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Las calabazas del poder

Visto lo visto no hay ningún político que me satisfaga, ni plenamente, ni en pequeñas dosis; pero esto no viene de ahora, consecuencia de la mala gestión del conflicto de Cataluña, sino que se remonta a mucho tiempo atrás, tanto  que tengo que traslade en el tiempo  a la época de Felipe González y su gran engaño a los que confiábamos que el acceso al gobierno del  PSOE, iba a suponer un punto de inflexión en la política hacia un modelo donde los más débiles dentro del sistema serían los más protegidos frente al abuso del modelo capitalista en el que inevitablemente se sustenta la economía mundial. Pero, la realidad fue bien distinta, no sólo en el tema económico, sino también en la aparente ideología que un partido que se autodenomina socialista debía moverse, valga como ejemplo la salida de la OTAN, prometida en aquella campaña electoral que precedió a lo que la gran mayoría consideró el empoderamiento de la clase obrera.

 

Mentiras que, agravadas durante las sucesivas reelecciones de quien empezó vistiendo con una chaqueta de pana terminó vistiéndose con las mismas telas con las que se visten quienes viven en el olimpo, poniendo puentes de plata a banqueros y grandes empresarios, y de madera carcomida para quienes les habían dado el voto, no tardando en asomar una corrupción tan virulenta como la actual con causa en el “perpetuamiento” en el poder de políticos para los que el interés personal estaba por encima del bien común, y que, ocho años después tras la alternancia con su partenaire a la derecha, volvió con el gran talante de Zapatero a premiar a los fuertes frente a los débiles, con políticas que bautizadas como social democracia que hizo que muchos situasen a su predecesor, Aznar, a la izquierda del PSOE.

PP y PSOE, dos caras de una misma moneda, donde no existe cara y cruz, sino insignias diferentes con pretensiones similares, donde quienes deberíamos detentar la soberanía solamente somos escuchados cada cuatro años, después de habernos mentido no solamente en las legislaturas que preceden a los comicios, sino también en las campañas electorales con promesas que todavía logran convencer a muchos incautos; aunque cada vez, debido a la fragmentación de izquierdas y derechas desilusionadas, han fomentado la aparición en escena de nuevos partidos, en algunos casos como marca blanca de los situados a la derecha, y con posicionamiento más radicalizados en los que se sitúan en el lado contrario.

“PP y PSOE, dos caras de una misma moneda, donde no existe cara y cruz, sino insignias diferentes con pretensiones similares,”

Un arco iris de colores que, si bien parecían dar una nueva apariencia en las ágoras del poder legislativo, nos ha llevado a algunos, entre los cuales me incluyo, no sólo a creer que la mediocridad es la tónica general en la política de este país, sino que el engaño sigue siendo el eje de la actuación de quienes hemos elegido como nuestros representantes.

La radicalización de cierta izquierda ha convertido a muchos ciudadanos en adoctrinados cuya única causa es la lucha por la ruptura de un sistema, no desde dentro como prometieron algunos de sus líderes, levantando alfombras de palacios y despachos para que saliera la mierda que durante años allí se había ocultado, así como abriendo ventanas para que saliera el olor pestilente que su putrefacción había originado; pero sin una marcada política que nos haga intuir la luz al final de túnel, sino todo lo contrario, debido a la improvisación y alejamiento del sistema asambleario en el que dijeron que sustentarían sus políticas como empoderamiento de los ciudadanos, convirtiéndose al final en meras figuras decorativas, donde la verticalidad en su organización y poder de decisión les ha convertido en un partido más de los de siempre; con la única diferencia de que han pasado a librarse las batallas en las calles en vez de en las Cortes Generales y parlamentos autonómicos. Batallas en las que, una excelente puesta en escena, hace creer a muchos que la fuerza vale más que la palabra, y el insulto más que la razón, y cuya consecuencia inmediata esta siendo el ascenso en intención de voto de los satélites del PP, como C´s, y quien sabe dada la tendencia ascendente en Europa de la extrema derecha, quién sabe si de Vox.

Y, al final, sucede lo que sucede: a mar revuelto, ganancia de pescadores, y quien más consiga llevar el agua de este totum revolutum en que se ha convertido la política a su molino, mayor rentabilidad política sacará, mientras los ciudadanos seguiremos chupando un palo sentados, como dice Serrat en una de sus canciones, encima de una calabaza.

 

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La murga del diálogo

Oigo por muchos sitios, desde muchas cabezas bienintencionadas, y otras no tanto, me refiero a bienintencionadas, bueno o a cabezas, la necesidad de un dialogo. Vale, pero ¿con quién?, ¿En qué términos?, ¿Con qué reglas?. Claro que inmediatamente me surge otra pregunta, tal vez un poco brutal, ¿se puede negociar algo con quien ha pervertido todas las reglas, y las reglas de las reglas, con alguna garantía de que cumpla cualquier acuerdo al que se pueda llegar?. Honradamente creo que no, es como contratar para levantar tu casa al mismo que por falta de pericia o interés hizo que se viniera abajo, un despropósito.

Cualquier diálogo creíble pasa por la dimisión de todos los responsables de la Generalitat y su puesta a disposición judicial. A partir de ahí diálogo, a tumba abierta, sin restricciones, líneas rojas les llaman ahora, con la única excepción del causante último de toda esta historia, la CUP. Pero, !ay¡,  que dura es la realidad, los políticos catalanes son tan españoles que ignoran lo que significa dimitir. De hecho he oído rumores sobre la intención de la RAE de eliminarla del diccionario por extranjerizante.

El diálogo del diálogo ya se muerde la colita. Yo entiendo, puedo entender, la buena voluntad de muchas de las personas que lo plantean sin caer en la cuenta de que un diálogo como el que pretenden solo puede darse entre dos iguales, y el supuesto no se da porque serían concesiones a los delincuentes, y no hablo del pueblo catalán, que no es solo el que pide independencia, ese no es ni la mayoría, si no de quienes han decidido saltarse tres niveles de leyes: la Constitución, el ordenamiento jurídico nacional derivado de ella y el Estatuto Catalán. Seguro que no ha sido sin querer. Y ante eso no hay diálogo. El diálogo hay que establecerlo con todos los catalanes, no solo con los que más gritan, con los que más mienten y con los que más insultan en cuanto no estás de acuerdo con ellos.

“Pero, !ay¡,  que dura es la realidad, los políticos catalanes son tan españoles que ignoran lo que significa dimitir. De hecho he oído rumores sobre la intención de la RAE de eliminarla del diccionario por extranjerizante.” 



Va siendo hora de recuperar la esencia del problema y de dejar las posturas de buena voluntad para cuando sean necesarias y todos los catalanes puedan ser escuchados, sin imposiciones fascistas, sin algaradas callejeras en las que participa mucha gente que ni es catalana ni se la espera, sin conculcación de las normas de convivencia. No vaya a ser que queriendo ser tan buenos estemos machacando a la mayoría realmente oprimida en este momento. Oprimida, vilipendiada, acosada y, parece ser, que olvidada por muchos.

Porque cuando se pide el diálogo, ya de forma cansina, en muchos casos interesada, se está olvidando de forma palmaria a los que en estos días sí que han sufrido con la violencia de sus convecinos instigados al odio por personas, organismos y entidades perfectamente preparados para ejercer la brutal violencia del acoso diario. ¿En qué punto del pretendido diálogo se les va a escuchar a ellos? Y son mayoría, una mayoría que muchos pretenden que sea no ya silenciosa, no, si no silenciada.

Les llamaba hace poco miserables por no salir a la calle y demostrar que existen. Hoy ya han salido, ya han empezado a salir, con el patético resultado de ser insultados y recibir el desprecio patente de sus convecinos abducidos por el independentismo radical y mentiroso. Pero, lo que es aún más grave, sintiéndose tratados como sospechosos por una izquierda tan pendiente de los símbolos y de su exquisitez moral que es incapaz de identificar como suyo a cualquiera que porte una bandera nacional, o que grite un viva a España. Y esto sí que es lamentable, descorazonador.

Y esa misma izquierda incapaz de plantarse en un sentido de estado imprescindible en este momento, incapaz de asumir que el estado no es de izquierdas, ni de derechas, debilita a ese mismo estado con posiciones que no obedecen más que a su incapacidad de asumir que España también es de ellos, incluso de los que reniegan de ella. Incapaces de superar una resaca franquista que los atenaza e incapacita en los momentos en que más falta hacen. Incapaces de entender que los símbolos de España también son suyos, profundamente suyos, y que ahora mismo son los únicos válidos para marcar la diferencia con los que no han cumplido la ley.

Esta izquierda que dice representar al pueblo y lo olvida para representar solo a la parte del pueblo que pudiera votarla en una elecciones, no pasa de ser mezquina. Mezquina y dañina para un estado, para un país que necesita de una izquierda fuerte y comprometida para evitar una deriva de derechas de la que son los máximos responsables por su incapacidad de conectar con los pueblos, con las gentes. Esta misma izquierda que se lanzó a degüello contra unos servidores públicos que según van pasando las horas, los días, se demuestran menos sanguinarios, más víctimas de una manipulación feroz e interesada de los propagandistas del independestismo y de cierta prensa amarilla, nacional y extranjera, más interesada en la tirada que en la noticia, cuando no en crear de parte un relato que empieza a comprobarse inexistente.

“Esta izquierda que dice representar al pueblo y lo olvida para representar solo a la parte del pueblo que pudiera votarla en una elecciones, no pasa de ser mezquina”


Basta ya de hablar de diálogo y empecemos a hablar del diálogo que habrá que emprender cuando la normalidad esté restablecida, de las reformas que habrá que acometer, de la limpieza que habrá que hacer cuando los delincuentes estén donde les corresponde, en la cárcel. Basta ya de invocar un diálogo en el que se pretende hacer callar, o como mínimo se ignora, a la mayoría de un pueblo, el catalán, sometido por sus dirigentes al fascismo más repugnante mediante el adoctrinamiento en los colegios, mediante la mentira permanente en los medios de comunicación, mediante la incitación al odio a todo lo que suene a español.

Vivió, hace ya más de treinta años, en Vic por motivos de trabajo unos años la que hoy es mi esposa, y aún no hace mucho recordaba una vecina de su misma edad, por aquel entonces veintitantos, que no pensaba jamás pisar Madrid, porque en Madrid encarnaba todo lo que ella odiaba en el mundo. Y es que el problema catalán no proviene de un referendum fallido, ni de un estatuto impugnado, ni de una carga policial, en la sociedad catalana, sobre todo en ciertas zonas rurales, el odio a lo español es una seña de identidad que se transmite entre generaciones y que solo podrá erradicarse mediante, no, el diálogo, este diálogo que se reclama ahora, no, una convivencia limpia, una erradicación de los que aprovechan su posición en la sociedad civil para difundir el odio, una formación que haga ciudadanos del mundo y no abducidos de linde cercana. Ese debe de ser el principal reto del diálogo por venir, ese y no un diálogo fiscal, no un diálogo territorial, que también, si se demuestra necesario. Mientras la sociedad catalana siga siendo traidora al resto del país como lo ha sido los últimos cuatrocientos años, ¿de qué vamos a hablar? ¿de la fecha de la próxima revuelta? ¿de la excusa con la que se va a abordar? Despierta Cataluña, este mundo ya no es medieval, ni siquiera romántico. Aprende a sumar y no dejes que te dividan.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Reflexiones de uno que ya no es de izquierdas según lo de izquierdas que no tiene idea de lo que es la izquierda

Hace ya unos cuantos años, corría el der señor de 1982, mi amigo Pedro, Pedro Massó, amigo de cuitas y destinos en una, entonces no muy lejana, “mili”, me llamaba para compartir la alegría por la victoria del PSOE en las elecciones. Ambos estábamos entre los que habían depositado con gran ilusión la papeleta de ese partido en las urnas. Ya entonces, y él no lo compartía, le expresé mi preocupación porque la victoria hubiese sido por mayoría absoluta y mis miedos a derivas por la falta de control en el gobierno.

Hace apenas un par de meses mi amigo Pedro, el mismo que me llamó en las elecciones del 82, me preguntaba junto a unas copas por qué alguien como yo, con las convicciones tan claras, se había alejado de las posiciones de la izquierda y ahora parecía de derechas.

La pregunta es delicada. La pregunta es absurda si quien te la hace no pretende escucharte, sino solo acusarte o etiquetarte. Afortunadamente Pedro y yo hemos compartido muchas charlas, muchas copas, muchas vivencias duras, incluso nos hemos jugado juntos la vida por nuestras ideas, como para hablar sin escuchar al otro, como para argumentar sin razonar, como para sacar en nuestras conversaciones una sola idea preconcebida.

Como buen gallego, en ejercicio y sentimiento, contesté con otra pregunta. ¿Estás seguro de que yo me he alejado de las ideas que teníamos, o ha sido la izquierda, la autodenominada izquierda, la que se ha alejado de nuestras convicciones? La respuesta fue la que yo esperaba de él: explícamelo.

Entonces, con la noche ya avanzada, con las copas casi vacías y una perspectiva laboral que me obligaba a trabajar al día siguiente, me limité a enumerarle mis desacuerdos con la izquierda actual sin poder entrar en reflexiones y debates más profundos. Hoy, con el tema de Cataluña emponzoñando aún más un debate interno en el concepto, ya casi perdido, de la izquierda, recupero para mí mismo la conversación y aprovecho para explicarme.

Creo en la lucha de clases, creo que los desfavorecidos del mundo, de todo el mundo, tienen derecho a una vida acorde con la dignidad y la libertad que les corresponde por el simple hecho de nacer. Pero no creo en las clases creadas al albur de una explicación de economía de mercado. No creo en la división trabajador versus patrón, porque ni todos los patronos son explotadores ni todos los obreros son explotados. Ni todos los patronos son culpables de avaricia ni todos los obreros son inocentes de abuso por su condición. Yo creo en la clase dominada y la clase dominante, en la clase dirigida y la clase dirigente. En la igualdad y en la libertad, mientras que la izquierda actual preconiza el intercambio de clases dirigentes, el quítate tú para ponerme yo y vuelta a empezar, porque seguirá habiendo una clase dirigida y otra dirigente y por tanto explotación, corrupción, desigualdad.

Creo en la libertad individual. En que cualquier individuo tomado por sí mismo tiene un valor moral, ético y humano superior al de cualquier grupo de individuos, porque el individuo tiene dignidad, criterio e ideales, es decir, es un ciudadano, mientras que los grupos, las masas, tienen afán de predominio, ideología y líderes que piensan por ellos, es decir vocación de adaptar el entorno a su criterio, o, por decirlo de otra forma, vocación de clase dirigente. Si, ya sé, este concepto se puede considerar libertario, pero es la izquierda la que pretende decir que los libertarios somos de izquierdas pero no pasa de ser una falacia fácilmente desmontable.  No, y de derechas mucho menos.

“Creo en la libertad individual. En que cualquier individuo tomado por sí mismo tiene un valor moral, ético y humano superior al de cualquier grupo de individuos, porque el individuo tiene dignidad, criterio e ideales, es decir, es un ciudadano”

Creo en las clases internacionales, sin banderas, sin fronteras, sin quiebros semánticos que permitan maniobras imposibles que dañan al entorno sin aportar nada. No existe más nacionalismo que la clase, no existe más justicia que la universal, no existe más ley que la promulgada democráticamente. No existe más patria que la libertad ajena y por ende la propia, no existe más unión que la fraternidad. Me dan lo mismo los colores de la bandera, me dan lo mismo los ríos, los mares o los muros, todas son fronteras que deben ser superadas en nombre de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad. No hay emigrantes e inmigrantes, hay ciudadanos que se puedan mover por un mundo de todos.

Creo que todos los hombres al nacer tienen derecho a las mismas oportunidades, sin importar en qué lugar del mundo nacen, con qué sexo, con qué creencias o con qué aspecto físico. Y por tanto creo que el reparto mundial de la riqueza debe de estar enfocado a este objetivo, tanto en su fondo como en su forma. No creo que hacer justicia social pase por privar a una parte de lo suyo para repartirlo entre unos cuantos otros, no, creo que pasa por establecer límites al enriquecimiento y a la propiedad, por igualar  y no por invertir. A mí, las tortillas me gustan igual de hechas por los dos lados, no crudas por uno y tostadas por otro. No hay libertad si no hay igualdad, no hay justicia si no hay oportunidad, no hay fraternidad si no hay identidad. Nunca existirá, es imposible, la igualdad total, no sería tampoco justa, pero la desigualdad abismal que supone el que una empresa, una persona, gane en un día lo que necesitarían muchas para sobrevivir un año, no es hablar de justicia, ni de igualdad, ni de libertad, es hablar de perversión. Que una persona, o entidad o empresa, pueda acaparar los bienes de los que carecen millones en el mundo, no es hablar de justicia, ni de igualdad, ni de libertad, es hablar de vergüenza, o de falta de vergüenza.

Creo en la inmutabilidad del pasado y en su aceptación como medio de explicarme a mí mismo y a mi entorno. No creo en el revisionismo, ni en el revanchismo, ni en la justicia aplicada a los muertos, ni en las justificaciones de parte, ni en los buenos y los malos, ni en la necesidad de desmontar parte de la historia para justificar a otra. Creo que hay devolver su dignidad a los que lo merecen sin que ese merecimiento sea de bando, partido o bandera. Todo el que muere por sus ideas es digno, todo el que mata por las suyas es sospechoso. Y por tanto no creo en la guerra, ni en el frentismo.

Por eso yo me he alejado de la izquierda, de una izquierda rancia y desnortada que apoya nacionalismos burguesas, dictaduras que se llama del “pueblo”, que legislan para imponer su moral a la sociedad, que trabajan para crear un pensamiento único, que discriminan positivamente a algunas minorías y que hacen de la presión un objetivo que renuncia a la educación. Una izquierda que se mueve entre dos marxismos, el de Karl Marx, el de la dictadura del proletariado,-y el único proletariado que reconocen es el de los que piensan como ellos-, y el de Groucho Marx, el de si no le gustan estos principios tengo otros, el de dime que dice la derecha que yo digo lo contrario.

Una izquierda sin ética, sin rumbo, sin dirigentes capaces de sobreponerse a la ideología ciega y navegar hacia los ideales comunes de la humanidad.

Claro, y como critico a la izquierda más que a la derecha, como les doy la razón, ni les aplaudo, soy automáticamente de derechas, facha, que tanto les gusta llamar ahora a los que adoptan posturas fascistas, absolutistas, intolerantes. No, queridos, los fachas sois vosotros, los que consideráis que hay límites a la tolerancia, los que consideráis que en el mundo hay enemigos, los que consideráis que nadie puede pensar distinto a vosotros sin ser culpable, perseguible, insultable, linchable.

Os podéis llamar de izquierda, os podéis creer que sois de izquierdas, progresistas, pero en realidad sois rancios, absolutistas y, en muchos casos, fachas hasta las últimas acepciones del término.

En todo caso, esto os lo dice alguien que ya no es de izquierdas según los de izquierdas que no tienen ni idea de lo que es la izquierda, o no les interesa.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Cataluña se escribirá con C de CUP

 

Fuente foto: Periodista Digital.

Llegados a este punto solo cabe preguntarse si hay alguien que salga beneficiado de esta espiral disparatada en la que se ha convertido el desafío de los responsables de la Generalitat, y vease con que cuidado eludo el hablar de los catalanes. Y yo creo que sí, que en la deriva de algarada y desobediencia hay un triunfador neto, la única formación que perfectamente organizada y enfocada a esa forma de resolver sus pretensiones, está a la cabeza de las operaciones. Y esa formación es la CUP. A la CUP, tal como ellos mismos han declarado, la independencia de Cataluña les importa poco porque su objetivo prioritario es romper la UE, el estado español y, cuando toque, Cataluña, para formar un paraiso de extrema izquierda al margen de los sistemas actuales. Una especie de Corea del Norte a orillas del Mar Mediterraneo.

 

Pero tampoco seamos tan inocentes, y los hay que lo están siendo, de creer que la CUP tiene recursos y estructura suficiente por si misma para crear, manejar y sostener un desafío en toda regla contra un estado organizado y respaldado. No, hay manos que mueven a los títeres de la CUP, hay titiriteros expertos en la parte oculta del escenario, como hay muñecos rotos y prescindibles cuando hayan hecho el trabajo sucio que requiere preparar la parafernalia: Los muñecos de Junts Pel Si.

Quizás el virus conspiranoide se haya apoderado de mi y las fiebres del agotamiento producido por el permanente disparate me hagan fabular, pero creo que Cataluña, dependiendo del devenir del “procés” será una cuña en la UE o simplemente un experimento de ruptura de los estados que la componen. Alguien está utilizando a unos y a otros para diseñar, para ensayar, una estrategia a seguir en otros escenarios de la UE, y hay varios.

Si la secesión catalana triunfase tendrían la vía de acceso y la operativa perfectamente perfilada las organizaciones equivalentes de lugares como Córcega, Euskadi, Sicilia, Lombardía, y tantas pequeñas nacionalidades que reclaman su status dentro de la Europa, prioritariamente, e incluso fuera.

¿Y quién puede tener interés en ser el titiritero? Bueno, como en las películas de policías, lo primero que hay que buscar es a quién beneficia una desunión europea, y no soy tan pánfilo de pensar en política, pienso en comercio, pienso en mercado, pienso en influencia y potencia que se verían favorecidas por el desmoronamiento del bloque europeo. Y solo se me ocurren dos nombres, dos candidatos, dos países que por tamaño, riqueza y capacidad pueden aspirar a ocupar ese hueco que dejaría Europa. Y uno de ellos, además, está trabajando claramente a favor de los secesionistas.

Lo triste, lo lamentable, lo más increíble, es que los futuros muñecos rotos no se percaten de que no son nadie en toda esta historia, unos meros comparsas que serán barridos desde los dos lados en el momento en que se de la batalla definitiva, los tontos útiles que buscan la gloria de la historia y de ellos no va a quedar más mención que la que se le dedica a los traidores que vendieron a Viriato: Audax, Ditalcos y Minuros. ¿A que no os suenan los nombres?, pues lo mismo sucederá con los Más, Junqueras y Puigdemont de esta historia.

Suceda lo que suceda el día 1 la CUP ya sabe lo que va a hacer, y que triunfe o no la independencia, que afortunadamente para Cataluña, para España y para la UE, incluso para el concepto de civilización que tenemos la mayoría, va a ser que no, solo hará cambiar el momento de dar su golpe de gracia, de intentar asumir el poder de la calle y establecer una guerra de guerrilla urbana. En el escenario más probable, en realidad en el único posible, los activistas de la CUP y de todos los grupos antisistema del mundo, emboscados entre los catalanes de buena voluntad y creencias sinceras, bajo una falsa bandera de lucha por la libertad y una democracia en la que no creen, establecerán un ambiente de guerrilla urbana buscando la sangre de los heroes que den una vuelta más de tuerca al conflicto.

“Suceda lo que suceda el día 1 la CUP ya sabe lo que va a hacer, y que triunfe o no la independencia, que afortunadamente para Cataluña, para España y para la UE, incluso para el concepto de civilización que tenemos la mayoría, va a ser que no”

¿Y si Cataluña consiguiera la independencia? Entonces sería peor, entonces la CUP asestaría el golpe sobre las inseguras, incipientes y poco estables instituciones catalanes y abrirían la caja de Pandora para todo el mundo.

Espero estar equivocado. Espero por el bien de los catalanes y todos los españoles que esto no sea más que un relato de política ficción que yo me he montado en una tarde calurosa. Pero me temo que no, me temo que sea cual sea el escenario a partir del día 1 Cataluña se escribirá con C de CUP, y en esa guerra no valdrá hacer prisioneros.

Habrá que ver entonces en que posición, con que argumentos, se van a linear los equidistantes, los tibios, los que con su falta de rigor están favoreciendo este disparate, los “buenos” profesionales y confesionales incapaces de ver más allá de sus narices.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

El largo, aciago e insolidario dos de Octubre, reflexiones sobre una jornada interminable.

Seguramente el dos de octubre del dos mil diecisiete sea recordado en la historia de España, si es que tal disciplina sigue existiendo después de ese interminable día, como el día más largo. Amaneció el 20 de septiembre del presente y acabará en alguna fecha indeterminada del futuro, futuro de años, sospecho.

Si, hoy es ya dos de octubre, como lo fue ayer y como lo será mañana, muchos mañanas. El problema creado por todos, absolutamente todos, los protagonistas, no tiene ahora, ni en un futuro cercano, una salida que pueda considerarse idónea, ni perdurable.

Con cierta alegría, yo el primero, hablamos del imperio de la ley. Con cierta simplificación del tema muchos defendemos la acción de la ley porque a estas alturas es la única opción que existe, incluso para algunos que tenemos un concepto bastante sospechoso de la ley como instrumento ajeno a la justicia. Pero es que para mantener un valor referente, cuando todo el mundo alrededor se inventa las referencias según sus apetencias, lo primero que es inevitable es restablecer las reglas de juego que inicialmente teníamos todos en común, porque si no es esa opción la otra es barra libre para todos, que a mí, personalmente, me parece interesante.

Pero no caigamos en el mismo error que estamos comentando. No importa ahora lo que me parezca a mí, importa salvaguardar una convivencia que se ha puesto en peligro, que está en grave peligro.

No puedo escribir sobre este tema sin que se me vengan a la cabeza las estrofas del poema “Si” de Rudyard Kipling: “Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila, cuando todo a tu lado es cabeza perdida”. Nadie parece haber leído a Kipling, nadie, al menos, con la suficiente inteligencia para pensar que no está diciendo lo que a él le interesa que diga, con el suficiente criterio político como para plantearse que la negociación, la esencia de la política, es un encuentro de mínimos, no de máximos. Y que para negociar es imprescindible tener la cabeza tranquila.

Mezclando por una vez, y sin que sirva de precedente, churras con merinas, y en este caso hasta con “meninas”, intentaré reflexionar sobre las distintas posturas que he ido percibiendo en todos los ámbitos sociales, desde los medios de comunicación hasta las declaraciones de los partidos, pasando por las redes sociales.

En todos ellos se adivinan dos bloques, los constitucionales y los aconstitucionales – obsérvese que digo aconstitucionales y no anticonstitucionales, y el matiz no es ocioso-

En el primer bloque figuran el PP, el PSOE, Ciudadanos y todas las personas que están a favor, como primera medida, de la aplicación de la ley. En el segundo bloque Podemos, los partidos catalanistas, la CUP, que yo no considero que sea catalanista, y los ciudadanos que consideran que los derechos está por encima de la ley.

  • El PP. Ha sido fiel a su esencia y ha mantenido una posición displicente, soberbia, respecto al problema sabiendo que la fuerza del estado y la ley están de su lado. Su inacción desde el primer momento ha sido, posiblemente, interesada y han conducido a un escenario en que tienen la razón última. Tal vez no han evaluado, o no le ha interesado evaluar, las consecuencias de su actitud el 2 de octubre.
  • No sé si decir que se puede decir poco de ellos en este conflicto salvo su inequívoca alineación con las tesis finales del gobierno es positivo o negativo. Su origen catalán y su inequívoca posición frente a cualquier iniciativa soberanista han lastrado su posibilidad de maniobra que ha sido absorbida por los despropósitos parlamentarios de las fuerzas catalanistas. Posiblemente no podían hacer otra cosa que la que han hecho.
  • Como siempre instalado en ese extraño espacio en el que todo lo que se dice es reversible. En positivo su posicionamiento al lado del gobierno como corresponde a toda formación con sentido de estado. Lo peor su manía de hablar del dos de octubre antes de que pasara el uno, y los tufillos de sospecha que eso levanta en la masa electoral que necesita para poder llevar a cabo sus propuestas. Mezclar las fechas a veces desconcierta, o revela estrategias que no son compartidas.
  • Ha decidido que aunque los demás hablen de Cataluña ellos solo tienen el objetivo de derribar al gobierno. No importa si toca o no toca, no importan las consecuencias, no importa la ley. Hay que aprovechar la ocasión e intentar pescar en Cataluña, y en el resto de España, los votos románticos de izquierda que están perdiendo a borbotones. Eso sí, ya nadie se puede llamar a engaño, queda como una fuerza política con la que nadie puede llamarse a engaño con sus prioridades
  • Son los grandes triunfadores de todo este enredo. Han conseguido llevar la cuestión a la movilización popular que es el entorno en el que se mueven más cómodos. Han puesto en jaque al sistema y su objetivo del uno de octubre está conseguido, romper el estado. Su objetivo del dos de octubre está más cerca, romper Cataluña – de ahí que no los considere catalanistas-, y así ir rompiendo grupos sociales hasta conseguir un entorno lo suficientemente maleable para poder imponer su ideario
  • Su permanente instalación en la mentira, en la negación de cualquier regla que no le dé la razón salvo cuando le sea útil. La invocación permanente a foros ajenos al problema intentando que se sientan concernidos. El absoluto descaro y desahogo en el uso de los ciudadanos a los que tendrían que representar, invalida cualquier consideración hacia sus planteamientos. Oportunistas, falaces, absolutistas en sus maneras y ciegos a las consecuencias de sus actos, si buscan la historia espero que la historia los juzgue conforme al daño que su actuación merece. Ellos, que no su pretendida causa, me merecen el mayor desprecio en este teatrillo del que se han erigido en protagonistas principales.
  • Pro procés Ciudadanos de a pie o cabalgados en la fibra. Ponen los derechos por delante de la ley, sin que perciban que la ley es la única garante de los derechos, individuales y colectivos. Cuestionan la capacidad moral del gobierno por sus corruptelas – algo así como que hacieda no puede cobrar los impuestos porque uno de sus funcionarios debe una multa- cuando no invocan derechos que no existen o modifican el rango de los invocados sin importarles la pertinencia del argumento o las consecuencias del mismo. Para mí, casi todos, personas de buena voluntad que hacen de la misma una bandera cuyo revés es la mala voluntad de aquellos a los que quieren justificar.
  • Anti procés. Ciudadanos posicionados junto a la acción del gobierno aunque no necesariamente alineados con él ideológicamente. Defienden la aplicación de la ley y la acción política posterior. Suelen intentar razonar en un ámbito Absolutamente irracional

Al final creo que todo se mueve entre dos categorías irreconciliables de políticos, desgraciadamente electos, que tienen su fiel reflejo en la sociedad civil, que al final será la que resulte maltrecha. A unos no se les ocurre ninguna solución y otros no quieren solución alguna.

Hace años, en un artículo sobre este mismo tema, consideraba que la mayor secuela de un proceso soberanista no son las políticas, si no las fronteras emocionales que durante décadas serán imposibles de desmantelar, y hasta ese momento, no importa la fecha, todos los días serán dos de octubre. El largo, aciago e insolidario dos de octubre.

“Al final creo que todo se mueve entre dos categorías irreconciliables de políticos, desgraciadamente electos, que tienen su fiel reflejo en la sociedad civil, que al final será la que resulte maltrecha. A unos no se les ocurre ninguna solución y otros no quieren solución alguna.”


Me permitiría el optimismo de pensar que lo sucedido servirá de enseñanza para que no vuelva a suceder, pero eso sería confiar en que la soberbia, la ambición y la estulticia habrían sido erradicadas de la faz de la tierra, y no me lo creo.

Que el dos de octubre nos sea leve.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

El salvavidas estelado, cuando dios te viene a ver

No todo el mundo pierde con el tema catalán. Parece imposible que en semejante espiral de estupidez generalizada, de posiciones inamovibles y negación de la esencia de la política, el acuerdo, alguien pueda salir ganando. Y si además sale ganando con declaraciones de intenciones que rezuman simplismo y oportunismo por todas sus palabras la incredulidad puede alcanzar cotas de sublime incomprensión.

Pero igual que en el mundo de los ciegos el tuerto es el rey, en el imperio de los sordos no hay más razones que las de aquel que se atreve a decir algo. Total nadie lo va a escuchar con los oídos de la razón…

En un panorama desolador como el que vivía la izquierda española con un PSOE dividido, un Podemos vociferando su vocación de formación radical y asamblearia con un regustillo a anti sistema, el “procés” ha sido una suerte de salvavidas cuatribarrado y estelado para esa izquierda que estaba haciendo su travesía del desierto y se ha encontrado un atajo.

Lo que pasa es que, como cada quien es cada cual, una parte ha cogido el atajo ofrecido mientras otra ha decidido tirar con camellos y carga por la ruta más larga. El final del camino, el zoco de las elecciones, dará y quitará razones, pero a pie de camino hay una visión probable de las cosas.

Varias veces, y desmintiendo la opinión interesada de muchos, he sostenido que el PP no había conseguido ganar las elecciones últimas, las habían perdido sus oponentes. Y las habían perdido por sus inconcreciones, por su falta de rigor político, por estar más empeñados en demonizar a los adversarios, en convertirlos en enemigos, que en plantear soluciones reales y de estado a los problemas de los ciudadanos. Algunos, aún siguen en ello.

El desafío catalán ha servido para que algunos políticos tomaran el rábano por las hojas y se plantearan, o replantearan, su estrategia como estadistas dejando de lado, cuitas, rencores y actitudes mitineras para enfrentar un problema real.

Pedro Sánchez ha dejado al descubierto su faceta de estadista olvidando diferencias, aparentemente hasta personales, con el presidente del gobierno y alineándose sin demasiadas fisuras en el bloque constitucional. Si en su momento dejó la duda, planteándose el despropósito de aquella posibilidad de liderar todas las fuerzas parlamentarias sin importar ideología o posición respecto a la legalidad para desalojar al PP del gobierno, con su actitud actual ha conseguido que se olviden las dudas surgidas entonces y sumar en su bando a personas de su partido que hasta este momento estaban muy alejadas de sus planteamientos. Sí, es cierto, lo de nación de naciones suena a juego del palé, o batiburrillo de barra de bar sin sustancia, pero al menos su alineamiento es inequívoco y ya está subido al salvavidas y remando hacia una costa aún remota pero ya visible.

Sin embargo Pablo Iglesias sigue instalado en el mitin, en la algarada, en señalar como culpable de todos los males al gobierno sin reparar en que mezclar churras con merinas, hablar de la corrupción como invalidante de capacidad moral para atajar una sedición, son ganas de convencer al público paciente, en realidad ya impaciente, de que el hecho de que Blesa sea un corrupto incapacita a Hacienda para reclamar los impuestos a los contribuyentes. Ya nos gustaría, ya, pero no pasa de estupidez para militantes. Para militantes cortos diría yo.

Podemos, al menos su líder electo, juntamente con sus comunes y mareas, han hecho una palmaria demostración de que no existe para ellos otra opción que la radicalidad, el mensaje confuso, la incapacidad de enfrentar con una postura clara, rotunda, inteligible, una cuestión de estado que exige de todos, dirigentes y ciudadanos, políticos y administrados, pensantes y paseantes, una clara, rotunda, inteligible postura respecto a un tema de una dimensión que deja a los demás en mera cuestión administrativa. No sé si es que no han visto el flotador, si es que se ven con fuerza suficiente para llegar a nado hasta la costa o es que están en convencer al mar de que ahogarse es culpa del PP, pero el caso es que no lo han cogido.

“Podemos, al menos su líder electo, juntamente con sus comunes y mareas, han hecho una palmaria demostración de que no existe para ellos otra opción que la radicalidad, el mensaje confuso, la incapacidad de enfrentar con una postura clara, rotunda, inteligible, una cuestión de estado”


Resumiendo. El zozobrante barco del independentismo ha lanzado flotadores cuatribarrados, estelados, por doquier para salvamento propio, pero posiblemente el único que ha sido capaz de subirse a uno de ellos ha sido el PSOE de Pedro Sánchez que ha encontrado en el desafío del soberanismo un llamamiento a la unidad interna que necesitaba con mayor urgencia que un acceso al poder.

No sé qué pasará el día 1 de octubre, creo que nada, no de nadar si no de ausencia, y a mi pensamiento contribuye el ver la falta de reacción del estamento económico, pero sí creo que de cara a las próximas elecciones las posturas actuales pesarán en los votantes. Y si no al tiempo. Nos vemos en la costa.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Cataluña, del jaque al órdago y tiro porque me toca

A mí el conflicto catalán me está creando un conflicto personal. Es tal el desahogo de la argumentación secesionista catalana que hay momentos en que tengo que apearme de mis convicciones y observarlas desde lejos, con sospecha de que me están engañando, mis convicciones, con la preocupación del que se pregunta: ¿y si estoy equivocado?

Porque la vida me ha enseñado que no hay nada más erróneo que una certeza absoluta. Porque a lo largo de los años vividos he aprendido que no hay nada más irracional que la razón inamovible. Porque, y esto también tiene un coste vital abundante, no hay nada menos verdadero que la verdad sin paliativos.

En inevitable, ante tal avalancha de soberbia descalificante, el sentirse a veces concernido e inseguro, porque toda la argumentación que exhiben y vociferan es básicamente cierta, es rigurosamente cierta, es inatacablemente cierta.

Nadie puede negar  que la esencia última de la democracia es la posibilidad de votar. Si no hay votación los ciudadanos no tienen ningún recurso para decidir cómo quieren gobernarse y por tanto no existen las mínimas condiciones democráticas.

Nadie puede poner en cuestión, sería un disparate, que todo pueblo gobernado democráticamente tiene derecho a decidir sobre su día a día. Sería imposible que todas y cada una de las circunstancias cotidianas de un pueblo fueran reguladas fuera de su ámbito. ¿Qué eso se llama derecho a decidir?, claro, por supuesto, todo pueblo, todo grupo humano diferenciado del resto tiene derecho a crear las circunstancias idóneas para su progreso y bienestar.

Entonces ¿los independentistas catalanes tienen razón?

Sí, absolutamente sí en lo que dicen, pero NO, absolutamente no en el entorno en el que pretenden aplicarlo, y mucho menos en el ambiente de matonismo, de amenaza, de descalificación personal y descabezamiento democrático en el que se mueven.

“¿los independentistas catalanes tienen razón?
Sí, absolutamente sí en lo que dicen, pero NO, absolutamente no en el entorno en el que pretenden aplicarlo, y mucho menos en el ambiente de matonismo, de amenaza, de descalificación personal y descabezamiento democrático en el que se mueven.”


Existe algo que viene de tiempos ancestrales, algo tan antiguo como la conciencia social de cualquier especie y que en el caso humano se puso por escrito para conocimiento de todos sus miembros: las reglas de coexistencia, la ley.

Y es tan importante, tan decisiva en la convivencia, cada vez más compleja, de los seres humanos, que se han creado ámbitos legales a los que están sujetos diferentes grupos de ciudadanos. Estos ámbitos están organizados de tal manera que cada uno sepa a cual pertenece y sobre cual puede decidir. Y esas mismas leyes, esas mismas reglas de las que se han ido dotando las sociedades, marcan sus propias pautas de representación.

Los ciudadanos tienen derecho a votar. Sí, indudablemente, absolutamente sí. Pero dado que han votado unos gobernantes en los que han delegado su capacidad de ser representados para administrar esa convivencia y sus reglas, a ellos les corresponde decir cuándo y qué votar.

Luego, argumentarían inmediatamente algunos, ¿cualquier gobernante tiene capacidad para convocar una consulta sobre cualquier tema y en cualquier momento? No. Esta posibilidad correspondería más a una democracia asamblearia que a una democracia parlamentaria, que es la que tenemos.

Es evidente que el alcalde de Toledo no puede convocar una consulta que afecte al ámbito de Castilla La Mancha, ni el de Cuenca sobre algo que afecta a Toledo, salvo que las leyes lo permitieran.

 

 

Parte de una demostración previa exigiendo la independencia de la provincia de Cataluña por España – (archival)

Existen los ámbitos, existen las lógicas competencias que en este caso son el meollo mismo de la cuestión. Por eso existe el derecho internacional, el derecho comunitario, el derecho nacional, el derecho autonómico y el derecho local. Y cada uno de ellos solo es válido en su ámbito y dentro de sus competencias.

Escucho, y no salgo de mi asombro, argumentar a ciertos políticos catalanes invocando el derecho internacional para defender sus aspiraciones. ¿En serio? ¿No me están tomando el pelo?

No he oido que hayan acudido a ningún estamento internacional que haya avalado lo que pretenden, con lo que lo único que puedo suponer es que ellos mismos se han dictado la sentencia que les conviene para justificar su desobediencia al ámbito que realmente les corresponde.

Yo, la próxima vez que me venga una multa y recurra y, como habitualmente, la máquina de rechazar alegaciones desestime mi recurso, le voy a explicar al juez que según el tribunal constitucional, que recoge la libertad de los ciudadanos, he interpretado que tengo razón y ya no voy a recurrir a nadie más. Y que a nadie se le ocurra contradecirme o sancionarme porque eso solo demostrará la falta de sentido democrático de los funcionarios y las fuerzas coercitivas que intenten obligarme a cumplir una ley que está en contradicción con otra de mayor rango, y que, por supuesto, yo he interpretado y sancionado. Y que dios me ampare.

Por ponerlo más fácil, es como estar jugando al parchís que te den jaque al rey y contestar con un órdago y tiro porque me toca.

Pues eso, que a mí el conflicto catalán me está creando un conflicto personal, pero solo cuando me levanto un poco espeso. En cuanto me lavo la cara se me pasa.

Ah¡, y para los que aún no se han lavado la cara, mi apoyo absoluto al derecho a decidir de cualquier grupo o, incluso, individuo siempre que la ley lo contemple, o decidamos, de lo del derecho a decidir, ir por libre. Pero todos y con todas las consecuencias. Como ácrata convencido mi exclamación de “eso es la anarquía”  sería de profunda satisfacción y no de horror. Por mi parte órdago a la grande, arrastrando las palabras y con golpe en la mesa, ¿Se me acepta el envite?.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

El turismo y la clase obrera autóctona. Cuando juntar palabras no es tener ideas.

Los radicales han encontrado un nuevo juguete, un tema más en el que enfrentar a la sociedad para explicarnos lo malos, los indignos, lo inmorales que somos. Los radicales han encontrado un motivo más con el que demostrarse a sí mismos lo superiores que son moralmente al resto de las personas de su entorno, y de su extorno. A partir de este momento ya pueden llamarnos fachas por ir de vacaciones.

Se suceden en lugares, noticiarios y periódicos, los relatos sobre nuevas actuaciones intimidatorias contra elementos, servicios o entidades afines al turismo de ciudades. Parece ser que la idea general es que el turismo atenta contra la dignidad o los derechos de la clase obrera autóctona. Curioso concepto de nuevo cuño que pone en duda en que fuentes ideológicas beben los cabecitas, debería decir cabecillas pero en realidad estoy aludiendo a su capacidad intelectual, de estos movimientos.

Si un concepto tenía claro, universalmente claro, hasta este momento la clase obrera, y mira que me molesta hablar en estos términos de clases, era su internacionalidad. La clase trabajadora era una en su lucha y reivindicaciones, y van estos radicales de nuevo cuño, y le ponen puertas al campo para hacer su finca particular; ahora la clase trabajadora es autóctona, es decir que un trabajador de un lugar concreto tiene unas aspiraciones, unos derechos, unos objetivos diferentes al que vive apenas a quinientos metros, porque yo supongo, y con cierto criterio, que la clase obrera de un pueblo, barrio o sector comercial, se considerará autóctono respecto a todos los demás, y a freír gárgaras la tan cantada e invocada internacionalidad.

Realmente el turismo, en muchas de las facetas actuales, es un monstruo devorador de lugares, de calidades y de valores de aquellos lugares que se ponen de moda. La permisividad oficial con cierto tipo de actividades, y actitudes, para atraer a turistas, bordean, bastante por fuera, los límites de lo intolerable.

Es cierto que el turismo de costa ha arrasado zonas antes idílicas y las ha convertido en paredes de hormigón frente al mar. Es verdad que la nula preparación de algunos visitantes en muchos aspectos del país a visitar empobrece la calidad de lo que existe y da lugar a la proliferación de tópicos y de aprovechados que ofrecen los tótems de una imagen deleznable del país. Es verdad, qué duda cabe, que cierto turismo adolescente, que se ha fomentado de forma irresponsable en los últimos tiempos, deja, aparte de un escaso beneficio, unas imágenes, unas actitudes, un resabor amargo, que la población “agraciada” con su presencia difícilmente debe de tolerar.

Pero curiosamente no es contra estos tipos nocivos de turismo contra los que los radicales se movilizan, no. Es contra el turismo en general, contra el turismo que afecta a la clase obrera autóctona, je. Uno de los efectos claros del turismo que aporta riqueza y, por tanto, eleva el nivel de vida de la zona afectada. Es claro que esta subida del nivel de vida afecta inevitablemente a aquellos cuyo poder adquisitivo es más bajo y no tienen un beneficio directo de esa actividad. Es, efectivamente, un efecto perverso que, como todos los efectos negativos, deben de ser solucionados por la propia sociedad, y no por un grupito de escasa representatividad real que se arrogue la voz de la mayoría, de la conciencia ciudadana, y de la verdad absoluta.

“Pero curiosamente no es contra estos tipos nocivos de turismo contra los que los radicales se movilizan, no. Es contra el turismo en general, contra el turismo que afecta a la clase obrera autóctona”

De todas formas, y por si me cupiera alguna duda, una vez visto el adalid al que invocan en su lucha, el superhéroe de sus anhelos, yo prefiero seguir viviendo las aristas negativas del turismo que las purgas sanguinarias del camarada Stalin.

Me pregunto, una vez más, si la ley de memoria histórica solo mira hacia un lado, si los que con tanta inquina y fervor la invocan para el franquismo propio se olvidan de los asesinos de masas por el simple hecho de que mataron fuera de esta país, o simplemente los consideran menos asesinos porque mataron, torturaron y exterminaron en loor de una lucha obrera que les sirvió para medrar personalmente. Se diría que algunos tienen una memoria histórica selectiva, una lobotomía ideológica respecto a la historia, una doble moral que aplicar a los asesinos.

Al final, como todo lo radical, lo que acaba aflorando en cuanto se hace un análisis riguroso de las propuestas, si es que realmente hay alguna detrás del ruido y las acciones coercitivas, es una inconsistencia, cuando no contradicción, palmaria.

Hay que fomentar la presencia de refugiados, que son extranjeros, pero hay que rechazar a los turistas, porque son extranjeros. Hay que defender a la clase obrera, eso sí, autóctona, pero solo si pertenece al tipo de clase obrera que ellos consideran como tal, abstenerse personal de empresas turísticas y de industrias auxiliares del turismo, que se quedarían sin trabajo ni recursos. Hay que prohibirles a los demás que vengan a nuestro país levantando fronteras impenetrables, pero hay que luchar para que las fronteras no existan en los casos que ellos defiendan. Y, por supuesto, esa fronteras no deben de existir cuando ellos decidan coger su mochila y hacer turismo fuera del ámbito de su clase obrera autóctona.

Parece ser, cada vez más, que una cosa es ser radical, otra decir que se es y otra, totalmente diferente, ser mínimamente coherente. Digo yo.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

El lobo, las ovejas y el pastor miedoso

Creo que todos estaremos de acuerdo que, según el cariz que ha tomado la política en este país en los últimos tiempos donde los corruptos parece que salen de debajo de las piedras, las promesas o juramentos que los distintos cargos hacen de guardar lealtad al rey, cumplir y hacer cumplir la constitución como norma fundamental del Estado, se han convertido en otra farsa más de las muchas que tenemos que soportar los ciudadanos.

Pero, la pregunta que se hace obligada en este momento, no puede ser otra que ¿no puede castigarse a aquellos servidores y representantes  del pueblo por incumplimiento de tales promesas o juramentos?. No. Porque no existe ningún tipo penal que castigue este tipo de conducta, salvo que concluya en la comisión de algún otro tipo de delito tipificado penalmente como es la prevaricación, malversación de fondos, fraude fiscal, evasión de capitales y otras conductas a las que nos tienen acostumbrados este tipo de fauna política sin decencia y los partidos que los cobijan; en algunos casos a modo de organizaciones criminales que participan, ocultan y, hasta podríamos decir, actúan como cómplices o cooperadores necesarios, y que, aunque las evidencias nos muestran tales actitudes, en respeto a la presunción de inocencia que ellos mismos incumplen cuando se trata de juzgar al contrincante pasándosela por el arco del triunfo, nos obliga a hablar de ellas como presuntas hasta que un Tribunal  las confirme como en el caso del Partido Popular, bajo cuyo paraguas se han convertido excesos por sus cargos políticos, algunos condenados y otros que, actualmente están siendo investigados.

Entonces, ante este tipo de comportamientos que los políticos tratan de minimizar bajo el argumento de que son casos aislados, ¿qué postura debemos adoptar los ciudadanos ante quienes incumplen lo que podríamos denominar por su analogía como juramento “hipocrático”, en cuanto que sólo  puede atribuírsele un contenido de carácter ético?. Evidentemente, sólo caben dos opciones, la primera la del pataleo que nos lleva a muchas y muchos a manifestarnos en contra de tales alimañas políticas, y la más decisiva y más importante no votarlos para impedir que renueven esos juramentos que no sirven absolutamente para nada.

Indudablemente, estamos ante un corrillo de zorros en cuyo centro, el rey, no tiene ninguna atribución ejecutiva, salvo la del promulgar las leyes, aún las que a posteriori se han declarado inconstitucionales o en contra de alguna directiva comunitaria, y la protocolaria de recibir cada cierto tiempo a un presidente del gobierno inútil para informarle de las cuestiones de Estado, y la de reunirse con los lideres de los diferentes partidos antes de formarse gobierno por el más votado tras las elecciones generales; pero que, bien podría censurar la descomposición de un sistema por quienes se han convertido en desleales a la jefatura del estado que representa. Conducta permisiva que hace que algunos dudemos de la eficacia de esta institución a la que sólo vemos inaugurar exposiciones, dar la mano a embajadores o disfrutar de sus excelentes vacaciones de verano e invierno a todo lujo.

“Indudablemente, estamos ante un corrillo de zorros en cuyo centro, el rey, no tiene ninguna atribución ejecutiva (…); pero que, bien podría censurar la descomposición de un sistema por quienes se han convertido en desleales a la jefatura del estado que representa


Estamos pues, ante un circo político, ante un engranaje donde el dicho de “entre todos la mataron y ella sólo se murió” refleja la pantomima de este sistema que los ciudadanos nos tenemos que tragar sino queremos que nos amordacen con leyes represivas por ellos aprobadas y refrendadas con el único objeto de que nadie pueda usar la libertad de expresión como cortapisa a sus ignominiosas conductas.

Seguiremos con el cuento del lobo que, disfrazado con piel de cordero se come a las ovejas, mientras el pastor sale corriendo para no tener que enfrentarse a tan fiero animal, aunque ello ponga en tela de juicio su valentía y su propia dignidad. Pero, esto es España y no podemos pedir otra cosa, porque sólo hemos aprendido a tirarnos piedras en vez de unir nuestras fuerzas para conseguir algo mejor.

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

La cuestión andaluza: Susana entre el PSOE y Andalucía

Sí Pedro, si la obligas a escoger entre el PSOE y Andalucía, escogería Andalucía y hará suya la bandera, el estatuto, el 4 de Diciembre, el 28 de Febrero y hasta la huelga de hambre de Escuredo,

pero no dimitirá como este cuando no consiguió mayor competencias para Andalucía y una reforma agraria, ni tampoco dimitirá como Rodríguez de la Borbolla, cuando reclamó mayor cuota de autogobierno para Andalucía; no, Susana se enrocará en el pasado reivindicativo andaluz pero no aportara soluciones de futuro para Andalucía, porque el futuro es ella envuelta en la música y letra del himno andaluz.

Susana, como muchos responsables políticos mediocres, se enroca en su poder institucional y desde esa atalaya amenaza, reparte dádivas, exige adhesiones y se sumerge en el Aqueronte buscando los cadáveres que ella misma enterró, negándoles el óbolo que debía cobrar Caronte para poder pasar a la otra orilla, y como no podía esperar cien años para que pasaran gratis, pues eso, se ha sumergido y ha rescatado a Chaves, Griñan y compañía para que la jaleen en su pírrica victoria congresual. Y digo yo, ¿Qué necesidad tendrían tantos “ex” en dejarse rescatar? No deben olvidar que muy pocos mortales han conseguido cruzar dos veces victorioso el Aqueronte, uno fue Hércules y el otro Orfeo.

Susana ha enfrentado la institución a la ideología y, llegado el caso, en ese enfrentamiento apostaría por la institución. Andalucía liderada por Díaz contra el PSOE liderado por Sanchez. No se ha dado cuenta que jamás liderara el socialismo español, al menos a través de un liderazgo obtenido con limpieza y honestidad, desde comportamientos leales y respeto al adversario, circunstancias las expuestas que no ha esgrimido en su último intento de abordar la Secretaria General del PSOE.

“Susana ha enfrentado la institución a la ideología y, llegado el caso, en ese enfrentamiento apostaría por la institución. “

Se ha atrincherado en Andalucía dispuesta a inmolarse cosida a la bandera verde y blanca. A través de un discurso propio de los cuarteles de antaño, mitinero y deslavazado, ha expuesto su máxima: yo aquí, en Andalucía soy la única autoridad, quiera el PSOE o no ¿y sí se cuestiona esté liderazgo? ¿sí se pone a prueba está condición de irreductible? Dudo que tuviese la elegancia de dimitir y seguramente rompería la gobernabilidad del PSOE en Andalucía.

Su argumento político más pertinaz es reivindicar “igualdad de trato” de Andalucía con respecto a Cataluña, como en 1980 cuando Manuel Clavero Arévalo, ministro de UCD para las regiones, que para expresar su disconformidad con la construcción de un proceso autonómico de dos velocidades, popularizó el famoso “café para todos” dimitiendo ante la negativa del gobierno central a que Andalucía tuviese el mismo trato que las comunidades consideradas históricas. Susana Díaz arranca desde esos posicionamientos preautonómicos en contraposición a la España nación de naciones, a la España plurinacional de Sanchez, y desde este posicionamiento nacionalista se acomoda en los inicios reivindicativos de la Andalucía del siglo pasado buscando refugio en Escuredo y Borbolla. Resulta patético ir a remolque de las reivindicaciones nacionalistas catalanas para reclamar la misma cuota de “satisfacciones” para Andalucía, cuando el órdago catalán es una apuesta por la independencia, y es complicado una mesa que soporte un café para todos bajo esas circunstancias.

Entiende que por ahora el único punto flaco que presenta Sanchez es su aceptación de ciertos “privilegios” para Cataluña como moneda de cambio, mero subterfugio, que sirva para desbloquear la cuestión catalana. El debate territorial como arma arrojadiza en vez de como herramienta de concordia y cohesión. Desde este posicionamiento pretende tejer alianzas y estrategias que se subordinen a sus postulados andalucistas, para debilitar, de nuevo, a Pedro Sanchez, un andalucismo que a través suya gimotea derechos y denuncia agravios con respecto a otros territorios, esgrimiendo el complejo de los desheredados: “No quiero caridad, quiero solidaridad y equidad”, en vez de plantear políticas de estado y liderar la cohesión desde el Sur a través de políticas solidarias en materia de educación, sanidad, dependencia y esgrimir con orgullo la bandera andaluza, pero con la misma responsabilidad esgrimir también el ideario socialista y no amenazar con la ruptura. La prueba del fracaso de las políticas sociales es que en la reciente remodelación de Junio las consejerías que han cambiado de titulares han sido, Sanidad Educación, Empleo, Justicia, Agricultura y Cultura.

La bandera de la igualdad no se puede enarbolar contra el socialismo desde el socialismo, se puede enarbolar desde el susanismo y no desde la presidencia de la Junta de Andalucía y no se le puede espetar al Secretario General de todos los socialistas, también el suyo, que esto es como las lentejas, el que quiera las come y el que no las deja. Es decir Pedro, que gracias por venir a Andalucía, pero que aquí no pintas nada.

Andalucía, donde Susana Díaz en 2015 obtuvo los peores resultados, en porcentajes, y el segundo peor en número de escaños, de la reciente historia andaluza y con un gobierno rozando la mayoría absoluta necesaria para gobernar, coaligado con Ciudadanos. Una presidenta que ha renovado su ejecutivo, como consecuencia del degaste tanto institucional como orgánico, casi en el ecuador de la legislatura y que a menos de dos meses de esa renovación nombró a cuatro de los cinco consejeros cesados altos cargos de la Junta de Andalucía, las puertas giratorias de las administraciones públicas. Con este bagaje institucional pretende Susana echarle un pulso al socialismo español desde la Presidencia socialista de la Junta de Andalucía.

Sergio López

Esteponero del 52 y observador de la actualidad. Blogista independiente. Ex de muchas cosas y de casi todas orgulloso. Enfermero militante y político en las barricadas, dos vocaciones al servicio del ciudadano.

La amnesia de un gallego

No recuerdo, no me acuerdo, no lo sé, lo desconozco, fueron las respuestas repetidas a las preguntas que le fueron formuladas en el Juicio  del caso Gürtel en la Audiencia Nacional al presidente del gobierno de España.

Tal vez porque su cerebro esté padeciendo una demencia senil prematura, aunque también cabe la posibilidad de que haya cometido perjurio al no decir la verdad ante las evidencias que han llevado al Tribunal a llamarle a declarar  en calidad de testigo, como constata la Caja B de Bárcenas y la destrucción del ordenador donde se llevaba ésta para no dejar rastro alguno; el mismo al que dió ánimos en un SMS diciéndole que estaban haciendo todo lo posible para que todo terminara en aguas de borrajas sabiendo lo que podría revelar si hablaba, como ha hecho, y al que posteriormente acuso de delincuente saltándose esa presunción de inocencia que él mismo demanda de continuo para los acusados de su partido o cercanos a él que al final han terminados con sus huesos en la cárcel.

Pero, no sólo la falla la memoria a Rajoy sino que su soberbia como viene siendo habitual en él cuando se siente acorralado, hizo acto de presencia en varias ocasiones, conducta recriminada por el presidente del tribunal; un presidente que permitió que su declaración no se hiciese frente al estrado junto al banquillo de los acusados, sino en un lugar preferente entre los magistrados y los abogados, gozando de un privilegio que no está reconocido procesalmente, pero también vetando una serie de preguntas decisivas bajo el argumento de que no resultaban pertinentes, aspecto que corresponde únicamente considerar al presidente de la Sala, aunque en este caso con el falaz argumento que lo que se haya dicho en la prensa debe quedar allí, como si lo que se hubiese dicho fuese un invento de los periodistas cuando fueron algunos de ellos los que sacaron a la luz las pruebas en la que apoyaban sus crónicas.

“Pero, no sólo la falla la memoria a Rajoy sino que su soberbia como viene siendo habitual en él cuando se siente acorralado, hizo acto de presencia en varias ocasiones,”


Está claro que el presidente no puede ser acusado debido a su aforamiento sin la autorización del Congreso de los Diputados, y que el interrogatorio que todos pudimos presenciar el pasado miércoles en directo en todos los canales de televisión, no ha sido más que un montaje para demostrar a los ciudadanos que la justicia es igual para todos, cuando todos sabemos que hay ciudadanos de primera y de segunda. En definitiva, una farsa como muchas de las que se escenifican en este país para consuelo de aquellos que todavía comulgan con este sistema donde la corrupción y la falta de independencia de la justicia, y de una fiscalía que si no se queda muda como en este interrogatorio, apoya a los acusados. Pero esto es lo que hay cuando un país funciona a base de cacicadas.

Un montaje del que el Partido Popular ha sacado pecho,  y lo seguirá haciendo como patriotas de pacotilla, elogiando la conducta de su presidente por colaborar con la justicia, olvidando que ha sido llamado por el propio Tribunal y no una colaboración voluntaria del que está acostumbrado al plasma y a los vetos en sus comparecencias ante la prensa; sin olvidar su entrada en la Audiencia Nacional a escondidas como el que tiene que ocultar algo, lo que no deja de ser un acto de cobardía para no enfrentarse a los medios de comunicación allí presentes. Pero, lo peor, no avergonzándose de ser el Partido con más acusados en investigados judicialmente entre sus filas por corrupción, sino todo lo contrario, sacando a paseo la misma soberbia que su presidente.

¿Cuál será el capítulo siguiente de esta trama?. Las respuestas pueden ser varias según la cávalas más racionales de la dirección que está tomando el proceso. Pero respetando la presunción de inocencia, la misma que a ellos no les duele en prenda saltarse cuando son  juzgados por las comisiones de investigación del Congreso, o por la opinión pública con todo el derecho que corresponde a cualquier ciudadano como votante, tendremos que esperar a que las instrucciones y juicios sobre tantas tramas de corrupción concluyan y se dicten las sentencias correspondiente que, seguramente, serán más indulgentes que si el imputado fuese un ciudadanos más. Como prueba tenemos el juicio del “yernísimo” Urdangarín y su esposa de sangre azul. Tal vez, todo se deba al color de los imputados que en este caso coincide.

Aunque se ha convertido en un tópico aquello de que España es un país de pandereta, sin embargo, mientras los mediocres políticos no hagan lo posible para ponerse de acuerdo con el fin de desterrar a este pobre hombre al que la memoria le falla, seguiremos siendo considerados como un país de tercera o como también algunos han bautizado una republica bananera o españistan; pero sobre todo porque es necesario por un simple acto de humanidad que permita a este presidente patético disfrutar de un retiro que le haga recobrar la memoria sobre todo aquello que ha hecho y permitido, y si no lo ha hecho, porque como presidente de un partido y del ejecutivo tendría el deber de conocer a través de su equipo. Váyase Sr. Rajoy, por su propia salud y por la nuestra. Sólo engañas a los que son tan patriotas de pacotilla como tú y los tuyos.

“Aunque se ha convertido en un tópico aquello de que España es un país de pandereta, sin embargo, mientras los mediocres políticos no hagan lo posible para ponerse de acuerdo con el fin de desterrar a este pobre hombre al que la memoria le falla, seguiremos siendo considerados como un país de tercera”

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

Justicia Social

 

La Justicia Social ha alimentado el terrible ego de los políticos durante varias décadas, queriendo echar por tierra, bajo argumentos de diversas índoles, un Franquismo que poco o nada había hecho por los más desfavorecidos. Lejos de entrar en polémicas vanas donde la conclusión puede herir más de una sensibilidad y sin pretender ironizar sobre una realidad que me parece imprescindible, diré que el término en sí es un sin sentido.

La Justicia Social ni es justa ni es social, y nunca ha pretendido serlo desde que se acuñó el término. Igualar clases sociales, sueldos, condiciones laborales y demás prebendas, aparte de sonar como una música armónica en los oídos, es una ilusión risoria que jamás podrá realizarse. Lo más interesante es que los grupos políticos en su inmensa ignorancia, creen que a día de hoy pueden engañar a alguien con esto. Justicia Social con sueldos de miseria, contratos aún más míseros, paro abrumador y juventud huyendo de España, dibujan un panorama social donde realmente lo que se necesita es justicia.

Mientras nos sigan gobernado zotes de todas las razas, con o sin pedigree, disfrazando su maldad y codicia en forma de buenismo, jamás podrá lograrse una ligera igualdad de clases, de género o de oportunidades. La ciudadanía y no los políticos, debemos luchar sin descanso por nuestros derechos; los suyos están blindados y de nada sirve quejarse, tenemos lo que nos merecemos.

“Mientras nos sigan gobernado zotes de todas las razas, con o sin pedigree, disfrazando su maldad y codicia en forma de buenismo, jamás podrá lograrse una ligera igualdad de clases, de género o de oportunidades”.

Mientras sigamos votando a los partidos que nos ofrece el panorama actual en España, la justicia social seguirá siendo un término para buscar en el diccionario con poca enjundia, pero con fundamento.

Abraham Domínguez

Soñador de nacimiento y buscador por vocación. Profesor universitario, ensayista y artista plástico por definición, mi tarea educativa y mi obra artística buscan el romanticismo perdido de otro tiempo, donde la creatividad y el ingenio dominaban el mundo.

Ya no estoy dispuesto

Puigdemont se hunde

Muchas veces las visiones parciales, o las excesivamente globales, impiden ver ciertos detalles que a toro pasado son los realmente dramáticos, y acaban siendo el embrión de episodios lamentables que se revivirán en el futuro a conveniencia de cualquier desaprensivo que necesite utilizarlos en su beneficio.

Esto no es nuevo, viene pasando a lo largo de la historia y parece, es casi seguro, que seguirá sucediendo en tanto en cuanto los seres humanos sigamos tan imbuidos de lo propio que lo ajeno no es exactamente eso, ajeno.

Entre el jolgorio, el chascarrillo y la bufonada, síntomas evidentes de que existe preocupación, vamos desgranando los días  que nos acercan a la consumación del desafío que ciertos políticos catalanes, ávidos de mayor poder y de pasar a la historia, han planteado al estado español. Y según pasan los días, uno tras otro inexorablemente aunque a veces parezca que no van a llegar a pasar del todo, el gobierno responde con frases hechas ocultando de forma irresponsable cuales serán, si es que existen, las medidas a tomar, cuales los límites que tolerar, cuales los puntos de no retorno que se hayan marcado.

Aún a día de hoy los supuestos ciudadanos, una vez más tratados como contribuyentes y despojados de su calidad de ciudadanos, estamos en la más absoluta ignorancia de que medidas tiene previsto adoptar el gobierno, cuando, donde, de qué manera, en nuestro nombre, en el que se supone que gobiernan.

Una vez más los individuos de este país son ninguneados por las instituciones que se dicen representativas y que actúan con secretismo a nuestras espaldas.

Es difícil ya saber, o tal vez no, si es que somos considerados una especia de tutelados incapaces, gobernados ignorantes, o simplemente estúpidos votantes. Una vez más, y otra, y otra.

Como ciudadano que me creo, que quiero ser, que reclamo ser reconocido, quiero saber, exijo saber, cuales son los pasos que el gobierno pretende dar, cuando piensa darlos y como respuesta a que actitudes o declaraciones. Como ciudadano que se siente responsable del gobierno de su país, aunque no lo haya votado, quiero saber por qué no se ha cercenado ya semejante patochada, a que oscuros intereses y componendas obedece esta actitud pasiva y prepotente que se traslada a la opinión pública.

No me interesa en lo más mínimo la cuestión política de fondo, ni la legal, ni las formas a día de hoy, porque a día de hoy, y un poco más cada día que pasa, lo que me va preocupando son las consecuencias humanas que se pueden derivar, que se infieren, de lo que va a suceder.

Insisto, yo no sé hasta dónde pretenden llegar unos y otros porque ya se preocupan de ocultárnoslo, pero estoy convencido, la experiencia así nos lo demuestra, que llegado el momento algún descerebrado tendrá el subidón patriótico necesario para ponerse en trance, y, voluntariamente, convertirse en un mártir por la causa, por la estúpida causa que le han dicho que existe, por la estúpida causa de que algunos sean más, de que algunos se lleven más, de que algunos se sientan más, de que algunos , en definitiva, sean aún, si cabe, y cabe, más despreciables, indignos e inmorales de lo que ya son ahora.

Y si eso llega a suceder, si algún imbécil se hace sangre, aunque sea con el asta de la bandera que porta sea con los colores que sea. Si algún descerebrado se produce una gota de sangre porque alguien lo pisa en una manifestación o algarada. Si algún estúpido patriota de mente obtusa, se hace un corte con una octavilla al repartirla, yo me voy a acordar de los miembros de nuestro gobierno y de los desalmados que han provocado esta situación. Y me voy a acordar para mal, para reclamar que paguen el mal permitido.

Aunque sea una sola gota, porque si algo no soporto, si algo me produce un rechazo con nausea y asco son los mártires ajenos, son los gilipollas útiles con vocación de sangre irredenta, son los bobos de capirote que se sienten alguien enfervorecidos por la masa que les rodea y de la que se sienten líderes y portavoces a los que nadie escucha y todos jalean.

“Si algún estúpido patriota de mente obtusa, se hace un corte con una octavilla al repartirla, yo me voy a acordar de los miembros de nuestro gobierno y de los desalmados que han provocado esta situación. Y me voy a acordar para mal, para reclamar que paguen el mal permitido.”


Y por supuesto, si algunos me dan aún más asco, son aquellos que teniendo la obligación, la responsabilidad, el mandato de evitar que eso pase, han usado el tiempo de evitarlo para bonitos juegos florales que no llevan a otra parte que a un escenario de riesgo.

Y luego me venderán su éxito. Y luego se harán la foto. Y luego me pedirán mi voto. Y yo, ya, no estoy dispuesto.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Los zombies políticos

La Real Academia define zombi como la “persona que se supone muerta y ha sido reanimada por arte de brujería con el fin de dominar su voluntad”. Así, los zombis son supuestamente cuerpos que se devuelven a la vida para ser usados como esclavos.

 

Después de la muerte del dictador España se convirtió en un país de zombis. El sistema de partidos políticos eclosionó,  y con ello un montón de gente alienada por falsas ideologías que decían representar cada uno de ellos según su posición hacia la derecha y la izquierda de un centro que no tardó mucho en descomponerse ante un PSOE, donde el puño en alto fue lo habitual hasta que Felipe González se dio cuenta que se sacaba más provecho posicionándose al lado de la banca que del lado del obrero. Y una derecha llena de herederos del fascismo, que todavía hoy perduran, que lo único que ha hecho ha sido sangrar a los ciudadanos, no sólo desde un punto de vista figurativo consecuencia de una política económica y social donde la presión fiscal y la privación de derechos públicos ha ido en aumento; sino también literalmente, metiéndonos en una guerra para satisfacer las ínfulas de un presidente que quería jugar a ser tan grande como Tony Blair y George W. Bush, y que nos trajo el peor atentando terrorista de la historia de España, además de una foto en las Azores que nunca olvidaremos por haberse convertido en la “imagen de la vergüenza”. Todo ello sin olvidarnos de que tanto unos como otros han vendido la soberanía del país a una Unión Europea donde los países ricos no quieren saber nada de los pobres, salvo que no dejen de apretarse el cinturón para que ellos puedan seguir en una línea de progresión económica.

Partidos, ambos, que han ido haciéndose con el poder no sólo a consecuencia del fracaso del contrario  cuando han gobernado, ello sin contar la grave corrupción que siempre les ha salpicado; sino también de una manera orquestada mediante una reforma de la Ley Electoral con un reparto de escaños por el sistema d’Hondt que tiende a favorecer a los partidos grandes, hasta que una parte de los ciudadanos han decido castigarlos al comprobar que sólo han servido para parasitar las instituciones, consecuencia de una revolución pacífica protagonizada por el movimiento 15M, que al margen de la marca blanca del PP –Ciudadans- que decidió dar su salto de la política autonómica de Cataluña a la nacional, hizo que apareciese un nuevo partido que luchara en la arena policía bajo la promesa de limpiar las instituciones de tanta mierda como aquellos habían producido durante casi cuarenta años.

Pero, como siempre, el tiempo suele cambiar las cosas, en este caso para mal, pues al revivir político de la ciudadanía, sobre todo de los más jóvenes, duro exactamente lo mismo que el tiempo que tardó PODEMOS en convertirse en un partido político más, donde el poder de las bases ha sido sustituido por una maquinaria que poco difiere de los otros partidos, con un secretario general omnipotente y un consejo ciudadano resultado de unas primarias donde las listas plancha fue la tónica general.

Estamos, pues, ante un escenario político que lo único que trasluce es una ciudadanía de muertos vivientes, de zombies que siguen a pies juntillas a sus líderes políticos en el mejor de los casos, por eso que la disidencia y la razón no está bien vista en política; y en el peor, de unos ciudadanos que pasan absolutamente de todo, aunque no levanten cabeza.

“mientras que la derecha sigue campando a sus anchas, también impulsada por zombies que lo único que les mueve es una zanahoria colgada de un palo delante de sus narices, metiendo la religión en la política y la promesa de un futuro mejor. Un palo que a sus espaldas sujetan los mismos sinvergüenzas que han esquilmado las arcas públicas.” 

El espíritu del 15M ha desaparecido, convirtiéndose en un mero perfil en Facebook, abocado al fracaso desde su origen, puesto que en este país por desgracia interesan más los proyectos personales que el servicio a los demás, de manera que muchos que promovieron el “si se puede” de Sol, ya estaban fraguando su puesto político, y los que no, el desánimo y la resignación les ha llevado a dar por perdida la batalla, mientras que la derecha sigue campando a sus anchas, también impulsada por zombies que lo único que les mueve es una zanahoria colgada de un palo delante de sus narices, metiendo la religión en la política y la promesa de un futuro mejor. Un palo que a sus espaldas sujetan los mismos sinvergüenzas que han esquilmado las arcas públicas.

 

 

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

Hacia el municipalismo

 

 

Cuando el ser humano decidió organizarse y formalizar un grupo en donde todos cuidaran de todos, sin saberlo, se estaban sentando las beses o el germen del municipalismo.

No es menos cierto que, a lo largo y ancho de la historia, sobre todo de la española, este concepto se ha utilizado para describir y usar determinadas realidades. Esta forma primera de organización territorial económica y social del estado constituye hoy en día la unidad básica del ordenación del Estado. La primera por así decirlo más claramente.

Como ya hemos apuntado, desde el municipalismo o las casas pueblas en las sucesivas repúblicas españolas, cuya base era anarquista y que, por tanto, pretendían una disolución del estado a la par que un autonomía total de los pueblos y municipios, hasta la concepción del régimen opresor que vino después, existe una amplia diferencia. Los primeros pretendían organizarse de forma diferente, los segundo buscaban la forma de controlar a la población de una manera más directa, rápida y por tanto eficaz. Se buscaba la opresión y la represión por medio de la organización local.

Actualmente ¿que es o como se debe entender el municipalismo?. Es una pregunta que incluye varias respuestas. La primera es delimitar lo que no es municipalismo. En este sentido municipalismo no es ciudadanismo. El primero concibe al vecino como algo activo en lo segundo  como un sujeto pasivo receptor de las prestaciones o servicios públicos municipales.

Una vez delimitado este concepto podemos definir al municipalismo moderno como la forma en que la organización consistorial hace no sólo receptor al vecino sino responsable de la dispensa y calidad de los servicios municipales del que es objeto. Esto conlleva que los vecinos objeto y responsables de la prestación de tales bienes han de contribuir a su mejora y control de una manera activa y en consonancia con el ecosistema social en donde cohabitan con otros vecinos.. Cada vecino pues, es responsable de su junta de distrito, de su barrio y de su pueblo tanto o más que el concejal que lo representa.

 “podemos definir al municipalismo moderno como la forma en que la organización consistorial hace no sólo receptor al vecino sino responsable de la dispensa y calidad de los servicios municipales del que es objeto”

De esta manera, los vecinos se convierten no solo en corresponsables a nivel municipal de esa gestión, sino en guardianes y protagonistas activos de la calidad del entorno en donde viven.  A menudo se confunden los medios con los fines. El municipalismo deja claro que el fin último es el vecino y los medios los servicios que un ayuntamiento puedo prestar siendo el vecino precisamente el actor principal garante de la calidad de ese entorno a donde se dirige el servicio público no prestado, sino dado.

Dicha eficacia viene dada inexorablemente en el asociacionismo vecinal y de otra naturaleza. Herramienta ésta denostada en unos tiempos y apoyada en otros. El asociacionismo se convierte así en el vehículo para llevar esta gestión municipal de forma que sea totalmente equitativa y representativa.

Pensamos que la implantación de ese municipalismo activo o corporativo si se quiere se tendría que dar por fases. Pero esa es otra historia que será contado en otro momento.

© Javier Arias y Javier Mauri (PDSA)

 

 

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