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Comunicado de prensa de la Secretaría General del PARTIDO DEMOCRATA SOCIAL AUTONOMISTA (P.D.S.A.)

 

 

El pasado viernes día 3 se ha presentado ante la Junta Electoral la primera coalición que se presentará a las Elecciones al Parlamento de Cataluña del próximo 21 de diciembre, la coalición Recortes Cero – Els Verds que concurrirá en las cuatro circunscripciones catalanas. En dicha coalición electoral se integra P.D.S.A, partido liderado por su secretario general Javier Arias

La candidatura del movimiento social, cultural y político, Recortes Cero, es la segunda cita electoral en Cataluña que se presenta, tras las elecciones del 2015, en las que fue una de las 9 candidaturas que se presentaron en todo el territorio catalán, y una de las dos únicas extraparlamentarias.

Recortes Cero – Els Verds, juno a P.D.S.A. al no tener representación parlamentaria, deberá recoger el 0,1% de las firmas del censo para poder presentar candidaturas antes del 17 de noviembre, lo que significa casi 6 mil firmas. Javier Arias, Como secretario general de P.D.S.A. y como miembro de la comisión permanente de la coordinadora estatal de Recortes Cero, asegura que una de las propuestas para Cataluña es trabajar desde los barrios, desde las juntas de distritito y desde los ayuntamientos, colaborando estrechamente con el mundo empresarial para el desarrollo catalán dentro de la economía del bien común

Recortes Cero ha estado presente en la actualidad catalana desde que se convocó el 1-O, por haber iniciado una campaña en contra (“1-O Estafa Antidemocrática”), impulsando varios manifiestos desde la izquierda de denuncia de la Declaración Unilateral de Independencia y del proyecto de Puigdemont como responsable de la situación que se vive en Cataluña, y oponiéndose a la línea de actuación y las políticas de Rajoy.

Tal y como ha asegurado la coportavoz, Nuria Suárez, “estas elecciones van a cambiar muchas cosas, y en los últimos meses Recortes Cero hemos demostrado que tenemos una alternativa totalmente diferente y que vale la pena apostar por ella”. Javier Arias, miembro de la Coordinadora de Recortes Cero y que ha presentado la coalición junto a Nuria Suárez y Esteban Cabal, ha añadido que “ahora toca hacerlo en la campaña para entrar en el Parlament.

 

La osadía de los ignorantes

Como dijo Sócrates, la verdadera sabiduría esta en reconocer la propia ignorancia.

 

En todo este lío de Cataluña se echa la culpa a cualquiera que no sea afín a nuestras ideologías, aunque es evidente, y ya lo he dicho en otras ocasiones que los principales culpables son Puigdemont y Rajoy, sin embargo por encima de estos dos personajes, por llamarlos de alguna manera, hay otra causa fundamental de esta aberración jurídica y política a la que se ha llegado con la declaración unilateral de independencia, tanto por quienes la han declarado como por quienes la están combatiendo sin haber agotado previamente la vía del diálogo y la negociación política; dicha causa es la ignorancia.

Aquí todo el mundo opina, pero la opinión, aunque es libre, sin embargo no es gratuita, porque si la opinión no tiene fundamento suficiente y sólo se apoya en lo que creemos justo puede llevarnos cuanto menos a una confrontación de la que puede que no salgamos bien parados o que lleguemos a un diálogo de besugos, y es que lo justo no siempre es legal. Justicia y legalidad no siempre van de la mano, pongamos como ejemplo la pena de muerte que, aunque legal en algunos Estados de USA no deja de ser un atentando contra el bien más supremo de la persona como es la vida aunque lo decida un Juez y por lo tanto injusta, aunque muchos estén a favor de ella por aquello de “ojo por ojo y diente por diente”, para todo hay. Pues lo mismo sucede con el tema de Cataluña, pero al contrario, es decir, aunque pueda parecer justo el deseo de autodeterminación sin embargo no es legal mientras no se cambien las reglas del juego plasmada en el texto constitucional, el único que tenemos y hemos aceptado durante casi cuarenta años.

“Aquí todo el mundo opina, pero la opinión, aunque es libre, sin embargo no es gratuita, porque si la opinión no tiene fundamento suficiente y sólo se apoya en lo que creemos justo puede llevarnos cuanto menos a una confrontación de la que puede que no salgamos bien parados o que lleguemos a un diálogo de besugos,”


Es por ello que uno de los requisitos que debería pedirse a los políticos en caso de no tener la suficiente formación jurídica es que una vez hayan sido elegidos y antes de ser nombrados para el cargo que hiciesen como en cualquier empresa un cursillo rápido de Derecho Político y Constitucional, así algunos nos evitaríamos la vergüenza ajena de tener que oír las sandeces que, normalmente, algunos de ellos, llevados por no se qué “ideologías” o “creencias” dicen, sobre todo cuando están delante de una cámara de TV o un micrófono y se sienten agredidos por la pregunta del entrevistador o por un interlocutor que, con un poco más de fundamento y preparación que ellos, le rebate algún tema.

Algunos considerarán que lo que acabo de decir es un ataque a la verdadera esencia de la democracia, porque atenta contra el sistema de elección y el  derecho a ostentar un cargo público, como manifestación de la soberanía del pueblo en la que se basa este sistema político, además del de controlar a nuestro gobernantes, pudiéndose entender la exigencia de dicho requisito como una traba al derecho pasivo al sufragio universal, libre, libre, igual, directo y secreto; sin embargo pienso que es legítimo exigir que nuestros representantes estén, al menos, preparados para el cargo que ostentan por las responsabilidades que de ello se deriva; y no que cualquier español, aun siendo un tonto de baba, pueda acceder a un cargo político sin saber a duras penas donde tiene la mano derecha o la izquierda, aunque algunos piensen que para suplir esta falta de formación de los cargos públicos para eso están los asesores, más de veinte mil según las últimas cifras oficiales, con lo que ello comporta para el gasto público; además de quedar comprometida en cierto modo su objetividad por aquello de que no muerdas la mano de quien te da de comer, convirtiéndose, por lo tanto, en una objetividad acomodaticia a los intereses políticos.

Pues bien, esta falta de formación o pseudo información de Wikipedia hace que me revuelva hacia esa series de personas que, al igual que los políticos que veneran y aplauden como sus líderes que, a pesar de su ignorancia tienen la des-facha-tez  de querer imponernos o vendernos sus razonamientos como los únicos válidos y verdaderos, sin tener pajolera idea de que hablan, mezclando conceptos políticos y jurídicos a su antojo, cogiendo de aquí y de allá ideas de algún que otro entendidillo del tema. Hago notar que secciono la palabra “desfachatez” porque considerándose de izquierdas y republicanos algunos de estos iluminados, la imposición  pretendida de sus ideas hace que se demonice a todo aquel que no opina de la misma manera que ellos, mediante un fascismo de izquierdas que recuerdan la Rusia de Stalin.

Un ejemplo de esta supina ignorancia es la mala publicidad que algunos tratan de dar al artículo 155 de la Constitución Española. Por cierto, un artículo que todos debíamos conocer para poder hablar con fundamento, y que habiendo estado siempre en el texto constitucional, solamente se ha cuestionado ahora porque viene en contra de quienes quieren hacer de su capa un sallo, saltándose todo por la torera y, continuando con su ignorancia, obviando en su argumentación la Constitución de Estados federales de nuestro entorno que incluyen en sus articulados preceptos similares al nuestro cuando se pone en peligro el sistema democrático y constitucional del Estado central, a modo de precepto punitivo y de garantía de la propia Constitución y del sistema democrática que ésta ampara.

No quiero decir con ello que esté a favor de su aplicación sin previamente utilizar o agotar otras vías como la política por una y otra parte, como he dejado en otras ocasiones al hablar de este tema; pero, cuando falla esta vía y el caos empieza a abrirse camino por haber actuado en contra del Estado de Derecho todo sistema democrático que se precie debe disponer de los resortes adecuados para combatir a los sediciosos.

Como ha indicado mi compañero y amigo Rafael López Villar en su último artículo sobre los tiempos que nos esperan tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la convocatoria y celebración de elecciones autonómicas el próximo 21 de diciembre; estas medidas no resuelven de todo el problema, abriéndose un tiempo de huracanes y tempestades para una reforma del texto constitucional que permita abordar con seriedad y deseo de dar una salida a la pretensiones de independencia de algunas de los Comunidades Autónomas, como puede ser, entre otras soluciones la constitución de un Estado Federal, donde los diferentes territorios tengan más audeterminación en la gestión de sus intereses. Pero, por favor, no traten de venderme la moto y de mezclar churras con merinas, para justificar no se que deseo de ruptura radical y a cualquier precio, incluso aunque lo sea en contra de los intereses económicos de sus futuros ciudadanos y de sus empresas.

Espero que, evidenciando a los ignorantes políticos y sus acólitos y algunos fanáticos seguidores, tras el varapalo dado por la propia Unión Europea de no reconocer la autodeclarada República Catalana, se imponga la razón para todos los que deben intervenir en la solución del problema y que Pedro Sánchez imponga al presidente su compromiso de iniciar un proceso de reforma constitucional, en la que espero que todos los partidos de izquierda demuestre su sentido de Estado y se impliquen en el mismo porque de ello depende nuestro futuro.

Si algo bueno se puede atribuir a este esperpéntico “procés” es que, se hace patente la necesidad de una urgente reforma de la Constitución, adaptada a los nuevos tiempos. Tal vez haya llegado el momento de decirles a esos dos grandes partidos que han gobernado en alternancia España, que se reforme la Constitución en la profundidad que sea preciso para no seguir con rodeos de palabras o circunloquios para no expresar con claridad lo que se quiere conseguir. No como sucesores los sucesores del franquismo que hicieron la que tenemos ahora, sino como auténticos demócratas con el deseo de crear un nuevo Estado donde se consolide lo bueno que hemos conseguido hasta ahora, y  buscando soluciones a los nuevos retos, necesidades y problemas que se plantean en este momento para permitir que nuestro futuro sea mejor que el panorama que nos han dejado tras su ineptitud a los mandos del poder.

 

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

 El cinismo enfrenta a los cínicos

Comportamiento de lo que está ocurriendo en Cataluña, un enfrentamiento entre representantes de la burguesía catalana y del resto de España. La catalana inflamó y ha engañado a la ciudadanía (siempre engañada), con la soflama nacionalista y el “seny catalán”, pero esa burguesía abandona a los ciudadanos en cuanto han visto que la República Catalana no tiene cabida en Europa y estaría fuera de los privilegios y aranceles comunitarios, en definitiva, lo que caracteriza a los de siempre, en este caso “la pela es la pela” expresión tan característica en ellos. Ya el pueblo les importaba poco, pero ahora están abandonando incluso a sus títeres políticos que tan bien les han servido con la privatización de Recursos y Beneficios Sociales incluso se están resquebrajando esos títeres, los antiguos CiU (cambió de nombre por la herencia de Jordi Puyol) hoy llamado PDcat, posiblemente sean las abstenciones, y como siempre habrá un chivo expiatorio y será la CUP la que pague los platos rotos, particularmente no entiendo esa alianza con partidos tan opuestos en su concepto de derechos ciudadanos, alianza que les llevará o llevaría a un enfrentamiento tarde o temprano y lo utilizarán los elementos facciosos para culpar a la izquierda, salvo a la domeñada socialdemocracia, de todos los males de Cataluña y de España.

Y ocurrió el 27 de octubre el Parlament aprobó en base a un Referéndum técnicamente ilegal y sin garantías democráticas, y con voto secreto, por 70 votos a favor, diez en contra y dos abstenciones proclamaron su república, 82 votos sobre 135, con 53 ausencias.  Ausencias importantes no solo por el hecho de discrepancias políticas contra la independencia, el PP y los naranjas, se escudan en el incumplimiento de la Constitución, incluso el niño de las Azores apela a ella, cuando él votó e hizo propaganda en contra en 1978. Esos dos partidos no quieren el dialogo, quieren imponer, proceder del fiel reflejo de su alimentación política al amamantarse de las ubres nazifranquistas de sus predecesores y deseosos de imponer el artículo 155 con el máximo rigor, incluso el subconsciente de algunos ya lo ha apuntado, el deseo de la entrada del ejército a saco, o la de su portavoz bocazas, el fusilamiento de Puigdemont. Y por otro lado ese partido socialdemócrata que se dice de izquierdas se pone de perfil, mascullando más que analizando de que esa no es la manera, pero sin dar la cara en el Parlament esgrimiendo su voto en contra, como hicieron Sí Que Es Pot (PODEMOS), y a los que tachan ahora de no ser consecuentes (solo les falta esgrimir la coletilla de Irán y Venezuela).

Los representantes en cualquier parlamento deben de ejercer su opinión y no salir en desbandada porque presuman su derrota, eso es de cobardes en todas las situaciones, en este caso política, y lo hicieron bajo la promesa, como tantas del incumplidor de la Moncloa, la Reforma de la Constitución, necesaria por obsoleta y en la que tendría que modificarse artículos, en especial en el 14 de la Constitución, para eliminar privilegios, aforamientos de políticos, jueces, incluso en FFAA, del Orden Público y limitando el del Jefe del Estado o Presidente de la Nación. Regular el derecho a voto en forma de Referéndum para lo concerniente a España y su forma de Estado, un Estado sin privilegios particulares, esa reforma prometida caerá en el olvido por dilatación, se crearán comisiones (para cobrar sueldos) hasta las próximas elecciones y vuelta a empezar con las falacias de los de siempre.

 

“Los representantes en cualquier parlamento deben de ejercer su opinión y no salir en desbandada porque presuman su derrota, eso es de cobardes en todas las situaciones, en este caso política,”

Falacia igual como la aplaudida (por los tres partidos y prensa adicta) al discurso de apoyo de uno de los VI borbones al artículo 155, y en contra de la legalidad de la votación para proclamar la República. No es de extrañar que esté en contra de cualquier votación, es de considerar su acierto, ya que él no fue elegido por los votos sino heredero de una rancia y abyecta dinastía impuesta por Franco antes de su muerte.

Siendo de las primeras medidas del art. 155 de la Constitución aplicar el Artículo 432 del Código Penal – “El delito de malversación definitiva contempla una doble forma comisiva, de modo que puede ser cometido activamente, sustrayendo los caudales o efectos públicos, o de forma omisiva, cuando el funcionario o autoridad consiente que sea un tercero quien los sustraiga”.

Malversación de fondos públicos por la urnas, 200.000€, pena de cárcel de 4 a 8 años. Cuando la sustracción no alcance la cantidad de 4.000 euros, se impondrán las penas de multa superior a dos y hasta cuatro meses, prisión de seis meses a tres años y suspensión de empleo o cargo público por tiempo de hasta tres años.

Será para algunos independentistas por la compra de urna, pero a nadie han encarcelado y si lo han hecho  fueron liberados a los pocos meses, como ocurre con los responsables de los millones defraudados en: ERES falsos de Andalucía, la operación Campeón, el Palma Arena, los trapicheos del Instituto Nóos (con parte de la familia del VI en Suiza, donde no hay tratado de extradición), Gürtel, Púnica, Valencia, Galicia, Murcia, Castilla-León, Burgos, Castellón, el 3% catalán, los Puyol…
A pesar de la declaración de una Fiscal declarando corrupto “abrumadoramente al ver acreditada” la caja B, y que la financiación ilegal del PP sirvió para ganar elecciones., nada les ocurre a los responsables de este partido y por ende del gobierno, porque una parte significativa de Fiscales y Jueces, están estratégicamente situados en la Judicatura para servir a ciertos intereses y aplicando ”des-justicia”, ciegos a ciertos colores de partidos políticos o financieros, por ser los sostenedores del fulcro y la cruz de la balanza justiciera. Los cínicos tienen el poder y se jactan de su cinismo ejerciéndolo.

José Enrique Centén Martín

Nacido en Tánger (Marruecos) en 1952, de abuelos andaluces emigrados a Marruecos en los años de hambruna del XIX. Madrileño de adopción desde 1961. Sólo bachiller elemental, desde los quince años trabajando. Perseguido, encarcelado y amnistiado en 1976, siempre junto a los más desfavorecidos, es lógico. Entré en la Universidad por mayores de 25 años en el 2010, he estudiado Historia en la UCM, incluso he escrito un ensayo“El Estado participativo”, jubilado parcial desde el 19 de marzo de 2012.

Política climática, de tempestades y huracanes

“Después de la tempestad llega la calma”. Todo el mundo que me lee, y que tiene la paciencia de escucharme, conoce de mí agradecimiento a dichos y refranes que de forma tan acertada expresan las situaciones. El problema de aplicar estas frases es que a pesar de su implícita sabiduría, de su contrastada lección de cordura, mal aplicadas nos pueden llevar al despiste.

La calma, como casi todo es mundo sabe, es esa situación en la que aparentemente no sucede nada, y solo se puede apreciar por el contraste inmediatamente anterior o posterior con su ausencia. Pero a veces, tal vez demasiadas, se cometen dos errores fundamentales a la hora de aplicar la fase inicial. El primer error es confundir la calma con algún sinónimo de aparente identidad. La calma no es la parsimonia, ni es la tranquilidad, ni es la ausencia de acción. La segunda es no evaluar correctamente la ausencia de calma, o sea confundir una tempestad con un huracán. La tempestad es un frente que pasa y deja una calma sin fecha límite. Pero existe también calma en el ojo del huracán, una calma expectante que tiene como límite el paso del resto del huracán. Es verdad que a veces los huracanes se deshacen espontáneamente, o pierden fuerza en su camino, pero no debemos de recrearnos en tal expectativa.

Y a mí me parece que en esas estamos, que a pesar de que la sensación general es balsámica, de tranquilidad aparente, de una cierta felicidad por lo que pudo ser y parece que no va a ser, hablo de Cataluña, estamos aún en el ojo del huracán. Estamos viendo el sol y disfrutándolo como compensación de todo un largo periodo tormentoso. Un periodo de tiempo donde se perdieron las formas, las institucionales y las personales, donde se perdieron las perspectivas, las temporales y las éticas, donde se perdió el tiempo, el económico y el vital, sin otro fin lógico que satisfacer ciertas soberbias, personales, políticas e, incluso, xenófobas.

 

“la sensación general es balsámica, de tranquilidad aparente, de una cierta felicidad por lo que pudo ser y parece que no va a ser, hablo de Cataluña, estamos aún en el ojo del huracán.”

Es posible, parece probable, que esas aspiraciones que el tiempo calificará más adecuadamente que la inmediatez que ahora vivimos, que esa perversión y retorcimiento del lenguaje del que se han valido para reclamar como propias aspiraciones que nunca dejaron de ser generales, hayan dejado paso a unos momentos más relajados. Pero en el relax está el peligro, en la falta de perspectiva de que el huracán solo ha puesto sobre nosotros su ojo, pero su parte activa ha dejado un frente, tal vez varios, que empezaremos a sufrir en cuanto esta calma aparente toque a su fin, tal vez mañana sin esperar más.

Me preocupa que el sentimiento de reivindicación de lo español que ha surgido como contestación al desafío planteado desde Cataluña, lleve a algunos a justificar los comportamientos extremistas que tanto daño han hecho históricamente a nuestro país. España tiene que empezar a ser de todos y esa actitudes solo intentan reivindicar una propiedad del sentimiento y los emblemas que excluiría a la mayoría de los ciudadanos españoles. No, los extremos siempre se tocan y yo no veo diferencias entre la extrema derecha y la extrema izquierda. Ambas persiguen decirnos como tiene que ser el mundo en el que queremos convivir, sin matices, sin libertades, sin capacidad para disentir o para aportar opiniones. Los extremismos son el pensamiento único y la persecución de los que no  se acomoden a su totalidad.

Pero tal vez, con ser el peligro más evidente, no es el único ni el mayor. Lo sucedido y los compromisos adquiridos nos abocan a una revisión de la constitución, y ese sí que es un peligro grave, porque hay tantas reivindicaciones, tantos anhelos, tantos funcionamientos mejorables vistos durante estos años, tantas sensibilidades que no se sienten representadas por la actual redacción, que miedo me da pensar en cómo cerrarla una vez que se haya abierto.

La ley electoral, el encaje territorial, el reparto de las competencias, monarquía o república, el respeto a los fueros particulares que suponen un beneficio sobre los demás territorios, y tantos otros grandes y pequeños melones que estamos deseando abrir y que puede ser complicado acordar para su aprobación.

Se avecinan tiempos difíciles y eso me hace buscar entre los que hay a los timoneles adecuados para capear el temporal, y a los que veo, los que actualmente están a los mandos, no me inspiran ninguna confianza. Más preocupados de la ideología que del bien común, más preocupados por el poder que por el servir, más apegados al triunfo personal que al triunfo de la razón y del Estado.

Si, tras la tempestad llega la calma, pero en el ojo del huracán la calma es una situación transitoria. Transitoria y engañosa. Pintan bastos.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Prevariciar, buscando el meollo de la cuestión

Sigo pensando que todo el problema está en el lenguaje. Todo el problema político, por supuesto. Y es que cuando los hechos no pueden ser explicados con las palabras no queda más remedio que intuir que existe un vacío lingüístico que impide la identificación diáfana de la situación a explicar.

Y yo creo, estoy convencido, de que eso es lo que sucede en Cataluña. Se habla por todos los canales, desde todas las posiciones, a la más mínima oportunidad, de lo que acaece, lo que debería suceder y lo acontecido en fechas pasadas a cuenta de un batiburrillo de derechos, deseos y aspiraciones que las buenas gentes del condado llevan en su imaginario sin saber ya muy bien en qué posición exacta se encuentra. La mayor parte son gentes de buena voluntad, ciudadanos amables y razonables que creen en algo que está por ahí, perdido entre los gritos, las consignas y las mentiras que las propagandas foráneas les han creado. El problema, el gran problema, es que también los hombres lobo son magníficas personas mientras no sale la luna llena.

Unos creen defender el derecho a decidir, así sin matices ni nada, otros creen en el derecho a votar, así sin reglas ni nada, algunos desean la independencia, así sin saber muy claramente a donde les lleva la realidad soñada ni nada, y otros aspiran a llevar a los más inocentes a la calle, al barullo, a la algarada, que es donde ellos se mueven a gusto. Curiosamente, casi con toda seguridad, ninguno cree en todas esas cosas, ninguno piensa, o si lo piensa lo piensa para adentro, que pasado el tema hay muchos de los que ahora gritan a su lado que gritarán contra ellos y ese anhelo por el que ahora creen estar en su onda.

Pero no todos son inocentes, no. Y claro, esos no inocentes, esos que si saben lo que están haciendo y tienen claro que los sueños, los ideales y los derechos invocados son agua de borrascas, si, como lo oyen, de las borrascas que ahora nos están lloviendo, es de los que hablamos. ¿Y como se llama lo que hacen estos indignos representantes de sí mismos? Pues yo lo he estado mirando con calma y resulta que hay que dar un montón de conceptos, determinar las prioridades y al final entramos en el argot político que, como todos sabemos, significa lo que significa, lo que ellos quieran que signifique o todo lo contrario.

Así que devanándome los sesos, mirando aquí y allá, intentando explicar lo básicamente inexplicable, he dado con un verbo inexistente que retrata no solo la situación catalana si no algo muy común en toda la especie humana: Prevariciar

 

Prevariciar: tomar una decisión o dictar una resolución injusta a sabiendas de que lo es con el fin de acaparar bienes, prebendas u honores.

Y si conjugamos el presente de indicativo, no nos metamos ya en pretéritos pluscuamperfectos ni en futuros perfectos, queda todo mucho más claro.

 

“Veamos. Yo prevaricio, tú más que yo, lo de Puigdemont es un escándalo, los españoles prevariciamos bastante, los del Govern prevariciais una pasada, y los demás ya ni te cuento.”

Veamos. Yo prevaricio, tú más que yo, lo de Puigdemont es un escándalo, los españoles prevariciamos bastante, los del Govern prevariciais una pasada, y los demás ya ni te cuento.

Pero mucho más claro. A pesar de que es, evidentemente, un verbo altamente irregular, delictivo diría yo.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Rajoy, como ayer, mientes hoy

Prometes y engañas como has hecho siempre, incumpliendo las promesas electorales, lo firmado con tu partido satélite, el naranja, con el que llegaste a firmar un documento sobre la corrupción y expulsión de corruptos en la política, incumplido reiteradamente, pero los naranjas siguen sumisos, aunque de vez en cuando vociferen para justificar, y con un partido de la oposición atado con el lastre de sus antiguos dirigentes, defensores de su actual posición privilegiada antes que en defender el interés de la población, al que ahora le ofreces un pacto de reforma constitucional, que dilatarás como tantas otras propuestas hasta las próximas elecciones, donde volverás a tus orígenes, la falacia, porque nunca has tenido la intención de mover un ápice  de traicionar tus ideales por muy demócrata que digas ser, la imagen que ofreces es la de un sucedáneo de la dictadura. Has parado en el Congreso, con tu partido satélite, la condena de las salvajes agresiones fascistas en Valencia y en tu subconsciente seguro que aplaudías la concentración de los mismos portando la enseña fascista en Sol.

Utilizas bien a los herederos de las mayores represiones durante y posteriormente a nuestra incivil guerra, la Falange, utilizándola de punta de lanza represora en la actualidad, seguramente ordenando pasividad a las F.O., las mismas que en Cataluña actuaron de forma diferente; tienes a un bocazas como portavoz, esputando improperios y amenazar con el fusilamiento, a la sinrazón de Puigdemont, presidente de una comunidad elegido democráticamente, sin reprocharle ni destituirle, con la pasividad de otros partidos del Congreso de los Diputados.

 

“tienes a un bocazas como portavoz, esputando improperios y amenazar con el fusilamiento, a la sinrazón de Puigdemont,”


Y con el grito de “no nos engañan, Cataluña es España”, has presidido un desfile que debería ser día de la Hispanidad, y donde por primera vez ha desfilado la PN junto al Ejército, demostración palpable de tu origen, la dictadura,  día de la Hispanidad que ha servido desde 1939 para demostrar cual es el apoyo del Jefe de Estado o del presidente de la Nación, postura propia de gobiernos dictatoriales en la actualidad como la denostada Corea, o la menos criticada China. O como la vergonzosa postura, sin réplica, del desfile en Londres su Ejército en 1982 tras la guerra de Las Malvinas, también un 12 de octubre, forma de humillación a toda la Hispanidad, en respuesta a un simulacro de invasión y guerra de la decrépita dictadura Argentina. Aquel 12 de octubre fue 16 días antes de llegar al poder  el PSOE, desbancando en el gobierno a los continuistas de 1939 representados por la UCD y Alianza Popular, pero que también mantuvieron los desfiles militares en lugar un acto de representación con los 21 países de habla hispana, incluyendo las banderas de nuestra autonomías y la de otros países donde hablen más de 10% el español en lugar de sables y armas propio de triunfos militares y que solo se hacía tras victorias renombradas desde el Imperio romano hasta las Guerras Mundiales.

José Enrique Centén Martín

Nacido en Tánger (Marruecos) en 1952, de abuelos andaluces emigrados a Marruecos en los años de hambruna del XIX. Madrileño de adopción desde 1961. Sólo bachiller elemental, desde los quince años trabajando. Perseguido, encarcelado y amnistiado en 1976, siempre junto a los más desfavorecidos, es lógico. Entré en la Universidad por mayores de 25 años en el 2010, he estudiado Historia en la UCM, incluso he escrito un ensayo“El Estado participativo”, jubilado parcial desde el 19 de marzo de 2012.

Cataluña: ¿Qué hará Francia si Madrid pierde el control?

 

A raíz del referéndum ilegal sobre la independencia de Cataluña, los habitantes de la comunidad autónoma tendrán que arrostrar un futuro lleno de tensión e incertidumbre. Los acontecimientos de los últimos días, sobre todo la (falta de) actuación por parte del gobierno de Mariano Rajoy frente al desafío secenionista, sólo han agravado la situación, permitiendo que se produzca una crisis constitucional no vista en España desde el fallido golpe de estado de 1981. Sin embargo, la cuestión catalana no atañe únicamente al Estado español, sino, por razones históricas y geopolíticas, también está en el punto de mira de los gobernantes de la República francesa.

 

Los intereses estratégicos de Francia en Cataluña se podrían cristalizar en los siguientes puntos:

 

El irredentismo catalán

 El actual departamento francés de los Pirineos Orientales está constituido por los antiguos condados catalanes del Rosellón, el Vallespir, el Capcir, el Conflent y la Alta Cerdaña. La Corona de Aragón cedió la mayor parte de estos territorios a Francia en 1258, en el Tratado de Corbeil, mientras la provincia del Rosellón pasó a manos francesas en 1659, a causa del Tratado de los Pirineos. La región históricamente estaba poblada por gentes de habla catalana y occitana, pero a partir del siglo XVIII la centralización estatal impuso el uso del francés. Hoy día, sólo una minoría habla catalán, aunque la cultura y las tradiciones catalanas siguen vigentes. Cataluña del Norte – usando un término acuñado por Alfons Miàs, el padre del catalanismo en el Rosellón francés – forma parte de las reivindicaciones territoriales del irredentismo catalán. Por lo tanto, Francia no puede permitir la escalada del conflicto en Cataluña y actuará para proteger su integridad territorial.

Andorra

El Principado de Andorra, el único país soberano cuya lengua oficial es el catalán, se caracteriza por  su peculiar forma de gobierno, siendo un coprincipado. Es decir, la jefatura del Estado recae en la figura del copríncipe español, el obispo de Seo de Urgel, y del copríncipe francés, el presidente de la República Francesa como heredero de los derechos de los Condes de Foix. Al igual que la llamada Cataluña del Norte, el microestado pirenaico también forma parte del concepto de los Países Catalanes, y como tal es un objetivo de las reclamaciones territoriales del pancatalanismo.

 

La reagravación del conflicto vasco

 El éxito – aunque sea parcial e inconcluso – del independismo catalán amenaza con la reagravación de otro desafío histórico en las relaciones franco-hispanas. Lo que es Cataluña del Norte para el catalanismo, lo es Iparralde al suroeste de Francia para los partidarios de una Euskal Herria unida e independiente. Durante décadas, el País Vasco francés sirvió de retaguardia y de base operacional para los etarras, y las últimas comunicaciones del grupo terrorista vasco no hacen más que confirmar los paralelismos entre los objetivos de los separatistas vascos y catalanes. Desde el punto de vista del Estado francés, es de vital importancia prevenir en su territorio un posible resurgimiento de las actividades ilegales de ETA.

 

Un estado gamberro en el talón de Francia

 La independencia de facto de Cataluña o la permanencia de conflictos violentos, en el caso del fracaso del intento separatista, significarían la presencia de una entidad semigamberra en el talón de la República Francesa. Un estado catalán autoproclamado, sin reconocimiento internacional y en constante conflicto con el Reino de España, no estaría en condiciones de controlar su territorio y sus fronteras. Quienquiera que tenga la mano superior en Cataluña, sus fuerzas de seguridad estarán ocupadas manteniendo el orden en las calles y controlando el descontento de una parte significativa de la población. Semejante situación caótica convertiría la comunidad autónoma en un imán para el crimen organizado, incluyendo el tráfico de drogas, armas y personas. Para remate, Cataluña es el epicentro del islamismo radical en España, así como lo han demostrado los recientes atentados en Barcelona, la prevención de futuros ataques terroristas requeriría, incluso en circunstancias normales, un mayor esfuerzo y coordinación policial. Francia, tras haber sufrido varios golpes en su propio territorio, no podrá tolerar la existencia de un nuevo nido yihadista cerca de sus fronteras.

 

Intervenciones rápidas y bien enfocadas

La prensa francesa, sobre todo los medios con un perfil ideológico de izquierdas, ha condenado la operación policial contra la consulta ilegal sobre la independencia, no obstante, el Palacio del Elíseo hasta ahora ha guardado silencio. Desde luego, el presidente Macron no contemplará la posibilidad de una intervención militar en Cataluña, pero eso no quiere decir que el servicio de inteligencia francés no observe y monitorice con ojos de gerifalte el desarrollo de la situación al sur de las fronteras de su país. No cabe la menor duda de que, en el caso de la agravación del conflicto político-constitucional en Cataluña, los agentes franceses tomarán las medidas necesarias para proteger los intereses del país galo. Las intervenciones francesas serán breves y estarán dirigidas a objetivos específicos.

“No cabe la menor duda de que, en el caso de la agravación del conflicto político-constitucional en Cataluña, los agentes franceses tomarán las medidas necesarias para proteger los intereses del país galo”


Entre los posibles pasos cabe mencionar el cierre de la frontera franco-catalana. Si Cataluña queda de facto excluida de la zona de Schengen, Francia, con el objetivo de parar el contrabando de drogas, armas y el influjo de inmigrantes ilegales, se verá obligada a suspender la libre circulación de personas y bienes procedentes del territorio catalán. Si el Estado español se retira de los pasos fronterizos, las fuerzas francesas tomarán control de las posiciones clave, aunque eso implique incursiones en zonas que, según el derecho internacional, seguirán siendo territorio español.

Al mismo tiempo, París reforzaría su presencia en Andorra para evitar un posible golpe de Estado pancatalanista y, si es necesario, someterá a su control directo el microprincipado.

Si, debido al caos interno, Cataluña se convierte en un santuario del terrorismo y del crimen organizado, las fuerzas especiales de Francia tendrán que intervenir directamente en tierras catalanas. Se trataría, principalmente, de capturar o neutralizar a terroristas u otros elementos criminales. Tanto el Ejército Francés como la Legión Extranjera han acumulado una amplia experiencia con misiones similares en África. Esas acciones serán secretas, breves, rápidas y bien enfocadas y probablemente tendrán lugar con el consentimiento tácito del Gobierno español y/o de la Generalidad de Cataluña.

Por supuesto, Francia no va a hacer el trabajo sucio de Madrid y tampoco va a restaurar el orden constitucional en Cataluña, pero hará todo lo posible por frenar la escalada del conflicto y por proteger sus intereses estratégicos. Justamente lo que España no parece ser capaz de hacer.

 

 

 

 

MiKlós Cseszneky

Húngaro-británico de lejanas raíces aragonesas. Experto en relaciones internacionales, profesor de idiomas, consultor y coach.

Éramos pocos y parió la abuela, cuando los extremos se tocan.

Éramos pocos y parió la abuela, dice el dicho. ¿A quién alimenta la extrema izquierda? A la extrema derecha. ¿A quién alimenta la extrema derecha? A la extrema izquierda. Dios los cría y ellos se juntan, sigue diciendo el saber popular, que sabe mucho, aunque sea de forma parda. También se dice que los extremos se tocan haciendo referencia a que llegados al extremo es difícil separar los métodos y los fines, aunque para lo que nos ocupa  habría que decir que los totalitarismos se tocan.

Era inevitable, yo creo que en realidad estaba perfectamente previsto por los estrategas al uso, que la presión sobre España, antes o después, haría salir el sentimiento español que el pueblo guarda para los deportes y algunas, pocas, ocasiones más. Y cuando aflorara ese sentimiento de reivindicación patriótica, habitual en todos los pueblos del mundo, sucedería algo que solo sucede en España, usar la resaca postfranquista para identificar español y fascista, para identificar los símbolos y reivindicaciones del estado con un movimiento heredero del Movimiento que en su día Franco utilizó para apoderarse de los símbolos de todos.

Y ya puestos en esta tesitura era fácil suponer, y ha sucedido, que la dormida extrema derecha nacional sacara la cabeza para reivindicar un protagonismo que nadie le ha conferido y que nadie le debería de reconocer. Pero, al igual que la CUP en la parte catalana, los fascistas de signo contrario en la parte española se retroalimentan y justifican mutuamente.

Hablan los unos de trabajadores, de cooperativismo, de desobediencia, de anticapitalismo, de libertad, de romper el sistema para erigirse ellos en sistema y laminar cualquier atisbo de libertad o democracia. Hablan los otros de unidad, de grandeza, de raza y de libertad, de romper el sistema para erigirse ellos en salvadores de la patria, patria única sin atisbo de libertad o democracia. Hablan ambos, como si fueran diferentes siendo los mismos, de cómo el mundo sería mejor como ellos lo conciben, eso sí sin consensuar ese mundo con nadie más que con ellos mismos e imponiéndolo por los métodos que consideren necesarios, purgas, asesinatos, pensamiento único, represión a todos los niveles.

Hablan de distintos valores, tienen distintas banderas, cantan diferentes canciones y reclaman al pueblo como propio sin otro fin, común, que imponerle su moral, su sentido político y su élite, para sojuzgarlo.  No nos engañemos, recurramos al refranero para saber que son los mismos perros con distintos collares. Tanto unos como otros no buscan otra cosa que imponernos su Verdad, la que les confiere el grado de elegidos y las prebendas de los salvadores indiscutibles.

Es fácil, en medio de la algarada, en medio de las reivindicaciones, identificarnos con esos tipos simpáticos, descarados, osados,  que llevan lo que estamos pidiendo hasta un poco más allá de lo que nosotros nos atrevemos y nos hacen cómplices de su actitud desafiante y sin resquicios. Sí, es fácil que nos caigan simpáticos y que los jaleemos y nos hagamos unas emociones compartidas. Es tan fácil como difícil es darse cuenta de que cuando nosotros queramos parar ellos seguirán adelante y acabarán convirtiéndonos en sus enemigos y, llegado el momento, en sus víctimas.

Yo no puedo pedirle a los catalanes independentistas que se separen de la CUP, no se lo puedo pedir porque hace ya tiempo que se pusieron en sus manos, que les permitieron elaborar y dirigir sus estrategias y no les van a permitir que le pongan límites a su guerra en la que han logrado implicar a los dirigentes que deberían de haberles puesto coto. Por interés, puede, al principio, ahora porque no tienen más remedio.

 

“Pero si puedo pedirle a todos los ciudadanos que de buena fe salen a la calle dispuestos a demostrar su sentido de españolidad sin anclajes políticos, sin afanes rememorantes, sin nostalgias de pasados difícilmente deseables,”

Pero si puedo pedirle a todos los ciudadanos que de buena fe salen a la calle dispuestos a demostrar su sentido de españolidad sin anclajes políticos, sin afanes rememorantes, sin nostalgias de pasados difícilmente deseables, que no compartan, que no jaleen, que no toleren a los que aprovechan el río revuelto para mejorar como pescadores. Todo en la vida tiene un límite, y el de los ciudadanos debe de estar donde empiezan los extremos. Además hay que tener en cuenta eso mismo que el pueblo ha acuñado como frase referente: “dime con quién andas y te diré quién eres”, o quién acabarás siendo. Negaros siempre a ser cómplices, simpatizantes, colegas de calle, de aquellos que no tienen otro fin que el suyo y se aprovechan de vuestro ruido, de vuestro sentimiento y de vuestra presencia, para hacerlos de su propiedad. Para justificarse.


Frente al totalitarismo, democracia. Frente a libertad condicional, libertad real. Frente a pueblo, ciudadanos. Frente a intolerancia, fraternidad. Frente a ellos, nosotros, que somos más y mejores.

Y, puestos a no poner de mi parte ni una sola idea original, quisiera rematar esta reflexión con aquella frase que solía decir el Hermano Lobo: “El que avisa no es traidor, es avisador”. Pues eso, que en todas partes cuecen habas.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Ahogándose en la orilla, la alergia a ser Estado

No sé, porque mis conocimientos sobre la mente y sus trastornos no me lo permiten, si el trastorno que sufre el PSOE es una paranoia, una esquizofrenia, o un trastorno bipolar, pero lo que si tengo claro es que sea lo que sea lo hace débil, quebradizo y poco fiable. Eso y que todos esos males los traslada a la sociedad a la que debería representar como partido más votado de la oposición en unos momentos más que delicados para el país.

Hace poco que comentaba que el proceso catalán, su planteamiento, su evolución, eran un salvavidas al que podría agarrarse la izquierda para reconectarse con esa población mayoritaria y sin ideología predeterminada que es con la que se ganan las elecciones. Esa mayoría, en general silenciosa pero determinante, que se siente cómoda con la monarquía, insatisfecha con la corrupción pero sin que la obsesione, identificada con los signos del estado y feliz con la forma de vivir en España. No son nacionalistas, no son, ni muchos menos, fachas, pero les molestan las posiciones equivocas, las pitadas al signo, el continuo cuestionamiento de la historia de la que se sienten moderadamente orgullosos, o los planteamientos equívocos respecto a los valores que respetan y con los que se sienten identificados.

El problema, el maldito problema, es que la simplicidad del mecanismo del salvavidas hace que no venga acompañado de un manual de instrucciones. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que el salvavidas, el clásico flotador de toda la vida, se pone en la cintura y se usa en el agua con la cabeza hacia arriba. Alguien en la izquierda española no tiene dos dedos de frente y ha decidido usarlo invertido, con la cabeza dentro del agua y los pies en alto, y se están ahogando sin alejarse de la orilla.

Ante la crisis catalana el PSOE ha demostrado, una vez más, que engloba a dos partidos cuya coexistencia no tiene otro fin que el sumar votos y, o, considerarse herederos de unas siglas a las que están desprestigiando. Basta con oír las declaraciones, con darse una vuelta por las redes sociales, para observar dos posturas absolutamente dispares, irreconciliables, respecto a cualquier cuestión que se plantee.

“Ante la crisis catalana el PSOE ha demostrado, una vez más, que engloba a dos partidos cuya coexistencia no tiene otro fin que el sumar votos y, o, considerarse herederos de unas siglas a las que están desprestigiando. “

Hay un PSOE institucional, con sentido de Estado y compromiso con la sociedad que conecta con esa mayoría de la que hemos hablado pero que carece del apoyo de la mayoría de los militantes, un partido que ha perdido la confianza de sus bases y al que muchos de ellos, los más radicales, y con esa facilidad instalada entre nosotros para insultar a cualquiera que disienta aún a costa de vaciar de contenido el insulto, tildan de facha, y hay otro PSOE más marginal, levemente radical, con regusto postfranquista que se siente incómodo con cualquier identificación nacional y que se siente más cerca de PODEMOS que de sus propios, teóricos, correligionarios. Este último es el que controla ahora el aparato del partido y el que se aleja cada vez más de los votantes neutrales y le lleva a cometer errores tan tremendos como la moción de reprobación precipitada, innecesaria y absolutamente inoportuna, a la vicepresidenta del gobierno en un momento en que mantener el bloque es prioritario sobre las ideologías. Y eso se paga. Se paga con el desprestigio del  líder y el de las siglas a las que representan.

Siguen hablando de diálogo como única estrategia para reconducir la situación pero, planteado en tales equívocos términos, que es difícil saber si están contra el gobierno, contra la legalidad, contra las dos cosas, contra el presidente del gobierno, contra sí mismos, o simplemente tan necesitados de significarse que quieren ser la referencia moral de una situación imposible.

También sé que la manifestación de ayer es un toque de atención. Un toque de atención en el que el PSOE volvió a ponerse de perfil, recomendando la presencia de las personas pero remarcando la usencia del partido. ¿Por qué el partido no va? ¿Porque es más importante marcar los contras, que los pros? ¿Porque manifestarse bajo la bandera española es sospechoso de franquismo? ¿Porque tenemos que marcar las diferencias a costa de lo que sea?

No lo sé, pero sí sé algo con bastante convicción, mientras la izquierda siga anclada en su postfranquismo inútil, mientras no reivindique su sitio bajo los símbolos del estado que representan a la mayoría de la población, mientras jueguen a la élite moral que no escucha al pueblo al que dice representar, mientras no sea clara, madura y ejerza sobre la sociedad la docencia del progresismo y no la superioridad despectiva que le lleva a justificar sus fracasos como equivocaciones de los que tienen que votar, esta será una izquierda inútil para la sociedad, inútil para el país e inútil para el Estado. Esta izquierda será parte del problema, y parte importante. Bueno, para ser coherente, estas izquierdas.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

La chapuza continúa. Una independencia en diferido

La ambigüedad de Puigdemont en su declaración ante el Parlament de la independencia de la República de Cataluña, no sólo ha supuesto un jarro de agua fría para aquellos catalanes que votaron  sí en referéndum ilegal que él junto con el resto del bloque independentista convocaron y que se celebró el pasado 1 de octubre; sino que, además, ha supuesto la fractura del mismo en ese empeño en una independencia del todo imposible con el sistema constitucional vigente, reconducida con la firma de un manifiesto de compromiso con la república, que no deja de ser un punto y seguido de este sainete a la catalana. Ello, sin entrar a valorar el incumplimiento de las leyes ad hoc que ellos mismos aprobaron para dotar de cierta “legitímidad” a lo que, a todas luces no puede tenerla, mientras no se reforme la Constitución, que exige que dicha declaración sea votada en el Parlament.

La suspensión de la declaración de independencia, una especie de independencia en diferido, llevada a cabo por le President, con el fin de negociar con el Estado, no ha sido aceptada por sus socios de la CUP y Esquerra, por no estar dispuesta a ese diálogo con el que consideran enemigo de Cataluña. Un discurso que los verdaderos demócratas, entre los cuales me incluyo consideramos irresponsable al igual  que todas las actuaciones llevadas a cabo en este proceso independentista; puesto que lo único que pone de manifiesto es la radicalización de una izquierda catalana con muy poco sentido de Estado en un momento histórico en que las fronteras han sido abolidas dentro de la UE de la cual quieren seguir formando parte; debido a que lo que realmente buscan no son soluciones negociadas sino una declaración de guerra contra el resto de España.

Por mucho que se empeñen ciertos politólogos politizados, entre ellos el Secretario General de Podemos, de que no ha existido una declaración de independencia, habría que preguntarle el porqué se declara entonces una suspensión. Si fuera como él dice, entonces ¿qué se suspende?.

Puigdemont, no ha adoptado una postura ecléctica y de reconciliación,  como tratan de vendernos sus afines, sino una huida de una crisis sin precedentes en los últimos cuarenta años de la que él ha sido el principal protagonista, fragmentado la sociedad catalana, incluso la del resto de país, dividido entre quienes han  visto en  este proceso una forma de ataque a Rajoy y a su débil gobierno, o lo que es lo mismo una forma de desgastar la actual legislatura del Estado, y los que con un sentido patriótico, tal vez desmesurado, han decido declarar una guerra de banderas.

“Puigdemont, no ha adoptado una postura ecléptica y de reconciliación,  como tratan de vendernos sus afines, sino una huida de una crisis sisin precedentes en los últimos cuarenta años de la que él ha sido el principal protagonista”

Resulta evidente que la gestión sobre Cataluña llevada a cabo por el gobierno de Rajoy es absolutamente criticable, por no buscar soluciones negociadas a un conflicto territorial que se remonta casi al momento en que se aprobó con la Constitución una organización del territorio español basado en Comunidades Autónomas, debido, aunque algunos traten de negarlo, al hecho de su mayor participación a ese fondo de compensación territorial encaminado a corregir las desigualdades entre las distintas autonomías o nacionalidades que, conforme al texto constitucional, integran la indisoluble unidad de España. Un gobierno para el que la represión ha sido su principal seña de identidad, y sigue siéndolo, según las manifestaciones de sus acólitos en el Parlament, así como las que han salido de la propia Moncloa tras conocer las declaración suspendida de independencia.

Pero, los ciudadanos, sustentadores de la soberanía nacional, debemos, al menos, ser más responsables que los políticos mediocres que dicen representarnos, y no identificar la declaración de independencia de Cataluña como una forma de dar palos a Rajoy y a su gobierno, por mucho que lo merezcan, sobre todo en la respuesta a este conflicto utilizando las fuerzas de las porras, como ha hecho siempre, y no la de la razón y el entendimiento.

En todo caso, sea como sea, la chapuza de la independencia continúa, y dado que los posible interlocutores en una futura negociación han manifestado sus posturas irreconciliables, la única solución que algunos, cada vez más, vislumbramos a este conflicto, es la convocatoria de elecciones tanto en Cataluña como en el resto de España, para que sean todos los españoles, y allí todos los catalanes, los que elijan las posturas políticas más idóneas para solucionar este conflicto, y de  esta manera encontrar el sosiego necesario para respetarnos los unos a los otros.

 

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

La Cataluña bolivariana a la sombra de ETA

Una semana después de la celebración del referéndum ilegal sobre la independencia de Cataluña, todo indica que el separatismo catalán está condenado al fracaso. España cuenta con todos los recursos necesarios para defender su integridad territorial. Quizá la única incógnita es si el Gobierno central estará dispuesto a tomar las medidas necesarias para impedir la secesión. Hasta ahora, el poder ejecutivo español se ha limitado a delegar el manejo del conflicto político-constitucional en manos de los tribunales, como si se tratase de un simple conflicto administrativo. Su principal objetivo es intentar amainar la tensión, y su estrategia se basa en aguardar y postergar las decisiones críticas. El Gobierno tendrá sus razones, pero también se arriesga mucho por no querer arriesgarse.

Sin embargo, independientemente de la actuación del gabinete de Mariano Rajoy, si después del voto la Generalidad llegara a declarar la idependencia, la nueva república catalana no tendría ningún tipo de reconocimiento internacional y tampoco podría seguir siendo miembro de la Unión Europea. Tanto el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, como el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker ya avisaron sobre las consecuencias que tendría una hipotética independencia de Cataluña, haciendo hincapié en que toda acción en contra de la constitución de un estado miembro sería considerada una acción en contra del marco legal de toda la Unión Europea. Además, cabe recordar que ni siquiera una Escocia soberana habría podido mantener su membresía en el bloque, si en el referéndum de 2014 hubieran ganado los partidarios de la independencia, pese a que esta consulta fue completamente legal según las leyes británicas. Si los líderes catalanes lograran que la independencia de facto fuera un hecho consumado, Cataluña se encontraría completamente aislada.

Las comparaciones con Kosovo están completamente equivocadas. Kosovo, aunque no fue reconocido por muchas naciones – como es el caso de España o Rusia – sí que obtuvo amplio reconocimiento internacional por parte de los países del primer mundo, entre ellos los Estados Unidos y la mayoría de los miembros de la Unión Europea. En cambio, la situación de una República Catalana autoproclamada sería más parecida a la posición internacional de las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk, dos entidades prorrusas en el este de Ucrania, o de la República Turca del Norte de Chipre, que ha sido reconocida solamente por Turquía.

Todos esos territorios anteriormente mencionados tienen un protector, ya sea Rusia o Turquía. Pero Cataluña, al menos inicialmente, no contaría con nadie. Sin embargo, al igual que en el mundo de la física, en las relaciones del poder tampoco puede haber un vacío durante mucho tiempo, y los catalanes se verían obligados a coaligarse con las potencias que se ofrezcan.

Según un sondeo reciente, en la Comunidad Autónoma de Cataluña el apoyo a la izquierda es un 30% superior al resto de España. Se podría decir que, en paralelo al proceso independentista, está ocurriendo un proceso de izquierdización en el seno de la sociedad catalana. Esta tendencia social podría empujar a un gobierno catalán completamente aislado a establecer algún tipo de alianza con el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), un grupo regional de Latinoamérica liderado por Venezuela y compuesto por Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros países más pequeños. Irónicamente, sería el castellano la lengua común que facilitaría dichas relaciones. Además, algunos líderes de la ultraizquierda catalana ya llevan muchos años manteniendo lazos estrechos con el régimen venezolano.

 

“Se podría decir que, en paralelo al proceso independentista, está ocurriendo un proceso de izquierdización en el seno de la sociedad catalana”

También cabe la posibilidad de que Rusia o China aprovechen la situación, pero lo más probable es que – quizá paralelamente con la posibilidad de la mencionada alianza con los gobiernos neomarxistas de Hispanoamérica – sean algunos países musulmanes y movimientos islamistas los que intenten construir una cabecera de puente en una Cataluña independiente. La comunidad autónoma ya hace tiempo que se ha convertido en un hervidero del vahabismo, así que con el dinero de las monarquías petroleras del Golfo Pérsico y aprovechando la ola migratoria, podrían ampliar y multiplicar las bases sociales ya existentes del islamismo radical.

Sin embargo, el Gobierno central, por encima de sus tácticas cautelosas, ya ha empezado a tomar medidas para preservar la unidad de España. Pese a los vaticinios más pesimistas, es poco probable que la intervención de las fuerzas del orden acabe en una guerra civil. La Generalidad catalana no tiene fuerzas armadas, y aunque entre el personal de la policía catalana, los Mozos de Escuadra, haya simpatizantes del independismo, unos cuantos individuos no podrán hacer frente a todo un ejército.

Al mismo tiempo, dada la extrema polarización de la sociedad catalana – una mitad a favor y la otra en contra de la independencia – es muy probable que surjan actos de violencia. Por ejemplo, si grupos independistas intentan impedir la detención de políticos o funcionarios imputados por sedición o prevaricación. Grosso modo, la realidad catalana se asemejará cada vez más a los momentos más difíciles del conflicto vasco o a los Troubles en Irlanda del Norte. La Policía y la Guardia Civil han acumulado una amplia experiencia con similares conflictos violentos de baja intensidad en el País Vasco y seguramente podrán controlar la situación. Sin embargo, el descontento irrefrenable de algunos sectores nacionalistas de la población catalana podría acarrear graves consecuencias, entre ellas la formación de grupos armados inspirados tanto en la disuelta organización catalana, Tierra Lliure como en el ETA vasco. El hecho de que algunos grupos de la ultraizquierda nacionalista catalana ya están empleando las tácticas de la kale borroka, asimismo que el etarra excarcelado, Arnaldo Otegi, ha ofrecido su apoyo al secesionismo catalán, y que un comunicado reciente de ETA ha reivindicado para Euskal Herria un proceso similar al independismo catalán, indica un acercamiento entre el nacionalismo catalán y el sector abertzale de la sociedad vasca. En cierto modo Cataluña ya está en el proceso de la „abertzalización” con todas sus consecuencias.

MiKlós Cseszneky

Húngaro-británico de lejanas raíces aragonesas. Experto en relaciones internacionales, profesor de idiomas, consultor y coach.

Las calabazas del poder

Visto lo visto no hay ningún político que me satisfaga, ni plenamente, ni en pequeñas dosis; pero esto no viene de ahora, consecuencia de la mala gestión del conflicto de Cataluña, sino que se remonta a mucho tiempo atrás, tanto  que tengo que traslade en el tiempo  a la época de Felipe González y su gran engaño a los que confiábamos que el acceso al gobierno del  PSOE, iba a suponer un punto de inflexión en la política hacia un modelo donde los más débiles dentro del sistema serían los más protegidos frente al abuso del modelo capitalista en el que inevitablemente se sustenta la economía mundial. Pero, la realidad fue bien distinta, no sólo en el tema económico, sino también en la aparente ideología que un partido que se autodenomina socialista debía moverse, valga como ejemplo la salida de la OTAN, prometida en aquella campaña electoral que precedió a lo que la gran mayoría consideró el empoderamiento de la clase obrera.

 

Mentiras que, agravadas durante las sucesivas reelecciones de quien empezó vistiendo con una chaqueta de pana terminó vistiéndose con las mismas telas con las que se visten quienes viven en el olimpo, poniendo puentes de plata a banqueros y grandes empresarios, y de madera carcomida para quienes les habían dado el voto, no tardando en asomar una corrupción tan virulenta como la actual con causa en el “perpetuamiento” en el poder de políticos para los que el interés personal estaba por encima del bien común, y que, ocho años después tras la alternancia con su partenaire a la derecha, volvió con el gran talante de Zapatero a premiar a los fuertes frente a los débiles, con políticas que bautizadas como social democracia que hizo que muchos situasen a su predecesor, Aznar, a la izquierda del PSOE.

PP y PSOE, dos caras de una misma moneda, donde no existe cara y cruz, sino insignias diferentes con pretensiones similares, donde quienes deberíamos detentar la soberanía solamente somos escuchados cada cuatro años, después de habernos mentido no solamente en las legislaturas que preceden a los comicios, sino también en las campañas electorales con promesas que todavía logran convencer a muchos incautos; aunque cada vez, debido a la fragmentación de izquierdas y derechas desilusionadas, han fomentado la aparición en escena de nuevos partidos, en algunos casos como marca blanca de los situados a la derecha, y con posicionamiento más radicalizados en los que se sitúan en el lado contrario.

“PP y PSOE, dos caras de una misma moneda, donde no existe cara y cruz, sino insignias diferentes con pretensiones similares,”

Un arco iris de colores que, si bien parecían dar una nueva apariencia en las ágoras del poder legislativo, nos ha llevado a algunos, entre los cuales me incluyo, no sólo a creer que la mediocridad es la tónica general en la política de este país, sino que el engaño sigue siendo el eje de la actuación de quienes hemos elegido como nuestros representantes.

La radicalización de cierta izquierda ha convertido a muchos ciudadanos en adoctrinados cuya única causa es la lucha por la ruptura de un sistema, no desde dentro como prometieron algunos de sus líderes, levantando alfombras de palacios y despachos para que saliera la mierda que durante años allí se había ocultado, así como abriendo ventanas para que saliera el olor pestilente que su putrefacción había originado; pero sin una marcada política que nos haga intuir la luz al final de túnel, sino todo lo contrario, debido a la improvisación y alejamiento del sistema asambleario en el que dijeron que sustentarían sus políticas como empoderamiento de los ciudadanos, convirtiéndose al final en meras figuras decorativas, donde la verticalidad en su organización y poder de decisión les ha convertido en un partido más de los de siempre; con la única diferencia de que han pasado a librarse las batallas en las calles en vez de en las Cortes Generales y parlamentos autonómicos. Batallas en las que, una excelente puesta en escena, hace creer a muchos que la fuerza vale más que la palabra, y el insulto más que la razón, y cuya consecuencia inmediata esta siendo el ascenso en intención de voto de los satélites del PP, como C´s, y quien sabe dada la tendencia ascendente en Europa de la extrema derecha, quién sabe si de Vox.

Y, al final, sucede lo que sucede: a mar revuelto, ganancia de pescadores, y quien más consiga llevar el agua de este totum revolutum en que se ha convertido la política a su molino, mayor rentabilidad política sacará, mientras los ciudadanos seguiremos chupando un palo sentados, como dice Serrat en una de sus canciones, encima de una calabaza.

 

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La murga del diálogo

Oigo por muchos sitios, desde muchas cabezas bienintencionadas, y otras no tanto, me refiero a bienintencionadas, bueno o a cabezas, la necesidad de un dialogo. Vale, pero ¿con quién?, ¿En qué términos?, ¿Con qué reglas?. Claro que inmediatamente me surge otra pregunta, tal vez un poco brutal, ¿se puede negociar algo con quien ha pervertido todas las reglas, y las reglas de las reglas, con alguna garantía de que cumpla cualquier acuerdo al que se pueda llegar?. Honradamente creo que no, es como contratar para levantar tu casa al mismo que por falta de pericia o interés hizo que se viniera abajo, un despropósito.

Cualquier diálogo creíble pasa por la dimisión de todos los responsables de la Generalitat y su puesta a disposición judicial. A partir de ahí diálogo, a tumba abierta, sin restricciones, líneas rojas les llaman ahora, con la única excepción del causante último de toda esta historia, la CUP. Pero, !ay¡,  que dura es la realidad, los políticos catalanes son tan españoles que ignoran lo que significa dimitir. De hecho he oído rumores sobre la intención de la RAE de eliminarla del diccionario por extranjerizante.

El diálogo del diálogo ya se muerde la colita. Yo entiendo, puedo entender, la buena voluntad de muchas de las personas que lo plantean sin caer en la cuenta de que un diálogo como el que pretenden solo puede darse entre dos iguales, y el supuesto no se da porque serían concesiones a los delincuentes, y no hablo del pueblo catalán, que no es solo el que pide independencia, ese no es ni la mayoría, si no de quienes han decidido saltarse tres niveles de leyes: la Constitución, el ordenamiento jurídico nacional derivado de ella y el Estatuto Catalán. Seguro que no ha sido sin querer. Y ante eso no hay diálogo. El diálogo hay que establecerlo con todos los catalanes, no solo con los que más gritan, con los que más mienten y con los que más insultan en cuanto no estás de acuerdo con ellos.

“Pero, !ay¡,  que dura es la realidad, los políticos catalanes son tan españoles que ignoran lo que significa dimitir. De hecho he oído rumores sobre la intención de la RAE de eliminarla del diccionario por extranjerizante.” 



Va siendo hora de recuperar la esencia del problema y de dejar las posturas de buena voluntad para cuando sean necesarias y todos los catalanes puedan ser escuchados, sin imposiciones fascistas, sin algaradas callejeras en las que participa mucha gente que ni es catalana ni se la espera, sin conculcación de las normas de convivencia. No vaya a ser que queriendo ser tan buenos estemos machacando a la mayoría realmente oprimida en este momento. Oprimida, vilipendiada, acosada y, parece ser, que olvidada por muchos.

Porque cuando se pide el diálogo, ya de forma cansina, en muchos casos interesada, se está olvidando de forma palmaria a los que en estos días sí que han sufrido con la violencia de sus convecinos instigados al odio por personas, organismos y entidades perfectamente preparados para ejercer la brutal violencia del acoso diario. ¿En qué punto del pretendido diálogo se les va a escuchar a ellos? Y son mayoría, una mayoría que muchos pretenden que sea no ya silenciosa, no, si no silenciada.

Les llamaba hace poco miserables por no salir a la calle y demostrar que existen. Hoy ya han salido, ya han empezado a salir, con el patético resultado de ser insultados y recibir el desprecio patente de sus convecinos abducidos por el independentismo radical y mentiroso. Pero, lo que es aún más grave, sintiéndose tratados como sospechosos por una izquierda tan pendiente de los símbolos y de su exquisitez moral que es incapaz de identificar como suyo a cualquiera que porte una bandera nacional, o que grite un viva a España. Y esto sí que es lamentable, descorazonador.

Y esa misma izquierda incapaz de plantarse en un sentido de estado imprescindible en este momento, incapaz de asumir que el estado no es de izquierdas, ni de derechas, debilita a ese mismo estado con posiciones que no obedecen más que a su incapacidad de asumir que España también es de ellos, incluso de los que reniegan de ella. Incapaces de superar una resaca franquista que los atenaza e incapacita en los momentos en que más falta hacen. Incapaces de entender que los símbolos de España también son suyos, profundamente suyos, y que ahora mismo son los únicos válidos para marcar la diferencia con los que no han cumplido la ley.

Esta izquierda que dice representar al pueblo y lo olvida para representar solo a la parte del pueblo que pudiera votarla en una elecciones, no pasa de ser mezquina. Mezquina y dañina para un estado, para un país que necesita de una izquierda fuerte y comprometida para evitar una deriva de derechas de la que son los máximos responsables por su incapacidad de conectar con los pueblos, con las gentes. Esta misma izquierda que se lanzó a degüello contra unos servidores públicos que según van pasando las horas, los días, se demuestran menos sanguinarios, más víctimas de una manipulación feroz e interesada de los propagandistas del independestismo y de cierta prensa amarilla, nacional y extranjera, más interesada en la tirada que en la noticia, cuando no en crear de parte un relato que empieza a comprobarse inexistente.

“Esta izquierda que dice representar al pueblo y lo olvida para representar solo a la parte del pueblo que pudiera votarla en una elecciones, no pasa de ser mezquina”


Basta ya de hablar de diálogo y empecemos a hablar del diálogo que habrá que emprender cuando la normalidad esté restablecida, de las reformas que habrá que acometer, de la limpieza que habrá que hacer cuando los delincuentes estén donde les corresponde, en la cárcel. Basta ya de invocar un diálogo en el que se pretende hacer callar, o como mínimo se ignora, a la mayoría de un pueblo, el catalán, sometido por sus dirigentes al fascismo más repugnante mediante el adoctrinamiento en los colegios, mediante la mentira permanente en los medios de comunicación, mediante la incitación al odio a todo lo que suene a español.

Vivió, hace ya más de treinta años, en Vic por motivos de trabajo unos años la que hoy es mi esposa, y aún no hace mucho recordaba una vecina de su misma edad, por aquel entonces veintitantos, que no pensaba jamás pisar Madrid, porque en Madrid encarnaba todo lo que ella odiaba en el mundo. Y es que el problema catalán no proviene de un referendum fallido, ni de un estatuto impugnado, ni de una carga policial, en la sociedad catalana, sobre todo en ciertas zonas rurales, el odio a lo español es una seña de identidad que se transmite entre generaciones y que solo podrá erradicarse mediante, no, el diálogo, este diálogo que se reclama ahora, no, una convivencia limpia, una erradicación de los que aprovechan su posición en la sociedad civil para difundir el odio, una formación que haga ciudadanos del mundo y no abducidos de linde cercana. Ese debe de ser el principal reto del diálogo por venir, ese y no un diálogo fiscal, no un diálogo territorial, que también, si se demuestra necesario. Mientras la sociedad catalana siga siendo traidora al resto del país como lo ha sido los últimos cuatrocientos años, ¿de qué vamos a hablar? ¿de la fecha de la próxima revuelta? ¿de la excusa con la que se va a abordar? Despierta Cataluña, este mundo ya no es medieval, ni siquiera romántico. Aprende a sumar y no dejes que te dividan.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Reflexiones de uno que ya no es de izquierdas según lo de izquierdas que no tiene idea de lo que es la izquierda

Hace ya unos cuantos años, corría el der señor de 1982, mi amigo Pedro, Pedro Massó, amigo de cuitas y destinos en una, entonces no muy lejana, “mili”, me llamaba para compartir la alegría por la victoria del PSOE en las elecciones. Ambos estábamos entre los que habían depositado con gran ilusión la papeleta de ese partido en las urnas. Ya entonces, y él no lo compartía, le expresé mi preocupación porque la victoria hubiese sido por mayoría absoluta y mis miedos a derivas por la falta de control en el gobierno.

Hace apenas un par de meses mi amigo Pedro, el mismo que me llamó en las elecciones del 82, me preguntaba junto a unas copas por qué alguien como yo, con las convicciones tan claras, se había alejado de las posiciones de la izquierda y ahora parecía de derechas.

La pregunta es delicada. La pregunta es absurda si quien te la hace no pretende escucharte, sino solo acusarte o etiquetarte. Afortunadamente Pedro y yo hemos compartido muchas charlas, muchas copas, muchas vivencias duras, incluso nos hemos jugado juntos la vida por nuestras ideas, como para hablar sin escuchar al otro, como para argumentar sin razonar, como para sacar en nuestras conversaciones una sola idea preconcebida.

Como buen gallego, en ejercicio y sentimiento, contesté con otra pregunta. ¿Estás seguro de que yo me he alejado de las ideas que teníamos, o ha sido la izquierda, la autodenominada izquierda, la que se ha alejado de nuestras convicciones? La respuesta fue la que yo esperaba de él: explícamelo.

Entonces, con la noche ya avanzada, con las copas casi vacías y una perspectiva laboral que me obligaba a trabajar al día siguiente, me limité a enumerarle mis desacuerdos con la izquierda actual sin poder entrar en reflexiones y debates más profundos. Hoy, con el tema de Cataluña emponzoñando aún más un debate interno en el concepto, ya casi perdido, de la izquierda, recupero para mí mismo la conversación y aprovecho para explicarme.

Creo en la lucha de clases, creo que los desfavorecidos del mundo, de todo el mundo, tienen derecho a una vida acorde con la dignidad y la libertad que les corresponde por el simple hecho de nacer. Pero no creo en las clases creadas al albur de una explicación de economía de mercado. No creo en la división trabajador versus patrón, porque ni todos los patronos son explotadores ni todos los obreros son explotados. Ni todos los patronos son culpables de avaricia ni todos los obreros son inocentes de abuso por su condición. Yo creo en la clase dominada y la clase dominante, en la clase dirigida y la clase dirigente. En la igualdad y en la libertad, mientras que la izquierda actual preconiza el intercambio de clases dirigentes, el quítate tú para ponerme yo y vuelta a empezar, porque seguirá habiendo una clase dirigida y otra dirigente y por tanto explotación, corrupción, desigualdad.

Creo en la libertad individual. En que cualquier individuo tomado por sí mismo tiene un valor moral, ético y humano superior al de cualquier grupo de individuos, porque el individuo tiene dignidad, criterio e ideales, es decir, es un ciudadano, mientras que los grupos, las masas, tienen afán de predominio, ideología y líderes que piensan por ellos, es decir vocación de adaptar el entorno a su criterio, o, por decirlo de otra forma, vocación de clase dirigente. Si, ya sé, este concepto se puede considerar libertario, pero es la izquierda la que pretende decir que los libertarios somos de izquierdas pero no pasa de ser una falacia fácilmente desmontable.  No, y de derechas mucho menos.

“Creo en la libertad individual. En que cualquier individuo tomado por sí mismo tiene un valor moral, ético y humano superior al de cualquier grupo de individuos, porque el individuo tiene dignidad, criterio e ideales, es decir, es un ciudadano”

Creo en las clases internacionales, sin banderas, sin fronteras, sin quiebros semánticos que permitan maniobras imposibles que dañan al entorno sin aportar nada. No existe más nacionalismo que la clase, no existe más justicia que la universal, no existe más ley que la promulgada democráticamente. No existe más patria que la libertad ajena y por ende la propia, no existe más unión que la fraternidad. Me dan lo mismo los colores de la bandera, me dan lo mismo los ríos, los mares o los muros, todas son fronteras que deben ser superadas en nombre de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad. No hay emigrantes e inmigrantes, hay ciudadanos que se puedan mover por un mundo de todos.

Creo que todos los hombres al nacer tienen derecho a las mismas oportunidades, sin importar en qué lugar del mundo nacen, con qué sexo, con qué creencias o con qué aspecto físico. Y por tanto creo que el reparto mundial de la riqueza debe de estar enfocado a este objetivo, tanto en su fondo como en su forma. No creo que hacer justicia social pase por privar a una parte de lo suyo para repartirlo entre unos cuantos otros, no, creo que pasa por establecer límites al enriquecimiento y a la propiedad, por igualar  y no por invertir. A mí, las tortillas me gustan igual de hechas por los dos lados, no crudas por uno y tostadas por otro. No hay libertad si no hay igualdad, no hay justicia si no hay oportunidad, no hay fraternidad si no hay identidad. Nunca existirá, es imposible, la igualdad total, no sería tampoco justa, pero la desigualdad abismal que supone el que una empresa, una persona, gane en un día lo que necesitarían muchas para sobrevivir un año, no es hablar de justicia, ni de igualdad, ni de libertad, es hablar de perversión. Que una persona, o entidad o empresa, pueda acaparar los bienes de los que carecen millones en el mundo, no es hablar de justicia, ni de igualdad, ni de libertad, es hablar de vergüenza, o de falta de vergüenza.

Creo en la inmutabilidad del pasado y en su aceptación como medio de explicarme a mí mismo y a mi entorno. No creo en el revisionismo, ni en el revanchismo, ni en la justicia aplicada a los muertos, ni en las justificaciones de parte, ni en los buenos y los malos, ni en la necesidad de desmontar parte de la historia para justificar a otra. Creo que hay devolver su dignidad a los que lo merecen sin que ese merecimiento sea de bando, partido o bandera. Todo el que muere por sus ideas es digno, todo el que mata por las suyas es sospechoso. Y por tanto no creo en la guerra, ni en el frentismo.

Por eso yo me he alejado de la izquierda, de una izquierda rancia y desnortada que apoya nacionalismos burguesas, dictaduras que se llama del “pueblo”, que legislan para imponer su moral a la sociedad, que trabajan para crear un pensamiento único, que discriminan positivamente a algunas minorías y que hacen de la presión un objetivo que renuncia a la educación. Una izquierda que se mueve entre dos marxismos, el de Karl Marx, el de la dictadura del proletariado,-y el único proletariado que reconocen es el de los que piensan como ellos-, y el de Groucho Marx, el de si no le gustan estos principios tengo otros, el de dime que dice la derecha que yo digo lo contrario.

Una izquierda sin ética, sin rumbo, sin dirigentes capaces de sobreponerse a la ideología ciega y navegar hacia los ideales comunes de la humanidad.

Claro, y como critico a la izquierda más que a la derecha, como les doy la razón, ni les aplaudo, soy automáticamente de derechas, facha, que tanto les gusta llamar ahora a los que adoptan posturas fascistas, absolutistas, intolerantes. No, queridos, los fachas sois vosotros, los que consideráis que hay límites a la tolerancia, los que consideráis que en el mundo hay enemigos, los que consideráis que nadie puede pensar distinto a vosotros sin ser culpable, perseguible, insultable, linchable.

Os podéis llamar de izquierda, os podéis creer que sois de izquierdas, progresistas, pero en realidad sois rancios, absolutistas y, en muchos casos, fachas hasta las últimas acepciones del término.

En todo caso, esto os lo dice alguien que ya no es de izquierdas según los de izquierdas que no tienen ni idea de lo que es la izquierda, o no les interesa.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Cataluña se escribirá con C de CUP

 

Fuente foto: Periodista Digital.

Llegados a este punto solo cabe preguntarse si hay alguien que salga beneficiado de esta espiral disparatada en la que se ha convertido el desafío de los responsables de la Generalitat, y vease con que cuidado eludo el hablar de los catalanes. Y yo creo que sí, que en la deriva de algarada y desobediencia hay un triunfador neto, la única formación que perfectamente organizada y enfocada a esa forma de resolver sus pretensiones, está a la cabeza de las operaciones. Y esa formación es la CUP. A la CUP, tal como ellos mismos han declarado, la independencia de Cataluña les importa poco porque su objetivo prioritario es romper la UE, el estado español y, cuando toque, Cataluña, para formar un paraiso de extrema izquierda al margen de los sistemas actuales. Una especie de Corea del Norte a orillas del Mar Mediterraneo.

 

Pero tampoco seamos tan inocentes, y los hay que lo están siendo, de creer que la CUP tiene recursos y estructura suficiente por si misma para crear, manejar y sostener un desafío en toda regla contra un estado organizado y respaldado. No, hay manos que mueven a los títeres de la CUP, hay titiriteros expertos en la parte oculta del escenario, como hay muñecos rotos y prescindibles cuando hayan hecho el trabajo sucio que requiere preparar la parafernalia: Los muñecos de Junts Pel Si.

Quizás el virus conspiranoide se haya apoderado de mi y las fiebres del agotamiento producido por el permanente disparate me hagan fabular, pero creo que Cataluña, dependiendo del devenir del “procés” será una cuña en la UE o simplemente un experimento de ruptura de los estados que la componen. Alguien está utilizando a unos y a otros para diseñar, para ensayar, una estrategia a seguir en otros escenarios de la UE, y hay varios.

Si la secesión catalana triunfase tendrían la vía de acceso y la operativa perfectamente perfilada las organizaciones equivalentes de lugares como Córcega, Euskadi, Sicilia, Lombardía, y tantas pequeñas nacionalidades que reclaman su status dentro de la Europa, prioritariamente, e incluso fuera.

¿Y quién puede tener interés en ser el titiritero? Bueno, como en las películas de policías, lo primero que hay que buscar es a quién beneficia una desunión europea, y no soy tan pánfilo de pensar en política, pienso en comercio, pienso en mercado, pienso en influencia y potencia que se verían favorecidas por el desmoronamiento del bloque europeo. Y solo se me ocurren dos nombres, dos candidatos, dos países que por tamaño, riqueza y capacidad pueden aspirar a ocupar ese hueco que dejaría Europa. Y uno de ellos, además, está trabajando claramente a favor de los secesionistas.

Lo triste, lo lamentable, lo más increíble, es que los futuros muñecos rotos no se percaten de que no son nadie en toda esta historia, unos meros comparsas que serán barridos desde los dos lados en el momento en que se de la batalla definitiva, los tontos útiles que buscan la gloria de la historia y de ellos no va a quedar más mención que la que se le dedica a los traidores que vendieron a Viriato: Audax, Ditalcos y Minuros. ¿A que no os suenan los nombres?, pues lo mismo sucederá con los Más, Junqueras y Puigdemont de esta historia.

Suceda lo que suceda el día 1 la CUP ya sabe lo que va a hacer, y que triunfe o no la independencia, que afortunadamente para Cataluña, para España y para la UE, incluso para el concepto de civilización que tenemos la mayoría, va a ser que no, solo hará cambiar el momento de dar su golpe de gracia, de intentar asumir el poder de la calle y establecer una guerra de guerrilla urbana. En el escenario más probable, en realidad en el único posible, los activistas de la CUP y de todos los grupos antisistema del mundo, emboscados entre los catalanes de buena voluntad y creencias sinceras, bajo una falsa bandera de lucha por la libertad y una democracia en la que no creen, establecerán un ambiente de guerrilla urbana buscando la sangre de los heroes que den una vuelta más de tuerca al conflicto.

“Suceda lo que suceda el día 1 la CUP ya sabe lo que va a hacer, y que triunfe o no la independencia, que afortunadamente para Cataluña, para España y para la UE, incluso para el concepto de civilización que tenemos la mayoría, va a ser que no”

¿Y si Cataluña consiguiera la independencia? Entonces sería peor, entonces la CUP asestaría el golpe sobre las inseguras, incipientes y poco estables instituciones catalanes y abrirían la caja de Pandora para todo el mundo.

Espero estar equivocado. Espero por el bien de los catalanes y todos los españoles que esto no sea más que un relato de política ficción que yo me he montado en una tarde calurosa. Pero me temo que no, me temo que sea cual sea el escenario a partir del día 1 Cataluña se escribirá con C de CUP, y en esa guerra no valdrá hacer prisioneros.

Habrá que ver entonces en que posición, con que argumentos, se van a linear los equidistantes, los tibios, los que con su falta de rigor están favoreciendo este disparate, los “buenos” profesionales y confesionales incapaces de ver más allá de sus narices.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

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