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Nacho Ciencafés
Historias escritas por Nachoplazabierta
Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

Primer día de verano

plumón

© Efraimstochter

 

 

Volvió la luz y el calor, volví a verte, ausente, con el bolsillo repleto de cosas pendientes.

Vi tus ojos empapados de sol brillante, sin medias tintas, con pinta de no saber que nunca se nos fue la inocencia de una mirada cruzada entre tu pelo y mis uñas desgastadas.

Zapatillas sucias y vergüenza exiliada,

balas en la recámara de tu cámara debajo de las sábanas de plumón.

Pestañea y abanícame el aire que te llene los pulmones de tu corazón.

Ensancha tus costillas y hazlas explotar, pinta el techo de líquido raquídeo con tu sensación de no saber que casi sin querer abriste las costuras del cielo.

Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

Lluvia

Lluviacristales

 

 

 

Hace poco leí algo así como “No hay que sentirse vivo, sino humano”.
Iván Ferreiro dice que en la tristeza hay belleza. Creo que piensa
que no hay nada de malo en estar triste, que no debemos aplacar
ese sentimiento, tan natural como la felicidad.
Podemos volver a ese “Es mejor haber amado…” del poeta inglés
Alfred Tennyson (no sabía quién lo dijo, lo he buscado en
Internet).
Es mejor haber sido humano que no un mero pasajero de la vida.
Es mejor tener grietas, ser imperfecto.

 

 

 

Lou Reed se mezcla con el sonido de la lluvia rompiendo en las
ventanas, algunas gotas de agua se cuelan curiosas en casa y
me preguntan qué me pasa. Intento sentirme humano, pero
cuanto más humano me siento, menos vivo estoy. 

 

 

Existe una felicidad vegetativa en las canciones tristes. Una luz
latente que asoma con determinados acordes y voces. La
ansiedad, los trastornos obsesivos compulsivos, el recuerdo
envuelto en óxido debajo de las uñas, la suave sensación del
dolor inyectado y su incorporación a la corriente sanguínea. Es
entonces cuando la respiración se ralentiza, cuando podemos ver
cómo nacen y se marchitan las hojas fotograma a fotograma,
cómo rompen kamikazes contra el cristal las balas, cómo el
tiempo se pasa y cómo pasamos  pasajeros infelizmente felices
por esta acera encharcada de vida.
Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

¿Y si fuera así siempre?

Siempreasi

Libros sin musas.

Calderos sin brujas.

Hijos sin madres.

Vacías las calles.

 

Quizás merecemos

 

hojas en blanco,

pociones inocuas,

hijos con hambre

Nacho Ciencafés

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Idealizar

Idealizar

Nacho Ciencafés

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No sé

Alquitran

Nacho Ciencafés

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Algo se nos está pasando (inyectado de cafeína)

 

 

 

 

Inyectado de cafeína meditaba acerca del futuro. De cómo, con el paso del tiempo, unos se vuelven más comprensivos y otros más testarudos.
El tiempo, la oxidación de sus células, era el único elemento que transportaba con éxito sus ideas de un extremo a otro, siempre con esa paciente comprensión que sólo él ofrece, sin esperar nada a cambio.

Salvo nuestro propio tiempo.

A ese reloj de arena le quedaban ya pocas playas.

Era una mañana casi abierta, el pulso del barrio comenzaba a bombear con ritmo los quehaceres de sus glóbulos rojos.

Es una pena que se nos pasen tantos detalles.

La terraza de la plaza era un desierto de palmeras de tela, solamente salvaba esa constante de tempo exacto aquel oasis con forma femenina y zumo de naranja.

El mendigo de la calle pez, vecino recién llegado, buscaba nada y contaba los pasos restantes cabizbajo hacia cualquier mirada cómplice que le alimentara con una conversación que nunca llegaba.

Se nos está olvidando dar de comer al corazón.
Tenemos el estómago demasiado lleno haciendo la digestión.

Inyectado de cafeína, caminaba por la calle buscando un detalle que le trajera el mar a Madrid. Buscaba una mirada que nadie le regalaba.

Porque una mirada con marea no se encuentra en cualquier playa.

Nacho Ciencafés

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Accidente cardio vascular

Fue un accidente, nuestros cuerpos retorcidos entre las sábanas. Pelea de saliva y dientes, me miras y me dices que nos volveremos a ver, sabes que me mientes y cierras la puerta dejando un camino de perfume hecho nudos con el ambiente bajo cero de dos polos hechos trizas de hielo en el dormitorio.
 
Mañana esta casa tan lejana, tan ajena será un estanque de peces muertos.
Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

Frío

 

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Dos pozos negros brillantes, llenos del misterio que la oscuridad sugiere. Un bostezo delante del espejo, me miro en tus ojos y apagas la luz. Lo llaman Big Bang. Yo prefiero darle tu nombre.

Una jabalina voladora que se estira como recién levantada. Cóncavo y convexo, cóncavo y convexo, al fin y al cabo tan sólo somos besos de esos que no se dan las estrellas en la pantalla, que nos andamos por las ramas cuando lo que en realidad queremos es irnos a la cama. 

Tu cuerpo, celeste. Medicina para la peste. Puedes pasarte por mi esquina, te daré amor cueste lo que cueste. Soy puta de un solo cliente. Te invito a entrar en mi mente, tengo mil laberintos llenos de serpientes diferentes, de todos los colores salvo el de tu lápiz de labios.

 Voy a coserme los párpados con la cremallera de tu sonrisa, pegado a esta cornisa sumisa de la brisa que te traiga de vuelta.

Nacho Ciencafés

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 You’re beautiful

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En el último capítulo de la segunda temporada de Stranger Things, Mike le dice dulcemente a Eleven “You’re beautiful”, como si desconociese el sentido de esa frase, como si no estuviese seguro de lo que estaba diciendo, no por no sentir, sino por no haber utilizado esa estructura sujeto, verbo y complemento directo antes. Como si supiese que lo que estaba diciendo no era correcto, como si fuese mentira, como si algo fallase. 

Y mientras todos se besaban y bailaban yo les hacía el spoiler de sus vidas, oteando desde el otro lado entre truenos rojizos y nubes negras, con mis patas clavadas alrededor del Hawkins Middle School.

No vais a llegar a la universidad.

La puta experiencia. Pros and drawbacks.

Anyway, lo que quería decir era que la frase “You’re beautiful” (estás preciosa, guapa, bonita) limita mucho el sentido de la frase porque el verbo (to be), que significa ser, estar, y algunas gramáticas dicen que hasta parecer, aquí es traducido, inteligentemente, como estás, y no como eres. Todo es contexto.

No eres guapa, estás guapa. Mañana se te pasará. Como una borrachera de esas que te obligan a acostarte con un tipo/a feísimo/a.

Tú estás guapa con pelos en las piernas y piernas en los pelos, con ojeras (mucho más), con mala hostia, con comida entre dientes, con tropiezos entre gentes, con pijama separando la costura de tus bragas del puente de tus nalgas, con todo y sin nada.

Por lo tanto no estás.

Eres.

Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

Pasamontañas rosa

 

Escribía con espinas y borraba con pétalos, cenizas rosadas como el carmín que desgasta el frío en sus mejillas. El corazón apenas titilaba el impulso necesario para no desfallecer entre cigarro y cigarro, aquella chispa inocua que no se graduó como destello, efímeros ambos, gravilla de campo santo antes del primer lloro.

Escribía desde el fondo de su coraza, pozo donde lamía las raíces con la punta de su lengua viperina, sólo de aspecto, era indefensivamente inofensivo. El blanco perfecto de su propia ira.

Solía volver la vista a menudo, pero aquel día se dio cuenta, una vez más, de que todo el camino vital recorrido no era más que un gran surco de cal viva agonizando por un final sin huesos que roer.

Es demasiado pronto para dejar de escribir – pensaba.

Somnoliento, otoño engatillando a la primera hoja suicida. Marrón efecto dominó, metralla seca y aviones sin importancia violando nubes paridas de tubos de escape. 

Si salir es ésto, que me devuelvan a mi jaula – bebió del vaso una vez más del millón de veces que bebió.

Si los suspiros escribieran, no haría falta hablar. ¿Mirarnos a los ojos? Él era un cobarde, por eso prefería la prosa. Como un buen robo, el robo perfecto. Será quirúrgico, entramos, pillamos la pasta y salimos. Sin violencia.

Pero el crimen perfecto no existe, y en la huida siempre quedan caminos ensangrentados, de cal viva o muerta.

Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

Prometo no volver

 

Miro las pisadas de mi suela a cada paso,

nadie me mira, nadie me hace caso.

 

Entro en casa sucio y vacío,

he robado un billete hacia el precipicio de mis vicios,

 

Siento si te abraso porque soy un volcán en erupción,

se acerca mi período de extinción.

 

Parón del corazón.

Siento si rompo todo lo que toco,

soy como las olas, desgasto poco a poco.

 

Sólo quiero que sepas que mis besos fueron verdaderos,

tiernos de acero.

 

Siento que todo ésto nos aplastara,

fue la lava.

Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

Paseo dominical

ilustraciones de Oda Sales
“Que veinte años no son nada,
qué febril la mirada”

 

Gris. Es como si las fachadas de Madrid miraran al suelo, girasoles sin fuerza motor.

Un anciano sale a la puerta de un pequeño bar y abre su pitillera a mi paso. Su cara es rosada. Lo enciende y le pierdo de vista. Las calles han perdido glóbulos rojos, ya no huele a café y sólo hay murmullo en las plazas centrales donde las terrazas imantan a los restos del fin de semana. Ya casi no hay nada que hacer salvo esconder la soledad con un paseo sin destino, dejando colillas de pan para marcar el camino por el que no volveré.

 

Un par de norteamericanos me saludan amablemente, tiene una etiqueta negra con sus nombres labrados en blanco, van elegantemente ordenados. Me dan una tarjeta y me dicen que parezco una persona que ama a su familia. Hace más de 65 millones de años nos volaron la puta cabeza. Me dan la mano y nos despedimos cordialmente. Sólo tengo en mente acordarme de que al llegar a casa tengo que lavármelas antes de masturbarme.

Todos terminamos siempre cerrando la puerta.

Pero siempre termina entrando algo de aire.

Nacho Ciencafés

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Little black submarines

 

Una canción por cada chica que conocí
y
en todos sus labios sólo los tuyos.

Nacho Ciencafés

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Eduardo, me llamo Eduardo

Hola Eduardo. Soy yo, es decir, tú.
A día de hoy, 2 de Julio de 2012, tienes 50 años, vives en la calle El Recuerdo, número 8, piso 4ºB. Llevas viviendo allí 23 años. La cerradura del portal gira un poco mal, tienes que sacar un poco la llave y luego girar. Cuando entres toma el pasillo de la izquierda, ahí esta tu ascensor.

Nuestra mujer se llama Rosa, es preciosa. Te enamoraste de ella en la universidad, que por cierto, no pisabas mucho. Teníais amigos en común y un día os presentaron. Os conocisteis de la manera más común, aunque os amáis como nadie. Rosa es de estatura media, tiene los ojos color marrón, aunque ella prefiere decir que es color miel. ¿Quieres un consejo? Hazle siempre caso. A Rosa le gusta dar paseos, ver películas y pasar el tiempo contigo. Rosa tiene muchos libros pero nunca viene mal hacerle un regalo. Sabe cocinar muy bien, así que tú, que eres un poco manazas, intenta fregarlo todo después de las comidas. Duermes en el lado izquierdo de la cama, sueles hablar por las noches. No te preocupes, a ella le gusta que hables, se ríe mucho de ti por eso. Tenéis dos hijos, Susana y Alejandro. Susana me ha dicho que quiere ser médico, espero que cuando leas esta carta se confirmen sus ilusiones. Le apasiona su carrera, es tan guapa como su madre. Juntos veis el fútbol en la tele. No se te olvide comprar pipas, a Susana le encantan. Alejandro es también muy futbolero, está estudiando trabajo social y su idea es irse a África con alguna ONG (Organización No Gubernamental), es una especie de grupo numeroso que se encarga de ayudar a los más desfavorecidos. Alejandro tiene un gran corazón, también novia y teme tener que dejarla si al final se va a África.

La carta que estás leyendo está en el armario marrón, en el segundo cajón, el nombre que está escrito en mayúsculas es el tuyo, EDUARDO. Tienes que leerla todos los días, no te olvides.

Hoy el doctor nos ha detectado Alzheimer.

Te quiero tío.

Nacho Ciencafés

Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

Back to…

 

Cada vez me cuesta más recordar el espacio de tus costillas donde solía condensar el aire. El cristal de tu piel, el papel. Mis dedos, la pluma dactilar de los mensajes ciegos en horizontal.

La mejor manera de vernos siempre fue bajar la luz y subir la música.

Y es que no hay nada más longevo que el último momento de la gota antes del suicidio. La forma perfecta antes de la explosión. Luego viene la arena del tiempo. Tu recuerdo en barbecho, la sequía, y la semilla de aquella gota de la que brota el óxido. Fruta podrida que alimenta aquellos huecos intercostales donde las falanges solían rayar mensajes de madrugada, ¿te acuerdas?

Nacho Ciencafés

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