Archivos de categoría para: Letras

Insomnio

Despierto sobresaltado una noche más. Las 3 de la mañana y parece como si el sudor frío que recorre mi espalda se moviera al compás del segundero del reloj de la mesita.
El aliento entrecortado y esa extraña sensación en la nuca.
Y así, noche tras noche, durante más de tres meses.

Mis ojeras empiezan a verse tan oscuras como las sombras de mi dormitorio.
Sombras desde donde noto como si ella me observase.
Ella, siempre ella.

A veces juro que puedo sentir su sonrisa. Sus ojos, chispeantes de júbilo.
Sus cabellos resbalando sobre mi rostro. Sus dedos ágiles jugando con los míos.
Su aterciopelada voz susurrándome “ven”.

Y después despierto.
Siempre solo, en una cama fría donde falta su calor.
Donde, aunque durante semanas me negué a cambiar las sábanas, su aroma ha desaparecido.

La falta de sueño amenaza con robar la cordura de una mente que comienza a nublar los recuerdos. Recuerdos cada vez más grises y nubosos, con franjas pintadas del gris borroso del humo de los cigarrillos.
No quiero olvidarla.

No puedo olvidarla, porque entonces la soledad será insoportable.
Sin su recuerdo, tan sólo quedaré yo, acompañado por mis remordimientos.
Remordimientos por haberla perdido. Remordimientos por cada una de las veces que ella dice “ven”, con la promesa de acabar con mi soledad, con mi desasosiego, y yo nunca voy.

A veces juro que puedo verla, más allá de esos rincones oscuros de mi mente que juegan a mostrarme cosas que no son. O quizá sí sean, y ella está ahí, tendiéndome su mano, guiándome hasta su regazo.

Diciéndome que me perdona. Que no fue culpa mía. Que me espera.
Y la veo salir de entre las sombras, oscura y radiante, cálida y gélida como sólo puede ser ella.
Diciéndome que no tema. Que ya pasó todo.

Y esta vez la acompaño, dejando que guíe mi mano hasta mi muñeca, para hacer que mi soledad y culpa desaparezcan tras un río carmesí.
Y al fin duermo, bajo el manto de paz y sosiego que sólo ella podía darme.
Ella, siempre ella

Carolina Zarco
Técnico en Desarrollo de Aplicaciones Informáticas y en Gestión de Empresas.
Apasionada por el arte y las letras.

“Género fluido”. La historia de un transexual.

historia de un transexual

Pablo Vergara Pérez, nacido en Barcelona en 1979 y criado en Motril, es activista trans, emprendedor y escritor.  Durante el verano de 2008 se reconoció a sí mismo como hombre transexual y fue en ese momento en el que inició su blog Género fluido: aprendiendo a vivir de otra forma, en el que iba contando sus pensamientos, experiencias y sentimientos a medida que avanzaba en su proceso de transición social de género.

A día de hoy su blog continúa activo  y se ha convertido en uno de los blogs de temática trans más longevos en lengua hispana. El día 13 de octubre publica en exclusiva para Kindle su primer libro, con el mismo título que el blog original, en el que recopila los diarios de sus vivencias como hombre transexual.

El libro que acabas de publicar es una recopilación del diario personal que escribiste durante tu transición de género ¿Qué se siente al publicar algo tan íntimo? ¿Te dio miedo cuando decidiste contar tu historia?

La verdad es que algo de miedo sí sentí. Y vértigo. Como activista, y como emprendedor, soy una persona transexual visible, pero en mi libro cuento muchas cosas muy íntimas. Hablo de mis sentimientos, de mis pensamientos, de las cosas que me hacen vibrar, reír, llorar, o de las que me hacen temblar de rabia. Hablo de cómo los problemas me han hecho luchar, crecer como persona y crear un cambio real a mí alrededor, pero también hablo de los abusos que he sufrido, y de cómo muchas veces no he podido hacer nada más que callarme y pasar por el aro. Mientras repasaba mis diarios me preguntaba “¿de verdad vas a publicar esto?”, y tenía que hacer un esfuerzo para seguir con ello, porque reconocer los triunfos propios es muy fácil, pero hablar de los fracasos, las debilidades y los errores es mucho más duro.

La otra cuestión que me preocupaba es que en mi libro, al tratarse de una autobiografía, no hay personajes. Las otras personas de las que hablo son seres humanos de carne y hueso. Mis amigos, mi familia… Me preocupaba mucho cómo podría esto afectarles a ellos, y de hecho he ido pidiendo permiso a la mayoría de las personas que menciono antes de publicar sus nombres. Algunas de ellas me lo han dado, y para las que no lo han hecho he utilizado nombres inventados.

“reconocer los triunfos propios es muy fácil, pero hablar de los fracasos, las debilidades y los errores es mucho más duro”.
El libro: "Genero Fluido"

El libro: “Genero Fluido”

 

También mencionas a varios funcionarios públicos con su nombre y apellido, y no precisamente para hablar bien de ellos. Estamos en los tiempos de la Ley Mordaza y los recortes en la libertad de expresión ¿Piensas que alguno de ellos podría llegar a denunciarte?

Es una cuestión sobre la que he meditado en muchas ocasiones. Empecé el trabajo de recopilación de mis diarios hace tres años, cuando la mal llamada Ley de Seguridad Ciudadana todavía estaba en trámite, y cuando se aprobó empecé a preocuparme, no sólo por el futuro de mi libro, sino por los textos que ya estaban publicados en el blog. Ahora llevo más de dos años viviendo en Escocia y el blog se encuentra alojado en un servidor que se encuentra físicamente en Londres, así que si me quieren denunciar… les deseo buena suerte con ello.

De todas formas, aunque estuviese en España, lo habría publicado exactamente como está. No hay mucha gente que esté en posición de hablar públicamente y en primera persona de los abusos que sufrimos las personas trans ante la Administración pública y, especialmente, en los servicios de salud. A nadie le interesa darnos voz, o lo que tengamos que decir. Yo, después de ocho años y mucho esfuerzo, tengo la oportunidad de denunciar en primera persona a las personas que tanto sufrimiento están causándonos, y desde la seguridad de encontrarme en el extranjero. Si la desaprovechara, no me lo perdonaría nunca.

¿Qué diferencias has notado en el trato a la gente trans fuera de España? ¿Crees que las cosas han cambiado en España desde el año 2008?

Realmente no puedo opinar sobre las diferencias entre España y Reino Unido, porque yo llegué a este país con mi tratamiento prescrito y mi DNI cambiado. Pero sí sé que, al igual que en España, hay distintas normas en cada región, y que las leyes en Escocia son más favorables para las personas trans que las normas en Inglaterra o Gales. Además, la gente es más respetuosa en general, y se esfuerza en no molestar, en no ser impertinentes, y en ser muy respetuosos con la intimidad de los demás. No hacen preguntas ni aunque se mueran de ganas. Tienen una cultura más de vive y deja vivir, con sus cosas buenas y sus cosas malas…

También tengo que decir que aunque el sistema sanitario español es mucho mejor que el británico, en el caso de las personas trans la atención sanitaria llega mucho antes aquí (las esperas en Reino Unido, suelen ser de unos meses, no de unos años) y con mucho menos sufrimiento psicológico por parte de los pacientes.

En cuanto a la situación en España, ha cambiado bastante en apariencia, y muy poco en el fondo. En los últimos años se han aprobado muchas leyes que protegen nuestros derechos, y están empezando a suponer una mejora real en la vida de muchas personas trans. Sin embargo, estas mejoras se deben más a la buena voluntad de aquellas personas que con estas leyes se han visto con las manos libres para empezar a darnos un buen trato que a la rectificación de aquellas que han venido realizando prácticas abusivas. De hecho, ante los abusos, las leyes anti discriminación y por los derechos de las personas trans están demostrando ser muy poco eficaces, por desgracia. Además, todo esto se debe leer en el contexto de una crisis que está afectando a todas las estructuras sociales de España, cuya sociedad se está radicalizando y polarizando a pasos agigantados. Así que, por una parte, tenemos que la gente de ciertos sectores de la sociedad se ha vuelto mucho más abierta hacia las personas trans (siempre que no se les note lo trans), mientras que otros sectores expresan un rechazo creciente y estamos asistiendo a un repunte en la violencia que va desde la agresiones verbales a las palizas, y que están ocurriendo en todo tipo de entornos, desde las calles de Madrid hasta el patio de los colegios.

¿Crees que la transición física, con el desgaste que conlleva (operaciones, pastillas) merece la pena o que sería innecesaria si las personas trans sin apariencia cis tuvieran una total aceptación?

Pienso que realmente no se puede hablar en general del sentir trans. Las vivencias de cada persona son radicalmente diferentes, y dependen de muchos factores… no todos externos.

Se suele decir que las personas trans modificamos nuestros caracteres sexuales para tener una mejor aceptación social y que la gente nos reconozca como pertenecientes a nuestro género. Eso es cierto en algunos casos, pero no se puede olvidar que las personas trans también tenemos ojos para mirarnos a nosotras mismas, y que conseguir que nuestra imagen encaje con la imagen que cada cual tiene de sí mismo es vital para la autoestima, y, sobre todo, para sentirse bien dentro de la propia piel. Somos muchos los que buscamos reconocernos en el espejo o en las fotos mucho antes de empezar a pensar siquiera en cómo nos ven los demás. No es algo tan raro. La necesidad de gustarse a uno mismo es algo compartido por la mayor parte de la humanidad.

Finalizada la entrevista, nos sentimos atraídos cada vez más por este ser humano, más humano quizá por su gran valentía y sensibilidad, al que damos un fuerte abrazo de despedida, con el mayor deseo por nuestra parte de una vida cargada de éxitos y triunfo en la lucha por la despatologización de quienes, como él, deciden el cambio de sexo, aspectos que describe en su nuevo libro que sale a la luz hoy mismo, y que se puede reservar en preventa, resultado de tres años de trabajo recopilando y aclarando esos diarios  a los que se refiere en esta entrevista, para construir un relato honesto y vívido de su transición, de cuya lectura hemos salido emocionados.

Asimismo, estamos seguros que éste no será el único encuentro con Pablo, sino un hasta luego, por lo mucho que todavía puede ofrecer a la sociedad en general por su activismo trans. Gracias Pablo, y aquí tienes tu casa por si necesitas que te acompañemos en tu lucha o porque quieras contarnos cualquier vivencia que contribuya a que esta sociedad sea cada vez más tolerante y humana.

Visita el Blog de Pablo haciendo clic en el logo de abajo

Logo

autor de Género Fluido

Feliciano Morales Martín
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Romance de La Luna. Recuerdo a Lorca

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.

 Federico García Lorca

 

Entre el 17 y el 19 de agosto de 1936, el poeta andaluz más universal es fusilado en algún lugar cercano a la fuente Grande, junto al barranco de Viznar (Granada), convirtiéndose en mártir de la causa republicana.

Las ideas progresistas de Lorca y su condición de homosexual y hombre de letras hacían de él una víctima propiciatoria. En plena Guerra Civil nuestro poeta universal no era sino un rojo más.

 

https://www.youtube.com/watch?v=6u_1mjcvaF8

Letras. Comienzo de curso

Entró dejando el rastro de miradas tras su paso. No era más guapa que otras, ni más alta, ni tan siquiera más interesante. En ella se combinaban una serie de factores que la hacían inolvidable.

Podría ser el aire altivo, el pelo que besaba la espalda, como  generoso manto negro, o los ojos, que hablaban antes de que lo hicieran sus labios. El caso es que su entrada, fue recibida por Cuto Malaparte como un impacto. Como cuando, años más tarde, le aporreaban la cara con el puño en el ring, hasta que el árbitro,  o el entrenador, tiraba la toalla y detenían el escarnio. En el reloj que estaba encima del encerado, presidiendo, junto al retrato de un tipo bufo que llamaban Caudillo, se marcaban las diez menos cuarto, cuando entró en la clase , de un plomizo quince de Septiembre, la nueva.

El año, lo olvidó Cuto Malaparte. No olvidó, en cambio,  por años que pasaran, esa hora, ni la fecha en que quedó prendado del encanto de Laura Urquijo . Años después, cuando la recogió en la calle, con el aire triste de un cuerpo explotado, la mirada de quien ha visto mucho, reconoció, a pesar del presente, a la joven, que una tarde de un otoño intuido, atravesó la puerta, caminando pastueño, para comenzar un curso que selló su futuro.

María Toca Cañedo

Relato. El mal pastor.

Érase una vez que se era, un pastor con su rebaño.

Un hermoso rebaño de ovejas, de lana suave y perlada, perfecta para que el pastor pudiera tejerse jerséis, bufandas y otras bonitas prendas. Y no era el único bien que producían, también le proporcionaban leche en abundancia, con la cual hacía unos riquísimos quesos.

El pastor era feliz con su rebaño, no así su rebaño para con él. Eran ovejas de rostros lánguidos y enjutos, tristes y ojerosos.  Pastaban cómo autómatas, esperando a que el pastor llegara para cortarles sus preciadas melenas y estrujar sus ubres.

– No conocemos otra cosa -.
– Es lo que hay -.
– No nos queda más remedio -.

Así  balaban su conformismo. Les daba igual pasar frío sin sus pelajes en invierno o no poder alimentar a los jóvenes borregos sin su leche. Y al pastor tampoco.

A él no le importaba que sus ovejas se sintieran desnudas, privadas de lo que era suyo de forma natural mientras él tuviera sus buenos abrigos y mantas para afrontar el invierno y su buen queso para llenar la panza.

¡Pero ay de cuando las ovejas no le daban su sustento!

Entonces llegaba el momento que las ovejas más temían. El granero pasaba a ser cada vez más pequeño, teniendo que dormir muchas de ellas fuera, a la intemperie, totalmente a merced de los lobos. El pienso y el agua, reducidos. Para las ovejas más ancianas ni siquiera llegaba el pienso para todo el día.

Total, son viejas. Son prescindibles – le oían decir al pastor.

Otras muchas enfermaban, pero no había medicina para ellas. Las más valientes decidían huir de la granja, afrontando el miedo a lo desconocido, siendo su número mayor cada día que pasaba.

Un día, pasó por las cercanías un joven pastor que no tenía rebaño. Al ver a todas aquellas ovejas desaliñadas, hambrientas, enfermas y tristes, les ofreció un trato.

– Prometo daros pienso y agua en abundancia, un techo bajo el que cobijaros los días de lluvia, velar por vuestra salud y cuidaros en la medida de lo posible a cambio de que vosotras con vuestra lana y vuestra leche me ayudéis a hacer una buena granja dónde podamos vivir -.

Las ovejas miraron al desconocido pastor con recelo. Parecía un buen trato, pero ya habían oído muchas veces a su pastor prometerles cosas similares. Siempre decía que si todo iba bien, ampliaría la granja, que compraría mejor pienso o que ya no les quitaría tanta de su lana, pero nunca cumplía sus promesas.

– ¿Y si nos engaña cómo nuestro pastor? –
– ¿Y si después nos quita más lana que él?-
– ¿Y si acabamos en una granja mucho peor? –
– Ni hablar. Mejor malo conocido que bueno por conocer –

Así balaron su negativa y el joven pastor tuvo que marchar, apenado, dejándolas con sus miedos e inseguridades. Cobardes y conformistas, incapaces de cambiar sus rumbos.

 

 

Carolina Zarco
Técnico en Desarrollo de Aplicaciones Informáticas y en Gestión de Empresas.
Apasionada por el arte y las letras.

“El mar se quedó con su alma”

 

Peludo es un osito, un juguete, el más fiel compañero de Ibrahim.

Ibrahim era un niño, sirio, que tenía a su mejor amigo en Peludo.

Peludo vive ahora en un apartamento de Berlin, junto a los padres

y algunos otros familiares de Ibrahim.

 

A Ibrahim lo enterraron en algún lugar perdido de Grecia. El mar

se quedó con su alma.

Peludo no se enteró de nada, estaba dormido en el fondo de una

vieja maleta.

 

Ahora, en ese frío apartamento de Berlin, espera junto a la venta-

na ver aparecer a su amigo.

Escucha como la madre de Ibrahim, le dice al padre entre sollozos:

“Nunca debimos fiarnos de aquel turco, sólo quería nuestro dinero,

no ayudarnos a cruzar hacía ese paraíso occidental que no existe”.

 

FRANCISCO GUILLÉN
Nacido en Barcelona hace 61 años, Ex Directivo de Multinacional, Jubilado.
Socialdemocracia Liberal, o algo así….

El silencio me ahoga

El silencio me ahoga

como si fuera garra prendida en la garganta,

el silencio me mata

como daga hundida en pecho que no implora.

El silencio, asesina,

como mano mercenaria que no tiene piedad.

Paso a tu lado;

hay veces que choco mi cuerpo, contra ti,

camino bien despacio,

buscando tu mirada

pero tú, no me ves.

No escuchas que suplico

ser visible, estar vivo,

que me mires, me toques,

me escuches, me sientas…

Pero tú, no me ves.

Caminas con la prisa

que te impide sentir

que junto a ti caminan

seres silentes, con miradas oscuras,

con las manos hundidas

en gabanes de sombras.

Pero tú no me ves,

porque corres en pos de un incierto futuro,

que pudiera ser…es posible,

mi presente, perdido.

Pero tú no lo ves.

 

 

Para el proyecto #VidasQueCuentan

 

A los papás.

Julia era una niña afortunada aunque no era consciente de ello. Para ella, era normal levantarse y encontrar el desayuno preparado todas las mañanas, marchar a clase y ser despedida con un beso, llegar del colegio y ser recibida con un cariñoso abrazo o dormir bien arropada con un cuento de piratas. Todo ello era normal y ningún niño merece menos que eso.

También había momentos quizá no malos, pero sí menos buenos. Cómo cuando la regañaban por subir demasiado alto a los árboles o por jugar demasiado cerca de la carretera. O cómo cuando había coliflor para comer. Hoy era precisamente eso lo que encontraría al llegar a casa, lo sabía por el olor pestilente que percibía de la cocina pero no iba a permitir que eso le arruinase el día.

Hoy se había prometido a sí misma que sería un día feliz en el que sólo habría sonrisas y si para ello tenía que aguantarse algún puchero, lo haría. Daría su mejor esfuerzo por que nada estropease aquel día tan importante y por eso, pese a que aquel olor desagradable la acompañó hasta al autobús, se despidió con una enorme sonrisa pintada en el rostro.

En el colegio hoy también debía dar su mejor esfuerzo. La profesora de Plástica les había prometido que harían una preciosa sorpresa para un día tan especial como aquel. Toda la clase estaba ilusionada, todos sin excepción querían llegar a casa y sorprender a sus padres, ver sus caras al recibir su sorpresa y hacerles saber que eran los mejores padres del mundo y cuanto les querían. Pese a que a veces fueran regañones o hicieran coliflor para comer.

La mañana pasó rauda mientras Julia amasaba arcilla, la aplastaba con sus manitas y dibujaba delicados detalles con un trozo de palillo. Estaba ansiosa porque ésta secase para así poder pintarla de vívidos colores. No le importaban ni las preguntas incómodas de los demás niños ni las frases que la profesora dijo que debían poner. “Al mejor padre del mundo” y “Feliz día, Papá” no se ajustaban a lo que ella quería, pero no importaba. Decidió que ella misma inventaría su propia frase.

Todo el trabajo mereció la pena al llegar a casa. Ahí estaban como siempre los abrazos, las sonrisas y los “¿Qué tal ha ido el día, princesa?” y ahora ya no pesaban ni las uñas manchadas de arcilla ni los comentarios a hurtadillas de los otros niños.

“Julia es rara”
“¿Por qué no lo hace como nosotros?”
“¿Por qué no escribe lo que dijo la profesora?”
“¿Por qué lo hace más grande?”
“¿Por qué…?”

Porque Raúl y Manuel eran dos padres afortunados y eran conscientes de ello. Tenían una hija preciosa que iluminaba sus vidas desde el día en que pudieron traerla a casa. Podían cada mañana prepararle el desayuno, verla partir al colegio despidiéndola con un beso y recibir un cariñoso abrazo al llegar a casa o arroparla y contarle su cuento de piratas preferido antes de dormir. Y hoy les había hecho un precioso plato de arcilla, pintando con sus pequeñas manos “A mis papás, los más buenos del mundo”.

Todo ello era normal y ningún padre merece menos que eso.

 

 

Carolina Zarco
Técnico en Desarrollo de Aplicaciones Informáticas y en Gestión de Empresas.
Apasionada por el arte y las letras.

Descubrimiento©

El día que Arsenio Román vio el mar, se le estrellaron los ojos contra una marea nublada de nubes de sal, que nunca olvidó, mientras dejó que sus pulmones se impregnaran de la húmeda certeza que el viento iba en su contra. Se le despeinó el tupé mientras contemplaba ese prado grande, matizado de verde esmeralda con salpicones de plata, mientras a lo lejos se alejaba la niña de sus ojos, en pos de un sueño.

Ella, Martita, la niña de sus ojos,  quiso venir, con ahínco, con ensañamiento. Lo repitió sin freno, hasta conseguirlo: “Arsenio, quiero ver el mar…anda, que no lo conozco”.  Él, cedió, no sabía bien el motivo, quizá los ensoñadores ojos de Martita tuvieron algo que ver, o los mohines que hacía con la boquita, mientras suplicaba.

Llegaron tres días atrás. La mirada de Martita se abovinaba entre los córchales de la costa, se dejaba ir tras la marea plateada, con una ensoñación que le derretía el alma. Desde el principio Arsenio, pensó que no fue buena idea. Hoy, cuando debían hacer las maletas,  se confirmaron sus miedos: las palabras de Martita, pronunciadas abocinando la boquita mullida y golosa, le sacaron del letargo sumiso, para expulsarle de un paraíso cercano.

-Yo no me  voy Arsenio-

-¿Cómo dices Martita?- dijo, apolismado, introduciendo la ropa en la maleta.

-Que me quedo. Me he enamorado- dijo ella, desde la puerta.

-¡Martita, no  digas tonterías!-

-Arsenio, me quedo con el otro. ¡Que no me voy!, no insistas-

-Pero, Martita, a ver, ¿qué has tomado, hija mía?-

-Arsenio. He conocido a un hombre en estos días .Nos hemos visto de lejos. Él columbraba en las rocas, mientras yo paseaba. Nos hemos mirado largamente, Arsenio. Contemplado con la misma mirada, su soledad y mi nada. He comprendido que no te amo, Arsenio. No me caso, porque ni tan siquiera, te tengo simpatía-

Seguía apoyada en  la puerta, con prisa por irse y acabar cuanto antes,  mientras  él, la miraba con ojos alunados, llenos de preguntas.

El tren renqueaba mientras la raya azulada y espesa se diluía en el horizonte. A lo lejos, Arsenio, creyó distinguir un cuerpo que a otro se abrazaba, mientras el viento barría con premura la desconchada carretera que corría paralela a las vías. Con los ojos entornados de rabia y unas fugaces lágrimas, comprobó que era Martita, abrazada a la figura enhiesta de una estatua labrada en bronce y amalgamada de moho y musgo, del marinero errante.

NARRATIVA. Idénticas

7:00 a.m., suena el despertador.

Hoy me cuesta la vida misma salir de la cama, pero tengo que prepararle el desayuno a María o no llegará a tiempo al colegio. Bajo las piernas, noto el suelo frío bajo las plantas de los pies. Parece que su efecto me vigoriza. Voy hasta el baño. Me miro al espejo. Veo una mujer que aparenta más años de los que tiene, con el tinte color rojo número 7 empezando ya a deslucirse. ¡Y vaya ojeras! No debería quedarme hasta tan tarde estudiando, pero no me queda otra. Lo hago por María, para darle una vida mejor. Bueno, y por Fran. Hay que ver lo bueno que es conmigo, todo lo que me ayuda. Nunca protesta. Pero sé que no le gusta mi actual empleo. Empleo, por llamarlo de algún modo. Los exámenes de acceso son a finales de mes y tengo que conseguir aprobarlos. No, no tengo que conseguirlo. Voy a conseguirlo. Siempre he sido una chica lista, o eso decían mis profesores en el instituto. Estudiaré enfermería y conseguiré un buen puesto en algún hospital o clínica. Pero de momento, toca preparar el desayuno, llevar a María al colegio y salir a trabajar. Hoy no conseguiré tanto dinero, no puedo estar tantas horas. Le prometí a María que la llevaría a casa de su amiga a las 18:00. Ya la oigo trotar por el pasillo desde su habitación. A Fran hoy le ha salido una chapuza en el barrio y no llegará hasta la hora de comer. Al menos podrá recoger a la niña y ocuparse de que coma a su hora mientras yo trabajo. Mientras María desayuna sus cereales viendo los dibujos, aprovecho para meter en el bolso un vestido y unos tacones. Comienzo a maquillarme frente al espejo. Rímel, sombra de ojos, polvos compactos, barra de labios. Las pinturas de guerra del día a día.

Después de dejar a la niña en el colegio, de saludar a las demás madres y no sentirme a mí misma como una extraña, llega el momento de ponerme la máscara. Saco el vestido y los tacones del bolso y voy en el coche hacia mi zona habitual. Ahí ya nos conocemos todas y no hay percances. Me sitúo cerca del portal en el que siempre me pongo y espero. Muestro mi mejor sonrisa a todo aquel que mira durante más de un segundo. Nunca se sabe quiénes pueden ser clientes o no. Sigo esperando. La crisis se ha cebado con todos los sectores y este no ha sido menos. Al fin se acerca el primer cliente. Es Ignacio, un habitual. Es limpio y educado. No todos son así. Algunos son verdaderamente repugnantes. Nos encaminamos hacia el hotelito que hace esquina y pido lo de siempre. Ignacio paga. Subimos a la pequeña habitación y hago lo que tengo que hacer. De momento no me queda más remedio si quiero pagar las facturas. Con los trabajos puntuales que le salen a Fran no nos alcanza. Pero eso cambiará. Aprobaré los exámenes, estudiaré por las noches y conseguiré un buen empleo. Cuando salgo del hotel, llega otro cliente. Parece que está siendo buena mañana. Podré comprarle unas zapatillas nuevas a María. Las que tiene están demasiado viejas y en invierno se le mojarán los pies. Otro cliente más. Huele a humo de cigarrillos, orujo y naftalina. Cierro los ojos y me concentro en hacer mi trabajo. Repaso mentalmente la lista de la compra. A la vuelta tengo que comprar cereales, María se los ha acabado esta mañana. Y yogures. A Fran le gusta desayunar yogures. Que ganas tengo de llegar a casa. De darme una buena ducha. Hoy puede que hasta llene la bañera. Ha sido una buena mañana y por despilfarrar un poco de agua caliente un día no pasa nada. Fran seguro que lo entenderá. Siempre lo entiende todo. Incluso con María, a pesar de que no sea hija suya. Tengo que ser fuerte. Por ellos dos. Pero sobre todo por mí misma. Porque sé que puedo serlo. Porque estoy orgullosa de serlo.

Carolina Zarco
Técnico en Desarrollo de Aplicaciones Informáticas y en Gestión de Empresas.
Apasionada por el arte y las letras.

Buscar en Archivo

Buscar por Fecha
Buscar por Categoría
Buscar con Google

Galería de Fotos

120x600 ad code [Inner pages]
Acceder | Designed by Gabfire themes