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El Parlament no es la Bastilla

El pasado sábado especulaba yo en el Ateneo de Madrid sobre la balcanización de Cataluña. El domingo y el lunes parecían los cachorros independentistas confirmar mis temores. La violencia se instala en la política de Cataluña.

Dentro del mundo secesionista existe una mitificación de su “lucha”,  es el mejor elemento para qué los que participan de ese proceso se consideren a sí mismos imbuidos de un mandato superior, mandato cuasi divino ya que el “pueblo” se convierte en una divinidad, en un elemento superior, al cual todo buen catalán se somete. Es la nación esencialista el elemento central, la justificación del todo, frente a la otra nación: la Nación política, la que nos hace ciudadanos libres e iguales.

Es la nación esencialista, herderiana, “milenaria”, neofeudal, racista y violenta la que pugna por imponerse a la mayoría.

La muchachada que asaltó el Parlamentde Cataluña creía estar realizando un acto revolucionario y en realidad estaban asaltando la democracia. La Bastilla de París era una prisión y el símbolo del antiguo régimen, de la opresión. El Parlament de Cataluña, independiente a cómo se configura la representación ciudadana en él, es el símbolo de una democracia recobrada, es la representación de los catalanes en el ámbito autonómico.

No hay épica en ese asalto, no hay toma de la Bastilla, es el “vivan las cadenas” de Buñuel  al final de la película “El fantasma de la libertad”. Es el continuo absurdo nacionalista disfrazado de progresismo.

En Nou Barris, Barcelona. 05 de octubre de 2018

Los restos de Franco. Debajo de las cenizas están las ascuas

Permítanme que empiece con un juego al que todos hemos jugado alguna vez, sobre todos los que peinamos canas y antes no disponíamos de consolas digitales, móviles, u otros utensilios electrónicos que nos ofrecen un sinfín de juegos de todo tipo, con una verosimilitud que sumergen al jugador en una realidad digital muy parecida a la vía real, dejando poco espacio a la imaginación. El juego de mesa-camilla al que me refiero es el de la oca, y quiero utilizar este referente por aquella casilla en la que si caías en ella después de echar el dado y contar el número que te había salido te permitía avanzar más rápido te permitía expresar  aquello de “oca a oca y tiro porque me toca”. Pues bien, esto mismo es lo que está pasando con la exhuma eón y el traslado de los restos del dictador del Valle de los Caídos, todavía no sabe a dónde, ni siquiera si la decisión del gobierno de este traslado se hará efectiva algún día.

La citada similitud entre el juego y el traslado de los restos de Franco tiene su origen en el vayven que entre la familia de éste y el gobierno de España parece no tener fin, porque, aparte de la oposición radical de aquella al traslado, cada día surge un nuevo episodio que, por desafiante a la democracia, no puede ni debe ser tolerado ni permitido, amén de las resoluciones judiciales que puedan dar por finalizado este interminable litigio entre las partes en conflicto, decisiones que cualquier demócrata debe de respetar como ejercicio necesario de uno de los poderes en los que se sustenta cualquier régimen democrático como es el poder judicial. Cuestión diferente es estar de acuerdo con ellas o no y, por lo tanto, ser criticada política e incluso jurídicamente, con argumentos diferentes. Digo con argumentos, porque lo que no vale o no debería valer sería el insulto y la descalificación gratuita de nuestro sistema judicial.

Lo más preocupante de todo este conflicto es el hecho de la necesaria regeneración democrática en cuanto a esa historia, relativamente reciente, del poder totalitario ejercido por el dictador Franco en este país, que tantos represaliados y muertos ocasionó entre los que gritaban el nombre de libertad frente a una presión mordaz donde los que alzaban la voz eran torturados por la brigada político-social, estigmatizándolos socialmente e incluso encarcelados sin juicio o con un juicio militar sumarísimo en aplicación de una ley vergonzosa denominada de vagos y maleantes. Regeneración que pasa por eliminar todos los símbolos franquistas entre ellos la exhumación de los restos de aquel que como un faraón egipcio fue enterrado en el Valle de los Caídos junto con sus siervos y enemigos que cayeron en aquella contienda de 1936 contra la instaurada Segunda República, y cuya victoria por el ejercito liderado por aquel  sumió al país durante  cuarenta años en una oscura y sangrienta dictadura.

Pero, además, el cuento de nunca acabar tendría su fin si de una vez por todas se pusiera cada cosa en su sitio, no pudiendo ser otro el sitio de un dictador que una fosa familiar en un cementerio al uso, en una de las mansiones que todavía, aunque robada al municipio, sigue disfrutando la familia como es el Pazo de Meirás, o donde narices sea, pero siempre lejos de cualquier santuario que pudiera convertirse en un lugar de peregrinación y exaltación de la dictadura y de la persona que la mantuvo.

Es por ello que, resulta cuanto menos provocador la exigencia de la familia de los Franco de que los restos del dictador sean trasladados a la Catedral de la Almudena de Madrid y que dicho traslado se haga con honores militares. Provocación que no tiene otra finalidad que azicatar a la extrema derecha de este país y todavía a algún que otro grupo de militares retirados con añoranzas de aquel ejercito que con fusil en mano representaban un poder omnímodo contra una población civil, olvidánse de que la finalidad del Ejercito en el momento actual al que han servido es asegurar el actual régimen democrático.

Y, es que, ese refrán español de que “debajo de las cenizas están las ascuas” representa la realidad de ese fanatismo fascista aún imperante en nuestros días a pesar del tiempo transcurrido desde la instauración de la democracia en el año 1978, porque debajo del muerto, no se si de sus cenizas o de su momia, todavía se conserva la candente influencia que sobre determinado sector de nuestra sociedad, aunque minoritario, reaviva las llamas de quienes rechazan la democracia bajo el convencimiento de que la única solución a los problemas económicos, sociales o el resurgir de la izquierda en determinados momentos de  nuestra vida democrática, es el “palo largo y la mano dura“; dicen que  “para evitar lo peor“, siguiendo la canción de aquel grupo llamado Jarcha que en el momento de la transición evidenciaban la herencia recibida del franquismo, herencia que aún hoy prevalece en el terreno ideológico de determinadas momias políticas, no por viejos, porque de todo hay, sino por lo putrefacto de su olor.

“Y, es que, ese refrán español de que “debajo de las cenizas están las ascuas” representa la realidad de ese fanatismo fascista aún imperante en nuestros días a pesar”

Es necesario que dicha restauración democrática se haga de forma definitiva, ya que mientras tanto, mientras se siga provocando a las familias de aquellos represaliados durante la dictadura con la exaltación de un dictador con las manos muy manchadas de sangre de la sangre de gente que sólo deseaban vivir en libertad, derecho inalienable del ser humano, así como de su obra genocida, no existirá una auténtica democracia. En definitiva, mientras no se instauré como delito cualquier tipo de exaltación del fascismo y se ponga al dictador lejos de cualquier altar mayor o centro de peregrinación, estaremos jugando, o mejor dicho, estarán jugando nuestros representantes políticos a un juego llamado democracia permitiendo a los desleales a ésta reírse en nuestra cara y, lo que es peor, de quienes soportaron en sus propias carnes las heridas y muertes provocada por aquella dictadura infame y cruel.

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

No soy tuya ni de nadie

 

Parece que en este país, llamado España, siempre nos acordamos de Santa Bárbara cuanto truena. Se nos revuelven las entrañas, sentimos impotencia, repulsa, dolor, y unas grandes ansias de justicia contra quienes agraden, extorsionan y matan a sus parejas o ex parejas, y luego qué.

 

También parece que en esto tiene algo que ver aquello  que se predica dentro de la iglesia católica cuando alguien contrae matrimonio por esta vía de que “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”, no se sabe si con la sana intención de que esta unión sea para toda la vida, o como una manifestación de la posición patriarcal que esta religión, como otras, han manifestado a lo largo de su historia en cuanto al concepto de matrimonio.

Tal y como dijo Gerda Lerner (1986) el patriarcado  es “la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general”, manifestación que en nuestros días sigue estando presente, concibiendo todavía muchos hombres que su unión a una mujer, bien sea por la vía matrimonial o bien como un acto voluntario entre ambos de convivencia en común, le otorga cierto poder de posesión y disposición sobre ella.

Quizá a estos hombres hubiese que recordar que el matrimonio según nuestro Código Civil -habida cuenta que los matrimonios eclesiásticos tienen efectos civiles-, que los cónyuges son iguales en derechos y deberes (artículo 566), que los cónyuges deben respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia (artículo 67), o que los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente; debiendo, además, compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo (artículo 58).

Pero, tampoco está de más el recordarles que igual que el matrimonio une, como una manifestación libre de la voluntad de los contrayentes, también existe la posibilidad que por una decisión voluntaria de uno de los miembros, o bien por mutuo acuerdo, se elimine dicho vínculo mediante el divorcio.

Quienes hemos vivido una experiencia de separación o divorcio sabemos que, salvo raras ocasiones donde predomina, en algunos casos el beneficio de los hijos o porque por la madurez de ambos se prefiere finiquitar una relación que no da de más, produce un desequilibrio emocional en ambos; no en vano la unión matrimonial o relaciones more uxsorio o a modo de matrimonio -sin vínculo matrimonial- suele tener su germen en el amor, salvo algunos que pueden tener su base en un móvil de tipo económico o social, aunque éstos no suelen ser lo habitual; desequilibrio que debería llevar a quienes no pueden controlarlo a buscar la asistencia médica o psicológica necesaria, por su propio bien y de quienes le rodean.

Es cierto que, cuando la unión matrimonial o extramatrimonial se sustenta en el amor, aunque éste desaparezca, queda un poso de vacío existencial, la nostalgia de aquellos momentos felices se apodera de nuestro ser; pero, también lo es que de amor al odio hay un paso y que muchas personas no perdonan el hecho de ser dejados por su pareja. Entonces, aquí entra el juego sucio, el excesivo ruido que se genera durante el proceso de separación y/o divorcio, suele desembocar en una cantidad de reproches que nunca habíamos pensado, eso sin contar con el reparto de bienes que puede  no sea lo más equitativo para ambos.

El problema viene cuando es ruido continúa después de la ruptura, cuando los chantajes emocionales, las amenazas y extorsiones se convierte en un hábito para recobrar o mantener la posesión de la expareja, desembocando finalmente en agresiones frente  a los cuales la reacción judicial no suele ser muy efectiva o acertada, terminando en muchos casos, con el homicidio que, como viene siendo habitual las víctimas suelen ser los propios hijos o la mujer o ex pareja femenina, que tan frecuentemente tiñen de luto muchos de nuestros días a lo largo del año, ante lo cual la sociedad se plantea la pregunta del porqué de tanta inquina.

La respuesta no es otra que la apunta al inicio, es decir, el sentimiento de posesión de la mujer: “la mate porque la amaba, la maté porque era mía”, aparte de un gran desequilibrio mental no tratado, cuya base no es otra que la propia educación patriarcal recibida o aprendida, lo que nos lleva a pensar que la propia sociedad viene a ser responsable de no querer o no saber cambiar hacia una educación de respeto e igualdad entre los miembros de la pareja, atribuyendo roles en función del sexo, donde la mujer siempre suele llevar la mayor carga.

Dejándonos llevar por la repulsa hacia ese tipo de mal llamados hombres, pues su hombría, como conjunto de características y cualidades morales que se consideran propias de un hombre queda eliminada por actos tan execrables como son las agresiones a sus exparejas, la respuesta social, como no puede ser otra es exigir justicia, una justicia proporcional y adecuada al daño provocado, no sólo a nivel individual sino también social, al haberse convertido este tipo de conductas en una lacra social que, parece ser imposible de eliminar.

“La respuesta no es otra que la apunta al inicio, es decir, el sentimiento de posesión de la mujer: “la mate porque la amaba, la maté porque era mía”, aparte de un gran desequilibrio mental no tratado, cuya base no es otra que la propia educación patriarcal recibida o aprendida”

 

La justicia debe existir, tal vez siendo más dura de lo que es en sus resoluciones, donde en muchos casos la mujer es cuestionada o considerada causante de la reacción criminal de su pareja, lo cual no estaría de más sino fuese porque también muchos jueces están imbuidos de esa educación patriarcal a la que estamos aludiendo, en vez del esclarecimiento neutro de los hechos en la valoración de las pruebas presentadas y su enjuiciamiento; pero fundamental es la concienciación social en educarnos en principios de libertad, igualdad y respeto a nuestras parejas, porque sólo así podremos también educar a nuestros hijos, condenando el sometimiento o sumisión de la mujer. Es por ello que, tal vez, no estaría de más decir a nuestras parejas que no somos suyas ni de nadie y jamás lo seremos.

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

Balcanización de Cataluña y la ausencia del Estado

El nacional-secesionismo ha iniciado un proceso qué pretende la balcanización de España, aparentemente una balcanización sin armas pero igual de efectiva, y con el objetivo de forzar la secesión de Cataluña como un hecho consumado. Ignora el nacional-secesionismo que su procés a dónde nos arrastra es a una balcanización de Cataluña. Padece de ceguera política o bien de optimista voluntariedad ya que soslaya la realidad sociológica de Cataluña.

 

El nacional-secesionismo controla las herramientas de todo el poder político debido a la dejadez del Estado -y aquí si toca hablar de Estado, de Estado Español-. La conllevanza, en forma de dejadez y sin la contrapartida de la fidelidad, que los sucesivos gobiernos estatales han practicado respecto al catalanismo desde la transición, ha permitido el control de todos los aparatos ideológicos del Estado por parte del nacionalismo.  La sociedad catalana ha sido bombardeada por televisión, radio y escuela con toda una artillería ideológica apabullante. El nacional-secesionismo ha controlado todo desde un principio; cualquier asociación de petanca, de padres, de sardanas o de sevillanas ha sido infiltrada por elementos subvencionados y debidamente aleccionados. Vender libros el Día del Libro en una mesa en Nou Barris suponía que hasta la gente más revolucionaria entendían que había que hacerlo con la bandera catalana, ondeando cómo faldón de la mesa, dispuestos incluso a olvidar sus propias señas de identidad ideológica.

En el proyecto nacional-secesionista el charnego debía aceptar la subalternidad de su pertenencia a la comunidad. Debía aceptar que su ciudadanía era de segunda, que estaba afectada de una hipoteca para con sus receptores, acogedores, explotadores… El éxito de la asimilación o mejor dicho de la aculturización de los nouvinguts (inmigrantes) es aparentemente total cuando oyes a uno de reciente incorporación que afirma que “es lógico que en la escuela solo se enseñe en catalán porque estamos en Cataluña“. Sí Goebbels levantara la cabeza se sentiría satisfecho de su máxima de que “una mentira miles de veces repetidas se convierte en verdad”. Algunos parecen recién descubrir que existe algo que se llama fake news. La manipulación de la opinión pública es algo que practicaron los nazis con gran eficacia y lleva años perfeccionando el amigo americano, el sionismo y el nacionalismo… que se lleven las manos a la cabeza por la entrada en el juego de Rusia causa estupor por la hipocresía de su afectación.

El pacto no escrito y el complejo de la izquierda

La actual ley electoral española es copia directa del decreto 20/1977 previo a la Constitución del 78. Un sistema que consolida un bipartidismo imperfecto siempre necesitado de los votos nacionalistas, también beneficiados frente al castigo que sufren los partidos medianos y la exclusión de los pequeños. Cierto es que en las dos ultimas elecciones generales la aparición de dos partidos con pretensiones de sorpasso y sustitución nos da la apariencia de un cuatripartito; lo cierto es que los dos partidos que hasta la fecha se han beneficiado del bipartidismo del sistema (PP y PSOE) siguen beneficiándose y los dos nuevos (C’s y P’s), aunque de tamaño superior a los clásicos perjudicados (IU y UPyD), siguen siendo perjudicados en sus resultados –aunque en menor medida dado su tamaño– y los nacionalistas, como siempre, indemnes. Ver gráfico.

Este sistema electoral consolida un pacto no escrito por el cual PP y PSOE se turnan en el gobierno de España y los nacionalistas se aseguran mandar en sus autonomías. En ese pacto se incluía la continua cesión de competencias y el “dejar hacer” ante abusos del nacionalismo dentro de sus territorios y respecto a todos los españoles –No solo lingüísticas, también discriminaciones sociales y políticas, incluyendo un largísimo proceso de “construcción nacional” (más de 30 años) –.

La fidelidad constitucional no estaba incluida en ese pacto. Prueba de ello son las leyes de desconexión de septiembre de 2017 que pretendían romper la legalidad constitucional y la solidaridad y soberanía del pueblo español.

La extraña  mezcla de complejo de culpa impropia de la izquierda ante el nacionalismo –incomprensible a la luz de la historia–, la confusión equiparadora entre España y franquismo, unido a un dogmatismo proveniente de una mala lectura de los textos leninistas sobre el derecho de autodeterminación, han conducido a la izquierda a una desnaturalización de sus principios de igualdad y fraternidad.

La izquierda en Cataluña siempre ha estado dirigida por hijos de la burguesía nacionalista lo que ha alimentado la hoguera del procés. La asociación de lucha social y nacional ha perjudicado gravemente a la primera y el memede que la independencia de Cataluña arrastraría, cual fichas de dominó, hacia un cambio republicano en toda España ha desarmado no solo a las izquierdas catalanas, si no también a las del resto de España, siendo su valedor más destacado Podemos y sus confluencias. La inconsistencia de esa “teoría” es total a tenor de quienes hegemonizan el procés. Podríamos decir que esa “teoría” más que una utopía es una distopía social propia de mentes calenturientas, perdidas en los “significantes vacíos” del neoperonismo de Ernesto Laclau .

 

“La extraña  mezcla de complejo de culpa impropia de la izquierda ante el nacionalismo incomprensible a la luz de la historia–, la confusión equiparadora entre España y franquismo, unido a un dogmatismo proveniente de una mala lectura de los textos leninistas sobre el derecho de autodeterminación, han conducido a la izquierda a una desnaturalización de sus principios de igualdad y fraternidad.”



La posible secesión de Cataluña conduciría hacia una balcanización en la misma Cataluña y a un enfrentamiento de imprevisibles consecuencias dentro de Cataluña. No existe una Cataluña homogénea en torno al procés, al contrario. El procésha roto las compuertas que mantenían adormilados sentimientos cosmopolitas, lejos de identidades excluyentes. El sentimiento de españolidad se aleja del supremacismo nacional-catalanista y se abraza a un patriotismo constitucional abierto y plural, que ya no tiene que ver con el franquismo y que supera el complejo de la izquierda antifranquista y antiespañolista.

Pero hay que estar vigilantes ya que al secesionismo le interesa generar un enfrentamiento identitario: catalanismo versus españolismo. Es en la guerra de identidades donde se hacen fuertes y con ello pretenden seducir a gentes, que sin ser catalanistas, se sienten antifranquistas. No son ajenos a este interés formaciones de la ultraderecha españolista (falange, VOX, etc.), siempre dispuestos a ocupar y hegemonizar las manifestaciones criticas con el nacional-catalanismo. Son dos nacionalismos que se retroalimentan.

Guerra de símbolos. Ausencia del Estado.

La pretensión de ocupar todo el espacio público con el amarillo secesionista se ha encontrado con un Estado debilitado y ausente en Cataluña. Ello es fruto de una dejadez continua desde los años 80 en los que los sucesivos gobiernos del PP y PSOE, se han apartado displicentemente ante todo ataque del nacional-catalanismo a las libertades y a la Constitución.

Es más la dejación de funciones ha sido resultado de un cambio de cromos en los que los nacionalistas se quedaban siempre los mejores. Que la derecha, el PP, lo hiciera tiene que ver con una manera de entender la sociedad: cada uno a su negocio. Pero que lo hiciera el PSOE podemos considerarlo una traición de clase, una traición a su base electoral; cosa que le ha pasado factura y aun no se han enterado. No se salva de responsabilidad IU, ICV, EUiA, ahora diluidos en Unidos Podemos o Catalunya en Comú, avezados defensores de un supuesto “derecho a decidir”, antes “catalanismo popular”, que ha condenado siempre a las clases trabajadoras de Cataluña a la subsidiariedad, a ser ciudadanos de segunda.

El Estado es débil en Cataluña. Es débil por que sus instituciones de base, los ayuntamientos, están tomados por el nacional-secesionismo con la colaboración de la izquierda oficial: PSC y Catalunya en Comú. Los que tendrían que defender la neutralidad del espacio público amparan a los totalitarios (salvo honrosas excepciones). Y la autonomía (Generalitat y Parlament) en manos del secesionismo merced a una ley electoral que también beneficia a los dos grandes partidos es la gran gestora de la ruptura de la legalidad, de la soberanía, de la infidelidad constitucional, del proceso de secesión ilegal –por definición toda secesión es ilegal e ilegítima–.

El gobierno de España y su parlamento que deberían ser garantes de la igualdad y de que ese espacio público se respetase, antes con el PP y ahora con el PSOE, no encuentra su punto de autoridad para intervenir tras tantos años de dejadez y ausencia.

España. Un Estado fuerte, una nación plural.

Siempre he dicho que Cataluña es más plural en sí que España. Si aceptáramos que España es plurinacional deberíamos aceptar que Cataluña también lo es. Es más segura la balcanización de Cataluña que la de España. La tensión que pretende el nacional-secesionismo puede derivar en enfrentamientos civiles. Forzar su independencia asegura una ruptura territorial interna. Las cartas ya están sobre la mesa. Lo que apareció como una broma es una alternativa en caso de conflicto: Tabarnia. Ahora parece un chiste pero mañana puede ser una realidad. Se habla mucho de Quebec como reclamo catalanista, pero no olviden que la ley de claridad canadiense aseguraría en Cataluña que en los municipios donde ganara el no, se quedarían en España. Si es que hubiere, que no lo habrá, un referéndum legal.

Ya no es posible volver a las posiciones previas al inicio del procés, donde la hegemonía no se le discutía a un nacionalismo extractivo, donde se aceptaba el predominio social, económico y educacional de lo catalán –siendo el catalán la lengua de prestigio y dominación-. Donde los afectos al régimen gozaban de privilegios y se hacían ricos a la sombra de una administración corrupta, donde se ha generado una nueva clase o parroquia de funcionarios, cargos “digitales” y contratistas mamando de la teta de la administración autonómica y municipal.

Ya no es posible volver por que los excluidos hemos tomado conciencia de que somos mayoría, de que la mayoría nacionalista es un pufo, es mentira. Y queremos otra Cataluña: bilingüe, abierta, plural, social, solidaria, fraternal, libre… donde no importe ni el idioma que hablas ni tu sentimiento de pertenencia, donde la igualdad sea la máxima.

Para esa Cataluña se precisa una nueva izquierda.

Una izquierda sin complejos, una izquierda no nacionalista. Es preciso reformar cosas en España: La Constitución y el Estatutde Cataluña. Una ley electoral que nos iguale, donde el valor de nuestro voto sea igual votes donde votes. Donde nuestros hijos aprendan en la legua familiar y si hay otra en nuestra comunidad también, de forma aditiva, en positivo… Una España donde la propiedad esté al servicio del bien común –lo dice la Constitución, sí, la del 78–, donde trabajo, sanidad, vivienda sean derechos reales no virtuales. Donde España sea un Estado Integral como decía la Constitución de la Segunda República y nos olvidemos de “derechos a decidir” y “nación de naciones” y demás banalidades. Que cuando hablemos de federalismo no lo confundan con confederalismo o asimetrías. Donde incluso nos atrevemos a plantear la devolución de algunas competencias a la Administración Central del Estado, por ejemplo: Sanidad y Educación, sin que ello impida una gestión compartida con Autonomías y Municipios.

Esa izquierda está empezando a configurarse en IZQUIERDA EN POSITIVO.

Nou Barris, Barcelona. 16 de agosto de 2018

Vicente Serrano

Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista y miembro del Grupo Promotor de IZQUIERDA EN POSITIVO.

Autor del ensayo EL VALOR REAL DEL VOTO. Editorial El Viejo Topo. 2016

Mi querido Willy

 

Todo lo que rodea a tu persona genera polémica, lo cual favorece tu imagen de actor. Como se suele decir en este mundillo de los artistas: “es bueno que hablen de uno aunque sea mal”, aunque estoy convencido que tú no lo haces con esa intención, pues destaco y admiro tu otra faceta de activista político, comprometido y comprometedor.

Es cierto que, para cambiar el mundo, a veces hay que ir de frente, llamando a las cosas por su nombre. El único problema es que cuando se pisa los callos a la gente se corre el riesgo de recibir un puñetazo en las narices y, aquí no se trata de quien lleva la razón que seguro que la llevas tú, mi querido Willy, y no lo digo con sorna, ni con segundas, ni siquiera con quintas. Quiero decir que, en todo país democrático, y vamos a considerar como tales a todos aquellos en los que además de residir en el pueblo la soberanía nacional con lo que ello comporta, debe haber y hay otro elemento muy importante como es el imperio de la Ley, que indirectamente ha emanado del pueblo.

Y, digo todo esto no criticando tu comportamiento, amigo Willy, habida cuenta que estoy convencido que cuando adoptas un determinado papel dentro de tu activismo político eres perfectamente conocedor de las consecuencias de tus actos. Eres un desobediente civil permanente y convencido, no como muchos que cuando ven las orejas al lobo salen corriendo o cambian de chaqueta. Digo lo que digo, porque todo tiene unos límites y si esos límites no se respetan posiblemente lo normal es obtener la reacción de la espada de la ley.

La desobediencia civil acarrea una seria de consecuencias jurídicas y una de ellas es la sanción que se deriva del incumplimiento de la Norma Jurídica en cuestión, lo cual puede ir desde una sanción meramente administrativa hasta la de cárcel, por lo tanto no es una cuestión baladí la decisión de decir: “aquí me planto y no paso ni una”.

Dicho efecto de reacción del sistema ante nuestros actos al margen del Derecho hay que ponerlo de manifiesto ante la inconsciencia de muchas personas que siguiendo el “ejemplo” de ciertos personajes públicos, se ponen el mundo por montera y se lanzan a la calle puño en alto o blandiendo una determinada bandera nacional o nacionalista, repitiendo las soflamas de ciertos líderes políticos, sin medir el alcance de sus actos.

Además, desde un razonamiento más comprometido estoy convencido que la desobediencia civil no lleva a buen puerto una determinada protesta social porque el efecto del incumplimiento de la Norma no se debe hacer esperar para evitar el caos, salvo que sea éste el efecto perseguido, lo cual nos llevará inevitablemente a una revolución social.

No soy partidario de la violencia para nada, ni de la física ni de la verbal, ésta última, por cierto muy utilizada al amparo de llamar a las cosas por su nombre, que está bien que se haga, pero al menos con la suficientemente motivación que justifique si es que se puede lo que en principio no deja de ser un insulto que puede atentar contra la dignidad de la persona o contra su propia imagen; pudiendo constituir una injuria o una calumnia. Pienso que la violencia solo genera violencia, lo cual es un hecho que podemos apreciar y constatar todos los días -basta con poner la televisión y ver las noticias-, y que la desobediencia civil lleva implícita cierta confrontación o grado de violencia puesto que supone una lucha contra el orden establecido, un orden del que todos somos en cierto modo responsables puesto que viene amparado en un ordenamiento jurídico emanado de un poder legislativo que todos hemos elegido y que nos representa.

Pienso que la lucha contra las corrupciones de nuestros políticos, la elevada presión fiscal, la falta de empleo, y un largo etcétera de resultados negativos procedentes de una pésima gestión de nuestros políticos, tanto de los de un lado como de los de otro, debe de hacerse en las urnas; sin eliminar, obviamente, la salida a las plazas y calles de nuestros pueblos y ciudades cuando quienes suponemos nuestros representantes cierran los ojos y se tapan los oídos para no ver y oír lo que realmente está sucediendo, pero sobre todo para reclamar nuestros derechos y libertades.

“… la lucha contra las corrupciones de nuestros políticos, la elevada presión fiscal, la falta de empleo, y un largo etcétera de resultados negativos procedentes de una pésima gestión de nuestros políticos, tanto de los de un lado como de los de otro, debe de hacerse en las urnas”

Mi querido Willy, espero que esa lucha encarnecida que tienes contra las injusticias del sistema sean entendidas por el juez que te ha mando capturar como una manifestación de tu libertad de expresión, sino las consecuencias no se harán esperar y como siempre se inundarán las redes sociales de insultos de los defensores y detractores de unos y otros -también en uso de su libertad de expresión-, y al final se hará una bola tan gran de especulaciones sobre si vivimos en un país democrático o en una pseudo-democracia sólo por el hecho de que se hagan cumplir las normas, que me recuerdan debates que creía  que todos teníamos ya superados.

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Gato por liebre

Hay situaciones que me ponen en guardia, que me hacen concebir sospechas sobre lo que está sucediendo, y esas situaciones se producen cuando me parece que un medio se convierte en un fin, que un camino se convierte en una meta. Entonces empiezo a elucubrar y a buscar desesperadamente que me están escamoteando. Porque esas situaciones, y no hay más que mirar al mundo de la política, no se producen porque sí, si no por un afán de toreo al ciudadano.

Y eso es lo que me está sucediendo últimamente con los temas que el gobierno está planteando. Tengo la sensación de que solo le interesan aquellos temas que pueden acaparar titulares, que todo es improvisado, atropellado y desmesurado, pero siempre impactante para la opinión pública.

El traslado de los restos del dictador a una ubicación diferente a la que tiene es respetable, seguramente compartido por la mayoría de los ciudadanos, pero nunca se puede convertir en un fin, en una especie de pulso a la legalidad existente y a todo el que se oponga, en un objetivo a conseguir a costa de lo que sea.

No es moralmente aceptable que un dictador con una cantidad importante de sangre en sus manos ocupe un lugar de honor por encima de sus víctimas, las afines y las enemigas, porque de toda esa sangre hay en su historia. Pero hay otros dictadores con tanta, e incluso con más, sangre en sus manos y sus mausoleos son visitados a diario por cientos de personas sin que nadie se lleve las manos a la cabeza. Que por otra parte eso sí lo han conseguido, que un monumento que languidecía ahora reciba más visitas que nunca.

¿Cuál es el fin de lo que pretende el gobierno? Pues parece que trasladar a Franco de lugar, titular al canto, y luego ya veremos si esto o lo otro o… Ya, ya ¿pero que hemos resuelto? ¿Qué objetivo fundamental para la sociedad se ha conseguido? Ninguno claro. Ni siquiera podremos asegurar que el día de mañana otro gobierno de algún partido que hoy se opone decida hacer el camino contrario.

Lo lógico, lo normal, lo políticamente correcto sería elaborar un plan global en el que esta medida procesionaria ocupara su lugar, un lugar discreto y no polémico, un lugar en el que tal actuación cumpliera su función de medio para conseguir un fin deseable por la mayoría de la ciudadanía. Pero eso no proporcionaría titulares

“… ¿Cuál es el fin de lo que pretende el gobierno? Pues parece que trasladar a Franco de lugar, titular al canto, y luego ya veremos si esto o lo otro o… Ya, ya ¿pero que hemos resuelto… ?”


.Eso no permitiría al gobierno presentar ante las próximas elecciones un curriculum en el que pudieran presumir de enfrentar todos aquellos temas que los demás no se atreven, temas polémicos que muevan pasiones y si es posible de difícil resolución porque así dan más de sí. Dan más de sí y permiten encubrir la incapacidad de tomar medidas que la ciudadanía si necesita.

Porque la propaganda sí que funciona y se hace oír, pero la eficacia brilla por su ausencia.

En educación otros titulares populistas, nueva asignatura y apartamiento de la religión. Defenestración de la educación concertada.  De soluciones reales, plan de estudios pactado y eficaz, ninguno.

En Impuestos: más para los de siempre, todos, y amenaza de subida que no se cumplirá a los recurrentes de siempre, los ricos esos que varían según las necesidades del titular a conseguir. De reparar la brecha entre ricos y pobres real, nadad de nada.

En legalidad adhesión inquebrantable ante las demandas vocingleras y silencio absoluto en los temas de calado. Nada sobre las ocupaciones organizadas, nada sobre la impunidad de los pequeños delincuentes, esos que afectan al día a día de todos, nada sobre la impunidad de los políticos en temas de estado, nada real sobre la violencia doméstica , nada sobre la carestía de la legalidad. O sea nada de nada. De justicia, como de costumbre, ni hablamos

En economía más de lo mismo. Van a acabar con los recortes pero poco a poco, no vaya a ser que alguien se dé cuenta de que no se hace nada.

En sanidad: tampoco se puede acabar precipitadamente con el copago. Sanidad universal pero dentro de un orden porque es competencia autonómica y a ver como se paga. Listas de espera no pero que se gestionen solas porque no hay ni ideas ni iniciativas para solucionarlas.

Y en eso estamos mientras paseamos al dictador. Lo paseamos de un titular a otro, de un periódico a otro. Una procesión, vamos. Un sin vivir.

Mientras tanto los que vivimos la dictadura, los que conocimos al dictador y sus maneras, asistimos asombrados a este reverdecer de su popularidad, a este trajín populista y mediático del que parecen vivir los que no tienen otra cosa que ofrecer.

A mí, personalmente, donde descansen los restos de este señor, me tiene absolutamente sin cuidado. Nunca le he llevado flores ni tengo necesidad de medrar a costa de su memoria, pero sí me preocupa, y mucho, que de tanto en tanto me intenten tener ocupado con tal strajín y lo único que pretendan sea darme gato por liebre en tantas cosas que si me importan. A mí y a todos los ciudadanos, pero, como en el escondite, a mí el primero.

“Mientras tanto los que vivimos la dictadura, los que conocimos al dictador y sus maneras, asistimos asombrados a este reverdecer de su popularidad, a este trajín populista y mediático del que parecen vivir los que no tienen otra cosa que ofrecer.”

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Los lazos de la discordia

El título de este artículo podría haber sido otro cualquiera, desde el más heavy al más pedante que ustedes se quieren imaginar. Así utilizando las expresiones propias del primer grupo un título podría haber sido “los lazos toca c.”.  

 

Prefiero dejarlo así por no entrar en decadencia lingüística, aunque tampoco habría que considerar como tal dicha expresión ya que nuestra rica lengua nos da la opción de elegir entre su basto contenido la que más se adecua en cada momentos a lo que se pretende expresar dentro de un contexto determinado, y aquí, se crea o no, hacer alusión a esa parte del aparato reproductor masculino que dejó plasmada en la más perfecta representación del cuerpo del hombre -es mi opinión, claro está- el escultor y pintor renacentista Michelangelo Buonarroti, conocido en español como Miguel Ángel. Pero teniendo en cuenta el contexto, en este caso una crítica política respetuosa, me abstendré de decir cojones, para referir a aquellos como “los lazos toca c”.

Igual que en su día critiqué la absurda y, por otro lado, innecesaria confrontación entre españolistas e independentistas, que llega a ser molesta, pues todavía continúa en determinados lugares las banderas estatales o banderas españolas, como cada uno quiera llamarlas, algunas con mástil incluido, como una clara ostentación  de “a ver quien la tiene más larga”, que inundan muchos balcones, sobre todo en el centro de las ciudades. Y la estelada, que no la señera,  en el  otro lado, en una clara minoría fuera de su territorio madre. Confrontación, confrontación y puntos suspensivos hasta el infinito.

Me he llegado a plantear a ver si el que me equivoco soy yo, que es lo habitual. porque mis opiniones son mías y no tienen por qué ser de nadie más, si hay alguien que las comparta estupendo, sino, también, porque no trato de rivalizar con nadie, y… digo, que a lo mejor me equivoco, porque mi planteamiento inicial en contra de la confrontación, tal vez tenga que cambiarlo por el argumento contrario. Ello como respuesta a la pregunta ¿puedo influir o mi influencia es menor en el entorno si no utilizo la confrontación?, o dicho de otra manera ¿es buena la confrontación?·.

Como en casi todo me sucede, me cuesta posicionarme inicialmente, es por ello que la respuesta a la cuestión planteada sería la de: depende. Depende de que tipo de confrontación, del momento y el lugar.

A veces quedamos como auténticos idiotas quienes defendemos una idea en contra de la opinión mayoritaria, aunque la intención inicial es no ser un borrego, sin embargo parece ser que el número se ha convertido en un valor cuando lo que se trata es de luchar por algo que nos afecta a la mayoría, dicho de otra manera, cuando se trata de defender derechos o intereses que nos afectan a la mayor parte de los ciudadanos y ciudadanas de este país. Dicen que la unión hace la fuerza, y la fuerza, está claro que, aunque nada más sea gritando, se hace más audible y visible que una opinión expresada de forma individual, en cualquier medio o de cualquier manera.

 

“A veces quedamos como auténticos idiotas quienes defendemos una idea en contra de la opinión mayoritaria en contra, aunque la intención inicial es no ser un borrego sin embargo parece ser que el número se ha convertido en un valor cuando lo que se trata es de luchar por algo que nos afecta a la mayoría

Sí, inevitablemente las personas como seres sociales dependemos los unos de los otros y, cuando se trata de defender aspectos que nos afectan a la gran mayoría es necesario que nos unamos para que nuestros gobernantes nos vean, ya que con su miopía ideológica no ven más allá de sus propias narices, ahora bien, hay muchas formas de hacernos visibles, pero lo que es intolerante es el uso de la fuerza, y no sólo me estoy refiriendo a la fuerza bruta o física, sino también a la falta de respeto o el insulto de forma gratuita; como falta de respeto es que se quiten unos lazos amarillos como manifestación de la liberta de expresión, y menos utilizando la violencia o la intimidación para ello, tanto para ponerlos como para quitarlos los contrarios.

No todo es blanco y negro, existen muchísimos matices de grises. Por ello no puede tampoco afirmarse de forma absoluta que “confrontación no”, ya que la confrontación, como forma de expresión de opiniones contrarias o de manifestación de ideologías también contrarias, es necesaria como hemos visto, aunque algunas de ellas tengan poco cabida o sean tan absurdas en un momento determinado,  como el absurdo patriotismo que independentistas y españolistas defiende cuando la tendencia actual es a la unión de los estados, y a nivel social la multiculturalidad.

Pero, indudablemente en España, y en ella incluyo todavía a Cataluña, parece que la confrontación pacífica es imposible,  como clara manifestación de que el  nivel democrático del que presumen unos y otros está todavía en pañales, o si no es así, todavía peor porque entonces es que somos más brutos que un arao.

 

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

Cuando el fanatismo excluye y mata

Hoy hace un año que tuvo lugar en una serie de ataques terroristas que se desarrollaron en las ciudades de Barcelona y Cambrils en la comunidad autónoma de Cataluña perpetrado por el denominado Estado Islámico (ISIS en sus siglas en inglés), causando la muerte a 16 personas y heridas de distinta consideración a más de un centenar.

El atentando conmocionó a toda la sociedad española que en esos momentos se solidarizó, como no podía ser de otra manera con el pueblo catalán, uniéndose no solamente al dolor de los familiares de los que perdieron la vida, además del propio de los heridos supervivientes cuyo estado de evolución fue seguido con atención en las semanas siguientes a través de los medios de comunicación con el deseo de su pronta recuperación; sino que, además, sentimos la misma indignación hacia sus autores y hacia el fanatismo que representan las citadas siglas cuyos integrantes han sembrado y siguen sembrando el terror no solo en distintas ciudades del mundo occidental sino también en países que profesando la misma religión no aceptan su radicalidad.

Hoy volvemos a tener presente aquel fatídico día cuyas imágenes vuelven a recordarnos la  prensa en general y los distintos canales de televisión, y sentimos que la cicatriz dejada en la sociedad no se ha cerrado y que tardará en cerrarse si es que alguna vez se cerrará,  lo que hace que de nuevo el corazón de muchos españoles se encoja y vuelva unirse al de la sociedad catalana olvidando la confrontación que algunos de los independentistas mantienen con el resto del Estado español, esos mismos que en un día como el de hoy sin ningún tipo de reparo tratan de sacar partido de lo acaecido hace un año igual como lo hicieron entonces, intentando acaparar los actos conmemorativos rechazando la presencia de autoridades estatales incluida la del monarca como jefe del Estado, que dicho sea de paso a algunos nos da lo mismo, pero no hacemos de un acto de solidaridad un acto político porque estamos con las víctimas; al fin y al cabo ellos, esos separatistas están haciendo lo mismo pretender acaparar políticamente un acto en el que debe primar, independientemente de quien asista, políticos o no, el sentimiento ciudadano y las víctimas; pero esto para los fanáticos es muy elevado a su entendimiento porque piensan más con las vísceras que con la cabeza, son de ideas fijas y maestros de la demagogia.

No obstante, y sin caer en el desprecio que algunos de esos independentistas sienten contra todo lo español, resulta intolerables actuaciones tan ruines que los asemeja en cierto modo al fanatismo del Estado Islámico en cuanto al odio de todo lo que no resulta catalán o afín a sus ideas separatista. En cualquier caso cada uno se define con sus obras y si estos sujetos no saben reconocer el sentimiento de tristeza de todo un país hacia las víctimas de ese atentado, catalanes y no catalanes, es una clara manifestación de el retorcimiento de sus falsas ideologías. Hay un momento para cada cosa y éste no lo es para hacer demagogia y defender su catalanismo.

“… sin caer en el desprecio que algunos de esos independentistas sienten contra todo lo español, resulta intolerables actuaciones tan ruines que los asemeja en cierto modo al fanatismo del Estado Islámico en cuanto al odio de todo lo que no resulta catalán o afín a sus ideas separatista.”

El pueblo español, incluidos los catalanes, tendrá múltiples defectos, entre ellos la perdida de memoria histórica y la facilidad de manipular la historia en su propia conveniencia para apoyar en muchos casos ciertos patriotismos trasnochados -de uno y de otro lado-, pero también, es cierto, que este pueblo en su gran parte es solidario frente al dolor ajeno, venga de donde venga, salvo unos cuantos mal nacidos que anteponen ciertos intereses que relegan a las personas dependiendo de sus ideas, de su religión, de su procedencia o del color de su piel.

Hoy es el día de recordar a las víctimas de aquellos atentados y, simplemente, ignorar la actitud ignominiosa de esos separatistas catalanes que no dudan en jugar con el dolor ajeno de todo un pueblo en su propio beneficio, y si esto despierta algún sentimiento desde el luto que hoy nos envuelva a una gran mayoría de los ciudadanos de este país, es el de tristeza   ante tan poca humanidad.

Descansen en paz las víctima y el rechazo más absoluto a los fanáticos responsables y a los que pretenden manipular este día de dolor, al fin y al cabo parecidos en su fanatismo ideológico y en sus ideas excluyentes.

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Cuando la sanidad se convierte en un negocio

 

El principal problema que tienen los españoles es su escasa memoria histórica, lo cual unido a la ineficacia de los gobiernos en la gestión de un sistema sanitario público y a sus continuas mentiras, nos están llevando a la destrucción de unos de los servicios básicos que fue reconocido por muchos países como ejemplar por su calidad y por el acceso universal que para los ciudadanía supuso.

Desde el inicio de la transición en España tras la aprobación de la Constitución de 1978, según pone de manifiesto el periodista Francisco Javier Barbado Cano en la comunicación presentada para su exposición en el Congreso Internacional Historia de la Época Socialista: 1982-1996, concluyendo su investigación bajo el título “El PSOE y la Reforma Sanitaria: ¿un nuevo modelo?, tanto el PSOE como la UCD en sus respectivos gobiernos “no pusieron reparos en ningún momento a la presencia de la Sanidad privada en España. Pero, mientras el primero la consideraba como una actividad de negocio sin más, cuya participación en la gestión de la Sanidad pública debía limitarse a aquellas áreas en que la red asistencial del Estado encontrase dificultades de provisión, la segunda se mostró proclive a favorecer la entrada de las entidades privadas en la gestión de los servicios sanitarios públicos. No obstante, los socialistas se muestran menos reacios a la gestión mixta de la sanidad conforme avanzan los años y, a partir de 1982, mantienen los conciertos como fórmula de colaboración entre el Sistema Nacional de Salud y el sector sanitario privado”.

Del PP poco -o mucho- hay que decir sobre su clara tendencia a un sistema sanitario privado, manifestación de los recortes operados en su últimos gobiernos en la mayoría de los servicios públicos de carácter asistencial,  tendencia que, asimismo, han propiciado los gobiernos autonómicos populares como depositarios del ejercicio de esta competencia, pero también socialistas.

Y, como siempre, los ciudadanos y ciudadanas son los eternos sufridores de estas políticas en las que claramente quienes salen ganando es el sector privado, es decir las compañías de asistencia sanitaria a las que parte de la ciudadanía con recursos  tienen que recurrir para asegurar su salud ante las largas listas de espera en el sistema público, debido principalmente a la reducción de personal para que puedan cuadrar las cifras mermadas que los presupuestos públicos destinan a este servicio; aunque, cada día es más el convencimiento de quienes recurren al sector privado de que la calidad es cada día peor ante la enorme competencia entre compañías lo que obliga a bajar los precios, repercutiendo finalmente en su asistencia a los usuarios para poder obtener un buen margen de beneficios.

Así, una de las consecuencias de esa reducción del gasto tiene su manifestación en el precio o contraprestación que se paga a los médicos que prestan sus servicios en el sector privado que, por su escasa cuantía para hacerlo rentable les exige aumentar el número de pacientes, lo que al final se traduce en menos tiempo de asistencia a cada uno de ellos, además de la connivencia entre los pagadores y los propios médicos en reducir a lo estrictamente imprescindible las pruebas de diagnóstico.

Otra manifestación de esta perdida de calidad del sector privado es que tales médicos en la mayoría de las ocasiones son los mismos que los del público, al ser uno de a los pocos empleados públicos a los que se le permite la compatibilidad entre ambos sectores, de manera que después de su larga jornada de trabajo en el  sector público, incluso precedido en ocasiones de alguna guardia de venticuatro horas pasan consulta en el privado, por lo que la fatiga, como es lógico, hace que repercuta en una peor calidad en este último sector; actuación criticada por muchos usuarios al convertirse en todo en un negocio para las compañías y para los propios médicos. A lo que hay que añadir la externalización de sistema público en el privado para reducir las largas listas de espera en aquel, limitándose a una única asistencia que tras el diagnóstico o intervención el paciente queda en el limbo del abandono por parte de ambos.

“Otra manifestación de esta perdida de calidad del sector privado es que tales médicos en la mayoría de las ocasiones son los mismos que los del público, al ser uno de a los pocos empleados públicos a los que se le permite la compatibilidad entre ambos sectores…”

El caso es que, salvo excepciones de médicos y otros sanitarios que hacen que prime la calidad de su servicio en relación a sus pacientes, o de los que se conforman, bajo la misma premisa, en trabajar en sólo uno de lo sectores, tanto la sanidad pública como la privada están perdiendo la calidad que en su día tuvieron. Y los políticos, a lo suyo, que no es otra cosa que gobernar para unos pocos que son los que obtienen los beneficios de este caos sanitario. Dicho de otra manera, que las personas con menos recursos se fastidien, por no decir que se jodan como dijo alguna diputada del PP en la precedente legislatura en relación a los parados, pues no les queda otra, o sí, que es luchar por mejorar el sistema.

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

El top manta y la demagogia ciudadana

Cuando la demagogia forma parte de nuesto sistema de razonamiento indudablemente las consecuencias no son buenas, habida cuenta que su uso, principalmente por los políticos populistas, se basa en apelar a los sentimientos y emociones de la gente para ganarse su apoyo. La retórica del demagogo busca únicamente incentivar las pasiones, los deseos o los medios para conseguir el favor del pueblo o lo que es lo mismo su voto.

Dijo Abraham Lincoln que “la demagogia es la capacidad de vestir las ideas menores con las palabras mayores”, y eso es lo que estamos haciendo con el momento actual tema de los manteros, mezclando recursos ideológicos infectados por una retórica demagoga, como es el hecho de afirmar desde la compasión que son personas sin recursos económicos y que tienen que ganarse la vida de alguna manera; lo cual es tan absurdo como querer justificar el hurto o el robo por personas que carecen de dichos recursos. Y, es que, nos olvidamos que las personas que se dedican al top manta son el último eslabón de una estructura mafiosa que se dedica a la falsificación de marcas que compiten de forma desleal con los negocios más próximos que venden la marca original, obviamente a un precio mayor.

Según las cifras oficiales más de siete mil millones de euros alcanza el mercado de la falsificación en nuestro país, ocasionando hasta uno 40% de perdidas en los comerciantes en la capital de España, con muy parecidas cifras en Barcelona, Valencia y otras ciudades turísticas. Cifras que van en aumento debido a la participación o colaboración de los propios ciudadanos que compramos los productos vendidos por aquellos aún sabiendo que se trata de una práctica ilegal, casi siempre con la única intención de ahorrarnos el precio del producto original, que por su conseguida imitación a veces es  difícil de distinguir, siendo habitual la justificación de tal conducta ciudadana la caridad o solidaridad hacia personas que han cruzado nuestras fronteras y que utilizan este recurso como único modo de supervivencia al carecer de “papeles” que les impide el acceso al mercado laboral  de forma legal.

“Según las cifras oficiales más de siete mil millones de euros alcanza el mercado de la falsificación en nuestro país, ocasionando hasta uno 40% de perdidas en los comerciantes en la capital de España pero muy parecidas a las que sufren en Barcelona, Valencia y otras ciudades turísticas.”


La antedicha caridad o solidaridad estaría bien si con ello no estuviésemos  contribuyendo con conocimiento a una práctica ilegal que compite con comerciantes que venden productos de forma legal en establecimientos legales abiertos al público al estar prohibida la venta ambulante salvo en lugares adecuados para ello conocidos como mercadillos en un determinado día de la semana; donde los Ayuntamientos a través de sus correspondiente ordenanzas fijan las condiciones, entre otras disponer de alta de autónomo, estar al corriente de sus obligaciones con la hacienda pública y con la seguridad social, así como el pago de la correspondiente tasa. Es obvio que todo tiene que girar en torno a un orden para que las cosas funcionen dentro de la normalidad lo cual se traduce necesariamente en cumplir con la legalidad vigente.

Así pues, desde una perspectiva responsable, en primer lugar deberíamos ser los propios ciudadanos los que no fomentamos este tipo de práctica  al margen de la Leyes vigentes, como son la Ley de la competencia, de ocupación de la vía pública sin permiso de la autoridad municipal, amen de otras normas jurídicas de carácter tributario. Además de plantearnos que nuestra caridad o solidaridad no puede hacerse con cargo a la de otras personas que son aquellos comerciantes con establecimientos en los lugares donde se ubican los manteros. Dicho de otra manera, si queremos ser solidarios hagámoslo con nuestros propios recursos no con los de otros y, por supuesto, siempre dentro de la legalidad.

Sin embargo, parece que el virus de la demagogia cada vez está mas presente en nuestra sociedad, en primer lugar por su uso por los políticos que, como se ha indicado buscan el favor de los ciudadanos, es decir, su voto, apelando o manipulando sentimientos como el de la citada solidaridad frente a personas desvalidas por estar al margen del sistema; cuando deberían ser ellos los que diesen la solución, en principio para evitar la competencia desleal y en segundo lugar para que la actuación de tales personas estuviesen amparadas por la legalidad.

Debemos ser conscientes todos que permitiendo este tipo de prácticas en realidad estamos dando alas a la inseguridad poniendo cada vez menos trabas a la precariedad, incluso contribuyendo a que ciertos movimientos xenófobos alcen su bandera contra las personas que se dedican a este tipo de venta en la vía pública, fomentando la violencia y el rechazo social contra ellos como única solución al problema, y cuyo fin último no es otro que el desestabilizar el sistema buscando la confrontación social, cada día más imperante en nuestras calles azuzados por ciertos movimientos políticos de carácter populista.

“Debemos ser conscientes todos que permitiendo este tipo de prácticas en realidad estamos dando alas a la inseguridad poniendo cada vez menos trabas a la precariedad, incluso contribuyendo a que ciertos movimientos xenófobos alcen su bandera contra las personas que se dedican a este tipo de venta ilegal,”


No querer ver el problema del top manta o disfrazarlo con demagogia no es más que otra manifestación de una sociedad miope, como casi siempre arrastrada por ideologías populistas, que prefieren mirar hacia otro lado hasta que el problema lo tienen en su propia puerta. Pero, como dijo otro expresidente del gobierno, en este caso español, Adolfo Suarez: “quienes alcanzan el poder con la demagogia terminan haciéndole pagar al país un precio caro”.

 

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La dudosa imparcialidad del programa de Ana Rosa Quintana.

Está bien que entre compañeros haya cierto apoyo, pero cuando el compañerismo afecta a un sector como el de la prensa o los medios de comunicación y, concretamente a uno en particular, con el fin de ocultar una noticia que guarda relación con quien conduce un determinado programa televisivo,  como el matinal que presenta Ana Rosa Quintana en Telecinco, no sólo hace que se pueda poner en duda la imparcialidad del mismo en cuanto al tratamiento de la noticia en general, sino que además, nos hace pensar sobre los motivos que han llevado a la propietaria de la cadena Mediaset así como a su competencia Atresmedia a adoptar esta actitud de falta de transparencia.

Se trata de la noticia de la que prácticamente todos los medios de prensa se han hecho eco, excepto el matinal  que compite con aquella en la misma o parecida franja horaria, Espejo Público, así como por el propio programa de Ana Rosa ahora presentado por Joaquín Prat en su sustitución por el disfrute de sus vacaciones estivales; referente la detención el pasado martes del empresario Juan Muñoz, marido de aquella  dentro del marco de la denominada “Operación Tándem” por la que se está investigando la presunta organización criminal que lidera el comisario jubilado, José Manuel Villarejo, al parecer contratada por Muñoz para un chantaje; con la detención conjunta de su hermano  y de su abogado.

No solamente es esta noticia la que cuestiona la pretendida imagen del programa Ana Rosa en su lucha por las injusticias sociales como si de Robin Hood se tratase, ya que también fue inicialmente ocultada la conducta de tan afamada periodista a  quien no le duele en prenda criticar la corrupción de nuestros políticos, entre ellas la de tener sus millonarios “ahorros” en paraísos fiscales, aún siendo ella misma la propietaria de una SICAV (Argomaniz Inversiones) con un patrimonio que supera los 10 millones de euros y que gestiona el banco suizo Lobar Odier, que la que este medio se hizo eco en un artículo bajo el título “Patriotas de Papel“.

“No solamente es esta noticia la que cuestiona la pretendida imagen del programa Ana Rosa (…) también fue inicialmente ocultada la conducta de tan afamada periodista (…)  propietaria de una SICAV (Argomaniz Inversiones) con un patrimonio que supera los 10 millones de euros y que gestiona el banco suizo Lobar Odie”


Hoy el citado empresario ha sido llamado  a declarar ante el juez que posiblemente lo dejará en libertad, por la imputación de los cargos de revelación de secretos y extorsión que lleva aparejada una pena de hasta 10 años de cárcel y, aunque es cierto que la presunción de inocencia debe imperar siempre en la imputación de un delito o falta, sin embargo ello no es óbice para tener correctamente y puntualmente informados, en particular, a los seguidores del programa de Ana Rosa, a los que simplemente se les ha dicho por su sustituto en la emisión del program de ayer del que todos estábamos expectantes en cuanto al tratamiento de la noticia, que: “a su debido tiempo se hablará de todo”, dejando en el aire la posibilidad de que el programa informe sobre las detenciones en el marco de la mencionada operación.

No es de recibo la ocultación de esta noticia, actitud que deberían valorar los seguidores incondicionales de quien no cumple con el deber de cualquier periodista que no es otro de mantener correcta e imparcialmente informado al público en general. Pero, como siempre, cada uno es cada uno y cada una es cada una, y hay quienes buscan el rigor en la información y otros que se tragan todo lo que le echan encima, cuentos o no cuentos, verdades o menos verdades, justificando incluso conductas como la que aquí criticamos.

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

La real pose

 

Después de aquel desaire de la reina Letizia a su suegra la reina emérita Dª Sofía el pasado 1 de abril al finalizar la misa de Pascua en la Catedral de Palma de Mallorca, han sido varias las fotografías en las que se ha podido ver a ambas como si nada hubiese pasado en una actitud perfectamente programada por la Casa Real para demostrar a sus “súbditos” que entre ambas no hay ningún mal rollo, además de intentar forzar la buena relación entre abuela y nietas, sobre todo con la heredera al trono a la que pareció molestarle el abrazo de aquella en un intento de hacerse juntas una fotografía por el fotógrafo real, cuya culpa de tan desairado comportamiento la mayor parte de la opinión pública parece atribuir a la Letizia, en una clara demostración pública que la relación entre reinas no es tan buena y que quien manda es aquella.

Pues bien, siguiendo con el marketing real, en el último posado de los reyes Felipe VI y Letizia con sus hijas en sus tradicionales vacaciones veraniegas en la citada isla, esta vez en el Palau de l’Almudaina y no en el de Marivent, su residencia de verano; en este caso sin la presencia de los eméritos, justificado por su hijo en el hecho de que D. Juan Carlos estaba “fastidiado”, lo que ha provocado que hayan vuelto a cargarse las tintas de los diferentes medios informativos en el hecho de la mala relación existentes entre ellos, atribuyendo de nuevo la responsabilidad a la estirada nuera.

Sea como fuere, lo que es evidente es la estampa idílica que el posado ha querido transmitir a quienes están interesados en la vida cortesana, convirtiéndolo en el más largo de la historia y queriendo demostrar una total naturalidad -forzada-, en las respuestas a distancia a las preguntas formuladas por los periodistas allí presentes que, en algún momento, propició el dialogo entre el matrimonio y sus hijas.

Para muchos este posado no va más allá que el de cualquier otra persona famosa que aparece en las revistas del corazón que son las que hacen el agosto -y nunca mejor dicho-, como una forma de acercase al glamour y a la vida ostentosa de unos pocos privilegiados, quizá intentando recrear aquellos cuentos de príncipes azules y princesas del pueblo que les contaban de niños para dormir y que, algunas niñas, sobre todo,  habrán deseado como un sueño inalcanzable recreándose en juegos de palacio colocándose una tiara de plástico en la cabeza o vistiéndose con algún disfraz de princesa. Para otros, los más monárquicos no es más que una clara demostración del buen funcionamiento de una institución que, según ellos, representa a España y a los españoles.

Sean cuales fuere las intenciones que llevan a muchos a comprar ese tipo de revistas que han convertido a la familia real en un elemento imprescindible del papel couche,  igual que se hace con otras instituciones importantes del país, como la presidencia del gobierno donde también viene siendo tradición fotografiar al presidente de turno, algunas veces con su familia, en su lugar de veraneo; no se pretende  criticar, ni mucho menos, a quienes les gusta recrearse con este tipo de posados, cada uno con su tiempo y su dinero hace lo que le viene en gana, pero debe entenderse que para algunos, sobre todo por la escasa y forzada naturalidad nos parezca cuanto menos algo ridículo, no sólo por el poco aprecio a una institución que dista mucho de ser democrática, en cuanto que la auténtica representación en una democracia parlamentaria debe ser la elegida por el pueblo de forma periódica mediante elecciones, distando mucho de serlo una institución a la que se le otorga un carácter vitalicio.

“… no se pretende  criticar, ni mucho menos, a quienes les gusta recrearse con este tipo de posados, cada uno con su tiempo y su dinero hace lo que le viene en gana, pero debe entenderse que para algunos, sobre todo por la escasa y forzada naturalidad nos parezca cuanto menos algo ridículo…”

Pero, así son las cosas, al pueblo hay que mantenerlo entretenido, a veces con partidos de fútbol, otras con alguna confrontación ideológica o patriótica y, como no, con algunas fotografías de la ostentosa vida que algunos llevan a nuestra costa. Y, como siempre, el debate esta servido: ¿monarquía o república?, la pena es que este debate no trascienda de determinados foros y se lleve a donde se tiene que llevar como es al parlamento, sin miedos, porque nunca hay que tener miedo a la voluntad del pueblo libremente expresada en las urnas.

Angela Zapatero Sanchez

Busco la esencia de las cosas cuando dibujo. Autodidacta que explora nuevas técnicas. Me apasiona el arte en todas sus manifestaciones. Vivo inmersa en mi locura y eso me hace feliz.

La justicia a gritos

¿Justicia o ruido mediático? Esa es la cuestión. ¿Hasta qué punto es admisible la presión radical en aras de una justicia popular? ¿Es ese, realmente, el modelo de justicia que demanda nuestra sociedad? ¿Cuánta presión pueden soportar los jueces en los casos mediáticos? ¿Hay motivos para que la soporten?

Son todas preguntas que emanan de una actualidad excesivamente radicalizada, de una actualidad excesivamente gritona y coercitiva en la que determinados grupos quieren, mediante el ruido y la presión, hacerse pasar por representantes de una mayoría de opinión que no existe en la realidad, de una actualidad en la que el activismo quiere quebrar el brazo de una justicia a veces excesivamente tímida, desprotegida y señalada por su ineficacia, por su tardanza, por su rigidez y por su alineamiento ideológico.

No puedo evitar dejar de sorprenderme porque existan jueces señalados como conservadores y otros como progresistas, por lo que ello implica, desde el minuto cero de un proceso salpicado por la ideología, para la neutralidad de alguien que tiene que analizar con el mayor rigor e independencia unos hechos y actitudes para emitir un veredicto que se supone imparcial.

¿Puede un juez conservador juzgar con equidad un proceso sobre actitudes e implicaciones presuntamente progresistas? ¿Puede un juez progresista juzgar sin sospecha a un grupo de conservadores y sus actitudes e implicaciones? La respuesta debería de ser que ante unos hechos y unas actuaciones ningún juez es progresista o conservador, es simplemente juez. Debería de ser, pero no lo es. Ni lo es ni lo puede ser cuando desde la prensa, desde las organizaciones políticas, sean partidos, asociaciones o grupos de presión de cualquier índole, o desde cualquier  ámbito pre posicionado se señala desde antes, durante y después, si la sentencia no es la deseada por ellos, la sospecha de que la posición ideológica, o simplemente ética, del juez de turno va a anteponerse a la justicia, a la aplicación rigurosa de la legalidad vigente, que le ha sido encomendada por su cargo.

 

“¿Puede un juez progresista juzgar sin sospecha a un grupo de conservadores y sus actitudes e implicaciones? La respuesta debería de ser que ante unos hechos y unas actuaciones ningún juez es progresista o conservador, es simplemente juez.”

Basta así cualquier motivo, incluso ninguno, en cualquier momento para ir socavando la credibilidad del juez, y de las instituciones a las que representa, para crear un clima propicio a la imposición por algarada, por acoso mediático o por linchamiento del funcionario, y considerar su actuación impropia por diferencia ideológica, o ética, de base.  Y está pasando, y está pasando a diario y las voces radicales e interesadas se unen en un ejercicio de buenismo de muchos que se cuestionan todo desde posiciones ideológicas más templadas que moderadas.

Y una vez desacreditada la justicia, valor básico de la democracia, y que el sistema se tambalee, ciertos objetivos estarán más cercanos. Si los gritos tienen mayor peso que los valores, a gritos gobernaremos, a gritos nos moveremos, a gritos se determinará quién puede hablar y quién tiene que callarse, qué se puede hacer, qué es lícito y qué es ilícito, y nadie conocerá cuales son sus derechos y cuales sus obligaciones hasta que los gritos los refrenden o los sancionen. No habrá legalidad, se gritará, no habrá libertad, se gritará, no habrá igualdad porque dependerá del volumen de los gritos que despierte su ejercicio.

A mí un sistema en el que mi vida dependa de los gritos a favor o en contra, sobre todo en contra, que mis actos puedan ocasionar, no me interesa. Entre otras cosas porque soy de poco gritar y enseguida me quedo afónico. Y porque a mí me importan más los valores, más que las ideologías, más que la necesidad de tener razón, más que los gritos desaforados, convencidos o pagados, de los que van o de los que pasan por allí, más que la necesidad de que mi entorno me diga lo mucho que le gusta lo que digo. Eso sin contar que, habitualmente, los gritos son inversamente proporcionales a la profundidad del argumento gritado, y por este motivo prefiero una sociedad susurrante y dialogante, que practica el respeto y valora los derechos ajenos en el mismo nivel que los propios, a otra que perdido el respeto hacia los demás grita e insulta como único medio para imponer los derechos y convicciones propios sobre los ajenos.

“… los gritos son inversamente proporcionales a la profundidad del argumento gritado, y por este motivo prefiero una sociedad susurrante y dialogante, que practica el respeto y valora los derechos ajenos en el mismo nivel que los propios, a otra que perdido el respeto hacia los demás grita e insulta como único medio para imponer los derechos y convicciones propios sobre los ajenos.”



A veces hay que elegir. A veces hay que decantarse por lo que no funciona bien porque la alternativa funciona aún peor y porque parte de nuestra vida consiste en enmendar nuestros errores e intentar hacer perfecto lo imperfecto.

Yo elijo democracia, elijo libertad, igualdad y justicia imperfecta antes que gritos, imposiciones y justicia arbitraria. A lo mejor es cosa de la edad, o a lo peor de la experiencia.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

Primarias primitivas

No se puede pedir más, demasiado esfuerzo tienen que hacer para resultar demócratas cuando distan mucho de serlo, esto es lo que pasa con el Partido Popular, ese mismo partido que cobija en su seno personas tan retrogradas y con un nuevo presidente que se parece más a un fundamentalista que a un líder político.

Realmente el PP me importa más bien poco, al igual que el resto de partidos políticos, todos buscan la rentabilidad política de sus actuaciones, esas que dicen hacer en beneficio de los ciudadanos. Pero, si tuviese que hacer una valoración, el partido, ahora de Pablo Casado, se llevaría la palma.

Sí, demasiado esfuerzo han hecho, no sólo por celebrar unas primarias cuando lo que ha imperado en todos los años de su existencia ha sido el nombramiento a dedo por el presidente cesante, aunque muchos nos tememos que este gesto en pos de una mayor democracia interna, si es que en su seno puede hablarse de democracia cuando lo que hemos visto durante tantos años ha sido el imperio del amiguismo, del enchufismo y, lo que es peor el peloteo de los delfines y no tan delfines, y mejor no hablar de los múltiples casos de corrupción que por su número tan elevado podría decirse que se trata de un mal endémico.

Este ha sido el resultado de su tiempo en el poder, además del dejar las arcas públicas en aquellas comunidades autónomas y ayuntamientos en que han detentado el poder con obras públicas, sino innecesarias, al menos poco útiles en algunos casos en los que después de inaugurarse para lo único que sirven es para almacenar polvo y cucarachas en su interior.

Por ello, no es de sorprender que después de tal esfuerzo democrático, los compromisarios, que no los afiliados directamente, hayan votado como presidente del partido en sustitución de M. Rajoy, ese mismo que aparece en los papeles del Bárcenas y, quizá si escarbara más, en algún que otro caso de corrupción, sino por participación activa sí por permisiblidad. ¿Quién podía pensar que un partido con  una ideología tan patriarcal pudiese estar gobernado por una mujer?. Aquí no importa la preparación de los aspirantes que, obviamente la de Soraya supera con creces a la de Casado, aunque nada más haya sido por la experiencia acumulada durante los años como vicepresidenta del gobierno.

Algunos pensarán que importándome tan poco el Partido Popular estoy incurriendo en una contradicción criticando lo que no deja de ser algo que responde a la política doméstica del partido; pero la crítica no sólo va encaminada a lo que han sido unas primarias, sino el resultado de la mismas y la posibilidad de que el elegido algún día ocupase la Moncloa. Sería como tener de nuevo a un José María Aznar, peor aún si cabe, no sólo porque se haya amamantado de sus pechos sino porque las ideas que defiende podría ser más propias de VOX y de Ciudadanos.

“la crítica no sólo va encaminada a lo que han sido unas primarias, sino el resultado de la mismas y la posibilidad de que el elegido algún día ocupase la Moncloa. Sería como tener de nuevo a un José María Aznar”

Otra vez volvemos a tiempos pasados, lo ha dicho él al definir al partido que empezará a dirigir como un partido de la vida y de la familia, en su clara oposición al aborto y la eutanasia, porque no concibo ningún partido, al menos inscrito como tal en el Ministerio de Interior como demócrata que se aponga a la vida y a la familia. Ahora bien, si por vida se entiende no dejar a decisión de unos padres o de la madre, fundamentalmente, continuar con un embarazo con riesgo para su salud, no sólo física sino también mental, o para el propio feto, con peligro de nacer con alguna enfermedad congénita. Pero, sobre todo cuando esa familia y vida que defienden les importa un bledo dejándolo en multitud de casos con falta de asistencia a quien viven al lado de los contenedores de basura,  aparte de la venta de armas, esas misma que sirven para matar.

Eso sí, sin nada de respeto a los muertos. A esos muertos que todavía siguen enterrados en cunetas consecuencia de una guerra civil, a cuyos vencedores, los mismos que han mantenido al país en una dictadura durante cuarenta años, son a los únicos que apoyan. Ya lo dijo el propio Casado hablando de la guerra de los abuelos y de la “fosas de no se qué”.

Ojalá que este fundamentalismo se quede en Génova 13, porque como salga a la calle el futuro no se presenta nada halagüeño sobre todo para los que la libertad y la democracia parte del respeto y la tolerancia, incluso a las minorías, aparte del respeto real a la dignidad de la personas y de las familias cuyos derechos ellos están tan acostumbrados  a conculcar con una política de ricos y banqueros.

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

18 de julio

Un mismo día que hoy hace ochenta y dos años tuvo lugar en España un golpe de estado, pasando a ser conocido como el día del alzamiento nacional, con una sublevación de parte del ejercito nacional contra el gobierno de la Segunda República, instaurándose tras la guerra civil que duró tres años, provocada ante un fracaso parcial del golpe, un gobierno ditactorial a cuyo frente estaría durante cuarenta años uno de los militares sublevados, Francisco Franco Bahamonde, quien se atribuyo a si mismo el rango militar de generalísimo, superiorval Mariscal de Campo y al Gran Almirante, un invento superlativo, porque hasta entonces ningún general había entronizado tanto orgullo personal; llegando hasta el ridículo de considerarse Caudillo de España por la Gracia de Dios, siendo llevado bajo Palio en cualquier ceremonia religiosa a la que asistía, lo que pone de manifiesto la complicidad entre iglesia y Estado en una cruzada contrato rojos y masones.

La guerra obligó a la población a unirse al bando que les ‘tocara’, según el ejercito dominante en la zona donde cada uno vivía, luchando y muriendo en ambos bandos muchas personas que no luchaban por ideas sino porque estaban en el lugar menos adecuado y en el momento menos oportuno. Tres años de muertes, sufrimiento y hambre que terminaron con aquel parte último de guerra firmado por el General Franco emitido en Radio Nacional de España, que decía: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. El Generalísimo FrancoBurgos, 1° de abril de 1939.”

Después de la guerra, cuarenta años de dictadura, con un inicio de venganza de los fascistas sobre aquella parte de la población que había luchado en el bando rojo, incumpliendo el dictador sus propias palabras: “Nada tiene que temer de la justicia aquel que no tenga las manos manchadas de sangre”. El hambre, la miseria, la esclavitud, el terror, el fusilamiento, la injusticia, dieron paso en años posteriores a la brigada político social, la cual no dudaba en torturar a los que ellos consideraban enemigos de España, sólo por pensar distinto a ellos y luchar por los derechos y libertades de los ciudadanos. Un momento de la historia donde la patada en la puerta de los hogares por la policía armada era lo habitual para detener a sus moradores ante una simple sospecha de ser contrarios al régimen franquista o por una denuncia falsa o  simple venganza ante cuitas particulares.

Si ya la guerra fue terrible, con más de 600.000 muertos en total, la represión posterior fue peór.Tras la contienda, el régimen de Franco encarceló a 270.000 personas y fusiló a 50.000. Unos 4.000 murieron de hambre y frío en las cárceles.

Una parte de la historia de nuestro país que todavía sigue estando presente aún pesar de la conocida Ley de la memoria histórica,  continuando a lo largo de toda la geografía española vestigios de la victoria del dictador, y que a muchos españoles nos revuelve ante la permisibilidad de recientes gobiernos de la derecha, pero sobre todo, porque el daño provocado fue tan enorme, que sigue siendo un insulto a las víctimas y represaliados del franquismo.

“Si ya la guerra fue terrible, con más de 600.000 muertos en total, la represión posterior fue peór.Tras la contienda, el régimen de Franco encarceló a 270.000 personas y fusiló a 50.000. Unos 4.000 murieron de hambre y frío en las cárceles.”

Un país en el que todavía se permite el saludo fascista en lugares públicos, con banderas preconstitucionales y, por lo tanto, ilegales por ir en contra de la propia Constitución, o se permitan peregrinaciones a ese mausoleo que el propio dictador hizo construir por presos políticos para visitar su tumba, conocido con el nombre de Valle de los Caídos, o se mantenga el ducado de Franco, título nobilario creado por quien fue designado por aquel para sucederlo en la Jefatura del Estado, es decir por el rey Juan Carlos I,  que fue otorgado a María del Carmen Franco y Polo y que todavía hoy conservan sus hederos; demuestra su inmadurez democrática.

Sólo haciendo cumplir la Ley de la Memoria Histórica podremos saldar las cuentas pendientes del pasado, no siendo suficiente con cambiar los nombres de las calles en referencia al franquismo, quitar escudos e insignias franquistas. Además, es necesario que el dictador salga del Valle de los Caídos y que de una vez por todas se detenga y castigue a cualquiera que haga ostentación y apología de del fascismo; se saque de las cunetas a aquellos que fueron asesinados durante y después de la guerra, y a lo enterrados a la fuerza en ese mausoleo de la vergüenza.

En un Estado de Derecho el imperio de la Ley es la única garantía de los ciudadanos frente a quienes de forma continuada siguen burlándose de la democracia, haciéndose por ello necesario la ilegalización de aquellas asociaciones y fundaciones que todavía ensalzan la imagen del dictador, convirtiendo en una hazaña heroica tanta muerte y represión que dejó a su paso. Gentuza sin causa que siguen sembrado el odio entre españoles.

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

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