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En defensa de los valores

“Todos, todos me miran al pasar, menos lo  ciegos, es natural” y mi sensación actual es que estoy rodeado de ciegos, de los peores ciegos que  existen, los que no quieren ver.

Al parecer esta ceguera que se ha apoderado de la sociedad de unos años a esta parte, pero que aún debería de ser reversible, se desarrolla de una forma insidiosa, paulatina, casi voluntaria, de tal forma que el ciego lo acaba siendo por su propia determinación.

Empieza viendo solo la realidad que le rodea con un solo ojo, el que le marca su ideología, mientras cierra el otro cada vez con más fuerza hasta que, víctima de la misma inoperancia, del sistemático olvido de la función se desconecta definitivamente y  produce una ceguera parcial en el individuo que a partir de ese momento no tendrá más opción que seguir mirando sesgado.

Aunque esta pérdida pueda parecerle a algunos irrelevante e incluso conveniente a otros, la verdad es que realmente es irreparable porque ciertos valores solo son apreciables, solo son aceptables desde una perspectiva de visión dual. Esos valores dañados, olvidados, perdida la perspectiva son además los valores fundamentales que todo hombre de bien debería de defender por encima de sus propias y parciales convicciones: La Justicia, la Verdad, la Solidaridad, la Libertad y el Respeto.

Ninguno de estos valores es defendible si el individuo se empeña en mirar con un solo ojo y olvida que hay siempre, siempre, otra perspectiva de cualquier suceso o problema que es, como mínimo, tan válida como la suya.

La Libertad que hay que defender no es la propia, es la ajena. La solidaridad que hay que practicar no es con los que nos son afines, si no con los que nos son ajenos. La Justicia que hay que lograr no es la que dicta lo que yo creo si no la que preserva la inocencia en su máxima posibilidad. La Verdad que tenemos que buscar no es la que hace a unos mejores que a otros si no la que nos permita ser  a todos iguales. El respeto que tenemos que sentir, no el que practicamos, si no el que nos tiene que salir de dentro, el que nos permite escuchar las ideas de los demás, aunque sean contrarias a las nuestras, con la misma ecuanimidad y atención, o mayor según el grado de perfeccionamiento, con la que ellos deberán de escuchar las nuestras.

“El problema es que si nos fallan estos valores lo único que lograremos será un mundo uniforme, gris, sin alegría y sin las características mínimas necesarias, sin el entorno imprescindible para que un individuo pueda considerarse diferente de otro. Claro que esto tiene un nombre, totalitarismo.”

El problema es que si nos fallan estos valores lo único que lograremos será un mundo uniforme, gris, sin alegría y sin las características mínimas necesarias, sin el entorno imprescindible para que un individuo pueda considerarse diferente de otro. Claro que esto tiene un nombre, totalitarismo.

No puedo evitar cada vez que me asomo a las redes sociales sorprenderme de la bajeza que practican sectariamente personas que en la vida real, en el encuentro físico me parecen personas inteligentes y razonables.

Supongo que el anonimato, aunque sea nominal, del ordenador, el no estar físicamente sosteniendo lo dicho hace que muchas personas, insisto inteligentes, aparentemente ecuánimes, comprometidas con los valores, entren en una atroz carrera por decir la burrada más ocurrente, la patochada más soez e innecesaria, la barbaridad más insostenible, la irrespetuosidad más miope sobre los más diversos temas y personas, sin darse cuenta que lo mayores reos de sus disparates son ellos mismos y su credibilidad.

No dudo, en realidad estoy convencido, de que como los avaros de los cuentos su única satisfacción será frotarse las manos mientras recuentan los me gusta y los comentarios huecos y lisonjeros que responden a sus palabras.

Yo, que pretendo seguir siendo yo y para eso necesito que los demás sigan siendo los demás, todos, sin excepción, me declaro reo de mis palabras, sean escritas orales, firmadas o sin firma, porque mi único interés es la preservación y perfeccionamiento de los valores individuales fundamentales. Verdad, Justicia, Solidridad, Respeto  y como consecuencia Libertad.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Mujeres imprescindibles

 

Ocho de marzo… día internacional de la mujer… ¿Qué diferencia a la mujer respecto al hombre para que se la tenga que dedicar un día a nivel internacional?,

sólo se me ocurre una respuesta que engloba todas su virtudes sin resulta empalagoso: mujeres imprescindibles, como lo es el sol para que haya vida en nuestro pequeño planeta.

Pero, por este mismo razonamiento el hombre también sería imprescindible, ya que si ponemos, por ejemplo, la maternidad como forma crear vida, ésta no sería posible sin que el hombre pusiera de su parte, aunque nada se parece el hecho de copular con el de concebir a un hijo y tenerlo que aguantar durante nueve meses en seno materno, con lo bueno y lo menos bueno que ello supone; por lo tanto, si pusiéramos en un ranking una y otra función, la mujer nos adelantaría, como también lo hacen en otras muchas capacidades.

Sin irnos muy lejos del lugar donde habitualmente se concibe a los hijos, hay otra diferencias sustanciales que nos aleja de ellas como lo es el hecho de que mientras la sinapsis cerebral en los hombres tiene lugar en una parte del cerebro que fomenta actitudes como la actividad sexual, en el sentido más mecánico de la palabra, o  la agresividad, sin embargo, en el cerebro femenino destacaría las zonas destinadas a escuchar y a la empatía.

Otro ejemplo, sin querer resultar pesado, sería el alto nivel que tienen con respecto a los hombres en cuanto a la tolerancia al dolor, bastante más alto que el nuestro, lo que las ayuda a lidiar con la agonía de dar a luz o los dolores menstruales.

En fin, la lista de actitudes que nos diferencia a ambos sexos podría ser bastante más larga que lo previsto para este artículo, así lo afirman las investigaciones llevadas a cabo por la Doctora Louann Brizendine, profesora de neuropsiquiatría en la Universidad de California, plasmadas en su libro “El cerebro femenino” (RBA), en el que me ha apoyado para hacer las anteriores aseveraciones.

Sin embargo, el motivo por el que se encumbra a las mujeres en un día como hoy, no lo es tanto por nuestras diferencias físicas y psíquicas, sino por la subyugación y desigualdad de la que han sido objeto durante siglos con respecto a nosotros; abanderando con ello una lucha de carácter internacional para crear entre todos un legado histórico de estrategias, normas, programas y objetivos  para mejorar la condición de las mujeres en todo el mundo, promoviendo su participación en condiciones de igualdad con los hombres en el logro del desarrollo sostenible, la paz, la seguridad y el pleno respeto de los derechos humanos.

Se trata pues de un empoderamiento más que merecido de ellas y  conseguido por ellas, dentro de una sociedad que, por desgracia, en pleno Siglo XXI todavía sigue siendo machista en sus comportamientos, como lo es la desigualdad en el mercado laboral, dentro del cual los hombres siguen ocupando mayores puestos de dirección, aún no mereciéndolo o estando menos capacitados que ellas, o por percibir un menor salario que nosotros en un mismo puesto de trabajo.

“Se trata pues de un empoderamiento más que merecido de ellas y  conseguido por ellas, dentro de una sociedad que, por desgracia, en pleno Siglo XXI todavía sigue siendo machista en sus comportamientos”


Sí, hoy es un día dedicado a las mujeres corrientes que han luchado y siguen luchando por un mejor puesto en la sociedad, que no es otro que el que se merecen y tienen derecho, y tan simple como ser absolutamente iguales que los hombres. También estoy han pensando en aquellas pobres mujeres por su destino, pero seguro que valientes  en su vida que han perecido, objeto de violencia de genero por parte de sus parejas, de “medios hombres” que no saben que “mi mujer” no es sinónimo de posesión, ni de subyugación, ni de servilismo; sino de lucha en común por un proyecto de vida, así como de compartir, tolerar y de otras muchas acciones en común que se pueden y deben englobar en la palabra amor, empezando por el más absoluto respecto, elevado a un nivel casi sacro, a quien decidió un día compartir la vida con nosotros.

Dedicado a vosotras,  y especialmente a mi madre, que hoy cumple años.

 

 

 

 

 

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

reflexiones sobre la libertad de expresión

Empiezo a pensar, y después de leer a Fernando Savater parece que no soy el único, que además de ocultarnos sistemáticamente la verdad nos toman por tontos. Yo, por lo de pronto, me niego a ser adoctrinado ni por lo público ni por lo privado.

Sostener que un mensaje que es de primero de primaria, que un mensaje que se limita a hacer una descripción biológica de la diferenciación natural de los sexos, se puede considerar ofensivo, o que puede incitar a la violencia, es cuando menos preocupante.

No dudo, no tengo por qué, que el fondo de la campaña, o la intención, del ya famoso autobús, permítaseme felicitar a quién lo ideó porque nunca pudo sospechar que su mensaje, y el medio de difundirlo, iban a alcanzar la repercusión mediática que han conseguido, sea contrario a las tesis de ciertos colectivos, pero de ahí a hablar de incitación al odio media un abismo.

Parece ser que la moda y tendencia es cogérsela con papel de fumar cuando se analizan los mensajes de un lado del espectro político y considerar como ofensa y afrenta cualquier idea que tengan a bien propalar, mientras existe barra libre del otro lado. De tal forma que parece ser que la libertad de expresión solo es válida cuando se ejerce desde ciertas posiciones ideológicas y, al menos a mí, eso me parece absolutamente rechazable, y muy, muy, pero que muy preocupante.

Casi nadie, yo al menos apenas lo he oído, ha explicado que esta campaña del ya famoso autobús es una respuesta a otra campaña de signo contrario promovida en Vitoria, con los mismos colores, con grafía semejante, y con difusión en las paradas de autobús de esa ciudad, y de Gasteiz.

No es lo mismo a la hora de valorar lo sucedido el hecho de que el autobús sea una iniciativa única y gratuita a que sea una respuesta a otra iniciativa sobre el mismo tema que nadie ha contestado ni puesto en cuestión. O sea que sobre el mismo tema dos organizaciones se posicionan con el mismo tipo de mensaje pero contrapuestos y ¿uno incita a la violencia y otro es libertad de expresión? No suena bien, no me parece convincente.

Entre el mensaje de una  -“Hay niñas con pene y niños con vulva, así de sencillo”, de Vitoria Gasteiz- y el mensaje de la otra –“Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen”, de Madrid- yo no veo más diferencia que la evidente de que el segundo mensaje es de primero de primaria y el primero tal vez sea de secundaria.  Porque si yo fuera un niño, cosa ya imposible, y leyera los mensajes, el del autobús lo entendería a la primera y sin dudas ni desconcierto, pero el de las vallas publicitarias de Vitoria-Gasteiz requeriría de las explicaciones de un adulto para las que a lo mejor no estaría preparado. Bueno, por ser más exactos, puede que el niño no esté preparado, o incluso que el que no esté preparado sea el adulto para darlas, y entonces vendrán el fomento del odio y la intolerancia. Claro que lo mismo me entraba el furor científico y me ponía a hacer una masiva prueba de campo bajando pantalones y ropas interiores a diestro y siniestro. El resultado de tal prueba de campo me llevaría a dos conclusiones, la primera, empírica, que no entiendo a qué se refiere el cartel porque lo comprobado visualmente no cuadra con el mensaje. Efectivamente, así de sencillo. La segunda, ¡ay pobre de mí! que una parte de la sociedad no comparta, ni comprenda, ni apruebe, mi entrega a la ciencia y pueda acabar metido en problemas y con alguna parte de mi cuerpo contusionada. La gente en ciertas cuestiones es muy suya.

Convencer debe de ser el objetivo y no vencer porque este no es un tema, por más que ciertas posiciones ideológicas lo pretendan, que se deba de confiar al adoctrinamiento, a la imposición, antes bien debe de ser objeto de formación para que permita un desarrollo natural y no conflictivo en la sociedad. Si es que lo que se pretende es integrar y no enfrentar que es lo que al final se está consiguiendo.

Acallar mediante la persecución, el insulto y el aplastamiento toda opinión contraria a cualquier idea propia es una forma de adoctrinamiento que solo puede conducir al odio y al silencio conspiratorio de esas posiciones. Yo por lo de pronto alzo mi voz contra ese sistema de totalitarismo ideológico lesivo para la sociedad y para su formación, y olvido, a propósito, y con rabia, el posicionarme personalmente sobre el tema de fondo porque lo de lo que se trata es de las formas, que aunque parece que no son importantes lo son cuando hablamos de convivencia. Por eso y porque en el ambiente actual posicionarme sería una forma patética y poco convincente de intentar justificar lo que pienso y me niego. Yo tengo derecho a pensar por mí mismo e incluso, en ciertas ocasiones, a discrepar de los que piensen parecido.

 

“Acallar mediante la persecución, el insulto y el aplastamiento toda opinión contraria a cualquier idea propia es una forma de adoctrinamiento que solo puede conducir al odio y al silencio conspiratorio de esas posiciones.”


Y ahora, para acabar de explicarnos a los ciudadanos que es lo correcto y que es lo incorrecto, leo con asombro que una empresa cervecera catalana y la ciudad de Valencia piensan sacar su propia campaña contra el autobús. Espero que sean prohibidas con el mismo rigor y la misma contundencia o simplemente los ciudadanos de a pié, los independientes, los librepensadores estaremos en el camino de perder de nuevo una batalla. Y no es una batalla menor la de defender la ecuanimidad y la auténtica libertad de expresión.

Y además, y por ende, empiezan a surgirme dudas. ¿Qué tiene que ver la cerveza con la transexualidad? ¿Mi posición en este artículo se debe a mi nula ingesta de la tan rubia y espumosa bebida? Un sin vivir, oiga, un auténtico sin vivir esto de no poder estar de acuerdo ni siquiera con las propias ideas. Ya lo decía Voltaire, que el ideal democrático es ser capaz de defender las ideas ajenas por encima de las propias convicciones. ¿Qué quien es Voltaire?, esa es otra.

“No sé por qué piensas Tú, soldado que te odio yo” escribía Nicolas Guillén, cantaba, si no recuerdo mal, Facundo Cabral, “Si yo soy tú y tú eres yo”. Esto si sería democracia, utopía democrática. Demasiado para algunos.

 

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

España, un país saqueado y humillado

No quiero vivir en esta España, no me gusta mi país ni quienes lo dirigen.

No me gusta quienes soportan… no con estoicismo, sino con resignación, tanto abuso de poder, tanta injusticia… No soporto la falta de dignidad de un pueblo desprovisto de sus derechos  y sin futuro.

Sólo veo a mi alrededor cadáveres, gente sin vida  mirando a quienes deciden en la guerra y en la paz, si debemos vivir o morir… porque estar muerto no significa sólo dejar de respirar para siempre, sino también vivir sin vida porque te la han arrebatado.

Veo un sufrimiento  social que me hace daño, que me transmite la desesperación de aquellos de mis congéneres, que a diferencia de los que viven sin vivir, lucharon y siguen luchando por un futuro mejor, intentando derribar la muralla que han construido aquellos herederos del franquismo que han sustituido el yugo y las flechas por una laridae con forma de buitre, igual que los que se cobijan bajo sus alas.

En esto se ha convertido España, en un país en el que la marca “Ñ” sólo se cotiza en el ámbito del turismo, cayendo en el ránking de la economía mundial del octavo al décimo cuarto puesto, eso sin contar una deuda exterior que tardaran en saldar varias generaciones futuras,  y eso si alguna vez lo consiguen.

Un país donde la corrupción política es una de sus principales señas de identidad. Donde la justicia es diferente dependiendo del apellido de quien está sentado en el banquillo y del color de su sangre. Siendo la de color azul sinónimo de exculpación o de trato de favor.

Un país en los que aquellos herederos de la dictadura, a los que me he referido antes, quieren echar más tierra sobre las cunetas que sirvieron de tumba a quienes lucharon por la libertad de un pueblo en un conflicto bélico entre hermanos, propiciado por el dictador, que quienes vencieron se encargaron de prolongar más de aquella comunicación radiofónica de 1 de abril del año 1939, que decía así:

“En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.- El Generalísimo, Franco”.

Todo ello, porque quieren que dejamos en paz a los muertos con el objeto de que sus fosas comunes no sirva de escarnio contra quienes les encumbraron en la política por ser hijos, nietos o sobrinos de quienes con una camisa azul fusilaban en dichas cunetas o en los extramuros del cementerio a quienes pensaban de forma diferente a ellos, generando un clima de terror que duro cuarenta años, durante los cuales no hubo derechos y libertades, sólo la sumisión de un pueblo que cada día se parece más al actual. Se olvidan que para poder pasar página, primero habrá que leer lo que en ella se ha escrito, y pedir perdón, no tanto por las muertes que las hubieron en ambos lados,  sino por el trato recibido de los vencedores tras la guerra.


Tampoco puedo querer a un país, donde los nacionalistas se olvidan de una deuda histórica pasada, y donde el respeto democrático se traduce en guerras de banderas y de lenguas, generando fronteras en vez espacios libres para el dialogo y el debate político.

“quieren que dejamos en paz a los muertos con el objeto de que sus fosas comunes no sirva de escarnio contra quienes les encumbraron en la política por ser hijos, nietos o sobrinos de quienes con una camisa azul fusilaban en dichas cunetas o en los extramuros del cementerio a quienes pensaban de forma diferente”

No quiero pertenecer a un país en el que no hay generosidad con los más necesitados, con los expulsados u obligados a abandonar sus países de origen a cuenta de conflictos bélicos de los que  España es proveedor de armas.

Veo, como el caos cada día se apodera más de nuestras vidas… donde a los ancianos se quedan sin sus pensiones por las que cotizaron durante su larga vida laboral, los empleados sin trabajo, y los parados sin prestaciones…. Donde los jóvenes no pueden ver su futuro a través del humo de tantos de incendios provocados por los pirómanos de esta pseudo-democracia.

Finalmente cierro los ojos, y veo la deflagración de una bomba cuyo onda expansiva se convierte en un payaso asesino de una humanidad cada vez mas abandonada por los poderosos, donde los hombres y mujeres se han vuelto enemigos de ellos mismos por no cuidar de un planeta que se nos prestó para vivir en él y al que tratamos como un estercolero.

Me duelo este país, me duelen sus gentes… me duelen sus injusticias.

 

 

Olga Sánchez Rodrigo
Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

Donde dije digo, digo digo

Es difícil sustraerse  a los debates trampa permanentes que los políticos en general nos proponen para evitar que nos interesemos sobre lo que realmente es importante.

Son múltiples, variados y nos van vaciando poco a poco de energía y de capacidad de reivindicación sobre los temas fundamentales que como ciudadanos, ya no de pleno derecho, realmente deberían de centrar nuestra atención.

Pero si hay un debate baldío, un debate desesperante y lesivo para los ciudadanos es el del lenguaje, es la perversión continua y continuada de la palabra que muchos de nuestros políticos utilizan para evitar que pueda existir un canal fluido de comunicación. Gracias a esta artimaña, burda, intolerable y que ataca directamente al patrimonio fundamental de las personas, que es el lenguaje, el debate se acaba centrando en los términos a utilizar y no en el fondo a conseguir.

Leo con pasmo, casi entre sollozos rayanos entre la risa y la desesperación, que una “portavoza” parlamentaria ha recriminado a otro diputado la utilización del vocablo guardería, que ella, y puede que su grupo, considera inadecuado en vez del mucho más correcto, insisto, para ella, de escuela infantil.

Tan soberana estupidez, se me ocurren otros términos pero tal vez sean inadecuados, se produce porque cierto tipo de políticos necesitan significarse y como al parecer las ideas no son ni suficientes, ni suficientemente brillantes, hay que presentarlas de tal manera que parecen lo que no son, importantes, trascendentes. Esto es, como el presente no vale nada me gasto el dinero en envolverlo.

Seguramente esta señora, o señorita (que antiguo, no?), esta “portavoza”, de lenguaje afilado y réplica presta, no tiene tiempo, ni ocasión, ni interés, de leer el RAE, o simplemente, le importa un pito lo que diga la Real Academia de la Lengua si no coincide con lo que ella cree que debe de decir. Porque si se molestara en leerlo vería que una de las acepciones del RAE dice: “Lugar donde se cuida y atiende a los niños de corta edad”. No habla nada de guardar niños, que es lo que ella argumenta que significa confundiendo la semántica con el significado.

“Tan soberana estupidez, se me ocurren otros términos pero tal vez sean inadecuados, se produce porque cierto tipo de políticos necesitan significarse”

Claro que no es la única confusión, y por eso creo que no es una confusión inocente, también suelen confundir la palabra con la carga de la palabra, su uso con su mal uso y utilizan una regla pacata y destructiva para cambiar el lenguaje y llegar a un punto en el que decir algo simple se acaba convirtiendo en una tarea de titanes. Decir enano es ofensivo, hay que decir persona de talla baja. No, decir enano es decir señor de talla baja y la ofensa puede estar en el que lo dice o en el que lo escucha, pero jamás en la palabra misma.

Existen alrededor de veinte enfermedades diferentes que producen enanismo, término médico que no se si traducir, por no ofender, como “personismo de talla baja”, y cuando le llamo enano a alguien puede suceder que se lo llame a alguien que no lo es con el ánimo de ofenderlo, que se lo llame a alguien que lo es con ánimo de ofenderlo, que se lo llame a alguien que lo sea y que se ofenda, o que se lo llame a alguien que es y simplemente esté apuntando una característica física que ni pretendo que ofenda ni ofende. Si hay ofensa la carga se le da a la palabra, no la tiene esta por sí misma, y por tanto lo que tengo que cambiar es la educación del que ofende o del que se ofende, no sustituir la palabra por otra, o por otro circunloquio, que podrá acabar cargándose de igual manera.

Uno de los grandes logros del lenguaje es la economía, es la capacidad de resumir un concepto complejo en una palabra y lo que se pretende de unos años a esta parte es justo lo contrario en aras de un puritanismo conceptual absolutamente interesado, sustituir la definición por una descripción, pervertir las reglas básicas de la comunicación acusándolas de ser portadoras de sentimientos y orientaciones. No, las palabras solo son vehículos de comunicación, sin más carga que la que cada uno quiera darles, al escucharlas o al pronunciarlas.

Una persona de edad avanzada es un viejo, una persona de talla baja es un enano, una persona que comercia con el trabajo de los demás es un explotador, no, un empresario tampoco, aunque en ocasiones puedan coincidir las dos cosas, y una escuela infantil, donde se enseña y educa a los niños de corta edad es una guardería.

Se ponga usted como se ponga señora “portavoza”. Para algunos, ya sabemos, viejos, carcas, fachas, indignos de ser mirados como iguales por ustedes, confundidos y confusos, la palabra es un valor tan importante que no estamos dispuestos a callarnos ni debajo del agua cuando observamos la “invención” del nuevo lenguaje. Como al poeta, nos queda la palabra, y con ella sabemos lo que decimos, lo que queremos decir e, incluso, lo que quieren algunos que acabemos por decir.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

¿Se acuerda alguien de la Justicia?

La convivencia en una sociedad está marcada por una serie de valores que los individuos que la componen deben de asumir y practicar. Hablamos mucho de libertad, hablamos mucho de tolerancia e incluso de igualdad, pero ¿se acuerda alguien de la justicia?

Si nos atenemos a títulos prebendas y frases rimbombantes  podríamos concluir que la justicia es la virtud colectiva de mayor presencia en las instituciones, la que mayor número de veces es mencionada por los políticos, por los ciudadanos, por la sociedad en general. Hasta existe un Ministerio de Justicia, así, con algunas mayúsculas.

Rara es la vez que no se escucha a los políticos hablar del imperio de la ley para aclarar a continuación que la justicia es la misma para todos.  Pero el día a día, la terca realidad cotidiana viene con obstinación a dejar algo más que dudas en nuestra puerta de la conciencia social. Sin duda este es el imperio de la ley que bordea, pero muy por fuera, el ansia de justicia de los ciudadanos. Eso sí, habitualmente de justicia para los demás.

Porque si algo queda claro, si uno se fija con cuidado, es que cuando hablamos de justicia, a veces hasta con mayúscula, nos estamos refiriendo a aquello que cada uno considera justo para el prójimo, así con minúscula, pero que en absoluto puede aceptar que le sea aplicable a él mismo.

Nos viene de largo. El país que inmortalizó la picaresca, que convirtió el patio de Monipodio en escuela para instituciones públicas, y privadas, solo podrá tener el privilegio de tener unas leyes, o una aplicación de la ley, que reflejen su propio carácter

Un país que grava con IRPF las pensiones, que discrimina a sus ciudadanos en función de la parte territorial en la que residan, que consiente que ciertas entidades privadas se enriquezcan a costa de la miseria de sus ciudadanos, que permite que el frío, el hambre o la educación de sus administrados sean objeto de dividendos, que permite la especulación con la vivienda de los que se quedan en la calle y que se les arruine de por vida, que institucionaliza e incluso permite que se abuse de leyes y normas recaudatorias, que hace de la presunción de inocencia un títere en manos de la presunción de veracidad de los funcionarios, ese país, puede que sea el imperio de la ley, pero sobre la justicia ni llega a sospechar que exista.

Es verdad, a que negarlo, que la Justicia es rea de la Verdad, y que a nivel humano la Verdad es un concepto inalcanzable. Qué duda cabe. Pero de ahí a promover y legislar para promover la injusticia va un trecho que en muchos casos ya se ha recorrido. Y por eso, precisamente por eso, el único acercamiento a la justicia que le cabe al ciudadano es que no se le considere culpable salvo que se pueda demostrar lo contrario.  Son la presunción de inocencia y la probatura de culpabilidad. Demostrar la inocencia es en muchos casos y tal como está montado el sistema, una imposibilidad, imposibilidad que favorece siempre al que detenta la administración. Leer “El Proceso” de Kafka puede resultar una suave introducción a esa realidad.

Yo no sé, puedo tener sospechas, incluso fundadas, si la Infanta es culpable o inocente, ni lo sé ni me importa con este planteamiento que ya de raíz es injusto. Porque la causa que se seguía era por un tema económico, no de nombre, no de cuna, no de institución o político. Estos condicionantes del personaje no pueden, no deberían de, afectar a la justicia, no deberían de afectar a su aplicación legal.

Pero los linchadores de rigor, los que solo están dispuestos a aceptar un resultado, ya se han lanzado a la calle, a la física y a la mediática, para, sin pruebas, sin otros argumentos que la sospecha, la suposición o el rechazo hacia la institución a la que pertenece, condenar a la persona por ser personaje. Eso no es Justicia, eso no es ni siquiera legal, pero da igual, por ser quien es o por pertenecer a lo que pertenece algunos ya la consideran culpable sin remisión. Triste sentido de la justicia. Nulo sentido de la legalidad. Volvamos entonces a ley de Lynch, a los tribunales populares o a las confesiones por tortura, y que dios nos pille confesados si a alguno de nuestros vecinos le parecemos culpables de algo, posiblemente nos encuentren emplumados, colgados de un árbol al amanecer o perezcamos en una hoguera en alguna plaza pública. Aunque ahora que lo pienso ya hemos vuelto, ya tenemos ajusticiados al amanecer, periodístico o mediático, sin juicio previo y sin acceso a la presunción de inocencia. Ya algunos pobres infelices mueren víctimas del acoso o de la violencia gratuita de aquellos que no soportan la libertad ajena.

“Pero los linchadores de rigor, los que solo están dispuestos a aceptar un resultado, ya se han lanzado a la calle, a la física y a la mediática, para, sin pruebas, sin otros argumentos que la sospecha, la suposición o el rechazo hacia la institución a la que pertenece, condenar a la persona por ser personaje.”

Aunque yo tampoco crea en mi fuero interno que la sentencia sea justa, sí considero que es legal. Nadie me ha podido demostrar, yo al menos no lo veo, la culpabilidad de la persona. Nadie ha aportado pruebas, nadie ha declarado su culpabilidad con contundencia y sin beneficio propio. Y en ese caso prima la presunción de inocencia, para mí y para cualquier persona o personaje.

Y para colmo, en medio de este batiburrillo que marca, como cada día en cada juzgado, como cada día en cada ciudad y pueblo del mundo mundial, la infranqueable distancia que media entre la legalidad y la Justicia, cierto juez directamente implicado en el caso se descuelga con unas declaraciones públicas en las que se dedica a verter a la opinión pública, a través de la publicada, sus sospechas, sus insinuaciones, sus particulares y personales apreciaciones de indicios no compartidos por los jueces que han visto el caso.

Bien, señor juez, bien. Seguramente habrá una gran parte de la opinión de la calle, y de la de los medios de comunicación, que lo considerarán un héroe popular. Espero que se conforme con eso, o que sea eso lo que sus palabras han buscado. Para mí un juez que hace una demostración tal de no creer en la presunción de inocencia me parece patético, no personalmente, no individualmente, si no como persona formada y encargada de administrar las leyes. Como persona que, posiblemente, acabe siendo Personaje.

En el cuento “Ley y Justicia”, del libro “Arnulfo Aprendiz”, Arnulfo le pregunta a su Maestro:

– Maestro, ¿Por qué existen más leyes que instantes tiene la vida de un hombre? Y ¿por qué casi todas, si no todas, son injustas?

Si a la injusticia palmaria de las leyes, y por propia iniciativa, le sumamos la negación contumaz e interesada del principio de presunción de inocencia acabaremos acostumbrándonos a que aparezcan cadáveres en el río o emparedados en las viviendas, y proliferarán los miserables que marquen la culpabilidad de los demás. Eso sí, entonces podremos ahorrar unos dineros en estructuras legales que permitan un mayor enriquecimiento de los de siempre, y el poder ilimitado y omnímodo que proporciona administrar la injusticia.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Normas de tráfico, el negocio irrenunciable.

Tal vez estas palabras sobran. Bastaría con decir: más de lo mismo, y estaría todo dicho. Todo dicho pero con casi todo por decir.

Más radares, más recaudación, más represión, más tirar para lo que interesa en detrimento de lo importante. Más formas de perseguir económicamente al conductor sin que importe si se mata o mata a alguien tres kilómetros más allá de que le hayan puesto una multa. Nada de prevención, nada de optimización. Nada de formación o de racionalización.

Es tan fácil como poner unos cuantos radares, disminuir de forma torticera la velocidad del tramo y cazar con unas fotos al incauto que pasaba por allí. Ya ni siquiera pararlo para obligarlo a identificarse y perder tiempo. Con un poco de suerte en el siguiente radar lo volveremos a cazar y ponerle otra multa. Eso sí, todo bien señalizado, todo bien orquestado para que parezca otra cosa.

Porque el peligro está en la velocidad. No, por mucho que algunos insistamos, el peligro no está en esos personajes conducidos al vértigo por unos vehículos que son incapaces de controlar, aferrados al volante con los nudillos blancos por la fuerza de la tensión con que lo cogen, volcados, casi tumbados, sobre él en un intento desesperado y desesperanzado de lograr ver algo más allá de los caballos que los preceden. El peligro, al parecer, no está en esos personajes incapaces de conocer cuál es la capacidad técnica del vehículo que conducen, ni de incorporarse a una vía armonizando su velocidad, ni de maniobrar con un mínimo de agilidad y dominio de los tiempos. El peligro no está en esos documentados conductores asustados por su propia impericia, incapaces de reaccionar, y a los que cualquier velocidad que supere la inadecuada suya es una temeridad de los demás. El peligro no está en esos conductores de tiovivo que ante la duda frenan en medio de una carretera o de un carril para incorporarse a otro porque no son capaces de sincronizarse con una marcha diferente o que conducen siempre por un carril central o izquierdo porque son incapaces de medir las velocidades y distancias para adelantar a otro vehículo ni siquiera en carreteras de carriles múltiples.

No, efectivamente, el peligro no está en la permisividad culpable y recaudatoria a la hora de conceder el permiso de conducir a personas con características físicas o mentales que los hacen incapaces. Es curioso que no todos sepamos jugar al fútbol, escribir poesía o saltar de un trampolín, pero al parecer toda la humanidad es capaz de desarrollar con suficiencia una actividad tan compleja y peligrosa como conducir un automóvil.

Siempre he oído decir que el transporte aéreo es mucho más seguro que por carretera. Y siempre he pensado lo mismo, si se le diera el título de piloto a las mismas personas a las que se les proporciona el carnet de conducir, y con el mismo rigor, hace tiempo que la población mundial habría disminuido, o la raza humana estaría extinta. Entre los que se mataran por impericia y a los que fueran matando en sus propios accidentes no quedaría más rastro de los hombres que el que dejaran las catástrofes producidas por todos esos pilotos, ahora conductores, incapaces.

Pero bueno, al fin y al cabo, más de lo mismo. Nada que recorte la capacidad sancionadora. De las medidas que en presente, y, sobre todo, en futuro serían necesarias. Por si acaso a alguien le pudieran interesar voy a enumerar las que a mí me perecerían realmente enfocadas a solucionar un problema grave:

  • Reparación por tramos, no por agujeros, no por centímetros cuadrados, del firme de las carreteras. Y en algunos casos nos solo del firme si no de esas bases estructurales que favorecen la creación de badenes y el cuarteamiento y deterioro de las capas asfálticas
  • Adecuación de las normas de velocidad a la verdadera limitación que debería de estar determinada por la capacidad del conductor, el tipo de vía y las características técnicas del vehículo: frenado, aceleración, relación del cambio y comportamiento en curva, en mojado, con viento. Yo tuve un SEAT Panda con el que me podía matar a partir de 60 Km/h y un FIAT Coupé con el que tenía mucha más seguridad a 180.
  • Endurecimiento de las pruebas para la obtención del permiso de conducir. Hacer un examen periódico durante los cinco primeros años para determinar la evolución de las capacidades, y establecer tipos de permisos en función de esa evolución.
  • Asociar los tipos de vehículos que puedan conducirse a las capacidades demostradas. Cuantos novatos, jóvenes o no jóvenes, vivirían aún si se limitaran los vehículos disponibles según las pericias constatables.
  • Endurecimiento de las pruebas de aptitud a partir de cierta edad y revisión del nivel de permiso.
  • Instalación en los vehículos, asociado al arranque, de un detector de sustancias inadecuadas para la conducción. Si usted no está en condiciones de conducir no lo voy a sancionar, simplemente no va a poder conducir. Y existe.
  • Un plan de formación integral de formación vial y ciudadana donde se enseñe a los niños, desde pequeños, normas, comportamientos, y fundamentos básicos de la circulación. A la vez que se podría evaluar al futuro conductor antes incluso de que pensara en serlo. Psicología, capacidades físicas, capacidades técnicas y espaciales.
  • Revisión de toda la señalización y eliminación de aquella que no tenga otro objeto que el de aumentar la recaudación o facilitar labores coercitivas.
  • Eliminar con regularidad y rigor obstáculos visuales que entorpecen la conducción en vías secundarias: carteles, señales, árboles…

Por supuesto estas medidas reducirían considerablemente la recaudación porque su fin no es sancionar, si no facilitar y salvar. Es comprensible que todo lo que se pueda captar con cámaras y se pueda imprimir en un papel es más sencillo, rentable y cómodo. Y al fin y al cabo cuando no podamos pagar más multas por que el dinero no nos llegue para vivir iremos más despacio, no habrá casi muertos, pero seremos los mismos incapaces, incívicos y reprimidos conductores que solo actuarán por el palo, sin entender ni asumir el  porqué de nuestros moratones, suponiendo que haya otro porqué diferente del dinero mismo.

¿Y este que escribe esto quien es para decir estas cosas? Un ciudadano que aprendió a conducir cuando tenía ocho años, que frecuentaba en verano los parques infantiles que la DGT montaba en los colegios y ayudaba a probar los karts. Un niño, entonces, hace ya tanto, que coleccionaba, y aún guarda, la colección de cromos de la DGT con las señales y las normas de circulación y que se los empapaba. Alguien que al cumplir los dieciocho años obtuvo su permiso de conducir sin necesidad de pisar una autoescuela porque ya llevaba años sabiendo conducir y conociendo las normas. Un apasionado de los coches que lleva más de dos millones de kilómetros recorridos, y solo ha tenido un accidente conduciendo. Accidente que asume que fue por su culpa y nada más que por su culpa.

Yo me pregunto muchas veces si estos sesudos de la represión, del palo y tente tieso, han conducido realmente alguna vez. Si alguna vez han prescindido del coche oficial con chófer y han vivido el día a día de las carreteras, ese que viven los comerciales, los camioneros, los conductores de autobús, todos los que tiene que desplazarse por carretera por mor de su trabajo. Esos que comprueban como hay dos sensaciones diferentes en la carretera: la de los días de diario y carretera abierta, plácida y relajada y la sensación crispada de peligro permanente que les invade, que nos invade, en periodos vacacionales, fines de semana o proximidades de ciudades.

“Yo me pregunto muchas veces si estos sesudos de la represión, del palo y tente tieso, han conducido realmente alguna vez. Si alguna vez han prescindido del coche oficial con chófer y han vivido el día a día de las carreteras”

Definitivamente, una vez más, sobran estas palabras. Lo peligroso no es la velocidad inadecuada, por exceso, por defecto, por aburrimiento que luego llamarán distracción, lo realmente peligroso, lo único, es el exceso de velocidad, signifique ese concepto de exceso de velocidad lo que signifique. Y la única forma de meter a los conductores, a los ciudadanos, en vereda es la coacción, la sanción, la persecución. Si es que somos como niños.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Volveremos a empezar (si nos dejan)

Nos hemos convertido en una sociedad mediocre. Acobardada, servil y mediocre.

 

Y no me estoy refiriendo a la sociedad española exclusivamente aunque sea la que tengo más presente, me estoy refiriendo a la sociedad occidental en general que está culminando un camino de varios siglos en los que, salvo hechos puntuales, se ha ido refugiando en un adocenamiento inducido por la cesión del individuo hacia las instituciones.

El individuo, armado de sus números (de cuenta, de identificación, de acceso a la sanidad, de matrícula laboral, de teléfono,…) se va diluyendo en medio de unas estructuras de poder inicialmente diseñadas para resolver los problemas comunes y que con el tiempo se han ido convirtiendo en voraces organismos fuera del control ciudadano en el mejor de los casos cuando no en causa directa de los mayores problemas del mismo.

Es inconcebible que convivamos con normas y leyes dictadas en nuestro favor (póngase el tono ironía activo) que todos sabemos puramente recaudatorias y coercitivas y no seamos capaces de obligar a sus promotores a retirarlas avergonzados de forma fulminante. No, no solo no las retiran y nos piden perdón, si no que con la cabeza alta y la soberbia de quién se considera por encima de sus administrados nos enumeran una lista infinita de pretendidas ventajas para nosotros.

Las leyes, las normas, ya no son un instrumento de defensa de la razón y la convivencia, ahora, aquí, para casi todos, las leyes y las normas son un instrumento administrativo para despojar al ciudadano indefenso ante la aplastante maquinaria de unos organismos administrativos centrados en la explotación inmisericorde del bolsillo privado. Más allá de la justicia o la razón, más allá de la equidad o idoneidad de la aplicación de las normas, la administración persigue al ciudadano hasta límites intolerables, moralmente reprobables, bordeando la ley hasta su aplicación fraudulenta e interesada.

Así que el ciudadano asiste entre el pasmo y su incapacidad de una reacción acorde a su indignación a su continuo despojo, a su permanente indefensión, al pisoteo sistemático de sus derechos individuales desde las diferentes administraciones -¿Por qué tener un expoliador si podemos tener varios y que se escuden unos en otros?- o desde grandes corporaciones protegidas por las leyes que les permiten actuar de forma lesiva e injusta sin otro derecho que el de la coacción de suspender un servicio básico ante cualquier posibilidad de resarcirse o rebelarse que el ciudadano de a pié pueda tomar.

Es intolerable la situación, el descaro, pero se toleran. Son intolerables las formas, los fondos y las explicaciones, pero se toleran y se mira hacia otro lado. Son intolerables los personajes que medran al amparo de estas normas, de estas leyes, y que añaden a la vejación de su aplicación la insultante, muchas veces, actitud personal de inquisidor, la altiva confrontación de quien se cree con una superioridad e impunidad que insulta, que veja, que condena a quien le paga aún antes, sin ni siquiera haberlo escuchado.

“Es intolerable la situación, el descaro, pero se toleran. Son intolerables las formas, los fondos y las explicaciones, pero se toleran y se mira hacia otro lado.”


Es un fraude de ley la presunción de veracidad que permite gravar y/o condenar a un ciudadano sin otra prueba que la denuncia de otro ciudadano al que se le concede tal privilegio por motivos de mayor facilidad condenatoria. Es un fraude de ley que reconocida la presunción de inocencia en la constitución el ciudadano tenga que demostrarla ante cualquier conflicto con la administración o funcionario o personal asimilado y no estos su culpabilidad. Baste su palabra

Es fraude de ley utilizar los plazos y recursos de la administración para dejar indefenso, sin capacidad de reacción al ciudadano, pero tanto la administración central, como las administraciones autonómicas, como los ayuntamientos lo hacen sistemáticamente sin que nadie parezca dispuesto a intervenir o capaz de ponerles coto.

Es fraude de ley, pero su aplicación es permanente, que las leyes y normas se utilicen con un fin diferente de aquel para el que fueron aprobadas.

Es fraude ciudadano que alguien pueda ser condenado por lo mismo que otro sea absuelto, baste cambiar de juez, de ayuntamiento o de comunidad autónoma.

Es fraude de ley que una ley no tenga otro objetivo que despojar a un ciudadano de una parte o la totalidad de los bienes sin pararse en su justa aplicación moral ni en las consecuencias económicas o laborales para el condenado.

Pero a todo esto asistimos y nos callamos. Todo esto lo sufrimos y los seguimos votando con unos criterios que solo pueden entender los forofos, los partidarios, los que están dispuestos a pasar por lo que sea para que no ganen los otros, tan descarados, tan sinvergüenzas, tan dañinos como estos o más, pero con una etiqueta diferente. Y es tal el hartazgo, la desinformación, que cuando queremos salirnos del follón creado solo vemos la opción de los mesías de la palabra hueca, del populismo sin soluciones, del mesianismo del ciudadano uniforme y plano tan contrario a la libertad y a las libertades.

Y es que en apenas dos siglos el habitante de los países occidentales en general ha sufrido una imparable mutación de ciudadano en contribuyente y de contribuyente en paganini. Tan imparable e indeseada mutación amenaza con no dejar las cosas así y convertir al paganini actual en un aborregado esclavo de un gran hermano, insospechado por su origen para Orwell en unos casos y exacto en otros, que ya claramente asoma las orejas.

Balad, balad hermanos, con las papeletas en las manos.
Elegid, elegid con esmero quién os quitará el dinero.
Bailad, bailad los triunfos de los que os van a despojar.
Y cuando estos acaben, después de cuatro años, volveremos, volveremos a empezar. (Si nos dejan).

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Inútil y cobarde

Si se hiciese un concurso como el de Got Talent para presidentes del gobierno, seguro que el nuestro lograría un buen puesto, si por talento entendemos la aptitud para desarrollar una habilidad que, en su caso, sería la de cerrar el ojo izquierdo cuando miente, algo muy habitual en él y en los suyos.

Por lo demás, además de su cualidad de empollón, lo que le permitió sacar el número uno en las oposiciones de Registrador de la Propiedad, con ayuda, posiblemente, de las personas a las que entonces se arrimaba, como el Sr. Fraga o la familia del mismísimo Franco; nada más merece la pena resaltar de un ser tan simple.

Nadie me puede negar que estamos ante un ser anodino, ante alguien que no transmite absolutamente nada, sólo y como un papagayo, las consignas marcadas desde Europa, de ahí las palmaditas de algunos dirigentes como su mentora ante la Unión Europea, Angela Merkel, máxima defensora de la política de contención del gasto en los países más pobres, por lo tanto los más endeudados, que forman parte de ella.

El Presidente De Galicia Manuel Fraga Y El Vicepresidente Del Gobierno Mariano Rajoy Durante El Acto Galicia 2010

El Presidente De Galicia Manuel Fraga Y El Vicepresidente Del Gobierno Mariano Rajoy Durante El Acto Galicia 2010


Pero hay otra “cualidad” que también marca la personalidad de quien estamos hablado, y es la cobardía. Cobarde ante Europa, pero sobre todo cobarde ante Estados Unidos, al haber sido incapaz de condenar, como otros muchos dirigentes que fuera y dentro de Europa han hecho frente a la política de exclusión y confrontación de Donald Trump, contraria a los derechos humanos. Sin embargo Rajoy se esconde, como siempre ha hecho. Lo hizo cuando apareció su nombre en los papeles de Bárcenas, detrás de una televisión de plasma; y lo sigue haciendo cada vez que hay que dar la cara por algún tema importante.

María Rajoy en rueda de prensa tras saltar a la luz el caso Bárcenas

María Rajoy en rueda de prensa tras saltar a la luz el caso Bárcenas.

 “lo peor, de lo peor, no es que hayamos perdido parte de nuestra soberanía, sino que cada día que pasa estamos perdiendo nuestra dignidad como pueblo, como país”


Está meridianamente claro que nuestro país perdió parte de su soberanía cuando ingresamos en la Unión Europea, por ser otros los que marcan la política económica y social que debemos seguir, bajo pena de intervención y rescate, cuestión que del todo no debería ser descartada, teniendo en cuenta la alta deuda exterior que tenemos, aunque algunos quieran ver cierta mejoría económica que, para nada, esta repercutiendo en los ciudadanos de “a pie”, sino, a tal caso, en aquellos que a cuenta de esta estafa, llamada crisis, todavía han visto incrementadas aún  más su fortunas.

Pero lo peor, de lo peor, no es que hayamos perdido parte de nuestra soberanía, sino que cada día que pasa estamos perdiendo cada vez más nuestra dignidad como pueblo, como país, como nación, o narices queramos llamarlo, y todo gracias a este ser que, por su inutilidad y cobardía es imposible que brille con luz propia, de ahí que merezca el nombre dado por algunos, con cierta benevolencia, de Don Tancredo, y digo benevolencia porque la lengua de Cervantes es lo suficientemente rica para llamar a las cosas por su nombre: en este caso inútil y cobarde.

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El pan nuestro de cada día

¿Y ahora qué?, aquellos que tienen la paciencia de leerme habitualmente saben de mi propensión al uso del refranero y no es cosa de traicionarme  a mí mismo: “A lo hecho, pecho”.  Que viene a querer decir algo así como habértelo pensado antes.

Lo de Trump ya no tiene solución, ni sus valedores, que son muchos, poderosos y ocultos, van a permitir que la tenga hasta que haya cumplido su misión.

En este mundo que nos ocupa, y que parece ser que ocupamos, y concretamente en esta llamada civilización nuestra de cada día, alguien nos convirtió en piezas de un ajedrez cuyas dimensiones ignoro, aunque intuyo. La necesidad de esas piezas obligó a hacernos una serie de concesiones que por motivos de estrategia o de captación fueron seguramente más allá del límite previsto y ahora toca retocarlas, recortarlas o, si no nos ponemos un poco tensos, eliminarlas.

Alguien nos contó, y nos lo hemos creído, que somos seres libres, que vivimos en una democracia, que tenemos derechos intocables y diseñados ex profeso para nosotros… bueno, yo también estoy de acuerdo en que la muerte de la madre de Bambi fue una putada, aunque me consta que la madre de Bambi nunca murió.

Lo de que somos libres no pasa de ser una apreciación con cierto de nivel de autocomplacencia que clama al cielo. Recuerdo cierta viñeta de Quino sobre la situación física y anímica del padre de Mafalda antes y después de una jornada laboral y la reflexión final del personaje: “mandamos al trabajo un padre y nos devuelven esto” decía Mafalda contemplando la entrada de su padre, encorvado, física y anímicamente, con la ropa arrugada, la corbata floja y torcida y una cierta expresión de alelado cansancio en el rostro.

Somos libres de elegir donde conseguir una choza para vivir y por la que vamos a hipotecar nuestro presente y, en muchos casos, nuestro futuro. Somos libres de elegir quién nos va a proporcionar los cromos necesarios para poder pagar la choza, para poder tener que comer, con que calentarnos, poder beber e incluso, si no hacemos tonterías, donde van a reposar nuestros restos, porque ni siquiera somos dueños de nuestro cadáver hasta que no hemos pagado por él.

Desde Santa María de Iquique hasta nuestros días lo del dinero corporativo ha mejorado mucho, tanto que antes se consideraba un símbolo de opresión y ahora se considera una garantía de libertad. El que una estadística reciente diga que el 1% de la población mundial tiene tantos cromos como el 99% restante da una idea de que unos los tienen y otros los quieren, de que unos detentan el poder y los otros buscan desesperadamente las vías para acceder a una parte, eso si virtual, de ese poder.

Respecto  a la democracia, que quieren que les diga, debo de tener un ataque de cinismo, pero a mí me parece que lo que tenemos hoy en día es una especie de despotismo ilustrado con derecho a voto, una suerte de muleta electoral donde nunca se decide nada de lo que realmente sería importante. Una engañifa para acallar inquietudes y aspiraciones sin concesiones.

Solo hay dos maneras de ser libres, solo dos con un poco de suerte, pertenecer al 1% que es propietario de facto de este mundo en el que vivimos o lograr un billete, y no hay taquillas que los expendan, a un lugar en el que el 1% no esté interesado, acurrucarse en él y pasar sigilosamente por este mundo. Esto es, lograr estar fuera del sistema y, por supuesto, saber que existe la libertad, como reconocerla y desearla. No, por dios, ser un anti sistema no, si usted piensa eso es que no ha entendido nada, un anti sistema no es más que alguien que fortalece al sistema diciendo que se opone a él, alguien que permite que el sistema recrudezca sus represiones para preservar el bien común, el bien común del 1% por supuesto.

Claro que solucionar esto requeriría que el 99%, bueno el 95%, actuara de común acuerdo saboteando las trampas puestas a nuestro alcance para evitar que cuestionemos el sistema. El confort, la aparente libertad, la riqueza, la democracia hueca, el terrorismo, las fronteras que preservan las diferencias y nos aíslan de las desgracias ajenas, los populismos facilones, las izquierdas, las derechas, la desinformación plural, la educación que alfabetiza adoctrinando, los sistemas financieros diseñados para hacernos creer que existe “La Isla”.

¿Qué sucedería con el sistema si todos a una dejáramos de votar? ¿Dejáramos de abrir cuentas en los bancos? ¿Dejáramos de alimentar las maquinarias recaudatorias montadas para controlar nuestro pobre enriquecimiento? ¿Dejáramos, en definitiva, de cambiar nuestra libertad individual por unos pretendidos beneficios de civilización?

Hemos sido divididos en  naciones, en regiones, en ideologías, en religiones, en calidades de vida, en accesos a posibilidades, y el sistema se encarga de que los que están en mejores condiciones se preocupen de que los que están peor no puedan acceder a lo que ellos tienen y de que, por supuesto, en esta lucha ni se preocupen de los que lo tienen todo.

Pues eso, ahora viene Trump y nos da una vuelta de tuerca. Y después vendrá Marie Le Pen o Pablo Iglesias o cualquier otro que sirva para atemorizarnos o para provocar una reacción que siempre será favorable a los que manejan los tiempos, los recursos y los engaños.

Pero nosotros a lo nuestro. ¿Trump o Clinton? ¿Susana Díaz o Pedro Sánchez? ¿Ingleses o europeos? ¿Españoles o catalanes? ¿Indíbil o Mandonio? Vamos a continuar en la inopia, vamos a seguir comprando la felicidad de que al menos podemos elegir la cara y el sistema por el que vamos a seguir siendo disciplinados, engañados, toreados, y le llamaremos libertad, y le llamaremos democracia, y nos

“Vamos a continuar en la inopia, vamos a seguir comprando la felicidad de que al menos podemos elegir la cara y el sistema por el que vamos a seguir siendo disciplinados, engañados, toreados, y le llamaremos libertad”

abrazaremos a las migajas que tenemos para evitar que otros nos las quiten y en ese abrazo olvidaremos que hay otros que tienen el pan del que se han desprendido las migajas.

¡Qué digo!, olvidaremos hasta que existe el pan.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

¿Una cabalgata solidaria?

Pancarta Bienvenida Refugiados en el Ayuntamiento de Madrid

Tenía ganas de ver la cabalgata de los Reyes Magos en Madrid, después de la desastrosa y polémica, me salía podèmica pero no existe, del año pasado que logró superar en esperpento y decepción a las que desde tiempos del ínclito Gallardón nos habían perpetrado a los que intentamos conservar, aunque solo sea un par de días al año, el espíritu mágico de nuestra infancia.

Y me gustó. Los Reyes parecían reyes, los acompañantes tenían más aspecto festivo y menos aspecto alternativo y solo faltaba que el recorrido hubiera sido el tradicional entre el Paseo de Coches del Retiro y la Plaza Mayor, pero eso ya sería pedirle peras al olmo, aunque permítaseme: “!Olmo, una de peras¡”

Pasé un rato agradable viéndola discurrir y viendo esos gritos de nerviosismo incontenible de los niños, y de algunos mayores, la suficiencia complaciente de otros mayores y las ganas generales de disfrutar, de ilusionarse.

Los fuegos finales brillantes, dignos de la ocasión y de la magnificencia de los protagonistas, pero, sucedió algo que me cambió el humor, la cruda realidad se entremetió en la magia y la alegría del momento. El lado cutre marginal de ciertos ocupantes de la institución municipal madrileña afeó toda la brillantez de la ocasión.

Al menos, por esta vez, los pequeños no debieron de reparar en el mal gusto, intelectual, social y estético que afea de forma permanente un edificio emblemático de Madrid. Emblemático y representativo desde que el faraónico gusto de cierto alcalde que no quiero renombrar lo convirtió en su pirámide particular. Faraónica al menos la obra lo fue en cuanto al coste.

Un sabanón de dimensiones considerables cuelga de la fachada del ahora ayuntamiento, un sabanón originalmente blanco y al cabo de los meses testigo de la contaminación ambiental de la capital ilustra de forma deleznable el frente de la joya arquitectónica y su mal gusto solo rivaliza con el mal gusto del mensaje pintado a brochazos en su superficie: “REFUGEES WELCOME”.

Digo yo, y  no creo estar especialmente desacertado en lo que digo, que el ayuntamiento de Madrid tiene medios para hacer llegar su mensaje, que representa a todos los madrileños de la capital, de una forma menos cutre y marginal. Que la solidaridad no tiene por qué ser expresada como una reivindicación, que la solidaridad cuando se expresa en ciertos niveles es una línea a seguir con hechos, con propuestas, con trabajo y no con sábanas que ensucian, afean y quitan esplendor, o al menos belleza.

Y como cuando me indigno, cuando me cabreo, la cabeza se pone a dar vueltas, empiezo a rizar el rizo, o a hilar más fino, y me planteo que a lo mejor el mensaje que se quiere transmitir es precisamente el que transmite el sabanón, es un distanciamiento de la representatividad que ostentan, un rechazo a las instituciones que ocupan, una marginalidad respecto al pueblo al que representan.

¿Y por qué en España, que tiene uno de los idiomas con más parlantes del mundo, se cuelga un cartel en otro idioma diferente y que tampoco es el de los posibles refugiados? ¿Es que solo son bienvenidos los que sepan hablar inglés? ¿Es que el cartel solo es para que lo lean los turistas que pasan por la zona? ¿Por si quieren pedir refugio? ¿Es que se quiere afrentar a todos los refugiados que ya hay y que no hablan, ni tiene por qué, ese idioma foráneo? ¿O es que los que lo han hecho consideran menor su propio idioma?

Pancarta Bienvenida Refugiados en el Ayuntamiento de Madrid

Pancarta Bienvenida Refugiados en el Ayuntamiento de Madrid

Y ahí, tras esta última reflexión, ya se me viene toda la bilis a la boca. Porque dado que los autores de la soflama textil son personas que muestran su permanente disgusto hacia todo lo que nos rodea: tradiciones, fiestas, historia, personajes, personas y convivencia en general. Dado que consideran que para que este sea un país pasable hay que tirar todo abajo y hacerlo de nuevo, eso sí, como ellos dicen.

Dado que si por ellos fuera más de la mitad de los habitantes de este país, los que tenemos más de cuarenta y cinco años y otros más que tengan menos pero no piensan como ellos, tendríamos que estar muertos o inhabilitados socialmente,  ¿Cómo pueden ser tan crueles de desearles a personas sufrientes y necesitadas que vengan a semejante lugar? Si yo fuera solidario, como ellos pretenden ser, montaría un servicio de disuasión al pretendido refugiado: “Váyase usted a cualquier otro sitio. Aquí no hay quién viva. Al menos hasta que nosotros gobernemos”. Claro, en inglés, por supuesto, lo que pasa es que como yo no sé, no puedo escribirlo.


Bueno, y esa es otra, ¿Por qué en inglés? Sería más lógico, en árabe, en algunos idiomas africanos o en el idioma original en el que hablen los refugiados, que seguro, seguro, que no son anglosajones. Incluso, si la vista y el oído no me engañan, muchos de los que aquí ya están hablan en un español nativo que no necesita traducciones.

Y también, si no me engaño, que no me engaño, son estos mismos los que, en este caso con toda razón, denuncian las carencias de los discapacitados, dependientes, marginados y desfavorecidos en general. Y ahí tienen razón, toda la razón, las ayudas a los necesitados son absolutamente, vergonzosamente, ofensivamente, insuficientes. Pero estando de acuerdo yo no invitaría a otros a compartir la insuficiencia que compartida sería aún más insuficiente. Yo no invitaría a otros a participar de la miseria y la marginalidad antes de solucionar la que afecta a los que ya están.

Porque las posturas pretendidamente solidarias están muy bien, son estéticamente impecables, pero revisadas éticamente son una mierda, son tan insolidarias o más que las que pretenden levantar fronteras a los que necesitan traspasarlas. Son tan autocomplacientes, banales e insostenibles que dan asco.

 

“Porque las posturas pretendidamente solidarias están muy bien, son estéticamente impecables, pero revisadas éticamente son una mierda, son tan insolidarias o más que las que pretenden levantar fronteras a los que necesitan traspasarlas. Son tan autocomplacientes, banales e insostenibles que dan asco.”

Yo cuando invito a alguien a mi casa, lo invito para homenajearlo, para intentar compartir momentos y situaciones placenteras para ambos. Si lo que hago es necesitarlo para un trabajo, entonces lo contrato, no lo invito, y me aseguro antes de tener los elementos y labores suficientes para que su trabajo sea eficaz. Y sobre todo, sobre todo, me aseguro de tener el dinero suficiente para poder pagarlo. Lo contrario, es una baladronada o, si me apuran, un  engaño.

Pues eso, que muy bonita la cabalgata de Madrid este año.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Ni p’a tí, ni p’a mí

Ser adivino en ciertas circunstancias no es más complicado que mirar al mar y concluir que es muy grande y tiene mucha agua. Ser adivino estando al margen de implicaciones emocionales o de filiaciones pasionales no tiene más mérito que el de reflejar lo evidente.

Dije ya hace tiempo, de ahí lo de adivino, que Podemos era un partido sin ideología unitaria, definida, y los recientes acontecimientos entre el ala errejonista y el ala pablista no son más que la punta del iceberg de una realidad que, antes o después, hará de Podemos la cuna de múltiples pequeños partidos marginales, o el seno de tal infinitud de corrientes que se los llevarán por delante las mareas, y la mención a las mareas no ha sido intencionada, ni inocente.

Podemos se ha construido sobre un descontento de base que agrupa a toda una suerte de activismos de fuerte militancia que inicialmente encuentran puntos en común, pero que inevitablemente acaban considerando sus posturas personales, sus convicciones militantes, por delante de la idea global que caracteriza el concepto tradicional de partido. Y eso acabará pasando factura.

El primer indicio que este observador detectó sobre este problema fueron las iniciativas de militancia personal que muchos cargos de ayuntamientos y comunidades adoptaron sin que fueran respaldados por un programa o por un debate global del partido al que, parcialmente, representaban. A través de sus cargos presentaron posturas de radicalismo extremo en cuestiones que no podían ser compartidas por la globalidad de sus votantes que tenían otras expectativas y otros temas que consideraban de más urgente necesidad. El anticlericalismo, en realidad el anti catolicismo, el feminismo, el animalismo, el anticapitalismo, en sus versiones más radicales, aparecieron entonces impulsados en iniciativas de tipo personal que no estaban contempladas en el global de las acciones del partido.

Viendo esto dije entonces, reitero ahora, que posiblemente Podemos alcanzó en las últimas elecciones su techo de votantes sin haber conseguido sobrepasar al PSOE, primer objetivo, ni convertirse en un partido decisorio, segundo objetivo.

Allí donde han alcanzado cotas de poder real, ayuntamientos y comunidades, su descomposición será más lenta, pero a nivel de partido nacional, o de enunciado como partido nacional, las primeras grietas anuncian una descomposición que yo creo que no será demasiado lenta.

Hay en esa formación demasiados egos, demasiadas expectativas, demasiadas militancias, demasiada prisa y se respeta poco, nada, se insulta y se desprecia, a aquellos que no opinan como ellos, llegando a insinuar con sus maneras un ideal absolutista para el que sobran todos aquellos que no compartan su idea. Difícilmente los insultados, los despreciados, podrán convertirse en votantes de quienes los han humillado, y dado que son todos los que no los votaron, no veo de donde sacar los votos que necesitan para crecer.

“Viendo esto dije entonces, reitero ahora, que posiblemente Podemos alcanzó en las últimas elecciones su techo de votantes sin haber conseguido sobrepasar al PSOE, primer objetivo, ni convertirse en un partido decisorio, segundo objetivo.”

fondo-blanco1Tal vez este primer embate, esta primera discrepancia que lo parte por la mitad se pueda solucionar con buena voluntad personal. Tal vez alguien considere que tapar la grieta es solucionar el problema, pero la experiencia apunta a que todo lo que se tapa en falso acaba haciendo erupción con mayor fuerza destructiva.

Ya lo decía hace tiempo el Hermano Lobo: “El que avisa no es traidor, es avisador” o, traído a lo que nos ocupa, “el que observa no es adivino, es observador”

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Los listos de la izquierda

Vi

vimos en un mundo donde aparentar ser lo que no eres resulta demasiado fácil, sólo tenemos que acudir a las redes sociales, como Facebook y Twitter, entre otras, para comprobar que, quien dice ser en su perfil no es más que lo que un puro espejismo; dicho de otra manera, somos lo que queremos que los demás vean de nosotros, es decir nuestra mejor cara.

Esto viene a cuento de cada día me encuentro con más personas que aparentan ser de izquierdas, progresistas, pero nada más tienes que rascar un poco para ver que la cosa no es así, porque, aparte de la desinformación de muchos sobre los temas de los que habla, cuando les preguntas el porqué  de su odio hacia la derecha, o mejor dicho a los valores que ésta defiende, tales como unidad nacional, el respeto a la vida, defensa de lo propio frente a una inmigración sin control y límite; la primera respuesta que encuentras es la calificación de fascista. Es decir, cero argumentos, con descalificación e insultos sólo por el mero hecho de pensar de una forma distinta a ellos.

El ser progre parece estar de moda, aunque luego el comportamiento de quienes presumen de tal condición diste mucho de ser un auténtico demócrata, debido a que el principal valor de la democracia, como es el respeto a las opiniones contrarias, en la mayoría de los casos brilla por su ausencia; convirtiendo lo que debería ser un debate sobre posiciones diferentes en un confrontación sin límite, donde todo vale, incluido el insulto y las amenazas.

Esto es en lo que han convertido muchos de los llamados de izquierdas las redes sociales, en un campo minado de intolerancia y falta de respeto, la mayoría de las veces por personas que dicen que condenan la violencia.

“El ser progre parece estar de moda, aunque luego el comportamiento de quienes presumen de tal condición diste mucho de ser un auténtico demócrata, debido a que el principal valor de la democracia, como es el respeto a las opiniones contrarias, en la mayoría de los casos brilla por su ausencia”

A todos ellos me dirijo, y de la misma manera que me han tachado de fascista sólo por el mero hecho de considerarme de derechas, yo les podría adjudicar el mismo adjetivo, pero no lo hago por evitar la confrontación que he condenado antes; aunque lo merezcan por su violencia verbal, su intolerancia, por sus clichés de considerar que la izquierda es la única solución a los problemas de la gente.

Nadie me podrá negar que es de un enanismo mental sin límites identificar a la gente de derechas con la dictadura de Franco, porque de la misma manera podríamos identificarlos a ellos con la dictadura del proletariado que defiende el marxismo, donde los obreros, industriales y asalariados tienen el control del poder político en lugar de la burguesía, tales como empresarios, capitalistas y profesionales independientes, prescindiendo de lo principal que debería ser que, quienes pretende ejercer el poder estén preparados para ello, de la misma manera que exigimos cuando padecemos una enfermedad ser examinados por un médico y no por un charlatán, un brujo o un santón, o el primero que encontramos por la calle.

No se trata de volver al sufragio censitario o sufragio restringido  de finales del siglo XVIII y el siglo XIX, basado en la dotación del derecho a voto sólo a la parte de la población que contaba con ciertas características precisas, no; el derecho al voto, o lo que es lo mismo, el sufragio activo debe corresponder a todos los ciudadanos por igual, pero, para el sufragio pasivo, es decir, el derecho a presentarse a los diferentes comicios electorales debería estar en manos de quienes tienen cierta preparación, sin perjuicio de la pertenencia a una clase social determinada.

Pues bien, de la misma manera, esos progres de izquierda, pseudo comunistas, antes de discutir sobre un determinado tema deberían estar informados, y no recurrir el recurso fácil de la descalificación, porque ellos mismos se están poniendo en evidencia, al igual que ponen en dicha situación a aquellos partidos que incondicionalmente defienden.

Olga Sánchez Rodrigo
Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

Pablo Iglesias VS Errejón. Primer asalto

No hace mucho tiempo, como todos sabemos, PODEMOS criticó la disciplina de voto del PSOE con motivo de la investidura de Rajoy, considerando tal disciplina una manera de coartar la libertad, en este caso, de los diputados  socialistas.

Pero, como siempre, depende de donde venga el viento y de los motivos que lleven al partido político a obligar a acatar a sus miembros una determinada postura, de manera que lo que esta bien para unas cosas no lo están  para otras.

Es cierto que los elementos en juego no siempre son los mismos, pero nadie puede negar que obligar a acatar la orden de la cúpula del partido atenta contra la libertad de elección del individuo, de otra forma estaríamos convirtiendo en una farsa la democracia interna, principal característica para legalizar este tipo de organizaciones y acceder al correspondiente registro en el Ministerio del Interior, condición sine qua non para ejercer su actividad política.

Esta introducción previa viene a cuento de la pugna que en el momento actual existe dentro de la formación morada entre pablistas y errejonistas, no sólo en cuanto a la forma de concebir la organización interna del partido sino también en  cuanto al ejercicio de poder representativo que tienen encomendado, si bien en el último tanteo hecho entre los inscritos en el mismo, dicho sea de paso, a través de un sistema no muy ortodoxo en cuanto a la garantía de la identidad de quienes emiten su voto, parecen haber ganado por poca diferencia los primeros.

Cuestionar una opción no debería ser un motivo de confrontación, sino de debate, máxime cuanto estamos hablando de un mismo partido, pero, parece ser que los pablistas, incluidos los incondicionales de Echenique, se empeñan en querer hacer de todo esto una carrera por el liderazgo, infundiendo entre sus seguidores el temor de una división interna para mantener a su actual Secretario General como líder del partido. Dicho de otra manera, para que todos nos entendamos, cuestionar al macho alfa, para los partidarios de éste es lo mismo que dinamitar el partido, porque Podemos sin Pablo no es nada.

Ya sucedió en su momento, cuando en el acto fundacional de Vista Alegre,  el omnipotente Pablo amenazó con retirarse si no era admitida su postulación a la Secretaria General del partido, bajo la perspectiva de que él solo podría garantizar la subsistencia de PODEMOS. Desde entonces, ésta ha sido la estrategia de su guardia pretoriana, PODEMOS es Pablo Iglesias.

Sin embargo, las cosas no son así, el partido siempre ha estado fragmentado desde el inicio, a cuenta de tal pugna; habiendo dejado fuera a gente muy válida solo por el mero hecho de no estar dentro o de acuerdo con la corriente oficial marcada por Iglesias, valga como ejemplo las famosas listas plancha por él impuestas en las que votando a su cabeza votabas al resto de miembros al Consejo Ciudadano. Desde entonces, lo que pretendía ser un movimiento ciudadano se convirtió en un partido más, no dejando salir en la foto a los disidentes, y  lo que es peor, convirtiendo las asambleas ciudadanas, vendidas en su inicio como el máximo órgano de decisión y, por lo tanto, el más democrático, en un mero órgano   controlado por los Consejos Ciudadanos, donde el que no es de la cuerda, es separado o denostado, haciendo huecas las palabras del mismito secretario general  de que “hay que sumar y no dividir”.

“Sin embargo, las cosas no son así, el partido siempre ha estado fragmentado desde el inicio, a cuenta de tal pugna, habiendo dejado fuera a gente muy válida sólo por el mero hecho de no estar dentro o de acuerdo con la corriente oficial marcada por Iglesias”

En definitiva, querer cerrar la boca a Errejón, bajo la premisa de que si no lo hace esta atentando contra la propia unidad del partido, no deja de ser una falacia como la copa de un pino, porque dicha unidad nunca ha existido, lo cual debería ser interpretado como algo positivo, porque opciones diferentes no dejan de ser un ingrediente de pluralidad y democracia, pero sobre todo, porque los lideres omnipotentes están abocados a caer del pedestal. Ojalá que sea más temprano que tarde, porque Pablo no es PODEMOS, y, sobre todo por el propio futuro del Partido.

 

 

 

 

Olga Sánchez Rodrigo
Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

Internet y la Santa Inquisición

Cada vez sucede más, cada vez con más frecuencia los represores, los partidarios de prohibir, imponer y coartar la libertad de los demás en nombre de la libertad tal como ellos la entienden, se hacen más dueños, se hacen más presentes y visibles y al tiempo más osados, más coercitivos, más dictatoriales, en el entorno de las redes sociales.

Alguien comparte en su muro, sin otra intención que la estética o el chascarrillo, una imagen o un comentario que le ha parecido interesante, gracioso, o porque le da la gana y es su muro. Hasta aquí todo normal, pero hay cosas que los inquisidores de redes, los defensores de la libertad única e impuesta no van a tolerar sin intervenir de una manera rápida y feroz. Da igual cual sea tu intención, o la falta de ella.

El inquisidor armado de su justa furia, de su ultrajada conciencia universal, de su razón última y absoluta, se lanzará hacia el osado y descargará contra él toda su manida, relamida, ciega y vacía, batería de descalificaciones y pseudo argumentos que suenan igual que los eslóganes de las manifestaciones, altisonantes, con sonsonete y carentes de cualquier posibilidad de debate real.

Y no entres en debate, como decía el otro, si entras en debate es peor. Si intentas argumentar, debatir, defenderte no recibirás más que más eslóganes, más argumentario de activismo militante, más vacío intelectual y posición inamovible. Los nuevos inquisidores, los inquisidores de la libertad tal como ellos la entienden, los inquisidores de la culpa ajena y la intachabilidad propia no pueden, no saben, no tienen capacidad para entender la libertad ajena, la intrascendencia de lo intrascendente, la banalidad de ciertos momentos o actitudes. Ellos solo entienden de la vigilancia permanente, la soflama a flor de piel, la persecución implacable de los que simplemente pretender vivir al margen  de militancias, de inquisiciones, de libertades impuestas.

“El inquisidor armado de su justa furia, de su ultrajada conciencia universal, de su razón última y absoluta, se lanzará hacia el osado y descargará contra él toda su manida, relamida, ciega y vacía, batería de descalificaciones y pseudo argumentos que suenan igual que los eslóganes de las manifestaciones, altisonantes, con sonsonete y carentes de cualquier posibilidad de debate real.”


Y, claro, yo, ser humano hasta donde se me alcanza, varón, de sesenta y tres años y diez días de edad según me han contado, que he tenido que vencer a lo largo de mi vida la imposición de una enseñanza sesgada, que he tenido que liberarme del yugo de una forma de entender la religión que no compartía, que he tenido que sobrevivir a una dictadura y varias legislaciones democráticas que me hacían cada vez menos libre individualmente, que he tenido que asistir a la entronización y santificación de los mediocres y los “justos” como referente moral de esta sociedad, que he tenido que contemplar como las sucesivas políticas de formación destrozaban sistemáticamente la posibilidad de educar, dar valores y crear ciudadanos libres, que he asistido dolido a la radicalización absurda e interesada de ciertas partes de la sociedad, me niego, me rebelo, estoy hasta los mismísimos, de aquellos que pretenden decirme en qué consiste la libertad, que pretenden decirme en qué tengo que creer, que tengo que pensar, que es correcto decir o cuanto tengo que reprimirme para acceder a su placet.

 inquisidor

Guardense, por no decir metanse, su placet donde les quepa. Soy ya lo suficientemente mayorcito para saber lo que debo, lo que puedo y lo que me da la gana de hacer o de pensar. Lo que me peta callar o decir. Lo que me hace libre o me convierte en esclavo de fundamentalismos de salón o de algarada callejera.

No pienso pedir perdón a esos fanáticos de la persecución ajena, de la paja en el ojo de los otros, de la verdad propia y única. Me ha pillado mayor y vivido. Me han pillado de través y con la suficiente experiencia como para poder decir todo esto y quedarme tan ancho. Me han pillado lo suficientemente perito y reflexionado como para poder, callándome los exabruptos que debo de callarme por propia convicción, ciscarme en todos los inquisidores de nuevo cuño que se dedican a difundir la mala conciencia ajena en loor de una libertad de Gran Hermano, personaje de la novela 1984 de Orwell que no tiene nada que ver con Tele5 para los muchos que lo ignoren, que se creen en el derecho y la necesidad de imponer a los demás.

Faltaría ahora identificar a aquellos a los que me refiero, pero eso sería hacer esta reflexión tendenciosa e interminable, y eso sería darles, además, un gusto, más que nada por sentirse injustamente señalados, que me niego  a darles.

Sí, es verdad, me refiero a esos que usted, paciente lector, piensa, pero también a todos los demás, a los de signo contrario que exactamente hacen lo mismo en función de sus ideales contrarios. Me refiero en realidad a todos los que se sienten capacitados para decirles a los demás lo que pueden y no pueden decir, pensar, hacer. Me refiero a todos esos radicales, fanáticos integristas, militantes de cualquier signo, ideología o verdad, que se permiten la desfachatez, o la fachatez, de dar carnés de idoneidad o salubridad política, religiosa, social o moral.

Váyanse ustedes, vosotros, a freír gárgaras y a tocarle las libertades a quienes necesiten del placet ajeno para sentirse mejor. Y agradecedme que no tire de Cela, a ser posible con voz de Fernando Fernán Gómez,  para expresarme con mayor desahogo.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

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