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Rajoy, como ayer, mientes hoy

Prometes y engañas como has hecho siempre, incumpliendo las promesas electorales, lo firmado con tu partido satélite, el naranja, con el que llegaste a firmar un documento sobre la corrupción y expulsión de corruptos en la política, incumplido reiteradamente, pero los naranjas siguen sumisos, aunque de vez en cuando vociferen para justificar, y con un partido de la oposición atado con el lastre de sus antiguos dirigentes, defensores de su actual posición privilegiada antes que en defender el interés de la población, al que ahora le ofreces un pacto de reforma constitucional, que dilatarás como tantas otras propuestas hasta las próximas elecciones, donde volverás a tus orígenes, la falacia, porque nunca has tenido la intención de mover un ápice  de traicionar tus ideales por muy demócrata que digas ser, la imagen que ofreces es la de un sucedáneo de la dictadura. Has parado en el Congreso, con tu partido satélite, la condena de las salvajes agresiones fascistas en Valencia y en tu subconsciente seguro que aplaudías la concentración de los mismos portando la enseña fascista en Sol.

Utilizas bien a los herederos de las mayores represiones durante y posteriormente a nuestra incivil guerra, la Falange, utilizándola de punta de lanza represora en la actualidad, seguramente ordenando pasividad a las F.O., las mismas que en Cataluña actuaron de forma diferente; tienes a un bocazas como portavoz, esputando improperios y amenazar con el fusilamiento, a la sinrazón de Puigdemont, presidente de una comunidad elegido democráticamente, sin reprocharle ni destituirle, con la pasividad de otros partidos del Congreso de los Diputados.

 

“tienes a un bocazas como portavoz, esputando improperios y amenazar con el fusilamiento, a la sinrazón de Puigdemont,”


Y con el grito de “no nos engañan, Cataluña es España”, has presidido un desfile que debería ser día de la Hispanidad, y donde por primera vez ha desfilado la PN junto al Ejército, demostración palpable de tu origen, la dictadura,  día de la Hispanidad que ha servido desde 1939 para demostrar cual es el apoyo del Jefe de Estado o del presidente de la Nación, postura propia de gobiernos dictatoriales en la actualidad como la denostada Corea, o la menos criticada China. O como la vergonzosa postura, sin réplica, del desfile en Londres su Ejército en 1982 tras la guerra de Las Malvinas, también un 12 de octubre, forma de humillación a toda la Hispanidad, en respuesta a un simulacro de invasión y guerra de la decrépita dictadura Argentina. Aquel 12 de octubre fue 16 días antes de llegar al poder  el PSOE, desbancando en el gobierno a los continuistas de 1939 representados por la UCD y Alianza Popular, pero que también mantuvieron los desfiles militares en lugar un acto de representación con los 21 países de habla hispana, incluyendo las banderas de nuestra autonomías y la de otros países donde hablen más de 10% el español en lugar de sables y armas propio de triunfos militares y que solo se hacía tras victorias renombradas desde el Imperio romano hasta las Guerras Mundiales.

José Enrique Centén Martín
Nacido en Tánger (Marruecos) en 1952, de abuelos andaluces emigrados a Marruecos en los años de hambruna del XIX. Madrileño de adopción desde 1961. Sólo bachiller elemental, desde los quince años trabajando. Perseguido, encarcelado y amnistiado en 1976, siempre junto a los más desfavorecidos, es lógico. Entré en la Universidad por mayores de 25 años en el 2010, he estudiado Historia en la UCM, incluso he escrito un ensayo“El Estado participativo”, jubilado parcial desde el 19 de marzo de 2012.

Cataluña: ¿Qué hará Francia si Madrid pierde el control?

 

A raíz del referéndum ilegal sobre la independencia de Cataluña, los habitantes de la comunidad autónoma tendrán que arrostrar un futuro lleno de tensión e incertidumbre. Los acontecimientos de los últimos días, sobre todo la (falta de) actuación por parte del gobierno de Mariano Rajoy frente al desafío secenionista, sólo han agravado la situación, permitiendo que se produzca una crisis constitucional no vista en España desde el fallido golpe de estado de 1981. Sin embargo, la cuestión catalana no atañe únicamente al Estado español, sino, por razones históricas y geopolíticas, también está en el punto de mira de los gobernantes de la República francesa.

 

Los intereses estratégicos de Francia en Cataluña se podrían cristalizar en los siguientes puntos:

 

El irredentismo catalán

 El actual departamento francés de los Pirineos Orientales está constituido por los antiguos condados catalanes del Rosellón, el Vallespir, el Capcir, el Conflent y la Alta Cerdaña. La Corona de Aragón cedió la mayor parte de estos territorios a Francia en 1258, en el Tratado de Corbeil, mientras la provincia del Rosellón pasó a manos francesas en 1659, a causa del Tratado de los Pirineos. La región históricamente estaba poblada por gentes de habla catalana y occitana, pero a partir del siglo XVIII la centralización estatal impuso el uso del francés. Hoy día, sólo una minoría habla catalán, aunque la cultura y las tradiciones catalanas siguen vigentes. Cataluña del Norte – usando un término acuñado por Alfons Miàs, el padre del catalanismo en el Rosellón francés – forma parte de las reivindicaciones territoriales del irredentismo catalán. Por lo tanto, Francia no puede permitir la escalada del conflicto en Cataluña y actuará para proteger su integridad territorial.

Andorra

El Principado de Andorra, el único país soberano cuya lengua oficial es el catalán, se caracteriza por  su peculiar forma de gobierno, siendo un coprincipado. Es decir, la jefatura del Estado recae en la figura del copríncipe español, el obispo de Seo de Urgel, y del copríncipe francés, el presidente de la República Francesa como heredero de los derechos de los Condes de Foix. Al igual que la llamada Cataluña del Norte, el microestado pirenaico también forma parte del concepto de los Países Catalanes, y como tal es un objetivo de las reclamaciones territoriales del pancatalanismo.

 

La reagravación del conflicto vasco

 El éxito – aunque sea parcial e inconcluso – del independismo catalán amenaza con la reagravación de otro desafío histórico en las relaciones franco-hispanas. Lo que es Cataluña del Norte para el catalanismo, lo es Iparralde al suroeste de Francia para los partidarios de una Euskal Herria unida e independiente. Durante décadas, el País Vasco francés sirvió de retaguardia y de base operacional para los etarras, y las últimas comunicaciones del grupo terrorista vasco no hacen más que confirmar los paralelismos entre los objetivos de los separatistas vascos y catalanes. Desde el punto de vista del Estado francés, es de vital importancia prevenir en su territorio un posible resurgimiento de las actividades ilegales de ETA.

 

Un estado gamberro en el talón de Francia

 La independencia de facto de Cataluña o la permanencia de conflictos violentos, en el caso del fracaso del intento separatista, significarían la presencia de una entidad semigamberra en el talón de la República Francesa. Un estado catalán autoproclamado, sin reconocimiento internacional y en constante conflicto con el Reino de España, no estaría en condiciones de controlar su territorio y sus fronteras. Quienquiera que tenga la mano superior en Cataluña, sus fuerzas de seguridad estarán ocupadas manteniendo el orden en las calles y controlando el descontento de una parte significativa de la población. Semejante situación caótica convertiría la comunidad autónoma en un imán para el crimen organizado, incluyendo el tráfico de drogas, armas y personas. Para remate, Cataluña es el epicentro del islamismo radical en España, así como lo han demostrado los recientes atentados en Barcelona, la prevención de futuros ataques terroristas requeriría, incluso en circunstancias normales, un mayor esfuerzo y coordinación policial. Francia, tras haber sufrido varios golpes en su propio territorio, no podrá tolerar la existencia de un nuevo nido yihadista cerca de sus fronteras.

 

Intervenciones rápidas y bien enfocadas

La prensa francesa, sobre todo los medios con un perfil ideológico de izquierdas, ha condenado la operación policial contra la consulta ilegal sobre la independencia, no obstante, el Palacio del Elíseo hasta ahora ha guardado silencio. Desde luego, el presidente Macron no contemplará la posibilidad de una intervención militar en Cataluña, pero eso no quiere decir que el servicio de inteligencia francés no observe y monitorice con ojos de gerifalte el desarrollo de la situación al sur de las fronteras de su país. No cabe la menor duda de que, en el caso de la agravación del conflicto político-constitucional en Cataluña, los agentes franceses tomarán las medidas necesarias para proteger los intereses del país galo. Las intervenciones francesas serán breves y estarán dirigidas a objetivos específicos.

“No cabe la menor duda de que, en el caso de la agravación del conflicto político-constitucional en Cataluña, los agentes franceses tomarán las medidas necesarias para proteger los intereses del país galo”


Entre los posibles pasos cabe mencionar el cierre de la frontera franco-catalana. Si Cataluña queda de facto excluida de la zona de Schengen, Francia, con el objetivo de parar el contrabando de drogas, armas y el influjo de inmigrantes ilegales, se verá obligada a suspender la libre circulación de personas y bienes procedentes del territorio catalán. Si el Estado español se retira de los pasos fronterizos, las fuerzas francesas tomarán control de las posiciones clave, aunque eso implique incursiones en zonas que, según el derecho internacional, seguirán siendo territorio español.

Al mismo tiempo, París reforzaría su presencia en Andorra para evitar un posible golpe de Estado pancatalanista y, si es necesario, someterá a su control directo el microprincipado.

Si, debido al caos interno, Cataluña se convierte en un santuario del terrorismo y del crimen organizado, las fuerzas especiales de Francia tendrán que intervenir directamente en tierras catalanas. Se trataría, principalmente, de capturar o neutralizar a terroristas u otros elementos criminales. Tanto el Ejército Francés como la Legión Extranjera han acumulado una amplia experiencia con misiones similares en África. Esas acciones serán secretas, breves, rápidas y bien enfocadas y probablemente tendrán lugar con el consentimiento tácito del Gobierno español y/o de la Generalidad de Cataluña.

Por supuesto, Francia no va a hacer el trabajo sucio de Madrid y tampoco va a restaurar el orden constitucional en Cataluña, pero hará todo lo posible por frenar la escalada del conflicto y por proteger sus intereses estratégicos. Justamente lo que España no parece ser capaz de hacer.

 

 

 

 

MiKlós Cseszneky
Húngaro-británico de lejanas raíces aragonesas. Experto en relaciones internacionales, profesor de idiomas, consultor y coach.

Éramos pocos y parió la abuela, cuando los extremos se tocan.

Éramos pocos y parió la abuela, dice el dicho. ¿A quién alimenta la extrema izquierda? A la extrema derecha. ¿A quién alimenta la extrema derecha? A la extrema izquierda. Dios los cría y ellos se juntan, sigue diciendo el saber popular, que sabe mucho, aunque sea de forma parda. También se dice que los extremos se tocan haciendo referencia a que llegados al extremo es difícil separar los métodos y los fines, aunque para lo que nos ocupa  habría que decir que los totalitarismos se tocan.

Era inevitable, yo creo que en realidad estaba perfectamente previsto por los estrategas al uso, que la presión sobre España, antes o después, haría salir el sentimiento español que el pueblo guarda para los deportes y algunas, pocas, ocasiones más. Y cuando aflorara ese sentimiento de reivindicación patriótica, habitual en todos los pueblos del mundo, sucedería algo que solo sucede en España, usar la resaca postfranquista para identificar español y fascista, para identificar los símbolos y reivindicaciones del estado con un movimiento heredero del Movimiento que en su día Franco utilizó para apoderarse de los símbolos de todos.

Y ya puestos en esta tesitura era fácil suponer, y ha sucedido, que la dormida extrema derecha nacional sacara la cabeza para reivindicar un protagonismo que nadie le ha conferido y que nadie le debería de reconocer. Pero, al igual que la CUP en la parte catalana, los fascistas de signo contrario en la parte española se retroalimentan y justifican mutuamente.

Hablan los unos de trabajadores, de cooperativismo, de desobediencia, de anticapitalismo, de libertad, de romper el sistema para erigirse ellos en sistema y laminar cualquier atisbo de libertad o democracia. Hablan los otros de unidad, de grandeza, de raza y de libertad, de romper el sistema para erigirse ellos en salvadores de la patria, patria única sin atisbo de libertad o democracia. Hablan ambos, como si fueran diferentes siendo los mismos, de cómo el mundo sería mejor como ellos lo conciben, eso sí sin consensuar ese mundo con nadie más que con ellos mismos e imponiéndolo por los métodos que consideren necesarios, purgas, asesinatos, pensamiento único, represión a todos los niveles.

Hablan de distintos valores, tienen distintas banderas, cantan diferentes canciones y reclaman al pueblo como propio sin otro fin, común, que imponerle su moral, su sentido político y su élite, para sojuzgarlo.  No nos engañemos, recurramos al refranero para saber que son los mismos perros con distintos collares. Tanto unos como otros no buscan otra cosa que imponernos su Verdad, la que les confiere el grado de elegidos y las prebendas de los salvadores indiscutibles.

Es fácil, en medio de la algarada, en medio de las reivindicaciones, identificarnos con esos tipos simpáticos, descarados, osados,  que llevan lo que estamos pidiendo hasta un poco más allá de lo que nosotros nos atrevemos y nos hacen cómplices de su actitud desafiante y sin resquicios. Sí, es fácil que nos caigan simpáticos y que los jaleemos y nos hagamos unas emociones compartidas. Es tan fácil como difícil es darse cuenta de que cuando nosotros queramos parar ellos seguirán adelante y acabarán convirtiéndonos en sus enemigos y, llegado el momento, en sus víctimas.

Yo no puedo pedirle a los catalanes independentistas que se separen de la CUP, no se lo puedo pedir porque hace ya tiempo que se pusieron en sus manos, que les permitieron elaborar y dirigir sus estrategias y no les van a permitir que le pongan límites a su guerra en la que han logrado implicar a los dirigentes que deberían de haberles puesto coto. Por interés, puede, al principio, ahora porque no tienen más remedio.

 

“Pero si puedo pedirle a todos los ciudadanos que de buena fe salen a la calle dispuestos a demostrar su sentido de españolidad sin anclajes políticos, sin afanes rememorantes, sin nostalgias de pasados difícilmente deseables,”

Pero si puedo pedirle a todos los ciudadanos que de buena fe salen a la calle dispuestos a demostrar su sentido de españolidad sin anclajes políticos, sin afanes rememorantes, sin nostalgias de pasados difícilmente deseables, que no compartan, que no jaleen, que no toleren a los que aprovechan el río revuelto para mejorar como pescadores. Todo en la vida tiene un límite, y el de los ciudadanos debe de estar donde empiezan los extremos. Además hay que tener en cuenta eso mismo que el pueblo ha acuñado como frase referente: “dime con quién andas y te diré quién eres”, o quién acabarás siendo. Negaros siempre a ser cómplices, simpatizantes, colegas de calle, de aquellos que no tienen otro fin que el suyo y se aprovechan de vuestro ruido, de vuestro sentimiento y de vuestra presencia, para hacerlos de su propiedad. Para justificarse.


Frente al totalitarismo, democracia. Frente a libertad condicional, libertad real. Frente a pueblo, ciudadanos. Frente a intolerancia, fraternidad. Frente a ellos, nosotros, que somos más y mejores.

Y, puestos a no poner de mi parte ni una sola idea original, quisiera rematar esta reflexión con aquella frase que solía decir el Hermano Lobo: “El que avisa no es traidor, es avisador”. Pues eso, que en todas partes cuecen habas.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Ahogándose en la orilla, la alergia a ser Estado

No sé, porque mis conocimientos sobre la mente y sus trastornos no me lo permiten, si el trastorno que sufre el PSOE es una paranoia, una esquizofrenia, o un trastorno bipolar, pero lo que si tengo claro es que sea lo que sea lo hace débil, quebradizo y poco fiable. Eso y que todos esos males los traslada a la sociedad a la que debería representar como partido más votado de la oposición en unos momentos más que delicados para el país.

Hace poco que comentaba que el proceso catalán, su planteamiento, su evolución, eran un salvavidas al que podría agarrarse la izquierda para reconectarse con esa población mayoritaria y sin ideología predeterminada que es con la que se ganan las elecciones. Esa mayoría, en general silenciosa pero determinante, que se siente cómoda con la monarquía, insatisfecha con la corrupción pero sin que la obsesione, identificada con los signos del estado y feliz con la forma de vivir en España. No son nacionalistas, no son, ni muchos menos, fachas, pero les molestan las posiciones equivocas, las pitadas al signo, el continuo cuestionamiento de la historia de la que se sienten moderadamente orgullosos, o los planteamientos equívocos respecto a los valores que respetan y con los que se sienten identificados.

El problema, el maldito problema, es que la simplicidad del mecanismo del salvavidas hace que no venga acompañado de un manual de instrucciones. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que el salvavidas, el clásico flotador de toda la vida, se pone en la cintura y se usa en el agua con la cabeza hacia arriba. Alguien en la izquierda española no tiene dos dedos de frente y ha decidido usarlo invertido, con la cabeza dentro del agua y los pies en alto, y se están ahogando sin alejarse de la orilla.

Ante la crisis catalana el PSOE ha demostrado, una vez más, que engloba a dos partidos cuya coexistencia no tiene otro fin que el sumar votos y, o, considerarse herederos de unas siglas a las que están desprestigiando. Basta con oír las declaraciones, con darse una vuelta por las redes sociales, para observar dos posturas absolutamente dispares, irreconciliables, respecto a cualquier cuestión que se plantee.

“Ante la crisis catalana el PSOE ha demostrado, una vez más, que engloba a dos partidos cuya coexistencia no tiene otro fin que el sumar votos y, o, considerarse herederos de unas siglas a las que están desprestigiando. “

Hay un PSOE institucional, con sentido de Estado y compromiso con la sociedad que conecta con esa mayoría de la que hemos hablado pero que carece del apoyo de la mayoría de los militantes, un partido que ha perdido la confianza de sus bases y al que muchos de ellos, los más radicales, y con esa facilidad instalada entre nosotros para insultar a cualquiera que disienta aún a costa de vaciar de contenido el insulto, tildan de facha, y hay otro PSOE más marginal, levemente radical, con regusto postfranquista que se siente incómodo con cualquier identificación nacional y que se siente más cerca de PODEMOS que de sus propios, teóricos, correligionarios. Este último es el que controla ahora el aparato del partido y el que se aleja cada vez más de los votantes neutrales y le lleva a cometer errores tan tremendos como la moción de reprobación precipitada, innecesaria y absolutamente inoportuna, a la vicepresidenta del gobierno en un momento en que mantener el bloque es prioritario sobre las ideologías. Y eso se paga. Se paga con el desprestigio del  líder y el de las siglas a las que representan.

Siguen hablando de diálogo como única estrategia para reconducir la situación pero, planteado en tales equívocos términos, que es difícil saber si están contra el gobierno, contra la legalidad, contra las dos cosas, contra el presidente del gobierno, contra sí mismos, o simplemente tan necesitados de significarse que quieren ser la referencia moral de una situación imposible.

También sé que la manifestación de ayer es un toque de atención. Un toque de atención en el que el PSOE volvió a ponerse de perfil, recomendando la presencia de las personas pero remarcando la usencia del partido. ¿Por qué el partido no va? ¿Porque es más importante marcar los contras, que los pros? ¿Porque manifestarse bajo la bandera española es sospechoso de franquismo? ¿Porque tenemos que marcar las diferencias a costa de lo que sea?

No lo sé, pero sí sé algo con bastante convicción, mientras la izquierda siga anclada en su postfranquismo inútil, mientras no reivindique su sitio bajo los símbolos del estado que representan a la mayoría de la población, mientras jueguen a la élite moral que no escucha al pueblo al que dice representar, mientras no sea clara, madura y ejerza sobre la sociedad la docencia del progresismo y no la superioridad despectiva que le lleva a justificar sus fracasos como equivocaciones de los que tienen que votar, esta será una izquierda inútil para la sociedad, inútil para el país e inútil para el Estado. Esta izquierda será parte del problema, y parte importante. Bueno, para ser coherente, estas izquierdas.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

La chapuza continúa. Una independencia en diferido

La ambigüedad de Puigdemont en su declaración ante el Parlament de la independencia de la República de Cataluña, no sólo ha supuesto un jarro de agua fría para aquellos catalanes que votaron  sí en referéndum ilegal que él junto con el resto del bloque independentista convocaron y que se celebró el pasado 1 de octubre; sino que, además, ha supuesto la fractura del mismo en ese empeño en una independencia del todo imposible con el sistema constitucional vigente, reconducida con la firma de un manifiesto de compromiso con la república, que no deja de ser un punto y seguido de este sainete a la catalana. Ello, sin entrar a valorar el incumplimiento de las leyes ad hoc que ellos mismos aprobaron para dotar de cierta “legitímidad” a lo que, a todas luces no puede tenerla, mientras no se reforme la Constitución, que exige que dicha declaración sea votada en el Parlament.

La suspensión de la declaración de independencia, una especie de independencia en diferido, llevada a cabo por le President, con el fin de negociar con el Estado, no ha sido aceptada por sus socios de la CUP y Esquerra, por no estar dispuesta a ese diálogo con el que consideran enemigo de Cataluña. Un discurso que los verdaderos demócratas, entre los cuales me incluyo consideramos irresponsable al igual  que todas las actuaciones llevadas a cabo en este proceso independentista; puesto que lo único que pone de manifiesto es la radicalización de una izquierda catalana con muy poco sentido de Estado en un momento histórico en que las fronteras han sido abolidas dentro de la UE de la cual quieren seguir formando parte; debido a que lo que realmente buscan no son soluciones negociadas sino una declaración de guerra contra el resto de España.

Por mucho que se empeñen ciertos politólogos politizados, entre ellos el Secretario General de Podemos, de que no ha existido una declaración de independencia, habría que preguntarle el porqué se declara entonces una suspensión. Si fuera como él dice, entonces ¿qué se suspende?.

Puigdemont, no ha adoptado una postura ecléctica y de reconciliación,  como tratan de vendernos sus afines, sino una huida de una crisis sin precedentes en los últimos cuarenta años de la que él ha sido el principal protagonista, fragmentado la sociedad catalana, incluso la del resto de país, dividido entre quienes han  visto en  este proceso una forma de ataque a Rajoy y a su débil gobierno, o lo que es lo mismo una forma de desgastar la actual legislatura del Estado, y los que con un sentido patriótico, tal vez desmesurado, han decido declarar una guerra de banderas.

“Puigdemont, no ha adoptado una postura ecléptica y de reconciliación,  como tratan de vendernos sus afines, sino una huida de una crisis sisin precedentes en los últimos cuarenta años de la que él ha sido el principal protagonista”

Resulta evidente que la gestión sobre Cataluña llevada a cabo por el gobierno de Rajoy es absolutamente criticable, por no buscar soluciones negociadas a un conflicto territorial que se remonta casi al momento en que se aprobó con la Constitución una organización del territorio español basado en Comunidades Autónomas, debido, aunque algunos traten de negarlo, al hecho de su mayor participación a ese fondo de compensación territorial encaminado a corregir las desigualdades entre las distintas autonomías o nacionalidades que, conforme al texto constitucional, integran la indisoluble unidad de España. Un gobierno para el que la represión ha sido su principal seña de identidad, y sigue siéndolo, según las manifestaciones de sus acólitos en el Parlament, así como las que han salido de la propia Moncloa tras conocer las declaración suspendida de independencia.

Pero, los ciudadanos, sustentadores de la soberanía nacional, debemos, al menos, ser más responsables que los políticos mediocres que dicen representarnos, y no identificar la declaración de independencia de Cataluña como una forma de dar palos a Rajoy y a su gobierno, por mucho que lo merezcan, sobre todo en la respuesta a este conflicto utilizando las fuerzas de las porras, como ha hecho siempre, y no la de la razón y el entendimiento.

En todo caso, sea como sea, la chapuza de la independencia continúa, y dado que los posible interlocutores en una futura negociación han manifestado sus posturas irreconciliables, la única solución que algunos, cada vez más, vislumbramos a este conflicto, es la convocatoria de elecciones tanto en Cataluña como en el resto de España, para que sean todos los españoles, y allí todos los catalanes, los que elijan las posturas políticas más idóneas para solucionar este conflicto, y de  esta manera encontrar el sosiego necesario para respetarnos los unos a los otros.

 

Olga Sánchez Rodrigo
Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

La Cataluña bolivariana a la sombra de ETA

Una semana después de la celebración del referéndum ilegal sobre la independencia de Cataluña, todo indica que el separatismo catalán está condenado al fracaso. España cuenta con todos los recursos necesarios para defender su integridad territorial. Quizá la única incógnita es si el Gobierno central estará dispuesto a tomar las medidas necesarias para impedir la secesión. Hasta ahora, el poder ejecutivo español se ha limitado a delegar el manejo del conflicto político-constitucional en manos de los tribunales, como si se tratase de un simple conflicto administrativo. Su principal objetivo es intentar amainar la tensión, y su estrategia se basa en aguardar y postergar las decisiones críticas. El Gobierno tendrá sus razones, pero también se arriesga mucho por no querer arriesgarse.

Sin embargo, independientemente de la actuación del gabinete de Mariano Rajoy, si después del voto la Generalidad llegara a declarar la idependencia, la nueva república catalana no tendría ningún tipo de reconocimiento internacional y tampoco podría seguir siendo miembro de la Unión Europea. Tanto el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, como el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker ya avisaron sobre las consecuencias que tendría una hipotética independencia de Cataluña, haciendo hincapié en que toda acción en contra de la constitución de un estado miembro sería considerada una acción en contra del marco legal de toda la Unión Europea. Además, cabe recordar que ni siquiera una Escocia soberana habría podido mantener su membresía en el bloque, si en el referéndum de 2014 hubieran ganado los partidarios de la independencia, pese a que esta consulta fue completamente legal según las leyes británicas. Si los líderes catalanes lograran que la independencia de facto fuera un hecho consumado, Cataluña se encontraría completamente aislada.

Las comparaciones con Kosovo están completamente equivocadas. Kosovo, aunque no fue reconocido por muchas naciones – como es el caso de España o Rusia – sí que obtuvo amplio reconocimiento internacional por parte de los países del primer mundo, entre ellos los Estados Unidos y la mayoría de los miembros de la Unión Europea. En cambio, la situación de una República Catalana autoproclamada sería más parecida a la posición internacional de las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk, dos entidades prorrusas en el este de Ucrania, o de la República Turca del Norte de Chipre, que ha sido reconocida solamente por Turquía.

Todos esos territorios anteriormente mencionados tienen un protector, ya sea Rusia o Turquía. Pero Cataluña, al menos inicialmente, no contaría con nadie. Sin embargo, al igual que en el mundo de la física, en las relaciones del poder tampoco puede haber un vacío durante mucho tiempo, y los catalanes se verían obligados a coaligarse con las potencias que se ofrezcan.

Según un sondeo reciente, en la Comunidad Autónoma de Cataluña el apoyo a la izquierda es un 30% superior al resto de España. Se podría decir que, en paralelo al proceso independentista, está ocurriendo un proceso de izquierdización en el seno de la sociedad catalana. Esta tendencia social podría empujar a un gobierno catalán completamente aislado a establecer algún tipo de alianza con el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), un grupo regional de Latinoamérica liderado por Venezuela y compuesto por Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros países más pequeños. Irónicamente, sería el castellano la lengua común que facilitaría dichas relaciones. Además, algunos líderes de la ultraizquierda catalana ya llevan muchos años manteniendo lazos estrechos con el régimen venezolano.

 

“Se podría decir que, en paralelo al proceso independentista, está ocurriendo un proceso de izquierdización en el seno de la sociedad catalana”

También cabe la posibilidad de que Rusia o China aprovechen la situación, pero lo más probable es que – quizá paralelamente con la posibilidad de la mencionada alianza con los gobiernos neomarxistas de Hispanoamérica – sean algunos países musulmanes y movimientos islamistas los que intenten construir una cabecera de puente en una Cataluña independiente. La comunidad autónoma ya hace tiempo que se ha convertido en un hervidero del vahabismo, así que con el dinero de las monarquías petroleras del Golfo Pérsico y aprovechando la ola migratoria, podrían ampliar y multiplicar las bases sociales ya existentes del islamismo radical.

Sin embargo, el Gobierno central, por encima de sus tácticas cautelosas, ya ha empezado a tomar medidas para preservar la unidad de España. Pese a los vaticinios más pesimistas, es poco probable que la intervención de las fuerzas del orden acabe en una guerra civil. La Generalidad catalana no tiene fuerzas armadas, y aunque entre el personal de la policía catalana, los Mozos de Escuadra, haya simpatizantes del independismo, unos cuantos individuos no podrán hacer frente a todo un ejército.

Al mismo tiempo, dada la extrema polarización de la sociedad catalana – una mitad a favor y la otra en contra de la independencia – es muy probable que surjan actos de violencia. Por ejemplo, si grupos independistas intentan impedir la detención de políticos o funcionarios imputados por sedición o prevaricación. Grosso modo, la realidad catalana se asemejará cada vez más a los momentos más difíciles del conflicto vasco o a los Troubles en Irlanda del Norte. La Policía y la Guardia Civil han acumulado una amplia experiencia con similares conflictos violentos de baja intensidad en el País Vasco y seguramente podrán controlar la situación. Sin embargo, el descontento irrefrenable de algunos sectores nacionalistas de la población catalana podría acarrear graves consecuencias, entre ellas la formación de grupos armados inspirados tanto en la disuelta organización catalana, Tierra Lliure como en el ETA vasco. El hecho de que algunos grupos de la ultraizquierda nacionalista catalana ya están empleando las tácticas de la kale borroka, asimismo que el etarra excarcelado, Arnaldo Otegi, ha ofrecido su apoyo al secesionismo catalán, y que un comunicado reciente de ETA ha reivindicado para Euskal Herria un proceso similar al independismo catalán, indica un acercamiento entre el nacionalismo catalán y el sector abertzale de la sociedad vasca. En cierto modo Cataluña ya está en el proceso de la „abertzalización” con todas sus consecuencias.

MiKlós Cseszneky
Húngaro-británico de lejanas raíces aragonesas. Experto en relaciones internacionales, profesor de idiomas, consultor y coach.

Las calabazas del poder

Visto lo visto no hay ningún político que me satisfaga, ni plenamente, ni en pequeñas dosis; pero esto no viene de ahora, consecuencia de la mala gestión del conflicto de Cataluña, sino que se remonta a mucho tiempo atrás, tanto  que tengo que traslade en el tiempo  a la época de Felipe González y su gran engaño a los que confiábamos que el acceso al gobierno del  PSOE, iba a suponer un punto de inflexión en la política hacia un modelo donde los más débiles dentro del sistema serían los más protegidos frente al abuso del modelo capitalista en el que inevitablemente se sustenta la economía mundial. Pero, la realidad fue bien distinta, no sólo en el tema económico, sino también en la aparente ideología que un partido que se autodenomina socialista debía moverse, valga como ejemplo la salida de la OTAN, prometida en aquella campaña electoral que precedió a lo que la gran mayoría consideró el empoderamiento de la clase obrera.

 

Mentiras que, agravadas durante las sucesivas reelecciones de quien empezó vistiendo con una chaqueta de pana terminó vistiéndose con las mismas telas con las que se visten quienes viven en el olimpo, poniendo puentes de plata a banqueros y grandes empresarios, y de madera carcomida para quienes les habían dado el voto, no tardando en asomar una corrupción tan virulenta como la actual con causa en el “perpetuamiento” en el poder de políticos para los que el interés personal estaba por encima del bien común, y que, ocho años después tras la alternancia con su partenaire a la derecha, volvió con el gran talante de Zapatero a premiar a los fuertes frente a los débiles, con políticas que bautizadas como social democracia que hizo que muchos situasen a su predecesor, Aznar, a la izquierda del PSOE.

PP y PSOE, dos caras de una misma moneda, donde no existe cara y cruz, sino insignias diferentes con pretensiones similares, donde quienes deberíamos detentar la soberanía solamente somos escuchados cada cuatro años, después de habernos mentido no solamente en las legislaturas que preceden a los comicios, sino también en las campañas electorales con promesas que todavía logran convencer a muchos incautos; aunque cada vez, debido a la fragmentación de izquierdas y derechas desilusionadas, han fomentado la aparición en escena de nuevos partidos, en algunos casos como marca blanca de los situados a la derecha, y con posicionamiento más radicalizados en los que se sitúan en el lado contrario.

“PP y PSOE, dos caras de una misma moneda, donde no existe cara y cruz, sino insignias diferentes con pretensiones similares,”

Un arco iris de colores que, si bien parecían dar una nueva apariencia en las ágoras del poder legislativo, nos ha llevado a algunos, entre los cuales me incluyo, no sólo a creer que la mediocridad es la tónica general en la política de este país, sino que el engaño sigue siendo el eje de la actuación de quienes hemos elegido como nuestros representantes.

La radicalización de cierta izquierda ha convertido a muchos ciudadanos en adoctrinados cuya única causa es la lucha por la ruptura de un sistema, no desde dentro como prometieron algunos de sus líderes, levantando alfombras de palacios y despachos para que saliera la mierda que durante años allí se había ocultado, así como abriendo ventanas para que saliera el olor pestilente que su putrefacción había originado; pero sin una marcada política que nos haga intuir la luz al final de túnel, sino todo lo contrario, debido a la improvisación y alejamiento del sistema asambleario en el que dijeron que sustentarían sus políticas como empoderamiento de los ciudadanos, convirtiéndose al final en meras figuras decorativas, donde la verticalidad en su organización y poder de decisión les ha convertido en un partido más de los de siempre; con la única diferencia de que han pasado a librarse las batallas en las calles en vez de en las Cortes Generales y parlamentos autonómicos. Batallas en las que, una excelente puesta en escena, hace creer a muchos que la fuerza vale más que la palabra, y el insulto más que la razón, y cuya consecuencia inmediata esta siendo el ascenso en intención de voto de los satélites del PP, como C´s, y quien sabe dada la tendencia ascendente en Europa de la extrema derecha, quién sabe si de Vox.

Y, al final, sucede lo que sucede: a mar revuelto, ganancia de pescadores, y quien más consiga llevar el agua de este totum revolutum en que se ha convertido la política a su molino, mayor rentabilidad política sacará, mientras los ciudadanos seguiremos chupando un palo sentados, como dice Serrat en una de sus canciones, encima de una calabaza.

 

 

 

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La murga del diálogo

Oigo por muchos sitios, desde muchas cabezas bienintencionadas, y otras no tanto, me refiero a bienintencionadas, bueno o a cabezas, la necesidad de un dialogo. Vale, pero ¿con quién?, ¿En qué términos?, ¿Con qué reglas?. Claro que inmediatamente me surge otra pregunta, tal vez un poco brutal, ¿se puede negociar algo con quien ha pervertido todas las reglas, y las reglas de las reglas, con alguna garantía de que cumpla cualquier acuerdo al que se pueda llegar?. Honradamente creo que no, es como contratar para levantar tu casa al mismo que por falta de pericia o interés hizo que se viniera abajo, un despropósito.

Cualquier diálogo creíble pasa por la dimisión de todos los responsables de la Generalitat y su puesta a disposición judicial. A partir de ahí diálogo, a tumba abierta, sin restricciones, líneas rojas les llaman ahora, con la única excepción del causante último de toda esta historia, la CUP. Pero, !ay¡,  que dura es la realidad, los políticos catalanes son tan españoles que ignoran lo que significa dimitir. De hecho he oído rumores sobre la intención de la RAE de eliminarla del diccionario por extranjerizante.

El diálogo del diálogo ya se muerde la colita. Yo entiendo, puedo entender, la buena voluntad de muchas de las personas que lo plantean sin caer en la cuenta de que un diálogo como el que pretenden solo puede darse entre dos iguales, y el supuesto no se da porque serían concesiones a los delincuentes, y no hablo del pueblo catalán, que no es solo el que pide independencia, ese no es ni la mayoría, si no de quienes han decidido saltarse tres niveles de leyes: la Constitución, el ordenamiento jurídico nacional derivado de ella y el Estatuto Catalán. Seguro que no ha sido sin querer. Y ante eso no hay diálogo. El diálogo hay que establecerlo con todos los catalanes, no solo con los que más gritan, con los que más mienten y con los que más insultan en cuanto no estás de acuerdo con ellos.

“Pero, !ay¡,  que dura es la realidad, los políticos catalanes son tan españoles que ignoran lo que significa dimitir. De hecho he oído rumores sobre la intención de la RAE de eliminarla del diccionario por extranjerizante.” 



Va siendo hora de recuperar la esencia del problema y de dejar las posturas de buena voluntad para cuando sean necesarias y todos los catalanes puedan ser escuchados, sin imposiciones fascistas, sin algaradas callejeras en las que participa mucha gente que ni es catalana ni se la espera, sin conculcación de las normas de convivencia. No vaya a ser que queriendo ser tan buenos estemos machacando a la mayoría realmente oprimida en este momento. Oprimida, vilipendiada, acosada y, parece ser, que olvidada por muchos.

Porque cuando se pide el diálogo, ya de forma cansina, en muchos casos interesada, se está olvidando de forma palmaria a los que en estos días sí que han sufrido con la violencia de sus convecinos instigados al odio por personas, organismos y entidades perfectamente preparados para ejercer la brutal violencia del acoso diario. ¿En qué punto del pretendido diálogo se les va a escuchar a ellos? Y son mayoría, una mayoría que muchos pretenden que sea no ya silenciosa, no, si no silenciada.

Les llamaba hace poco miserables por no salir a la calle y demostrar que existen. Hoy ya han salido, ya han empezado a salir, con el patético resultado de ser insultados y recibir el desprecio patente de sus convecinos abducidos por el independentismo radical y mentiroso. Pero, lo que es aún más grave, sintiéndose tratados como sospechosos por una izquierda tan pendiente de los símbolos y de su exquisitez moral que es incapaz de identificar como suyo a cualquiera que porte una bandera nacional, o que grite un viva a España. Y esto sí que es lamentable, descorazonador.

Y esa misma izquierda incapaz de plantarse en un sentido de estado imprescindible en este momento, incapaz de asumir que el estado no es de izquierdas, ni de derechas, debilita a ese mismo estado con posiciones que no obedecen más que a su incapacidad de asumir que España también es de ellos, incluso de los que reniegan de ella. Incapaces de superar una resaca franquista que los atenaza e incapacita en los momentos en que más falta hacen. Incapaces de entender que los símbolos de España también son suyos, profundamente suyos, y que ahora mismo son los únicos válidos para marcar la diferencia con los que no han cumplido la ley.

Esta izquierda que dice representar al pueblo y lo olvida para representar solo a la parte del pueblo que pudiera votarla en una elecciones, no pasa de ser mezquina. Mezquina y dañina para un estado, para un país que necesita de una izquierda fuerte y comprometida para evitar una deriva de derechas de la que son los máximos responsables por su incapacidad de conectar con los pueblos, con las gentes. Esta misma izquierda que se lanzó a degüello contra unos servidores públicos que según van pasando las horas, los días, se demuestran menos sanguinarios, más víctimas de una manipulación feroz e interesada de los propagandistas del independestismo y de cierta prensa amarilla, nacional y extranjera, más interesada en la tirada que en la noticia, cuando no en crear de parte un relato que empieza a comprobarse inexistente.

“Esta izquierda que dice representar al pueblo y lo olvida para representar solo a la parte del pueblo que pudiera votarla en una elecciones, no pasa de ser mezquina”


Basta ya de hablar de diálogo y empecemos a hablar del diálogo que habrá que emprender cuando la normalidad esté restablecida, de las reformas que habrá que acometer, de la limpieza que habrá que hacer cuando los delincuentes estén donde les corresponde, en la cárcel. Basta ya de invocar un diálogo en el que se pretende hacer callar, o como mínimo se ignora, a la mayoría de un pueblo, el catalán, sometido por sus dirigentes al fascismo más repugnante mediante el adoctrinamiento en los colegios, mediante la mentira permanente en los medios de comunicación, mediante la incitación al odio a todo lo que suene a español.

Vivió, hace ya más de treinta años, en Vic por motivos de trabajo unos años la que hoy es mi esposa, y aún no hace mucho recordaba una vecina de su misma edad, por aquel entonces veintitantos, que no pensaba jamás pisar Madrid, porque en Madrid encarnaba todo lo que ella odiaba en el mundo. Y es que el problema catalán no proviene de un referendum fallido, ni de un estatuto impugnado, ni de una carga policial, en la sociedad catalana, sobre todo en ciertas zonas rurales, el odio a lo español es una seña de identidad que se transmite entre generaciones y que solo podrá erradicarse mediante, no, el diálogo, este diálogo que se reclama ahora, no, una convivencia limpia, una erradicación de los que aprovechan su posición en la sociedad civil para difundir el odio, una formación que haga ciudadanos del mundo y no abducidos de linde cercana. Ese debe de ser el principal reto del diálogo por venir, ese y no un diálogo fiscal, no un diálogo territorial, que también, si se demuestra necesario. Mientras la sociedad catalana siga siendo traidora al resto del país como lo ha sido los últimos cuatrocientos años, ¿de qué vamos a hablar? ¿de la fecha de la próxima revuelta? ¿de la excusa con la que se va a abordar? Despierta Cataluña, este mundo ya no es medieval, ni siquiera romántico. Aprende a sumar y no dejes que te dividan.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Reflexiones de uno que ya no es de izquierdas según lo de izquierdas que no tiene idea de lo que es la izquierda

Hace ya unos cuantos años, corría el der señor de 1982, mi amigo Pedro, Pedro Massó, amigo de cuitas y destinos en una, entonces no muy lejana, “mili”, me llamaba para compartir la alegría por la victoria del PSOE en las elecciones. Ambos estábamos entre los que habían depositado con gran ilusión la papeleta de ese partido en las urnas. Ya entonces, y él no lo compartía, le expresé mi preocupación porque la victoria hubiese sido por mayoría absoluta y mis miedos a derivas por la falta de control en el gobierno.

Hace apenas un par de meses mi amigo Pedro, el mismo que me llamó en las elecciones del 82, me preguntaba junto a unas copas por qué alguien como yo, con las convicciones tan claras, se había alejado de las posiciones de la izquierda y ahora parecía de derechas.

La pregunta es delicada. La pregunta es absurda si quien te la hace no pretende escucharte, sino solo acusarte o etiquetarte. Afortunadamente Pedro y yo hemos compartido muchas charlas, muchas copas, muchas vivencias duras, incluso nos hemos jugado juntos la vida por nuestras ideas, como para hablar sin escuchar al otro, como para argumentar sin razonar, como para sacar en nuestras conversaciones una sola idea preconcebida.

Como buen gallego, en ejercicio y sentimiento, contesté con otra pregunta. ¿Estás seguro de que yo me he alejado de las ideas que teníamos, o ha sido la izquierda, la autodenominada izquierda, la que se ha alejado de nuestras convicciones? La respuesta fue la que yo esperaba de él: explícamelo.

Entonces, con la noche ya avanzada, con las copas casi vacías y una perspectiva laboral que me obligaba a trabajar al día siguiente, me limité a enumerarle mis desacuerdos con la izquierda actual sin poder entrar en reflexiones y debates más profundos. Hoy, con el tema de Cataluña emponzoñando aún más un debate interno en el concepto, ya casi perdido, de la izquierda, recupero para mí mismo la conversación y aprovecho para explicarme.

Creo en la lucha de clases, creo que los desfavorecidos del mundo, de todo el mundo, tienen derecho a una vida acorde con la dignidad y la libertad que les corresponde por el simple hecho de nacer. Pero no creo en las clases creadas al albur de una explicación de economía de mercado. No creo en la división trabajador versus patrón, porque ni todos los patronos son explotadores ni todos los obreros son explotados. Ni todos los patronos son culpables de avaricia ni todos los obreros son inocentes de abuso por su condición. Yo creo en la clase dominada y la clase dominante, en la clase dirigida y la clase dirigente. En la igualdad y en la libertad, mientras que la izquierda actual preconiza el intercambio de clases dirigentes, el quítate tú para ponerme yo y vuelta a empezar, porque seguirá habiendo una clase dirigida y otra dirigente y por tanto explotación, corrupción, desigualdad.

Creo en la libertad individual. En que cualquier individuo tomado por sí mismo tiene un valor moral, ético y humano superior al de cualquier grupo de individuos, porque el individuo tiene dignidad, criterio e ideales, es decir, es un ciudadano, mientras que los grupos, las masas, tienen afán de predominio, ideología y líderes que piensan por ellos, es decir vocación de adaptar el entorno a su criterio, o, por decirlo de otra forma, vocación de clase dirigente. Si, ya sé, este concepto se puede considerar libertario, pero es la izquierda la que pretende decir que los libertarios somos de izquierdas pero no pasa de ser una falacia fácilmente desmontable.  No, y de derechas mucho menos.

“Creo en la libertad individual. En que cualquier individuo tomado por sí mismo tiene un valor moral, ético y humano superior al de cualquier grupo de individuos, porque el individuo tiene dignidad, criterio e ideales, es decir, es un ciudadano”

Creo en las clases internacionales, sin banderas, sin fronteras, sin quiebros semánticos que permitan maniobras imposibles que dañan al entorno sin aportar nada. No existe más nacionalismo que la clase, no existe más justicia que la universal, no existe más ley que la promulgada democráticamente. No existe más patria que la libertad ajena y por ende la propia, no existe más unión que la fraternidad. Me dan lo mismo los colores de la bandera, me dan lo mismo los ríos, los mares o los muros, todas son fronteras que deben ser superadas en nombre de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad. No hay emigrantes e inmigrantes, hay ciudadanos que se puedan mover por un mundo de todos.

Creo que todos los hombres al nacer tienen derecho a las mismas oportunidades, sin importar en qué lugar del mundo nacen, con qué sexo, con qué creencias o con qué aspecto físico. Y por tanto creo que el reparto mundial de la riqueza debe de estar enfocado a este objetivo, tanto en su fondo como en su forma. No creo que hacer justicia social pase por privar a una parte de lo suyo para repartirlo entre unos cuantos otros, no, creo que pasa por establecer límites al enriquecimiento y a la propiedad, por igualar  y no por invertir. A mí, las tortillas me gustan igual de hechas por los dos lados, no crudas por uno y tostadas por otro. No hay libertad si no hay igualdad, no hay justicia si no hay oportunidad, no hay fraternidad si no hay identidad. Nunca existirá, es imposible, la igualdad total, no sería tampoco justa, pero la desigualdad abismal que supone el que una empresa, una persona, gane en un día lo que necesitarían muchas para sobrevivir un año, no es hablar de justicia, ni de igualdad, ni de libertad, es hablar de perversión. Que una persona, o entidad o empresa, pueda acaparar los bienes de los que carecen millones en el mundo, no es hablar de justicia, ni de igualdad, ni de libertad, es hablar de vergüenza, o de falta de vergüenza.

Creo en la inmutabilidad del pasado y en su aceptación como medio de explicarme a mí mismo y a mi entorno. No creo en el revisionismo, ni en el revanchismo, ni en la justicia aplicada a los muertos, ni en las justificaciones de parte, ni en los buenos y los malos, ni en la necesidad de desmontar parte de la historia para justificar a otra. Creo que hay devolver su dignidad a los que lo merecen sin que ese merecimiento sea de bando, partido o bandera. Todo el que muere por sus ideas es digno, todo el que mata por las suyas es sospechoso. Y por tanto no creo en la guerra, ni en el frentismo.

Por eso yo me he alejado de la izquierda, de una izquierda rancia y desnortada que apoya nacionalismos burguesas, dictaduras que se llama del “pueblo”, que legislan para imponer su moral a la sociedad, que trabajan para crear un pensamiento único, que discriminan positivamente a algunas minorías y que hacen de la presión un objetivo que renuncia a la educación. Una izquierda que se mueve entre dos marxismos, el de Karl Marx, el de la dictadura del proletariado,-y el único proletariado que reconocen es el de los que piensan como ellos-, y el de Groucho Marx, el de si no le gustan estos principios tengo otros, el de dime que dice la derecha que yo digo lo contrario.

Una izquierda sin ética, sin rumbo, sin dirigentes capaces de sobreponerse a la ideología ciega y navegar hacia los ideales comunes de la humanidad.

Claro, y como critico a la izquierda más que a la derecha, como les doy la razón, ni les aplaudo, soy automáticamente de derechas, facha, que tanto les gusta llamar ahora a los que adoptan posturas fascistas, absolutistas, intolerantes. No, queridos, los fachas sois vosotros, los que consideráis que hay límites a la tolerancia, los que consideráis que en el mundo hay enemigos, los que consideráis que nadie puede pensar distinto a vosotros sin ser culpable, perseguible, insultable, linchable.

Os podéis llamar de izquierda, os podéis creer que sois de izquierdas, progresistas, pero en realidad sois rancios, absolutistas y, en muchos casos, fachas hasta las últimas acepciones del término.

En todo caso, esto os lo dice alguien que ya no es de izquierdas según los de izquierdas que no tienen ni idea de lo que es la izquierda, o no les interesa.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Cataluña se escribirá con C de CUP

 

Fuente foto: Periodista Digital.

Llegados a este punto solo cabe preguntarse si hay alguien que salga beneficiado de esta espiral disparatada en la que se ha convertido el desafío de los responsables de la Generalitat, y vease con que cuidado eludo el hablar de los catalanes. Y yo creo que sí, que en la deriva de algarada y desobediencia hay un triunfador neto, la única formación que perfectamente organizada y enfocada a esa forma de resolver sus pretensiones, está a la cabeza de las operaciones. Y esa formación es la CUP. A la CUP, tal como ellos mismos han declarado, la independencia de Cataluña les importa poco porque su objetivo prioritario es romper la UE, el estado español y, cuando toque, Cataluña, para formar un paraiso de extrema izquierda al margen de los sistemas actuales. Una especie de Corea del Norte a orillas del Mar Mediterraneo.

 

Pero tampoco seamos tan inocentes, y los hay que lo están siendo, de creer que la CUP tiene recursos y estructura suficiente por si misma para crear, manejar y sostener un desafío en toda regla contra un estado organizado y respaldado. No, hay manos que mueven a los títeres de la CUP, hay titiriteros expertos en la parte oculta del escenario, como hay muñecos rotos y prescindibles cuando hayan hecho el trabajo sucio que requiere preparar la parafernalia: Los muñecos de Junts Pel Si.

Quizás el virus conspiranoide se haya apoderado de mi y las fiebres del agotamiento producido por el permanente disparate me hagan fabular, pero creo que Cataluña, dependiendo del devenir del “procés” será una cuña en la UE o simplemente un experimento de ruptura de los estados que la componen. Alguien está utilizando a unos y a otros para diseñar, para ensayar, una estrategia a seguir en otros escenarios de la UE, y hay varios.

Si la secesión catalana triunfase tendrían la vía de acceso y la operativa perfectamente perfilada las organizaciones equivalentes de lugares como Córcega, Euskadi, Sicilia, Lombardía, y tantas pequeñas nacionalidades que reclaman su status dentro de la Europa, prioritariamente, e incluso fuera.

¿Y quién puede tener interés en ser el titiritero? Bueno, como en las películas de policías, lo primero que hay que buscar es a quién beneficia una desunión europea, y no soy tan pánfilo de pensar en política, pienso en comercio, pienso en mercado, pienso en influencia y potencia que se verían favorecidas por el desmoronamiento del bloque europeo. Y solo se me ocurren dos nombres, dos candidatos, dos países que por tamaño, riqueza y capacidad pueden aspirar a ocupar ese hueco que dejaría Europa. Y uno de ellos, además, está trabajando claramente a favor de los secesionistas.

Lo triste, lo lamentable, lo más increíble, es que los futuros muñecos rotos no se percaten de que no son nadie en toda esta historia, unos meros comparsas que serán barridos desde los dos lados en el momento en que se de la batalla definitiva, los tontos útiles que buscan la gloria de la historia y de ellos no va a quedar más mención que la que se le dedica a los traidores que vendieron a Viriato: Audax, Ditalcos y Minuros. ¿A que no os suenan los nombres?, pues lo mismo sucederá con los Más, Junqueras y Puigdemont de esta historia.

Suceda lo que suceda el día 1 la CUP ya sabe lo que va a hacer, y que triunfe o no la independencia, que afortunadamente para Cataluña, para España y para la UE, incluso para el concepto de civilización que tenemos la mayoría, va a ser que no, solo hará cambiar el momento de dar su golpe de gracia, de intentar asumir el poder de la calle y establecer una guerra de guerrilla urbana. En el escenario más probable, en realidad en el único posible, los activistas de la CUP y de todos los grupos antisistema del mundo, emboscados entre los catalanes de buena voluntad y creencias sinceras, bajo una falsa bandera de lucha por la libertad y una democracia en la que no creen, establecerán un ambiente de guerrilla urbana buscando la sangre de los heroes que den una vuelta más de tuerca al conflicto.

“Suceda lo que suceda el día 1 la CUP ya sabe lo que va a hacer, y que triunfe o no la independencia, que afortunadamente para Cataluña, para España y para la UE, incluso para el concepto de civilización que tenemos la mayoría, va a ser que no”

¿Y si Cataluña consiguiera la independencia? Entonces sería peor, entonces la CUP asestaría el golpe sobre las inseguras, incipientes y poco estables instituciones catalanes y abrirían la caja de Pandora para todo el mundo.

Espero estar equivocado. Espero por el bien de los catalanes y todos los españoles que esto no sea más que un relato de política ficción que yo me he montado en una tarde calurosa. Pero me temo que no, me temo que sea cual sea el escenario a partir del día 1 Cataluña se escribirá con C de CUP, y en esa guerra no valdrá hacer prisioneros.

Habrá que ver entonces en que posición, con que argumentos, se van a linear los equidistantes, los tibios, los que con su falta de rigor están favoreciendo este disparate, los “buenos” profesionales y confesionales incapaces de ver más allá de sus narices.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

El largo, aciago e insolidario dos de Octubre, reflexiones sobre una jornada interminable.

Seguramente el dos de octubre del dos mil diecisiete sea recordado en la historia de España, si es que tal disciplina sigue existiendo después de ese interminable día, como el día más largo. Amaneció el 20 de septiembre del presente y acabará en alguna fecha indeterminada del futuro, futuro de años, sospecho.

Si, hoy es ya dos de octubre, como lo fue ayer y como lo será mañana, muchos mañanas. El problema creado por todos, absolutamente todos, los protagonistas, no tiene ahora, ni en un futuro cercano, una salida que pueda considerarse idónea, ni perdurable.

Con cierta alegría, yo el primero, hablamos del imperio de la ley. Con cierta simplificación del tema muchos defendemos la acción de la ley porque a estas alturas es la única opción que existe, incluso para algunos que tenemos un concepto bastante sospechoso de la ley como instrumento ajeno a la justicia. Pero es que para mantener un valor referente, cuando todo el mundo alrededor se inventa las referencias según sus apetencias, lo primero que es inevitable es restablecer las reglas de juego que inicialmente teníamos todos en común, porque si no es esa opción la otra es barra libre para todos, que a mí, personalmente, me parece interesante.

Pero no caigamos en el mismo error que estamos comentando. No importa ahora lo que me parezca a mí, importa salvaguardar una convivencia que se ha puesto en peligro, que está en grave peligro.

No puedo escribir sobre este tema sin que se me vengan a la cabeza las estrofas del poema “Si” de Rudyard Kipling: “Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila, cuando todo a tu lado es cabeza perdida”. Nadie parece haber leído a Kipling, nadie, al menos, con la suficiente inteligencia para pensar que no está diciendo lo que a él le interesa que diga, con el suficiente criterio político como para plantearse que la negociación, la esencia de la política, es un encuentro de mínimos, no de máximos. Y que para negociar es imprescindible tener la cabeza tranquila.

Mezclando por una vez, y sin que sirva de precedente, churras con merinas, y en este caso hasta con “meninas”, intentaré reflexionar sobre las distintas posturas que he ido percibiendo en todos los ámbitos sociales, desde los medios de comunicación hasta las declaraciones de los partidos, pasando por las redes sociales.

En todos ellos se adivinan dos bloques, los constitucionales y los aconstitucionales – obsérvese que digo aconstitucionales y no anticonstitucionales, y el matiz no es ocioso-

En el primer bloque figuran el PP, el PSOE, Ciudadanos y todas las personas que están a favor, como primera medida, de la aplicación de la ley. En el segundo bloque Podemos, los partidos catalanistas, la CUP, que yo no considero que sea catalanista, y los ciudadanos que consideran que los derechos está por encima de la ley.

  • El PP. Ha sido fiel a su esencia y ha mantenido una posición displicente, soberbia, respecto al problema sabiendo que la fuerza del estado y la ley están de su lado. Su inacción desde el primer momento ha sido, posiblemente, interesada y han conducido a un escenario en que tienen la razón última. Tal vez no han evaluado, o no le ha interesado evaluar, las consecuencias de su actitud el 2 de octubre.
  • No sé si decir que se puede decir poco de ellos en este conflicto salvo su inequívoca alineación con las tesis finales del gobierno es positivo o negativo. Su origen catalán y su inequívoca posición frente a cualquier iniciativa soberanista han lastrado su posibilidad de maniobra que ha sido absorbida por los despropósitos parlamentarios de las fuerzas catalanistas. Posiblemente no podían hacer otra cosa que la que han hecho.
  • Como siempre instalado en ese extraño espacio en el que todo lo que se dice es reversible. En positivo su posicionamiento al lado del gobierno como corresponde a toda formación con sentido de estado. Lo peor su manía de hablar del dos de octubre antes de que pasara el uno, y los tufillos de sospecha que eso levanta en la masa electoral que necesita para poder llevar a cabo sus propuestas. Mezclar las fechas a veces desconcierta, o revela estrategias que no son compartidas.
  • Ha decidido que aunque los demás hablen de Cataluña ellos solo tienen el objetivo de derribar al gobierno. No importa si toca o no toca, no importan las consecuencias, no importa la ley. Hay que aprovechar la ocasión e intentar pescar en Cataluña, y en el resto de España, los votos románticos de izquierda que están perdiendo a borbotones. Eso sí, ya nadie se puede llamar a engaño, queda como una fuerza política con la que nadie puede llamarse a engaño con sus prioridades
  • Son los grandes triunfadores de todo este enredo. Han conseguido llevar la cuestión a la movilización popular que es el entorno en el que se mueven más cómodos. Han puesto en jaque al sistema y su objetivo del uno de octubre está conseguido, romper el estado. Su objetivo del dos de octubre está más cerca, romper Cataluña – de ahí que no los considere catalanistas-, y así ir rompiendo grupos sociales hasta conseguir un entorno lo suficientemente maleable para poder imponer su ideario
  • Su permanente instalación en la mentira, en la negación de cualquier regla que no le dé la razón salvo cuando le sea útil. La invocación permanente a foros ajenos al problema intentando que se sientan concernidos. El absoluto descaro y desahogo en el uso de los ciudadanos a los que tendrían que representar, invalida cualquier consideración hacia sus planteamientos. Oportunistas, falaces, absolutistas en sus maneras y ciegos a las consecuencias de sus actos, si buscan la historia espero que la historia los juzgue conforme al daño que su actuación merece. Ellos, que no su pretendida causa, me merecen el mayor desprecio en este teatrillo del que se han erigido en protagonistas principales.
  • Pro procés Ciudadanos de a pie o cabalgados en la fibra. Ponen los derechos por delante de la ley, sin que perciban que la ley es la única garante de los derechos, individuales y colectivos. Cuestionan la capacidad moral del gobierno por sus corruptelas – algo así como que hacieda no puede cobrar los impuestos porque uno de sus funcionarios debe una multa- cuando no invocan derechos que no existen o modifican el rango de los invocados sin importarles la pertinencia del argumento o las consecuencias del mismo. Para mí, casi todos, personas de buena voluntad que hacen de la misma una bandera cuyo revés es la mala voluntad de aquellos a los que quieren justificar.
  • Anti procés. Ciudadanos posicionados junto a la acción del gobierno aunque no necesariamente alineados con él ideológicamente. Defienden la aplicación de la ley y la acción política posterior. Suelen intentar razonar en un ámbito Absolutamente irracional

Al final creo que todo se mueve entre dos categorías irreconciliables de políticos, desgraciadamente electos, que tienen su fiel reflejo en la sociedad civil, que al final será la que resulte maltrecha. A unos no se les ocurre ninguna solución y otros no quieren solución alguna.

Hace años, en un artículo sobre este mismo tema, consideraba que la mayor secuela de un proceso soberanista no son las políticas, si no las fronteras emocionales que durante décadas serán imposibles de desmantelar, y hasta ese momento, no importa la fecha, todos los días serán dos de octubre. El largo, aciago e insolidario dos de octubre.

“Al final creo que todo se mueve entre dos categorías irreconciliables de políticos, desgraciadamente electos, que tienen su fiel reflejo en la sociedad civil, que al final será la que resulte maltrecha. A unos no se les ocurre ninguna solución y otros no quieren solución alguna.”


Me permitiría el optimismo de pensar que lo sucedido servirá de enseñanza para que no vuelva a suceder, pero eso sería confiar en que la soberbia, la ambición y la estulticia habrían sido erradicadas de la faz de la tierra, y no me lo creo.

Que el dos de octubre nos sea leve.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

El salvavidas estelado, cuando dios te viene a ver

No todo el mundo pierde con el tema catalán. Parece imposible que en semejante espiral de estupidez generalizada, de posiciones inamovibles y negación de la esencia de la política, el acuerdo, alguien pueda salir ganando. Y si además sale ganando con declaraciones de intenciones que rezuman simplismo y oportunismo por todas sus palabras la incredulidad puede alcanzar cotas de sublime incomprensión.

Pero igual que en el mundo de los ciegos el tuerto es el rey, en el imperio de los sordos no hay más razones que las de aquel que se atreve a decir algo. Total nadie lo va a escuchar con los oídos de la razón…

En un panorama desolador como el que vivía la izquierda española con un PSOE dividido, un Podemos vociferando su vocación de formación radical y asamblearia con un regustillo a anti sistema, el “procés” ha sido una suerte de salvavidas cuatribarrado y estelado para esa izquierda que estaba haciendo su travesía del desierto y se ha encontrado un atajo.

Lo que pasa es que, como cada quien es cada cual, una parte ha cogido el atajo ofrecido mientras otra ha decidido tirar con camellos y carga por la ruta más larga. El final del camino, el zoco de las elecciones, dará y quitará razones, pero a pie de camino hay una visión probable de las cosas.

Varias veces, y desmintiendo la opinión interesada de muchos, he sostenido que el PP no había conseguido ganar las elecciones últimas, las habían perdido sus oponentes. Y las habían perdido por sus inconcreciones, por su falta de rigor político, por estar más empeñados en demonizar a los adversarios, en convertirlos en enemigos, que en plantear soluciones reales y de estado a los problemas de los ciudadanos. Algunos, aún siguen en ello.

El desafío catalán ha servido para que algunos políticos tomaran el rábano por las hojas y se plantearan, o replantearan, su estrategia como estadistas dejando de lado, cuitas, rencores y actitudes mitineras para enfrentar un problema real.

Pedro Sánchez ha dejado al descubierto su faceta de estadista olvidando diferencias, aparentemente hasta personales, con el presidente del gobierno y alineándose sin demasiadas fisuras en el bloque constitucional. Si en su momento dejó la duda, planteándose el despropósito de aquella posibilidad de liderar todas las fuerzas parlamentarias sin importar ideología o posición respecto a la legalidad para desalojar al PP del gobierno, con su actitud actual ha conseguido que se olviden las dudas surgidas entonces y sumar en su bando a personas de su partido que hasta este momento estaban muy alejadas de sus planteamientos. Sí, es cierto, lo de nación de naciones suena a juego del palé, o batiburrillo de barra de bar sin sustancia, pero al menos su alineamiento es inequívoco y ya está subido al salvavidas y remando hacia una costa aún remota pero ya visible.

Sin embargo Pablo Iglesias sigue instalado en el mitin, en la algarada, en señalar como culpable de todos los males al gobierno sin reparar en que mezclar churras con merinas, hablar de la corrupción como invalidante de capacidad moral para atajar una sedición, son ganas de convencer al público paciente, en realidad ya impaciente, de que el hecho de que Blesa sea un corrupto incapacita a Hacienda para reclamar los impuestos a los contribuyentes. Ya nos gustaría, ya, pero no pasa de estupidez para militantes. Para militantes cortos diría yo.

Podemos, al menos su líder electo, juntamente con sus comunes y mareas, han hecho una palmaria demostración de que no existe para ellos otra opción que la radicalidad, el mensaje confuso, la incapacidad de enfrentar con una postura clara, rotunda, inteligible, una cuestión de estado que exige de todos, dirigentes y ciudadanos, políticos y administrados, pensantes y paseantes, una clara, rotunda, inteligible postura respecto a un tema de una dimensión que deja a los demás en mera cuestión administrativa. No sé si es que no han visto el flotador, si es que se ven con fuerza suficiente para llegar a nado hasta la costa o es que están en convencer al mar de que ahogarse es culpa del PP, pero el caso es que no lo han cogido.

“Podemos, al menos su líder electo, juntamente con sus comunes y mareas, han hecho una palmaria demostración de que no existe para ellos otra opción que la radicalidad, el mensaje confuso, la incapacidad de enfrentar con una postura clara, rotunda, inteligible, una cuestión de estado”


Resumiendo. El zozobrante barco del independentismo ha lanzado flotadores cuatribarrados, estelados, por doquier para salvamento propio, pero posiblemente el único que ha sido capaz de subirse a uno de ellos ha sido el PSOE de Pedro Sánchez que ha encontrado en el desafío del soberanismo un llamamiento a la unidad interna que necesitaba con mayor urgencia que un acceso al poder.

No sé qué pasará el día 1 de octubre, creo que nada, no de nadar si no de ausencia, y a mi pensamiento contribuye el ver la falta de reacción del estamento económico, pero sí creo que de cara a las próximas elecciones las posturas actuales pesarán en los votantes. Y si no al tiempo. Nos vemos en la costa.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Cataluña, del jaque al órdago y tiro porque me toca

A mí el conflicto catalán me está creando un conflicto personal. Es tal el desahogo de la argumentación secesionista catalana que hay momentos en que tengo que apearme de mis convicciones y observarlas desde lejos, con sospecha de que me están engañando, mis convicciones, con la preocupación del que se pregunta: ¿y si estoy equivocado?

Porque la vida me ha enseñado que no hay nada más erróneo que una certeza absoluta. Porque a lo largo de los años vividos he aprendido que no hay nada más irracional que la razón inamovible. Porque, y esto también tiene un coste vital abundante, no hay nada menos verdadero que la verdad sin paliativos.

En inevitable, ante tal avalancha de soberbia descalificante, el sentirse a veces concernido e inseguro, porque toda la argumentación que exhiben y vociferan es básicamente cierta, es rigurosamente cierta, es inatacablemente cierta.

Nadie puede negar  que la esencia última de la democracia es la posibilidad de votar. Si no hay votación los ciudadanos no tienen ningún recurso para decidir cómo quieren gobernarse y por tanto no existen las mínimas condiciones democráticas.

Nadie puede poner en cuestión, sería un disparate, que todo pueblo gobernado democráticamente tiene derecho a decidir sobre su día a día. Sería imposible que todas y cada una de las circunstancias cotidianas de un pueblo fueran reguladas fuera de su ámbito. ¿Qué eso se llama derecho a decidir?, claro, por supuesto, todo pueblo, todo grupo humano diferenciado del resto tiene derecho a crear las circunstancias idóneas para su progreso y bienestar.

Entonces ¿los independentistas catalanes tienen razón?

Sí, absolutamente sí en lo que dicen, pero NO, absolutamente no en el entorno en el que pretenden aplicarlo, y mucho menos en el ambiente de matonismo, de amenaza, de descalificación personal y descabezamiento democrático en el que se mueven.

“¿los independentistas catalanes tienen razón?
Sí, absolutamente sí en lo que dicen, pero NO, absolutamente no en el entorno en el que pretenden aplicarlo, y mucho menos en el ambiente de matonismo, de amenaza, de descalificación personal y descabezamiento democrático en el que se mueven.”


Existe algo que viene de tiempos ancestrales, algo tan antiguo como la conciencia social de cualquier especie y que en el caso humano se puso por escrito para conocimiento de todos sus miembros: las reglas de coexistencia, la ley.

Y es tan importante, tan decisiva en la convivencia, cada vez más compleja, de los seres humanos, que se han creado ámbitos legales a los que están sujetos diferentes grupos de ciudadanos. Estos ámbitos están organizados de tal manera que cada uno sepa a cual pertenece y sobre cual puede decidir. Y esas mismas leyes, esas mismas reglas de las que se han ido dotando las sociedades, marcan sus propias pautas de representación.

Los ciudadanos tienen derecho a votar. Sí, indudablemente, absolutamente sí. Pero dado que han votado unos gobernantes en los que han delegado su capacidad de ser representados para administrar esa convivencia y sus reglas, a ellos les corresponde decir cuándo y qué votar.

Luego, argumentarían inmediatamente algunos, ¿cualquier gobernante tiene capacidad para convocar una consulta sobre cualquier tema y en cualquier momento? No. Esta posibilidad correspondería más a una democracia asamblearia que a una democracia parlamentaria, que es la que tenemos.

Es evidente que el alcalde de Toledo no puede convocar una consulta que afecte al ámbito de Castilla La Mancha, ni el de Cuenca sobre algo que afecta a Toledo, salvo que las leyes lo permitieran.

 

 

Parte de una demostración previa exigiendo la independencia de la provincia de Cataluña por España – (archival)

Existen los ámbitos, existen las lógicas competencias que en este caso son el meollo mismo de la cuestión. Por eso existe el derecho internacional, el derecho comunitario, el derecho nacional, el derecho autonómico y el derecho local. Y cada uno de ellos solo es válido en su ámbito y dentro de sus competencias.

Escucho, y no salgo de mi asombro, argumentar a ciertos políticos catalanes invocando el derecho internacional para defender sus aspiraciones. ¿En serio? ¿No me están tomando el pelo?

No he oido que hayan acudido a ningún estamento internacional que haya avalado lo que pretenden, con lo que lo único que puedo suponer es que ellos mismos se han dictado la sentencia que les conviene para justificar su desobediencia al ámbito que realmente les corresponde.

Yo, la próxima vez que me venga una multa y recurra y, como habitualmente, la máquina de rechazar alegaciones desestime mi recurso, le voy a explicar al juez que según el tribunal constitucional, que recoge la libertad de los ciudadanos, he interpretado que tengo razón y ya no voy a recurrir a nadie más. Y que a nadie se le ocurra contradecirme o sancionarme porque eso solo demostrará la falta de sentido democrático de los funcionarios y las fuerzas coercitivas que intenten obligarme a cumplir una ley que está en contradicción con otra de mayor rango, y que, por supuesto, yo he interpretado y sancionado. Y que dios me ampare.

Por ponerlo más fácil, es como estar jugando al parchís que te den jaque al rey y contestar con un órdago y tiro porque me toca.

Pues eso, que a mí el conflicto catalán me está creando un conflicto personal, pero solo cuando me levanto un poco espeso. En cuanto me lavo la cara se me pasa.

Ah¡, y para los que aún no se han lavado la cara, mi apoyo absoluto al derecho a decidir de cualquier grupo o, incluso, individuo siempre que la ley lo contemple, o decidamos, de lo del derecho a decidir, ir por libre. Pero todos y con todas las consecuencias. Como ácrata convencido mi exclamación de “eso es la anarquía”  sería de profunda satisfacción y no de horror. Por mi parte órdago a la grande, arrastrando las palabras y con golpe en la mesa, ¿Se me acepta el envite?.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

El turismo y la clase obrera autóctona. Cuando juntar palabras no es tener ideas.

Los radicales han encontrado un nuevo juguete, un tema más en el que enfrentar a la sociedad para explicarnos lo malos, los indignos, lo inmorales que somos. Los radicales han encontrado un motivo más con el que demostrarse a sí mismos lo superiores que son moralmente al resto de las personas de su entorno, y de su extorno. A partir de este momento ya pueden llamarnos fachas por ir de vacaciones.

Se suceden en lugares, noticiarios y periódicos, los relatos sobre nuevas actuaciones intimidatorias contra elementos, servicios o entidades afines al turismo de ciudades. Parece ser que la idea general es que el turismo atenta contra la dignidad o los derechos de la clase obrera autóctona. Curioso concepto de nuevo cuño que pone en duda en que fuentes ideológicas beben los cabecitas, debería decir cabecillas pero en realidad estoy aludiendo a su capacidad intelectual, de estos movimientos.

Si un concepto tenía claro, universalmente claro, hasta este momento la clase obrera, y mira que me molesta hablar en estos términos de clases, era su internacionalidad. La clase trabajadora era una en su lucha y reivindicaciones, y van estos radicales de nuevo cuño, y le ponen puertas al campo para hacer su finca particular; ahora la clase trabajadora es autóctona, es decir que un trabajador de un lugar concreto tiene unas aspiraciones, unos derechos, unos objetivos diferentes al que vive apenas a quinientos metros, porque yo supongo, y con cierto criterio, que la clase obrera de un pueblo, barrio o sector comercial, se considerará autóctono respecto a todos los demás, y a freír gárgaras la tan cantada e invocada internacionalidad.

Realmente el turismo, en muchas de las facetas actuales, es un monstruo devorador de lugares, de calidades y de valores de aquellos lugares que se ponen de moda. La permisividad oficial con cierto tipo de actividades, y actitudes, para atraer a turistas, bordean, bastante por fuera, los límites de lo intolerable.

Es cierto que el turismo de costa ha arrasado zonas antes idílicas y las ha convertido en paredes de hormigón frente al mar. Es verdad que la nula preparación de algunos visitantes en muchos aspectos del país a visitar empobrece la calidad de lo que existe y da lugar a la proliferación de tópicos y de aprovechados que ofrecen los tótems de una imagen deleznable del país. Es verdad, qué duda cabe, que cierto turismo adolescente, que se ha fomentado de forma irresponsable en los últimos tiempos, deja, aparte de un escaso beneficio, unas imágenes, unas actitudes, un resabor amargo, que la población “agraciada” con su presencia difícilmente debe de tolerar.

Pero curiosamente no es contra estos tipos nocivos de turismo contra los que los radicales se movilizan, no. Es contra el turismo en general, contra el turismo que afecta a la clase obrera autóctona, je. Uno de los efectos claros del turismo que aporta riqueza y, por tanto, eleva el nivel de vida de la zona afectada. Es claro que esta subida del nivel de vida afecta inevitablemente a aquellos cuyo poder adquisitivo es más bajo y no tienen un beneficio directo de esa actividad. Es, efectivamente, un efecto perverso que, como todos los efectos negativos, deben de ser solucionados por la propia sociedad, y no por un grupito de escasa representatividad real que se arrogue la voz de la mayoría, de la conciencia ciudadana, y de la verdad absoluta.

“Pero curiosamente no es contra estos tipos nocivos de turismo contra los que los radicales se movilizan, no. Es contra el turismo en general, contra el turismo que afecta a la clase obrera autóctona”

De todas formas, y por si me cupiera alguna duda, una vez visto el adalid al que invocan en su lucha, el superhéroe de sus anhelos, yo prefiero seguir viviendo las aristas negativas del turismo que las purgas sanguinarias del camarada Stalin.

Me pregunto, una vez más, si la ley de memoria histórica solo mira hacia un lado, si los que con tanta inquina y fervor la invocan para el franquismo propio se olvidan de los asesinos de masas por el simple hecho de que mataron fuera de esta país, o simplemente los consideran menos asesinos porque mataron, torturaron y exterminaron en loor de una lucha obrera que les sirvió para medrar personalmente. Se diría que algunos tienen una memoria histórica selectiva, una lobotomía ideológica respecto a la historia, una doble moral que aplicar a los asesinos.

Al final, como todo lo radical, lo que acaba aflorando en cuanto se hace un análisis riguroso de las propuestas, si es que realmente hay alguna detrás del ruido y las acciones coercitivas, es una inconsistencia, cuando no contradicción, palmaria.

Hay que fomentar la presencia de refugiados, que son extranjeros, pero hay que rechazar a los turistas, porque son extranjeros. Hay que defender a la clase obrera, eso sí, autóctona, pero solo si pertenece al tipo de clase obrera que ellos consideran como tal, abstenerse personal de empresas turísticas y de industrias auxiliares del turismo, que se quedarían sin trabajo ni recursos. Hay que prohibirles a los demás que vengan a nuestro país levantando fronteras impenetrables, pero hay que luchar para que las fronteras no existan en los casos que ellos defiendan. Y, por supuesto, esa fronteras no deben de existir cuando ellos decidan coger su mochila y hacer turismo fuera del ámbito de su clase obrera autóctona.

Parece ser, cada vez más, que una cosa es ser radical, otra decir que se es y otra, totalmente diferente, ser mínimamente coherente. Digo yo.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

El lobo, las ovejas y el pastor miedoso

Creo que todos estaremos de acuerdo que, según el cariz que ha tomado la política en este país en los últimos tiempos donde los corruptos parece que salen de debajo de las piedras, las promesas o juramentos que los distintos cargos hacen de guardar lealtad al rey, cumplir y hacer cumplir la constitución como norma fundamental del Estado, se han convertido en otra farsa más de las muchas que tenemos que soportar los ciudadanos.

Pero, la pregunta que se hace obligada en este momento, no puede ser otra que ¿no puede castigarse a aquellos servidores y representantes  del pueblo por incumplimiento de tales promesas o juramentos?. No. Porque no existe ningún tipo penal que castigue este tipo de conducta, salvo que concluya en la comisión de algún otro tipo de delito tipificado penalmente como es la prevaricación, malversación de fondos, fraude fiscal, evasión de capitales y otras conductas a las que nos tienen acostumbrados este tipo de fauna política sin decencia y los partidos que los cobijan; en algunos casos a modo de organizaciones criminales que participan, ocultan y, hasta podríamos decir, actúan como cómplices o cooperadores necesarios, y que, aunque las evidencias nos muestran tales actitudes, en respeto a la presunción de inocencia que ellos mismos incumplen cuando se trata de juzgar al contrincante pasándosela por el arco del triunfo, nos obliga a hablar de ellas como presuntas hasta que un Tribunal  las confirme como en el caso del Partido Popular, bajo cuyo paraguas se han convertido excesos por sus cargos políticos, algunos condenados y otros que, actualmente están siendo investigados.

Entonces, ante este tipo de comportamientos que los políticos tratan de minimizar bajo el argumento de que son casos aislados, ¿qué postura debemos adoptar los ciudadanos ante quienes incumplen lo que podríamos denominar por su analogía como juramento “hipocrático”, en cuanto que sólo  puede atribuírsele un contenido de carácter ético?. Evidentemente, sólo caben dos opciones, la primera la del pataleo que nos lleva a muchas y muchos a manifestarnos en contra de tales alimañas políticas, y la más decisiva y más importante no votarlos para impedir que renueven esos juramentos que no sirven absolutamente para nada.

Indudablemente, estamos ante un corrillo de zorros en cuyo centro, el rey, no tiene ninguna atribución ejecutiva, salvo la del promulgar las leyes, aún las que a posteriori se han declarado inconstitucionales o en contra de alguna directiva comunitaria, y la protocolaria de recibir cada cierto tiempo a un presidente del gobierno inútil para informarle de las cuestiones de Estado, y la de reunirse con los lideres de los diferentes partidos antes de formarse gobierno por el más votado tras las elecciones generales; pero que, bien podría censurar la descomposición de un sistema por quienes se han convertido en desleales a la jefatura del estado que representa. Conducta permisiva que hace que algunos dudemos de la eficacia de esta institución a la que sólo vemos inaugurar exposiciones, dar la mano a embajadores o disfrutar de sus excelentes vacaciones de verano e invierno a todo lujo.

“Indudablemente, estamos ante un corrillo de zorros en cuyo centro, el rey, no tiene ninguna atribución ejecutiva (…); pero que, bien podría censurar la descomposición de un sistema por quienes se han convertido en desleales a la jefatura del estado que representa


Estamos pues, ante un circo político, ante un engranaje donde el dicho de “entre todos la mataron y ella sólo se murió” refleja la pantomima de este sistema que los ciudadanos nos tenemos que tragar sino queremos que nos amordacen con leyes represivas por ellos aprobadas y refrendadas con el único objeto de que nadie pueda usar la libertad de expresión como cortapisa a sus ignominiosas conductas.

Seguiremos con el cuento del lobo que, disfrazado con piel de cordero se come a las ovejas, mientras el pastor sale corriendo para no tener que enfrentarse a tan fiero animal, aunque ello ponga en tela de juicio su valentía y su propia dignidad. Pero, esto es España y no podemos pedir otra cosa, porque sólo hemos aprendido a tirarnos piedras en vez de unir nuestras fuerzas para conseguir algo mejor.

Olga Sánchez Rodrigo
Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

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