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Duelo

 

 

 

He buscado las palabras con denuedo, con ahínco las lágrimas que faltan, he llamado al dolor que aún espero y en la espera me encuentro sin amparo. No sé qué esperar ni si esperarlo. No se sé que sentir ni si lo siento. No sé, al fin, nada del duelo y en el duelo me encuentro, aunque sea en un duelo sin lamentos. No encuentro barreras que lo frenen, ni encuentro cauces que lo expresen. No encuentro llanto, desgarro, sufrimiento, solo un dolor aún lejano. Me observo con cuidado, como ajeno, esperando, ¿por qué?, un dolor que me lacere, un recuerdo en carne viva, descarnado, un sentimiento de pérdida, llagado. Y solo encuentro por doquier esta tristeza, este rememorar aún pasivo, esta añoranza que no se ha concretado, esta sensación de vendrá que no ha llegado.

He buscado las palabras con denuedo, con el mismo denuedo que busqué en mi interior el sentimiento. Ni el uno ni las otras son lo que espero y no sé si esperar, o esperanzado, comprender que comprendo en mi interior lo que mi mente comprender no ha logrado.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Accidente cardio vascular

Fue un accidente, nuestros cuerpos retorcidos entre las sábanas. Pelea de saliva y dientes, me miras y me dices que nos volveremos a ver, sabes que me mientes y cierras la puerta dejando un camino de perfume hecho nudos con el ambiente bajo cero de dos polos hechos trizas de hielo en el dormitorio.
 
Mañana esta casa tan lejana, tan ajena será un estanque de peces muertos.
Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

Ya sé que sabes

De alguna forma que no consigo explicar, ni explicarme, sé que lo sabes. Es difícil entender como lo sé, es complicado inferir que lo sabes, pero ciertos cambios en ti lo indican.

Mamá ha muerto, el otro día. En trece días se nos fue sin darnos oportunidad a retenerla, a distraer a la muerte que la había señalado. Y tú, tan ajeno a este mundo, tan aparentemente desconectado, has querido mandarnos las señales para que supiéramos que desde algún sitio, de alguna manera, sigues lo que sucede.

Es verdad que el otro día, cuando te llevamos a tu biznieta para que la conocieras ni siquiera la miraste. Ni siquiera pareciste consciente de que estaba a tu lado. Es verdad que en tu permanente aislamiento actual no has preguntado por la ausencia de mamá, de “esa señora”, como la llamabas, ya hace tiempo, cuando aún te salían las palabras. Es verdad que cuando te miramos y nos miras tus ojos no reflejan emoción, reconocimiento, comunicación. Todo eso es verdad, papá, pero ahora, sin embargo, suceden cosas que nos llevan a pensar que, a pesar de tu lejanía, queda un hilo por el que accedes a los sucesos de este mundo tan apartado del tuyo.

No nos has preguntado por mamá, no has verbalizado la pregunta, pero desde que ella se marchó, desde que salió de casa para no volver, tu comportamiento cambió. Había una inquietud que no habíamos notado antes. Parecía que notabas que te faltaba alguien, la usencia de la voz que te reconvenía o te animaba a comer, o te hablaba aunque no obtuviera respuesta, o se imaginaba tu respuesta para seguir la conversación. Y expresabas ese cambio en el entorno con un cambio en tu comportamiento. Si, ya sé, eso no significa que fueras consciente, claro, o sí, sabemos tan poco de la mente.

 

“No nos has preguntado por mamá, no has verbalizado la pregunta, pero desde que ella se marchó, desde que salió de casa para no volver, tu comportamiento cambió. Había una inquietud que no habíamos notado antes.”

Por supuesto, papá, que no te llevamos a visitar a mamá en el hospital, ¡qué barbaridad¡ ¿Cómo íbamos a llevarte? ¿Para qué? Pero ahí estás, desde dos días después de su muerte, en la habitación enfrente de la que ella ocupó hasta dejarnos, que esta noche al volver a tú habitación estuve a punto, lo que hace la costumbre, de meterme en la que fue la suya, haciendo una suerte de visita forzada. Claro que no lo has hecho a propósito ¿en qué cabeza cabe?, que no te has puesto enfermo para poder visitar el sitio en el que mamá vivió sus últimos momentos, o si, sabemos tan poco de nosotros mismos.

Claro, papá, claro, ya sé que en tú proceso nada tiene que ver que vuestra compañía haya durado más de sesenta años, que últimamente, un últimamente de más de veinte años, no os hayais separado una distancia superior a cien metros. Que desde que ella tuvo la lesión que le impedía andar con normalidad tú fueras ese bastón, ese sostén, que ella requería para ir a cualquier lado. Es evidente que una cosa nada tiene ver con la otra, o sí, porque si sabemos poco de la mente, nada sabemos del alma, e incluso llegamos a negarla.

No sé por qué tengo la intuición de que en ese mundo desconocido tuyo no rigen la distancia ni el tiempo, que la leyes físicas no están en vigor y las limitaciones de los cuerpos que nos transportan quedan obsoletas. Tal vez por eso mismo estoy convencido de que sabes perfectamente, iba a decir que has escuchado pero sería inexacto, las palabras que sobre mamá dije en el funeral en Orense.

Pero, a pesar de todo, papá, no me resisto a adjuntarlas a esta carta. Ya sé que no me vas a decir que sí, ni que no, que no te vas a dar por enterado de ninguna forma, pero permíteme que esta tarde, mientras esté junto a tu cama, cuando me aprietes la mano, interprete que te han gustado.

Tal vez en ese mundo intermedio, ajeno aunque cercano, inaccesible para nosotros aunque insertado en el nuestro, puedas tener algún acceso a los que se fueron, a mamá por ejemplo. Si es así dile que la queremos y que ya la echamos de menos. Te pongo a continuación las palabras de mamá. Un beso, papá, un beso, que no quiero que me quede ninguno sin ofrecértelo.

Panegírico
“La muerte no importa.
Estoy simplemente en la habitación contigua.
Yo soy yo, tú eres tú. Seguimos siendo lo que éramos los unos por los otros.
Dadme el nombre que siempre me disteis.
Hablad de mí como siempre lo habéis hecho.
No empleéis un tono distinto o un aire solemne o triste. Seguid riéndoos con lo que nos reíamos juntos.
Rezad, sonreíd, pensad en mí, rezad por mí.
Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo fue, sin énfasis, sin sombra. La vida significa todo lo que siempre ha significado.
Es lo que siempre ha sido.
El hilo no se rompe. ¿Por qué estaría fuera de vuestros pensamientos, simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?
Os espero.
No estoy lejos, justo en el camino contiguo.
Veis, todo está tranquilo”

 

Sirva este poema de Henri Scott Holland, esta reflexión, para transmitiros lo más importante de mis palabras, el inmenso agradecimiento por vuestra presencia, por vuestra compañía, por vuestro consuelo. Tanto mi hermana como yo o el resto de la familia agradecemos en el alma a los que aquí estáis, o a los que ya han estado durante este proceso, vuestra cercanía.

Es habitual en estas ocasiones hacer un panegírico de las grandes virtudes de la persona que se ha ido, pero si yo hiciera eso el poema inicial no tendría sentido, ni ninguno de vosotros que la conocíais y la compartisteis con nosotros la reconoceríais en ellas.

Mamá era una persona normal, una persona más, llena de virtudes perfectamente equilibradas con un sinnúmero de defectos que la hacían ser ella misma y ninguna otra. Pero si tuviera que definirla con tres características estas serían: Generosa, divertida y dueña de su realidad.

 “Pero si tuviera que definirla con tres características estas serían: Generosa, divertida y dueña de su realidad.”

Muchos de vosotros, y muchos otros que ya se fueron, han sabido de su generosidad, de su casa siempre abierta, siempre llena de transeúntes, siempre presta a la acogida. De su necesidad, que hacía virtud, de estar rodeada de gente que iba y venía. Parada obligatoria de todo orensano que residiera en Madrid, que viajara hacia otro punto de España o al extranjero. En casa siempre había una cama, un plato de comida o un rato de charla esperando al que llamara a la puerta, y el timbre no solía descansar.

Divertida. Con ese estilo tan peculiar para  contar las cosas, incluso las dramáticas, de tal forma que provocaba la risa de los que la escuchábamos. Era difícil compartir con ella un velatorio, una enfermedad, sin acabar riéndose, incluso a veces inconvenientemente, a carcajadas. En eso salía a los Ferreiro, a mi abuela Chelo, al tío Toñito. Hasta tal punto que sus últimas palabras conscientes fueron para preguntar por su biznieta y después hacer un chascarrillo último sobre su situación en ese momento. Ya no le oí más palabras. Solo quedó el silencio de su respiración dificultosa, algún gesto de asentimiento o denegación y finalmente nada.

Pero sobre todas sus características la de la necesidad de controlarlo todo era quizás la más fuerte, la más evidente. Lo controlaba, o pretendía, tanto todo que siempre existían a su alrededor dos realidades, la suya, que predominaba, y la de todos los demás. Cuando después de muchos años de cojera y dolores conseguimos mediante engaños que un traumatólogo nos diera su veredicto solo sirvió para que nosotros supiéramos que era lo que realmente le pasaba, que por supuesto no coincidía con lo que ella estaba dispuesta a reconocer que le pasaba, y que adquiriéramos la clara percepción de que los médicos poco saben de salud consueliana. ¿Sabrían los médicos? Cuando a consecuencia de ese diagnóstico el médico le dijo que lo suyo era fácil de operar y ganaría considerablemente en movilidad nos dijo: “Ya me lo dijo fulanito (siempre había un fulanito o fulanita que le había dicho lo que le convenía oir), Chelo, tú cabeza o piernas, y yo he elegido cabeza”

Estoy convencido de que mamá, Chelo, Chelito o Cheliño para casi todos vosotros, Consuelo para el tío Julio y para mí, tenía tal control sobre su situación que la muerte, para poder llevársela, tuvo que acceder a sus condiciones y las tuvo que cumplir hasta el final. Siempre dijo que ella no quería ir a ningún médico porque le iban a descubrir cierta enfermedad y ella se negaba a tenerla. Y la muerte tuvo que cumplirlo, murió sin que nadie le dijera que tenía esa enfermedad que delante de ella no se podía ni nombrar. Siempre dijo que ella quería morir, sin saber lo que tenía y sin sufrimiento. Y así murió, aferrada a su propia realidad y plácidamente. Agarrada a mi mano, sin un gesto, sin un temblor, sin un suspiro. Se apagó. Ambas cumplieron su parte, la muerte con su mejor cara y ella dejándose ir en el momento en que se cumplieron las condiciones.

Echaremos mi hermana y yo, como no, de menos sus manías, sus narraciones, sus regañinas que acababan convirtiéndose en discusiones. Echaré de menos estar, de vez en cuando, unos días sin hablarle, o su cocina, o su desesperante irrealidad. Echaremos todos, y os incluyo a todos vosotros, las charlas, su peculiar forma de ver las cosas, su bienvenida siempre presta, su risa. Por eso estáis hoy aquí, a nuestro lado, porque todos vosotros habéis sido parte de su vida, parte muy importante de su vida, y, aunque a lo largo de todos estos años siempre hubo quién pretendiera dañarla, siempre tuvo alrededor muchos más que consiguieron que se sintiera querida. Vosotros. Todos vosotros

Gracias. Gracias por haber estado con ella y gracias por estar hoy aquí. Nuestro recuerdo y cariño hará que siga viva para todos.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Historia de un ‘Skinhead’

 

 

Un día más en sus míseras vidas. Y otra noche más aguardando atenazados. Wolfgang, su madre y sus hermanos permanecían en silencio en sus camas paralizados por el amargo sabor del terror. El ruidoso arrastrar que hacían unos pies algo vacilantes al aproximarse, incrementado por la llave que intentaba encajar en la cerradura, hacía presagiar la tormenta que se avecinaba. La puerta se abrió y una ligera ventolera dispersó por los rincones de la humilde vivienda el pestilente y penetrante olor a alcohol. Un familiar vozarrón, atiplado y gangoso, vociferó desde el umbral. Wolfgang sintió cómo el menudo cuerpo de su hermano pequeño, apretujado contra él, temblaba de espanto. Una oleada de infinita ira le invadió, no tenía la fuerza suficiente para enfrentar la violencia de aquel brutal hombre que, como aquella noche, abusaba impunemente de su madre o de una de sus hermanas. Mañana, posiblemente, serían ellos los que se llevarían otra tunda que les volvería  a dejar molidos de verdugones, a lo que ya deberían estar acostumbrados. Y así durante años.

La patética vida de aquella familia era ignorada. Wolfgang ya no trataba de sofocar los gritos de dolor cuando era agredido por el fornido de su padre. No importaba, nadie quería escuchar los dramáticos lamentos provocados por la embriaguez de un progenitor que maltrataba a sus hijos y a quien se atreviera a enfrentársele. Las persianas de las ventanas cercanas se bajaban aun más. ¿Y el Estado qué hace? -se preguntaba el joven- ¿Por qué no nos protege?. Se presentó en el Departamento de Protección de Menores. Necesitaban pruebas. ¿Pruebas? ¿Acaso su cuerpo magullado y tatuado de hematomas no bastaba? Las lágrimas anegaron sus ojos. ¿Qué Estado era aquel que nada podía hacer para terminar con el suplicio que soportaban cada día?

Se refugió todavía más en su grupo de amigos. La sensación de pertenencia suplía el vacío paterno, le aportaba seguridad y una superioridad que excitaba su adrenalina. Abandonó los estudios y buscó un trabajo, después de todo lo que necesitaba era ganar un jornal.  Motte, antiguo miembro de las fuerzas de choque del Tercer Reich y padre de su amigo Dolf, les comprendía y les permitía reunirse en el búnker de su propiedad. Escuchaban música, bebían cerveza, se divertían. De las paredes del sótano colgaban cadenas de bicicletas, de motos, bates de béisbol, una gran bandera ilustrada con una esvástica y otros símbolos nazis. A cambio, escuchaban de vez en cuando las arengas del viejo Motte. Hablaba de los extranjeros, culpaba a los jays (turcos), a los negros o los refugiados de robarles el trabajo y debilitar la economía. Había que expulsarles y restituir el orden de las cosas. Alemania pertenecía a los alemanes. Era un auténtico republikaner, trabajaba con otro grupo, los ultraderechistas. Pretendían incorporarles en sus filas pero a ellos no les apetecía ser tan disciplinados y devotos, se conformaban con ser Oi-skins y darles algo de ‘marcha’ a los turcos.

Wolfgang decidió raparse la cabeza como los demás, se vistió con pantalón y cazadora negros a juego con sus ojos, entonces la manada comenzó a llamarle ‘Lobo Negro’. Una noche Andy y él fueron sorprendidos por varios turcos. Enzarzados en una desigual pelea le arrojaron al suelo, le metieron un pañuelo en la boca y le colocaron una navaja en la garganta. No veía a su amigo por ninguna parte, de pronto apareció con refuerzos, más cabezas rapadas desfilaron ante sus ojos presentando batalla. Los turcos, a los que habían declarado una guerra sin cuartel, huyeron.

Resentido todavía por la agresión su ánimo creció ante la siguiente batida. Necesitaban divertirse, alguna bronca, unos cadenazos y algún que otro navajazo. Provistos de aquellas herramientas más una botella de whisky y cantando una de sus canciones preferidas -‘Es un skin y un fascista, cabeza rapada y racista. No tiene moral ni corazón, odio y violencia son toda su razón. La guerra y la violencia son su bandera, y si eres su enemigo, no quedarás sin castigo’-, se lanzaron frenéticos a la búsqueda. De frente se acercaba un turco. Arremetió con un golpe de cadena que éste consiguió evitar. Insistió. Los demás se unieron, le derribaron. En el suelo, indefenso, el hombre sangraba. Wolfgang dijo –ya está bien, esto ya no es una broma-Fried y Jon le propinaron patadas hasta que dejó de quejarse. Había que hacer algo para obligarles a dejar su país -explicó Fried-. Andy quedó rezagado, sin participar, protestaba –me parece que nos hemos pasado, una persona es una persona-. Intentó protegerle, le recordaba a su hermano pequeño. Le advirtió que en la tribu debía callar. ¿Qué le pasaba? Sabía que era el único con un padre distinguido, un importante abogado, le quería y se preocupaba por él. Tenía suerte. Le envidiaba -manifestó Wolf-. Su amigo argumentó –Pero es socialista, sólo por eso soy de derechas-.

Un día se lo encontraron y le presentó. Les invitó a cenar en casa. Durante la cena escuchó atentamente a su hijo, éste leía un discurso extraído del libro ‘Mi lucha’ de Hitler, enseñanzas del viejo Motte. El desconcierto se apoderó de Wolf, poco antes Andy había expresado claramente su opinión: –Hitler, sólo pretendía impedir que aprendamos a pensar-. ¿Qué sentido tenía? El padre se mostró inquieto y les previno, ¿cómo podían creer aquella sarta de disparates, leer aquel libro como un mantra, y permitir que manipulasen sus mentes? Lo dejó claro, no era socialista si no miembro del Partido Social Demócrata. Le agradaba aquel hombre, las mismas delicadas facciones de su hijo, era amable, legal, y se podía hablar con él.

Un día, Wolfgang, pudo enfrentarse a su embrutecido padre poniendo punto y final a las interminables palizas. Su hermana se suicidó. Y su pobre madre confiaba en él. Le aconsejó estudiar, era inteligente y podía ser alguien. Entonces le enseñó el periódico. La noticia de un turco gravemente apaleado ocupaba la primera página. Otra portada posterior informó de su muerte. Se llamaba Özan Ugür. –Él se lo buscó- dirían los de la tribu. Limpiaron a fondo el búnker. Cuando la policía se presentó allí no encontró rastro que les incriminase. Motte ya disponía de un nuevo búnker. Se reunieron con el grupo de los ultras. Impresionaba verles, organizados y obedientes, saludando con el brazo muy erguido y pronunciando formalmente un rotundo ‘Hail Hitler’. El padre de Dolf llevó material del Holocausto y lo desparramó sobre la mesa, exclamó indignado, –Todo eso es pura invención. Mentiras. Los judíos lo inventaron para obtener pagos de reparación. Esa gente no se integraba-.

 

“Se reunieron con el grupo de los ultras. Impresionaba verles, organizados y obedientes, saludando con el brazo muy erguido y pronunciando formalmente un rotundo ‘Hail Hitler’.”

 

Andy vivía en el búnker, apenas se filtraba la luz a través de unos ventanucos, y soportaba todas las reuniones. Acabó enfermando. Wolf temió lo peor y decidió llamar al padre, para no levantar sospechas cargó con él y le llevó en un taxi hasta su casa como habían acordado. Tenía pulmonía. El médico, amigo de la familia, aseguró que aquel joven le había salvado la vida. Andy se recuperó y regresó junto a la manada, con la perspectiva de volver a vivir con su padre.

Scheuerer era otro antiguo nazi, amigo de Motte, disponía de una tienda donde había toda clase de material. Para celebrar el aniversario de la muerte de Rudolp Hess y rendirle homenaje se desplazaron cerca de su tumba. Le consideraban leal al régimen. Pronunciaron arengas y se atiborraron de bebida. Al finalizar se dirigieron a un albergue repleto de refugiados. Alguien arrojó un cóctel molotov al interior y las llamas prendieron con rapidez. La gente enloquecida y en pijama abrió las puertas e intentó salir al exterior. Los ultras les empujaban para hacerles entrar de nuevo. Una madre gritaba desesperada mirando hacia el piso superior. En aquellos momentos de confusión, gritos, sirenas acercándose, gente corriendo, Wolfgang logró atisbar una silueta que penetraba en el edificio y desaparecía entre las llamas. Pasó algún minuto sobrecogedor hasta que Andy apareció en una ventana llevando un bebé en los brazos. Los bomberos acercaron la escalera, bajaron al bebé y después a él. Wolf imaginó espantado los grandes titulares: ‘un skin arriesga la vida para salvar a un bebé refugiado’. Se sobresaltó. Si los demás le habían visto le matarían. Le buscó angustiado, oyó gemidos y se dirigió a la entrada del bosque, detrás de un árbol alcanzó a ver a otro skin con un bate en la mano a punto de caer sobre su amigo que yacía en el suelo ensangrentado. Un policía llegó y le redujo pero ya era demasiado tarde para Andy. Les detuvieron a todos.

Eligió como su abogado defensor al padre de Andy. Quería contar la verdad. -Tómate tu tiempo, cuando estés preparado lo haces- le dijo. -Y cuando salgas de aquí vienes a verme- añadió.

Tras los barrotes de hierro el agraciado rostro de su amigo parecía acompañarle y sus palabras se imponían a todas las arengas y discursos, resonando fuertemente en sus oídos: -¿Por qué somos tan salvajes y primitivos? Una persona es una persona

Andy era bueno. En último momento volvió a sus raíces y recuperó sus valores e hizo que un dicho judío adquiriese sentido: –Quien salva una vida, salva al mundo entero

*Estos hechos ocurrieron cerca de Stuttgart en agosto de 1.992. Relato basado en la vida de Wolfgang Schwarzer. El libro escrito bajo el seudónimo Marie Hagemann y titulado ‘Lobo Negro, Skin’. La escritora que investigó y entrevistó a Schwarzer mantuvo el anonimato por motivos obvios. Se publicó en 1.993.

 

Montserrat Prieto

Solo soy alguien que nunca dejará de soñar con un mundo mejor. Que hace del aprendizaje una constante de su vida. Amante y defensora de la salud medioambiental, de los Derechos Humanos y de la Justicia. Escritora de cuentos y relatos

Una nueva estrella en el cielo

 

Nueva Estrella

 

Hoy llora nuestro compañero por la perdida de su madre, hoy se le desgarra el alma por la sombría pena que inunda su existencia. Hoy y mañana necesitará el consuelo que no encuentra. Amigo, ese Gran Arquitecto que creo la vida la tiene en su seno.

Se marchitó la rosa, la perdiste entre tus manos, pero Él ya tiene su alma, y una estrella brilla por ella en el cielo. Amigo, tienes mi hombro para llorar y mi mano para que la agarres si lo necesitas, pero tú eres valiente, capaz de sobrellevar este vacío que siempre estará en tu alma, porque tú sabes que su espíritu siempre estará a tu lado.

 

 

 

Desde plazabierta.com lamentamos tan importante pérdida de nuestro compañero Rafael, al que transmitimos todo nuestro afecto y apoyo.

 

 

Hoy lloro

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Hoy lloro con desconsuelo, con llanto sordo y convulsivo. Hoy lloro porque la pena me atenaza y llorar es la única salida. Hoy lloro por los niños que mueren de madurez, por las magias que dejan ver su truco, por la sordidez de una sociedad con los valores retorcidos, inane, inerte, inerme ante el continuo empuje de un modelo infrahumano. Hoy lloro con la pena intacta porque aún soy capaz de saber por qué lloro. Hoy lloro porque no sé si mañana mi llanto tendrá argumento por la permanente dejación de la inocencia. Hoy lloro porque llorar aplaca el llanto aunque no cicatrice las heridas. Hoy lloro porque el mundo se empeña en dejar atrás, de lado, escondido, lo único que puede salvarlo de sí mismo, la inocencia del niño, la ilusión de la magia, la fe en su propio camino.
Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Brujas

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Brujas (Bélgica).- Se conoce como Grote Markt a la plaza principal de Brujas, la plaza del mercado. Es el centro neurálgico de la ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Tras acceder a Markt por primera vez entenderéis por qué Brujas es considerada una de las ciudades más bonitas del mundo.

Rafa Rodero

Técnico de Fotografía
Graduado en Historia del Arte
Cómic andante a tiempo completo
Instagram: @redsneakersphoto

Navidad en la aldea

Luna Llena Navidad

 

También en la aldea de Luisito era Navidad. No había luces que lo pregonaran, ni grandes almacenes que iluminaran las calles de tierra, ni siquiera suficientes habitantes para hacer una cena colectiva. La aldea nunca había pasado de tener cien habitantes en sus tiempos de esplendor. Ahora tenía tres, la abuela, el abuelo y Luisito.

Pero Luisito sabía que era Navidad, aunque no lo dijeran los calendarios, aunque el ordenador no lo recordara cada vez que se encendía, aunque el móvil no sonara cada pocos segundos con un nuevo mensaje. Luisito lo sabía porque esa noche, un año después, volvería a hablar con sus padres. Nunca, ni una sola nochebuena sus padres habían dejado de llamarlo desde aquel día, hacía ya unos años, en los que los vio despegar rumbo a su nuevo hogar en Marte.

Si, esa noche era Navidad, el día que esperaba con anhelo todo el año, el día en que la felicidad se mezclaba con las lágrimas de añoranza. Luego, después de hablar con sus padres, como todos los años, aguardaría con ilusión a la mañana del día seis para rebuscar entre los regalos el más ansiado, un billete para reunirse con ellos.

Pero bueno, lo importante, es que esta noche es nochebuena y mañana…  mañana dios dirá.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Berlín

 

 

Hadon Hotel Barlín

 

BERLÍN (Alemania). Plaza de París, al lado de la Puerta de Brandenburgo, con el Hotel Adlon a la izquierda, donde sucedió el “famoso” episodio de Michael Jackson enseñando al bebé por la ventana.

Rafa Rodero

Técnico de Fotografía
Graduado en Historia del Arte
Cómic andante a tiempo completo
Instagram: @redsneakersphoto

Frío

 

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Dos pozos negros brillantes, llenos del misterio que la oscuridad sugiere. Un bostezo delante del espejo, me miro en tus ojos y apagas la luz. Lo llaman Big Bang. Yo prefiero darle tu nombre.

Una jabalina voladora que se estira como recién levantada. Cóncavo y convexo, cóncavo y convexo, al fin y al cabo tan sólo somos besos de esos que no se dan las estrellas en la pantalla, que nos andamos por las ramas cuando lo que en realidad queremos es irnos a la cama. 

Tu cuerpo, celeste. Medicina para la peste. Puedes pasarte por mi esquina, te daré amor cueste lo que cueste. Soy puta de un solo cliente. Te invito a entrar en mi mente, tengo mil laberintos llenos de serpientes diferentes, de todos los colores salvo el de tu lápiz de labios.

 Voy a coserme los párpados con la cremallera de tu sonrisa, pegado a esta cornisa sumisa de la brisa que te traiga de vuelta.

Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

El trágico precio de la fama: ‘El Rey del Rock’n’roll’. Segunda etapa de su vida

El enorme potencial de Elvis no pasaría desapercibido para el astuto Coronel Tom Parker, quien aspiraba a convertirse en su nuevo mánager. Era un personaje algo sombrío, un ex embaucador de feria ascendido a promotor musical. Se dedicaba al productivo negocio de captar jóvenes talentos. El “coronel” había recibido el título honorario a través del gobernador de Louisiana, al colaborar en la recaudación de fondos políticos. Su verdadero nombre era Andreas Cornelius van Kuijk, inmigrante de los Países Bajos, nacido en 1.909.

Éste hábil oportunista logró convertirse en su nuevo agente durante la gira que gestionaba él mismo, y que estaba organizada por la Jamboree Attractions, propiedad de Hank Snow. A finales del año cerró un contrato con RCA por la astronómica cifra de 40.000$. El Coronel se quedó el 25% de las ganancias. El primer disco lanzado bajo la marca RCA catapultó al cantante a nivel nacional. ‘Heartbreak Hotel’ fue número uno en las listas de éxitos, vendió más de un millón de copias y le valió un disco de oro.

Convertido en una sensación de la noche a la mañana las televisiones rivalizaron disputándose su presencia. El Show de Milton Berle emitió en directo el espectáculo desde la plataforma de un portaviones. Realizó una magistral actuación. El público enloqueció, no así algún sector religioso y la prensa más conservadora que escandalizados por el erótico contoneo de cadera le tildaron de obsceno. Explicó que se movía al ritmo del rock, sin pretender ser grosero. El programa de Ed Sullivan evitó la polémica mostrándole de cintura para arriba, aunque provocó la indignación de sus fans. Recibió 50.000$, el mayor caché pagado a un artista.

Mientras su carrera musical despegaba como una exhalación iniciaba otra en la interpretación. El Coronel firmó un contrato de varios años con Paramount Pictures. Dio comienzo el rodaje de su primera película, Love Me Tender. En su ciudad natal, Tupelo, proclamaron el Día de Elvis Presley. Invitado por la Mississipi-Alabama and Dairy Show, donde con sólo diez años había ganado uno de los premios cantando Old Shep, dio dos conciertos. Cientos de adolescentes acudieron al evento y un centenar de guardias nacionales fueron movilizados para controlar la multitud. Donó sus honorarios a la ciudad. En 1.957 adquirió Graceland, una magnífica granja de la época de secesión de 200 Ha, para él y sus padres. El lejano y entrañable sueño de su infancia de proporcionar un buen hogar a sus progenitores se hizo realidad. Nunca olvidó sus raíces y jamás dejó de ser una persona cercana, cálida y generosa.

La oficina de Reclutamiento le requirió a filas destinándole a Fort Hook, Texas. En aquellos días su madre sufrió un paro cardíaco, los más cercanos lo atribuyeron al enorme sufrimiento provocado por las amenazas de muerte a su hijo. El joven quedó devastado. Poco después le destinaron a la República Federal Alemana. Al aterrizar en suelo alemán otra multitud de fans le recibió, para su sorpresa; allí se reunió con su padre y su abuela con los que vivió en una casa alquilada cerca de la base. Aprendió kárate y ascendió a sargento. En una fiesta conoció a Priscilla Anne Beaulieu, se sintió atraído de inmediato por aquella adolescente de aspecto menudo y delicado, con nariz respingona y preciosos ojos azules.

De regreso en Estados Unidos le esperaba una apretada agenda. El Coronel, en una incomprensible decisión, dilapidó la fantástica creatividad musical del cantante por unos films de éxito e interés bastante dudoso. Hizo un abuso despiadado de su protegido, llegando a quedarse el 50% de sus ganancias.

Priscilla viajó a Estados Unidos dos años después. El capitán Beaulieu acordó con Elvis que su hijastra viviría bajo la tutela de Vernon y Dee en Memphis. El rodaje de la película ‘Viva Las Vegas’ junto a la escultural Ann Margret, con la que vivió un sonado romance, le mantuvo alejado un tiempo. Elvis regresó al lado de Priscilla y le pidió matrimonio, en 1.967 celebraron la boda en la intimidad y al año siguiente nació su hija Lisa Marie.

Decepcionado de Hollywood regresó a su elemento, la música. Se reencontró con el público en un concierto conocido como ‘Especial del Regreso del 68’. Vestido con un traje de cuero negro se sentó entre los espectadores y les cantó directamente, estuvo brillante, más guapo que nunca y su voz sonaba maravillosa. Le siguieron otros conciertos, en el ‘Hotel Internacional de las Vegas’ cantó con un sentimiento tan arrollador que los críticos lo calificaron de ‘pura magia’. ‘El Astródomo de Houston’ rompió su propio récord, actuó de forma espectacular ante 44.540 personas. Sus canciones se mantenían las primeras de las listas de éxito durante semanas y alcanzaban cifras records de ventas como It’s Now or Never. Consiguió un disco doble de platino con Jailhouse Rock y He Touched Me le proporcionó su segundo Grammy. Cantaba rock, country, blues y unas preciosas baladas mezcla góspel que hacían las delicias del público.

En 1.970 se presentó de improviso en la Casa Blanca para ver al Presidente. Solicitó ser nombrado “agente federal plenipotenciario” en la Dirección de Drogas Peligrosas y Narcóticos. Le regaló al Presidente un Colt-45 de la II Guerra Mundial, actualmente se exhibe en la Fundación Richard Nixon.

Elvis llevaba una vida de vértigo, padecía insomnio y consumía pastillas para dormir. Al diagnóstico de glaucoma se añadió una nueva amenaza de muerte en la que tuvo que intervenir el FBI, vivía aterrorizado, acudía a los conciertos rodeado de fuertes medidas de seguridad y enfundado en trajes cada vez más estrambóticos. Las constantes giras y amoríos provocaron la ruptura de su matrimonio, el divorcio fue amistoso y compartieron la custodia de su hija.

“Elvis llevaba una vida de vértigo, padecía insomnio y consumía pastillas para dormir. Al diagnóstico de glaucoma se añadió una nueva amenaza de muerte en la que tuvo que intervenir el FBI, vivía aterrorizado”

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El declive del cantante fue progresivo, comenzó a coleccionar armas y a desarrollar un comportamiento extraño, estaba hinchado, abotargado y enfundado en los trajes de lentejuelas parecía una caricatura de sí mismo. Mostraba una imagen lamentable, dolorosa e inmerecida para un artista que acumulaba éxitos, trofeos, galardones, propiedades y cuya estrella brillaba en el paseo de la Fama de Hollywood. Y que, en un claro ejemplo de inagotable generosidad, había derrochado bastante de esas ganancias en regalos y donaciones. Mientras, el Coronel despilfarraba miles y miles de dólares apostando en los casinos.

Corría el mes de agosto de 1.977 en Graceland. La última novia del cantante, Ginger, le encontró desvanecido sobre el suelo del baño, la pequeña Lisa Marie se encontraba en la casa. Al ‘rey del rock’ le dejó de latir el corazón. Más de 75.000 personas conmocionadas desfilaron por Graceland en una impresionante y emotiva despedida, al tiempo que el mundo de la música se vestía de luto llorando su pérdida. Vernon, su padre, quien permaneció siempre a su lado falleció dos años más tarde, dijeron que de la pena también se le rompió el corazón.

Al encontrar en el organismo del cantante un elevado número de fármacos legales se abrió una investigación. En 1.980 se acusó en los tribunales a su médico personal el dr. Nichopoulos de excederse recetando medicación a varios pacientes, entre ellos a Jerry Lee Lewis y al propio Elvis. A éste último, sólo en el año 1.977, le recetó miles de dosis de estimulantes, tranquilizantes, antidepresivos o pastillas para adelgazar. El fiscal preparó la acusación de asesinato pero al no ponerse de acuerdo los médicos sobre la causa de la muerte no se presentaron los cargos. El médico fue inhabilitado y a día de hoy sigue la duda sobre el papel que jugó en el declive y la trágica muerte de Elvis Presley.

En 1.970 la Cámara de Comercio Jùnior de los Estados Unidos le había otorgado un prestigioso premio como a uno de los ‘Diez Jóvenes Más Sobresalientes’ de la nación. En su discurso dijo:

“Cuando era niño, señoras y señores, yo era un soñador. Leía cómics, y yo era el héroe del cómic. Veía películas, y yo era el héroe en la película. Así que todos mis sueños se han hecho realidad un centenar de veces…Aprendí muy pronto que ‘Sin una canción, el día no tendría fin; sin una canción, un hombre no tiene un amigo; sin una canción, el camino nunca se curva; sin una canción.’ Así que sigo cantando una canción. Buenas noches. Gracias”

 

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*El intrépido ídolo irrumpió en el Olimpo de los Dioses para quedarse y convertirse eternamente en un mito, el ‘Rey del Rock’n’roll *

 

Montserrat Prieto

Solo soy alguien que nunca dejará de soñar con un mundo mejor. Que hace del aprendizaje una constante de su vida. Amante y defensora de la salud medioambiental, de los Derechos Humanos y de la Justicia. Escritora de cuentos y relatos

 You’re beautiful

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En el último capítulo de la segunda temporada de Stranger Things, Mike le dice dulcemente a Eleven “You’re beautiful”, como si desconociese el sentido de esa frase, como si no estuviese seguro de lo que estaba diciendo, no por no sentir, sino por no haber utilizado esa estructura sujeto, verbo y complemento directo antes. Como si supiese que lo que estaba diciendo no era correcto, como si fuese mentira, como si algo fallase. 

Y mientras todos se besaban y bailaban yo les hacía el spoiler de sus vidas, oteando desde el otro lado entre truenos rojizos y nubes negras, con mis patas clavadas alrededor del Hawkins Middle School.

No vais a llegar a la universidad.

La puta experiencia. Pros and drawbacks.

Anyway, lo que quería decir era que la frase “You’re beautiful” (estás preciosa, guapa, bonita) limita mucho el sentido de la frase porque el verbo (to be), que significa ser, estar, y algunas gramáticas dicen que hasta parecer, aquí es traducido, inteligentemente, como estás, y no como eres. Todo es contexto.

No eres guapa, estás guapa. Mañana se te pasará. Como una borrachera de esas que te obligan a acostarte con un tipo/a feísimo/a.

Tú estás guapa con pelos en las piernas y piernas en los pelos, con ojeras (mucho más), con mala hostia, con comida entre dientes, con tropiezos entre gentes, con pijama separando la costura de tus bragas del puente de tus nalgas, con todo y sin nada.

Por lo tanto no estás.

Eres.

Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

El trágico precio de la fama: ‘El Rey del Rock’n’roll’

 

 

 

 Primera etapa de su vida. 
En la madrugada del 8 de enero de 1.935 , en Tupelo, al norte de Mississippi, una joven llamada Gladys Smith trajo al mundo a sus hijos gemelos. El acontecimiento tuvo lugar en una de las dos estancias del hogar familiar, una humilde cabaña de madera construida por su esposo Vernon Presley, pero el alumbramiento que habría colmado de dicha la vida del joven matrimonio se vio truncado por la presencia del cruel destino , ¿o tal vez fue el caprichoso azar?. Como quiera que fuese el primero de los gemelos en nacer Jesse Garon no pudo sobrevivir al parto y quizá en aquel momento decidiera regalar a su hermano, nacía media hora después, la porción de talento que le correspondía, contribuyendo con ello a que con posterioridad Elvis Aaron Presley se convirtiera en uno de los más extraordinarios cantantes y de mayor éxito que ha conocido el mundo de la música.

 

Nacido en el seno de una familia unida y larga por ambas partes, cuyos antepasados habían echado raíces en el sur siglos antes, como William Mansell (1.795-1.842) que fue uno de los colonos del oeste de Tennessee y Paloma Blanca Diurna (1.800-1.835) miembro de la tribu cherokee, quien añadió sangre india al extenso árbol genealógico de una familia donde el pequeño Elvis se sentía seguro y querido. Su infancia transcurrió feliz a pesar de la pobreza que les rodeaba ya que vivían tan solo un peldaño por encima del nivel de subsistencia, pero los valores que le inculcaron arraigaron profundamente en él y trató siempre de vivir conforme a ellos. Creció gestando una brillante semejanza con los diferentes sonidos escuchando la radio junto a sus padres, ensimismado con la dulzona voz de los crooners y a la vez participando del fervor generalizado por el canto del Evangelio, góspel, en la iglesia adonde asistían con regularidad. También la influencia de los blues fue inevitable viviendo tan cerca de Shakerag, un barrio afroamericano.

Elvis con sus padres

Elvis con sus padres

 

Aquel muchachito de apenas diez años, que ganó uno de los premios presentándose a un concurso de talentos, vestido de vaquero y cantando con sorprendente sensibilidad una emotiva canción country que hablaba de un muchacho y su perro, ‘Old Shep’ de Red Foley, demostró sencillamente que amaba la música y se nutria de ella. En el siguiente cumpleaños recibió como

regalo de sus padres una modesta guitarra, él esperaba una bicicleta aunque a su madre le pareció una afición peligrosa y prefirió que Vester, uno de los tíos de Elvis, le diese lecciones básicas de guitarra. El joven aprendió a tocarla, a mezclar tradiciones y sabiduría, tanto la música blanca como la negra se unían en sus incipientes pasos hacia el Olimpo de las estrellas.

La falta de sustento empujó una madrugada a la familia Presley a liar sus bártulos en una camioneta y mudarse a la ciudad de Memphis, Tennessee, en busca de mejores oportunidades. Bajo la protección de un programa financiado por el Gobierno recibieron alojamiento en un apartamento de Lauderdale Heights. Vernon comenzó a trabajar en la United Paint Company y Gladys cosía cortinas. Era 1.948. Mientras tanto Elvis estudiaba secundaria en el instituto Hume, al parecer no prestaba demasiada atención a las clases, prefería pasar su adolescencia recorriendo los 3 kilómetros de largo de la calle de Beale Street, desde el Mississipi hasta East Street. Era un lugar popular desde 1.860 cuando se practicaba el deleznable comercio de esclavos, punto de encuentro de músicos negros, convertido más tarde en lugar emblemático lleno de clubes, tiendas y restaurantes. El joven tímido que a la vez derrochaba energía con un ímpetu arrollador y que iba siempre acompañado de su guitarra, como si fuesen solamente uno, disfrutaba bastante de su tiempo empapándose de la cultura y de la música que emanaba de aquel mágico rincón de la ciudad. También jugaba al fútbol y contribuía a aumentar los ingresos familiares trabajando media jornada los fines de semana.

En abril de 1.953 fue el primer miembro de su familia en graduarse en secundaria. Con motivo del acto se celebró el festival de Humes de jóvenes talentos. Elvis participó con su aspecto natural, modesto, de modales inconfundibles en los caballeros sureños, vestido con sus ropas de alegres colores, el pelo engominado echado hacia atrás formando un tupé, el rostro marcado por delicadas facciones y la mirada profunda de sus ojos. Supo ofrecer un espectacular recital en el que su alma vibró con cada canción. Transmitió todo su magnetismo sensual a un público emocionado, tan entregado que le dedicó una atronadora, larga e inolvidable ovación. Acababa de nacer una estrella, aunque todavía le quedaba camino por recorrer.

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“aspecto natural, modesto, de modales inconfundibles en los caballeros sureños, vestido con sus ropas de alegres colores, el pelo engominado echado hacia atrás formando un tupé, el rostro marcado por delicadas facciones y la mirada profunda de sus ojos”

 

Una vez terminados los estudios de secundaria buscó trabajo, se empleó como camionero de Crown Electric y siguió estudiando de noche para ser electricista. Ese mismo verano decidió hacer un regalo especial a su madre por el cumpleaños. Algunas discográficas ofrecían sus servicios al público para disfrute privado o hacer regalos personales. Convencido de la peculiaridad de su voz, se presentó en los estudios Sun Records para grabar una maqueta con dos canciones ‘My Happiness’ y ‘That’s Were Your Heartaches Begin’. Pagó 4 dólares por grabar su propio disco. Marion Keisker, colaboradora del fundador y productor Sam Phillips, quedó profundamente impresionada al escucharle. La noticia no tardó en llegar hasta el productor que más tarde le ofrecería un contrato. Los músicos del estudio Scotty Moore y Bill Black, guitarrista y contrabajista respectivamente, comenzaron a trabajar con Elvis en la creación de su primer single, un sencillo.

Una vez terminado se lanzó en septiembre de 1.954, ‘That’s All Right’ resultó un rotundo éxito. Hasta el momento no se había escuchado nada igual. La voz de un hombre blanco que sonaba como la de un hombre negro. La respuesta del público fue arrolladora y aquella misma noche asistió a su primera entrevista. La canción original había sido escrita y grabada por Arthur Crudup, cantante negro de blues, canción que Elvis transformó en rock. Posteriormente intentó pagarle a Crudup los derechos de autor aunque éste declinó amablemente el ofrecimiento.

Siguió combinando el trabajo de transportista con el inicio de giras junto a Bill y Scotty. Logró actuar en el Grand Ole Opry de Nashville, lo cual no dejaba de ser un reto. En aquella ocasión la actuación no fue bien acogida. Le causó un enorme disgusto que ensombreció su ánimo cuando el director le dijo que continuara conduciendo camiones. Craso error. Entonces, con una incólume confianza en sí mismo, se centró en actuar en el principal competidor el Louisiana Hayride que ofrecía música country en vivo. Nunca dejó de perseverar en la búsqueda hasta encontrar un estilo propio. Era un artista genuino, innovador, con un carisma capaz de levantar pasiones en sus fans. Tenía 19 años, se le conocía como Hillbilly Cat y como ningún otro artista le podía seguir, él cerraba siempre el espectáculo. Y después, por ser pionero en el estilo rock, sería bautizado con el sobrenombre de‘El Rey del Rock’n’roll’.

Montserrat Prieto

Solo soy alguien que nunca dejará de soñar con un mundo mejor. Que hace del aprendizaje una constante de su vida. Amante y defensora de la salud medioambiental, de los Derechos Humanos y de la Justicia. Escritora de cuentos y relatos

¡ÁMSTERDAM!

Rafa Rodero

Técnico de Fotografía
Graduado en Historia del Arte
Cómic andante a tiempo completo
Instagram: @redsneakersphoto

Pasamontañas rosa

 

Escribía con espinas y borraba con pétalos, cenizas rosadas como el carmín que desgasta el frío en sus mejillas. El corazón apenas titilaba el impulso necesario para no desfallecer entre cigarro y cigarro, aquella chispa inocua que no se graduó como destello, efímeros ambos, gravilla de campo santo antes del primer lloro.

Escribía desde el fondo de su coraza, pozo donde lamía las raíces con la punta de su lengua viperina, sólo de aspecto, era indefensivamente inofensivo. El blanco perfecto de su propia ira.

Solía volver la vista a menudo, pero aquel día se dio cuenta, una vez más, de que todo el camino vital recorrido no era más que un gran surco de cal viva agonizando por un final sin huesos que roer.

Es demasiado pronto para dejar de escribir – pensaba.

Somnoliento, otoño engatillando a la primera hoja suicida. Marrón efecto dominó, metralla seca y aviones sin importancia violando nubes paridas de tubos de escape. 

Si salir es ésto, que me devuelvan a mi jaula – bebió del vaso una vez más del millón de veces que bebió.

Si los suspiros escribieran, no haría falta hablar. ¿Mirarnos a los ojos? Él era un cobarde, por eso prefería la prosa. Como un buen robo, el robo perfecto. Será quirúrgico, entramos, pillamos la pasta y salimos. Sin violencia.

Pero el crimen perfecto no existe, y en la huida siempre quedan caminos ensangrentados, de cal viva o muerta.

Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

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