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Yo político, tú idiota

Manipulación Plítica
Un gran problema que tiene la clase política, o tal vez sería más correcto decir la casta política, como la bautizó el mismísimo Pablo Iglesias, el de las camisas de leñador, a la que ahora pertenece él; es que se creen superiores a ese pueblo que dicen representar, de manera que, no les duele en prenda de reírse de esos mismos que les mantienen en el poder con sus votos.

 

Sí, se ríen de nosotros porque nos tratan como a auténticos idiotas, tal vez porque realmente lo somos, al menos esa mayoría que los empodera, sin merecerlo y sin pajolera idea de desempeñar su trabajo, ascendidos en un escalafón interno de mando por el único mérito de saber pasar la mano por le hombro de quienes depende su encumbramiento en la escala de mando.

Sólo basta tomar como ejemplo dos hechos que han acaecido recientemente en dos partidos radicalmente opuestos, Partido Popular y Podemos, respecto a la solución política dada a las crisis surgidas en su seno, originadas por dos mujeres, también muy diferentes entre ellas, y por cuestiones que, aunque nada tienen que ver la una con la otra, son ejemplos válidos para analizar la repercusión mediática que han tenido en los ciudadanos.

Empecemos por el más grave debido a los daños colaterales que han causado, como los ha denominado mi compañero Rafael Villar en este mismo medio, no deja la menor duda que la actuación de su protagonista y la del partido que la ampara son un ejemplo clarísimo de que, sus egolatradas señorías, además de no tener ni pizca de vergüenza, faltan el respeto a la inteligencia de los sufridores ciudadanos. Aunque, visto lo visto, quizá no seamos tan inteligentes como nos pensamos, pues todavía hay quien, antes las evidencias de ciertos políticos de no actuar con arreglo a una mínima decencia que exige su cargo, los defienden. Son los adoctrinados, los borregos, quizás tan indecentes como aquellos, los que enarbolando la bandera de su partido se creen que son los únicos salvadores de la patria, cuando no dejan de ser unos patriotas de pacotilla que anteponen los intereses del partido a los generales, desoyendo ese mandato constitucional que marca como guía de la actuación de los poderes públicos, la satisfacción de interés general con arreglo a la propia Constitución y al resto del ordenamiento jurídico.

“Son los adoctrinados, los borregos, quizás tan indecentes como aquellos, los que enarbolando la bandera de su partido se creen que son los únicos salvadores de la patria, cuando no dejan de ser unos patriotas de pacotilla  “

Pero, bajando de las ramas para no convertir esto en un razonamiento de un simio político, como hacen ellos, siempre huyendo de la respuesta a esa pregunta certera de algún periodista avezado en estas lides o de otro político con más decencia y honradez política; a muchos, no nos duele en prenda decir que Cristina Cifuentes se ha convertido en uno más de los muchos inmorales que cobija su partido bajo las alas, no de una gaviota, sino de un buitre, y no por metamorfosis, sino más bien porque en este partido tienen más cabida los buitres carroñeros que cualquier otro ave con imagen de grácil vuelo, bonito aspecto y dulces movimientos, como pretendió la Cifuentes dando una imagen de niña buena e inmaculada, y de tolerancia política. Venga ya.

Ya le vale a la a actual presidenta de la Comunidad de Madrid, porque su estupidez e innecesario comportamiento de aparentar más, atribuyéndose una titulación académica que no posee, esperemos sea la única, no sólo ha puesto en duda su credibilidad política, por aquello de que, los que gobiernan, deben dar ejemplo con su conducta al resto de ciudadanos, sino que, además, también ha contribuido a cuestionar la actuación de determinados estamentos oficiales cuya actuación debe ser objetiva e igual para todos.

Ninguna respuesta que ha dado Cifuentes satisface a la mayoría de la opinión pública, ni siquiera a su propio partido que, a pesar del esfuerzo de limpiar su imagen utilizando la técnica habitual del ventilador para que la mierda salpique también a otros, con el mismo complejo de “titulitis”; pero, lo peor de todo, ha sido su actitud arrogante y soberbia que, indudablemente la va a pasar factura en cuanto a su carrera política por una moción de censura que esperemos prospere para  limpiar la imagen que, tanto ella como sus predecesores, han dejado en la administración de la Comunidad Autonómica madrileña, aunque sabiendo que todo depende del partido de Albert Rivera, cualquier cosa es posible, debido a su actitud continuada de apoyo al Partido Popular, disfrazadas de algunas críticas que al final no se materializan en una censura efectiva contra tanta podredumbre, convirtiéndose en cómplices o cooperadores necesarios para que la mafia del gobierno de los populares llegue a su fin. Otros también que toma a los ciudadanos por tonto útiles.

Pero, si todas las respuestas dadas por Cifuentes carecen de rigor, la última, es poner la guinda en el pastel de mierda en que se ha convertido su presunto master, mierda que no le importa remover a pesar del pestilente olor que desprende, porque renunciar a un título que no existe para taparnos la boca a los que en vez de borregos preferimos ser la oveja negra y criticar a los gobernantes si se lo merecen, no por simple afición, sino por necesidad de descubrir la verdad y limpiar la política de tanto listo cuya única meta es conservarse en el poder a cualquier precio.  Como si la renuncia sirviera para hacer borrón y cuenta nueva. Otra actitud que demuestra su falta de respeto a la ciudadanía, tomándonos por memos superlativos.

Otro caso, protagonizado también por una mujer, aunque su actitud no tiene que ver absolutamente nada con la de la anterior, sino todo lo contrario, por defender la democracia interna y transparencia del partido al que pertenece;  merece especial atención, sobre todo por las consecuencia debido al revuelo causado en su seno, provocando una crisis cuya solución exprés sólo convence a los suyos.

Es el caso de Carolina Bescansa, y del documento filtrado desde su entorno en relación con las elecciones autonómicas y locales a celebrar en mayo del próximo año, en el que se crítica la falta de democracia interna, como finalmente ha evidenciado la respuesta dada por su Secretario General, al poner a la cabeza como candidato a la Alcaldía de Madrid a un Errejón temeroso de sacar la cabeza por si se la cortan, sin ni siquiera unas primarias que legitimen democráticamente tal propuesta. Para que luego digan que no les gusta los protagonismos.

Esta elección a dedo para cerrar esta crisis interna causada por la autocrítica de Bescansa hace que vuelvan las listas plancha que hicieron que, en su momento, Pablo Iglesias  tomase las riendas de su partido. Esta es la democracia interna de la que presumen,  la de ser diferentes a los demás, cuando sus luchas por el poder evidencian lo mismo que en el resto de partidos políticos, es decir, una tomadura de pelo a los ciudadanos vendiéndonos una realidad ficticia. Pero lo que es peor, también se ríen de sus propios votantes y de sus inscritos, como llaman a sus afiliados implicados, sabiendo que por su borreguismo nadie les hará frente y si lo hacen, ya se encargarán de cortarles la cabeza o lo que haga falta como pretenden ahora con Bescansa, cuya cuya honradez ha demostrado haciendo una autocrítica, que muy pocos han tenido los arrestos de hacer.

Yo político, y tú tonto de capirote. De esto va la historia, de un pueblo sumiso que todavía sigue votando a los indecentes creyéndose todas sus paparruchadas y tragándose todas sus indecencias; pero, sobre todo un pueblo con falta de criterio, madurez política y adoctrinado. Unos a la derecha y otros a la izquierda, pero con muy poca diferencia entre ellos cuando se trata de defender a los suyos aunque no se lo merezcan, olvidando que lo que realmente engrandece la política es la honradez y el buen trabajo de quienes se dedican a ella.

Seguramente, no tengamos que esperar mucho para descubrir otra sinvergüencería de nuestros dirigentes, y otra vez volver a empezar, los de un lado metiéndose con los del otro, dentro de una guerra sucia que a nadie beneficia, y menos a un país como el nuestro cuya turbulencia política hace que estamos dando una imagen internacional lamentable.

A todos esos tontos y listos hay que recordarse que, como dijo Lysander Spooner: “Un hombre no es menos esclavo porque se le permite elegir un nuevo amo tras un periodo de tiempo”. De manera que, quienes quieran  ser libres, no sólo se deben limitar a introducir un voto en la urna cada cuatro años, sino ser lo suficientemente valiente como para criticar a quien se lo merece, porque la identidad ideológica con un determinado partido, si es que por su comportamiento podemos hablar de ideologías, no debe nublar nuestros sentidos, sino todo lo contrario, abrir nuestra mente y manifestar nuestra libertad de pensamiento a sabiendas de que a algunos o a muchos no les pueda gustar.

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

Daños colaterales

universidad para todos
Hay gente convencida de que la basura de los demás limpia la propia. Hay gente que piensa que mal de muchos, refugio asegurado. Y hay quién cree que el fin justifica los medios. En realidad ni piensan, ni están convencidos, ni creen, pero de paso tienden a dejar toda la sociedad llena de su basura. Es lo que, de un tiempo a esta parte, los finos llaman daños colaterales.

Lo que pasa es que a veces alguien mide mal sus acciones y el objetivo principal al que están encaminadas, y los daños colaterales son tan importantes y cuantiosos que jamás pueden justificar el resultado obtenido.

No sé, la verdad es que tampoco me importa, de donde salió la idea de defenestrar políticamente a la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Hay quién dice que de las filas de su propio partido, otros dicen que de las filas del PSOE. Enemigos no le faltan, con capacidad de maniobra suficiente, y con una falta de moral ciudadana con la que solo los políticos están equipados.

El método que, sea quien sea, ha elegido, no solo es de una endeblez preocupante, no solo mancha indiscriminadamente a integrantes de todas las formaciones, no, además defenestra de una forma irreparable la credibilidad de la universidad pública española.

He oído decir, con toda la pachorra del mundo, que efectivamente los daños colaterales son ahora mismo inevaluables pero que ha merecido la pena por conseguir que la señora Cifuentes haya sido puesta en cuestión. He oído decir, con descuelgue de mandíbula y ojos al límite de sus órbitas, que cargarse la credibilidad formativa de las instituciones más democráticas, en el terreno de la enseñanza, de este país merece la pena por derribar de un puesto político a una persona determinada.

 

“He oído decir (…)  que cargarse la credibilidad formativa de las instituciones más democráticas, en el terreno de la enseñanza, de este país merece la pena por derribar de un puesto político a una persona determinada.”

¿Qué título de cualquier universidad pública española se atreverá a exhibir un estudiante para reclamar méritos en el extranjero? ¿Quién resarcirá del daño ocasionado a tantas personas que de buena fe han cursado correctamente sus estudios?

Ya, ya sé que nadie. ¿A quién le importan las personas, los ciudadanos, aquellos de cuyo bienestar tienen confiada la tutela, cuando lo que está en juego es una cuota de poder? Y de paso si conseguimos un mayor empobrecimiento, si es que fuera posible empobrecerlo más, del sistema educativo español y achacárselo a quién convenga pues miel sobre hojuelas.

Es verdad que en este caso mi propia experiencia, mis propias vivencias, me hacen ser más reflexivo, más suspicaz, más incrédulo con todo lo sucedido. Es verdad que si a mí me pidieran una justificación de mis estudios, de mis logros, o de mi pertenencia a cualquier asociación, empresa o causa, tendría que recurrir a sus archivos para justificarlo. Incluso si me piden el contrato de la hipoteca que aún estoy pagando. A lo mejor es por eso, mentiras, incongruencias e inseguridades aparte, que yo a estas alturas no creo a nadie, ni siquiera a la universidad que, evidentemente, tiene un problema administrativo, problema que debería de haber sido el objetivo principal de todo lo sucedido para que yo creyera en la buena fe de quién inició toda esta historia.

Es posible que ni mis títulos, si los tuviera, ni los suyos, ni los de nadie, valgan ahora ni el papel en el que están escritos. Es posible que alguien se crea gratificado por lo conseguido. Pero lo que si tengo claro es que a día de hoy, si me piden que vaya a votar lo único que se me pueda ocurrir es la famosa frase de:” vota tú, que a mí  me da la risa”. Una risa boba, vacía, desesperanzada y triste. La única que me dejan estos personajillos públicos que piden mi voto para jugar a hacer un país cada vez peor, cada vez más desarmado de valores, de verdad y de derechos, en el que pueda sentirme ciudadano, corresponsable.

Felicidades a los premiados. Espero que en su premio lleven su propio descrédito igual que ellos han conseguido el de la universidad pública española. Y que les aproveche.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

El desorden democrático

Llamandemocracia
 Constitución, Estado de derecho y Democracia; la fusión de estos tres conceptos daría origen al Estado Constitucional Democrático de Derecho. Para poder entender esta idea escojamos la Constitución de 1812 promulgada en Cadiz, que institucionalizó un Estado constitucional de Derecho en España, pero no un Estado constitucional democrático de Derecho,porque negaba ciudadanía a las mujeres, negaba cualesquier derecho -o incluso dignidad humana- a los indígenas, legitimó la esclavitud…según manifiesta Anselmo Henrique Cordeiro Lópes

El Estado de derecho debe asentarse en los siguientes principios:

  1. Garantizar la primacía de la ley sobre los actos administrativos del Estado –el principio de legalidad-.
  2. Reconocer la igualdad de los individuos en la ley y en sus relaciones con el Estado –el principio isonómico-.
  3. Conferir independencia e imparcialidad al Poder Judicial y a sus miembros.
  4. Garantizar, por medio de los jueces, la previsibilidad en la interpretación y aplicación de las leyes –el principio de la seguridad jurídica-.
  5. Garantizar a todos los ciudadanos el amplio derecho a la seguridad.

Los pilares que deben garantizar estos principios son el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial y al frente de todos la jefatura del estado. De estos pilarestan solo los miembrosdel poder ejecutivo y legislativo son elegidos directamente por el pueblo. La jefatura del estado es dinástica y el poder judicial es un órgano colegiadoformado por veinte vocales, elegidos por las Cortes Generales (Congreso y Senado)entre jueces y juristas nombrados por el rey,más un presidente.

Atendiendo pues a su origen podríamos establecer que la independencia del poder judicial estaría cuestionada,aunqueuna vez nombradossus miembrosla ley establece la independencia de sus acciones.

Por encima de estos poderes está la Constitución, que regula el orden político, organización y ejercicio del Estado, garantizando los derechos y libertades de los ciudadanos y que entre otras definiciones podríamos escoger la que la definecomo la norma suprema del ordenamiento jurídico español.Sin embargo está incompleta,puesnumerosos artículos remiten a su desarrollo medianteleyes orgánicas. Es decir hay artículos que no están desarrollados en el cuerpo de la Carta Magna. Un ejemplo, para la elección de los doce miembros del CGPJ procedentes de la judicatura, la Constitución se remite a lo que establezca una futura Ley Orgánica sin más limitación. Hasta 1985 Las Cortes no cumplieron este mandato constitucional con la aprobación de la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial.

Por lo tanto tenemos un Jefe del Estado no elegido democráticamente. Un poder judicial de corte partidista, por cómo son elegidos, y en cierto modo “pendiente” del poder ejecutivo y legislativo, en suma del gobierno de turno. Un fiscal general del Estado que depende del Ministerio del Interior. Una Constitución aprobada en un momento muy concreto de la historia de este país y que aún a día de hoy está incompleta y unas instituciones cuyos representantes están continuamente bajo sospecha.

“Por lo tanto tenemos un Jefe del Estado no elegido democráticamente. Un poder judicial de corte partidista, por cómo son elegidos, y en cierto modo “pendiente” del poder ejecutivo y legislativo, en suma del gobierno de turno.”


Vivimos pues en un estado de incertidumbre. La juventud debe emigrar ante las escasas y débiles expectativas laborales que no le permiten vislumbrar un horizonte de estabilidad. Precariedad en el empleo, que no les garantiza unas aportaciones a la seguridad social que les garantice una pensión digna en su vejez. Paro, que les impide acceder  a una vivienda digna y formar una familia…Hasta la ignominia de verse en la necesidad de “comprar trabajo”

Incertidumbre en la orilla opuesta, los jubilados, que ven cómo su poder adquisitivo va mermando con el paso de los años y las prestaciones sociales que compensaban este déficit desaparecen. Copago, Ley de dependencia….”mientras Congreso y Senado pagan todavía pensiones a más de un centenar de exparlamentarios y complementan los ingresos de otros tantos, lo que supone más 2,6 millones de fondos públicos al año. El Banco de España, por su parte, dedica 8,80 millones anuales a contribuir en los planes de pensiones de sus empleados”,según publica hoy el digital Infolibre.

La cuestión catalana, que empezó como una cortina de humo para tapar los escándalos de la familia Pujol Ferrusola y el caso 3% de Convergencia y que va camino de tapar todos los casos de corrupción que asolan este país, viene demostrando el grado de debilidad de unas instituciones que no han sido capaces de racionalizar un procedimiento democrático, como es la reivindicación de un colectivo, provocando una situación de crisis política, social y económica que ha transcendido el ámbito nacional.

La incertidumbre de una Jefatura del Estado que con unas funciones simbólicas y representativas han venido rompiendo el protocolo exigible, Juan Carlos I con sus continuos devaneos y la actual reina consorte con el último escándalo en Palma de Mallorca. Pues si están para representarnos y nos avergüenzan, pues ya me dirán ustedes.

Como exponía al principio la Constitución de 1812 institucionalizó un Estado constitucional de derecho en España, pero no democrático. Podriamos concluir que la constitución de 1978, al estar incompleta, plantea dudas sobre derechos ciudadanos que deben resolverse mediante leyes orgánicas, estableciendo un lapsus de tiempo en el que esos derechos ciudadanos pueden estar siendo vulnerados.

Que el sistema de elección de los vocales del CGPJ podría romper la independencia del poder judicial. El País publicó en 2013:  El PP reforma el Consejo General del Poder Judicial a su medida. Solo una asociación, la conservadora, participa en la renovación del Consejo General. El PSOE debe decidir si pactará o no los nuevos vocales con el PP”

La corrupción gubernamental, instalada en nuestro país, desde el gobierno central hasta gobiernos autonómicos hacen que los derechos fundamentales del hombre estén siendo vulnerados. Ya la Asamblea Nacional francesa, que promulgo la Constitución de 1798,  “consideraba que el olvido de los derechos fundamentales del hombre habían derivado en la corrupción gubernamental y otras calamidades populares”

“La corrupción gubernamental, instalada en nuestro país, desde el gobierno central hasta gobiernos autonómicos hacen que los derechos fundamentales del hombre estén siendo vulnerados”

Es en este escenario en el que los acontecimiento vividos los últimos años han venido desarrollándose, un escenario en el que este país ha venido padeciendo una serie de alteraciones que han desordenado el mandato social y que ha dejado al ciudadano con un grado de indefensión preocupante ante el propio estado.

Sergio López

Esteponero del 52 y observador de la actualidad. Blogista independiente. Ex de muchas cosas y de casi todas orgulloso. Enfermero militante y político en las barricadas, dos vocaciones al servicio del ciudadano.

Rajoy y Cifuentes, un tándem de dudosa moralidad

RAJOY BESO CIFUENTES

 

Que Rajoy diga que no ve motivos suficiente como para que Cristina Cifuentes tenga que dimitir, es de un despropósito de tal magnitud que a muchos nos lleva a plantearnos la escasa moralidad de este gobierno del Partido Popular. Y me refiero al Ejecutivo porque es éste el que canaliza la ejecución de sus decisiones políticas y, porque la moralidad en cuanto al partido se refiere ha sido tantas veces cuestionada, -tantas como investigados y procesados hay en su seno por corrupción-, que no merecería la pena a volver a incidir sobre lo mismo.

 

Es cierto que los miembros del Ejecutivo forman parte del PP y que, por lo tanto, si éste es de dudosa moralidad, también lo serán aquellos; pero vamos a darles un margen por aquello de que todo el mundo no es igual. Ahora bien, aún haciendo ese esfuerzo no puedo exculparlos en cuanto que forman parte de un gobierno presidido por M Rajoy, ese mismo, al menos suponemos mientras no se demuestre lo contrario, que aparece en los papeles de Bárcenas en cuanto al percibo de sobres llenos de dinerito en concepto de no se sabe qué, por consiguiente sin declarar. Un equipo o gabinete que, por razones obvias debe ser homogéneo, razón por la cual sólo con la pertenencia al mismo están apoyando a un presidente de dudosa moralidad.

Por ello, es de entender que el susodicho, el gallego que responde con preguntas y que padece bloqueos en su verborrea incontenida, tal vez por el buen orujo, quien sabe; apoye o siga apoyando a Dª Cristina Cifuentes. Será por aquello que: “Dios los crea y ellos se juntan”.

Pero, para no incurrir en error, presto me dispongo a mirar en google el concepto de inmoral, remitiéndome a una de sus definiciones como aquello que es contrario a los principios de la moral. Y, como moralidad, el conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad. Por consiguiente, no pecamos en llamarlos inmorales, si sus acciones no sólo nos conducen al concepto filosófico de la moral, sino que van más allá en cuanto que, podrían infringir algún ilícito penal.

“es de entender que el susodicho, el gallego que responde con preguntas y que padece bloqueos en su verborrea incontenida, tal vez por el buen orujo, quien sabe; apoye o siga apoyando a Dª Cristina Cifuentes.”


Nos dice M. Rajoy que no hay razones para la dimisión de Cifuentes, cuando se ha demostrado sobradamente por Eldiario.es los múltiples indicios que ha llevado a la opinión pública, en su mayoría, a considerar que la aquella debería dimitir ipso facto. Pero, aparte, Sr. M. Rajoy, por si le parece poco lo que la prensa ha sacado a relucir de su brillante presidenta de la Comunidad de Madrid; el daño que esta señora ha provocado a la comunidad universitaria de la Universidad Rey Juan Carlos,  unido a la actuación de su anterior rector dimitido, hace que se infravalore sus titulaciones ante la duda del compadreo que parece existir algunas veces, como con Cifuentes, afectando, sin duda a la imagen exterior de nuestras universidades públicas, algunas de ellas de prestigio mundial en algunos de sus grados.

Además, Sr. M. Rajoy, porque ustedes no pueden ampararse en la presunción de inocencia para no responder de sus errores políticos. Ustedes tienen un plus de responsabilidad, de manera que no sólo deberían dimitir cuanto se confirma la comisión de un delito o falta por algún tribunal de justicia, sino cuando la imagen de la institución que representa pueda quedar cuestionada, por existir indicios o evidencias suficientes, como en el caso de Cifuentes; y no echar un pulso como esta haciendo contra quienes destaparon el caso y contra el resto de partidos que piden su dimisión o quieren presentar una moción de censura, con aquel video colgado en redes sociales de “no pienso dimitir”, a la vez que enseñaba una papeles o actas de su master con firmas falsas.

Pero, claro, que le importa a M. Rajoy la salud democrática de las instituciones. Nada, absolutamente nada, como ya ha demostrado en reiteradas ocasiones apoyando a gente de su partido, como hizo en su momento con Bárcenas, para luego darle la espalda cuando se vio en los papeles de éste de la contabilidad B del partido, calificándolo, sin dudarlo,  como un delincuente.

Así que, el apoyo de Rajoy a Cristinta Cifuentes es otro motivo más de los muchos que hacen indigno para el cargo de presidente del gobierno a aquel, en vez de exigir a ésta su dimisión, como hacen el resto de partidos y como desean los ciudadanos honrados de este país; pero claro, como va a exigir lo mismo que él debería hacer y no hace.

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Una Europa con malas vibraciones

Justiciaeuropea
Anda la gente, la interesada en la política, con humores exaltados y división de opiniones. Ando yo preocupado por lo despistada que parece la grey. Despistada e incapaz de usar la inteligencia para deshacerse de esa visión ideológica que está contribuyendo a hacer de este mundo un lugar inhabitable, un ring en el que un tercio de la humanidad se despedaza contra otro tercio en base a intereses que no son los suyos, en tanto el tercio restante se divide en unos pocos que se frotan las manos viendo lo bien que lo están haciendo y el resto que se pregunta a que juegan los demás. Solo llevamos poco más de dos siglos de ideologías predominantes y ya la humanidad parece irremediablemente dividida.

Anda el catalanismo exaltado, y el españolismo deprimido. Andan ambos bastante despistados. Andan las ideologías alineadas al revés según el ámbito en el que se muevan. Porque al fin y al cabo las ideologías sirven, y a tal fin se aplican, más para poner de relieve las debilidades o errores de la ideología contraria que para representar a los ciudadanos.

Así que ni las de izquierdas, ni las de derechas, son tales, ya que tienen diferente opinión sobre un mismo tema si gobiernan o si están en la oposición. Y en ninguno de ambos casos, ni en cualquier otro hipotético, les importa un pimiento cuales son las  necesidades, las carencias o las aspiraciones que puedan tener los ciudadanos a los que dicen representar.

Andan los independentistas, no solo los catalanes, como en una nube sin reparar en que nadie les ha dado la razón. Su euforia obedece más a que la sentencia supone un revés para el gobierno español que porque suponga un respaldo a ninguna de sus reivindicaciones.

Es cierto que un tribunal regional alemán, tomando atribuciones superiores a las que al euro orden le confiere y erigiéndose en instancia superior al Tribunal Supremo español, ha resuelto conforme a la percepción alemana respecto a España. Claro que  quedaría por preguntarse si esos mismos jueces juzgarían igual esos hechos si hubieran tenido lugar en Alemania.

Lo cierto es que la resolución abre una vía peligrosísima para Europa en su conjunto ya que a partir de aquí cada estado en el que se refugie un presunto delincuente se considerará con derecho a prejuzgar el delito según sus propias normas y sensibilidades, que no son aquellas en las que se produjeron los hechos. Esto conculca todo el pacto de confianza mutua en el que se basan muchas de las normas internacionales entre los países miembros, pero como toda resolución judicial, si se ajusta a derecho, ahí está, y las consecuencias serán las que el tiempo diga y los movimientos anti europeos  sean capaces de manejar a su favor.

“Lo cierto es que la resolución abre una vía peligrosísima para Europa en su conjunto ya que a partir de aquí cada estado en el que se refugie un presunto delincuente se considerará con derecho a prejuzgar el delito”

Mucha gente en la izquierda, y en la extrema derecha se sienten felices por lo sucedido y alegan que esto abre el camino hacia una Europa más justa. Y es que solemos pensar que solo hay dos opciones sobre cualquier realidad, la actual y la que a cada uno nos gustaría. Desgraciadamente entre la realidad y la utopía, tal como cada uno la conciba, existen un sinfín de distopías, y esta resolución favorece más a la distopía de una Europa rota y llena de banderas y fronteras que a la Europa que la izquierda, o las extremas derechas de toda la Unión, nos quieren presentar y que no han sido capaces de hacer realidad ni gobernando.

Tengo claro de que Europa nos hablan, sobre todo la izquierda. Tengo muy clara mi utopía europea con los ciudadanos en primer término, una democracia real y donde la libertad, la igualdad y la justicia hayan logrado deshacerse de las ideologías. Y yo la firmaría, ahora mismo, pero también tengo claro de qué mundo habla el independentismo catalán y muchos de los que internacionalmente lo apoyan y eso sí que no lo quiero ni para mí ni para mis hijos. La vuelta a la Europa de principios del XX y a lo que llevó me parece absolutamente inaceptable.

De momento cierto juzgado regional alemán ha demostrado que la Europa que pretendemos ni existe, ni tiene visos de existir. Ha demostrado que desde un juzgado regional alemán se puede poner en cuestión todo el entramado diplomático que nos ha traído hasta aquí. No, la Europa que tenemos no es ideal, la que nos proponen los nacionalismos tampoco, y la que se atisba tras la sentencia, con un punto de soberbia inaceptable, es aún peor.

Al final, si nadie lo evita, habrá que converger con los anti sistema y aceptar que la única forma de construir desde donde estamos es primero tirar todo abajo. Pero da miedo.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Es la hora de la revolución

Egospolíticos

Si hay algo que nunca he aguantado de los políticos es la prepotencia. Aunque hay de todo, buenos, malos y mediocres, pero, convendrán conmigo que lo que más abunda es la mediocridad que, unida a ese endiosamiento que algunos representantes del pueblo tienen de si mismos, dan como resultado una coctel molotov, al convertirse por obra y gracia de los votos en seres osados, cuyo atrevimiento y descaro les lleva a actuar de manera imprudente o al menos, con la falta de humildad que se exige a quien es mandatario de los ciudadanos que lo han elegido.

 

Esta situación nos esta llevando al descrédito de la propia clase política, pero también de quienes investidos de la denominada soberanía popular, es decir, de los ciudadanos y ciudadanas que permiten esta manera sucia de hacer política o de representación, donde habitualmente aquellos se olvidan que no están puestos ahí para hacer lo que les venga en gana, casi siempre en beneficio propio o del partido al que pertenecen.

Muchos y muchas, no entendemos que la forma de hacer política sea en las calles, haciendo ruido y manejando y agitando a las masas, en principio, porque, si un valor es importante es la paz social, habida cuenta que es un reflejo de que el pueblo esta satisfecho. Pero, la realidad es bien distinta, tenemos políticos que no merecen estar donde están, y no se trata de preparación para el cargo que ostentan, que también, como es el caso del presidente del Gobierno del Estado español, que ni siquiera sabe hablar el castellano con sus lapsus de verborrea inconexa, como para hablar Inglés, lengua franca en el ámbito internacional. Sin embargo, tal almagama de despropósitos y mentiras, a veces, no nos dejan otra salida a los ciudadanos que armar revuelo para ser escuchados, no tanto dentro de nuestras fronteras, porque ya vemos que las referidas prepotencia e inutilidad les lleva a hacer oídos sordos para conservar su estatus; sino fuera, en los países de nuestro entorno político, en esa vieja Europa que, lejos de estar unida, como muchos de los dirigentes papagayos quieren transmitir, las evidencias, nos demuestran, que es todo lo contrario, haciéndose cada día mayor la fractura que separa a los países ricos de los pobres, a los del Norte y los del Sur

Pero, lo más importante y, a la vez, trascendente de todo esto, es que el pueblo, los electores, los ciudadanos y ciudadanas españoles, incluidos los que no se sienten como tal, al final no somos diferentes a ellos. Nos movemos por los mismos resortes, no en vano dice el rico refranero español que “cada uno tiene lo que se merece” o  “cada uno recoge lo que siembra”, afirmación que, aunque  no nos guste oír por lo difícil de aceptar, sin embargo, es cierta, ya que cada persona tiene que pagar un precio por alcanzar determinadas metas y, cuando ese precio se fija en moneda que no es de curso legal, pasa lo que pasa, que, en vez de movernos en el camino de la rectitud, si tenemos que pisar al de al lado para alcanzar dicha meta  lo hacemos.

Estamos en un mundo donde los principios y valores que deben marcar nuestra actuación cada día son más débiles, prevaleciendo el individualismo sobre la colectividad. Entonces, ¿por qué nos quejamos de la mediocridad de quienes nos representan, acaso no somos muy parecidos a ellos?. Nos embebemos de la misma falta de valores, de los mismos juegos sucios, del mismo “trepismo” para alcanzar nuestras metas. Mentimos igual que ellos para quedar bien o conseguir algo. Realmente, nos hemos convertido en “egos políticos”, engreídos, carentes de modestia, con aires de arrogancia, lo que nos convierte también en seres egoístas.

“Mentimos igual que ellos para quedar bien o conseguir algo. Realmente, nos hemos convertido en “egos políticos”, engreídos, carentes de modestia, con aires de arrogancia, lo que nos convierte también en seres egoístas.”


¿Dónde están los hombres y mujeres buenos?, porque también los hay. Aquellos que buscan el consenso, que huyen del ruido ensordecedor de las confrontaciones, que intentan ayudar y socorrer a quien lo necesita, que se preocupan por su entorno, por el futuro de nuestra sociedad. Hombres y mujeres íntegros a los que corresponde, por emergencia político-social, intentar cambiar el mundo a mejor, siendo ellos y ellas mejores. Claro que, hablar hoy día de integridad moral, rectitud y generosidad con nuestros semejantes, parece, cuanto menos, palabras dichas por un cura en su púlpito de los domingos y fiestas de guardar; sin embargo, son necesarias personas cada día más comprometidas por el cambio, por un nuevo orden mundial. En definitiva, es necesario una revolución social, que debe empezar de puertas para adentro en nuestros hogares, transmitiendo a nuestros hijos, a nuestro entorno más próximo los mismos valores que hemos recibido de nuestros padres y, por supuesto, dando ejemplo con nuestras propias vidas, con nuestro trabajo, con nuestro compromiso social. Así, cuando salgamos a la calle para reivindicar nuestros derechos los haremos con la fuerza y autoridad que nos asiste por ser mejores que quienes nos gobiernan y no igual o parecido a ellos. Esta es la única forma de cambiar el mundo, cambiando primero nosotros, luego nuestro entorno.

Claro que, es más fácil salir a la calle vociferando, guiados por consignas políticas, por la mediocridad de una información sesgadas y partidista, que lo único que hace es engordar ese ego político que nos lleva a creernos mejores que los demás. La verdad, una lástima.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Si yo tuviera veinticinco años

Siyotubiera25

 

Cuando se tiene cierta edad, y el término cierta siempre se refiere a pila de años, y se echa la vista atrás es cuando se puede apreciar la evolución de la personalidad, la maduración de ciertas ideas y un poso de conocimiento, lo de sabiduría me parece un exceso, que te permite intuir la diferencia entre tus actos presentes y los que llevarías a cabo si a día de hoy tuvieras, pongamos, veinticinco años, año arriba, año abajo.

Si en este momento tuviera veinticinco años yo sería, casi con total seguridad, votante de Podemos. Lo tengo claro. Hoy no. Ya estoy oyendo el discurso de los que no esperan a las razones ajenas, seguramente porque carecen de razones propias: “Es que con la edad la gente se va volviendo más carca”. Bueno, no dudo que ellos sí, yo no.

Con veinticinco años yo me consideraba anarquista, vehemente, convencido, sin fisuras. Con algunos más hoy me considero ácrata, vehemente, convencido, sin fisuras, y con mucho miedo de lo que el término significa para otros. Y ahí radica la diferencia. Con veinticinco años a mí me daba igual lo que pensaran otros que pensaba yo, a día de hoy a mí me preocupa mucho lo que piensan otros que dicen pensar lo mismo que pienso yo.

Con veinticinco años yo estaba al lado, o un paso por delante, de cualquiera que quisiera cambiar el mundo, sin importarme ni los medios, ni las formas, ni las consecuencias. Con veinticinco años tenía toda la vida por delante para equivocarme y corregir mis errores, de visualizar ante una vida tan larga como sería el mundo conmigo en él, no podía ser de otra manera, y por tanto valoraba la urgencia de cambiarlo para poder disfrutar de mi sueño. Con veinticinco años las tradiciones eran cosa de los viejos, la historia una materia de estudio y España una cosa de la que hablaba Franco y nos obligaba a la fuerza. A día de hoy tengo hijos y sé que tengo que trabajar, que aportar mi granito de arena para que el mundo vaya derivando hacia el mundo que yo sueño, o, como es el caso, para evitar que el mundo vaya ciegamente encaminado hacia las peores fantasías de la ciencia ficción de los años dorados del género: Un Mundo Feliz, Gran Hermano, La Fuga de Logan… A día de hoy sopeso las tradiciones, incluso aquellas que tienen  un carácter o fondo que no comparto, analizo y valoro la historia como parte de lo que soy y España es un trozo de mundo agradable, y con considerables ventajas sobre muchos otros, en el que vivo y con el que parcialmente me identifico.

Por eso con veinticinco años yo habría votado a Podemos, o habría sido jacobino si la época hubiera coincidido, sin importarme los medios, las formas, las consecuencias, convencido de que era el camino inmediato y feliz para un cambio que ordenara el mundo. Por eso hoy en día no puedo votar a Podemos, porque no tiene una ideología formal y que pueda reconocer y actúa como una amalgama de activistas donde cada uno cree que puede imponer a la sociedad sus credos, porque hace de la provocación una forma de actuación, porque, como todos los radicales, religiosos, anti religiosos, políticos o anti políticos, consideran que destruir todo lo existente es el camino para crear un mundo más justo y más feliz. Que todo lo pasado es pernicioso o en todo caso borrable.

 

 

“Por eso hoy en día no puedo votar a Podemos, porque no tiene una ideología formal y que pueda reconocer y actúa como una amalgama de activistas”

 

Porque con veinticinco años no hay nada por encima de los valores, pero con cierta edad uno ya ha visto lo que se hace con los valores, lo que la política acaba haciendo con los valores y como los dictadores se envuelven en la bandera de la libertad, y como los demagogos se camuflan como activistas sociales, y como los ávidos de poder usan las necesidades de la sociedad para su propio medraje, y entonces importan las formas, los medios, las consecuencias. Por eso yo con veinticinco años habría votado a Podemos, pero con cierta edad, con la que tengo ahora, solo comparto con ellos los valores pero no la política, o sea, las formas, los medios, las consecuencias.

 

“Porque con veinticinco años no hay nada por encima de los valores, pero con cierta edad uno ya ha visto lo que se hace con los valores, lo que la política acaba haciendo con los valores y como los dictadores se envuelven en la bandera de la libertad”




 

Permítaseme una reflexión de ser humano con una cierta edad, con un compromiso con la igualdad, la libertad y la fraternidad, una pregunta, o preguntas, que no tiene otro fin que el de invitar a que reflexionen conmigo

¿Podemos, que ironía, borrar de nuestra memoria como sociedad, como país, todo lo que nos ha llevado a ser quiénes y cómo somos? ¿Podemos, seguimos con la ironía, edificar una nueva sociedad sin memoria? ¿Podemos superar a la naturaleza que nos ha llevado a ser mamíferos sin olvidar que antes fuimos otras cosas? ¿Podemos, a estas alturas de la vida, consentir que alguien nos obligue a pensar como no pensamos? ¿A dejar de sentir lo que sentimos? ¿A que nos prohíban lo que no nos da la gana que sea prohibido porque ellos lo rechazan? ¿Realmente podemos? ¿Debemos?

Bueno, la soberbia también es una característica de los veinticinco años, año arriba, año abajo, edad en la que la experiencia es algo que dicen tener otros y la usan para evitar que los de veinticinco años, año arriba año abajo, puedan reclamar la razón que indudablemente creen tener.

Habrá quién leyendo esto piense “quien tuviera veinticinco años”. Yo no, primero porque es una quimera, segundo porque ya los tuve y estuvieron bien y tercero, y fundamental, porque ahora tengo, disfruto y paladeo, una cierta pila de años.

Claro que siendo sincero, totalmente sincero, si yo tuviera veinticinco años sería votante de Podemos, pero ahora, con cierta edad, con la pila de años que tengo, no me siento capaz de votar a Podemos, ni al PSOE, ni al PP, ni a Ciudadanos, IU, o cualquier marea o compromiso que me salga al paso, porque ya la experiencia me dice que ninguno de ellos garantiza el cien por cien lo que yo creo que necesita la sociedad. Porque creo que son organizaciones al servicio, o al servicio del ansia, del poder. Porque creo que la disciplina de voto, que feo verbo disciplinar, es inversamente proporcional a la libertad, porque las estructuras rígidas y monocordes que son los partidos son inversamente proporcionales a las ansias democráticas de la sociedad.

Tal vez si hubiera listas abiertas… Tal vez. O si yo tuviera veinticinco años.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

La vidorra de los Franco

Franco JuanCarlos

El dictador con el entonces prínciple J
Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias

Cuando un rey, Jefe del Estado reconoce públicamente la labor de un dictador y, además, premia su actuación concediendo títulos nobiliarios a sus herederos, es una más de la muchas actuaciones que hacen indigna esta institución en este país; pero ésta, merece una especial atención para demostrar la connivencia entre la monarquía y Franco, al menos del rey Juan Carlos I, para hacer efectivo su nombramiento como sucesor en la Jefatura del Estado fruto de la llamada Ley de Sucesión  en este cargo.

Sí, por algunos o algunas no se sabía, Fue el actual rey emérito quien concedió a los Franco el Título del Ducado de Franco a través del decreto 3028/1975 “para sí, sus hijos y descendientes”, siendo la viuda de Franco la primera que lo detentó, heredándolo posteriormente su hija Carmen Franco, fallecida recientemente, lo que hace que este título actualmente este pendiente de asignación a sus herederos legítimos por haber sido reclamado por  uno de ellos en exclusiva; aparte del correspondiente al Marquesado de Villaverde.

¿Intercambios de favores?. Es posible, Franco no daba puntada sin hilo, y consciente del aislamiento europeo a la autarquía por él instalada en nuestro país, sabía o podía intuir que a su muerte, sería difícil perpetuar su régimen y que mejor que devolver el poder a la monarquia española en la persona de Juan Carlos, aunque el llamado a reinar fuese su padre Juan de Borbón, no tomado en cuenta por el dictador debido a las malas relaciones entre ambos. Algo así como: “yo te nombre príncipe de España…“, como así fue, “… y tú te comprometes que ser el garante de que a mis hijos, nietos y demás familia nacida de éstos se les reconozca como Grandes de España por ser mis descendientes, aparte de respetar las propiedades inmobiliarias que se transmiten en la sucesión“.

Lo dicho puede llevar a pensar a algunos y algunas que debemos agradecer a Franco la actual monarquía parlamentaria instituida como forma de Estado tras su muerte. ¿Fue un plan pergeñado entre el dictador y su sucesor para el establecimiento de un nuevo régimen democrático, donde se garantizara un ciertas estabilidad política o social?, también es posible.

Los hechos tienen dos lecturas. La real o la auténtica, es decir, tal y como acontecen sin contaminación de ningún tio y, otra, la que cada a cada uno o a cada una le conviene para resaltar o denostar a alguien o algo. Y, la evidencia de dicha connivencia entre instituciones lo demuestra la concesión del mencionado titulo nobiliario con el nombre de Franco, el de un dictador, el de una persona que por amor a España tuvo secuestrada a todo un pueblo durante más de cuarenta años. Así se selló por el rey Juan Carlos I, el inicio de su reinado, ofreciéndose como un rey de todos los españoles y españolas, dentro de un régimen democrático. ¿Qué burla, no?.

¿Qué hubiera pasado si no se hubiese respetado aquella Ley de Sucesión?, ¿hubiese sido posible la instauración de un régimen democrático sin que la Jefatura del Estado la ostentará un rey?. La respuesta puede plantearse también como un interrogante: ¿por qué no?. Si, podría ser posible que ahora tuviésemos una república como muchos y muchas anhelamos; o no. Nadie, o al menos yo no lo conozco, al margen de un montón de charlatanes videntes pasados de rosca; que tenga una bola de cristal que nos ofrezca una lectura de lo que hubiese sido el pasado si hubiésemos elegido otro camino.

Lo que está claro, es que, lo que hoy tenemos podemos cambiarlo si no nos gusta, sólo es necesario obtener una mayoría parlamentaria especial exigida para una reforma constitucional, evidentemente, porque una democracia funciona así, siendo uno de sus pilares la consagración de un Estado de Derecho, donde la ley como expresión de la voluntad popular impere sobre cualquier otra actuación arbitraria. Todo lo demás es una perdida de tiempo.

Personalmente, no reconozco ningún mérito a rey emérito, y menos al actual, para que ostenten la Jefatura del Estado, y menos que se les otorgue privilegios por tal condición. No tengo, por mi condición de demócrata, otra opción que respetar esta institución como Jefatura de Estado.

Hizo lo que tuvo que hacer cuando el dictador murió y ya está, no hay que buscar más flecos o pies al gato que, seguro los hay, pero, ¿para qué?, ¿para regocijarnos en el odio?, leamos la historia para no olvidar de quienes somos y  de donde venimos, pidamos la compensación por los derechos vulnerados por el Estado en el pasado, y dispongámonos a trabajar para cambiar lo que no nos guste, llegando si es necesaria a la formación de coaliciones que nos permitan hacer efectivo dicho cambio.

Es cierto que se voto la forma de Estado, es decir la monarquía parlamentaria, en el contexto de una futura Constitución, como una opción que ya habían elegido otros por nosotros. Pero también lo es, el hecho que si no nos gusta lo cambiemos. No es necesario ninguna revolución y liarnos a palos y a montar broncas, que a muchos interesa. Sí el derecho a manifestarnos para hacernos oír y reclamar los que consideramos nuestros derechos . Sólo es necesario ser tenaces en nuestro objetivos y empezar a trabajar todos los que nos consideramos republicanos.

Sucedió lo que sucedió, pero todo es cambiable, nada es eterno, y “no hay mal que dure cien años”. Pero hay algo, entre las muchas cosas que se han hecho mal durante la instauración del actual régimen democrático hasta el momento, es la concesión por el rey Juan Carlos I, de un título nobiliario a los Franco, a esos que no han hecho absolutamente nada por España, nada más que vivir a todo trapo de las rentas del dictador, lo que les ha servido para hacer multitud de negocios inmobiliarios de las que han sacado rentables ganancias. Fortuna que procede evidentemente de un régimen dictatorial, de un régimen ilícito mantenido a lo largo de los años bajo la represión y violación de los derechos más básicos que corresponden a los ciudadanos como seres sociales y políticos.

“Fortuna que procede evidentemente de un régimen dictatorial, de un régimen ilícito mantenido a lo largo de los años bajo la represión y violación de los derechos más básicos que corresponden a los ciudadanos como seres sociales y políticos.”


Dicho de otra manera, me importa realmente un bledo o menos que un bledo, que a Franco o al rey emérito se les atribuya, o no,  el mérito del paso de una dictadura a una democracia, dicen que sin violencia, ¿depende dónde?, y sin derramamiento de sangre; que se lo digan a las familias que han perdido alguno de sus miembros o han sido víctimas  directas ellas o alguno de sus miembros de la banda terrorista ETA.


Si por Decreto se concedió un título nobiliario que, al igual que todos los existentes, dudo se puedan merecer por sus tenedores, y menos sus herederos, simplemente por el hecho de haber nacido en el seno de una determinada familia; que por Decreto, por Ley o por lo que haga falta dentro de los cauces legales se derogue los títulos de los Franco, porque nadie merece el reconocimiento como mérito el ser un descendiente de un dictador con las manos manchadas de sangre. Y, tampoco vendría mal, aunque sólo sea  por simple higiene democrática, se dispusiera devolver a sus originarios propietarios todas aquellas propiedades que los fueron usurpadas para el regocijo y disfrute de una familia, creando un patrimonio familiar que, como otros grandes de España, con título o sin él, han originado rentas llevadas a paraísos fiscales, todo por el amor a España.

No demos más pábulo a esta familia, cortemos ante la disputa de sus títulos nobiliarios tras la muerte de la hija del dictador, con este reconocimiento, y rescatemos para dignidad de este país, todas sus  apropiaciones indebidas y; por supuesto, por la institución que se otorgó tales títulos, se dé una explicación a los Españoles de los verdaderos motivos para su concesión, o al menos pedir perdón a las familias, herederos de todas aquellas personas represaliadas, asesinadas, maltratadas socialmente, y torturadas; en definitiva víctimas de una dictadura que el rey emérito decidió premiar.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

¿Volverán las oscuras golondrinas?

 

 

Volveranlasoscurasgolondrinas
Nada me hubiese satisfecho más que no tener que volver a hablar de Cataluña por el soporífero, manipulador y desgastado  hasta los huesos “procés”, sobre todo porque igual que no me gustan las consignas políticas cuando vienen de la derecha, tampoco me satisfacen cuando vienen de la izquierda; sobre todo cuando las conductas de quienes transmiten ideas como dogmas políticos, roza poco más que el absolutismo ideológico.

 

Me estoy refiriendo a la fuga de Marta Rovira tras mandar una carta a los militantes anunciando su exilio,  indicando, entre otros aspectos, que «Será un camino duro, pero es la única forma que tengo de recuperar mi voz política»; huyendo de esta forma de su comparecencia ante el Tribunal Supremo, a la que sí han acudido los otros líderes independentistas citados, Jordi Turull, Carme Forcadell, Raul Romeva, Dolors Bassa y Josep Rull, Llanera por su implicación en el ‘procès’ independentista

Bien…, situados en los hechos brevemente narrados, pero que todos conocemos bien por lo trillado del tema en informativos, redes sociales, prensa, etc, etc…, lo que no aguanto, realmente, de los políticos, es su desarrollada capacidad para engañar a la gente, no sólo a los contrarios, sino a su propia militancia, simpatizantes, busca-vidas  políticos que se apuntan a un tornado para sobresalir entre los suyos y salir en la foto, por utilizar términos o expresiones absolutamente inapropiadas respecto de los temas que tratan, manipulando información, para la consecución de un objetivo, en nuestro caso, alarga el Procés hasta que, a punto de rasgar, se vuelva a repetir la historia una y otra vez. ¿Hasta cuándo?.

Lejos de volver a demostrar la anti-juricidad de proceso independentista de Cataluña, por lo manido del tema y, sobre todo, porque intentar demostrar desde una perspectiva jurídica algo de lo que el contrario no quiere ver, es perder tiempo; aunque volveré a dar dos pinceladas para situarnos, por si alguien piensa que mis palabras también pueden ser manipuladoras al dar por sentado la ilegalidad de este esperpento experimento político. La primera de ellas es hacer mención a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Nueva York (1966) que, si bien arranca diciendo, que: “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación”–, sin embargo, y esta sería la segunda pincelada, la Corte de La Haya en numerosas sentencias interpreta la resolución 2625 (párrafo 80) donde se recoge  este derecho,  de la siguiente manera: “Ninguna de las disposiciones de los párrafos precedentes se entenderá en el sentido de que autoriza o fomenta cualquier acción encaminada a quebrantar o menospreciar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes que […] estén, por tanto, dotados de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivo de raza, credo o color”, lo que se conoce con el nombre de secesionismo.

Los que nos consideramos democráticos, porque respetamos las ideas contrarias a las nuestras, nos gusten o no, sólo por el mero hecho de que en esto consiste una auténtica democracia, es decir, en que cada uno pueda exponer sus ideas, debatir todos sobre ellas y, a falta de consenso, decidir sobre su resolución el voto de la mayoría. Ahora bien, lo que no se puede respetar porque en sí ya supone una falta de respeto, es querernos tomar el pelo y tratarnos como a “gilipollas”, y perdonen mi expresión, a los ciudadanos, llamando “exilio” a lo que es una huida hacia delante, ni llamar a quienes están en la cárcel por fomentar dicha secesión, presos políticos, cuando se trata de todo lo contrario, políticos que están presos por no respetar las reglas del juego que marca nuestra propia Constitución y el sistema normativo que debe emanar de ella; no de la imposición, aunque está venga refrendada por unos votos obtenidos de un referéndum ilegalmente convocado y peor controlado en los resultados, y de unas elecciones que, admitiendo los resultados que han hecho que el independentismo haya vuelto a triunfar por la unión de todos ellos, lo que no se puede dar por válido es la actitud pertinaz, absurda y ineficaz de volver a repetir los mismos errores cometido antes de las citadas elecciones, porque haciéndolo, basándose en dicha mayoría, no convalida o hace legítima su actuación por ser contraria al Orden Constitucional e irremediablemente, si se quiere no cronificar el problema que han generado los gobernantes catalanes, la solución, debe pasar por una negociación entre independentistas y constitucionalistas que implique la reforma de la Constitución de 1978 para posibilitar dentro de los cauces legales el deseo de un pueblo, dudo que por mayoría, de ser independiente.

“Ahora bien, lo que no se puede respetar porque en sí ya supone una falta de respeto, es querernos tomar el pelo y tratarnos como a “gilipollas”, y perdonen mi expresión, a los ciudadanos, llamando “exilio” a lo que es una huida hacia delante”

Tengo que reconocer que Gabriel Rufián me llego a caer bien por sus enfrentamiento a pecho descubierto con Rajoy, sobre todo para recriminarle su actitud poco respetuosa con el pueblo Catalán; pero esta percepción inicial se ha ido desvirtuando, cuando sus palabras se han ido transformando en consignas manipuladoras, revistiendo al procés de un aura de renovación democrática, cuando en realidad se trata de una imposición en toda regla; de manera que, si utiliza términos jurídico-políticos, que lo haga en su estricto significado, no el que él y lo suyos quieren atribuirle en cada momento.

Pero, bueno, aquí cada uno se cree lo que se quiere creer y manipula lo que le puede perjudicar, y el que no tenga pecado que arroje la primera piedra.

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Garantismo versus impunidad

Impunidad
Si, ya lo sé, lo he dicho muchas veces, pero no me resisto a decirlo una vez más, una cosa es la Justicia y otra, desgraciadamente muy alejada, es la legalidad. Tan alejada que para evitar errores que perjudicaran vidas se inventó el “garantismo”, esa serie de normas que garantizan a un acusado la posibilidad de tener un juicio justo sean cuales sean su  delito y sus circunstancias.

Y a mí me parece impecable. Cuantos inocentes han pasado por la cárcel, o la ejecución, por arbitrariedades judiciales, o legales, cometidas con absoluta impunidad. Cuántas vidas de inocentes perdidas por falta de garantías de ningún tipo.

Pero, como todo, el exceso de garantismo es una lacra que posiblemente la sociedad no puede, no quiere y no debe de permitirse. Porque cuando las garantías al culpable se convierten en un agravio, o perjuicio flagrante, a la víctima algo no está funcionando como debiera.

Es justo, lógico, impecable, que un delincuente sea presunto en tanto en cuanto no haya una condena firme por parte del juez, no en vano la presunción de inocencia es uno de los derechos fundamentales del hombre. Pero aplicar la presunción de inocencia, que por otro lado nos es negada a la mayoría de los ciudadanos mediante artimañas como la presunción de veracidad concedida a determinados estamentos, a delitos cometidos de forma pública y flagrante, cuando no con exhibición, es caer en la parodia del derecho y, por extensión, en su descrédito, lo que es un perjuicio superior para la mayoría de los ciudadanos.

Entre estos delitos flagrantes, y que provocan el general cabreo del ciudadano de a pie, está el de la ocupación ilegal de viviendas e inmuebles por parte de ciertas mafias que se han especializado en su comisión, llegando, ya incluso, a la ocupación de viviendas habitadas y a la exigencia de compensación económica para su abandono. La lentitud judicial y el exceso de garantismo permiten una situación en la que la víctima no solo se ve despojada de sus derechos y sus bienes, sino que incluso pasa a ocupar la situación de sospechoso. En conclusión la víctima lo es por partida doble, ya que aparte de verse despojado de algo que es suyo sufre una absoluta indefensión que, inevitablemente, deriva en descredito del sistema.

Hay delitos, situaciones en las que el garantismo del delincuente debe de ser sustituido por las garantías de restitución inmediata a la víctima. Y cualquier otra situación no solo es una injusticia, es una afrenta.

Hay al menos otras dos situaciones legales que se han producido recientemente  y que los ciudadanos de a pié no podemos entender. Dos situaciones absolutamente dispares y, para los legos, absolutamente disparatadas.

La primera es la situación en Cataluña. A mí no me cabe en la cabeza, creo que no conozco a casi nadie, que a alguien que ha cometido un delito, que está en situación de prisión preventiva, o de fuga, y que dice clara y públicamente que tiene intención de seguirlo cometiendo, se le permita ejercer derechos que facilitan la reiteración, la persistencia. Que ponen en situación de idoneidad a la persona para que persevere en el daño causado. No me cabe en la cabeza. No entiendo que aparejada a la prisión preventiva, o a la de fuga con exhibición y recochineo, no haya una paralela suspensión de derechos políticos. Ya, ya sé, que habrá quién ahora se pondrá rojo de ira por mis palabras, pero ¿Qué dirían si un señor de los imputados por corrupción, por poner un ejemplo, se presentara en una lista con el planteamiento de que pensaba llevárselo crudo? No quiero ni pensarlo. Titulares, redes sociales, informativos de toda índole y formato clamando por el fuego celestial. Para mí, insisto, para mí, no hay diferencia. Ni explicación plausible a lo que está sucediendo.

Y no olvidemos el episodio de PPR (prisión permanente revisable). Creo que la distancia entre el pensamiento de la calle y la actitud de los políticos se ha revelado con una claridad que bordea la brutalidad. No es un problema ético, que también, no es un problema moral, que podría serlo, es un problema lógico y los argumentos esgrimidos de toda índole, excepto en el sentido de contestar un planteamiento básico, no son más que palabras huecas para el ciudadano de a pie.

Convengamos todos, y creo que no hará falta un gran esfuerzo, en pensar que la parte coercitiva de una pena de prisión es una forma de apartar a un delincuente de la sociedad para intentar su rehabilitación social, que ha de producirse durante su internamiento. Una vez convenido surge la pregunta que evidencia un fracaso del planteamiento básico, ¿Qué hacemos con los reincidentes sistemáticos? ¿Qué hacemos con los que no se rehabilitan? ¿Qué hacemos con los enfermos incapaces de controlar sus impulsos? Y, sobre todo, ¿Cómo le explicamos a las víctimas indefensas de los delincuentes irrehabilitables, que es que moralmente, éticamente, no se puede retener a alguien que ha cumplido una condena aunque se sepa que su libertad supone una reiteración inevitable del delito? ¿Le explicamos que ha tenido mala suerte? ¿O que su sufrimiento, cuando no muerte, es por una sociedad espiritualmente superior?

¿Cómo le explicamos a las víctimas indefensas de los delincuentes irrehabilitables, que es que moralmente, éticamente, no se puede retener a alguien que ha cumplido una condena aunque se sepa que su libertad supone una reiteración inevitable del delito?


Es inevitable pensar, yo lo pienso desde luego, que los comportamientos excepcionales requieren de medidas excepcionales. Que las conductas insociales graves, la violencia, la muerte, necesitan unas garantías especiales para las víctimas antes que para los delincuentes. Que abandonar a la víctima para defender al infractor puede ser estéticamente impecable, pero éticamente no se sostiene.

Y es que cuando el garantismo se instala como un problema en vez de como una solución, cuando los legisladores están más pendientes de sus gestos que de las consecuencias reales de los mismos, cuando se legisla olvidando a la víctima y pensando solo en el delincuente, cuando se dice representar a los ciudadanos y se da la espalda a sus demandas, algo ha dejado de funcionar en la sociedad.

El garantismo debe de ser un derecho irrenunciable, pero el primer garantismo es aquel que pone por delante evitar las víctimas, evitar los daños, aquel que garantiza la restitución inmediata a la víctima de sus bienes, aquel que primero piensa en el que ha sufrido y luego en el que ha causado el daño.  Lo demás, lo que no está en esto, puede ser garantismo, no lo dudo, pero a mí se me parece más a la impunidad, y yo no lo quiero.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Las nuevas fronteras

Pensiones 

La manipulación de lo cotidiano ha llegado a tal extremo que la postverdad se ha convertido en un gigantesco megáfono a través del cual la información nos llega con tal grado de controlada distorsión que embota el intelecto y nos idiotiza cada vez con más voracidad.

En esa inmensa sala de máquinas, desde la que se controla la llamada sociedad global, ningún acontecimiento, prefabricado o espontáneo, escapa a su análisis, valoración de riesgo y rentabilidad.

Sin embargo estamos inmersos en un momento crucial, en el que la sociedad civil está empezando a exigir responsabilidades al gobierno y coherencia al resto de partidos con representación parlamentaria y estas exigencias, que también se trasladaran a  las urnas, se están trasladando desde el compromiso social y la reivindicación de colectivos que han elegido la tribuna de la calle para combatir el deterioro de las políticas sociales  y denunciar la distorsión de la información. Hablamos de pensionistas, mujeres, colectivos por la educación, por la sanidad…. En este país los colectivos más vulnerables están dejando de ser invisibles.

Porque ellos saben, sabemos, que otros colectivos, algunos opacos, están absorbiendo una parte importante de los recursos que el estado debe repartir con equidad y asi cuando el gobierno se excusa en la falta de recursos para equilibrar las pensiones y que este equilibrio ha consistido en una subida del 0,25%, los pensionistas saben que el presupuesto de defensa ha aumentado en un 38% y saben de los beneficios fiscales de la Iglesia Católica, los 2.000 millones de rescatar las autopistas, los aeropuertos sin pasajeros, los AVES inútiles, y saben de la corrupción y del dinero evadido y de la amnistía fiscal, les duele los 60.000 millones de euros del rescate a la banca y saben y les duele los sobresueldos, dietas, pensiones vitalicias de la clase política y saben del coste de la casa real. Porque este gobierno les están metiendo las manos en sus bolsillos para engrosar el de todos los anteriormente citados. Y son ellos los que han rescatado a los bancos y a las autopistas y son muchos los que tienen que compartir sus exiguas mochilas con hijos y nietos, y se indignan porque este país tenga que estar manteniendo a casi medio millón de políticos Y es que a esta generación no la pueden seguir durmiendo con cuentos, que ya lo intentaron otros.

“cuando el gobierno se excusa en la falta de recursos para equilibrar las pensiones y que este equilibrio ha consistido en una subida del 0,25%, los pensionistas saben que el presupuesto de defensa ha aumentado en un 38% y saben de los beneficios fiscales de la Iglesia Católica, los 2.000 millones de rescatar las autopistas, los aeropuertos sin pasajeros, los AVES inútiles (…).”


Porque en la otra orilla están los 3,15 millones de jubilados que cobran pensiones que, según los técnicos de hacienda, quedan debajo del umbral de pobreza, fijado en 8.200 euros anuales, y que la pensión media es 932 euros mensuales, según los datos de la Seguridad Social correspondientes al mes de febrero.

A la clase dominante nunca le gustó ver a la gente en la calle exigiendo sus derechos. No les gusta las mareas porque están acostumbrados a navegar al socaire de sus ambiciones y además con el piloto automático puesto.

Y se quejan de las pancartas, tratan de explicar, con la soberbia del poderoso acorralado, que asi no se solucionan los problemas, niños sed buenos…y ningunean a las mujeres y no son conscientes que provocando el desapego, no favoreciendo la conciliación familiar, ni la igualdad laboral en función de su maternidad se están cerrando puertas tras de ellos en una huida hacia adelante que les abocara al abismo electoral. Intentaron que el 8 de Marzo fuera un fracaso y acabaron con el lazo morado en la solapa.

“Y se quejan de las pancartas, tratan de explicar, con la soberbia del poderoso acorralado, que asi no se solucionan los problemas, niños sed buenos…y ningunean a las mujeres “

No obstante hay una aparente calma en las filas del gobierno, a pesar de las sucesivas mareas que desbordan las calles de España. Quizás desde esa sala de máquinas, dónde el poder financiero controla esta sociedad global, estén llamando a la calma, porque son conscientes que la gaviota está clonándose y que el nuevo engendro seguirá gobernando para los mismos de siempre y por lo tanto podrán seguir manteniendo su status y la influencia política que marcara las futuras estrategias de gobierno.

Y una de las claves de esa estrategia está desarrollada en el denominado Factor de Sostenibilidad. Este factor se compone de dos variables:

Una el llamado “factor de equidad intergeneracional (FEI)” revisable cada 5 años en función de la evolución de la esperanza de vida. Lo que para el ciudadano de a pie supone un avance, para el pensamiento neoliberal es un problema, ya que puede reducir la tasa de ganancia del gran capital.

Otra de las variables de este factor es el “Factor de Revalorización Anual (FRA)” , supone ligar la revalorización de las pensiones a la salud de las arcas públicas. Esto es,  las pensiones solo suben si aumentan los ingresos del sistema por encima de la tasa de crecimiento del número de pensiones. Este factor se movería entre unos valores situados entre un mínimo del 0,25% y un máximo del IPC + 0,5%.

Nos encontramos por lo tanto con la ironía de un factor de sostenibilidad que desde el día de la jubilación “hace un reparto” de nuestra calidad de vida inversamente proporcional a la esperanza de vida. Más tiempo vivimos, en peores condiciones lo hacemos.

Cómo exponía Julio Anguita recientemente “Esto es lo que tienen las situaciones en las que si no se cuestiona el conjunto y se cambia por otro modelo, cualquier pieza que se toque provocará un recorte en otra: ¿Educación? ¿Sanidad? ¿Prestaciones sociales? ¿Medio Ambiente?

Y para terminar decir que el futuro de las pensiones es un debate de un hondo calado político porque no estamos hablando de un programa sino de un proyecto político vinculado a una ideología. Por eso es necesario que la izquierda sea consciente de las nuevas fronteras que tiene que conquistar para que la bandera del estado del bienestar vuelva a ser de nuevo el santo y seña de este país.

 

Sergio López

Esteponero del 52 y observador de la actualidad. Blogista independiente. Ex de muchas cosas y de casi todas orgulloso. Enfermero militante y político en las barricadas, dos vocaciones al servicio del ciudadano.

Huérfanos, silenciados, ¿ciudadanos?

 multitud
Si fuera un adicto de las conjuras pensaría que hay una en marcha para que los ciudadanos abjuremos de la democracia como sistema político deseable. Es más, una vez dicho en voz alta, una vez implantado a nivel comunicación en mis neuronas, es posible que esté empezando a sospecharlo.

Por más que miro a mi alrededor, en todo el mundo civilizado, veo cada vez menos ejemplos de una aplicación real de las esencias de la democracia. Incluso la utilización del término para encubrir totalitarismos es una constante que descorazona. Son países, son actitudes, son instituciones y reivindicaciones los que parecen empeñados en vaciar de sentido la palabra, en secuestrar su significado, en hacer antipático su planteamiento.

Se supone que la democracia, se supone y se debe de tener claro, es el sistema por el que el pueblo, así, de forma universal, sin restricciones de ningún tipo salvo la edad, se gobierna a sí mismo mediante representantes elegidos libremente. El sistema por el que los ciudadanos son capaces de tener voto y ceder su voz a aquellos que eligen para que lleven hasta las asambleas de representantes constituidas su voz y su sentimiento. Se supone, pero cada vez está menos claro que esto funcione como debiera.

Esta forma de representación se llama democracia parlamentaria, pero no es la única posible. También existe la democracia asamblearia, una democracia en la que los votantes son convocados a pronunciarse sobre cualquier tema sin representantes intermedios, sin cesiones, sin concesiones a consideraciones de tipo ideológico. Tal vez esta sea la verdadera democracia aunque tenga el problema de una cierta inoperatividad porque cada decisión ha de ser discutida y votada con los problemas de infraestructura a los que puede dar lugar. También  existe una forma de aplicar un sistema mixto, un sistema en el que el voto ciudadano no esté secuestrado para todas las cuestiones durante el periodo de validez de una legislatura sin que tenga canales para mostrar su disconformidad con las decisiones tomadas, teóricamente en su nombre, por un representante que no les representa.

Es verdad que la democracia es un sistema complicado que exige de una madurez ciudadana que, tendiendo la vista alrededor, parece entre escasa e inexistente. Que produce vencedores y vencidos y presupone la generosidad del vencedor representando al vencido y el acatamiento sin rencores ni revanchas del vencido que confía en el vencedor. ¿Les suena?, a mí tampoco.

Cuando, y hablo ahora de España, la forma, torticera y desilusionante, de aplicar el voto conlleva la degradación del ciudadano a mero objeto votante, sin que exista una representatividad directa, sin que exista un compromiso adquirido por el votado respecto a los que lo votaron, sin que exista ninguna opción de reclamar a los elegidos por parte de sus electores, porque ni hay correlación, ni hay voluntad, ni hay complicidad, la democracia se convierte, se ha convertido de hecho, en un término técnico sin ningún prestigio real en la calle.

“Cuando, y hablo ahora de España, la forma, torticera y desilusionante, de aplicar el voto conlleva la degradación del ciudadano a mero objeto votante, sin que exista una representatividad directa”


La introducción de las ideologías en el juego democrático, de los partidos que las representan, a ellas y no a los ciudadanos, como única opción de representatividad, solo hace aún más espeso, más artero, taimado y desilusionante el sistema. El ciudadano es manejado, es utilizado, es olvidado en los tejemanejes institucionales sin que nadie pretenda tener en cuenta su opinión, sus sentimientos o su voluntad. El sistema electoral español está especialmente diseñado para eliminar cualquier tipo de representatividad real, para cercenar de raíz cualquier posibilidad de reclamar a los prepotentes, teóricos, representantes del pueblo cualquier responsabilidad por sus actos o exigirles la representación real de la voluntad popular.

Mientras unos se dedican a decirle a los ciudadanos lo que tienen que pensar para poder ser personas de bien, otros se dedican a buscar el mayor beneficio de ciertas élites próximas. Mientras unos trabajan por una uniformidad moral según sus particulares criterios, otros promueven una deformidad moral en la que nadie pueda sentirse capaz de demandar rigor de ningún tipo. Mientras unos dicen actuar por el bien de la humanidad y su futuro, los otros dicen exactamente lo mismo. Eso sí, todos, sin excepción, pretenden decirle a los ciudadanos que deben de hacer, de pensar, de votar y ninguno, absolutamente ninguno, está interesado en escuchar lo que realmente piensan los votantes, los pretenciosamente llamados ciudadanos.

Esta insostenible falacia representativa conlleva el desprestigio, la sospecha, la denigración irremediable del concepto de democracia. Y tal vez no sea inocente.

El ciudadano, en realidad, y dados los recortes de sus derechos y el secuestro de su voz, el votante o contribuyente según las necesidades del momento del sistema, no tiene ya más capacidad, respecto a su entorno, que elegir cada cuatro años entre unas siglas herméticas y monocordes, seguidas de unos nombres, en su mayor parte desconocidos, que saldrán elegidos según unos complicados procesos matemáticos y unos repartos ininteligibles de representantes según la utilidad política de una ley electoral donde lo único que no se contempla es el derecho del ciudadano a elegir a quién tiene que representarlo y el acceso al nombre y apellidos de aquella persona a la que debe de dirigirse para atender sus problemas o necesidades, ya que los elegidos votarán según su ideología de forma unánime y sin preocuparse ni por un momento de aquellos que los votaron o sus verdaderas opiniones.

“El ciudadano, en realidad, y dados los recortes de sus derechos y el secuestro de su voz, el votante o contribuyente según las necesidades del momento del sistema, no tiene ya más capacidad, respecto a su entorno, que elegir cada cuatro años entre unas siglas herméticas y monocordes”


Llevo años clamando por las listas abiertas, por la circunscripción electoral única. Voy a empezar a clamar, en el desierto, ya lo sé, por la necesidad de incluir el referéndum para ciertos temas en los que la ideología no es un parámetro válido para secuestrar la voluntad ciudadana, suponiendo que la los ciudadanos no sea ya una especie extinta.

La bochornosa, la alienante, la repugnante escena de la votación en el parlamento sobre las enmiendas a la PPR (Prisión Permanente Revisable), en la que diferentes facciones de teóricos representantes de la población de este país  hicieron una demostración patética de lo poco, lo nada, que les importa la verdadera voluntad popular utilizando, haciendo escarnio, de hechos absolutamente aberrantes y luctuosos para su propio beneficio electoral, para su propio enaltecimiento moral, para su propia justificación, injustificable, salarial, me lleva a pensar que los ciudadanos, pocos o muchos, que aún quedamos en este país tenemos una absoluta orfandad de representación pública.

Votamos y callamos. Pagamos para que no nos representen y callamos. Nos llaman populistas, fascistas, vengativos, o cualquier otra cosa, y callamos. Nos despojan de los derechos más básicos y callamos. Legislan contra nuestros intereses, contra nuestra voluntad, y callamos. Y callamos. Y callamos. Y callamos, y ya no esperamos nada.

Huérfanos, frustrados, amargados y callados.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

La desmemoria histórica

Leymoria

Leymemoria

Hay temas a los que es difícil acercarse con ecuanimidad, y mucho más que esa ecuanimidad te sea reconocida por alguien. Y lo es, fundamentalmente, porque en el mundo en el que nos desenvolvemos se ha sustituido la ecuanimidad por la equidistancia. Es mucho más sencillo colocarse de perfil y no darle la razón a nadie, y así de paso no tener que definirse. El problema es que la equidistancia es, en primer lugar, cobarde, pero, sobre todo, profundamente injusta.

Si, además de todo, el tema es de los que se tratan habitualmente con una visceralidad digna de mejor fin, entonces ya sabes, cuando tecleas las primeras letras, que nadie va reconocer el esfuerzo de dejar las tripas fuera, alejadas de los dedos.

Y viene toda esta introducción a que paseando el otro día por un pueblo castellano, de los de carámbano en la nariz y sopa castellana para combatir el frío, vi en  la torre de una iglesia, ya desacralizada, una lista de nombres tachados groseramente, con pintura, pero en la que aún se podían leer parte de los nombres, algún apellido, total o parcialmente, como si quién hubiera perpetrado el acto de desmemoria quisiera ensañarse haciendo que esta fuera, con ánimo de afrenta a los muertos y a los vivos que pudieran sentirse  señalados, un permanente recuerdo al hecho de borrarlos. A nadie le gusta que se intente borrar la memoria de un familiar, ni aunque sea un asesino. A nadie le apetece que sus apellidos sean tratados con ignominia o saña, ni aunque los haya llevado alguien que pueda merecerlo.

La aplicación torticera y partidista que algunas personas, y algunos colectivos, están haciendo de la ley de memoria histórica se parece más a un revanchismo ideológico o a un deseo de perpetuarla para ganar a base de actos de odio una guerra que ya se perdió hace muchos años y ya nunca podrá ganarse ni donde han de ganarse las guerras, ni en ningún otro lugar porque la única victoria posible es el olvido de las barbaries.

“La aplicación torticera y partidista que algunas personas, y algunos colectivos, están haciendo de la ley de memoria histórica se parece más a un revanchismo ideológico”


Parece ser que los que no participaron en aquella contienda fratricida y terrible quieren volver a librar las batallas desde unas trincheras ideológicas que solo entienden de parte, pasando por encima de los muertos que fueron e incluso de los vivos que quisieran que finalmente se haga la paz. No podemos hacer de una guerra devastadora moral y económicamente que duró tres años una permanente sombra en nuestras  vidas y la referencia constante para descalificar a cualquiera que piense diferente. No hay sociedad que lo resista.

Nunca he logrado creer que fuera una guerra de buenos contra malos. No lo creí cuando me lo intentaron enseñar, en el colegio, algunos de los que la habían vivido y no lo creo ahora cuando algunos que no la vivieron intentan obligarme a pensarlo.

Ni todos los que estuvieron en el bando golpista eran unos fascistas asesinos ávidos de sangre, ni todos los del bando republicano eran unos inocentes represaliados. Como en el dicho, en todas partes cuecen habas. Lo primero que debería de lograr la ley de memoria histórica es que no haya ni un solo muerto olvidado. En ninguna cuneta, en ninguna pared de ninguna iglesia, en ningún monumento o calle, y, en lo posible que todos los muertos tengan la historia que les corresponde, no por ideología, si no por hechos que es la única memoria que debería de interesarnos.

A mí me encantaría encontrarme en cada pueblo, en cada lugar, una placa, un monumento en el que se relacionaran todos los muertos del lugar, sin importar bandos, ideologías, familias o posición social. Y al lado otra de los asesinos, de los que se dedicaron en ambos bandos a represaliar y matar a sus vecinos, también todos juntos, sin importar bandos o ideologías, con las barbaridades más destacadas en su haber para mayor escarnio y memoria. Cuando los inocentes estén juntos y los asesinos a un lado, posiblemente habremos erradicado esta inclinación a la memoria de parte que en realidad pretende ser una desmemoria, o una batalla más de una guerra que algunas partes, por interés, se niegan a dar por acabada.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Un oportunista llamado Rivera

Albert Rivera Y Inés Arrimadas

Albert Rivera Y Inés Arrimadas

Una de las cosas peores que hay en política es la de quien se sube al carro aprovechando la oportunidad del momento para sacar  la mayor rentabilidad de ello, actitud que en más de una ocasión ha protagonizado y, permítanme la expresión, el falso o farsante Albert Rivera, el hombre de centro, según él, que más a la derecha no pueda estar.

 

 Ya lo demostró con su apoyo a la envestidura de Rajoy, dándoselas de hombre de Estado, para permitir la gobernabilidad del país, aunque de vez en cuando pretenda correr una cortina de humo con sus críticas a determinada acciones del gobierno que, al final permite en su connivencia con aquel, por lo tanto cómplice también de ellas, incluso, tal vez, como colaborador necesario ya que, sin su apoyo, determinados desmanes del PP tendrían freno.

Así es Rivera, un oportunista que me recuerda a muchos de los que he conocido en mi activismo político, si es que así se puede llamar a mi paso fugaz por algunas militancias políticas, pensando en cambiar el mundo, creyendo en personas que, al final, resultaban ser lo mismo que criticaban.

Hoy día no creo en nadie. Ningún político me ofrece la confianza plena para que yo le dedique un minuto de mi tiempo, pudiéndose decir que me he convertido en un ácrata recalcitrante, que lo único que defiende es la libertad de pensamiento y el respeto a quienes no piensan igual que yo; actitud que en determinados momentos no es fácil de mantener cuando te encuentras en el camino a ciertos seres con actitudes fanáticas y seguidores de ideologías descafeinadas o de moda, que cada vez son más, pero que, cuando rascas un poco, te das cuenta de lo que son, perros fieles a sus amos y faltos de criterio.

A veces he preguntado a personas de derechas el porqué de su “seguidismo” político, sin saberme dar una razón convincente. Les he preguntado por su ideología, y lo único que he obtenido han sido ambigüedades o absurdeces en las que incluso mezclan religión y política. Les he pedido que me definan el liberalismo que practican, confundiendo liberal con libertad… Claro que, al preguntar a los de izquierda, no han sido muy diferentes a los que tienen enfrente, o mejor dicho a los que están enfrentados; sin saber lo que es el socialismo, y mucho menos practicarlo.

Luego están los social-demócratas, como se autodenominan ellos, a los que yo llamo descafeinados con leche desnatada, en donde sitúo a los de Albert Rivera, quienes se mueven dependiendo de donde venga el viento, tal y como han demostrado en la última manifestación y huelga feminista del pasado 8 de marzo, sobre cuya convocatoria se convirtieron en los más críticos, con Arrimadas, la única mujer con más mando en el partido a la cabeza que comparó la huelga a un “picnic comunista en la plaza de Moscú”; pero que no tardó en ensalzar su gran triunfo, como así ha sido a nivel mundial, al día siguiente de su celebración, como una victoria de las mujeres entre las cuales se situaba ella.

“Luego están los social-demócratas, como se autodenominan ellos, a los que yo llamo descafeinados con leche desnatada, en donde sitúo a los de Albert Rivera, quienes se mueven dependiendo de donde venga el viento…”

Debería darles vergüenza este tipo de prácticas, sobre todo cuando llevan aparejadas ciertos juicios morales, como si ellos fuesen los único portadores de la moralidad política; cuando distan mucho de ser políticos inmaculados, como así puso de manifiesto el Tribunal de Cuentas respecto a su financiación irregular en sus inicios parlamentarios en Cataluña; sino más bien los representantes de una farsa política de oportunismo sin límites.

Y, como siempre, muchos de los que depositan su voto a favor, creyéndose las mentiras de tanto sinvergüenza que se suben al carro del oportunismo, del mamoneo sin límites, ases de la manipulación ideológica, entre los que se sitúa Rivera y su lugarteniente Inés Arrimada. Tal vez esta sea la forma de triunfar en la política, vendiendo farsas al pueblo, poniéndose medallas ganadas por otros, haciéndose pasar por hombres y mujeres de pro, cuando en realidad huelen igual de mal que a los que critican.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La guerra de los pensionistas

pensiones justas
Después de haber vaciado la hucha de las pensiones a Rajoy no se le ocurre otra cosa que contestar a los pensionistas que razonablemente protestan por las ridículas subidas de aquella, que no puede prometerles una subida mayor porque sería mentirles y crearles falsas esperanzas. Y, así, sin más da por zanjado el tema o, al menos, lo pretende.

Cuando un amigo mío bautizó como Don Tancredo a Rajoy, dio en el clavo. Un monigote sometido a la suerte de los acontecimientos, alguien incapaz de planificar nada, de buscar soluciones con visión de futuro. Su incapacidad de gobernar el país ya la he demostrado en reiteradas ocasiones, sólo sabe seguir las pautas que le marcan desde Europa de contención del gasto y de recortes que han demostrado que poco contribuyen a la recuperación económica.

Algunos saldrán con el cuento de que lo afirmado es mentira, que el país se recupera económicamente, que vamos en buena línea y que la mejor muestra de tener un presidente que sabe lo que se hace ha sido la imposición del artículo 155 en Cataluña para evitar el fraccionamiento de España. Que cantidad de falacias, un patriota que gobierna a base de la imposición y de mano dura, porque es incapaz del dialogo, convirtiéndose en un insensato, igual que lo son los independentistas.

Rajoy, sobradamente ha demostrado que su cabeza no funciona del todo bien, no solamente por esas ausencias, frases inconexas o tics nerviosos que delatan su gran capacidad para mentir con un giño del ojo izquierdo. También, los hay, que quieren demostrar que es una persona sobradamente preparada para el cargo, resaltando su inteligencia por haber sacado el número uno en la oposición de registradores de la propiedad, cuando en realidad su única virtud es el haber sido un empollón, un autómata de repetición, cualidad que aún preserva repitiendo consignas y mentiras, con el único fin de convertir  la mentira en verdad a base de repetirla una y mil veces.

Pero, centrando el tema, que no es otro que el de las pensiones, obligado a tratarlo ante la lucha iniciada de los pensionistas por una pensión digna que les permita llevar una vida digna,  ganada después de una larga vida laboral, donde religiosamente han  cotizado, precisamente, de cara a sus derechos pasivos.

En definitiva, los pensionistas no hacen más que pedir lo que les corresponde, lo que se han ganado a base de un esfuerzo continuado, algo muy distinto a lo que pasa con la clase política con derecho a pensiones de oro, aunque eufemísticamente las llaman complementos a la pensión, sólo por el mero hecho de haber cotizado durante siete años, cuando a los ciudadanos que los han elegido se les exige treinta y ocho años y medio. Si ya de por sí, este agravio comparativo duele, aún duele mucho más que el Presidente del Gobierno se quede tan fresco, o peor aún, tenga remordimientos de mentir a los ciudadanos, cuando en él es ésta la tónica general; mentiras, mentiras y más mentiras.

“los pensionistas no hacen más que pedir lo que les corresponde, lo que se han ganado a base de un esfuerzo continuado, algo muy distinto a lo que pasa con la clase política con derecho a pensiones de oro sólo por el mero hecho de haber cotizado durante siete años”

Rajoy no puede hacer la promesa de la subida las pensiones porque él mismo ha propiciado la falta de fondos para este fin. Ahora bien, si sigue habiendo dinero para mantener duplicidades de funcionamiento en servicios públicos, para el pago de personal de confianza que los políticos utilizan para su asesoramiento, o para mantener los altos sueldos de la clase política en general, a excepción de Concejales en pequeños municipios, donde la falta de recursos para una gratificación acorde a su trabajo es imposible, pone de relieve que son los únicos que pueden desempeñar vocacionalmente su cargo dentro esta clase que hoy día se nos muestra como indigna por los innumerables casos de corrupción y por los resultados de su gestión; amén de otros desmanes donde los políticos gastan los impuestos buscando no el bien común o general, sino la rentabilidad política de cara a su reelección en futuros comicios electorales, aferrándose de esta manera al sillón igual que los  ixodoideos o garrapatas se agarran a su huésped para vivir chupándoles la sangre, con la única diferencia que éstas solo lo hacen durante dos meses que dura su vida y los políticos, si pueden, durante toda su vida.

Dinero hay, el problema es donde se gasta, o dicho de otra manera, las preferencias que la clase política marca para delimitar el gasto público, entre las que parece no estar los jubilados y sus pensiones, tal vez porque consideren que no son lo suficientemente importante o, porque debido a su esperanza de vida no constituye un problema grave de futuro y, también porque como son viejos no tienen suficiente fuerza para luchar por lo que consideran justo.

Pues, mire por donde, Sr. Rajoy, que precisamente porque son viejos son más sabios. Como dice el refrán que el diablo sabe más por viejo que por diablo, perdón por la comparación, así le pasa a nuestros mayores, su dilatada vida ha contribuido a que su experiencia sea mayor que la de muchos jóvenes y no tan jóvenes que parece que se comen el mundo siguiendo, la mayoría de las veces cual meros borregos, consignas de políticos o movimientos sociales, sin pararse a pensar por ellos mismos.

Nuestros mayores, los viejos, como muchas veces los denominamos, no han nacido en los árboles siendo como son ahora…, no, ellos han sido también jóvenes con inquietudes muy parecidas de las que presumen ahora la juventud, nada nuevo se ha inventado, ellos son como un buen vino de reserva cuyos sabores y aromas mejoran o se potencian con el paso del tiempo. No son tontos, ni mucho menos y, precisamente porque no lo son, no permiten que los traten como tales, además de porque disponen de tiempo libre, ganado al igual que sus pensiones, no les importa luchar de forma activa por sus pensiones y, estoy convencido que así lo van a hacer,  sin tregua, con igual o quizá más valentía que quienes protagonizan otras demandas sociales.

Es por ello que no les basta que este Don Tancredo diga que no les puede prometer lo que no puede cumplir, porque eso no es verdad, sí se puede, primero haciendo un reparto más justo de la riqueza; segundo que la carga fiscal sea proporcional a la riqueza y recursos económicos de los contribuyentes y, en tercer lugar, marcado prioridades del gasto, entre las cuales, obviamente deben estar las pensiones, porque de otra forma estaremos ante un fraude a los pensionistas en activo que, dicho sea de paso, se han convertido en muchos casos en héroes anónimos al tener que tirar de toda la familia, hijos y nietos, por la grave crisis del mercado laboral, con pensiones, la mayoría ni siquiera mileuristas; pero también, sería un fraude a todos los trabajadores, por las deducciones que se hacen de su sueldo para garantizar su futuro.

Pero, como en todo tipo de protesta social, el número es muy importante, porque cuantos más seamos los que luchemos, mejor se oirá nuestra voz; de manera que, la lucha por las pensiones no sólo debe ser cosa de los jubilados, sino también del resto de ciudadanos, con el único objetivo no sólo de recuperar ese sistema público de pensiones que fue un ejemplo para muchos de los países de nuestro entorno geográfico, con pensiones dignas, no  dando de ganar a la banca con planes privados de pensiones, esa misma banca que se ha lucrado del dinero de todos los españoles en un rescate financiero que nunca recuperaremos a pesar que el Sr. de Guindos prometiese lo contrario.

Está bien visto que mentir es lo que saben hacer nuestros políticos, pero en este caso de poco les va a servir, porque quienes se han puesto en pie de guerra no piensan ceder ante el chantaje y su voto vale mucho, demasiado para que la balanza de gobierno se incline de un lado o de otro. Así que ojo, señor Rajoy, en este caso me parece que son los pensionistas los que tienen la sartén por el mango y el mango también.

 

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

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