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La trama del 97%. Lo que esconde la (televisada) trama del 3.

Comentaba en este espacio, hace un mes, la insoportable parcialidad de los medios al tratar la corrupción. Por sistema, el gran beneficiario de las tramas corruptas está oculto a la opinión pública. Esta forma de tratar los delitos institucionales, es bien sabido, nace de la dependencia económica de las grandes empresas, y asienta en el ideario colectivo que la actual situación económica se debe exclusivamente a esos granujas de medio pelo disfrazados de políticos y a las mordidas y despilfarros que abarrotan las portadas.

No es casualidad por lo tanto que, por ejemplo, la estafa del rescate financiero no sea tema de debate ni preocupación en los programas de información política. Según el propio ministerio de Economía, el resultado de toda la operación es de menos 40.000 millones, que ahora debemos no se sabe bien a quién, pero que se suman al billón largo de deuda pública que se cierne sobre nosotros. Eso sin contar con los cientos de miles de millones que tenemos comprometidos en avales y pólizas, o la consagración Constitucional de la prioridad del pago de la deuda sobre cualquier otro gasto del Estado. Esto no se debate, se ha hecho lo que “se tenía que hacer” Todo bajo las órdenes de Berlín y Washington. Cualquier caso de corrupción de los que inundan el espacio mediático queda en hurto menor si lo comparamos con esto.

Otra.

Cuando el señor de la doctrina propia consiguió que Zapatero endeudara al país en 50.000 millones de euros para crear un Fondo de Adquisición de Activos Financieros, FAAF, en 2008, al observar con pavor que sus “socios” de Wall Street habían provocado un desastre nuclear en el sistema financiero occidental y la onda expansiva podía llevar a la quiebra todo el entramado nacional, tan solo un medio se atrevió a publicar lo que era un secreto a voces: que el mismísimo Botín, en reunión a puerta cerrada, había obligado al Gobierno de un país soberano (risas) a mantener en secreto qué bancos habían accedido al Fondo. De saberse, claro, hubiera podido provocar una reacción en cadena y los inversores habrían huido en cascada del accionariado, hundiendo la cotización y, probablemente, quebrando el banco.  Donde manda Botín, no manda Zapatero.

El escándalo de que un banquero con doctrina jurisprudencial propia maneje un Gobierno como quien hace la colada, no ha merecido para los medios el más mínimo atisbo de preocupación. A lo peor, el hecho de que, por ejemplo, las portadas de todos los periódicos de tirada nacional, en un día fatal del 2014, pasaran a la página 2 para dejar sitio a un anuncio a página completa del Banco Santander, tiene algo que ver con el asunto. También que, al día siguiente de aprobarse el FAAF, se aprobara otro nuevo fondo dotado de 30.000 millones más y dos sistemas públicos de avales de 100.000 millones cada uno. Para tapar un  escándalo mayúsculo, y, de paso, tapar también el reconocimiento de que la crisis iba para rato, se empezó a inyectar capital en el sistema financiero a escala fluvial, continua y abundante. Una estafa tapada con otra mayor y luego otra mayor. Poro los medios nos enseñan la corrupción.

Tampoco tienen demasiada cabida en los debates “políticos” de la tele las tres multas que 12 grandes bancos internacionales aceptaron pagar a cambio de que no se investigaran las manipulaciones del Líbor, en Reino Unido, el Euríbor, en la zona Euro, y las cotizaciones del dólar y el Euro en EEUU y Europa. El importe total de las multas por las tres estafas masivas asciende a 20.000 millones de euros, una cifra muy considerable, pero muy alejada de las cantidades estafadas, que podrían ascender a varios cientos de miles de millones de euros.  (Para hacernos una idea, un solo banco, el DB, solo en Alemania y en tres años, se habría levantado 10.000 millones extra gracias a la manipulación). BankOfAmerica, Citigroup, RBS, SocietéGenérale, Barklays, Deutsche Bank y BNP, entre otros, reconocen en la sentencia absolutoria haber manipulado los mercados de medio mundo para apropiarse ilegalmente de una cantidad equivalente al 50% del PIB español. O al 30 o al 60%, no se ha investigado a fondo, la multa la pagan a cambio de que se retiren los cargos penales y se renuncie a investigar seriamente el asunto. Nunca sabremos la cantidad que nos han robado, ya que la sentencia impide que se doten de recursos para esclarecer el botín total.

El escándalo es descomunal; los tribunales de EEUU y la UE permiten a los grandes bancos estafar a 750 millones de ciudadanos sin imputarles causas penales, comprometiéndose por escrito a no investigar la trama a cambio de un porcentaje mínimo del dinero que nos han robado a todos. Es un soborno en toda regla y al máximo nivel, pero no ocupa ni la más mínima portada o debate televisado. Y nuestro país, como miembro del Eurogrupo y la UE, y nuestra sociedad, también ha sido estafado.

Y es que en España, donde cada día tenemos a un corrupto nuevo, la desinformación y la ocultación sistemática de nuestros grandes estafadores es flagrante y palmaria. Es bochornoso que sepamos quién es el sobornado televisivo de turno- aunque lo llamen cohecho, malversación o apropiación indebida-, pero que se pase de puntillas sobre quién soborna y, por lo tanto, se ha llevado la mayor parte del botín. Es una tragedia que para la inmensa mayoría de ciudadanos “los políticos se lo hayan llevado todo”, o la crisis sea “la consecuencia de la corrupción política y el despilfarro general”, mientras cientos de miles de millones de los que nunca se habla en los debates, vuelan hacia los bolsillos de la oligarquía de forma legal e ilegal.

Así como los medios ven y se jactan en contar las tramas del 3, un atronador silencio envuelve las del 97.

Si los Pujol se han llevado, como se dice en los medios, 3.000 millones en sobornos, las grandes empresas para las que han robado el dinero público se habrían embolsado de forma delictiva los otros 97.000. 32 veces más.

Tres mil son muchos millones, no cabe duda, pero en el caso de recuperarlos, algo poco probable, todavía estaría pendiente el resto, los 97.000 que se han llevado los Villar Mir, Koplowitz, Florentino, Brufau, Alierta o Botín. Es curioso que sepamos dónde viven los Pujol, y conozcamos la mala baba de la señora Ferrusola, pero no sepamos a qué paraíso fiscal se llevan nuestro dinero los que pagan todos los sobornos a políticos, medios y jueces.

Para que la Operación Acuamed, o la Púnica, puedan regalar un 3% a los conseguidores políticos, por fuerza hay alguien que se lleva el 97 restante. Aunque ese dinero público entregado ilegalmente fuera a parar a una obra o servicio legal y legítimo, la concesión invalidaría todo el proceso y obligaría a los concesionarios a reintegrar lo cobrado y pagar una multa proporcionada. Es exactamente lo que le tocaría hacer a cualquier hijo de vecino.

Si a algún don Nadie se le ocurre ofrecer un soborno al policía que lo va a multar, por ejemplo, tan solo por el hecho de intentarlo ya ha cometido un delito. Para los medios nacionales, cínica y torticeramente,  el delito de soborno solo lo cometería el policía, y tan solo si este lo aceptara.

Por último, debemos tener en cuenta que muchas de las tramas no se descubren, e incluso que hay corrupciones que ni siquiera trascienden como tales. Ahí están las leyes a la medida de bancos y monopolios de la energía, que pagan con donativos en especie o puestos remunerados de alto copete. ¿A cuánto podría ascender la suma de todos los beneficios ilegítimos de estas grandes empresas a través de su control del BOE?

¿Por qué los debates televisivos y la información política se centra en cuestiones menores, cuando no auténticas chorradas y anécdotas, y callan como gusanos sobre el latrocinio generalizado de sus clientes?

Y es que la trama del 97 no solo paga la del 3, sino que le paga el sueldo a quienes nos deben informar de la misma.

¿Corrupción? Que no nos engañen, los que salen en la tele son los chicos de los recados.

 

 

 

 

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