su propia mano.  El suicidio ocurre en un individuo normal que está enfrentando una situación difícil, complicada, dolorosa; el suicida es una persona que sufre, y tanto es su sufrimiento que prefiere no vivir para no sufrir. Sus notas más notables son el sufrimiento y la desesperanza”.

Una fuerte desesperanza, que no depresión, porque la depresión, no es condición para que se dé el suicidio, es la desesperanza, cuando ya no espera nada de nada ni de nadie…, es un desamparo aprendido que no puede cambiar su entorno, porque hace las misma cosas, de la misma manera, y sigue frustrándose, sigue fracasando en la forma en que enfrenta su vida.

No hace más de un año un amigo mío, extremadamente religioso, decidió quitarse la vida. ¿Por qué tomo esta decisión?, ¿por qué un hombre temeroso de Dios y amante de la vida decidió poner fin a todo?. La desesperanza ante una grave enfermedad con dolores insoportables parece que fue la causa.

Quizás alguno de nosotros haya sentido algo parecido a esto, o puede que no nos imaginemos qué pasa por la cabeza de quien se plantea la posibilidad de quitarse la vida. Probablemente la mayoría no entendamos nunca cómo puede llegar alguien a suicidarse. Es por ello que queremos acercaros  una realidad muy dura para muchas personas en el mundo y para sus familiares y amigos. Porque aunque a veces parezca que el dolor, el vacío o el derrumbamiento de nuestro mundo vaya a ser permanente, no lo es. Puede ser algo temporal.

¿Te has preguntado alguna vez, qué diferencia a un valiente de un cobarde? A primera vista, parece que son dos personas muy distintas, ¿verdad?

Pues si lo piensas no hay tanta diferencia…

¿Cuándo fue la última vez que fuiste valiente? ¿Qué sucedió? ¿Cómo te sentiste? ¿Qué hiciste? ¿Cúal fue el resultado?

¿Cuándo fue la última vez que fuiste cobarde? ¿Qué sucedió? ¿Cómo te sentiste? ¿Qué hiciste? ¿Cúal fue el resultado?

La diferencia no es muy grande. Los dos quieren hacer lo que toca en vistas a conseguir sus objetivos. Los dos sienten el miedo, cuando tienen que actuar su corazón se acelera y les sudan las manos. Se les encoge el estómago. Les tiembla el pulso y su voz se quiebra. Las piernas flaquean.

Nada más lejos que querer hacer desde este razonamiento una apología del suicidio, ni mucho menos, sino simplemente acercarnos a quienes han perdido las ganas de vivir y, si cabe, de una manera simbólica tenderles mi mano, y contarles mi experiencia.

Hace tiempo, casi cuatro años me detectaron una artrosis degenerativa en la zona lumbar de mi espalda, lo que llevó a los médicos a intervenirme quirúrgicamente llevando a cabo una artrodesis. Para que todos  nos enteremos, una fijación con tornillos de  varias vértebras. Después del tiempo transcurrido no sólo las cosas no han mejorado, sino  que los dolores han ido cada vez más en aumento haciéndose. Dicen que se trata de dolores neuropáticos, un trastorno neurológico en el que las personas experimentan dolor crónico intenso debido a un nervio dañado. Los nervios conectan la médula espinal con el cuerpo y ayudan al cerebro a comunicarse con la piel, los músculos y los órganos internos.

Dolores que me han llevado más de una vez a tirar la toalla, ante este sufrimiento incontrolable, a no ser mediante una medicación salvaje a base de corticoides y estupefacientes derivados de la morfina, horas y horas de cama, y un largo peregrinaje por hospitales, buscando una solución que quizá o exista. Medicación que anula todos sus sentidos,hasta convertirte en ocasiones en un trozo de carme deambulante capaz de autolesionarse por el mero hecho de llamar la atención en una necesidad acuciante de sentir el apoyo de quienes te rodean, intentando reforzar una autoestima que no existe, y como muestra al exterior de nuestro sufrimiento. Conductas parasuicidas.

“Dolores que me han llevado más de una vez a tirar la toalla, ante este sufrimiento incontrolable, a no ser mediante una medicación salvaje a base de corticoides y estupefacientes derivados de la morfina, horas y horas de cama, y un largo peregrinaje por hospitales, buscando una solución que quizá o exista”

¿Se puede pedir tanto estoicismo a estas personas?, ¿se puede atentar más contra su propia dignidad llamándolas cobardes?. Aquí no hay valientes ni cobardes, y mucho menos falta de generosidad con los tuyos, a tal caso molestia, perturbación en su vivir diario. Sólo hay una realidad: el sufrimiento que, aunque en compañía de nuestros seres queridos y amigos, sólo lo sufrimos nosotros, empeorando nuestra calidad de vida.

Hoy por hoy amo la vida, a mi esposa, a mi familia, pero tengo francamente, el miedo de algún día no poderlo soportar. Pero, por favor, no me juzgues, no tienes derecho a hacerlo. Al menos dejadme ser libre.

No tengo falta de pudor por contar esto, sino la necesidad de tocar la mano a los que me conocéis.

Pero, prefiero no decir mi nombre al menos así te ahorro el motivo de juzgarme en nombre de no se qué deidades, ética o moral.

 

El mejor puerto de España

Hay frases, dichos, verdades inalterables, que se instalan en la sociedad y cuando intentas discutirlas te enfrentas al descrédito de los creyentes y al anatema de discutidor de axiomas. Y si en algún campo proliferan estas verdades inalterables, indiscutibles y falsas es en el campo de la gastronomía, donde ser experto de bolsillo (cuanto más caro indiscutiblemente mejor) es un valor en alza.

Pero no pretendía yo meterme una vez más con los pobres expertos de bolsillo, que con pagar lo que pagan, y por lo que lo pagan, ya tiene bastante, sino que mi intención al empezar a juntar letras es mostrar mi hartazgo con respecto a una de estas inalterables e insufribles frases con la que me enfrento cada vez que pretendo hablar sobre pescado.

Dicen y no paran: “Madrid es el mejor puerto de España para comer pescado”. Que dolor¡¡¡, que poco dominio del lenguaje, de la verdad, de los mercados nacionales y de cómo ver cuando un pescado es bueno, esto es fresco y, como se dice ahora, salvaje, aunque con este término yo siempre me imagino a Angel Cristo con una silla y un látigo encerrado en una jaula con unas lubinas feroces, o lo que sea que merece el calificativo de salvaje.

Vaya por delante que todos sabemos que Madrid no es un puerto, como que no tiene playa (vaya, vaya). Así que si traducimos la frasecita debería de quedar algo así, que es lo que defienden los recitadores, cómo : “En Madrid se come el mejor pescado de España”. Que dolor¡¡¡, que poco dominio de la verdad, de los mercados nacionales y de cómo comprobar la calidad del pescado. Bastaría un paseo por los distintos mercados de Madrid y un mínimo de conocimiento para comprobar que no hay forma de sostener esta afirmación y para aseverar que solo en muy contados establecimientos y a precios poco populares encontramos el pescado del que pretendidamente hablamos. Esto es con el ojo abultado y brillante, la escama transparente y la agalla roja, sangrante. Mejor no hablar de los que parece que han muerto con depresión.

Así que revisando la frasecita una vez más debería de decir: “En Madrid los que pueden pagarlo comen el mejor pescado de España”. Que dolor¡¡¡, que poco dominio de la verdad y de los mercados nacionales. Un buen paseo por los mercados de las ciudades y pueblos que tienen flota pesquera propia, sobre todo si es de bajura, bastaría para comprobar como el pescado que exhiben es de apenas hace un rato y en algunos casos hasta se mueve. Ese pescado casi vivo, de costa, que dada la configuración de la costa española no abunda. Nuestra plataforma atlántica es casi inexistente, el Mediterráneo es un mar esquilmado y del Cantábrico y sus problemas con los pescadores franceses y sus técnicas sobreexplotación mejor que hablen los pescadores españoles.

O sea que si le damos otra vueltecita podríamos llegar a una nueva versión de la frase en cuestión: “En Madrid el que puede pagarlo y sabe buscarlo puede comer el mejor pescado de España”. Que dolor¡¡¡, que poco dominio de la verdad. Esto seguramente es cierto si hablamos de la pesca de altura, de esa pesca realizada en caladeros lejanos y que es tratada en el mismo momento de ser pescada para su posterior traslado a las lonjas que la comercializan. En este tipo de pescado la frescura es un valor de conservación y su distribución es igual para todos los mercados nacionales, pero si hablamos de la pesca de bajura, sea pez o marisco, de esa que hace un pescador en su barca costeando, o poco más, y que varía según la zona costera y la temporada, de esa que degustamos en los bares de la población de donde ha salido la barca, y no en todos, de esa que nuestra memoria guarda como una experiencia rayana en lo místico, esa no se separa de la costa para su consumo idóneo más que unos pocos kilómetros, porque ni admite conservación ni hay la cantidad suficiente para que pueda comercializarse con la ventaja económica mínima bastante para las grandes tramas de distribución.

Ya no es Madrid. Es cualquier ciudad. Yo no voy a Valencia a comprar langostino de Sanlúcar, ni a Sevilla a comprar gamba de Garrucha, ni a La Coruña a pedir langostino de Vinaroz o salmonete. Y no es un problema económico o de capacidad indagativa o negociadora. No. Es un problema de lógica. Basta con seguir la cadena productiva y ver quien tiene la oportunidad de comer el mejor pescado. Sigamos la cadena:

El pescador. Es el primero que tiene el pescado en sus manos y tiene la oportunidad de seleccionar aquel que mejor le acomode, y en el momento.

“Ya no es Madrid. Es cualquier ciudad. Yo no voy a Valencia a comprar langostino de Sanlúcar, ni a Sevilla a comprar gamba de Garrucha, ni a La Coruña a pedir langostino de Vinaroz o salmonete.”

El negocio local. Que en muchos casos tiene acuerdos con los pescadores y compra antes de lonja lo mejor del día. Cuando no dispone de barco propio o familiar.

El lugareño o visitante o residente que puede comparar en la lonja o en el mercado local el pescado que ha entrado en el día

Los negocios de restauración de prestigio de cualquier lugar, que compran en lonja y tienen acuerdos puntuales para suministro.

Las pescaderías de alta calidad de cualquier lugar que eligen las primeras pagando un precio mayor por un producto mejor

Los habitantes de grandes ciudades que tiene acceso a una comercialización más inmediata

El resto de personas.


Simplemente es una secuencia lógica de la cadena de comercialización, y una conclusión basada en la observación y el placer de ponerla en práctica.

Así que finalmente, y por rematar, la frase de marras debería de quedar, termino arriba, aseveración abajo, de la forma siguiente: “En Madrid, si se sabe buscar y se puede pagar, es posible encontrar el mejor pescado de España que no se haya consumido en su lugar de origen”. Si, ya se, y en Barcelona, y en Sevilla y en Valencia y en …

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Soy adicto a mi pareja y no sé qué hacer


Priorizar a la pareja sobre todas las cosas y personas; idealizarla de forma excesiva y poca objetividad son algunas de las caracteristicas que comparten las personas que padecen de dependencia emocional.

La dependencia emocional es un estado psicológico que manifiestan determinadas personas a la hora de enfrentar sus relaciones afectivas.

En su libro, La superación de la dependencia emocional, Jorge Castelló Blasco habla de que el dependiente presenta una frustración o una insatisfacción en su área afectiva que compensa centrándose en sus relaciones de pareja. “El mundo del amor se convierte en lo más relevante para el dependiente emocional, que vive sus relaciones de una manera tremendamente intensa y que siente que lo único que realmente importa es el otro, sin poder concebir su existencia sin  alguien a su lado”.

Una de las más claras explicaciones del amor obsesivo se lee en el libro Confundir el amor con obsesión, de John D. Moore, profesor de Ciencias de la Salud Pública en la American University, quien divide estas relaciones en cuatro fases: la primera es la atracción, donde la persona dependiente se puede empezar a calificar como adicta a la otra y que es anterior al coqueteo. La segunda es la preocupación, vista como un punto de inflexión en la relación, ya que por lo general se produce después de que se formaliza la relación. Aquí comienza el miedo hacia el abandono. La tercera fase es llamada obsesiva y se caracteriza por una pérdida total del control por parte de la persona, como resultado de una ansiedad extrema. Por último está la fase destructiva y representa la ruptura de la relación. Se considera la más peligrosa de las cuatro fases, porque la persona cae en una profunda depresión, debido al colapso de la relación. Fin del círculo.

“Es cierto a a todos nos gustaría tener una pareja ideal, personas a quien querer, etc… Pero una cosa es “necesitar” y otra muy diferente es “desear”. Cuando necesitas no funciona, porque si uno no se ama a sí mismo, tampoco podrá amar a los demás de una manera madura y sana.”

Estos son los principales síntomas de quienes padecen una dependencia emocional de sus parejas.

  1. Prioridad de la pareja sobre cualquier otra cosa.El dependiente emocional pone su relación por encima de cualquier ámbito, su vida en función de la del compañero, y deja de lado la rutina que mantenía antes de conocerlo, separándose incluso de la propia familia y de los amigos. y todo por voluntad propia. Recordemos que para los dependientes emocionales su pareja es todo su mundo. Con este aislamiento también viene la pérdida de las habilidades sociales, también de manera gradual.
  2. El dependiente emocional se percata de que sus allegados intentan aconsejarle de que su situación psicológica ante la relación no es la más adecuada, pero éste insiste en defender su relación. Aunque los familiares ven de cerca que el sufrimiento causado por esa relación patológica no cesa, el dependiente suele enfrentarse a ellos y defenderá la situación, llegando a reclamar a su allegados un trato especial hacia la otra persona.
  3. El afectado puede llegar al punto de abandonar sus propias responsabilidades laborales a fin de tener el tiempo necesario para complacer las necesidades del cónyuge. El menoscabo familiar, laboral, social y psicológico del dependiente emocional puede alcanzar límites preocupantes.
  4. Deseo de acceso constante. Necesidad de estar en contacto permanente y excesivo con la persona amada, de hacerlo todo juntos. Se niegan los espacios individuales y no se fomenta la individualidad del otro ni la propia.
  5. Idealización.Se refiere a la acción de sobredimensionar las cualidades y aptitudes de la pareja sin un ápice de objetividad o racionalidad. En un grado más alto, está la distorsión, es decir, magnificar y trastocar todo lo relacionado con los méritos y capacidades de la persona amada hasta hacer de él algo parecido a un Dios.
  6. Sumisión. La consecuencia lógica de priorizar e idealizar a la pareja se traduce en una subordinación en el trato hacia ella. Se ponen por delante sus prioridades y necesidades a las propias.
  7. Pánico ante el abandono. En este caso, no se aplica la frase “más vale solo que mal acompañado”. Sin importar lo tóxica que pueda llegar a ser la relación, lo desestabilizante y enfermiza, el dependiente emocional es incapaz de pensar en romper con su pareja.
  8. Síndrome de abstinencia tras la ruptura. El golpe psicológico cuando esto sucede es tan devastador que el dependiente sufre de ansiedad, de falta de concentración y en una tristeza demoledora. Prevalece el deseo de retomar la relación a toda costa y de contactar con la otra persona a como dé lugar para no tener esas sensaciones negativas.
  9. Baja autoestima. La norma es que los dependientes sueles ser personas que no se tienen demasiada estima spbre  sí mismos, por lo que tratan de suplir esa falta de autoestima con el amor de la pareja.
  10. Miedo a la soledad. La soledad les provoca incomodidad, malestar e incluso ansiedad, y la idea más o menos intensa de que no son importantes para nadie, de que nadie les quiere y están abandonados.
  11. Necesidad de agradar. Hay una necesidad extrema de tener la aprobación de los demás, en general, y de la pareja en particular. Los demás los describen como buenas personas que intentan favorecer siempre y que se desviven por ayudar. Su valor depende del que les avala la pareja, no del que se dan ellos mism

Es cierto a a todos nos gustaría tener una pareja ideal, personas a quien querer, etc… Pero una cosa es “necesitar” y otra muy diferente es “desear”. Cuando necesitas no funciona, porque si uno no se ama a sí mismo, tampoco podrá amar a los demás de una manera madura y sana.

Uno debe aprender a disfrutar de la vida sin pareja. Hay infinidad de cosas que hacer. Desarrolla tus habilidades, labra tu futuro, dedica tiempo a tus aficiones, haz amistades con gente buena, retoma el contacto con tu familia, viaja, mira a tu alrededor para disfrutar de las pequeñas cosas, y sobre todo cuídate y ámate como te mereces.

https://www.youtube.com/watch?v=WfTHKP_SaH4

Olga Sánchez Rodrigo
Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

Los falsos “magos”

 

Érase una vez un mago que habitaba en las lindes de un sinuoso y extenso lago, el cual se encontraba rodeado de un hermoso y boscoso paraje…

 

Éste podría ser el comienzo de un cuento pero, en esta ocasión, no lo es. Y no lo es porque no pretendo hablar de cuentos ni de magos. No de estos seres, precisamente, casi mágicos, de extraordinarias capacidades, fabulosos, compasivos, bondadosos, espirituales, de poblados cabellos, largas barbas y vestidos con túnicas de un blanco impoluto, que van esparciendo su poder energético y transformándolo en una saludable y renovadora savia a cuantos lo necesitan, e incluso ayudando a cultivar vínculos para lograr que reine la paz, el amor y la concordia entre la Humanidad.

Hoy, no es de estos magos de leyenda de quienes quiero hablar si no de los otros, de los falsos “profetas”, de los que en realidad deberían preocuparnos a todos.

Aquellos que se apropian ilegítimamente de un nombre mágico, cargado de contenido y simbolismo quimérico, distan un abismo de merecerse tal distinción. Se convierten en farsantes e impostores. Y estos aparentes “magos”, por desgracia, todo hay que decirlo, viven practicando el vampirismo con las personas que tienen la mala fortuna de caer en sus garras.

 

“Aquellos que se apropian ilegítimamente de un nombre mágico, cargado de contenido y simbolismo quimérico, distan un abismo de merecerse tal distinción. Se convierten en farsantes e impostores”

 


Esencialmente son oportunistas y como también carecen de cualquier escrúpulo moral o de conciencia no dudan en actuar en su propio beneficio. Ante la vulnerabilidad o el abatimiento que las circunstancias de la vida haya podido proporcionar a la posible víctima en cuestión, dejándola desprotegida, y quien, tal vez, se siente en esos momentos como un frágil velero vapuleado por el viento luchando denodadamente por mantenerse firme en la cresta de las olas durante la tempestad, quizá en un desesperado intento para no ser engullida hacia las profundidades del océano, y ante tal descomunal desamparo, decía, aquel ser prepotente, que se hace llamar “mago” a sí mismo y por los demás, se relame de placer, desplegando todo su arsenal en pos de un único y oscuro objetivo, la posesión absoluta de su desvalida víctima. Henchido de ego, flanqueado por un lado de la soberbia que le es característica y por el otro de una desmesurada ambición mal entendida, se emplea a fondo. Se muestra omnipotente, alardea de extravagantes conocimientos, de saber hacer, se torna sibilino. En definitiva, aunque parezca que representa un personaje, a quien representa realmente es a sí mismo. Reflejado en el espejo es la viva imagen del Narciso de la mitología griega.

Aprovecha el impacto de la admiración que causa y paso a paso se va adueñando de la voluntad de la persona, aislándola, cambiando sus registros, anulando sus valores, envenenando su mente, y generando una dependencia de la que difícilmente habrá escapatoria. De este modo aumenta su poder hasta el infinito. Estos farsantes no son un mito, una invención, algo ajeno o lejano que no nos puede alcanzar a nosotros. No nos engañemos, estos individuos son una realidad, una amenaza constante que convive en nuestra sociedad. Al igual que las sectas denominadas peligrosas o destructivas, catalogadas así debido al daño irreversible que a nivel psicológico pueden provocar en sus víctimas (inclusive llevarlas hasta la locura), a las que literalmente llegan a esclavizar, destruyendo personas, arrasando familias, como digo, estos individuos que tienen delirios de grandeza o mantienen el mismo “modus operandi” aunque sea a nivel individual, también lo son. Desalmados. Destructivos. Además de un sinfín de calificativos que podríamos añadir, perversos, extorsionistas, manipuladores, embusteros, trileros, tantos que harían la lista interminable.

Debería existir una ley en el código penal para este tipo de conductas en la medida del real y consiguiente peligro que representan para toda una sociedad. Poder rescatar a las víctimas y a sus familias, recuperarlas y restablecerlas de captores y depredadores, que no debemos confundir con gurús, (voz sánscrita) término que se utiliza en la India para referirse a un jefe religioso o director espiritual.

Los verdaderos magos (aunque no sean mitológicos), aquellos que respetan la vida, a la naturaleza y a sus semejantes, que siembran alegría y bienestar, arrancando sonrisas, haciendo soñar, les basta con saberse grandes a sí mismos. No necesitan nada más.

Y la mayoría no lo va diciendo.

 

Montserrat Prieto
Solo soy alguien que nunca dejará de soñar con un mundo mejor. Que hace del aprendizaje una constante de su vida. Amante y defensora de la salud medioambiental, de los Derechos Humanos y de la Justicia. Escritora de cuentos y relatos

Un hoy imperecedero

Hola papá: hace muchos días. La rutina siempre tiende a enmascarar cualquier viso de creatividad y llevamos una temporada, afortunadamente, en la que no pasa nada de particular.

No pasamos de que hoy estés un poco más agresivo, un poco más dormido o un poco más  lúcido. Nos hemos instalado en que día a día hay que asearte, darte de comer, un paseo, volverte a asear y a dormir. Bueno, a pasar la noche, porque dormir duermes casi todo el día. Ya, sumidos en ese devenir plano, donde pensar es un lujo que tú no vas a compartir, todo sucede porque sucedió ayer y seguramente, dios lo quiera, sucederá mañana. Estamos programados y nos movemos de una forma casi mecánica. Ya los intentos de comunicación son una curiosa imposibilidad, curiosa por escasa e imposible porque no tenemos acceso a tu mente ni siquiera a través de ese lenguaje ininteligible con el que esporádicamente nos demandas algo inconcreto y muchas veces inexistente.

Hablo de la rutina como si me quejara de ella, en realidad quejándome de ella, pero es verdad que es el único flotador que nos permite estar contigo sin caer permanentemente en la angustia de ver cómo vas decayendo, cómo te vas yendo jornada tras jornada, sin presente, sin futuro, sin horizonte conocido o previsible. Todo lo que habrá de ser será, pero mientras tanto lo que es tiene una suerte de inmutabilidad que se mueve entre la desesperanza del no retorno y el bálsamo de lo rutinario.

Y

Ya no hay recuerdos, ni historias trastocadas. Ya no hay añoranzas de celebraciones ni frustración por las historia perdidas. Ya no hay otra cosa que un mirar hacia el hoy sin concebir un mañana ni recurrir a un ayer. No existe ni siquiera un ahora que signifique otra cosa que lo inmediato. El tiempo pasa pero no parece irse, mañana será una fotografía, un calco de hoy, que lo ha sido de ayer.

Ya no hay recuerdos, ni historias trastocadas. Ya no hay añoranzas de celebraciones ni frustración por las historia perdidas.”

Y si es desesperante no avanzar, no moverse, moverse es el peor de los castigos porque mañana, para ti, solo puede ser peor que hoy.

Hola papá, buenos días. Hola papá, hoy tampoco será otro día.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Nos engañan como a chinos

Parece ser que también la realidad nos la tienen que contar desde fuera, la alimentaria al menos. Tal vez haya que empezar a pensar que en España, al menos en lo que a alimentación se refiere, ni compramos, ni valoramos, ni legislamos, ni nos queremos enterar de nada salvo que nos lo etiqueten, valoren, legislen o expliquen desde fuera del país.

Hace ya mucho tiempo, y ya sé que parece un cuento pero no lo es,  que muchos de los que nos preocupamos por el mundo de la alimentación en cualquiera de sus variantes venimos denunciando que no sabemos qué es lo que comemos, que la legislación sobre la forma de etiquetar los alimentos es tan permisiva, en realidad tan sesgada y favorecedora de las grandes industrias, que las de lo que compramos están llenas de cifras y números que no significan nada para el usuario que se siente indefenso y se resigna a comer lo que le venden porque, salvo que tengas parientes en el pueblo, una cierta formación en el arte de comprar y/o la posibilidad de desplazarte para comprar los alimentos en origen, comemos lo que nos dan, ponga lo que ponga la etiqueta de marras que entre fórmulas y traducciones aviesas de la etiqueta de origen acaban por no tener otro sentido para la mayoría de consumidores que el que pueda tener un capítulo de química aplicada. Si somos lo que comemos, e indudablemente lo somos, está perfectamente claro por qué la situación de la salud general de los españoles se ha deteriorado, y sigue deteriorándose, de una forma tan evidente en los últimos años.

Habrá quién considere que basta con entrar en internet y “enterarse” de a qué sustancias corresponden las siglas y números de conservantes, colorantes, excipientes, potenciadores y demás elementos extraños que a día de hoy pueblan una etiqueta de cualquier alimento básico, y eso, si al final hay algo del alimento que inicialmente queríamos comprar, pero tal vez para esos “enterados” haya que reflexionar dos verdades no siempre contempladas respecto a ese acceso a la información: El primero que no todo el mundo sabe acceder a la información, algunos ni siquiera a la herramienta. Segundo que la información que existe en internet es tan basta e incontrolada que sobre cualquier tema o producto puedes encontrar miles de páginas que digan una cosa y otras tantas que digan la contraria. Distinguía el Doctor Zarazaga en una conferencia entre aprendices,  diletantes, expertos y friki

 

“Si somos lo que comemos, e indudablemente lo somos, está perfectamente claro por qué la situación de la salud general de los españoles se ha deteriorado, y sigue deteriorándose, de una forma tan evidente en los últimos años.”

 

en cuanto a la capacidad de entender, de desentrañar y asimilar la información que proporciona internet. Y desgraciadamente la experiencia nos dice que ganan de largo los diletantes y los frikis. Personas que acceden a la información y no son capaces de filtrarla por falta de preparación o que simplemente se preocupan de acumularla sin llegar a extraer conclusiones.

Todos conocemos a alguno de esos iluminados que defiende a ultranza la ingesta masiva de agua, de vegetales, de ciertos tipos de dietas y contra dietas que hacen de su vida un infierno obsesivo. Un infierno obsesivo y lesivo porque el daño no está en la forma de alimentarse, si no en los alimentos mismos. En los productos con los que se tratan las frutas, las verduras, las hortalizas maduradas artificialmente para darles un aspecto más iluminado y que no siempre son tolerables por el metabolismo. De las hormonas y engordantes que contienen las carnes y los pescados. Y también el agua contiene sales, sustancias, para hacerla más potable y resistente a la contaminación exterior.

Me contaba mi mujer que había dejado de comprar carne picada en determinados establecimientos cuando comprobó que la etiqueta de contenido de esa carne tenía una lista de ingredientes tal que no entendía si al final aquello llevaba carne o no. Claro, la carne picada debería de contener carne, y tocino opcionalmente, nada más. Tal vez carne mezclada que es una opción para abaratar el producto, pero carne. La etiqueta debería ser clara e inmediata para cualquiera que supiera leer. Pero no lo es.

De todas formas, si alguien quiere hacer un acercamiento a la  ciencia críptica del etiquetado, el mejor ejemplo es hacerse con un producto lácteo. Entre lo que pone la etiqueta, lo que dice la descripción que le han puesto y que le han quitado, solo queda preguntarse: ¿Y qué coño es esto? Y perdón por el exabrupto.

¿Leche sin lactosa? Y eso, ¿Qué es lo que es? ¿Algo sin lactosa sigue siendo leche? Pero si además pasamos a la verificación matemática aún es peor.

Póngase el usuario en un lugar de una gran superficie en la que domine todo el catálogo de productos lácteos: leches, quesos, batidos, postres, mantequillas, yogures, natas, zumos mezclados… y calcule, a groso modo,  la cantidad de litros de leche necesarios para obtener las existencias. Sume los que habrá en el almacén, multiplique por el número de establecimientos de la cadena en su lugar de residencia, por el número de establecimientos menores y de otras cadenas, por los que hay en su provincia, en su comunidad autónoma, en su país, y en todos los países del mundo. Divida, que no todo va a ser multiplicar, por el número de días medios de caducidad de los productos. ¿Cuántos millones dice?, pues ese sería el número de litros diarios necesarios para abastecer los productos que usted está viendo. Aplique todos los coeficientes reductores que estime oportunos, a mí se me ocurren varios. Sume el número de litros necesarios para alimentar a las nuevas generaciones mamonas de las especies correspondientes y hágase una pregunta. ¿Dónde están las vacas? ¿En qué remoto lugar del planeta, o del espacio exterior, están los animales necesarios para producir esa animalada de litros diarios? Si sumamos las producciones declaradas de todos los países del mundo mundial, ¿salen las cuentas? No, no salen. Las conclusiones se las dejo a Usted.

¿Que los quesos saben todos igual? ¿Que la mantequilla sabe casi igual que la margarina? ¿Que los yogures salvo por que son ácidos, no saben a yogur? Ya, pero los seguimos comprando, o, si usted quiere quedar más resignado e inocente, nos los siguen vendiendo.

Claro que también podemos hablar de la miel. También podemos contar cómo los productores españoles llevan ya un tiempo quejándose de que tienen sus almacenes repletos de miel de altísima calidad en tanto se importa de china de forma masiva un producto melifluo que no respeta el análisis más básico para ser llamado miel pero que es el que se comercializa con ese nombre en los establecimientos correspondientes. Eso sí, es mucho más barato. ¿No es miel?, no, claro, no es miel pero se etiqueta como tal, se oferta como tal y se cobra como si hubieras comprado tal. ¿Qué es?, yo no lo sé, no soy ni químico, ni técnico alimentario para poderle dar una descripción real, pero sí sé lo que no es. No es miel.

Pero todo esto ya lo sabíamos. Lo sabíamos hace años, lo sabíamos y lo hemos consentido con nuestro silencio, con nuestro consumo, con nuestra vida y con nuestra salud. Tal vez ahora que Cristophe Brusset, un francés, un ingeniero agroalimentario que ha trabajado desde su licenciatura en la industria alimentaria, publica un libro titulado “¡Cómo puedes comer eso!” sobre los fraudes alimentarios, y sus consecuencias, que ha conocido a lo largo de su carrera y que persisten en la actualidad, alguien piense que es el momento de hacer algo que beneficie al consumidor. O tal vez sea hora de que el consumidor se dé por enterado de lo que sucede y empiece a tomar determinaciones que lo lleven a una mejora de su calidad de vida, de su calidad alimentaria y de su salud.

En la situación actual, y si realmente somos lo que comemos, no es raro que no sepamos ni lo que somos.

Pero, ¿Habría alguna solución inmediata? La hay, pero supone un cambio total y absoluto en el planteamiento actual del consumidor, en su forma de llenar la cesta de la compra.

Primero, formación. Aprender qué productos son de temporada, de cercanía, cuales son frescos y cuales congelados. Cómo distinguir un pescado fresco de uno pasado, una carne engordada artificialmente de una engordada naturalmente. Distinguir productos naturales de productos elaborados. Aprender y aplicar a la compra. No solo es saludable, puede ser interesante y divertido.

Segundo, reeducación. Aprender que respetar los ciclos de producción a la hora de consumir permite productos con mayor sabor y más saludables. Aprender que los productos brillantes o sin mácula no son necesariamente los más frescos o más saludables. Acomodar nuestra alimentación a los productos disponibles en cada época y cada lugar y acceder a productos lejanos o intemporales solo de forma menos ordinaria.

Tercero, presión. No consumir nunca aquello que no entendamos claramente qué es, de donde procede, cuándo se ha cosechado, matado, pescado o producido. En qué condiciones de engorde o maduración se ha puesto en consumo. No consumir jamás y divulgar cualquier fraude de etiquetado o identificación que detectemos, sea de productor o de comercializador. Boicotear sin piedad a los que juegan con nuestra salud para su mayor beneficio.

Sí, es verdad, es más cómodo bajar al hiper, llenar la cesta sin pensar y quejarnos luego de como sabían las cosas cuando éramos más jóvenes, no hace tanto. Cuando comprábamos en la tienda de ultramarinos del barrio regentada por un vecino del mismo. Cuando el pan venía aún caliente de la tahona en cestas que esparcían el aroma de pan recién horneado por los alrededores, no congelado como ahora. Cuando ciertas partes de la calle olían a vaca, porque había una vaquería. Cuando las frutas sabían, los tomates sabían, se sabía que había melocotones en la frutería porque olían. Cuando los sentidos del paseante participaban de los aromas alimentarios del barrio. Cuando la mantequilla flotaba en los boles con agua y rodaja de limón de las mantequerías. Cuando el tendero, sin etiquetas, te decía qué variedad era, de dónde venía, cuando se había cogido y, casi, casi, el nombre del agricultor, del ganadero, del pescador.

“Nos engañan como a chinos”, dice la expresión popular y yo miro alrededor y veo a todos con los ojos rasgados.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Matemáticas

© Nieves Laguna

Hace unos días me levanté con un pensamiento que a lo largo del día fue tomando forma. Para esto me han ayudado mucho las circunstancias actuales de mi vida y lo sucedido en mis últimos tiempos.

Este pensamiento es el de que la vida es como un problema de matemáticas en el que se debe identificar, analizar e interpretar los datos disponibles con la suficiente atención para recoger los puntos importantes en pos de solucionarlo eficaz y correctamente, porque si no, te pierdes en un cúmulo de fórmulas que te harán dar muchas vueltas hasta llegar al resultado acertado.

Este resultado algunas veces es claro y meridiano, pero otras, la gran mayoría de las veces, hay que buscarle y es en esta búsqueda donde se utilizan todas las fórmulas que uno conoce y si no.… se las inventa. El caso es llegar a la solución.

En estos problemas existen las constantes; que normalmente son la familia y los mejores amigos. Las variables; que son los amigos temporales, los que vienen, los que van, los que se quedan, los que se cruzan, los que por alguna razón entran para enseñarte algo que no habías visto, una variable con la que no contabas y que luego, después de encauzarte en el camino para llegar a la solución, desaparecen por donde vinieron. Están las incógnitas, por supuesto, a mí las que más me gustan.

Puedes visualizar todo problema en conjunto, pero no lo entenderás a menos que comprendas todas y cada una de las variables que lo constituyen y sus posibles derivadas.

Tenemos las parábolas que son aquellas circunstancias y/o personas que no saben ni por donde van, indecisos, que normalmente te hacen perder el tiempo e intentan arrastrarte a su infortunio y su infravaloración que tienen de su propio ser, no aguantan que tú seas feliz, o estés centrada/o.

Las raíces cuadradas y las derivadas son las más difíciles de interpretar, son personas cerradas que se aferran a tu existencia para salir de su vida de mediocridad como si les fuera la vida en ello, te absorben toda la energía, te alagan, hacen lo posible para que tu les prestes toda tu atención y cuando les has resuelto su problema, si te he visto no me acuerdo. Normalmente las raíces cuadradas y las derivadas son las que más dolores de cabeza y anímicos te producen.

Están los descartes, estas situaciones y/o personas hay que desecharlas de inmediato de tu vida. Sólo te traerán amarguras. Algunas veces las ves nada más leer el problema, otras tardas un poquito más, según lo vas desarrollando, pero en cuanto la encuentres hay que descartarla y seguir con tu vida, con tu problema matemático.

Están los problemas matemáticos simples, como las sumas, las restas, las multiplicaciones y las divisiones en las que sabes a ciencia cierta el resultado. Pero hay problemas que, por su complejidad, o bien no se resuelven nunca, o cuando te llegan no estás en el momento adecuado para ponerte a resolverlos, estos es mejor dejarles pasar, o apartarlos a un lado hasta que, o bien te encuentres con la suficiente fuerza como para atajarlo, o que se canse por si solo y desaparezca.

También hay problemas que no tienen solución, no la busquéis, no les deis más vueltas, es que no se puede, no hay forma humana de solucionarlos.

Toda regla tiene su excepción y cada excepción tiene su regla.

“También hay problemas que no tienen solución, no la busquéis, no les deis más vueltas, es que no se puede, no hay forma humana de solucionarlos.”

La fórmula matemática perfecta es la del círculo, pero es muy difícil llegar a ella y mantenerla. Vivimos en un mundo con pocos círculos, sin aristas y muchos cuadrados, triángulos, trapecios, rombos, rectángulos, y demás polígonos cada uno con su fórmula matemática… que tela marinera.

Toda, exactamente, toda la vida está regida por las matemáticas y por la vehemencia y pasión que cada uno ponga en la actuación para la resolución de sus problemas, aunque tengas que ponerte a contar con los dedos de las manos, pero recordar que algunas veces, sólo algunas veces, en muy rara ocasión 2+2 igual no son 4.

Paseando con mi padre

Paseando con mi padre, motor en su silla de ruedas, se me vino el tiempo,  inopinadamente, trastocado, revuelto, solapado, como solo el mismo tiempo sabe hacerlo, y en un instante, en un siglo, en un revuelo, fui  yo mismo paseándolo, fui yo mismo paseando a mi hijo en su silla, de pequeño, fui mi hijo paseándome en algún tiempo futuro, fui mi padre empujando un cochecito conmigo dentro en algún tiempo pretérito. Y sin llegar a aprehenderlo, sin llegar ni siquiera a fijar algún recuerdo el tiempo volvió a su línea y mi padre y yo –tal vez mi hijo también- seguimos con nuestros paseos, cada uno en su tiempo, cada uno en su puesto.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Deseos y augurios

Con el albor del nuevo año es casi inevitable buscar augurios en cualquier hecho que percibimos.  Todo lo que acontece a nuestro alrededor, todo lo que pensamos, hasta el clima, se puede convertir en un indicio interpretable de lo que los siguientes trescientos sesenta y cinco días van a traer hasta nuestra vida y a las vidas de los que nos rodean.

Nuestra patética incapacidad para movernos en el tiempo, en los tiempos, por el que discurre nuestra efímera existencia, nos hace intentar asomarnos a ese futuro que parece ya escrito y que, en estricta reflexión, sabemos ya vivido. Pero queremos conocerlo antes de recorrerlo, queremos saber antes de vivir, queremos romper ese férreo velo que nuestro concepto del tiempo provee para ese inaccesible futuro.

Si el día es soleado y despejado será porque vamos a disfrutar de un año luminoso. Sin caer en la cuenta de que también hace sol para el que mañana abandonará la vida por una enfermedad, por un accidente inopinado o por cualquier otro avatar.

Si nieva, esa nieve que cae significa abundancia de satisfacciones, de sentimientos o de bienes materiales. Pero esa misma precipitación no hará círculos de exclusión en su caída para los que van a resultar abandonados, perseguidos, arruinados en el devenir de sus cincuenta y dos semanas.

Desde la más antigua antigüedad, desde tiempos tan remotos que ni la abuela tortuga ni el abuelo del pino longevo pueden recordar, el hombre se ha esforzado en asomarse al tiempo pendiente de vivir, al futuro. Oráculos, pitonisos, adivinos, profetas, magos, brujos y científicos han perseguido con desiguales medios, pero con los mismos desalentadores resultados, anticipar el conocimiento al suceso, desvelar lo que aún no ocurrido, anticiparse al tiempo en su concepto lineal e inaccesible.

Claro que cabría preguntarse si realmente conocer lo que nos queda por vivir, y por tanto cuanto, nos podría producir algún tipo de tranquilidad o bálsamo vital, alguna suerte de paz que nos permitiera vivir en armonía con nosotros mismos y con nuestros semejantes. Yo creo que no, que las angustias de saber cuánto tiempo de vida nos quedaría a nosotros mismos, o a alguien realmente cercano, nos condenaría a vivir en una ansiedad permanente que no nos permitiría disfrutar de los buenos momentos que hubiera en el camino.

“Claro que cabría preguntarse si realmente conocer lo que nos queda por vivir, y por tanto cuanto, nos podría producir algún tipo de tranquilidad o bálsamo vital, alguna suerte de paz que nos permitiera vivir en armonía con nosotros mismos y con nuestros semejantes.”

Además si, como yo sospecho, todos los futuros posibles existen y todos han de ser vividos, ¿cuál es el futuro al que podría asomarme?

Si el futuro a pesar de existir, aún no ha sucedido y no sucederá hasta que una serie de decisiones de todos los que en él participen lo activen, ¿Cómo podría ayudarme conocerlo?

Si el futuro no es más que un fotograma en el momento de pasar por el foco para seguir su camino hacia la bobina de enrollado, ¿Qué fotograma podría conocer que me fuera útil?

Yo estoy convencido de que el tiempo es como esos fuegos artificiales que desde un cartucho primero van generando sucesivas y expansivas explosiones. Cada instante de nuestra vida encierra un único pasado pero abre infinitos futuros e intentar atisbar uno solo es como el pasajero de un tren que tapara su ventanilla con una diapositiva de un punto concreto del trayecto. Acabaría por no haber podido disfrutar del trayecto anterior a ese punto, el pasado, y por perder de vista donde se encuentra en cada momento e, incluso, saber si ya ha llegado. Ni siquiera podría saber cuándo el tren pasa por el punto seleccionado y no lograría disfrutar de su efímera y original belleza. Y no quiero imaginarme su terrible frustración si por cualquier circunstancia el tren cambiara su trayecto, como, por otra parte, sería muy probable.

Yo, como parte integrante de esos seres humanos que creemos que el futuro ha de ser lo que haya de ser aunque ya haya sido, no me voy a sustraer a desear a todos, todos y todos, un venturoso y feliz año nuevo. Desde la consciencia de que acertaré con algunos y fallaré estrepitosamente con otros, pero seguro de que ahora, cuando todo es aún posible, nadie rechazará mis deseos, ni mis augurios.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Feliz año nuevo

Brindemos por un nuevo año lleno de salud, prosperidad, paz y justicia social…  

muchas gracias por confiar en nosotros… 

El equipo de Redacción

 

Bisabuelo

Mira papá, parece a veces que todo está dicho, que ya no queda nada en el futuro que pueda conmover los oscuros anclajes que te tienen secuestrado en un mundo solitario, inaccesible, pero siempre acaba por demostrarse que es una idea equivocada.

Es verdad que tú vives en un pasado remoto e inaccesible, pero el mundo que sigue empeñándose en inventar un futuro acaba provocando instantes en los que tu presencia física hace que seas partícipe, aunque sea por ausencia, de ese futuro.

Recordaba hace no mucho, con motivo de la muerte de Fidel Castro, una historia familiar en la que tú fuiste uno de los protagonistas. Me hubiera gustado que fueras tú quién me contara, de forma larga, parsimoniosa –en otras circunstancias habría dicho que pesada-, las circunstancias de aquellos felices momentos. No pudo ser, evidentemente. Tú estás mucho más atrás en el tiempo, más allá de mis posibles recuerdos y a veces incluso de los tuyos.

Apenas han pasado un par de semanas y el futuro vuelve a provocarnos la añoranza de poder comunicarnos contigo, de que nos entiendas.

Vas a ser bisabuelo papá. Y no podrás disfrutar de esa criatura que, estoy seguro, te haría una inmensa ilusión si pudieras entenderlo.

Siempre fuiste muy de jugar con los niños. No había niño a tu lado al que no le hicieras un chascarrillo, al que no le prestaras una atención especial. Si, aún hoy, no pasa un niño a tu lado sin que intentes decirle algo. Se te ilumina la cara, te asoma la sonrisa, mueves las manos e intentas decir algo que al final no son más que sonidos, pero son los únicos momentos en los que tu mundo interior, ese mundo semi claustral, ese mundo con vocación placentaria, se comunica con este otro en los que nos movemos a tú alrededor.

“Vas a ser bisabuelo papá. Y no podrás disfrutar de esa criatura que, estoy seguro, te haría una inmensa ilusión si pudieras entenderlo.”

 

Si papá, vas a ser bisabuelo. No llegarás a conocer a tu bisnieto, aunque sí llegues a verlo. No llegarás a asociar su cara, su nombre, a esa galería de personas que jalonan tu vida. No podrás jugar con él, con ella, no podrás, no sabrás, intentar gastarle una broma de las tuyas. No podrás llevarte su imagen a tu presente pasado, a tu lejanía cotidiana, pero, papá, seguirá siendo para nosotros, un futuro que no existiría si no existiera tu pasado.

Un beso papá, bisabuelo.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Un excelente regalo de Navidad. Mazazo a los bancos por las cláusulas suelo

En ocasiones anteriores este magazine ha dedicado  su espacio a las cláusulas suelo. La primera vez para hablar de la Sentencia dictada por el Juzgado Número 11 de lo Mercantil de Madrid de 7 de abril del presente año,

respondiendo a una macrodemanda de 15.000 usuarios que afectaba a 40 bancos y cajas por cláusulas abusivas y poco transparentes, con topes que establecen un mínimo a pagar en la letra de la hipoteca por mucho que bajara el euríbor. Esta sentencia dictada por la Jueza Carmen González Suárez, además de anular dichas cláusulas obligaba a devolver las cantidades indebidamente cobradas desde 2013.

Una segunda vez volvimos a incidir sobre el tema para informar a nuestros lectores cómo debían de proceder para localizar dichas cláusulas y reclamar a las Entidades financieras que las hubiesen incluido en sus contratos hipotecarios.

Pues bien, no hay dos sin tres, y en este caso nos dedicaremos a hacer un breve análisis de la Sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), dada a conocer el pasado miércoles 21 de diciembre actual, y que afecta aproximadamente a tres millones de españoles con hipotecas afectadas por cláusulas suelo, lo que para muchos ha sido un excelente regalo de navidad por el respiro que supone para la maltrecha economía de los españoles.

Dicha Sentencia, viene a declarar incompatible con el derecho comunitario la decisión del Tribunal Supremo de nuestros país, de limitar los efectos retroactivos de su devolución en los casos que se ajusten a los criterios para declararlas abusivas y nulas en mayo de 2013, aspecto este último que abordamos en la anterior publicación de 9 de mayo de 1016,  y, por la cual, los bancos que se pasaron de listos tendrán que devolver la astronómica cifra de siete mil quinientos millones de euros, según estimaciones hechas por los expertos, los cuales, así mismo, creen que muchos de dichos bancos procederán a la devolución de lo cobrado indebidamente sin esperar a una condena judicial que lo corrobore, debido a que, de no hacerlo, la devolución se vería incrementada en un 40%, al incluir las costas judiciales, el interés legal del dinero desde la fecha en que se formalizo el prestamos hipotecario, salvo que hubiese algún periodo de carencia, además de otros gastos administrativos. Aunque hay que dejar claro que el pronunciamiento del Tribunal Europeo no significa que los bancos deban devolver automáticamente a los consumidores las cantidades cobradas de más.

“Dicha Sentencia, viene a declarar incompatible con el derecho comunitario la decisión del Tribunal Supremo de nuestros país, de limitar los efectos retroactivos de su devolución en los casos que se ajusten a los criterios para declararlas abusivas y nulas en mayo de 2013”

También debemos informar que las asociaciones de consumidores se han ofrecido desde el primer momento para asesorarles y ayudarles en este proceso. Entre ellas, la Asociación General de Consumidores, ASGECO Confederación, ha hecho público un documento en el que analiza las diferentes situaciones en las que pueden encontrarse en estos momentos los consumidores afectados por las cláusulas suelo, la forma en la que les afectará esta sentencia y las posibles vías de acción a seguir; que a continuación exponemos:

1.- Clientes con cláusulas suelo vivas

Estos clientes están pagando sus préstamos con aplicación de la cláusula inicialmente firmada al contratar el préstamo.

¿Cómo les afecta la sentencia del TJUE?

El TS español ha reconocido la nulidad de estas cláusulas y el TJUE ha dictaminado que tiene derecho a reclamar todas las cantidades abonadas de más como consecuencia de esta nulidad.

¿Qué deben hacer?

Asesorarse cuanto antes en una asociación de consumidores.

¿Qué no deben hacer?

Negociar con el banco sin el oportuno asesoramiento.

2.- Clientes con cláusulas suelo que han negociado con el banco y han firmado un acuerdo renunciando a posibles reclamaciones

Sobre esta cuestión ya se están produciendo ya numerosas sentencias judiciales que anulan dichos acuerdos.

¿Cómo les afecta la sentencia del TJUE?

El TS español ha reconocido la nulidad de estas cláusulas y el TJUE ha dictaminado que tiene derecho a reclamar todas las cantidades abonadas de más como consecuencia de esta nulidad.

¿Qué deben hacer?

Asesorarse cuanto antes en una asociación de consumidores.

¿Qué no deben hacer?

Negociar con el banco sin el oportuno asesoramiento.

3.- Clientes con cláusulas suelo con reclamación judicial en curso

¿Cómo les afecta la sentencia del TJUE?

Tras el pronunciamiento del TJUE el TS español deberá modificar su criterio respecto de la retroactividad de la devolución de las cantidades indebidamente abonadas y ordenar el pago de la totalidad.

¿Qué deben hacer?

Mantener la demanda conforme al criterio de sus letrados.

¿Qué no deben hacer?

Negociar con el banco sin el oportuno asesoramiento.

4.- Clientes con préstamos ya vencidos o cancelados. Clientes cuyos préstamos ya se han acabado de pagar, se cambiaron de entidad o se cancelaron por alguna otra razón…

¿Cómo les afecta?

Pueden reclamar las cantidades pagadas de más como si las cláusulas suelo nunca hubieran existido aunque el préstamo ya no esté vigente.

¿Qué deben hacer?

Asesorarse cuanto antes en una asociación de consumidores.

¿Qué no deben hacer?

Negociar con el banco sin el oportuno asesoramiento.

Dado que todavía existen miles de ciudadanos afectados por esta actuación bancaria que todavía no han visto reconocido su derecho, la Asociación General de Consumidores, ASGECO Confederación, hace un llamamiento para que todos ellos se informen sobre sus derechos y los ejerzan, pues si bien las informaciones que se están publicando hablan de que los bancos han de devolver miles de millones de euros, pero estos lo harán a menos que sus clientes reclamen judicialmente este dinero.

Por ello, además, ASGCO Confederación hace un llamamiento a la banca española para que de forma unilateral y sin necesidad de reclamación judicial devuelvan este dinero, evitando a sus clientes una demora innecesaria y a sus cuentas de resultados los gastos añadidos que esta demora puede suponer.

Así mismo, ponemos a vuestra disposición el siguiente modelo de reclamación ante la Entidad Bancaria o Caja de Ahorros, que en caso de no ser atendida dejaría expedita la vía judicial, ante la cual debe actuar con la asistencia letrada y representación mediante procurador.

MODELO DE RECLAMACION

Servicio de Atención al cliente de ……………………………………

(nombre del banco y número de sucursal)

(Dirección)

(C.P., localidad y provincia)

 

En ………………………, a ……… de …………… de ……… (fecha)

 

Asunto: cláusula de límite de variación del tipo de interés

  1. ………………………………………………….con DNI ……………………. con domicilio en ……………………….., calle ………………………..ante la sucursal número………….. de …………………………. de la ciudad de …………………….. comparece y como mejor proceda,

DICEN 

PRIMERO.- Que, en fecha …………………………. constituimos con ustedes el préstamo con garantía hipotecaria nº …………………… por importe de ……………………€ referenciado a un tipo de interés variable.

SEGUNDO .- Que, a pesar de la bajada de los tipos de interés variable que se están produciendo, no nos hemos podido beneficiar de dicha bajada por la inclusión en la escritura de hipoteca una cláusula de límite de variación del tipo de interés, en la que se establece que el tipo de interés aplicable en ningún caso será inferior al …….%.

TERCERO.- Que, en nuestra calidad de consumidores consideramos que dicha cláusula suelo es absolutamente abusiva, desproporcionada y completamente falta de transparencia, de acuerdo con lo dictado por el Tribunal Supremo en su sentencia de 9 de mayo de 2013 por la cual se declara la nulidad de las cláusulas suelo contenidas en sus condiciones generales y les condena a eliminar dicha cláusula de los contratos en los que se insertan y a cesar en su utilización.

 

Por todo lo cual SOLICITO: 

PRIMERO.- Que dicha cláusula sea eliminada de mi contrato de inmediato y que desde el día de su entrada en vigor se recalculen las cuotas a pagar de mi préstamo con el nuevo interés que resulte aplicable, todo ello conforme a la Sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 21 de diciembre de 2016, por la que declara  incompatible con el derecho comunitario la decisión del Tribunal Supremo de nuestros país, de limitar los efectos retroactivos de su devolución en los casos que se ajusten a los criterios para declararlas abusivas y nulas en mayo de 2013.

SEGUNDA.- Que me devuelvan de forma retroactiva los importes resultantes de la diferencia entre las cantidades abonadas por la aplicación de la cláusula suelo y las que realmente hubiera debido abonar si la misma no hubiera existido, de acuerdo con el artículo 1.303 del Código Civil, así  como los tributos, comisiones y gastos ocasionados por la preparación, formalización, subsanación, tramitación de escrituras, modificación -incluyendo división, segregación o cualquier cambio que suponga alteración de la garantía- y ejecución de este contrato, y por los pagos y reintegros derivados del mismo, así como por la constitución, conservación y cancelación de su garantía, siendo igualmente a su cargo las primas y demás gastos correspondientes al seguro de daños, que la parte prestataria se obliga a tener vigente.

En caso de no aceptar dicha reclamación en el plazo de 2 meses, les anuncio desde este mismo momento, que me reservo las acciones judiciales oportunas en aras a la anulación de dicha cláusula abusiva.

Sin otro particular y esperando a que acceda a mis peticiones, reciba un cordial saludo.

Atentamente,

……………………………………

(nombre y firma)

 

 

 

 

 

 

 

Feliciano Morales Martín
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Hablemos de masonería (III)

A veces es difícil deslindar entre lo que son las instituciones y lo que son sus miembros, y aún más difícil si existe el interés -la mayor parte de las veces espurio- de tomar el todo por la parte, de atribuir al todo las características de parte que nos interesen.

A nadie con un mínimo de ecuanimidad se le ocurriría considerar que un club de fútbol, cualquiera, tiene una determinada ideología como tal club porque es la ideología que tienen una parte de sus socios. Y hemos puesto como ejemplo un club de fútbol como podríamos haber mencionado un club de lectura, una cadena de supermercados o una comunidad de vecinos.

Hay una gran cantidad de instituciones, asociaciones, agrupaciones, organizaciones, que no son depositarias ni transmisoras de ningún credo o ideología. Simplemente obedecen a fines de tipo social, ético, deportivo, solidario o intelectual y suele definirse como aconfesionales o adogmáticas respecto a la religión y a la política.

He oído decir a lo largo de mi vida que la masonería es una religión, que es un lugar de adoctrinamiento, que es una secta, que es, incluso, la correa de transmisión de determinados poderes ocultos para guiar a la sociedad hacia sus intereses.

El problema principal con cierto tipo de acusaciones es que cuanto más se niegan más fuerza toman. Ya se sabe que no hay mayor sospechoso de ser culpable que el que se declara inocente, ni peor loco que el que se declara cuerdo.

Tal vez por eso la sistemática negación de ciertos fines que se le atribuyen a la masonería nunca ha servido para desmentir cierto tipo de imputaciones. Así que pongámonos en positivo y preocupémonos de lo que es.

La masonería es, fundamentalmente, el lugar de encuentro de los masones, esto es, de personas libres, de pensamiento y de condición, con buena voluntad, hacia sí mismos y hacia el prójimo, que deciden comprometerse con una tarea de perfeccionamiento personal, ético e intelectual, y con la exaltación de los valores sociales y de convivencia mediante su ejemplo personal. Solo mediante su ejemplo personal.

La masonería, como institución que agrupa a los masones, se declara con vocación de universalidad y solidaridad por lo que todas las personas que cumplen las condiciones básicas de pertenencia: ser humano, libre y de buena reputación, tiene cabida en sus filas, o, como se expresa masónicamente, entre sus columnas.

Dentro de la masonería hay hombres y mujeres. Hay católicos, cristianos, indúes, mahometanos, judíos, animistas, budistas, agnósticos, ateos,… Hay masones de derechas, de izquierdas, ácratas, centristas, socialistas, liberales, y de cualquier ideología que no sea dictatorial. Hay profesionales, artistas, empresarios, políticos, funcionarios. Todas las posiciones ideológicas, culturales o religiosas están representadas, a nivel individual, dentro de las logias, salvo aquellas que por su talante sean intolerantes o excluyentes, aquellas que pretendan imponer un pensamiento único o exclusivo.

“La masonería es, fundamentalmente, el lugar de encuentro de los masones, esto es, de personas libres, de pensamiento y de condición, con buena voluntad, hacia sí mismos y hacia el prójimo, que deciden comprometerse con una tarea de perfeccionamiento personal, ético e intelectual, y con la exaltación de los valores sociales y de convivencia mediante su ejemplo personal.”

Es difícil, por no decir imposible, que ideologías extremas, ideologías de tipo racista, de contenido intolerante en cualquier aspecto, tengan cabida en una organización cuya vocación fundamental es universal y solidaria.

Cada masón, como persona, generalmente comprometida, elige su forma de hacer llegar a la sociedad sus convicciones. Cada uno tiene su desarrollo propio, su credo, su ideología, su nivel de compromiso y llega a la masonería para ahondar en su personalidad, no para cambiarla o acomodarla a exigencias externas. Unos elegirán ser miembros de un partido, otros de una ONG, otros, los más, simplemente serán personas normales y anónimas.

Por eso es un criterio básico que la masonería, la entidad administrativa que acoge a los masones, sea adogmática, ya que cualquier posicionamiento de tipo ideológico o religioso comprometería gravemente su ideario de universalidad, dejando fuera de sus columnas a los de cualquier otra ideología o credo. Para eso ya están los partidos, las religiones.

Pero hay una razón aún más importante -la más importante- para explicar el adogmatismo y la aconfesionalidad de la institución como tal, y es que la labor del masón es un trabajo individual, personal, único, desarrollado en colectividad, y como tal trabajo individual no puede ser etiquetado de ninguna forma colectiva ya que eso supondría la imposición de una postura sobre otras y, una vez más, se negaría la universalidad.

Claro que por este mismo motivo, por el hecho de ser totalmente individual, la negación en la masonería es un razonamiento imposible ya que siempre puede haber algún masón que individualmente responda a la etiqueta que se elija.

Por eso es fundamental, es imprescindible desde la buena fe, tener perfectamente claro que una cosa son los masones y otra la masonería. Ningún masón representa ni compromete el ideario del resto de los masones y la masonería no está representada ni comprometida con el ideario de ningún masón concreto.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Acercamiento a una eternésima parte de lo eterno, el infinito

Acostumbramos a asimilar lo infinito a lo muy grande. No, lo muy grande es finito, lo infinito es en realidad inabarcable para seres finitos como nosotros. También solemos confundir lo infinito con lo eterno. Tampoco. Lo infinito no es ni un instante dentro de lo eterno ya que lo eterno no admite referencias. Lo eterno no admite nada más, lo infinito puede ser una infinitésima parte del todo que sería una eternésima parte –permítaseme la invención de tal medida sin medida- de lo eterno.

Si en lo infinito hablamos del continente suponiendo finito el contenido y por tanto de lo que es, en lo eterno hablamos de dimensiones puramente filosóficas. Dentro de lo eterno cabe, lo que es, lo que fue, lo que será, lo que nunca fue y lo que jamás podrá ser –incluso lo inexpresable- ya que lo eterno trasciende la existencia.

Bien, poco queda por decir o por acercarnos a la eternidad que es inconcebible. Intentemos entonces acercarnos pues a lo infinito que es solamente inabarcable.

Si queremos acercarnos, muy de lejos, a lo que es el infinito supongamos que todo el espacio de nuestro universo se convirtiera en un hilo que un hombre tiene que recorrer poniendo pie sobre pie sin poder dejar ningún punto sin pisar. El tiempo necesario para recorrerlo en segundos, o el número de pisadas necesarias, serían un acercamiento, realmente lejano, a lo que es el infinito. O supongamos que un contador de instantes se hubiera puesto en marcha en el momento del big bang. Lo que marcara dentro de varios trillones de años distaría mucho de ser infinito. Pero seguimos hablando, tarados por nuestra dimensión, de grandes magnitudes muy alejadas de lo que es el infinito. El infinito sigue siendo el ultreya de las dimensiones.

“Si queremos acercarnos, muy de lejos, a lo que es el infinito supongamos que todo el espacio de nuestro universo se convirtiera en un hilo que un hombre tiene que recorrer poniendo pie sobre pie sin poder dejar ningún punto sin pisar.”

Tal vez la mejor forma de provocar un infinito en la vida real sea por medio de un espejo. Todos hemos visto la imagen de un espejo reflejado en un espejo que a su vez se refleja en un espejo… ¿infinitamente? Es posible, mientras haya luz habrá imagen y la luz en el espejo aumenta, no disminuye. Pero apenas hemos empezado, cada una de esas imágenes a su vez, si la aisláramos, propondría una infinita cantidad de imágenes reflejadas, cada una de las cuales, aislada… infinitamente. Pero eso es lo que vemos, de lo que somos conscientes, pero si entramos en el ámbito de lo que puede ser, que también pertenece a lo eterno, puede ser que nosotros no seamos más que una imagen aislada de un espejo infinitamente superior, que no será más que una imagen aislada… infinitamente.

Y apenas estaremos empezando.

Si recurrimos a la máxima de que todo lo que es dentro es fuera, o por vulgarizarlo, si consideramos la escala como una dimensión, todo lo que existe en nuestra  escala ha de existir en infinitas escalas superiores y en infinitas escalas inferiores. O por explicarlo de una forma más sencilla: Yo no sería más que una parte de un universo en el que exista un yo de una escala superior, que a su vez… infinitamente, pero al mismo tiempo cada parte de mi cuerpo será un universo en el que exista un yo de escala inferior, que a su vez… infinitamente.

O tal vez si usásemos una notación pseudo matemática suponiendo “n” como infinito y suponiendo que “n” represente el número de universos posibles en una escala y el número de escalas posibles, el número de universos existentes en un instante sería: (…(((n)^n)^n)^n…)^n donde los puntos suspensivos supondrían infinitas veces, aunque para que esto fuera realmente cierto tendríamos que encontrar la escala base de la existencia, que solo podría ser aquella en la que coincidieran la escala superior y la escala inferior.

Bien, finalmente y pese a todos los esfuerzos clarificadores lo único que queda claro es que la finita inteligencia humana es incapaz de referenciar de una forma concreta el infinito, que a su vez no es más que una eternésima parte de la esencia de lo eterno que era cuando nada existía y será cuando nada exista. De lo inexistente, de lo que llamamos la nada, de lo que existía antes del big bang y después de la máxima contracción de lo existente, ahora mejor ni hablamos.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

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