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Quiero decirte

© Ilustración de Oda Sales
Quiero decirte, con palabras que me entiendas, con sentimiento medido, tantas cosas que en espera ha guardado mi boca, ha paladeado mi lengua, se han asomado a mis ojos curiosas por conocer a quien deben sus existencia. Tantas cosas tantas veces pensadas, tantas refrenadas con la excusa de que no era el momento, que no era.
Quiero decirte, ahora, ya por fin, con palabras medidas, con sentimiento vivo, cosas viejas, cosas nuevas, cosas que no tienen tiempo, ni sonido, ni siquiera.
Quiero decirte, hoy lo que ayer me he callado, lo que no ha encontrado su momento, lo que no lo ha tenido, lo que aún lo espera.
Quiero decirte, porque aún las tengo dentro, las palabras pensadas sin llegar a ser nunca pronunciadas, porque empujan, porque tienen vocación de ser oídas, porque tengo necesidad de volcarlas fuera.
Quiero decirte, como tantas veces, y con las palabras entregar el alma. Volcar lo más íntimo, lo oculto, lo ocultado y lo que nunca viste porque no has mirado o porque tus ojos no buscaban lo que te ofrecía mi entrega.
Quiero decirte, aunque tal vez ya sea tarde, con mis palabras más serenas, con mis palabras más claras y sinceras, que nunca será lo que no ha sido, pero queda por ser lo que nuestro deseo de vivirlo quiera.
Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Linda y Charles

 

Linda, una obrera como muchas otras, salió una mañana dispuesta a hacer su tarea diaria, como muchos de los demás días de su vida. Fue al trabajo, era casi una jornada de sol a sol. Quién diría que la pobre Linda aguantaría toda esa cantidad de trabajo… Era paciente, constante, obediente, trabajadora, conformista. ¡Era la obrera perfecta!

Acababa su trabajo y hacía los recados que su hogar demandaba antes de volver a él después de su jornada de trabajo. No tenía ninguna expresión de queja para los suyos al llegar a su casa. Ninguna expresión de cansancio irrumpía en los diálogos que ocurrían entre la familia. Toda ella era bondad, ya no solo para los suyos, también con cualquiera que acudiera a ella de forma respetuosa y amable. Era alguien a quien una gran mayoría de las personalidades de su alrededor denominarían como «buena». Linda era buena.

Charles, un ciudadano perezoso y un desastroso trabajador. Alguien sin casi escrúpulo. No tenía ningún amigo de verdad, pero no le importaba. Tampoco le importaba lo que dijera o hiciera el resto. Aunque eso fuera beneficioso para uno mismo. Charles prefería no dar un palo al agua, prefería pasar el tiempo sin hacer mucho más que existir, por decir algo. No había formado una familia propia, ni siquiera se había ido de casa de sus padres. Realmente nunca se lo había planteado. Vivía bien allí, vivía cómodo, sin preocupaciones. Se portaba mal en su hogar familiar, era irrespetuoso, era un sinvergüenza, era alguien realmente despreciable.

Un día, por la calle, Linda y Charles se cruzaron. Linda se dirigía a su jornada diaria y Charles a dar un paseo. El cielo se oscureció de repente y cayó aplastando a Linda y a Charles, y a todo lo que ellos eran.

Esta es la historia de Linda y Charles, dos hormigas aplastadas por un humano que, simplemente, pasaba por allí.

 

Diego Carrera Martín
Proyecto de deshumano. No sé si libre, pero pensador. Practicante de la resignación. Misántropo. Estudiante de filosofía.

Arte Digital

A mediados de la segunda década del siglo XXI la tendencia creciente a la creación virtual del arte llevó a la práctica extinción de los creadores humanos como tales. Actores, músicos, pintores, escritores, arquitectos… todos los creadores vieron suplantada la chispa de la creación individual por la sistemática búsqueda de la razón matemática de la novedad que podía llevar a cabo cualquier ordenador convenientemente programado.

Si bien este furor no duró más de veinte años, es verdad que llevó a la práctica extinción de los actores y los músicos, es decir de todos aquellos cuyo arte era la recreación, ya que los programas fueron especialmente excepcionales en esos aspectos. Crear un actor virtual, o un músico, estaba al alcance de cualquier empresa de efectos especiales e interpretaban con absoluta fidelidad aquello que inicialmente el director, y posteriormente el productor o promotor, deseaban.

Esta situación pasó por dos periodos diferentes:

En el año 2012 nace la primera productora íntegramente digital dedicada al cine. Digitals Stars, presenta a sus mil doscientos actores virtuales que serán protagonistas, secundarios y figurantes de todas sus producciones. Hay actores con todas las características físicas y raciales más destacables y permiten en los momentos necesarios crear híbridos que se acomoden perfectamente a una situación interpretativa particular. Su primera producción, una versión de una conocida película de los años 80 del siglo XX, arrasa en las taquillas y es tal el éxito comercial, y económico ya que los actores virtuales no cobran,  que inmediatamente surgen nuevas productoras. Al cabo de tres años las películas convencionales no tiene cabida en el circuito comercial. Solo el teatro mantiene a un reducido elenco de actores en activo. Solo el teatro y solo en ciertas ciudades de ciertos países. El perfeccionamiento de la proyección holográfica y las técnicas de sonido van arrinconando todas las posibilidades.

Si bien el negocio funciona perfectamente a nivel económico los estudiosos del mercado empiezan a apreciar una crítica creciente en cuanto a la monotonía de la capacidad interpretativa de estos actores individuales y, a nivel todavía experimental, empiezan a buscarse nuevas soluciones. Son especialmente reseñables la de Edgard P. Harrys que intenta que los actores virtuales sean réplicas perfeccionadas de actores reales y que acaba en un fracaso económico y la de Inhuman Artists que intenta inventar actores no humanos para representar obras típicamente humanas. Se da una nueva visión, extremadamente exótica, de las historias y se hace imposible la comparación con la capacidad interpretativa de los actores humanos. Tras unos éxitos iniciales pronto la gente le vuelve la espalda a la novedad.

Es el declive paralelo de la música, que debido al arrinconamiento de los músicos y  a la mayor interrelación creador-intérprete, y a una imposibilidad de controlar un mercado que tecnológicamente es cada vez más independiente de la comercialización tradicional se ve abocada a la practica desaparición de las grandes empresas musicales, el que encuentra la salida de la crisis aprovechando la situación profesional de los intérpretes y las nueva tecnologías.

Es el año 2019 y Digiman Songs Company digitaliza a todos los grandes intérpretes de la historia y ofrece una suma sustanciosa a todos aquellos contemporáneos que estén dispuestos a ceder sus derechos de imagen y autor vitalicios a cambio de una cantidad que de alguna forma garantiza una vida pasable y la posibilidad de promoción futura en función de la utilización de los archivos.

cine digital

Cuando a finales de 2020 Digiman presenta su primer trabajo y las líneas maestras de su actuación algunos críticos se entregan a la euforia y el triunfalismo. “Nada, nadie a lo largo de la Historia ha podido concebir un proyecto creativo como el que hoy nos ha sido presentado. Digiman no solo es un nuevo capítulo en la historia del arte, Digiman es el comienzo del Arte”, llega a escribir un famoso crítico en una no menos famosa publicación diaria.

Las claves de Digiman:

–       No existe un artista tipo, todos los artistas son una mezcla de las distintas características de varios. Ejemplo: un violinista tendrá la tensión de arco del brazo de un individuo, la muñeca de otro, la mano derecha de un tercero y la mano izquierda de un cuarto, el oído de otro más y así características individuales de tantos intérpretes como sean necesarios hasta completar un violinista completo.

–         Cada cliente podrá configurar su propio intérprete o grupo y la música que desea escuchar.

–    En los conciertos y recitales estos artistas tendrán un aspecto físico holográfico normal pero sus características interpretativas variarán en cada evento.

–      Al final de una gira o serie de actuaciones se grabará un disco con dos versiones: una la grabación del mejor concierto, otra la grabación del mismo programa por la versión interpretativa que mejor haya resultado.

–    Digiman versionará, por su sistema y según su criterio, las composiciones novedosas de los artistas contratados por ella.

–       Ninguno de los artistas contratados podrá grabar, interpretar, versionar o participar en conciertos sin el permiso explícito de Digiman SC.

El éxito es clamoroso y las alabanzas se multiplican ante la capacidad de llevar las posibilidades de versiones hasta el infinito. Este mismo éxito lleva a la industria del cine inicialmente y finalmente a la del teatro a caer en las mismas redes.

En el año 2022 Digiman Songs se convierte en Digiman Arts & Artists e incorpora al sistema a todas las artes escénicas y al año siguiente las plásticas.

Año 2028. El Imperio Digiman oculta a duras penas la laxitud creativa y el adocenamiento evidente del espectador, por no hablar del desplome lento pero estrepitoso del componente económico. Digiman vive de los patrocinios y las colaboraciones, pero incluso estos capítulos empiezan a mermar.

En este ambiente decadente y anodino se produce lo que años más tarde se conoció como el caso Timo Slock o el síndrome de Aquello, o mal de Slock.

Timo Slock, de origen nórdico, músico sin grandes méritos en el capítulo interpretativo era sin embargo, y a pesar del desconocimiento público, autor de un par de composiciones de éxito de Digiman. Se le podría considerar como un funcionario acomodado y razonablemente feliz cuando se convirtió en el primer caso que llevaría al fin del digitalismo.

El 19 de noviembre del 2028 un empleado de Digiman recibe una llamada de un cliente solicitando la reparación de un soporte que se ha borrado inexplicablemente. Al intentar hacer un duplicado el empleado advierte que los archivos correspondientes a Timo Slock estaban vacíos. Existían los índices pero no accedían a ninguna información, ni en los originales ni en las múltiples copias de seguridad que la empresa había guardado previsoramente a lo largo de su historia.

Se decide digitalizar de nuevo al personaje cuando los técnicos se encuentran que hace dos días que Timo Slock ha entrado en estado catatónico sin que los médicos tengan ningún tipo de explicación.

Se ordena una revisión exhaustiva de los archivos y se comprueba que existen tres casos más idénticos, un actor y dos pintores. Por supuesto los datos de esta investigación y los de las posteriores fueron celosamente ocultados hasta que el número de casos hizo imposible la preservación del secreto.

En el año 2031 una alta instancia judicial ordena, como medida preventiva, la destrucción de los archivos de digitalización personal de Digiman y una moratoria de seis meses para el resto, sujeta a la evolución de los casos tras esta primera medida. El síndrome de Aquello o mal de Slock, así llamado porque jamás se ha encontrado una explicación médica o científica para lo acontecido, se detuvo. No hubo más casos que los cerca de setecientos que por entonces se habían constatado. Ninguno de los afectados se recuperó nunca. Los archivos sujetos a moratoria se salvaron, gracias a lo cual hoy en día aún podemos disfrutar de algunas de aquellas joyas de su momento.

En el año 2031 una alta instancia judicial ordena, como medida preventiva, la destrucción de los archivos de digitalización personal de Digiman y una moratoria de seis meses para el resto, sujeta a la evolución de los casos tras esta primera medida. 

El comienzo del post-digitalismo ha llevado a un insospechado florecimiento de la creación y la interpretación, pero en medio de la euforia hemos olvidado, hemos enterrado en la parte más remota y oculta de nuestra memoria, que aunque Aquello no está activo en este momento no sabemos que podría desencadenarlo de nuevo. Yo reclamo desde esta tribuna los fondos y recursos, el interés social y científico, necesarios para descubrirlo y prevenirlo o extinguirlo definitivamente.

Madrid, 19 de noviembre del 2047

 

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Ser sin haber sido

Entre el anhelo, la añoranza y el olvido las vastas extensiones de la memoria configuran día a día la experiencia vital que me ayuda en el camino. Ponen ante mí los recuerdos de momentos ya vividos que me guían, que me avisan, que me trazan consecuencias de otros semejantes aunque antiguos. Alterada por el tiempo la memoria se maneja como un cuento al que le faltan páginas que aun habiendo leído han debido de caer en el olvido, buenas algunas, la mayoría amargas.

Pero en todo ese mapa, en ese hilo conductor de las vivencias ensartadas por el tiempo transcurrido, resaltan con especial brillo los recuerdos de los momentos en el limbo, los recuerdos de lo que no habiendo sido fué hasta un cierto momento y me dejó atisbar otra vida, otro ritmo, otro tiempo al que asomarme y, notario, levantar acta de lo que acontece en esa otra memoria, en ese otro hilo en el que la vida fabricada en la imaginación llega a ser sin haber sido.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Recuerda

Recuerda, en la pronunciación de la r se contenía toda la rabia del mensaje. Recuerda, parecía más un gesto, una acción intimidatoria, que una simple palabra. Inténtalo, parecía pasar de la agresión a la súplica, de la desesperación a la desesperanza. Pero el recuerdo no acudía, perdido en nebulosas de ensoñaciones, en personajes cuya ausencia suplantaba la presencia de los que tenía al lado, seguía aferrado a la irrealidad que irradiaba hacia la realidad ajena, hacia la necesidad cotidiana, que él ya no sentía, de aferrarse a la realidad compartida. Recuerda, la r ya vibraba mucho menos, apenas, haciéndose eco de la lejanía insuperable que hacía que la palabra no fuera más que un sonido, un deseo inasequible de cercanía y reconocimiento.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Los nombres de la niebla

Tiene la niebla nombre

De sonido quejumbroso,

Que una vez pronunciado

Se va diluyendo en su seno

Y al extinguirse el sonido

Sigue resonando lento,

Denso, untuoso,

En ese dintel que limita

A la vida y el silencio

Tiene la niebla nombre

Que al pronunciarse nos moja

Ciñe, rodea, abraza, empapa,

Se introduce en los rincones

Y los va llenando sin pausa

De presencias incorpóreas,

De palabras pronunciadas

Sin saber si son oídas,

De mundos a flor de piel,

De miradas interiores

Porque el horizonte les falta.

Tiene la niebla nombre

Que parece nombrar los sueños

Universos, fantasías, cuentos.

Que da certeza a lo incierto

Y pone en duda lo cierto

Que trae al alma el pasado

Hace al futuro inconcreto

Y al presente tan escaso

Que no dura ni el momento

Tiene la niebla nombre

Que es llamada a los muertos,

A habitar entre sus jirones,

A medrar en su vientre espeso,

A vivir mientras ella viva

Haciendo cuerpo en su cuerpo.

Y cuando el final se anuncie,

Cuando se levante el viento,

Volverse de nuevo secretos,

Refugiarse otra vez en los nichos

En los que ahora yacen sus cuerpos,

Y filtrarse, como ya hicieron,

En los rincones que evocan

Los lugares en que vivieron.

Tiene la niebla un nombre

Que solo saben invocar,

Cuando se ausenta la vista,

Y el horizonte se mueve

Al tiempo que nos movemos,

Cuando con puño etéreo llama sin que pueda oirse

Golpeando  las puertas del puerto,

Cuando la frontera del mar solo es sonido y viento,

La sirena del faro,

La campana del barco,

El retumbar entre montes

Del tañer que toca a muerto

 

 

 

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Poema a Esperanza Aguirre

Poema a Esperanza Aguirre.

(Grande de España y del universo

conocido)

Esperanza.

Yo… soy esa.

La condesa lideresa.

Que aparcaba en los carriles

Y se enfrentaba a los viles,

Agentes de movilidad,

Que me odiaban de verdad.

Por ser mujer elegante

Muy simpática y galante,

Y por tener mucha pasta,

Mucho ingenio y también casta.

Me rodeé de batracios

En despachos y en espacios,

Pensé que besaba un sapo…

Que era príncipe no un capo

Y así destapé la trama.

Pues yo soy, la puta ama.

Una persona decente

Que administro limpiamente,

El dinero de la gente.

Vosotras uno, yo veinte.

Ahora me siento muy triste,

El alma la llevo en ristre.

Lloro y muy acongojada

¡Me siento tan humillada!

Pues me quieren señalar,

Como a un corrupto vulgar.

No lo pienso consentir

¡Y no voy a dimitir!

 

Y es que soy la lideresa,

Doble condesa sorpresa.

Provengo de gran linaje,

Alta alcurnia y mucho encaje.

¿Que buscan? ¿Meterme presa?

¡Cuánta calumnia y ultraje!

Después de mi gran gestión,

¡Venga privatización!

¡Vean mi dedo en acción!

También me debo a mi gente,

Que son de millones, veinte.

Y si reduces los datos,

De veinte se quedan cuatro.

Que han ido a buenos colegios 

Y merecen privilegios.

Cargos, viajes, putas, cuentas

En paraísos y vueltas,

Por los mejores hoteles,

Mesas, con finos manteles,

Y tratamiento de don

o doña, ¡que no es de coña!,

Que te da honorabilidad,

Y riqueza en cantidad.

Pues se goza de lo ajeno

Que lo nuestro es menos bueno,

Por eso bajo el colchón,

Está amarrado a presión.

Así que recuérdenme triste

Con lágrimas y apenada,

Con el alma acongojada

Por la terrible traición,

Y no como a la condesa,

La pérfida lideresa,

Rodeada de ladrones,

Para los que no hay jabones

Que oculten el mal olor

De todo a su alrededor.

Menos yo que soy muy buena

Por eso ténganme pena.

Ruth Gonzalez

Una cuestión metafísica

Verás papá, en estos días que estamos pasando más horas juntos da tiempo, contemplándote, a pensar en muchas cosas.

En tantas que a veces entiendo que la principal secuela de esta enfermedad es  que genera un pensamiento enfermizo, errático, obsesivo, en las personas, en los pacientes, que atienden al enfermo.

Contemplándote dormir con ese sueño profundo, continuo, malsano que parece más un entrenamiento para un destino inevitable que una actividad reparadora, que parece más una desconexión cada vez más prolongada y evasiva que una necesidad fisiológica, que parece más un ensayo de tránsito que un tiempo de descanso, es inevitable que las ideas vayan y vengan en una danza de tiempos y temáticas variados.

Cada vez más, cuando me preguntan cómo estás, respondo que tu cuerpo está perfectamente y que del resto de ti solo podemos constatar una ignorancia absoluta de tu paradero.

Esa presencia física a la que ya es difícil entenderle nada de lo que dice salvo los insultos a las personas que lo asean, que rara vez muestra un chispazo de coherencia que resulta aún más lacerante que la inconsciencia habitual, casi permanente, ya no es reconocible como el que fue mi padre salvo en ciertos rasgos de su fisonomía.

Si papá, tu cara aún recuerda tu cara, pero es lo único que queda del que fuiste, del que yo recuerdo. A veces tu risa, a veces un silbido, parecen abrirse camino de reconocimiento, de contacto, con los que estamos a tu lado. Eso, una brisa, un chispazo, un eco salido de una profundidad malsana e insondable.

Esta tarde, mirándote, viendo ese gesto que me atormenta de llevarte las manos a la cabeza como si los dedos pudieran encontrar y restaurar las conexiones perdidas de tu cerebro, me hice una pregunta nueva, una pregunta entre metafísica y desesperanzada: si los seres humanos tenemos alma ¿Dónde está la de los demenciados? Si el alma de los vivos reside en su cuerpo unidos por el hilo de plata y la de los muertos transita hacia estados superiores de consciencia ¿en qué recóndito estadio intermedio, en qué divino pebetero, aguarda el alma de los que han perdido su propia consciencia, el tránsito que la libere del cuerpo?

“me hice una pregunta nueva, una pregunta entre metafísica y desesperanzada: si los seres humanos tenemos alma ¿Dónde está la de los demenciados?”


No, papá, no es una pregunta religiosa, es una pregunta metafísica, es una necesidad de entender  ¿por qué? ,ó , para ser más exactos, ¿Dónde?

¿Dónde estás, papá, si es que estás, que no te alcanzamos? ¿Qué extraño lugar es ese que se rige por la falta de comunicación de los muertos y la actividad física de los vivos? ¿Estás ya muerto y tu cuerpo aún no lo sabe? ¿Estás aún vivo y no consigues que lo sepamos? No hay nadie que pueda contarlo, explicarlo, aunque pretendan hacerlo.

Es lo malo de la metafísica, papá, la facilidad que tiene para que nos planteemos las preguntas, la absoluta incapacidad de que adolece para llegar a las certezas.

https://www.youtube.com/watch?v=JRaIOLhUux4

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Cruzaremos el umbral

 

Luis Melero

El cuerpo

Entre sueños sintió la tibieza del lecho, cambió de postura y alargó el brazo hacia el cuerpo acostado a su lado profundamente dormido. No era bello pero si bien proporcionado y viril.

Ella recorrió suavemente el mapa del objeto percibido y a medida que sentía que los músculos del cuerpo se tensaban la reacción biológica involuntaria del otro provocaba en ella excitación. Se acercó lentamente para evitar despertarlo hasta sentirlo en su interior presionando primero con suavidad para proseguir a un ritmo constante y rápido hasta producirle una erección. Seguidamente se levantó con cuidado por temor a despertarlo y se dirigió al baño para asearse. Después volvió al dormitorio y se arrebujó a su lado sintiendo el calor humano que crea la intimidad y el compartir la misma cama.

Una hora más tarde los maullidos de Missa la despertaron. La gata vieja como su dueña quería ir a comer, se levantó de la cama y la acompañó hasta la cocina. Cada noche se repetía el mismo ritual. La gata quería que la contemplara mientras satisfacía su necesidad, podríamos compararlo a la reacción de un niño que muestra a su cuidador lo bien que se porta. Cuando Missa terminó de comer se dirigieron al dormitorio. En el espejo de la cómoda se reflejaba la cama vacía y la manta de la gata caída sobre la alfombra. Acto seguido rehízo la cama y colocó la manta en su lugar y seguidamente se acostó. AL cabo de unos minutos Misssa se acurrucó a su lado con la cabeza apoyada en sus lumbares.

Lo acontecido la noche anterior le alegró día. Aunque desde muchos años atrás ella intuía que la relación no funcionaba, se había aferrado al mundo de la ilusión disculpando los indicios, las palabras y las acciones que confirmaban las sospechas. El pretexto escogido para no enfrentarse a la realidad era que todas las parejas tenían problemas de convivencia. Pero llegó un día en el que ella quiso saber y comprender la situación. Al principio, él se resistió negando las evidencias pero al sentirse acorralado y ante la firmeza y constancia de ella, al final cedió y contó la verdad. Ella era un objeto en sus manos que podía y había manipulado siempre. Al juguete lo que más le dolió de la confesión era que él considerara que poseía el derecho de someterla a su voluntad y estaba convencido que era normal, Todos los varones ejercían la misma posesión sobre las mujeres.

“Lo acontecido la noche anterior le alegró día. Aunque desde muchos años atrás ella intuía que la relación no funcionaba, se había aferrado al mundo de la ilusión disculpando los indicios, las palabras y las acciones que confirmaban las sospechas.”

Tras el impacto mental-emocional” El juguete roto” tomó la decisión de afrontar el fracaso, la frustración y el dolor. En primer lugar, se planteó encontrar herramientas mentales, sociales culturales que le permitieran superar la situación, Pasado el primer impacto se prometió así misma, no permitir jamás que ningún hombre volviera a ejercer una relación de poder sobre su mente, sus ingresos, su deseo o su cuerpo.

Y puedo asegurar que lo consiguió, aunque tuvo que vivir el resto de su vida en una prisión-mausoleo de una pequeña pensión y nunca pudo afrontar la independencia económica.

Él nunca la ayudo. El tiempo le permitió reconstruir su identidad y vivir en paz disfrutando lo que la vida le ofrecía cada día. Sin ninguna duda, La soledad impuesta es difícil de sobrellevar. Pero no hay soledad más desoladora que vivir en compañía y ni un solo día sentirse acompañado o arropado por la otra persona.

Aunque toda la vida compartieron domicilio con una convivencia difícil, él poco a poco la arrinconó en una habitación y ella se fue antes que él. Sin embargo, desde la ruptura vivieron en mundos distintos, Su universo era la familia, Missa, un pequeño grupo de amigos. La gran ventaja que tuvo es que le interesaban muchos temas y la curiosidad llenaba el vacío provocado por la soledad afectiva. En las reuniones lúdicas entre amigos después de unas copas comenzaban las bromas y confesiones. Ella siempre comentaba que nunca antes de la ruptura había sido tan feliz al dejar de ser un juguete y haber recobrado su dignidad. Ante las insinuaciones de los compañeros manifestaba una y otra vez, no necesitar más que soñar una cama compartida con otro cuerpo en alguna ocasión, disfrutar el momento y al día siguiente saber que el suceso había sido una ilusión.


© Carmen Garrido

En la orilla

 

He invocado al mar en primera persona utilizando los lenguajes ancestrales, y observando con el alma el oleaje he querido escuchar con los ojos su respuesta. Las olas escribían en mi mente palabras con acento de sal y espuma, sonido de crestas y vientos, silabas de vida. Debieron de pasar varias eternidades antes de romper el contacto, milenios entre frase y frase, siglos de silencios.
Cuando volví en mí nada había cambiado, y una última ola se agitó en despedida, trepando por las rocas, por la orilla, por el aire que la acoge y la limita, y dejando a mis pies, nunca rendida, con simbolismo de madre y de acogida, la arena continente, la vegetación hundida y la vida que lo habita. Y yo mismo, renacido, expulsado una vez más del claustro primigenio, del que he nacido tantas veces, en tantas formas, en tantas vidas.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

El jardinero

© Nieves Laguna, 

Un joven jardinero había perdido las ganas de vivir debido a que por las nuevas tecnologías su trabajo cada día era más prescindible, llegando a sumirse en un profundo estado de melancolía.

No encontraba trabajo porque, además, por su edad, las pocas casas que contaban con bellos jardines ya tenían sus jardineros de confianza, con lo que él pasaba su tiempo dedicándolo a su familia y se había olvidado de quien era.

Pero una mañana que paseaba observando los hermosos jardines, ya que no le quedaba otra cosa que hacer mientras sus hijos estaban estudiando, vio que una de las casas por las que él pasaba había cambiado de dueña y ésta aún no contaba ni con maquinaria moderna ni con jardinero.

Vaciló mucho, lo pensó bastante, estaba indeciso, no sabía si entrar o no. Finalmente, aunque le costó, traspasó la puerta de la casa y se dirigió a la que él creía la dueña y que estaba sentada en un columpio que había instalado en la rama de un árbol, para ofrecerle sus servicios.

La nueva dueña al verlo entrar con paso firme y seguro y tras su presentación, le escuchó. Oyó su oferta:

“Señora. Déjeme cuidar de su jardín, lo haré como nadie antes lo ha hecho porque he nacido para cuidar de las flores, de sus flores, para plantarlas, alimentarlas, verlas crecer, deleitarme con su aroma, cuidarlas, y todas las mañanas tendrá un precioso bouquet de sus maravillosas flores.”

La dueña hipnotizada por sus palabras, su presencia y su voz, vaciló unos momentos mientras lo observaba, pero accedió a contratarle.

El jardinero llegaba todas las mañanas puntual y antes de que la señora pudiera darse cuenta, le dejaba un ramo de sus flores en la puerta de la casa, conforme fue pasando el tiempo esa relación se hizo más profunda llegando a ser confidentes el uno del otro.

El jardinero tooooooooodos los días cortaba una flor, la dejaba en el asiento del columpio, y cuando la señora salía a darle los buenos días, recogía la flor, aspiraba su olor y se la ponía en el pelo.

Pronto se convirtió en una costumbre. Él todas las mañanas le ponía la flor en el columpio, ella salía de casa, olía su maravilloso perfume, se la ponía en el pelo y se dejaba mecer por el viento de la mañana sentada en su columpio, mientras el jardinero la observaba cuidando del jardín y hasta algunas mañanas también se atrevía a empujarla, mientras hablaban de sus vidas.

Pero ella pronto le empezó a exigir más flores por la mañana, flores por la tarde, flores a todas horas, se había convertido en adicción para ella de tal manera que ya no concebía una mañana sin su flor y en una pesadilla para el jardinero, ya que algo que hacía por placer, ahora era un tormento.

 Cada día soportaba menos ir a trabajar, hasta tal punto que le planteó a la señora tomarse unas vacaciones. Evidentemente la dueña de la casa no accedió, no soportaba no verle, no hablar con él, no compartir sus flores y no se daba cuenta que lo estaba asfixiando. Pese a todo, el jardinero desapareció de su vida y lo que fuera un fabuloso jardín ahora era un desierto infértil y asolado. Ella permanecía horas mirando la puerta de su jardín esperando que su jardinero querido apareciera de nuevo, espera inútil, ya que pasaban los días y con cada hora ella caía más y más en la misma melancolía que caracterizaba a su cuidador de flores.

Una mañana, la puerta volvió a abrirse, y el jardinero le habló, le dio las gracias por sacarle de la tristeza en la que estaba sumido, por devolverle la vida que había perdido, por encontrar al hombre que antaño había sido al darle trabajo en su jardín y estaba dispuesto a volver con fuerzas renovadas a cuidar de sus margaritas, de sus petunias, de sus lilas, de sus garberas, de sus plantas de otras tierras.

Desde su regreso, el jardinero volvió a colocar una flor encima del columpio, flor que se marchitaba día tras día, porque la tristeza que su marcha provocó en la dueña de aquél exótico jardín le hizo enfermar y una mañana la encontraron en su habitación, sentada en su butacón, con la ventana abierta mirando hacia su jardín, fallecida, con una nota entre sus manos dirigida al jardinero:

“Volviste demasiado tarde. Mi corazón no aguantó más la pena de tu ausencia y el caos de mi hermoso jardín, quédate con él, ahora es tuyo. Espero que puedas perdonarme algún día.”.

Desde entonces, todos los días hay dos flores que nunca faltan, una en el columpio del árbol y otra en la tumba de la señora que se convirtió en el Amor de su vida sin él siquiera darse cuenta y así siguió cuidando de aquel fantástico jardín hasta que sus fuerzas le dejaron hacerlo.

Paseo por un bosque gallego

Foto:  By Amparo Perianes

Es apenas un aroma, una brisa que riendo con risa de castaño longevo me visita cuando me adentro en el paseo umbrío de un bosquecillo gallego, cuando mis pasos, pausados, calzados con botas de siglo y medio, me aproximan al perfume que se oculta tras el velo con que céfiro lo va envolviendo, como en un celofán de brisas rematado por un lazo trenzado de ensueños.

Y cuando travieso se escapa, otra vez, mientras mi olfato sabueso esta intentando  aprehenderlo, el bosque, que está en el juego, se sacude en carcajadas de pinos, de castaños, de salgueiros, que divertidos, partícipes del devaneo, me rozan dulces con sus ramas para que juegue con ellos

Y las gotas del orballo que saltan desde sus hojas hasta el ropaje en el que voy envuelto, y a mi piel, y a mi pelo, y se ocultan entre risas en mi espalda, en mi pecho, aprovechando la cueva que les ofrece mi cuello, con el leve escalofrío, la caricia, que provocan mientras recorren mi cuerpo me invitan a disfrutar de su vida, a perderme entre sus ramas, a saber esconderme del tiempo y como un árbol más dejarme mecer en el viento, bañarme con el rocío y alimentarme del suelo

Quien pudiera transmutarse y vestido con los verdes que la bruma va reponiendo en sus tonos verdaderos, enraizarse en el monte, vestirse de árbol viejo y con un leve suspiro, con un mínimo anhelo, cambiar mi alma de hombre y quedarme para siempre como uno más entre ellos.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Paseando con mi padre

Paseando con mi padre, motor en su silla de ruedas, se me vino el tiempo,  inopinadamente, trastocado, revuelto, solapado, como solo el mismo tiempo sabe hacerlo, y en un instante, en un siglo, en un revuelo, fui  yo mismo paseándolo, fui yo mismo paseando a mi hijo en su silla, de pequeño, fui mi hijo paseándome en algún tiempo futuro, fui mi padre empujando un cochecito conmigo dentro en algún tiempo pretérito. Y sin llegar a aprehenderlo, sin llegar ni siquiera a fijar algún recuerdo el tiempo volvió a su línea y mi padre y yo –tal vez mi hijo también- seguimos con nuestros paseos, cada uno en su tiempo, cada uno en su puesto.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Hoy lloro

Hoy lloro con desconsuelo, con llanto sordo y convulsivo. Hoy lloro porque la pena me atenaza y llorar es la única salida. Hoy lloro por los niños que mueren de madurez, por las magias que dejan ver su truco, por la sordidez de una sociedad con los valores retorcidos, inane, inerte, inerme ante el continuo empuje de un modelo infrahumano. Hoy lloro con la pena intacta porque aún soy capaz de saber por qué lloro. Hoy lloro porque no sé si mañana mi llanto tendrá argumento por la permanente dejación de la inocencia. Hoy lloro porque llorar aplaca el llanto aunque no cicatrice las heridas. Hoy lloro porque el mundo se empeña en dejar atrás, de lado, escondido, lo único que puede salvarlo de sí mismo, la inocencia del niño, la ilusión de la magia, la fe en su propio camino.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

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