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Aún Me Quedará Siempre

 

 

Aún me quedará siempre por escribir otro verso, por plasmar en palabras ese otro pensamiento nacido el último segundo recorrrido y consciente.

Aún me quedará siempre, cuando me haya ido, poder explicaros con palabras la sensación del camino, del umbral, como es, como ha transcurrido.

Aún me quedará siempre, cuando las palabras me abandonen, la sensación de que tenía que haber escrito palabras que se ha guardado el olvido.

Aún me quedará siempre explicarles a todos los que han estado a mi lado, conmigo, en mi felicidad y en mi duelo, cuanto los he querido.

Aún me quedará siempre el deseo de admirar por última vez aquel paisaje que solo se hacía versos al resonar en lo profundo de mi mismo.

Aún me quedará siempre, para siempre, el ansia insaciable de vivir por saber lo que contiene el futuro, por apurar con delectación el presente, por recordar con dulce añoranza lo vivido.

Aún, con la vida por delante, sin tiempo cierto,

Me quedará, no sé cuánto, no sé cuándo, ignorante de mi propio destino,

Siempre, con la eternidad a mi alcance, ser consciente de ser, de que seré y de haber sido.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

La resaca del Black Friday

 

Dijo Séneca: “Compra solamente lo necesario, no lo conveniente. Lo innecesario, aunque cueste un solo céntimo es caro”

Viernes, 24 de noviembre de 2017.

 

08,00 horas: AM. Mi mujer agita mi cuerpo inerte todavía sumido en el sueño de Morfeo, me despierto sobresaltado, no es para menos, quejándome de su manera brusca de despertarme. No tarda en recordarme mi promesa de dedicarle este día para cumplir con el tercer mandamiento del capitalismo: “capitalizarás las fiestas”.

08,05 horas: AM. Me dirijo a la cocina llevándome por delante todo lo que encuentro por el camino, todavía mi cuerpo no ha reaccionado, sigo bajo los efectos traumáticos de tan duro despertar. Me preparo un café sólo, bien cargadito. Tomo mis pastillas, entre ellas la de la tensión porque la debo tener por las nubes. Ella me exige mayor rapidez. “¡¡Vamos, que estas dormido!!”. Me abraso la lengua.

08,15 horas: AM. He tomado el café casi de un sorbo, toca la ducha. Empiezo a entrar en agujas, mi cuerpo empieza a reaccionar a la cafeína y al agua que cae sobre mi cuerpo, mientras ella me dice, de nuevo, que me apresure, conocedora del tiempo, tal vez en exceso, que dedico a esta tarea.

08,30 horas: AM. Casi me saca a la fuerza del baño. Luego se queja que no lo limpio. Malditas prisas.

08,36 horas: AM. Me dispongo a vestirme. Sabiendo lo que me espera cojo la ropa y el calzado más cómodo.

09,30 horas: AM. Por fin he disfrutado de un poco de sosiego. Una hora de espera desde que ella entró al baño. Me ha dado tiempo para volverme a tomar tranquilamente otro café, responder a los emails que tengo pendientes en mi cuenta de correo -uno docena aproximadamente- y leer apaciblemente los titulares de las noticias en los medios digitales. Ella sigue con el mismo estrés. Me entran ganas de echarle un trankimazín al zumo de naranja que también en la larga espera me ha dado  tiempo a prepararle.

09,35 horas: AM. Me dirijo al garaje para sacar el coche. El maletero, como siempre, está lleno de cosas que se van dejando y que nunca se ordenan. Recojo las cosas que más ocupan y las subo a casa. “¿Qué haces aquí?”, me pregunta ella echándome en cara que todavía no haya sacado el coche del garaje. “No, si llegaremos a media mañana”, añade.  “Ni que tuviéramos que fichar”, pienso yo sin verbalizarlo, por si las moscas.

09,50 horas: AM. Me toca esperar de nuevo. En este caso casi diez minutos en doble fila y con amonestación del policía local de turno. Por fin llega. Nos ponemos en marcha. Aprecio una pequeña sonrisa en su cara.

10,00 horas: AM. Llegamos al parking del centro comercial. Vaya por Dios, no podía ser de otra manera, una larga cola para entrar. Caras largas de maridos pacientes y sonrientes de esposas esperando al gran festín.

10,15 horas: AM. Seguimos en la cola del parking. Ella se empieza a inquietar. No para de despotricar ante la larga espera. “Si hubiésemos salido antes”, me reprocha. Me rio de forma sarcástica.

10,20 horas: AM. Se baja del vehículo y quedamos en vernos en el interior del centro comercial. “Llámame al móvil cuando hayas aparcado y te digo donde estoy”. Me quedo más tranquilo. Aprovecho para poner la música alta para tratar de no pensar mucho en la tortura que me espera, acordándome del año pasado.

10,30 horas: AM. Por fin he aparcado el coche. La llamo al móvil, y lo que me esperaba, no lo coge. Insisto varias veces, lo coge y me dice donde me espera.

10,45 horas: AM. Llego al lugar donde hemos quedado. No la encuentro ante la gran muchedumbre que abarrotaba el establecimiento. Empieza la búsqueda de “encontremos a wally”. Como un periscopio intento ponerme de puntillas y estirar mi cabeza para intentar divisiar a mi mujer, para ello intento recordar la ropa que lleva puesta.

11,00 horas: AM. Suena mi móvil.  Es ella: “¿Dónde te has metido?”, me pregunta medio enfadada. “Te estoy buscando y no te encuentro”. “¿Dónde estás?”, me vuelve a preguntar. “Pues donde me dijiste”, le respondo un poco nervioso. “Ya no estoy allí… había mucha gente”. Me tranquilizó el pensar que no me tenía que enfrentar a tal marabunta. Me dice el nuevo lugar en el que se encuentra, enfrente del anterior. Me doy la vuelta y más de lo mismo, gente y más gente, autómatas en busca del mejor precio. Todo mi gozo en un pozo.

11,05 horas: AM. Me dispongo, de nuevo, a iniciar la búsqueda. La diviso al fondo. ¡¡¡Victoria!!!. Me dirijo a ella intentando salvar la distancia de unos diez a quince metros que nos separaba, buceando entre el gentío y esquivando algunas prendas que en el recorrido me encontraba tiradas en el suelo y que se enredaban en mis zapatos. No es fácil avanzar.

11,10 horas: AM. Llego al expositor donde se encontraba pero, ya no está. De repente veo que un montón de pantalones, blusas, abrigos, bolsos y no sé cuántas cosas más, creo que se llaman complementos, de todos los colores y marcas se dirigen hacia mí como si de un fantasma se tratase o un muñeco de trapo que hubiese adquirido vida. Llegando donde me encontraba veo que de repente se asoma una cabeza de entre tanta ropa, la de mi mujer. ¡¡¡Eureka!!!.

11,30 horas: AM. Después de un largo cuarto de hora, llegamos ambos a la cola de la caja. Vaya cola. Eso parecía la entrada al Santiago Bernabéu en el derbi de los dos Madrid. Daba casi dos vueltas al establecimiento. Le pido que me pase parte de la ropa para evitar que cargue ella con toda.

11,40 horas: AM. Mi mujer se cansa de estar a la cola. El síndrome de la compra compulsiva parece haber vuelto a apoderarse de ella. De repente me veo con toda la ropa encima de mis brazos. “Voy a mirar unos vestidos que he visto y que están muy bien de precio”. Tragué saliva para hidratar mi garganta seca del aire caliente que salía de unos grandes tubos que colgaban del techo, sin que casi me diera tiempo a preguntar qué si no le bastaba con lo que había cogido, ante la repentina orden. “Llámame cuando estés llegando a las cajas”. Desapareció entre el tumulto

12,15 horas: PM. Media hora de espera en una cola interrumpida en numerosas ocasiones por gente que pedía paso para desplazarse de un lado a otro de la tienda. Tiempo suficiente para hacerme casi amigo de otro  sufrido marido que detrás de mi hacía lo propio. “¿Dónde se habrá metido mi mujer?”, me dijo. “Paciencia” dije yo intentando tranquilizarle después de media docenas de llamadas tanto suyas como mías a nuestras respectivas. Su mujer llegó después de diez minutos, la mía, sin embargo, ni siquiera cogía el teléfono y las cajas estaban apenas  a diez personas de distancia.

12,30 horas: PM. Después de quince minutos llamándola con cierta compulsividad termino dándome cuenta que su bolso lo tengo colgado de mi hombro y su teléfono dentro de él. Mi paciencia está llegando a su límite.

12,35 horas: PM. A dos personas de distancia de las cajas y sudando como un pollo, por fin aparece ella con otro montón de ropa, éste más pequeño que el que soportaba yo. Le suelto la que había dejado en mis brazos sobre ella, haciendo un solo monto que volvió a sepultar su cabeza, me descuelgo su bolso de mi hombro y lo cuelgo sobre el tuyo. Desaparezco. “Te espero fuera, no aguanto”, fueron mis últimas palabras. A medida que me voy alejando consigo oír a la mujer que había estado delante de mí en la cola que le decía a la mía: “yo a estas cosas no traigo a mi marido, ni por aguantarlo”, “a mí me viene muy bien para que espere a la cola”, le contestó mi amada esposa.

01,00 horas: PM. Por fin llega al banco donde intentaba descansar de tan ardua tarea. “Me he entretenido”, dijo. “¿En qué?”, le pregunte sin obtener respuesta, tal vez porque mi pregunta era lo suficientemente estúpida como obvia hubiese sido su respuesta.

01,05 horas: PM. Después de dividir las bolsas repletas entre ella y yo, me dispuse a iniciar el camino hacia el parking. “¿Dónde vas?”, preguntó, “Vamos a entrar en ese otro establecimiento”, añadió, sin dar tiempo a que yo pudiese contestar a su nuevo deseo.

01,15 horas: PM. La guerra empieza de nuevo con la diferencia que ahora no me podía evadir ante un “me acompañas” que salió de sus labios con cierta ternura, no dándome opción a decirle que no, sino quería quedar como un mal marido poco colaborador y mal educado. Qué remedio.

15,00 horas: PM. Termina el calvario, tres bolsas cada uno. Las suyas más repletas que las mías, quizá para no sobrecargar mi maltrecha espalda, o tal vez para que no siguiera quejándome de cada paso que ella daba.

15,15 horas: PM. Llegamos al coche, en silencio, exhaustos, al menos yo. No me atreví a preguntar cuánto se había gastado. No quería amargarle ni amargarme yo el resto del día pensado en esos números rojos que estaban ocupando mi cabeza desde que abandonamos la última tienda.

16,00 horas: PM. Por fin en casa. Yo agotado, ella al parecer no tanto pues se dispuso nada más comer un sándwich​ vegetal y una pieza de fruta a hacer un paso de modelos ante mí. Qué privilegio. Adiós siesta, pensé con la resignación de quien no tiene ninguna opción de salirse con la suya.

El resto del día y fin de semana no importa, sólo resaltar su felicidad después de unas largas jornadas de “ropaterapia”.

Lunes 27 de noviembre de 2017

La resaca del Black Friday, dos bolsas de ropa para descambiar. No pregunte el porqué. Aunque me hizo feliz pensando que el agujero en nuestra cuenta corriente iba a ser menos grande que el esperado.

La felicidad no duró mucho. Es cierto que nos pasamos media vida pensando en el pasado y la otra pensando en el futuro, sin vivir el presente. En este caso mi cabeza empezó a torturarse pensando en la Navidad, noche vieja y sus trajes de luces, Reyes y rebajas de enero, San Valentín, rebajas de primavera, vacaciones en primera línea de playa, rebajas de verano, vuelta al cole y comienzo de coleccionables, temporada otoño invierno, y rebajas de septiembre, puentes, Halloween, y de nuevo otro black friday y otra vez navidad, sin olvidar cumpleaños, aniversarios, bautizos, comuniones y bodas con su respectivo IBAN en la invitación. En fin una tortura mental y una cuenta corriente bastante mermada. Pero ella lo vale.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La Batalla

 

 

 

Cuantos muertos más ha de cobrarse la batalla antes de decantarse y dejar en los hombres su patética memoria. De dejar en el perdedor la amargura de sentirse humillado, lacerado tratado injustamente por el destino y por los dioses, de dejar en el vencedor la equívoca sensación de poder reclamar, imponer, su verdad por su victoria

La sangre que empapa ya la arcilla, las conciencias, las espadas, vertida sin desmayo por los cuerpos, por las armas, por los dioses sedientos e insaciables, manchará por generaciones a las tierras y a los hombres, a la razón y a la memoria.


No importa con cuantos mantos temporales intente cubrir su vergüenza la montaña donde los muertos se acumulan. No importan los libros que la ensalcen, ni con cuantas florituras se cuenten las hazañas. En realidad no importa ni siquiera el dolor de las heridas, las vidas perdidas, la infamia que provocó la matanza. ¿Podrá el vencedor pasados los años, los siglos, los tiempos venideros, reclamar la razón de su victoria? ¿Podrá en algún momento el vencido olvidar su necesidad de una revancha, de una venganza, de otra derrota?


Lo único importante, el único legado que ha de persistir en la memoria es: ¿Cómo fuimos capaces? Y para eso no habrá respuestas inocentes, no habrá héroes que lo mantengan, no habrá discursos que borren la nefanda, la inhumana, la lacerante memoria del primer muerto, la insufrible imagen de los campos anegados por la sangre, los desgarradores gritos de victoria, los escalofriantes lamentos de agonía, el silencio vengativo de los perdedores.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Santa María de Iquique, a vueltas con las distopías

Repasaba como tantas veces en mi memoria el disco dedicado a la matanza de Santa María de Iquique por Quilapayún que tanto escuché e influyó en mi adolescencia tardía o primera juventud. Y lo repasaba no sólo estéticamente si no históricamente. Han pasado 110 años, se cumplen ahora, el veintitantos de diciembre, desde que los trabajadores chilenos de las salitreras fueron asesinados impunemente por intentar salir de una situación de esclavitud encubierta a la que estaban sometidos en su propio país, por empresarios anglosajones protegidos por sus propios políticos. Y además los trabajadores, los muertos, fueron considerados los responsables de su propia muerte.

Y como siempre en este repaso hago una especie de cuadro evolutivo social de la situación de los trabajadores, como si se pudiera comparar la libertad actual con la esclavitud de aquellos hombres que no eran esclavos porque cobraban.

Es verdad que cobraban en dinero no convertible emitido por la empresa y que solo podía gastarse en los establecimientos de las propias empresas donde no había ninguna garantía sobre precios, pesos o medidas. Es verdad que los pobres ilusos vivían en casas que eran propiedad de sus patronos, comían lo que ellos les suministraban y al precio que ellos marcaban, pero sobre todo, astuto matiz, se les pagaba por su trabajo.

Nada que ver con hoy en día. Vivimos en casas que pertenecen a los bancos, nos pagan con el dinero que manejan los bancos que invertimos en pagarles la vida entera que les debemos. Compramos en establecimientos que son propiedad directa o indirecta de los bancos y si tenemos algún problema recurrimos a una legalidad impuesta por la jerarquía económico-política. Pero hay tres grandes diferencias, tres evoluciones claras y definitivas:

” Vivimos en casas que pertenecen a los bancos, nos pagan con el dinero que manejan los bancos que invertimos en pagarles la vida entera que les debemos.”


1. Antes los patrones eran personas, interpuestas o reales pero personas, ahora los patrones se esconden tras siglas de fondos de inversión, paraísos fiscales y anonimato recalcitrante y manejan el cotarro a través de sus capataces bancarios: Tal vez no sea una mejora pero es una evolución.

2. Antes los políticos se imponían y superponían a través de elecciones amañadas o directamente por golpes de estado, ahora los elegimos, eso es libertad. Es verdad que solo podemos elegir a aquellos que los bancos les prestan el dinero y luego se lo perdonan y se lo vuelven a dejar… y que nunca, nunca representan lo que quisiéramos que representaran. Pero podemos votar. No vale para nada, los resultados no son representativos, ofrecen unas cosas y hacen otras. Pero podemos votar. Somos libres de equivocarnos inevitablemente.

3. Yo creo que esta es la más clara de todas las evoluciones. En Santa María de Iquique los representantes de los trabajadores no corrieron y fueron los primeros en caer ante las balas. Hoy en día los sindicalistas corren, corren que se las pelan para alcanzar prebendas, puestos liberados que pagan sus compañeros a los que llevan a huelgas inútiles que a ellos les sufragan y viven integrados en el sistema, y piden el dinero a los bancos que se lo prestan y luego se lo perdonan y se lo vuelven a dejar… Anda! Como a los políticos.

Es de agradecer mucho, mucho, la preocupación de las grandes instituciones internacionales, nacionales, autonómicas y locales por garantizar nuestra libertad y nuestros derechos. Tanto sin vivir merece una recompensa que el populacho desagradecido no es capaz de reconorcerles. Aunque tampoco importa porque están más preocupados en elegir capataces de izquierdas o capataces de derechas, representantes de izquierdas o… bueno o de izquierdas, políticos de derechas o… bueno de centro izquierda. Eso sí mientras tanto los patrones, los de verdad, los que no tienen nombre, ni cara, ni salen en los papeles… un reír y no parar, de verdad, un reír y no parar.

Ah¡, se me olvidaba, esto no es un llamamiento a que nadie sea responsable de su propia desgracia, incluida la muerte, es solo la solitaria reflexión de un estúpido idealista.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Utopías, distopías y disparates

 

 

No hay muchas formas de atisbar el futuro, de asomarse a una rendija que el tiempo permita para ver un tiempo que nos preocupa no solo de forma personal, sino como especie. La literatura, como vehículo privilegiado de la comunicación, ha abierto ventanas a posibilidades alternativas en las que la humanidad no solo analiza esos futuros, más probables unos, más inciertos otros, que no solo hablan de lo que será, si no que apuntan directamente al corazón del presente, a lo que es y puede dar lugar a lo relatado.

Si la literatura siempre ha sido hábil para este fin la ciencia ficción, esa rama tan tardíamente valorada de las letras en nuestro país, ha demostrado que esa capacidad de anticipar el porvenir, de extrapolar los síntomas del presente para crear un futuro posible, ha sido especialmente prolífica sobre el tema. Raro es el autor de calado de esta disciplina que no ha concebido su visión particular de lo que acontecerá. No hablamos de un relato situado ficticiamente en otro tiempo, no de una historia actual con cuatro cachivaches tecnológicos que den un tinte futurista, no, historias que retratan sociedades con sus valores, con sus problemas, con sus logros y anhelos. Y si la literatura escribió los guiones la llegada del cine permitió, a aquellos cuya imaginación no se lo permitía, vivir en imágenes, en sonidos, en atmósferas recreadas, esos aconteceres posibles y previamente contados.

Una cuestión me provoca, estoy convencido de que no solamente a mí, una inquietud de espíritu en la que la razón, las razones, no me sirven como bálsamo. ¿Por qué la mayoría de las ventanas al futuro se abren sobre distopías? Es verdad que la razón literaria me dice que es más fácil contar la excepcionalidad del desastre que la felicidad cotidiana. Es cierto que la carga emocional de lo negativo es más relatable que la tranquilidad de un día de felicidad. Pero estas razones se diluyen cuando veo la realidad que me rodea, la radicalidad, el populismo, las medias verdades como medio de alcanzar objetivos presuntamente deseables, el desplome de los valores, la implantación sistemática mediante colectivos coercitivos del pensamiento único en temas morales y cotidianos, la dilapidación sistemática de los derechos individuales en nombre de unos pretendidos beneficios colectivos como respuesta  a miedos globales, ¿provocados?,  la salud, el terrorismo… que además llevan al predominio de grandes corporaciones sectoriales por encima de los gobiernos, de los colectivos que les sirven, de los ciudadanos. Y entonces la distopía se me hace evidente, cercana, inevitable.

“Es verdad que la razón literaria me dice que es más fácil contar la excepcionalidad del desastre que la felicidad cotidiana. Es cierto que la carga emocional de lo negativo es más relatable que la tranquilidad de un día de felicidad.”

Es cierto que leyendo “1984” en el contexto en el que fue escrita, situada en el tiempo y panorama político en el que Orwell la concibió, habla de una distopía provocada por los sistemas de anulación ciudadana que la realidad de la URSS en aquel momento apuntaban. No es menos cierto que el devenir nos ha permitido comprobar en nuestras propias carnes, incluso con episodios recientes, que en realidad las distopías imaginadas no tienen ideología, tiempo, ni límite.

El objetivo final de toda ideología, cuanto más radical es más evidente aparece ese objetivo, es la erradicación de toda oposición. Varían los métodos, varían los planteamientos, varían los tiempos o los desarrollos, pero el objetivo persiste.

Por cierto, acabo de darme cuenta, menos mal, de que he escrito una página entera sin referirme a los hechos que me han llevado a ponerme al teclado, ni a sus responsables.

El afán que demuestra el Ayuntamiento de Madrid en tomar medidas arbitrarias que afecten a los ciudadanos y a su día a día es digno de mejores fines. Su obsesión, razonada con medias verdades, permite entrever fobias e incapacidades que lesionan intereses legítimos de personas para las que ni han previsto soluciones, ni parece siquiera que sepan que existen, me refiero  las personas, o que les importen lo más mínimo, ni las personas ni las consecuencias.

 

“El afán que demuestra el Ayuntamiento de Madrid en tomar medidas arbitrarias que afecten a los ciudadanos y a su día a día es digno de mejores fines”

El problema se agudiza cuando además interviene el afán recaudatorio que parece convertirse en el fin principal y no confesado de las medidas. Fin último o, al menos, no desdeñable.

Cuando un organismo de servicio público, como es un ayuntamiento, se convierte por mor de sus decisiones en un problema público, algo no está funcionando.

Es comprensible que  todo equipo de gobierno tenga que tomar decisiones impopulares, incómodas, por un bien común que deben de defender, pero eso no está reñido con tomar esas medidas de forma proporcional y sin dañar a colectivos que son necesarios para el correcto funcionamiento del día a día de las personas y sus bienes.

Me contaba un conocido, que tiene una empresa de servicios auxiliares, reparadores que trabajan para atender a los usuarios que sufren averías que necesitan una reparación urgente, que su personal se enfrentaba a persecución y sanciones cuando tenían que intervenir en viviendas situadas en el centro de Madrid, en la zona donde se ha prohibido aparcar durante estos días. Me contaba de un operario, un fontanero, al que la policía municipal sancionó con 200 € mientras estaba descargando material para efectuar una reparación de urgencia en un edificio. De nada le valió la intervención del portero certificando que existía la avería, de nada el mostrar la asignación de trabajo emitida por una compañía de seguros con la valoración de “urgente”, de nada explicar que no podía trasladar los materiales y herramientas a pie desde el aparcamiento más cercano. ¿Quién estaba haciendo servicio público en ese momento?

Llevadas las medidas a ese nivel ¿estamos hablando de interés ciudadano, por parte del ayuntamiento, de una fijación con los vehículos a motor, o de una incapacidad para comprender las necesidades básicas de una ciudad como Madrid? ¿Estamos hablando de preservación o de imposición ideológica aprovechando una situación puntual?

Claro que, si naturalmente yo me hubiera inclinado por la falta de previsión y conocimiento, otras medidas tomadas por ese mismo equipo de gobierno me llevan a considerar que algunas de sus intervenciones me abren el camino de la distopía inmediata. La decisión, la, para mí, absurda decisión, de convertir las calles del centro en calles de sentido único para los peatones me lleva a imaginarme calles como Carmen o Preciados, por poner algún ejemplo, en aceras de una Metrópolis de sentido único físico e intelectual, en Madrid como una ciudad integrada en la Franja Aérea 1 del Super Estado de Oceanía, donde el Gran Hermano nos vigila para que circulemos correctamente. Después de la recomendación vendrá la norma, con la norma las sanciones, y con las sanciones las restricciones. Los vehículos de discapacitados solo podrán circular por esas calles previa autorización previa, y pagada, y en horarios restringidos. Estará prohibida la carga y descarga.

La medida es tan absurda, tan arbitraria, que nos podemos imaginar múltiples disparates posibles.  Imaginemos. A los peatones teniendo que consultar el sentido de circulación peatonal de las calles para poder llegar a su destino de la forma más racional posible. Imaginemos. El ir y venir, los recorridos innecesarios, el peligro de pasarse una esquina, el cachondeo, la incapacidad de algunas personas para orientarse en esas rutas sobredimensionadas. Imaginemos, aún más absurdo. Dado que son calles comerciales si alguien quiere ver la totalidad de los escaparates de los comercios de una de ellas tendrá que hacer un recorrido por uno de los lados de la calle, volver por otra calle diferente y recorrer nuevamente la calle original por el otro lado. ¿Y si se nos pierde un niño? ¿Qué hacemos? ¿Podremos confiar, vistos los antecedentes, en que la autoridad presente y competente, va a comprender la situación?

¿Y después qué? ¿Nos instalamos intermitentes? ¿Marcamos carriles para peatones con líneas continuas para evitar que se cambien demasiado y entorpezcan a los demás usuarios? ¿Se instaurará un permiso de circulación peatonal con puntos? ¿Tendremos que vestir todos uniformemente con nuestro DNI perfectamente visible? ¿Nos hemos vuelto locos?

Hay que reconocerlo, a veces la realidad supera a la ficción, o, por lo menos, hace todo lo posible por imitarla de la forma más surrealista y desagradable posible.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Todos contra todos

 

La integración en las sociedades que sufren de discriminación, sea racial, cultural, sexual, religiosa o de cualquier otro tipo, no se consigue a golpe de ley, ni a golpe de censura, ni a golpe de discriminación positiva. Solo una labor pedagógica de años, la convivencia diaria y el conocimiento del otro pueden llevar a que esa tolerancia necesaria pueda producirse y no imponerse.

Somos muy dados en esta sociedad marchita, adocenada, decadente, a que aquellos que tienen voz, aquellos a los que se les ha otorgado la voz para que hablen por nosotros, en una clara dejación de sus funciones, confundan su voz con la voz de aquellos a los que representan y, lo que es peor, secuestren la voz de sus representados en una labor de sórdida censura cuando estos dicen, o lo intentan, aquello que a los excelsos representantes de sí mismos les parece inconveniente.

Posiblemente una de las abominaciones más flagrantes de un tiempo a esta parte es todo aquello que engloba, que supone, que se guarece bajo la mediocridad de la expresión “políticamente correcto”, porque cuando algo es políticamente correcto es que es solo parcialmente cierto, tendiendo el porcentaje de certeza de la expresión a cero.

No se le puede pedir a una sociedad que viva en un retroceso permanente de sus usos y costumbres, o que olvide lo vivido durante generaciones, solo para que aquellos que llegan se sientan más cómodos y además que calle y otorgue. No se puede acusar permanentemente a un colectivo mayoritario de intolerante o fascista porque no permita de buen grado la imposición de hábitos que chocan y agreden a los suyos propios, consecuencia de siglos de evolución y cultura. No se puede acallar a la gente que en la calle percibe una realidad, indeseada por políticos y comunicadores, llamándoles racistas, xenófobos o fachas, aunque en determinados casos lo sean, porque aquellos que son insultados por su percepción de lo que les rodea no van a cambiar esa percepción siendo vilipendiados, etiquetados, despreciados, antes bien se convertirán en unos irreductibles propagadores de su idea, en unos enemigos acérrimos y beligerantes de lo que rechazan.

“No se puede acusar permanentemente a un colectivo mayoritario de intolerante o fascista porque no permita de buen grado la imposición de hábitos que chocan y agreden a los suyos propios, consecuencia de siglos de evolución y cultura”


Porque una cosa es lo hablado y otra cosa es lo vivido. Porque una cosa es hablar desde un barrio acomodado sin problemas de convivencia y otra es ver como tu barrio de toda la vida, tu barrio modesto y tradicional, se va convirtiendo en un gueto en el que tú eres el extraño, en el que puedes llegar a ser mal mirado por hacer tu vida de siempre. Porque una cosa es tener un empleo bien remunerado y solvente y otra cosa es ver que los nichos de trabajo no especializado te son inaccesibles por ser nativo. Y además no puedes decirlo, es políticamente incorrecto. Los que tenemos un buen trabajo, los que vivimos fuera de las zonas marginales, te vamos a llamar racista, facha, xenófobo y vamos a usar todos los medios a nuestro alcance, políticos, de difusión, legales, para hacerte comprender a ti y a los a los demás equivocados lo impropio de su conducta.

 Solo habremos conseguido fomentar el odio de los estigmatizados y, eso sí, vernos con un halo de santo apostolado, civil, laico, progresista, políticamente correcto.

Pues nada, nada, santos varones del mundo cultural, del mundo político, del mundo social, de las élites, a seguir así, a seguir vaciando nuestra equívoca conciencia sobre las espaldas de los que no tienen derecho ni siquiera a su propia conciencia. A seguir pontificando desde nuestra atalaya diciendo que no hay barro al pie de nuestra casa mientras la gente se va hundiendo en él. Mantengamos nuestros privilegios y fustiguemos, hostiguemos, insultemos y despreciemos a todo aquel que remueva la placidez de nuestra buena conciencia.

Sigamos permitiendo los guetos, los vivenciales, los educativos, los laborales, incluso los de protección social, y seguiremos teniendo marginalidad, violencia, terrorismo y, sobre todo, sobre todo, una sociedad intolerante de todos contra todos. Sigamos negando la realidad por políticamente incorrecta y seguiremos teniendo una  suerte de capas sociales, étnicas y culturales absolutamente impermeables unas con otras.

Y después nos sorprendemos de París, de Londres, de Barcelona…

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

La cuerda floja

Vacío visceral. Paranoia. Algo inexplicable que necesita ser explicado para no estallar. Es el fondo, como un agujero negro.

Es ahora en la era de las comunicaciones masivas, donde el espacio y el tiempo son tan relativos que ya no sabemos ni dónde ni cuándo estamos. Lo que nos impide saber quiénes somos. Aunque podemos saber que no hay nada de nosotros mismos en nosotros, que somos la mezcla de todo lo que va, viene, se queda o nos atraviesa. Somos los restos de los restos de nuestros propios restos, lamiéndose las heridas en cada iluso abrir de ojos. Todo es una configuración mental que podemos modelar más o menos, depende de cada momento. No deja de ser difícil dar forma a algo con las manos heridas. Hoy me he levantado cansado, no he dormido bien, pero a nadie le importa. Y menos a mí, así que manos a la obra. Hoy es otra realidad nueva que se presenta entera para mí. Esperando mis decisiones que no son más que producto de otros, aunque las quiera hacer mi producto. Inútil.

Algo que sirva para algo, buscamos la utilidad. Incluso en una conversación. No hay nada fuera del capital, y del capitalismo nada escapa. Ni siquiera las emociones, sensaciones o el amor. El capitalismo ganó la partida. Lo máximo que uno puede hacer es darse cuenta. Lo mínimo, intentarlo. Qué buscas, amigo. Nada tuyo, lo sé. Aun así, no me importa, estoy pensando en lo mío. El día más solitario de mi vida es cada día y el siguiente, cada día y el siguiente, cada día y el siguiente. Estoy solo en un mar de necesidad de compartir de forma egoísta lo que quiero ser y a lo que ni siquiera me acerco. Kant, pobre. Ya no sé cuándo soy malo o cuándo quiero serlo. No sé si tengo que serlo. Tampoco sé si se puede ser malo cuando interactúas con restos de mediocridad encarnado en cuerpos. Zombies. Somos todos. Y todos estamos solos. El capitalismo venciendo de nuevo para que compremos compañía. O para que nos la inventemos y la compartamos, como si eso fuera a hacer realidad los deseos.

«No hay nada fuera del capital, y del capitalismo nada escapa. Ni siquiera las emociones, sensaciones o el amor. El capitalismo ganó la partida. Lo máximo que uno puede hacer es darse cuenta. Lo mínimo, intentarlo»


Escribir como terapia, qué risa. Modesta la psicología. No me la creo. No tiene nada que decir y se lo inventa. No hace superar. Hace ahondar, hundir, socavar y desenterrar para mostrar, no para enfrentar, acabar y seguir. Las egregias partículas de agua de la superficie del inmenso océano, las que son capaces de elevarse y viajar por el aire, siempre se precipitan en cualquier otro lugar y, siempre, acaban volviendo al mar, de donde nunca salieron en realidad. Así habló Zaratustra y nadie sabe cómo habló. Hablaba y hablaba para sí, de los demás, para mantener la distancia prudencial con los esputos ajenos. Darse cuenta de que somos este instante y que lo demás no es alcanzable, así nos consumimos. Como el fuego en el aire.

Lo que te preocupa ocupa tus instantes, lo más valioso se cierra en la mayor de las cerrazones. Corazones ahogados en sí mismos, de sí mismos, de nada, en realidad. Es como una peste, el aire pesado. No poder abrir del todo los párpados, por la paliza que te ha pegado tu propia mente. Somos simples fanáticos de lo que carecemos y carecemos de todo. Somos un simple instante, todo el tiempo. Nos pasamos el tiempo siendo un instante y lo ignoramos deliberadamente. Será ese el punto donde bailan la locura y la cordura. Esa cuerda floja.

Diego Carrera Martín

Proyecto de deshumano. No sé si libre, pero pensador. Practicante de la resignación. Misántropo. Estudiante de filosofía.

20 N. La rancia sombra del águila campa a sus anchas

Cuando en un país, como el nuestro, quienes lo gobiernan están en connivencia con ciertas organizaciones o asociaciones relacionadas con el dictador Francisco Franco, es altamente improbable que condenen ciertas manifestaciones que suponen una exaltación del fascismo. Prueba de ello son las subvenciones otorgadas a la Fundación que lleva el nombre de aquel, no sólo por el gobierno de Rajoy sino también por el de José María Aznar, amén de a otras asociaciones homófobas y ultracatólicas, entre las que podemos citar la de Blas Piñar, las cuales además gozan de la declaración de utilidad pública lo que les permite obtener beneficios fiscales.

 

Para vergüenza de muchos e indignación de otros tantos, el pasado día 20 de noviembre, con ocasión del aniversario del dictador, la capital de España tuvo que soportar y contemplar el vergonzoso desfile a ritmo de marcha militar que protagonizaron miembros de las citadas asociaciones, vistiendo camisas azules y portando símbolos fascistas,


culminando tan escandalosa puesta en escena en el Arco del Triunfo, símbolo franquista que infringe la conocida Ley de la Memoria Histórica,  conmemorando antiguas marchas que se celebraban tras la victoria del 39, consecuencia de la cual España tuvo que soportar durante cuarenta años un vergonzoso régimen dictatorial, cuya represión impidió el ejercicio de derechos contemplados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

A diferencia de otros países de nuestro entorno, nuestro Código Penal no castiga la apología  o exaltación del fascismo como tal, lo que nos obliga a acudir a la Jurisprudencia, la cual ha dejado bien claro que, a pesar del que el artículo 18 del citado Código prevé como acto preparatorio punible la apología del delito, consistente en el enaltecimiento de un crimen o de su autor, con independencia de la ideología; sin embargo, no permite perseguir y castigar conductas que “sólo” enaltezcan a una ideología, por muy antidemocrática o peligrosa que esta pueda llegar a ser.

También el artículo 510 de la norma jurídica que estamos utilizando prevé los delitos de incitación al odio, discriminación o violencia, sobre los cuales los tribunales han determinado que, para poder aplicar este artículo, hace falta que la conducta en cuestión constituya, como mínimo, una incitación directa a cometer unos hechos mínimamente concretados.  Lo que se traduce en el hecho que, para castigar un acto de apología del fascismo con base en dicho precepto, éste tendría que provocar directamente a un acto de odio, discriminación o violencia,  evidentemente difícil de probar, de aquí que este tipo delictivo haya servido de muy poco para luchar contra conductas de exaltación fascista.

Tales actitudes y su falta de castigo nos hacen plantearnos la arbitrariedad y la falta de imparcialidad que algunos gobierno, como los del Partido Popular, evidencian, al ni siquiera condenarlas públicamente, mientras que el reparo a retirar ciertos símbolos franquistas suele ser la tónica habitual de este partido político fundado por un exministro franquista; pero que, además, cuenta entre sus filas con auténticos herederos del franquismo, no tanto de sangre, que los hay, sino también en su sentimiento de añoranza de aquellos años en los que España se encarcelaba o se condenaba a muerte a  personas simplemente por su ideología, en Consejos de Guerra, mediante un procedimiento sumarísimo donde la defensa del condenado brillaba por su ausencia. No es de extrañar que, por lo tanto, disfruten tanto aplicando medidas represoras contra la libertad de expresión y manifestación, mediante la utilización de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a su antojo.

Además, no se trata simplemente de condenar manifestaciones que constituyen en si mismas una exaltación del fascismo, sino más bien de legislar de manera adecuada para que tales actos no vuelvan a tener lugar, evitando que bajo la piel de cordero se escodan auténticos lobos hambrientos de poder al hacerse pasar por organizaciones democráticas, autorizadas como tales, mediante unos estatutos que para nada responden a su auténtico modus operandi donde la violencia y el odio son una de sus manifestaciones.

 

“haciéndose pasar por organizaciones democráticas, autorizadas como tales, mediante unos estatutos que para nada responden a su auténtico modus operandi, donde la violencia y el odio, son una de sus manifestaciones.”

Esperemos que, terminados los actos de sepelio del recientemente fallecido Fiscal General del Estado, el ministerio público se ponga manos a la obra, para identificar a quienes han participado en dicha manifestación, aunque resulta improbable habida cuenta de la dependencia que esta institución tiene del gobierno, cuyos titulares son  nombrados a su antojo marcándoles las directrices a seguir. Para con ello evitar en nuestro país la misma línea ascendente que los partidos de ultraderecha están teniendo lugar en algunos países de la Unión Europea.

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

Prometo no volver

 

Miro las pisadas de mi suela a cada paso,

nadie me mira, nadie me hace caso.

 

Entro en casa sucio y vacío,

he robado un billete hacia el precipicio de mis vicios,

 

Siento si te abraso porque soy un volcán en erupción,

se acerca mi período de extinción.

 

Parón del corazón.

Siento si rompo todo lo que toco,

soy como las olas, desgasto poco a poco.

 

Sólo quiero que sepas que mis besos fueron verdaderos,

tiernos de acero.

 

Siento que todo ésto nos aplastara,

fue la lava.

Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

Un paraíso penal, la historia rancia

Con un cierto asombro, en realidad con un cierto recochineo interno, leo las noticias sobre los requerimientos de información que el sistema legal belga realiza al español a cuenta de la extradición de los políticos catalanes que se han instalado en sus tierras.

Tal vez la culpa sea de los Tercios Viejos y cientos de años después el subconsciente flamenco no haya aún logrado pasar página de una historia aún más vieja que los tercios. Tal vez sean cuadros como el de “Las Lanzas” de Velázquez que rememoran episodios incómodos para los habitantes de Flandes, o tal vez solo sea que entre España y Bélgica, entre sus nacionales, sigue existiendo una relación de mínimo respeto mutuo.

Tal vez sea eso, alguna de esas cosas, o todas, lo que sigue asomando los cuernecillos del mutuo desprecio cada vez que existe oportunidad a pesar de que legalmente pertenecemos a un proyecto presumiblemente común, el europeo. Y digo que presumiblemente común porque cada vez que nuestros caminos se cruzan lo único común, lo único que compartimos es el recelo que el otro nos causa. Y le llamo recelo por no dar otras calificaciones que no serían compatibles con los mutuos intereses, aunque, seamos sinceros, si son compatibles con la cruda realidad.

La verdad, la única verdad a nivel oficial, es que Bélgica se convirtió en su momento en un baluarte en el que los terroristas de ETA encontraron acogida. En sus vericuetos legales y en su descarada desconfianza hacia un país que lo último que necesitaba era un socio que protegiera a los que sistemáticamente asesinaban a sus ciudadanos y ponían en jaque a un sistema político que intentaba salir de una larga pesadilla.

“La verdad, la única verdad a nivel oficial, es que Bélgica se convirtió en su momento en un baluarte en el que los terroristas de ETA encontraron acogida.”


Si entonces fue el terrorismo de ETA el vehículo de la falta de solidaridad legal, voy  descartar la política, que el sistema belga utilizó para demostrar su falta de empatía con España, ahora es el acogimiento a unos presuntos delincuentes por sedición la excusa para demostrar, otra vez, que la solidaridad europea no es otra cosa que papel mojado a nivel de dura realidad.

Es verdad que en tiempos de terrorismo Bélgica aún no lo había sufrido en sus carnes y la falta de empatía que sus decisiones demostraban podían interpretarse desde una carencia de solidaridad preocupante, pero en el caso de la sedición Bélgica tiene el diablo en sus propias tierras y tal vez le sería más fácil ponerse en piel ajena. Bastaría con que se planteasen cual sería la actitud si cambiásemos territorios y personajes.

En fin, tantas palabras para decir tan poco. Tantos trámites para llegar a tan pocos sitios. Tantas declaraciones de solidaridad, de amistad, de identidad europea, para al final dar una larga cambiada. Porque yo creo que al final son las tripas, las históricas y las histéricas, las personales de los intervinientes, las que predominan en estas cosas.

O eso, o tal vez debiéramos de empezar a pensar que Bélgica quiere convertirse en un paraíso penal, en el lugar al que peregrinen los delincuentes comunes de todos los países invocando una persecución política que solo los belgas serán capaces, tendrán las tragaderas, de reconocer.

Si yo fuera el presidente del gobierno español tendría una copia a tamaño natural de “La Rendición de Breda” preparada para regalarle al gobierno belga en agradecimiento. Puestos a tocarnos las partes pudendas, al menos que la nuestra sea más fina, y cultural.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Alienígenas, alineados y otras especies

 

Vaya por delante que la forma en que ha desempeñado el cargo el ayer fallecido Fiscal General del Estado nunca me ha gustado, al igual que tampoco me gusta la forma de actuar de muchos personajes públicos, sobre todo políticos, acostumbrados a atacar en sus debates a las personas en vez de discutir las ideas contrarias, a los que sus seguidores imitan, quizá porque carecen de criterio propio para defender una determinada postura, alineándose a sus líderes cual como pollo sin cabeza.

Alegrarse de la muerte  de una persona simplemente porque no compartamos sus ideas, o en el caso de José Manuel Maza, por su gestión como jefe del Ministerio Público, no solamente demuestra la falta de humanidad de quienes en redes sociales o en otros foros han festejado tal deceso, sino también su bajeza e infamia; máxime cuando quienes lo hacen se jactan de ser más demócratas que nadie, como los  ‘cachorros de la CUP‘, la formación de jóvenes Arran, quienes han publicado el pasado sábado un tuit con una imagen del revés del fallecido y junto a ella y con varios emoticonos de manos diciendo adiós, el mensaje de: “Hasta nunca”.

Conductas tan abyectas como ésta suelen ser muy frecuentes, ensuciando el debate y el juicio popular que merecen los cargos públicos por su mal hacer, lo cual, no solamente es totalmente lícito, sino que, por higiene democrática también es necesario. Pero, una cosa es juzgar y otra dar coces al aire, porque quienes lo hacen en vez de utilizar la razón con argumentos plausibles prefieren utilizan su rancia política de imposición de ideologías, lo cual evidencia que ellos, que hablan de debate, democracia y poder del pueblo, son los menos dignos para abanderar cualquier lucha política en consecución de objetivos que beneficien a quienes dicen representar.

 

“Conductas tan abyectas como ésta suelen ser muy frecuentes, ensuciando el debate y el juicio popular que merecen los cargos públicos por su mal hacer, lo cual, no solamente es totalmente lícito, sino que, por higiene democrática también es necesario.”

Estamos ante personas que desconocen el poder de la razón, no sólo de la citada formación, sino también de otras muchas que, actualmente, podemos encontrar en la arena política, primando en ellas el poder de la violencia verbal, no solamente del espectro de la izquierda sino también en el lado contrario.

Vergüenza ajena no es la palabra para definir el sentimiento de repulsa hacia quienes se alegran de la desgracia de alguien, sea político, torero fiscal o cualquier otro cargo o profesión que por su censurable actuación o por sus ideas no puedan ser absueltas de ese juicio que todos los ciudadanos de forma legítima y en uso de nuestra libertad de expresión podemos y debemos hacer; porque vergüenza ajena sería identificarse, en cierto modo, con personas tan ruines.

Quienes hacen leña del árbol caído, ya sea porque ha sido talado, derribado  o simplemente porque se ha agotado su vida, demuestra la cobardía de quienes no han sabido hacer frente al problema en el momento que debieron hacerlo,  prefiriendo coger el hacha para golpearlo sin piedad hasta convertirlo en pequeños trozos de madera, absurdo salvo que queramos hacer fuego o reavivar el existente con el único objetivo de desestabilizar mediante el uso de la sinrazón y la violencia.

En definitiva, estamos ante individuos que se amparan en el grupo al que pertenecen cual borregos que se siguen unos a otros en una dirección marcado por pastores imberbes, no por edad, sino por falta de madurez democrática, de los que no deseo su muerte y mucho menos me alegraría por ella.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Una propuesta salomónica

 

Reflexionando, que como todo el mundo debería de saber es gerundio y por tanto, abundando un poco más en el conocimiento del castellano, tiene la capacidad de resumir, sobre el tema catalán, sobre las distintas posturas, que inicialmente parecen irreconciliables, se me ha ocurrido, y esto es participio y aprovecho para participarlo, una posible solución que a fuerza de no contentar a nadie dejaría a todos insatisfechos, pero en la que todos serían reos de las posiciones demandadas.

Respeta el derecho a decidir de todos y cada uno, incluye los límites legales de la decisión, permite votar la opción preferida de cada ciudadano y contempla la opción de que se tenga en cuenta lo votado.

Únicamente quedaría por valorar, que manera de esquivar el verbo decidir, si el resultado obtenido sería vinculante o no. Sospecho que ninguna de las partes estaría plenamente satisfecha con mi propuesta, lo que la hace aún más atractiva, e ilustrativa.

Yo convocaría un referéndum sobre la cuestión catalana con las siguientes características:

  1. Se votaría en toda España
  2. En Cataluña constaría de dos preguntas y en el resto de España solo de una.
  3. Solo sería vinculante el resultado de la segunda pregunta si también lo es el de la primera.

Hasta aquí yo creo que nadie puede ponerle un solo pero a mi propuesta, aunque lo de nadie posiblemente esté un poco exagerado. Casi nadie, al menos nadie de los que han pedido diálogo, derecho a decidir, democracia o derecho a votar. Todos respetados.

Y ahora viene lo verdaderamente complicado, como siempre. Porque lo verdaderamente complicado en toda cuestión no es responder, si no acertar con la pregunta. Y yo propondría las siguientes preguntas:

  1. Para todos los españoles: ¿Consideran ustedes legítimo, y por tanto están dispuestos a aceptar, el deseo de independencia de algunas partes del territorio español, siempre que así lo expresen por mayoría suficiente?
  2. Solo para los catalanes: ¿Desea usted la independencia de su circunscripción electoral respecto a España aceptando los términos que se especifican en esta convocatoria?

El resultado de la primera pregunta condicionaría la aceptación de la segunda ya que es potestad de todos los españoles cambiar la ley y aceptar ese cambio, pero si dijeran que sí, al día siguiente de la votación todos los pueblos que hubieran elegido su independencia, lo serían. Ya luego si se organizan en nación, estado, territorio independiente o pueblo estado, sería su problema y el de los que lo hubieran decidido. Porque tampoco nadie puede, puestos a ejercer el derecho a decidir, que ese derecho haya que ejercerlo por territorios completos. Ellos mismos lo plantean, cada uno tiene derecho a decidir dentro de su comunidad y a que el resto de territorio más amplio tenga que respetar esa decisión.

“puestos a ejercer el derecho a decidir, que ese derecho haya que ejercerlo por territorios completos. Ellos mismos lo plantean, cada uno tiene derecho a decidir dentro de su comunidad y a que el resto de territorio más amplio tenga que respetar esa decisión.”


Es posible que entonces el territorio a independizarse fuera algo así como Gerona y la parte norte de Barcelona. Tal vez algo de Lérida, y algún pueblo suelto aquí y allá que ya vería como bandearse. Al fin y al cabo lo más  problemático de tomar decisiones es enfrentarse a las consecuencias.

Ya lo de los términos y consecuencias sería cuestión de ser serios y rigurosos. Aranceles a los productos de las zonas independientes. Exclusión automática de los foros internacionales. Pérdida de libre circulación. Pérdida de moneda única.. Tampoco yo sé exactamente. Así, a volapié, que se dice. Seguramente me faltan muchas y, hasta puede que, me sobre alguna.

Estoy seguro de que algunos pueblos no ratificarían ese deseo de independencia. Otros muchos sí, aunque les pareciera una independencia inviable.

En fin, ahí dejo mi propuesta. Insisto, estoy convencido de que no va a dejar contento a nadie porque intenta respetar las convicciones de todos. Salomón me lo hubiera firmado, seguro.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

El futuro que nos espera

Igual que nuestro presente, nuestro futuro no será nada halagüeño, y no es que lo digamos por decir, para cargar las tintas contra los políticos o porque lo queramos utilizar como arma arrojadiza contra el gobierno en este momento aprovechando la crisis catalana. No, es la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos​ (OCDE), la que lo dice  en el informe de bienestar de la OCDE de 2017 bajo el título ‘¿Cómo es la vida?’, en el que se sitúa a España entre los peores países desarrollados en calidad democrática y en desigualdad económica y, lo que es peor y más preocupante, es que la tendencia no mejorará, sino todo lo contrario.

Recordemos que la OCDE es un organismo de cooperación internacional, compuesto por 35 Estados, cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales, del que España forma parte desde el 3 de agosto de 1961.

Pues bien, el citado informe, entre otras cosas, manifiesta que los nacidos en nuestro país a partir de los sesenta tendremos un vejez peor que la de nuestros padres, al comparar la situación de los pensionistas españoles con los de la media de los países ricos, dependiendo prácticamente en su totalidad de los ingresos que obtuvieron durante su vida en activo, en tanto que los segundos este vínculo es inferior; lo que se traduce en una mayor desigualdad en los ingresos de los futuros pensionistas, debido fundamentalmente al aumento del paro que ha provocado una desigualdad de ingresos entre los hogares ricos y pobres, convirtiendo a España en el quinto país de la OCDE  con la peor distribución de renta, y el peor de Europa.

“convirtiendo a España en el quinto país de la OCDE  con la peor distribución de renta, y el peor de Europa.”

Además, el cambio en el cálculo de las pensiones españolas —que entró en vigor en 2014 y que implicaba el abandono del IPC como base para revalorizar las pensiones, y su sustitución por un mínimo del 0,25%— ha contribuido y contribuirá a reducir los pagos a los futuros pensionistas, eso sin contar con el sableado del gobierno de Mariano Rajoy al fondo de pensiones de donde ha sacado 67.337 millones de euros, se dice bien, desde el 2012, 9.500 millones a principios de año, lo que evidencia el fracaso de las reformas impulsadas por el PP y el PSOE.

Estamos ante un panorama especialmente negro para los pensionistas, al que contribuye el rápido envejecimiento de la población española y el abandono de la mujer del mercado laboral para cuidar de sus hijos, lo que se traduce en unos ingresos insuficientes en la hucha que pretendía garantizar el futuro de aquellos.

También, el informe de la OCDE, de la voz de alarma sobre los elevados niveles de pobreza en España, en continuo ascenso desde el inicio de la crisis económica en el año 2007, con especial incidencia en la población infantil, lo que suele acarrear problemas en la vida adulta.

Los riesgos de pobreza y desigualdad de nuestros jóvenes son muy superiores a los de sus padres, no sólo porque su esperanza de vida es superior, sino también porque las condiciones laborales son cada vez más precarias e inestables y porque la distribución de la riqueza es cada vez más desigual con incidencia en los extremos, es decir, unos pocos ganan mucho, mientras que unos muchos ganan poco, de manera que los ricos serán cada vez más ricos y los pobres más pobres, lo que,  en definitiva contribuye a que la desigualdad en edades avanzas continúe y aumente, al igual que las disparidades socio-económicas en la salud, lo que quiere decir que la desigualdad no sólo está en función de la edad sino también con factores como la salud, en cuanto que las personas con problemas sanitarios suelen ganar menos.

Otros factores que contribuye a la desigualdad económica son los bajos niveles formativos, de manera que, los que tienen más bajos niveles suelen dejar de trabajar antes; o el sexo, en cuanto que las pensiones que cobran las mujeres son un 27% menor que la delos hombres.

Un futuro desesperanzador que, como señala el informe de la OCDE no es previsible que mejore, y ello  porque, los gobiernos no han hecho bien sus deberes y siguen sin hacerlos, con políticas de parcheo ante problemas coyunturales o encaminadas a beneficiar a determinados sectores, en vez de con una visión de futuro tomando las medidas necesarias para que el país en general prospere, construyendo pilares sólidos sobre los que sustentar nuestra economía.

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

De la razón y la sinrazón

Reflexionando  sobre acontecimientos acaecidos en los últimos tiempos me planteaba la posible relación entre la razón y la sinrazón que parece traspasar el mero enunciado antónimo  que inicialmente parece evidente.

Por ser más claro, la falta de razón no es necesariamente una sinrazón y tener razón no evita necesariamente caer en la sinrazón. Parece un lío pero no lo es. La razón se puede obtener por un criterio moral o por un criterio técnico-legal, o por ambos combinados.

Tal vez parezca un hecho nimio pero no lo es para aquellos a los que nos interesa la razón más allá de criterios de alineamiento. Cuando alguien evita o bordea, incluso por dentro, los criterios morales para defender la pretendida razón –esa que todos consideramos razonablemente que tenemos-, porque contra el otro que no la tiene todo vale, evita que aunque finalmente la razón sea suya yo pueda solidarizarme con él ya que convierte su acto de reivindicación justa en un acto de reivindicación alineada a la que yo me niego a unirme porque significa que tengo que solidarizarme con él en todos sus planteamientos reivindicativos dada su superioridad, superación, moral.

“La sinrazón, que no la falta de razón, se obtiene por una falta de criterio moral o por un ejercicio desmedido de la pretendida razón.”

Voy a intentar poner algunos ejemplos con los que me he encontrado últimamente:

  1. Que agite mi trapito de colores menospreciando, incluso llegando a la descalificación o el insulto, a los que agitan otros con colores o dibujos diferentes por el simple hecho de ser diferentes y por tanto errados, es una sinrazón
  2. Que asumamos que los políticos mienten pero que los de nuestro signo lo hacen justificablemente, es una sinrazón.
  3. Que un colectivo reivindique sus derechos tomando como rehenes a los ciudadanos que no tienen por qué estar de acuerdo con ellos, es una sinrazón.
  4. Que un delincuente no redimido, no arrepentido, no válido para la convivencia se pasee libre, es una sinrazón.
  5. Pretender que se habla en nombre de la totalidad, la Verdad o la Justicia, es una sinrazón
  6. Que se llame informativo a un grupo de personas que insultan, intimidan e incluso agreden, es una sinrazón.
  7. Que de la formación –esa que rimbombantemente llamamos educación- se haga una cuestión política en detrimento de aquellos que tienen derecho a recibirla, es una sinrazón
  8. Que se legisle sobre criterios morales pretendiendo la superioridad moral propia por la detentación de la potestad de hacerlo, es una sinrazón
  9. Que convirtamos unas reglas morales en una religión, o anti-religión, y a esta en una forma de coacción/poder, es una sinrazón
  10. Que aguantemos estoicamente, y por tanto con complicidad, la actual casta política que ni hace lo que dice ni dice lo que hace, es una sinrazón.
  11. Que desde cualquier tribuna se intente justificar la mentira porque los otros también han mentido es una sinrazón. Si esa tribuna se detenta por representación más que una sinrazón es un delito.
  12. Esperar que los que han estropeado algo por su propio interés lleguen a arreglarlo no solo es una sinrazón, es una estupidez.

Pero bueno, tal vez no tenga razón. Eso sí espero no estar cayendo en ninguna sinrazón.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Sectas: La antroposofía, una pesudociencia que atrapa a las personas.

Como dijo San Mateo en su Evangelio, Cap. 24, Vers. 11:“ Y muchos profetas se levantarán, y engañarán a muchos”, y así está sucediendo, cayendo en manos de esos falsos profetas personas que confraternizan con terapias alternativas, falsos sanadores y guardianes del espíritu, apartándose del camino de la libertad en su sentido más amplio, pasando del libre pensamiento a ser seres adoctrinados en manos de un guía espiritual o maestro: quedando, finalmente, atrapados en un mundo que practica una pseudo ciencia conocida como antroposofía, lo que les lleva a asilarse por voluntad propia de sus seres queridos, de su familia más próxima, incluso amigos, a los que culpabilizan de su tortuosa existencia y de no entender o compartir esa espiritualidad transmitida por falsos y simplistas charlatanes, convertidos algunos en gurús de un tipo de agricultura que han bautizado con el nombre de biodinámica.

 

Para quienes lo desconozcan, la antroposofía consiste en un sistema místico-filosófico desarrollado por el austríaco Rudolf Steiner, haciendo una mezcla un tanto rara de pseudomedicina, agricultura, sistema educativo –las escuelas de Waldorf-, y hasta una corriente artística.

Como buena pseudociencia, tiene teoría para todo, y entre ellas no podía faltar la agricultura, conocida como agricultura biodinámica, la cual empezó con un curso que fue impartido por el propio Steiner en el año 1924, al que asistieron poco más de medio centenar de personas, donde se decían chorradas tales como que “los productos agrícolas estaban degenerando y que no podían ser usados como comida“, o que su misión, aunque no tenía ni puñetera idea de agricultura era “influir en la vida orgánica de la tierra a través de las fuerzas cósmicas y terretres” (sic).

Actualmente la antroposofía, se encuentra por todo el mundo, contando con ingentes cantidades de dinero, y lo que es peor, su funcionamiento es el mismo que el de una secta destructiva, basándose en una mezcla  de doctrinas diferentes, tales como:

– Las tonterías nacionalistas y profundamente irracionalistas de la filosofía romántica que le gustaba.

– La supuesta justificación científica del misticismo, extraída de Goethe.

– Lo que había aprendido con los chamanes de la teosofía. Especialmente astrología y cosas hinduístas tipo chakras o palabras en sánscrito.

– El cristianismo. La figura de Jesús es central en la antroposofía, aunque visto de una forma un tanto rara, ya que Steiner decía que son dos personas, utilizando, además, el concepto de “juicio final” propio de las sectas apocalípticas cristianas basado en el rapto espiritual del más allá pero sólo si pagamos dinero a los de la secta, sometiendo a ellos su voluntad. Decía, además, que sus conocimientos procedían de Jesús, que se le había aparecido una noche revelándole “cosas gordísimas”, aunque también hablaba de un herbolista que fue su maestro.

De esta manera, en el ámbito de la espiritualidad, aseveraba cosas tales como que:

1) La verdad no existe, es una creación del alma humana y cada cual ha de encontrar la suya.

2) El ser humano es cuerpo, alma y espíritu.

3) El alma humana se ve afectada cada semana según la posición de los astros.

4) Existe el karma y nos reencarnaremos.

Pero, este circo no termina ahí. Aparte de esta espiritualidad pseudocristina con matices religión budista, de captación de almas perdidas; lo peor, si cabe, es su absurda teoría racista, donde los negros son niños; además de otras mierdas propias de la dictadura nazi debido a su visión política fuertemente conservadora, negando la teoría de la evolución.

En definitiva, toda una pesudociencia para tontos o simples que necesitan ver su vida empecatada en doctrinas y reencarnados en cualquier especie que perpetúe su existencia, impartida en centros llamados Goetheanum, diseñados por el propio Steiner en honor a Johann Wolfgang von Goethe, hasta un total de diecisiete.

“toda una pesudociencia para tontos o simples que necesitan ver su vida empecatada en doctrinas y reencarnados en cualquier especie que perpetúe su existencia,”

En España, pese a que son ilegales, hay una cantidad considerable de escuelas Waldorf que, aunque vigiladas por la Administración las deja campar a sus anchas, a pesar de que los niños que a ellas acuden llevan un terrible desfase educativo, lo que los hace fácilmente manejables para ser adoctrinados al antojo de la secta por tratándose de una población indefensa que no puede reclamar sus derechos.

Además, estos niños son alimentados por los productos obtenidos de la agricultura biodinámica citada anteriormente, recibiendo una asistencia médica antroposófica, lo que constituye, sin lugar a dudas, un peligro para la salud pública, ya que muchas veces los antroposóficos no vacunan a sus hijos, originando, como se pueden imaginar, infecciones y virus de todo tipo, siendo la tosferina y el sarampión las más frecuentes.

Estamos, pues, antes un secta muy peligrosa en todos los sentidos, no sólo a nivel espiritual alineando a sus seguidores con una doctrina que  coge de aquí y de allá lo que les interesa, creando un remix sin ningún tipo criterio científico y sin la formación adecuada en determinadas materias,  lo que hace que carezcan del suficiente rigor como para que puedan considerarse en las verdades absolutas que transmiten a sus seguidores; sino también en lo material, vendiendo una especie de ciencia holística que promete sanarlo todo.

Falsos maestros y profetas, falsos médicos, personas adoctrinadas y sin libertad, pero lo peor de todo, desnaturlizadas, que reniegan de su propia familia, buscando compensación a pequeños fracasos de su vida, o a una vida vacía o perdida.

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

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