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El pan nuestro de cada día

¿Y ahora qué?, aquellos que tienen la paciencia de leerme habitualmente saben de mi propensión al uso del refranero y no es cosa de traicionarme  a mí mismo: “A lo hecho, pecho”.  Que viene a querer decir algo así como habértelo pensado antes.

Lo de Trump ya no tiene solución, ni sus valedores, que son muchos, poderosos y ocultos, van a permitir que la tenga hasta que haya cumplido su misión.

En este mundo que nos ocupa, y que parece ser que ocupamos, y concretamente en esta llamada civilización nuestra de cada día, alguien nos convirtió en piezas de un ajedrez cuyas dimensiones ignoro, aunque intuyo. La necesidad de esas piezas obligó a hacernos una serie de concesiones que por motivos de estrategia o de captación fueron seguramente más allá del límite previsto y ahora toca retocarlas, recortarlas o, si no nos ponemos un poco tensos, eliminarlas.

Alguien nos contó, y nos lo hemos creído, que somos seres libres, que vivimos en una democracia, que tenemos derechos intocables y diseñados ex profeso para nosotros… bueno, yo también estoy de acuerdo en que la muerte de la madre de Bambi fue una putada, aunque me consta que la madre de Bambi nunca murió.

Lo de que somos libres no pasa de ser una apreciación con cierto de nivel de autocomplacencia que clama al cielo. Recuerdo cierta viñeta de Quino sobre la situación física y anímica del padre de Mafalda antes y después de una jornada laboral y la reflexión final del personaje: “mandamos al trabajo un padre y nos devuelven esto” decía Mafalda contemplando la entrada de su padre, encorvado, física y anímicamente, con la ropa arrugada, la corbata floja y torcida y una cierta expresión de alelado cansancio en el rostro.

Somos libres de elegir donde conseguir una choza para vivir y por la que vamos a hipotecar nuestro presente y, en muchos casos, nuestro futuro. Somos libres de elegir quién nos va a proporcionar los cromos necesarios para poder pagar la choza, para poder tener que comer, con que calentarnos, poder beber e incluso, si no hacemos tonterías, donde van a reposar nuestros restos, porque ni siquiera somos dueños de nuestro cadáver hasta que no hemos pagado por él.

Desde Santa María de Iquique hasta nuestros días lo del dinero corporativo ha mejorado mucho, tanto que antes se consideraba un símbolo de opresión y ahora se considera una garantía de libertad. El que una estadística reciente diga que el 1% de la población mundial tiene tantos cromos como el 99% restante da una idea de que unos los tienen y otros los quieren, de que unos detentan el poder y los otros buscan desesperadamente las vías para acceder a una parte, eso si virtual, de ese poder.

Respecto  a la democracia, que quieren que les diga, debo de tener un ataque de cinismo, pero a mí me parece que lo que tenemos hoy en día es una especie de despotismo ilustrado con derecho a voto, una suerte de muleta electoral donde nunca se decide nada de lo que realmente sería importante. Una engañifa para acallar inquietudes y aspiraciones sin concesiones.

Solo hay dos maneras de ser libres, solo dos con un poco de suerte, pertenecer al 1% que es propietario de facto de este mundo en el que vivimos o lograr un billete, y no hay taquillas que los expendan, a un lugar en el que el 1% no esté interesado, acurrucarse en él y pasar sigilosamente por este mundo. Esto es, lograr estar fuera del sistema y, por supuesto, saber que existe la libertad, como reconocerla y desearla. No, por dios, ser un anti sistema no, si usted piensa eso es que no ha entendido nada, un anti sistema no es más que alguien que fortalece al sistema diciendo que se opone a él, alguien que permite que el sistema recrudezca sus represiones para preservar el bien común, el bien común del 1% por supuesto.

Claro que solucionar esto requeriría que el 99%, bueno el 95%, actuara de común acuerdo saboteando las trampas puestas a nuestro alcance para evitar que cuestionemos el sistema. El confort, la aparente libertad, la riqueza, la democracia hueca, el terrorismo, las fronteras que preservan las diferencias y nos aíslan de las desgracias ajenas, los populismos facilones, las izquierdas, las derechas, la desinformación plural, la educación que alfabetiza adoctrinando, los sistemas financieros diseñados para hacernos creer que existe “La Isla”.

¿Qué sucedería con el sistema si todos a una dejáramos de votar? ¿Dejáramos de abrir cuentas en los bancos? ¿Dejáramos de alimentar las maquinarias recaudatorias montadas para controlar nuestro pobre enriquecimiento? ¿Dejáramos, en definitiva, de cambiar nuestra libertad individual por unos pretendidos beneficios de civilización?

Hemos sido divididos en  naciones, en regiones, en ideologías, en religiones, en calidades de vida, en accesos a posibilidades, y el sistema se encarga de que los que están en mejores condiciones se preocupen de que los que están peor no puedan acceder a lo que ellos tienen y de que, por supuesto, en esta lucha ni se preocupen de los que lo tienen todo.

Pues eso, ahora viene Trump y nos da una vuelta de tuerca. Y después vendrá Marie Le Pen o Pablo Iglesias o cualquier otro que sirva para atemorizarnos o para provocar una reacción que siempre será favorable a los que manejan los tiempos, los recursos y los engaños.

Pero nosotros a lo nuestro. ¿Trump o Clinton? ¿Susana Díaz o Pedro Sánchez? ¿Ingleses o europeos? ¿Españoles o catalanes? ¿Indíbil o Mandonio? Vamos a continuar en la inopia, vamos a seguir comprando la felicidad de que al menos podemos elegir la cara y el sistema por el que vamos a seguir siendo disciplinados, engañados, toreados, y le llamaremos libertad, y le llamaremos democracia, y nos

“Vamos a continuar en la inopia, vamos a seguir comprando la felicidad de que al menos podemos elegir la cara y el sistema por el que vamos a seguir siendo disciplinados, engañados, toreados, y le llamaremos libertad”

abrazaremos a las migajas que tenemos para evitar que otros nos las quiten y en ese abrazo olvidaremos que hay otros que tienen el pan del que se han desprendido las migajas.

¡Qué digo!, olvidaremos hasta que existe el pan.

¿Una cabalgata solidaria?

Pancarta Bienvenida Refugiados en el Ayuntamiento de Madrid

Tenía ganas de ver la cabalgata de los Reyes Magos en Madrid, después de la desastrosa y polémica, me salía podèmica pero no existe, del año pasado que logró superar en esperpento y decepción a las que desde tiempos del ínclito Gallardón nos habían perpetrado a los que intentamos conservar, aunque solo sea un par de días al año, el espíritu mágico de nuestra infancia.

Y me gustó. Los Reyes parecían reyes, los acompañantes tenían más aspecto festivo y menos aspecto alternativo y solo faltaba que el recorrido hubiera sido el tradicional entre el Paseo de Coches del Retiro y la Plaza Mayor, pero eso ya sería pedirle peras al olmo, aunque permítaseme: “!Olmo, una de peras¡”

Pasé un rato agradable viéndola discurrir y viendo esos gritos de nerviosismo incontenible de los niños, y de algunos mayores, la suficiencia complaciente de otros mayores y las ganas generales de disfrutar, de ilusionarse.

Los fuegos finales brillantes, dignos de la ocasión y de la magnificencia de los protagonistas, pero, sucedió algo que me cambió el humor, la cruda realidad se entremetió en la magia y la alegría del momento. El lado cutre marginal de ciertos ocupantes de la institución municipal madrileña afeó toda la brillantez de la ocasión.

Al menos, por esta vez, los pequeños no debieron de reparar en el mal gusto, intelectual, social y estético que afea de forma permanente un edificio emblemático de Madrid. Emblemático y representativo desde que el faraónico gusto de cierto alcalde que no quiero renombrar lo convirtió en su pirámide particular. Faraónica al menos la obra lo fue en cuanto al coste.

Un sabanón de dimensiones considerables cuelga de la fachada del ahora ayuntamiento, un sabanón originalmente blanco y al cabo de los meses testigo de la contaminación ambiental de la capital ilustra de forma deleznable el frente de la joya arquitectónica y su mal gusto solo rivaliza con el mal gusto del mensaje pintado a brochazos en su superficie: “REFUGEES WELCOME”.

Digo yo, y  no creo estar especialmente desacertado en lo que digo, que el ayuntamiento de Madrid tiene medios para hacer llegar su mensaje, que representa a todos los madrileños de la capital, de una forma menos cutre y marginal. Que la solidaridad no tiene por qué ser expresada como una reivindicación, que la solidaridad cuando se expresa en ciertos niveles es una línea a seguir con hechos, con propuestas, con trabajo y no con sábanas que ensucian, afean y quitan esplendor, o al menos belleza.

Y como cuando me indigno, cuando me cabreo, la cabeza se pone a dar vueltas, empiezo a rizar el rizo, o a hilar más fino, y me planteo que a lo mejor el mensaje que se quiere transmitir es precisamente el que transmite el sabanón, es un distanciamiento de la representatividad que ostentan, un rechazo a las instituciones que ocupan, una marginalidad respecto al pueblo al que representan.

¿Y por qué en España, que tiene uno de los idiomas con más parlantes del mundo, se cuelga un cartel en otro idioma diferente y que tampoco es el de los posibles refugiados? ¿Es que solo son bienvenidos los que sepan hablar inglés? ¿Es que el cartel solo es para que lo lean los turistas que pasan por la zona? ¿Por si quieren pedir refugio? ¿Es que se quiere afrentar a todos los refugiados que ya hay y que no hablan, ni tiene por qué, ese idioma foráneo? ¿O es que los que lo han hecho consideran menor su propio idioma?

Pancarta Bienvenida Refugiados en el Ayuntamiento de Madrid

Pancarta Bienvenida Refugiados en el Ayuntamiento de Madrid

Y ahí, tras esta última reflexión, ya se me viene toda la bilis a la boca. Porque dado que los autores de la soflama textil son personas que muestran su permanente disgusto hacia todo lo que nos rodea: tradiciones, fiestas, historia, personajes, personas y convivencia en general. Dado que consideran que para que este sea un país pasable hay que tirar todo abajo y hacerlo de nuevo, eso sí, como ellos dicen.

Dado que si por ellos fuera más de la mitad de los habitantes de este país, los que tenemos más de cuarenta y cinco años y otros más que tengan menos pero no piensan como ellos, tendríamos que estar muertos o inhabilitados socialmente,  ¿Cómo pueden ser tan crueles de desearles a personas sufrientes y necesitadas que vengan a semejante lugar? Si yo fuera solidario, como ellos pretenden ser, montaría un servicio de disuasión al pretendido refugiado: “Váyase usted a cualquier otro sitio. Aquí no hay quién viva. Al menos hasta que nosotros gobernemos”. Claro, en inglés, por supuesto, lo que pasa es que como yo no sé, no puedo escribirlo.


Bueno, y esa es otra, ¿Por qué en inglés? Sería más lógico, en árabe, en algunos idiomas africanos o en el idioma original en el que hablen los refugiados, que seguro, seguro, que no son anglosajones. Incluso, si la vista y el oído no me engañan, muchos de los que aquí ya están hablan en un español nativo que no necesita traducciones.

Y también, si no me engaño, que no me engaño, son estos mismos los que, en este caso con toda razón, denuncian las carencias de los discapacitados, dependientes, marginados y desfavorecidos en general. Y ahí tienen razón, toda la razón, las ayudas a los necesitados son absolutamente, vergonzosamente, ofensivamente, insuficientes. Pero estando de acuerdo yo no invitaría a otros a compartir la insuficiencia que compartida sería aún más insuficiente. Yo no invitaría a otros a participar de la miseria y la marginalidad antes de solucionar la que afecta a los que ya están.

Porque las posturas pretendidamente solidarias están muy bien, son estéticamente impecables, pero revisadas éticamente son una mierda, son tan insolidarias o más que las que pretenden levantar fronteras a los que necesitan traspasarlas. Son tan autocomplacientes, banales e insostenibles que dan asco.

 

“Porque las posturas pretendidamente solidarias están muy bien, son estéticamente impecables, pero revisadas éticamente son una mierda, son tan insolidarias o más que las que pretenden levantar fronteras a los que necesitan traspasarlas. Son tan autocomplacientes, banales e insostenibles que dan asco.”

Yo cuando invito a alguien a mi casa, lo invito para homenajearlo, para intentar compartir momentos y situaciones placenteras para ambos. Si lo que hago es necesitarlo para un trabajo, entonces lo contrato, no lo invito, y me aseguro antes de tener los elementos y labores suficientes para que su trabajo sea eficaz. Y sobre todo, sobre todo, me aseguro de tener el dinero suficiente para poder pagarlo. Lo contrario, es una baladronada o, si me apuran, un  engaño.

Pues eso, que muy bonita la cabalgata de Madrid este año.

Ni p’a tí, ni p’a mí

Ser adivino en ciertas circunstancias no es más complicado que mirar al mar y concluir que es muy grande y tiene mucha agua. Ser adivino estando al margen de implicaciones emocionales o de filiaciones pasionales no tiene más mérito que el de reflejar lo evidente.

Dije ya hace tiempo, de ahí lo de adivino, que Podemos era un partido sin ideología unitaria, definida, y los recientes acontecimientos entre el ala errejonista y el ala pablista no son más que la punta del iceberg de una realidad que, antes o después, hará de Podemos la cuna de múltiples pequeños partidos marginales, o el seno de tal infinitud de corrientes que se los llevarán por delante las mareas, y la mención a las mareas no ha sido intencionada, ni inocente.

Podemos se ha construido sobre un descontento de base que agrupa a toda una suerte de activismos de fuerte militancia que inicialmente encuentran puntos en común, pero que inevitablemente acaban considerando sus posturas personales, sus convicciones militantes, por delante de la idea global que caracteriza el concepto tradicional de partido. Y eso acabará pasando factura.

El primer indicio que este observador detectó sobre este problema fueron las iniciativas de militancia personal que muchos cargos de ayuntamientos y comunidades adoptaron sin que fueran respaldados por un programa o por un debate global del partido al que, parcialmente, representaban. A través de sus cargos presentaron posturas de radicalismo extremo en cuestiones que no podían ser compartidas por la globalidad de sus votantes que tenían otras expectativas y otros temas que consideraban de más urgente necesidad. El anticlericalismo, en realidad el anti catolicismo, el feminismo, el animalismo, el anticapitalismo, en sus versiones más radicales, aparecieron entonces impulsados en iniciativas de tipo personal que no estaban contempladas en el global de las acciones del partido.

Viendo esto dije entonces, reitero ahora, que posiblemente Podemos alcanzó en las últimas elecciones su techo de votantes sin haber conseguido sobrepasar al PSOE, primer objetivo, ni convertirse en un partido decisorio, segundo objetivo.

Allí donde han alcanzado cotas de poder real, ayuntamientos y comunidades, su descomposición será más lenta, pero a nivel de partido nacional, o de enunciado como partido nacional, las primeras grietas anuncian una descomposición que yo creo que no será demasiado lenta.

Hay en esa formación demasiados egos, demasiadas expectativas, demasiadas militancias, demasiada prisa y se respeta poco, nada, se insulta y se desprecia, a aquellos que no opinan como ellos, llegando a insinuar con sus maneras un ideal absolutista para el que sobran todos aquellos que no compartan su idea. Difícilmente los insultados, los despreciados, podrán convertirse en votantes de quienes los han humillado, y dado que son todos los que no los votaron, no veo de donde sacar los votos que necesitan para crecer.

“Viendo esto dije entonces, reitero ahora, que posiblemente Podemos alcanzó en las últimas elecciones su techo de votantes sin haber conseguido sobrepasar al PSOE, primer objetivo, ni convertirse en un partido decisorio, segundo objetivo.”

fondo-blanco1Tal vez este primer embate, esta primera discrepancia que lo parte por la mitad se pueda solucionar con buena voluntad personal. Tal vez alguien considere que tapar la grieta es solucionar el problema, pero la experiencia apunta a que todo lo que se tapa en falso acaba haciendo erupción con mayor fuerza destructiva.

Ya lo decía hace tiempo el Hermano Lobo: “El que avisa no es traidor, es avisador” o, traído a lo que nos ocupa, “el que observa no es adivino, es observador”

Los listos de la izquierda

Vi

vimos en un mundo donde aparentar ser lo que no eres resulta demasiado fácil, sólo tenemos que acudir a las redes sociales, como Facebook y Twitter, entre otras, para comprobar que, quien dice ser en su perfil no es más que lo que un puro espejismo; dicho de otra manera, somos lo que queremos que los demás vean de nosotros, es decir nuestra mejor cara.

Esto viene a cuento de cada día me encuentro con más personas que aparentan ser de izquierdas, progresistas, pero nada más tienes que rascar un poco para ver que la cosa no es así, porque, aparte de la desinformación de muchos sobre los temas de los que habla, cuando les preguntas el porqué  de su odio hacia la derecha, o mejor dicho a los valores que ésta defiende, tales como unidad nacional, el respeto a la vida, defensa de lo propio frente a una inmigración sin control y límite; la primera respuesta que encuentras es la calificación de fascista. Es decir, cero argumentos, con descalificación e insultos sólo por el mero hecho de pensar de una forma distinta a ellos.

El ser progre parece estar de moda, aunque luego el comportamiento de quienes presumen de tal condición diste mucho de ser un auténtico demócrata, debido a que el principal valor de la democracia, como es el respeto a las opiniones contrarias, en la mayoría de los casos brilla por su ausencia; convirtiendo lo que debería ser un debate sobre posiciones diferentes en un confrontación sin límite, donde todo vale, incluido el insulto y las amenazas.

Esto es en lo que han convertido muchos de los llamados de izquierdas las redes sociales, en un campo minado de intolerancia y falta de respeto, la mayoría de las veces por personas que dicen que condenan la violencia.

“El ser progre parece estar de moda, aunque luego el comportamiento de quienes presumen de tal condición diste mucho de ser un auténtico demócrata, debido a que el principal valor de la democracia, como es el respeto a las opiniones contrarias, en la mayoría de los casos brilla por su ausencia”

A todos ellos me dirijo, y de la misma manera que me han tachado de fascista sólo por el mero hecho de considerarme de derechas, yo les podría adjudicar el mismo adjetivo, pero no lo hago por evitar la confrontación que he condenado antes; aunque lo merezcan por su violencia verbal, su intolerancia, por sus clichés de considerar que la izquierda es la única solución a los problemas de la gente.

Nadie me podrá negar que es de un enanismo mental sin límites identificar a la gente de derechas con la dictadura de Franco, porque de la misma manera podríamos identificarlos a ellos con la dictadura del proletariado que defiende el marxismo, donde los obreros, industriales y asalariados tienen el control del poder político en lugar de la burguesía, tales como empresarios, capitalistas y profesionales independientes, prescindiendo de lo principal que debería ser que, quienes pretende ejercer el poder estén preparados para ello, de la misma manera que exigimos cuando padecemos una enfermedad ser examinados por un médico y no por un charlatán, un brujo o un santón, o el primero que encontramos por la calle.

No se trata de volver al sufragio censitario o sufragio restringido  de finales del siglo XVIII y el siglo XIX, basado en la dotación del derecho a voto sólo a la parte de la población que contaba con ciertas características precisas, no; el derecho al voto, o lo que es lo mismo, el sufragio activo debe corresponder a todos los ciudadanos por igual, pero, para el sufragio pasivo, es decir, el derecho a presentarse a los diferentes comicios electorales debería estar en manos de quienes tienen cierta preparación, sin perjuicio de la pertenencia a una clase social determinada.

Pues bien, de la misma manera, esos progres de izquierda, pseudo comunistas, antes de discutir sobre un determinado tema deberían estar informados, y no recurrir el recurso fácil de la descalificación, porque ellos mismos se están poniendo en evidencia, al igual que ponen en dicha situación a aquellos partidos que incondicionalmente defienden.

Pablo Iglesias VS Errejón. Primer asalto

No hace mucho tiempo, como todos sabemos, PODEMOS criticó la disciplina de voto del PSOE con motivo de la investidura de Rajoy, considerando tal disciplina una manera de coartar la libertad, en este caso, de los diputados  socialistas.

Pero, como siempre, depende de donde venga el viento y de los motivos que lleven al partido político a obligar a acatar a sus miembros una determinada postura, de manera que lo que esta bien para unas cosas no lo están  para otras.

Es cierto que los elementos en juego no siempre son los mismos, pero nadie puede negar que obligar a acatar la orden de la cúpula del partido atenta contra la libertad de elección del individuo, de otra forma estaríamos convirtiendo en una farsa la democracia interna, principal característica para legalizar este tipo de organizaciones y acceder al correspondiente registro en el Ministerio del Interior, condición sine qua non para ejercer su actividad política.

Esta introducción previa viene a cuento de la pugna que en el momento actual existe dentro de la formación morada entre pablistas y errejonistas, no sólo en cuanto a la forma de concebir la organización interna del partido sino también en  cuanto al ejercicio de poder representativo que tienen encomendado, si bien en el último tanteo hecho entre los inscritos en el mismo, dicho sea de paso, a través de un sistema no muy ortodoxo en cuanto a la garantía de la identidad de quienes emiten su voto, parecen haber ganado por poca diferencia los primeros.

Cuestionar una opción no debería ser un motivo de confrontación, sino de debate, máxime cuanto estamos hablando de un mismo partido, pero, parece ser que los pablistas, incluidos los incondicionales de Echenique, se empeñan en querer hacer de todo esto una carrera por el liderazgo, infundiendo entre sus seguidores el temor de una división interna para mantener a su actual Secretario General como líder del partido. Dicho de otra manera, para que todos nos entendamos, cuestionar al macho alfa, para los partidarios de éste es lo mismo que dinamitar el partido, porque Podemos sin Pablo no es nada.

Ya sucedió en su momento, cuando en el acto fundacional de Vista Alegre,  el omnipotente Pablo amenazó con retirarse si no era admitida su postulación a la Secretaria General del partido, bajo la perspectiva de que él solo podría garantizar la subsistencia de PODEMOS. Desde entonces, ésta ha sido la estrategia de su guardia pretoriana, PODEMOS es Pablo Iglesias.

Sin embargo, las cosas no son así, el partido siempre ha estado fragmentado desde el inicio, a cuenta de tal pugna; habiendo dejado fuera a gente muy válida solo por el mero hecho de no estar dentro o de acuerdo con la corriente oficial marcada por Iglesias, valga como ejemplo las famosas listas plancha por él impuestas en las que votando a su cabeza votabas al resto de miembros al Consejo Ciudadano. Desde entonces, lo que pretendía ser un movimiento ciudadano se convirtió en un partido más, no dejando salir en la foto a los disidentes, y  lo que es peor, convirtiendo las asambleas ciudadanas, vendidas en su inicio como el máximo órgano de decisión y, por lo tanto, el más democrático, en un mero órgano   controlado por los Consejos Ciudadanos, donde el que no es de la cuerda, es separado o denostado, haciendo huecas las palabras del mismito secretario general  de que “hay que sumar y no dividir”.

“Sin embargo, las cosas no son así, el partido siempre ha estado fragmentado desde el inicio, a cuenta de tal pugna, habiendo dejado fuera a gente muy válida sólo por el mero hecho de no estar dentro o de acuerdo con la corriente oficial marcada por Iglesias”

En definitiva, querer cerrar la boca a Errejón, bajo la premisa de que si no lo hace esta atentando contra la propia unidad del partido, no deja de ser una falacia como la copa de un pino, porque dicha unidad nunca ha existido, lo cual debería ser interpretado como algo positivo, porque opciones diferentes no dejan de ser un ingrediente de pluralidad y democracia, pero sobre todo, porque los lideres omnipotentes están abocados a caer del pedestal. Ojalá que sea más temprano que tarde, porque Pablo no es PODEMOS, y, sobre todo por el propio futuro del Partido.

 

 

 

 

Internet y la Santa Inquisición

Cada vez sucede más, cada vez con más frecuencia los represores, los partidarios de prohibir, imponer y coartar la libertad de los demás en nombre de la libertad tal como ellos la entienden, se hacen más dueños, se hacen más presentes y visibles y al tiempo más osados, más coercitivos, más dictatoriales, en el entorno de las redes sociales.

Alguien comparte en su muro, sin otra intención que la estética o el chascarrillo, una imagen o un comentario que le ha parecido interesante, gracioso, o porque le da la gana y es su muro. Hasta aquí todo normal, pero hay cosas que los inquisidores de redes, los defensores de la libertad única e impuesta no van a tolerar sin intervenir de una manera rápida y feroz. Da igual cual sea tu intención, o la falta de ella.

El inquisidor armado de su justa furia, de su ultrajada conciencia universal, de su razón última y absoluta, se lanzará hacia el osado y descargará contra él toda su manida, relamida, ciega y vacía, batería de descalificaciones y pseudo argumentos que suenan igual que los eslóganes de las manifestaciones, altisonantes, con sonsonete y carentes de cualquier posibilidad de debate real.

Y no entres en debate, como decía el otro, si entras en debate es peor. Si intentas argumentar, debatir, defenderte no recibirás más que más eslóganes, más argumentario de activismo militante, más vacío intelectual y posición inamovible. Los nuevos inquisidores, los inquisidores de la libertad tal como ellos la entienden, los inquisidores de la culpa ajena y la intachabilidad propia no pueden, no saben, no tienen capacidad para entender la libertad ajena, la intrascendencia de lo intrascendente, la banalidad de ciertos momentos o actitudes. Ellos solo entienden de la vigilancia permanente, la soflama a flor de piel, la persecución implacable de los que simplemente pretender vivir al margen  de militancias, de inquisiciones, de libertades impuestas.

“El inquisidor armado de su justa furia, de su ultrajada conciencia universal, de su razón última y absoluta, se lanzará hacia el osado y descargará contra él toda su manida, relamida, ciega y vacía, batería de descalificaciones y pseudo argumentos que suenan igual que los eslóganes de las manifestaciones, altisonantes, con sonsonete y carentes de cualquier posibilidad de debate real.”


Y, claro, yo, ser humano hasta donde se me alcanza, varón, de sesenta y tres años y diez días de edad según me han contado, que he tenido que vencer a lo largo de mi vida la imposición de una enseñanza sesgada, que he tenido que liberarme del yugo de una forma de entender la religión que no compartía, que he tenido que sobrevivir a una dictadura y varias legislaciones democráticas que me hacían cada vez menos libre individualmente, que he tenido que asistir a la entronización y santificación de los mediocres y los “justos” como referente moral de esta sociedad, que he tenido que contemplar como las sucesivas políticas de formación destrozaban sistemáticamente la posibilidad de educar, dar valores y crear ciudadanos libres, que he asistido dolido a la radicalización absurda e interesada de ciertas partes de la sociedad, me niego, me rebelo, estoy hasta los mismísimos, de aquellos que pretenden decirme en qué consiste la libertad, que pretenden decirme en qué tengo que creer, que tengo que pensar, que es correcto decir o cuanto tengo que reprimirme para acceder a su placet.

 inquisidor

Guardense, por no decir metanse, su placet donde les quepa. Soy ya lo suficientemente mayorcito para saber lo que debo, lo que puedo y lo que me da la gana de hacer o de pensar. Lo que me peta callar o decir. Lo que me hace libre o me convierte en esclavo de fundamentalismos de salón o de algarada callejera.

No pienso pedir perdón a esos fanáticos de la persecución ajena, de la paja en el ojo de los otros, de la verdad propia y única. Me ha pillado mayor y vivido. Me han pillado de través y con la suficiente experiencia como para poder decir todo esto y quedarme tan ancho. Me han pillado lo suficientemente perito y reflexionado como para poder, callándome los exabruptos que debo de callarme por propia convicción, ciscarme en todos los inquisidores de nuevo cuño que se dedican a difundir la mala conciencia ajena en loor de una libertad de Gran Hermano, personaje de la novela 1984 de Orwell que no tiene nada que ver con Tele5 para los muchos que lo ignoren, que se creen en el derecho y la necesidad de imponer a los demás.

Faltaría ahora identificar a aquellos a los que me refiero, pero eso sería hacer esta reflexión tendenciosa e interminable, y eso sería darles, además, un gusto, más que nada por sentirse injustamente señalados, que me niego  a darles.

Sí, es verdad, me refiero a esos que usted, paciente lector, piensa, pero también a todos los demás, a los de signo contrario que exactamente hacen lo mismo en función de sus ideales contrarios. Me refiero en realidad a todos los que se sienten capacitados para decirles a los demás lo que pueden y no pueden decir, pensar, hacer. Me refiero a todos esos radicales, fanáticos integristas, militantes de cualquier signo, ideología o verdad, que se permiten la desfachatez, o la fachatez, de dar carnés de idoneidad o salubridad política, religiosa, social o moral.

Váyanse ustedes, vosotros, a freír gárgaras y a tocarle las libertades a quienes necesiten del placet ajeno para sentirse mejor. Y agradecedme que no tire de Cela, a ser posible con voz de Fernando Fernán Gómez,  para expresarme con mayor desahogo.

Una historia familiar

Fidel Castro imponiendo medalla emigrantes gallegos

Ha muerto Fidel Castro. Ha muerto una parte importante de la historia política de este planeta durante el siglo XX. Es difícil hurgar en la memoria de los españoles que hemos vivido la segunda mitad del siglo pasado sin toparse con tan insigne personaje. Es difícil entender Sudamérica, América y el mundo sin que salga su nombre.

Tal vez hoy sea el día para desempolvar, aquellos que hayan permitido que cojan polvo, los discos de Quilapayún o Carlos Puebla y poner a todo volumen, como cuando nuestros oídos eran  una forma de desafío, canciones como “Y en eso llegó Fidel”  y su famoso “llegó el comandante y mandó a parar” o “La Segunda Declaración de la Habana” (“Ha llegado la hora en que el pueblo reivindique el derecho de ser dueño al fin de su tierra robada, tierra inmensa que ha de germinar con la paz del empeño ganado con sus manos de fuerza tranquila; ahora sí que la historia tendrá que contar con los pobres de América.)

Pero al empezar a escribir estas palabras no me he planteado en ningún momento hacer un panegírico del personaje, ni endemonizarlo, ni en ningún tipo de análisis político de su paso por el mundo. Como todo dictador que muere en su cama tras varios decenios de gobierno, tiene sus claros, sus oscuros y sus claroscuros. Que la historia y sus víctimas los juzguen.

No, la noticia de su muerte me ha producido una suerte de añoranza. Una reminiscencia de tiempos en los que su vida, por interpuesto y la mía se cruzaron y dieron lugar a una historia familiar entrañable.

Corría el año 1964 y “Jango”, Joao Goulart, era el presidente de Brasil. Fidel Castro mandó una  delegación en tiempos difíciles a su homólogo brasileño. En tiempos tan difíciles que cuando el avión de la delegación cubana aterrizó en territorio brasileño, el golpe de estado dado por los militares contra “Jango” se había consumado.

La delegación cubana contaba entre sus miembros con Guillermo Cid. Personaje importante en la revolución cubana. Este Orensano, emigrante a Cuba, era poseedor de tierras en el momento de la revolución, y, lejos de abandonar la isla, decidió quedarse en ella y participar en los nuevos tiempos. Hasta el punto en que fue nombrado por el propio Che Guevara asesor técnico de la Unidad Experimental Industrial y Agropecuaria Ciro Redondo, de Jovellanos, Matanzas.

Ante la situación inesperada y por esos giros que el destino guarda en sus insondables entrañas, la delegación retomó su viaje. Su destino, España. Una delegación diplomática cubana, una embajada de un gobierno de izquierdas enviada a otro gobernante de izquierdas, acababa visitando un país con una dictadura de derechas.

Y es que una cosa es la política  y otra distinta la sangre. Eran tiempos en que la guerra civil, la pobreza de la posguerra y muchos otros problemas endémicos de aquella España, habían provocado una diáspora de sus hijos por todos los rincones del mundo. Que en el caso de los gallegos más que diáspora fue una transfusión casi total de sus hombres en edad de trabajar y de muchas de sus mujeres.

Y es que en el caso de Cuba y España una cosa era la ideología y otra el sentimiento, la familia, la añoranza de la tierra, los lazos que más allá de las circunstancias unían a las familias, como años más tarde perpetuaría durante toda su vida Fraga Iribarne.

El caso es que aquella afortunada o desafortunada, según quién y cómo la mirara, coincidencia dio lugar a otras de tipo familiar que pertenecen al ámbito más íntimo y privado, pero  esa inopinada circunstancia hizo que tres hermanos que llevaban más de veinte años sin verse coincidieran en Madrid sin que mediara concierto previo ninguno y que ese encuentro se produjera en casa de un primo, alto cargo de los sindicatos franquistas por aquellos años.

 “Eran tiempos en que la guerra civil, la pobreza de la posguerra y muchos otros problemas endémicos de aquella España, habían provocado una diáspora de sus hijos por todos los rincones del mundo. Que en el caso de los gallegos más que diáspora fue una transfusión casi total de sus hombres en edad de trabajar y de muchas de sus mujeres”.

Yo era entonces niño, pero recuerdo con alborozo un encuentro familiar que dejó memoria y en el que nadie habló de política, nadie confrontó ideas ni agravios. Simplemente y alrededor de una mesa, una mesa grande, se reunieron hermanos, primos de tres ramas familiares que nunca más tendrían oportunidad de reunirse. Los Cid Rodríguez, los Cid Tesouro y los López Cid.

El destino no permitió que la circunstancia se repitiera. Fue un momento único, irrepetible, una historia al amparo de la Historia que hizo más humanos, más cercanos, a los personajes que no participaron en ella salvo porque sus nombres la propiciaron.

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Caja de puros

Caja de puros

Como memoria de esa historia al borde de la Historia queda en casa de mis padres un presente que Fidel mandaba a “Jango” y que acabó en manos de mi familia. Una preciosa caja de puros realizada en maderas tropicales que aún hoy causa admiración por su manufactura y por la calidad de su materia prima.

Pero por encima de presentes y de memorias, hoy la noticia es que ha muerto Fidel. Así, solo con nombre. Hoy el día es más claro para unos y más oscuro para otros. Para algunos, para mi familia, para mí, solo es un nombre que evoca viejas y queridas historias, que reabre en el recuerdo nombres y ubicaciones de familiares de los que hace tiempo que no sabemos. Hay que ver cómo somos los gallegos.

 

En algunos sitios ya es Navidad

En algunos sitios ya es Navidad, pero solo en algunos sitios. Desde luego hay que salir de ciertas ciudades para comprender que esa predisposición a la alegría, a la buena voluntad y a la fiesta que conllevan estas fechas en el calendario sigue vigente sin complejos en muchas partes del mundo.

Yo, ayer en Almería, asistí a un sencillo pero agradable evento con el que se inauguraba la iluminación navideña en las calles principales de la ciudad. Cientos, más de mil seguro, de personas se concentraron en la Puerta de Purchena para asistir a un espectáculo de luz, color y alegría que los espectadores principales, los niños con sus padres y todos aquellos de edad algo más avanzada que nos negamos a dejarnos arrebatar la ilusión, disfrutamos.

Hubo luz proyectada sobre la Casa de las Mariposa y sobre los demás edificios de la plaza. Hubo, música, villancicos, fuegos artificiales, llamaradas, coro de niños y hasta nieve. ¿Nieve en Almería? Si, nieve en Almería, artificial claro, pero que provocaba en los presentes esa cálida sensación que solo produce la nieve en navidades. Esa nieve que trasciende su temperatura natural para crear una calidez benefactora en los corazones menos comprometidos o alienados por las ideologías y los odios.

Estoy seguro de que hay gente que aprovecha estas fiestas para emborracharse. Otros les darán un contenido religioso. Muchos disfrutarán de sus posibilidades vacacionales, de su deriva comercial, o simplemente a otros muchos las tendrán en cuenta para invocar los recuerdos de los seres queridos que ya no los acompañan. Muchas son las facetas que estas fiestas provocan. En la mayoría una especie de reconcome de predisposición a la alegría y ala buena voluntad hacia el resto de la humanidad. También están los indiferentes, que los hay, los que pasan junto a los escaparates, las luces y el ambiente general con un mohín de indiferencia, de incomprensión. ¿Y por qué no todo el año? Suelen preguntarse. Pues seguramente porque el hombre, en general, no está visceralmente preparado para la bonhomía o la felicidad permanentes. No sé si es genético, psicológico o educativo, pero sé que es.

Y no nos olvidemos de los que sienten un odio visceral hacia estas fiestas simplemente porque su origen es religioso, o porque tienen la necesidad patológica de oponerse a todo lo que existe con un posicionamiento ideológico compulsivo de derribar todo lo anterior a ellos, a ver, todo lo anterior que les atañe directamente, ignorando que no hay piqueta de pocos años que pueda derribar de un golpe un muro construido con muchos siglos. Y hablo de lo que les atañe directamente porque esos odiadores de todo lo suyo suelen ser entusiastas de lo ajeno. Seguramente a muchos de esos que denostan las luces, los villancicos, los belenes… te los encuentras en Lavapiés celebrando con jolgorio y regocijo el Año Nuevo Chino. Esquizofrenias de la inmadurez, inestabilidades de las personalidades en formación.

La Navidad en Madrid, y hablo de Madrid porque es lo que conozco, es una fiesta triste, sacada de contexto, sacada de sus lugares tradicionales, abandonada de su sentido más humano, más cercano, más de barrio o de pueblo que siempre son entornos que imbuyen de proximidad y calidez humana. La Navidad en Madrid fue acomplejada y maltratada el día en que los motivos navideños de luces y adornos fueron reemplazados por clases de sofrosis o por motivos geométricos que en nada invocaban las fiestas a disfrutar, las bombillas por leds y la cabalgata por un carnaval. La Navidad en Madrid fue vaciada de ilusión el día en que un nefasto alcalde, el señor Gallardón de triste recuerdo, decidió que Madrid iba a disfrutar de la Navidad del Señor Gallardón, una navidad triste, de medio pelo, vaciada de contenido y de apariencia.

“La Navidad en Madrid fue vaciada de ilusión el día en que un nefasto alcalde, el señor Gallardón de triste recuerdo, decidió que Madrid iba a disfrutar de la Navidad del Señor Gallardón, una navidad triste, de medio pelo, vaciada de contenido y de apariencia”.

navidad triste

navidad triste

Es cierto que la señora Carmena, que no ha mejorado nada de lo importante y ha logrado empeorar muchas cosas de las accesorias, también ha puesto su granito de arena. La patochada de la innoble, miserable, lamentable, cabalgata de Reyes del año pasado es solo propiedad intelectual de ella y de su equipo de gobierno. Ah¡, y de los que los apoyan.

Si a esto le unimos el último episodio de cochofóbia, me sigue encantando el término, a mí me da la sensación de que lo que pretende el ayuntamiento de la capital es crear una sensación de incomodidad tal en ciudadanos y comerciantes que acaben odiando, renegando de, estas fiestas como paso necesario para que pierdan la poca esencia y significación que aún les queda. Que nadie se asuste. Las vacaciones seguirían existiendo. Les llamaríamos algo así como: “Fiestas del Año Nuevo Occidental, para disfrute de hombras y mujeros”, el lenguaje también es importante y también hay que retorcerlo para que no acabe significando algo.

 

Como decía el poeta: “nos queda la palabra”. Pues ni eso, ya se encargan los políticos de medio pelo y miras de ombligo, de desautorizar todo lo que haga falta para que al pueblo no le quede ni la palabra, o al menos para que no pueda estar seguro de que significa o como usarla. Pero esa es otra batalla.

En algunos sitios, para muchas personas, ya es Navidad. Y como para mí lo es y mi pobre y poco formado espíritu se regocija con los signos que aún quedan y se comparten, voy a aprovechar para desear a todos, a todos, unas felices fiestas y mis mejores deseos para el resto de sus vidas, ( sí, el treinta de marzo también les deseo lo mismo, pero hoy me apetece decirlo). Eso sí, si alguien me lo acepta me sentiré reconfortado y si otros me lo rechazan que me perdonen por esa maliciosa sonrisilla condescendiente, o directamente malvada, que me puede asomar en la comisura de los labios. Ninguno somos perfectos.

Susto o muerte

Se acabo el amor.. de tanto usarlo

Pues sí. Como si de un jalogüin cualquiera se tratase parece que las futuras primarias del PSOE, que ya han empezado a disputarse, van a decidirse a susto o muerte.

Opinar sobre la casa ajena nunca ha sido fácil, ni conveniente, pero el PSOE, queramos o no, es una parte fundamental de la estabilidad institucional de este país, y ya en cuestión de país si me siento menos violento por opinar.

Visto desde fuera, en perspectiva que se llama, la confrontación parece una lucha entre Pedro Sánchez y Susana Díaz. Si un corral no tiene al menos dos gallos ni es corral ni es ná. Y en este corral parece haber dos gallos, y más. Pero la verdad es que si vas afinando la perspectiva, si vas enfocando la imagen, esta primera apreciación sin ser falsa no es totalmente cierta. Puede, no lo dudo, que esta apariencia tenga un algo de realidad, pero lo que parece que vaya a dirimirse en el PSOE es algo bastante más profundo que el simple enfrentamiento entre dos posturas, o entre dos personajes, lo que realmente va a dirimirse en unas primarias es el modelo de representación que el PSOE va a tener. Su peso en la política nacional.

La verdadera disyuntiva está entre un modelo de partido representativo de la sociedad, que adquiere compromisos y está obligado a ejercer políticas fuera de ideologías puras para captar los votos de los no militantes, o acercarse a un partido más comprometido con posiciones inamovibles y militantes y que por tanto dependerá única y exclusivamente de sus afiliados.

Tal vez esta reflexión suene un poco radical pero está claro, y más tras su discurso de espantada, que la política que pretende Pedro Sánchez está más cerca de Podemos que del PSOE de estos últimos cuarenta años y que nació del proceso de modernización y unión que realizó Felipe González tras la Constitución para crear a nivel nacional un partido fuerte y preparado para gobernar.

Desde entonces una parte de la militancia ha ido reclamando lo que entonces se dejó para lograr su preponderancia, el marxismo, la posición de izquierda pura, y abominando de las posturas social-demócratas sin las cuales la historia del periodo constitucional del PSOE no podría entenderse.

Tal vez lo que unos y otros tendrían que reflexionar, aunque las esquizofrenias son inevitables, es si se quiere un partido de izquierdas puras, radicalizado, de confrontación y, posiblemente, sin opciones de gobernar salvo en coaliciones con posturas aún más radicales, o quieren retomar el espacio que dejaron en el centro desde el advenimiento del señor Zapatero y que ha marcado un declive imparable hasta este momento.

Lo dicho, un partido que solo representa a sus militantes, o un partido que representa a una sociedad que tiene múltiples gradaciones de color, múltiples matices.

No tengo claro, salvo por las formas, qué diferencia habría entre un PSOE como el que pretende Pedro Sánchez y Podemos. No tengo claro siquiera que haya un espacio político electoral para que ambos pervivan más allá de tres o cuatro elecciones. No tengo claro, tampoco aunque si tengo mis sospechas, de cual perviviría en ese caso. Habría que sopesar qué peso tiene la historia o la falta de ella. Habría que sopesar qué empuje tiene el populismo o cuanto lastra el apuntase a él.

“No tengo claro, salvo por las formas, qué diferencia habría entre un PSOE como el que pretende Pedro Sánchez y Podemos. No tengo claro siquiera que haya un espacio político electoral para que ambos pervivan más allá de tres o cuatro elecciones.”

Claro que tampoco tengo claro cuánto tiempo tardaría una posición más estatalista, de corte social demócrata, en recuperar la confianza de unos simpatizantes, de unos votantes, más pragmáticos y que han pasado un calvario de incertidumbres, de derivas, de palabras que luego no se correspondían con los hechos.

Lo dicho, susto o muerte. El PSOE no puede seguir jugando a dos barajas, a la indefinición, al juego del digo y del Diego, a la gallinita ciega o a mirar por el retrovisor como el que viene por detrás lo adelanta.

A lo mejor, y no quieren verlo ni militantes ni dirigentes, hay dos partidos en unas solas siglas, y mientras la cuota de poder lo enmascaró todo fue bién. A lo mejor, o a lo peor, hay un PSOE ideológico y un PSOE político, un PSOE de base y otro de dirigentes, cuyos proyectos, cuyos caminos son irreconciliables.

En todo caso pronto lo sabremos, pronto sabremos si los militantes, que son los dueños de las primarias, eligen ideología o poder, susto o muerte.

Eso sí, estoy esperando a ver a quién jalea el señor Iceta, (sotto vocce: se rumorea que la señora Díaz, como buena andaluza, ha ido a verlo para evitar que grite eso de: “Por diós Susana, libranos de…”), para tener claro quién va a perder.

Siempre agradecido Comandante

Se ha podido estar de acuerdo o no con tu forma de gobierno, pero lo que es innegable es el esfuerzo con tu pueblo para lograr doblegar al Imperio, estarás con Maceo, Martí, y el Ché en el Panteón de los Héroes de la Independencia de cubana,

por tu rechazo a integrarte a la OEA mientras no se levantara el brutal bloqueo al que estuvo sometido la isla, el exigir y conseguir la libertad de los CINCO en los EEUU, el liberar a tus disidentes del interior y lograr el reconocimiento mundial.

Por preparar a tu pueblo para el futuro en todos los sectores, Educación Primaria, Universidad, Sanidad, atención a los mayores, Energía, Transporte, autarquía obligada por el bloqueo yanqui, solo Cuba se mantuvo diferente al resto de los países hispanohablantes de América al que los dirigentes de EEUU ayudaron únicamente para esquilmar sus Materias Primas, colocando gobiernos títeres, algunos han tardado en conseguir cierta independencia,  pero arrastran años de abandono, su población con extrema pobreza, analfabetismo, dependencia del exterior, sanidad deplorable, grandes diferencia sociales, todo les costará conseguir mejorar, el capitalismo no descansa y ejercitan otro tipo de bloqueo más sutil en nombre de la Democracia pero con el siendo mismo resultado, el beneficio de unos pocos, los líderes opositores a esos gobiernos medianamente progresistas, siempre son multimillonarios educados en los EE UU.

comandanteDeseo a ese gran pueblo que los logros obtenidos por sus padres y abuelos con la Revolución sean suyos y únicamente suyos, porque cuando los Neoliberales entre construirán Casinos, Hoteles, edificios, viviendas, pretenderán hacer de esa hermosa isla un lugar de esparcimiento de Ocio y Diversión de los EEUU y lo que conlleva, delincuencia y corrupción, empezarán pagando buenos salarios, dado que necesitarán mano de obra y para muchos será el “bellocino de oro” el capitalismo, caerán en el consumo desenfrenado propio de países que al no tener nada les aparece todo y tenderán a olvidar los logros obtenidos, el capitalismo intentará al igual que en otros países por ejemplo España, hacerse con los Hospitales, Universidades, Colegios, Carreteras, Geriátricos, Energía, Transporte, Ambulancias, Cementerios…. construidos por y para el pueblo, lo entregarán, mediando la corrupción, justificando que es por mor a mejoras de sus instalaciones, pero será el deterioro de atención al pueblo, solo inversión para el turismo hospitalario, con acceso mínimo, si lo hay, para el dueño legítimo el pueblo cubano, se tornará el uso para un alto poder adquisitivo, aprovechándose de sus médicos de fama en todo el orbe, como ha quedado demostrado en todas las catástrofes donde nunca han faltado. Deseo que nunca olviden tu guía en los logros para Cuba y siempre sean agradecidos al Comandante Fidel.

“Deseo a ese gran pueblo que los logros obtenidos por sus padres y abuelos con la Revolución sean suyos y únicamente suyos, porque cuando los Neoliberales entre construirán Casinos, Hoteles, edificios, viviendas, pretenderán hacer de esa hermosa isla un lugar de esparcimiento de Ocio y Diversión de los EEUU”

Reflexiones de un habitante de la aldea global

antisistema

Visitaba el otro día con unos amigos el Museo Arqueológico y contemplábamos con admiración creciente los trabajos que allí se exponen realizados por el hombre a lo largo de su historia. La creciente pericia en las labores, el salto cualitativo en los materiales, la belleza cada vez más compleja en los resultados. Todo parece marcar un avance evidente en las cualidades artesanales y artísticas del hombre, todo parece indicar una evolución en su afán de dominar el entorno y convivir con sus semejantes.

Llegamos en un momento determinado a una sala en la que se reproducían antiguos poblados de los distintos pueblos que habitaron esta península. Su distribución, su forma de defenderse de los peligros que acechaban desde el exterior.

Comparaba aquellas primeras fortificaciones, apenas empalizadas en unos casos y murallas ya seriamente defensivas en otros, con las primeras fronteras que el hombre establecía para su mejor capacidad de supervivencia. Esas fronteras que pretendían, inicialmente, marcar el límite de la protección, de la seguridad, frente a bestias y enemigos.

Y como siempre mi cabeza empezaba a saltar de una idea a otra y pensaba como de esa empalizada se había pasado a la tribu con varios poblados, a la nación, al estado, a la utilización perversa y excluyente de los límites. Al concepto interesado de dentro bueno, fuera malo, que tan bien han ido sabiendo utilizar los que se hacían más fuertes, los elegidos por dios, aunque dios nunca haya dicho nada, o por los hombres para acotar, dominar y agrandar sus dominios.

Y saltando de concepto en concepto, de siglo en siglo, de civilización en civilización, mi mente me trajo hasta estos nuestros días y encontré divertido pensar que el hombre parecía evolucionar pero solo había pasado de la aldea rupestre a la aldea rural, de la aldea rural a la aldea castrense, de esta a la aldea ciudadana y llegábamos a día de hoy a la aldea global.

 

“… encontré divertido pensar que el hombre parecía evolucionar pero solo había pasado de la aldea rupestre a la aldea rural, de la aldea rural a la aldea castrense, de esta a la aldea ciudadana y llegábamos a día de hoy a la aldea global.”

Pero, no podía ser de otra forma, mi mente no se conformó con viaje tan agitado. No, me puse a comparar cuales eran las diferencias y similitudes. Cuál era el avance efectivo de esta soberbia civilización que pretende conocer todos los secretos del universo, que pretende saber quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.

Hemos logrado crear un lenguaje que permite describir lo indescriptible, abarcar lo inabarcable, concebir lo inconcebible. Hemos logrado guardar memoria de quienes fuimos, entender lo que sucedió cuando no estábamos e incluso atisbar lo que será cuando nos hayamos ido. Podemos hablar de lo infinito como si fuera cotidiano, modificarnos por dentro y por fuera para extender nuestra vida, recorrer el planeta entero en pocas horas y comunicarnos con casi cualquier lugar del mundo al instante.

Podemos lanzar imágenes al aire y recogerlas allí donde nos convenga. Podemos difundir nuestra voz sin un soporte físico que la transmita. Podemos volar sin alas, sobrevivir en el vacío o sumergirnos en las profundidades hostiles protegidos por nuestros inventos.

Hemos alargado nuestra vida y aún no hemos alcanzado los límites de lo posible.

Y ya estaba prácticamente henchido del orgullo de pertenecer a esta civilización cuando mi mente, mi inquieta mente, ha llegado a lo que no me gusta.

Y lo que no me gusta es tan miserable, tan injusto, tan increíble, que es capaz de borrar todos esos logros de los que podríamos sentirnos orgullosos.

Porque en esta pretendida aldea global hemos permitido que el fuego tenga dueño y haya gente que se muere de frío por no poder usarlo. Hemos permitido que los hogares tengan dueño y haya gente sufriendo a la intemperie habiendo chozas vacías. Hemos permitido que el agua sea propiedad de algunos y nos obliguen a pagar por ella y por los caminos que recorre. Hemos tolerado que el alimento esté en manos de los que no lo producen y tiren lo que muchos necesitan para vivir. Hemos consentido la implantación de un sistema tan injusto que permite que haya unos pocos que acaparan en un día los que millones necesitan durante un año para vivir. Nos hemos plegado a comerciar con el conocimiento, con la salud, con el bienestar, con la seguridad, con la hospitalidad e incluso con la felicidad.

Tal vez esta moderna aldea que abarca a tantos, que no a todos, sea una buena idea de base, pero el ansia, la avaricia, el afán de dominio, de poder, de algunos ha convertido esta aldea global en una aldea injusta, inhumana, insolidaria. Un mundo de esclavos pagados, de siervos en libertad, de lacayos con pretensiones de señores. Una farsa donde las migajas de unos pocos, las que tienen  que ceder para aumentar su poder, sean el pan de algunos y la miseria de la mayoría.

No concibo una aldea primitiva en la que alguien muriera de hambre en medio de la abundancia, en que alguien muriera de frío por no permitírsele acercarse a la hoguera, en que alguien durmiera a la intemperie habiendo chozas vacías.

Me parece que como el protagonista de “Un Mundo Feliz”, yo acabaría eligiendo la utopía del salvaje, pero hoy por hoy aquí sigo, viviendo en la aldea global, viviendo la distopía sin saber qué futuro nos puede esperar, paladeando la fatalidad.

Una triste, una castrante, una interesada indiferencia

 Las cosas cambian y no precisamente para bien. Tampoco es cierto que cualquier tiempo pasado fuera mejor, no, pero tengo la sensación de que nuestra forma de entender  el mundo, eso que pomposamente llamamos civilización, está en un declive imparable.

Y no lo digo por los problemas económicos, que si, ni por los problemas éticos, que también, ni siquiera por los problemas bélicos, lo digo porque la constante intoxicación, el recorte de libertades y derechos, la manipulación política y la crisis de valores inducida por una educación interesada en formar borregos en vez de personas, hacen que sea previsible una caída al lado de la cual la del imperio romano no fue si no agacharse a coger una flor.

¿En qué foro internacional me he documentado? ¿De qué grandes expertos beben mis opiniones? De la calle, de la comparación del mundo que viví con el que vivo, de la percepción de un deterioro sordo, de un desánimo que va creando incomodidad, de un cabreo subyacente que antes o después tendrá que reventar por algún lado y, como siempre que revientan las cosas, que dios nos pille confesados.

Tus likes no les ayudarán.. Fuente; notinerd.com

Tus likes no les ayudarán.. Fuente; notinerd.com

Pero como el movimiento se demuestra andando voy a poner un ejemplo de lo que intento explicar. Si quien lee esto se toma un poco de molestia en verificar mi ejemplo comprobará que al mismo nivel popular, callejero, cotidiano hay muchos más.

“¿En qué foro internacional me he documentado? ¿De qué grandes expertos beben mis opiniones? De la calle, de la comparación del mundo que viví con el que vivo, de la percepción de un deterioro sordo, de un desánimo que va creando incomodidad… “

Recuerdo que en tiempos de mi niñez, finales de los cincuenta, principios de los sesenta, mi abuela, y mucha otra gente humilde, tenía su pobre de cabecera, un señor que una vez al mes se pasaba por la puerta de su casa y recibía una dádiva, alguna vez en especie, las más monetaria, que nunca era excesiva. Mi abuela le preguntaba por sus asuntos, charlaban un par de minutos y este señor se despedía hasta el mes siguiente. Era un pobre reconocido, esto es con reconocimiento de pobreza e imposibilidad verificada de poder trabajar para ganarse la vida. Por aquél entonces no existían los beneficios sociales ni los sueldos de inserción y a los pobres se les llamaba así, pobres o mendigos y no “jomeles” por si se ofendían.

Corrían ya mis treinta años, o sea los ochenta del siglo pasado, cuando en una esquina de Serrano con Victor Andrés Belaunde de Madrid abría diariamente su despacho un mendigo, y lo nombraré a él por poner un ejemplo pero había muchos más, que se acercaba al coche con un cubito de playa, que si llovía se ponía en la cabeza, y me comentaba su necesidad de ropa o de pagar el alquiler de una habitación, o me invitaba a un café, que por supuesto pagaba yo, o me comentaba sus visones de posibles negocios lucrativos, y siempre, siempre, con una sonrisa, una frase ingeniosa o dándote unos panfletos en los que como enviado de la confederación de planetas analizaba “en profundidad” los males de la sociedad y pronosticaban la pronta e imprescindible intervención de la civilización extraterrestre en la que él sería reconocido como enlace y elegido.

Nunca vi que nadie sintiera la necesidad de subir las ventanillas, poner el cierre de seguridad ni ninguna otra acción evasiva con respecto a este buen hombre.

Una vez, estaban cercanas ya las navidades, me comentó que sería un buen negocio vender unos décimos de lotería mientras “paseaba por su esquina”, como él solía decir. A la semana siguiente le llevé un par de billetes y se los di para que los vendiera. Al cabo de unos días me entregó el dinero de los billetes y “mi parte” de los beneficios que yo recogí sin rechistar y que le di como aguinaldo al día siguiente porque sabía que él se sentiría orgulloso de haber hecho un negocio, y también lo suficientemente necesitado como para no rechazar “mi parte” devuelta no como renuncia a mi participación si no como donativo a su labor como “enviado”. Pocos meses después dejé de verlo y me lo encontré por casualidad en otra esquina diferente. Me contó que las cosas se estaban poniendo chungas, que había gente nueva muy rara y que su “trabajo” se estaba volviendo peligroso. Ya no volví a verlo.

Desde entonces a aquí raro es el semáforo en el que no te sientes asaltado, intimidado moralmente, y en ocasiones casi físicamente (peor si eres mujer), agredido por una ingente turba de pretendidos indigentes que, de malos modos en muchas ocasiones, pretenden coaccionarte para que compres algo inútil, te dejes hacer una limpieza innecesaria de cristales, pagues por escuchar un ruido generado por un instrumento musical, o simplemente dejes alguna moneda. No me llegaría el sueldo de un mes para recorrer Madrid durante un día si accediera a todas las pretensiones. No me llegaría toda mi capacidad moral de sufrimiento si pensara que todos ellos son verdaderos necesitados. No me llega toda la rabia del mundo cuando veo ciertas actitudes rayanas, cuando no ciertamente insertas, en el delito ante la absoluta pasividad de los agentes del “orden” ocupados en otros menesteres más lucrativos para los administradores.

Hace ya años paseando por Goya con mi familia, encerrado en mi cápsula de proximidad familiar, algo llamó mi atención. Una señora mayor sentada en un banco parecía pedir, como una pedigüeña más, y como a una pedigüeña más mi mirada la había borrado del paisaje al pasar, pero algo debió de llamar mi atención, no sé el que. Salí de mi capsula y me volví. Era, efectivamente, una pobre señora, bastante mayor, con carencias físicas y apenas un hilillo de voz, que pedía que alguien le parara un taxi. “Si yo llevo dinero, pero no me atrevo a salir del bordillo para pararlo”. Le paré un taxi y la ayudé a subir. Nunca me he sentido más miserable, más inhumano, más triste, suponiendo lo que nos espera.

Alguien debe de estar trabajando en nosotros para provocarnos una triste, una castrante, una interesada indiferencia hacia nuestros semejantes. Y con éxito.

Si yo tuviera veinticinco años

Cuando se tiene cierta edad, y el término cierta siempre se refiere a pila de años, y se echa la vista atrás es cuando se puede apreciar la evolución de la personalidad, la maduración de ciertas ideas y un poso de conocimiento, lo de sabiduría me parece un exceso, que te permite intuir la diferencia entre tus actos presentes y los que llevarías a cabo si a día de hoy tuvieras, pongamos, veinticinco años, año arriba, año abajo.

Si en este momento tuviera veinticinco años yo sería, casi con total seguridad, votante de Podemos. Lo tengo claro. Hoy no. Ya estoy oyendo el discurso de los que no esperan a las razones ajenas, seguramente porque carecen de razones propias: “Es que con la edad la gente se va volviendo más carca”. Bueno, no dudo que ellos sí, yo no.

Con veinticinco años yo me consideraba anarquista, vehemente, convencido, sin fisuras. Con algunos más hoy me considero ácrata, vehemente, convencido, sin fisuras, y con mucho miedo de lo que el término significa para otros. Y ahí radica la diferencia. Con veinticinco años a mí me daba igual lo que pensaran otros que pensaba yo, a día de hoy a mí me preocupa mucho lo que piensan otros que dicen pensar lo mismo que pienso yo.

Con veinticinco años yo estaba al lado, o un paso por delante, de cualquiera que quisiera cambiar el mundo, sin importarme ni los medios, ni las formas, ni las consecuencias. Con veinticinco años tenía toda la vida por delante para equivocarme y corregir mis errores, de visualizar ante una vida tan larga como sería el mundo conmigo en él, no podía ser de otra manera, y por tanto valoraba la urgencia de cambiarlo para poder disfrutar de mi sueño. Con veinticinco años las tradiciones eran cosa de los viejos, la historia una materia de estudio y España una cosa de la que hablaba Franco y nos obligaba a la fuerza. A día de hoy tengo hijos y sé que tengo que trabajar, que aportar mi granito de arena para que el mundo vaya derivando hacia el mundo que yo sueño, o, como es el caso, para evitar que el mundo vaya ciegamente encaminado hacia las peores fantasías de la ciencia ficción de los años dorados del género: Un Mundo Feliz, Gran Hermano, La Fuga de Logan… A día de hoy sopeso las tradiciones, incluso aquellas que tienen  un carácter o fondo que no comparto, analizo y valoro la historia como parte de lo que soy y España es un trozo de mundo agradable, y con considerables ventajas sobre muchos otros, en el que vivo y con el que parcialmente me identifico.

Por eso con veinticinco años yo habría votado a Podemos, o habría sido jacobino si la época hubiera coincidido, sin importarme los medios, las formas, las consecuencias, convencido de que era el camino inmediato y feliz para un cambio que ordenara el mundo. Por eso hoy en día no puedo votar a Podemos, porque no tiene una ideología formal y que pueda reconocer y actúa como una amalgama de activistas donde cada uno cree que puede imponer a la sociedad sus credos, porque hace de la provocación una forma de actuación, porque, como todos los radicales, religiosos, anti religiosos, políticos o anti políticos, consideran que destruir todo lo existente es el camino para crear un mundo más justo y más feliz. Que todo lo pasado es pernicioso o en todo caso borrable.

 

Porque con veinticinco años no hay nada por encima de los valores, pero con cierta edad uno ya ha visto lo que se hace con los valores, lo que la política acaba haciendo con los valores y como los dictadores se envuelven en la bandera de la libertad, y como los demagogos se camuflan como activistas sociales, y como los ávidos de poder usan las necesidades de la sociedad para su propio medraje, y entonces importan las formas, los medios, las consecuencias. Por eso yo con veinticinco años habría votado a Podemos, pero con cierta edad, con la que tengo ahora, solo comparto con ellos los valores pero no la política, o sea, las formas, los medios, las consecuencias.

Permítaseme una reflexión de ser humano con una cierta edad, con un compromiso con la igualdad, la libertad y la fraternidad, una pregunta, o preguntas, que no tiene otro fin que el de invitar a que reflexionen conmigo

Bueno, la soberbia también es una característica de los veinticinco años, año arriba, año abajo, edad en la que la experiencia es algo que dicen tener otros y la usan para evitar que los de veinticinco años, año arriba año abajo, puedan reclamar la razón que indudablemente creen tener.

Acrata

Ácrata.- Fuente: Taringa

“Claro que siendo sincero, totalmente sincero, si yo tuviera veinticinco años sería votante de Podemos, pero ahora, con cierta edad, con la pila de años que tengo, no me siento capaz de votar a Podemos, ni al PSOE, ni al PP, ni a Ciudadanos, IU, o cualquier marea o compromiso que me salga al paso, porque ya la experiencia me dice que ninguno de ellos garantiza el cien por cien lo que yo creo que necesita la sociedad”



Habrá quién leyendo esto piense “quien tuviera veinticinco años”. Yo no, primero porque es una quimera, segundo porque ya los tuve y estuvieron bien y tercero, y fundamental, porque ahora tengo, disfruto y paladeo, una cierta pila de años.

Claro que siendo sincero, totalmente sincero, si yo tuviera veinticinco años sería votante de Podemos, pero ahora, con cierta edad, con la pila de años que tengo, no me siento capaz de votar a Podemos, ni al PSOE, ni al PP, ni a Ciudadanos, IU, o cualquier marea o compromiso que me salga al paso, porque ya la experiencia me dice que ninguno de ellos garantiza el cien por cien lo que yo creo que necesita la sociedad. Porque creo que son organizaciones al servicio, o al servicio del ansia, del poder. Porque creo que la disciplina de voto, que feo verbo disciplinar, es inversamente proporcional a la libertad, porque las estructuras rígidas y monocordes que son los partidos son inversamente proporcionales a las ansias democráticas de la sociedad.

Tal vez si hubiera listas abiertas… Tal vez. O si yo tuviera veinticinco años.

El imperio contraataca

Después de tan agitada época nos hemos sumido, algunos al menos, en una calma incierta y expectante. Como escéptico nada de lo que parece no suceder, ni nada de lo que parece suceder, para nada calma este clima de expectante tranquilidad.

En una nueva pingareta léxica el señor Sánchez ha sido dimitido, forma absolutamente irregular del verbo dimitir, por una ejecutiva bronca pero consciente de que la herida que el secretario general estaba produciendo en las bases y en la opinión pública, y publicada, es de las que llevan a una septicemia irreversible.

Yo no sé si a estas alturas la división que ha creado antes, y después, sobre todo después, de su lamentable paso por la vida pública, puede tener solución sin dejarse el sentido de partido gubernamental que el PSOE tenía antes de que los últimos secretarios generales hicieran de él una piltrafa electoral. Las declaraciones posteriores a su dimisión, la de Pedro Sánchez, han dejado al descubierto unas intenciones que no por negadas eran menos evidentes: pactar con quién fuera, lo que fuera, y a donde nos llevara para conseguir el prurito de ser presidente de gobierno.

Era claro que en ese camino el PSOE y Podemos acabarían siendo una única opción política, pero Podemos estuvo poco ágil, poco inspirado, excesivamente cegado por la ambición, y por la soberbia,  de ganar en las urnas la posición al PSOE. Si en ese momento Podemos se hubiera abstenido hubiera conseguido hacerse con la parte de la militancia más a la izquierda del PSOE y controlar un gobierno entregado a su estrategia.

“Don Pedro Sánchez aspira a pasarse con armas y bagajes, esto es con secretaría general y bases, a la ideología de Podemos. Supongo que dadas las declaraciones de Pablo Iglesias, el actual, el PSOE pasaría a ser el ala vieja de Podemos. Todos los votantes de izquierdas de cuarenta y cinco años o menos votarían Podemos, en tanto que los de 45 años y un día en adelante lo harían al PSOE.”

Después de tantas declaraciones de unos, otros y los de más allá, algunas cosas han quedado claras. Y no por ello, como bien decía al principio, han quedado en calma.

Don Pedro Sánchez aspira a pasarse con armas y bagajes, esto es con secretaría general y bases, a la ideología de Podemos. Supongo que dadas las declaraciones de Pablo Iglesias, el actual, el PSOE pasaría a ser el ala vieja de Podemos. Todos los votantes de izquierdas de cuarenta y cinco años o menos votarían Podemos, en tanto que los de 45 años y un día en adelante lo harían al PSOE.

¿Y los que no quisieran esa opción? Ya se sabe viejos, con esclerosis cerebral, de derechas y por culpa de los cuales este país no puede avanzar.

Yo creo que el último episodio protagonizado por el joven senador Espinar es una palmaria demostración de la incapacidad de aceptar las reglas del juego que pretenden imponer a los demás y la incapacidad de autocrítica de esta formación y de todo un movimiento que es capaz de ver la paja en el ojo ajeno y encontrar siempre culpables externos de todos sus fracasos.

Se ponga como se ponga el señor Espinar, hijo, y lo explique cómo lo explique, lo suyo es trinque puro y duro. Acceder a una vivienda protegida por enchufe, acceder a un crédito inalcanzable para los que no tengan “contactos” y venderla al poco tiempo por más dinero es ni más ni menos que trincar o, en lenguaje más técnico, especular. El hecho de que yo y el noventa y nueve por ciento de los españolitos hiciéramos lo mismo que él ha hecho si se nos presentara la oportunidad no quita que eso se llame como se llama. Claro que a lo que ni yo ni el noventa y nueve por ciento de los españolitos nos dedicamos es a decirles a los demás lo feo que está que hagan lo que yo he hecho. O sea que, tirando de refranero, “una cosa es predicar y otra cosa es dar trigo”.

Aunque que al fin y al cabo esa es la esencia del populismo. Predicar es gratis. Predicar es tan fácil como reunirse con los amigos y solucionar el mundo con cuatro pinceladas sin pintura ni lienzo. Pero cuando llega el momento de dar trigo, cuando llega el momento de pagar el lienzo y la pintura de nuestro plan maestro hay que contar con los dineros para poder poner algo sobre el caballete, eso si no es que hay que empezar por comprar el caballete.

Pero en fin, podremos considerar que todo lo anteriormente dicho y lo callado, que es mucho más, es importante. Pues no. No lo es.

A mí, a día de hoy lo que realmente me preocupa es que el imperio contraataca. Lo que realmente me preocupa es imaginarme a un personaje como mister Trump dirigiendo el imperio que las fuerzas más retrogradas y coercitivas de este triste planeta están dispuestas a poner en sus manos. Algo así como si volviera Nerón pero en demasiado rubio, demasisado hortera y desaforado. Un dolor.

Elecciones norteamericanas: ‘El porqué de Trump”

Trump y Hilary

Aviso a navegantes: en el presente artículo voy a presentar mis opiniones sobre las próximas elecciones de los EE.UU. con el fin de invitar a la reflexión sobre ciertos aspectos que creo que se están pasando por alto. Es decir: no me hagáis demasiado caso.

En los últimos meses hemos podido seguir el hilo del esperpento que se está viviendo al otro lado del charco. Aunque la cobertura mediática no ha sido tan constante como con otras temáticas, al menos una vez cada dos días podíamos ver en nuestros noticiarios algún breve apunte sobre las elecciones norteamericanas. O, más que sobre las elecciones, sobre uno de los candidatos: Donald Trump. No voy a repetir aquí quien es, de donde viene, que ha hecho o dicho, etcétera; no haría más que repetir cuestiones que, en general, son ya de dominio público. Pero hay algo que me sorprende sobre su figura que quisiera resaltar: posiblemente no haya un candidato a la presidencia de un gobierno (en los últimos años a lo largo y ancho del globo) que haya generado tanta animadversión como Trump. Y no sólo eso: dudo que haya habido un candidato a que se le haya intentado boicotear más desde prácticamente todos los sectores. ¿A qué me refiero?

“Pero hay algo que me sorprende sobre su figura que quisiera resaltar: posiblemente no haya un candidato a la presidencia de un gobierno (en los últimos años a lo largo y ancho del globo) que haya generado tanta animadversión como Trump. Y no sólo eso: dudo que haya habido un candidato a que se le haya intentado boicotear más desde prácticamente todos los sectores”

Póngase usted en el lugar de una ciudadana o un ciudadano de Norteamérica: de clase media venida a menos, que vive en esos suburbios descritos por Vicente Verdú en “El planeta americano“; ciudadanos que han visto frustradas sus aspiraciones en el marco de una economía altamente competitiva; que desconfían no sólo de los políticos y del gobierno, sino de los poderes fácticos, de Wall Street, y de sus intereses.

Imagínense ahora que un candidato les ha llamado la atención por un tono políticamente incorrecto en una sociedad que prefiere la corrección y perfección de la moral en el lenguaje ante que en la realidad. Y lo más importante: porque se atreve a decir  en voz alta lo que la mayor parte de esas personas piensan y apoyan. Podemos considerar que estas personas no están en su sano juicio al sentir cierta admiración por este personaje, pero, ¡ay la democracia! Se nos olvida en ocasiones que el hecho de que alguien sienta simpatía hacia algo que no nos gusta, no nos puede llevar a calificarles de idiotas. A veces hay que reflexionar sobre los errores propios en lugar de achacar la falta de apoyos a la supuesta idiotez de los conciudadanos.

Sigamos imaginando. Ese candidato logra, contra todo pronóstico, hacerse con el control de su partido, pese a los intentos de la “vieja guardia” por evitarlo. Todos los medios de comunicación de norteamerica (a excepción de muchas algunas de las televisiones por cable) se han mostrado desde entonces, y también desde antes, en contra de ese candidato. Ha habido economistas que han advertido del peligro que supone que llegue a la presidencia, y de hecho, Wall Street no esconde su antipatía ante el mismo (además de muchos gigantes tecnológicos, como Apple o Twitter) Muchos líderes mundiales han manifestado también su preocupación ante la visión de semejante personaje cómo presidente. Muchas de las estrellas de Hollywood y del mundillo del famoseo norteamericano no han tenido ningún problema en posicionarse públicamente en su contra.

Ahora piense. Póngase en el lugar de ese ciudadano del que hablábamos. El candidato que a usted le gusta tiene a la antidemocrática élite de su partido en contra; a expresidentes de los Estados Unidos (responsables en última instancia de la situación en la que usted está) en contra; a famosos que ve viviendo la cultura del despilfarro constantemente en la televisión mientras usted no tiene ni para irse de vacaciones, en su contra; a Wall Street y a todos los impresentables que le han metido en la crisis del 2008, en su contra. Y no sólo eso, sino que su contrincante representa precisamente el tipo de personaje político que ha llevado al país a la situación en la que está ahora: Hillary Clinton. Una política cuya puesta en escena parece más un producto de marketing que de fuertes convicciones políticas; una persona con la confianza de Wall Street y que, pese a no ser “millonaria”, se la puede considerar del establisment; una política que ha traicionado ya la confianza del pueblo americano, no sólo por el asunto de los emails, sino también por la paralización de la reforma sanitaria norteamericana (al menos, tal y como lo relata Michael Moore en Sicko). En síntesis, una persona que ha llegado a su posición por los mismos juegos de trileros que sus antecesores, con los mismos apoyos y deudas por pagar una vez en la presidencia; que en definitiva, representa todo lo que está mal en la política norteamericana.

Dicho todo esto, piense ahora un momento, ¿Qué haría usted si esto hubiera ocurrido aquí en España? Piense en el candidato por el que votó. ¿Qué hubiera pasado si absolutamente todo el país, todos los periódicos, todos los grupos empresariales de los que usted lleva desconfiando años se hubieran posicionado en su contra?

No pretendo con este escrito defender a Donald Trump, y ni muchísimo menos situarlo en el papel de “víctima” de un complot. Pero esto que acabo de describir nos debe hacer reflexionar sobre hasta qué punto en ocasiones podemos estar a favor de que, por todos los medios, se intente boicotear la carrera política de un candidato que nos disgusta profundamente, aun cuando esto pueda romper con las reglas del juego democrático. Y también cómo (y aquí lanzo una hipótesis) todos estos medios si bien pueden acabar frenando su carrera política, será a costa de generar aún una mayor desconfianza hacia el sistema democrático y la injerencia de otros poderes que escapan al control del ciudadano medio.

© Germán Hevia (colaborador)

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