Archivo de autor
Feliciano Morales
Historias escritas por felicianoplaza
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Si yo fuera catalán

Votar Urna

#plazabiertacataluña

Son muchas las apuestas acerca de cómo quedará despejada la incógnita de las elecciones catalanas el próximo día 21 de diciembre, aunque, al parecer, las encuestas parecen dar la victoria a Ciudadanos de Arrimadas, según la encuesta del CIS, con el siguiente hipotético reparto de votos en relación con su mayor competidor, Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) de Oriol Junqueras.
Ciudadanos: 22,50 %
ERC: 20,8%

Sin embargo, en escaños la situación es de empate técnico dada la supremacía de los republicanos en las zonas rurales, lo que otorgaría a ERC 32 escaños, frente a los 31-32 de C´s.

Por lo tanto, del resultado del resto de fuerzas políticas y del pacto entre unos y otros, dependerá que la balanza se incline hacia el lado de los independentistas o de los constitucionalista, que quedaría según la  encuesta del CIS de la siguiente manera:

Junts per Catalunya, la lista de Puigdemont con miembros del Pdecat e independientes, quedará como la tercera fuerza más votada con el 16,9% de los votos y entre 25 y 26 escaños.

La CUP, por su parte, perderá un escaño y conseguirá 9 (con el 6,7% de los votos).

De esta manera, las tres listas independentistas sumarían entre 66 y 67 escaños, quedándose a uno o dos de la mayoría absoluta, lo que supone una perdida entre cinco y seis respecto a las últimas elecciones, de manera que el independentismo bajará hasta el 44,4% de los votos.

La situación no mejora para los independentistas, habida cuenta que el Partido Socialista de Cataluña (PSC) con Miguel Iceta a la cabeza subirá hasta el 16% de los votos, con 21 escaños, aunque el PP de Xaviar García Albiol bajaría a 7 escaños, con un 5,8% de los votos; lo mismo que Catalunya en Comú-Podem, con Xavier Domènech, que bajará hasta los 9 escaños, con el 8,6% de los votos.

Conforme a dicho pronóstico, los partidos constitucionalistas (C’s, PSC y PP) sumarían entre 59 y 60 escaños, mientras que en votos hay un empate técnico con los independentistas (44,3%), por lo que el futuro de Cataluña dependerá de un 25% de votantes indecisos.

Ante esta situación, aunque no soy catalán, por lo tanto sin derecho a voto en dichos comicios -aunque no descarto que en futuras convocatorias pudiese tenerlo debido a mi falta de apego a la tierra-, me he propuesto el reto de analizar a quién votaría si pudiese hacerlo, manteniéndome ajeno de cualquier sentimiento patriótico que, como he dejado entrever, me cuesta tener, al menos cuando supone el ejercicio de imposición de ideas, que no valores, o la imposición de medallas, además de las exclusión de los que no están dentro.

Por lo tanto, con la responsabilidad de que mi hipotético voto, como el de cualquiera, es muy importante para el futuro de Cataluña, intentaré invertirlo de la mejor forma posible. Pero, ¿cómo se invierte un voto de forma eficaz?. Para unos, quizá sea votar al menos malo, para otros votar provocando un voto nulo para que nadie se beneficie de él, también los hay que sin estar convencidos votan al contrario de quien no quieren que salga, como voto de castigo y, finalmente quienes votan en función de la ideología, aunque no se con certeza de qué ideologías se puede hablar hoy día, que no sea del culto al dinero o de un pseudocomunismo de formas y no de fondo, visto que la gente más joven cada vez se polariza más en los extremos, buscando en la radicalidad su confrontación contra el mundo que les rodea, como manifestación de su rebeldía intrínseca a los años. Aunque, tampoco nos podemos olvidar de los románticos, aquellos que peinando canas o próximo a hacerlo se posicionan en el mismo sitio porque lo han hecho siempre, en pro de una ideología que piensan puede representar con más o menos intensidad un determinado candidato. Finalmente, están los que no votan porque no creen en el sistema, porque se sienten desilusionados, engañados y estafados por una clase política corrupta e incapaz de gestionar lo público.

Así, sólo me cabe elegir entre cuáles de las opciones que he expuesto me encuentro. Tarea no del todo fácil porque en cada uno de los comicios que he participado  me he movido en todas ellas, encontrándome en el momento actual en el desengaño, en el hastío de quien siente que su voto no estará nunca bien invertido, habida cuenta de la existencia de una clase política entre cuyas cualidades, si es que cabe resaltar alguna, la que mejor desempeña es la de insulto y descalificación del contrario: resaltando lo malo de éste para vender como menos malo lo suyo, eso sí, con el engaño de la mentira a la que están acostumbrados. Pero, haciendo el esfuerzo que me he propuesto anteriormente, y partiendo de una hipotética redención de la clase política, lo cual es mucho suponer, obviamente me incluiría entre aquellos que votan por ideología…. Aunque tal vez debería decir por ideales.

Llegados a este punto en el que los ideales son los que pueden motivar mi voto, llego a la taulogía de pensar, como he dicho antes, que la única motivación de los partidos políticos, el único motor de sus acciones, no es más que la rentabilidad política, o lo que es lo mismo, mantenerse en el poder a cualquier precio, y por ende, en la poltrona, con la faltriquera bien llena. Pero, como estamos en las elecciones catalanas, y puesto que ya estamos metidos en harina en esto de hacer esfuerzos; para no estar entre ese hipotético 25% de indecisos, me toca elegir entre, vamos a llamarlo, ideología independentista y la constitucionalista, puesto que, lo que se decide realmente es un sí o un no a la independencia, lo cual dependerá de la composición del futuro Parlament.

Pues miren ustedes, siguiendo la dicotomía entre ideología e ideales, apuntada anteriormente, terminamos llegando al quid de la cuestión, aunque no la solución a mi alternativa e indecisión del voto. Para que me entiendan, no me encuentro cómodo y mucho menos convencido, ni entre los unos ni los otros, porque como el resto no tienen ni ideologías, ni ideales, ni metas, ni objetivos, y mucho menos unas ideas fundamentales o doctrina que caracterice o marquen su forma de pensar y de actuar; sobre todo entre los constitucionalistas.

“….no me encuentro cómodo y mucho menos convencido, ni entre los unos ni los otros, porque como el resto no tienen ni ideologías, ni ideales, ni metas, ni objetivos, y mucho menos unas ideas fundamentales o doctrina”


… Y, en cuanto a los otros, los independentistas, simple y llanamente, no me terminan de convencer, no sólo porque no informan de las consecuencias que una declaración unilateral de independencia ocasionaría para el territorio secesionista, pero sobre todo, porque hay algo que no puedo vencer como es la ausencia en mi de un sentimiento patriótico; sobre todo cuando éste, venga de donde venga, supone exclusión. Así que, saben que les digo, que vaya suerte que tengo de no ser catalán, aunque ésta no sea más que la felicidad de los pobres, porque pronto vendrán otros comicios que vuelvan a mover en mi los mismos pensamientos, y ya estoy cansado, porque me temo que siempre estaré, visto lo visto, entre ese porcentaje de indecisos a los que se nos echa la culpa de que la balanza se incline hacia un lado u otro, aunque el origen de esta culpa no está en nosotros, como si se tratase de una cualidad personal, no;  si no en ellos que lo que nos venden no hay por dónde cogerlo.

  

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El síndrome depresivo de nuestra Constitución

La Constitución de 1978 en su trigésimo noveno cumpleaños sufre una profunda depresión entre partidarios y detractores de su texto, pero nadie aporta nada para ayudarla, para sanarla, porque habiendo sido tan necesaria y, a veces útil, como norma de convivencia, en todo este tiempo desde que fue concebida, no se puede ni se debe sustituir; pero si cambiar y mejorar para que, al menos, cumpla otros tantos marcando el nuevo camino de los derechos y obligaciones que regula. Camino que también se hará viejo, porque las personas y la sociedad cambian, surgiendo, posiblemente, formas de convivencia y de relaciones humanas nuevas que necesitan de su amparo.

Efectivamente, nadie hace nada por sanar la Constitución. Los independentista es obvio porqué, y los constitucionalistas porque temen su reforma ante el resurgimiento en parte de su territorio, de problemas de autodeterminación en busca de una independencia pretendida, podríamos decir históricamente, por una parte de sus ciudadanos; legítima en cuanto que forma parte de un deseo colectivo lo suficientemente amplio en cuanto al número, que ignorarlo de forma permanente no hace más que empeorar la situación, afectando a su enfermedad, por ser incapaz de dar soluciones adaptadas a los nuevos tiempos.

Los padres de la Constitución, aunque herederos algunos del franquismo, no hicieron del todo mal su trabajo, pudiendo afirmar que no fue mal concebida -independientemente de cuál fuese la pretensión de aquellos-, aunque en el momento actual los derechos, obligaciones y demás aspectos que su regulación abarca, como la organización territorial del Estado, la Corona o la propia reforma constitucional, por citar los más relevantes en el momento actual, no respondan a los nuevos tiempos. Pero, no podemos negar que sí lo han hecho durante casi cuarenta años, satisfaciendo los intereses de los ciudadanos, en mayor o menor medida, dependiendo de la parte del territorio; eso sí,  habiendo necesitado ajustes puntuales, en cuanto a su interpretación se refiere, por el tribunal constitucional, cuya falta manifiesta de independencia ha ocasionado  que el contenido del texto constitucional se haya debilitado frente aquellos que veían que la falta de objetividad de este órgano jurisdiccional, comprometía su validez y eficacia.

Al mismo tiempo, se intentó blindar la Constitución, evitando su vulnerabilidad frente a los muchos herederos del régimen anterior, así como frente a los nuevos y viejos comunistas y, desgraciadamente también frente a ese terrorismo vasco que tantas muertes ha causado de manera innecesaria para demandar pretensiones históricas, renunciando a las únicas vías válidas en democracia, como es el diálogo o la fuerza de las mayorías expresa en las urnas; surgiendo así el actualmente tan cuestionado artículo 155.

También se han puesto en tela de juicio muchos de los derechos fundamentales que el texto recoge, no tanto por su esencia como por la forma de lograr su eficacia, en tanto que muchos de ellos no sólo están de adorno sino que los poderes públicos no los han garantizado de manera efectiva, incluso algunas veces, de manera intencionada en pro de parciales y espurios intereses, en vez de la satisfacción del interés general, sobre todo de esa parte de la sociedad más debilitada económicamente.

Otro aspecto que está haciendo enfermar a la Constitución  a pasos agigantados, se debe a quienes por ocupar puestos de poder no han respondido, ni responden en el ejercicio de sus funciones, a lo que se espera de una persona que asume nuestra representación, sirviéndose de su cargo para satisfacer sus propios intereses particulares, coqueteando con la corrupción; no solamente entre la clase política, sino también afectando a la Casa Real, lo que hace que se cuestione hasta la propia jefatura del Estado.

“sirviéndose de su cargo para satisfacer sus propios intereses particulares, coqueteando con la corrupción, no solamente entre la clase política, sino también afectando a la Casa Real, lo que hace que se cuestione hasta la propia jefatura del Estado.”

En definitiva, la Constitución nos la estamos cargando entre todos, entre los que ponen en su balcón la estelada y los que ponen la bandera española, incluso alguna republicana,  y también el resto que cada vez estamos más cabreados con  unos y con otros. Por ello, resulta obvio que la única manera para que la Constitución sobreviva durante un largo tiempo, es acometiendo su reforma de manera responsable y lo suficientemente abierta como para que se vean en su texto reflejados los intereses de los ciudadanos que la votan a través de sus representantes. Responsabilidad que, dicho sea de paso, no veo ni en los que se rasgan las vestiduras cada vez que se plantea su reforma, y los que, denominándose la nueva izquierda, tienen puesta la cabeza más en el limbo que en el deseo de formar un Estado de todos y para todos, y no destruir el sistema por el único afán de crear entelequias que ni ellos mismos se creen.

Y, es que hay que estar con los pies en la tierra, pero no mirando pasivamente a lo que sucede a nuestro alrededor, sino participando activamente para que, arrimando todos el hombro hagamos un país mejor en el que todos tengamos cabida de una u otra manera, respondiendo a las expectativas de los individuos y los grupos de los que forman parte; o al menos, posibilitando de una manera eficaz la discusión democrática de sus pretensiones.

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Subida de la Luz. Un crimen organizado

Cuando la ola de frío nos obliga a los ciudadanos a recluirnos más tiempo en nuestros hogares, lo cual no viene mal para mejorar nuestra vida familiar y disfrutar de los nuestros al calor de una buena calefacción,  sin embargo, como en otras ocasiones ha ocurrido, esta reclusión, pensando o no en las bonanzas que nos puede aportar, no nos va a salir gratis; mejor dicho, nos va a salir más caro, porque casi nada en este mundo, cuando hay un intercambio de bienes o una prestación de servicios tiene un coste cero. Todo cuesta, hasta los servicios públicos no son gratuitos a pesar de que nos lo quieran vender así y que muchos se lo quieran creer para vestir a sus políticos, a los que gobiernan, como benefactores.

 El encarecimiento de nuestra vida hogareña se debe, como a estas altura sabemos todos al haberse convertido hoy en la noticia estrella de los medios, a la subida del recibo de la luz, denominada por algunos como “el calambrazo español”, una forma eufemística de reflejar el dolor que nos va a causar.

Una subida record desde el año 2008, lo que nos lleva a pagar un precio similar al de Alemania, pero con una renta más baja de los ciudadanos españoles debido a la bajada de sueldos; de manera que estamos pagando la energía eléctrica más cara de Europa; de manera que, comparada con los países de nuestro entorno equivale a un 70% desde el principio de la crisis, estando previsto un nuevo aumento de un 10%, que muchos intentan justificar relacionándola con  la climatología que ha llevado a nuestros pantanos a estar bajo mínimos; sin embargo, en otros países del sur de Europa, como en Portugal o Italia, el recibo sigue siendo el mismo, a pesar de tener una  climatología similar a la nuestra.

Hemos conseguido, o tal vez deberíamos decir que los gobernantes, quienes dicen ser nuestros representantes, han conseguido un sistema fabuloso respecto a la venta de energía, eso sí, fabuloso para las energéticas, pagando los sufridores españoles casi el doble desde que se iniciara la crisis, lo que ha llevado al país a alcanzar sin la aplicación impuestos el récord de subida de la U.E; impuestos que, sin duda también repercuten en la subida del recibo a unos 76 euros al mes por familia, de media.

Más de cinco mil personas sufren en España la pobreza energética, hecho que parece no importarle absolutamente nada a los gigantes energéticos, pero mucho menos a los gobiernos del Partido Popular que son los que han autorizado las mayores subidas desde el año 2011, trayéndoles al pairo las más de 7.000 muertes al año asociadas a las carestía excesiva de la energía, según el estudio bienal sobre pobreza y desigualdad energética publicado en abril del año pasado por la Asociación de Ciencias Ambientales, multiplicando aproximadamente por seis las víctimas de accidentes de tráfico.

 

“Más de cinco mil personas sufren en España la pobreza energética, hecho que parece no importarle absolutamente nada a los gigantes energéticos, pero mucho menos a los gobiernos del Partido Popular”

Según el citado estudio detrás de estas muertes están los incendios, como el de la anciana de Reus fallecida hace poco más de un año, así como enfermedades derivadas de la baja temperatura, sobre todo de índole respiratoria como costipados y neumonías, o circulatorias como hipertensión, infartos, ictus, etc, incluso ocasionando problemas de salud mental como ansiedad o depresión, entre otras.

Parece que ya hay un motivo importante para que nos olvidemos un poco del tema de Cataluña y de la confrontación que éste ha ocasionado entre los ciudadanos, para que nos empecemos a preocupar todos y a unirnos al objeto de hacer una oposición ciudadana a tal medida; habida cuenta que la inestabilidad económica  tras la crisis puede que mañana haga parada en nuestros hogares teniendo que recurrir a una manta  y a una vela para poder ver y darnos calor, circunstancia que, con toda seguridad, no viven ni tendrán que padecer los grandes directivos de las energéticas, así como los políticos que entran y salen a través de las puertas giratorias, y parlamentarios que cobran más de 3.500 euros al año, eso sin contar algunos pluses por formar parte de comisiones o ostenten alguna otra responsabilidad como portavoces o miembros de las distintas mesas. Y es que la pobreza en general, y la energética en particular, es el crimen más organizado del mundo.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La resaca del Black Friday

 

Dijo Séneca: “Compra solamente lo necesario, no lo conveniente. Lo innecesario, aunque cueste un solo céntimo es caro”

Viernes, 24 de noviembre de 2017.

 

08,00 horas: AM. Mi mujer agita mi cuerpo inerte todavía sumido en el sueño de Morfeo, me despierto sobresaltado, no es para menos, quejándome de su manera brusca de despertarme. No tarda en recordarme mi promesa de dedicarle este día para cumplir con el tercer mandamiento del capitalismo: “capitalizarás las fiestas”.

08,05 horas: AM. Me dirijo a la cocina llevándome por delante todo lo que encuentro por el camino, todavía mi cuerpo no ha reaccionado, sigo bajo los efectos traumáticos de tan duro despertar. Me preparo un café sólo, bien cargadito. Tomo mis pastillas, entre ellas la de la tensión porque la debo tener por las nubes. Ella me exige mayor rapidez. “¡¡Vamos, que estas dormido!!”. Me abraso la lengua.

08,15 horas: AM. He tomado el café casi de un sorbo, toca la ducha. Empiezo a entrar en agujas, mi cuerpo empieza a reaccionar a la cafeína y al agua que cae sobre mi cuerpo, mientras ella me dice, de nuevo, que me apresure, conocedora del tiempo, tal vez en exceso, que dedico a esta tarea.

08,30 horas: AM. Casi me saca a la fuerza del baño. Luego se queja que no lo limpio. Malditas prisas.

08,36 horas: AM. Me dispongo a vestirme. Sabiendo lo que me espera cojo la ropa y el calzado más cómodo.

09,30 horas: AM. Por fin he disfrutado de un poco de sosiego. Una hora de espera desde que ella entró al baño. Me ha dado tiempo para volverme a tomar tranquilamente otro café, responder a los emails que tengo pendientes en mi cuenta de correo -uno docena aproximadamente- y leer apaciblemente los titulares de las noticias en los medios digitales. Ella sigue con el mismo estrés. Me entran ganas de echarle un trankimazín al zumo de naranja que también en la larga espera me ha dado  tiempo a prepararle.

09,35 horas: AM. Me dirijo al garaje para sacar el coche. El maletero, como siempre, está lleno de cosas que se van dejando y que nunca se ordenan. Recojo las cosas que más ocupan y las subo a casa. “¿Qué haces aquí?”, me pregunta ella echándome en cara que todavía no haya sacado el coche del garaje. “No, si llegaremos a media mañana”, añade.  “Ni que tuviéramos que fichar”, pienso yo sin verbalizarlo, por si las moscas.

09,50 horas: AM. Me toca esperar de nuevo. En este caso casi diez minutos en doble fila y con amonestación del policía local de turno. Por fin llega. Nos ponemos en marcha. Aprecio una pequeña sonrisa en su cara.

10,00 horas: AM. Llegamos al parking del centro comercial. Vaya por Dios, no podía ser de otra manera, una larga cola para entrar. Caras largas de maridos pacientes y sonrientes de esposas esperando al gran festín.

10,15 horas: AM. Seguimos en la cola del parking. Ella se empieza a inquietar. No para de despotricar ante la larga espera. “Si hubiésemos salido antes”, me reprocha. Me rio de forma sarcástica.

10,20 horas: AM. Se baja del vehículo y quedamos en vernos en el interior del centro comercial. “Llámame al móvil cuando hayas aparcado y te digo donde estoy”. Me quedo más tranquilo. Aprovecho para poner la música alta para tratar de no pensar mucho en la tortura que me espera, acordándome del año pasado.

10,30 horas: AM. Por fin he aparcado el coche. La llamo al móvil, y lo que me esperaba, no lo coge. Insisto varias veces, lo coge y me dice donde me espera.

10,45 horas: AM. Llego al lugar donde hemos quedado. No la encuentro ante la gran muchedumbre que abarrotaba el establecimiento. Empieza la búsqueda de “encontremos a wally”. Como un periscopio intento ponerme de puntillas y estirar mi cabeza para intentar divisiar a mi mujer, para ello intento recordar la ropa que lleva puesta.

11,00 horas: AM. Suena mi móvil.  Es ella: “¿Dónde te has metido?”, me pregunta medio enfadada. “Te estoy buscando y no te encuentro”. “¿Dónde estás?”, me vuelve a preguntar. “Pues donde me dijiste”, le respondo un poco nervioso. “Ya no estoy allí… había mucha gente”. Me tranquilizó el pensar que no me tenía que enfrentar a tal marabunta. Me dice el nuevo lugar en el que se encuentra, enfrente del anterior. Me doy la vuelta y más de lo mismo, gente y más gente, autómatas en busca del mejor precio. Todo mi gozo en un pozo.

11,05 horas: AM. Me dispongo, de nuevo, a iniciar la búsqueda. La diviso al fondo. ¡¡¡Victoria!!!. Me dirijo a ella intentando salvar la distancia de unos diez a quince metros que nos separaba, buceando entre el gentío y esquivando algunas prendas que en el recorrido me encontraba tiradas en el suelo y que se enredaban en mis zapatos. No es fácil avanzar.

11,10 horas: AM. Llego al expositor donde se encontraba pero, ya no está. De repente veo que un montón de pantalones, blusas, abrigos, bolsos y no sé cuántas cosas más, creo que se llaman complementos, de todos los colores y marcas se dirigen hacia mí como si de un fantasma se tratase o un muñeco de trapo que hubiese adquirido vida. Llegando donde me encontraba veo que de repente se asoma una cabeza de entre tanta ropa, la de mi mujer. ¡¡¡Eureka!!!.

11,30 horas: AM. Después de un largo cuarto de hora, llegamos ambos a la cola de la caja. Vaya cola. Eso parecía la entrada al Santiago Bernabéu en el derbi de los dos Madrid. Daba casi dos vueltas al establecimiento. Le pido que me pase parte de la ropa para evitar que cargue ella con toda.

11,40 horas: AM. Mi mujer se cansa de estar a la cola. El síndrome de la compra compulsiva parece haber vuelto a apoderarse de ella. De repente me veo con toda la ropa encima de mis brazos. “Voy a mirar unos vestidos que he visto y que están muy bien de precio”. Tragué saliva para hidratar mi garganta seca del aire caliente que salía de unos grandes tubos que colgaban del techo, sin que casi me diera tiempo a preguntar qué si no le bastaba con lo que había cogido, ante la repentina orden. “Llámame cuando estés llegando a las cajas”. Desapareció entre el tumulto

12,15 horas: PM. Media hora de espera en una cola interrumpida en numerosas ocasiones por gente que pedía paso para desplazarse de un lado a otro de la tienda. Tiempo suficiente para hacerme casi amigo de otro  sufrido marido que detrás de mi hacía lo propio. “¿Dónde se habrá metido mi mujer?”, me dijo. “Paciencia” dije yo intentando tranquilizarle después de media docenas de llamadas tanto suyas como mías a nuestras respectivas. Su mujer llegó después de diez minutos, la mía, sin embargo, ni siquiera cogía el teléfono y las cajas estaban apenas  a diez personas de distancia.

12,30 horas: PM. Después de quince minutos llamándola con cierta compulsividad termino dándome cuenta que su bolso lo tengo colgado de mi hombro y su teléfono dentro de él. Mi paciencia está llegando a su límite.

12,35 horas: PM. A dos personas de distancia de las cajas y sudando como un pollo, por fin aparece ella con otro montón de ropa, éste más pequeño que el que soportaba yo. Le suelto la que había dejado en mis brazos sobre ella, haciendo un solo monto que volvió a sepultar su cabeza, me descuelgo su bolso de mi hombro y lo cuelgo sobre el tuyo. Desaparezco. “Te espero fuera, no aguanto”, fueron mis últimas palabras. A medida que me voy alejando consigo oír a la mujer que había estado delante de mí en la cola que le decía a la mía: “yo a estas cosas no traigo a mi marido, ni por aguantarlo”, “a mí me viene muy bien para que espere a la cola”, le contestó mi amada esposa.

01,00 horas: PM. Por fin llega al banco donde intentaba descansar de tan ardua tarea. “Me he entretenido”, dijo. “¿En qué?”, le pregunte sin obtener respuesta, tal vez porque mi pregunta era lo suficientemente estúpida como obvia hubiese sido su respuesta.

01,05 horas: PM. Después de dividir las bolsas repletas entre ella y yo, me dispuse a iniciar el camino hacia el parking. “¿Dónde vas?”, preguntó, “Vamos a entrar en ese otro establecimiento”, añadió, sin dar tiempo a que yo pudiese contestar a su nuevo deseo.

01,15 horas: PM. La guerra empieza de nuevo con la diferencia que ahora no me podía evadir ante un “me acompañas” que salió de sus labios con cierta ternura, no dándome opción a decirle que no, sino quería quedar como un mal marido poco colaborador y mal educado. Qué remedio.

15,00 horas: PM. Termina el calvario, tres bolsas cada uno. Las suyas más repletas que las mías, quizá para no sobrecargar mi maltrecha espalda, o tal vez para que no siguiera quejándome de cada paso que ella daba.

15,15 horas: PM. Llegamos al coche, en silencio, exhaustos, al menos yo. No me atreví a preguntar cuánto se había gastado. No quería amargarle ni amargarme yo el resto del día pensado en esos números rojos que estaban ocupando mi cabeza desde que abandonamos la última tienda.

16,00 horas: PM. Por fin en casa. Yo agotado, ella al parecer no tanto pues se dispuso nada más comer un sándwich​ vegetal y una pieza de fruta a hacer un paso de modelos ante mí. Qué privilegio. Adiós siesta, pensé con la resignación de quien no tiene ninguna opción de salirse con la suya.

El resto del día y fin de semana no importa, sólo resaltar su felicidad después de unas largas jornadas de “ropaterapia”.

Lunes 27 de noviembre de 2017

La resaca del Black Friday, dos bolsas de ropa para descambiar. No pregunte el porqué. Aunque me hizo feliz pensando que el agujero en nuestra cuenta corriente iba a ser menos grande que el esperado.

La felicidad no duró mucho. Es cierto que nos pasamos media vida pensando en el pasado y la otra pensando en el futuro, sin vivir el presente. En este caso mi cabeza empezó a torturarse pensando en la Navidad, noche vieja y sus trajes de luces, Reyes y rebajas de enero, San Valentín, rebajas de primavera, vacaciones en primera línea de playa, rebajas de verano, vuelta al cole y comienzo de coleccionables, temporada otoño invierno, y rebajas de septiembre, puentes, Halloween, y de nuevo otro black friday y otra vez navidad, sin olvidar cumpleaños, aniversarios, bautizos, comuniones y bodas con su respectivo IBAN en la invitación. En fin una tortura mental y una cuenta corriente bastante mermada. Pero ella lo vale.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Alienígenas, alineados y otras especies

 

Vaya por delante que la forma en que ha desempeñado el cargo el ayer fallecido Fiscal General del Estado nunca me ha gustado, al igual que tampoco me gusta la forma de actuar de muchos personajes públicos, sobre todo políticos, acostumbrados a atacar en sus debates a las personas en vez de discutir las ideas contrarias, a los que sus seguidores imitan, quizá porque carecen de criterio propio para defender una determinada postura, alineándose a sus líderes cual como pollo sin cabeza.

Alegrarse de la muerte  de una persona simplemente porque no compartamos sus ideas, o en el caso de José Manuel Maza, por su gestión como jefe del Ministerio Público, no solamente demuestra la falta de humanidad de quienes en redes sociales o en otros foros han festejado tal deceso, sino también su bajeza e infamia; máxime cuando quienes lo hacen se jactan de ser más demócratas que nadie, como los  ‘cachorros de la CUP‘, la formación de jóvenes Arran, quienes han publicado el pasado sábado un tuit con una imagen del revés del fallecido y junto a ella y con varios emoticonos de manos diciendo adiós, el mensaje de: “Hasta nunca”.

Conductas tan abyectas como ésta suelen ser muy frecuentes, ensuciando el debate y el juicio popular que merecen los cargos públicos por su mal hacer, lo cual, no solamente es totalmente lícito, sino que, por higiene democrática también es necesario. Pero, una cosa es juzgar y otra dar coces al aire, porque quienes lo hacen en vez de utilizar la razón con argumentos plausibles prefieren utilizan su rancia política de imposición de ideologías, lo cual evidencia que ellos, que hablan de debate, democracia y poder del pueblo, son los menos dignos para abanderar cualquier lucha política en consecución de objetivos que beneficien a quienes dicen representar.

 

“Conductas tan abyectas como ésta suelen ser muy frecuentes, ensuciando el debate y el juicio popular que merecen los cargos públicos por su mal hacer, lo cual, no solamente es totalmente lícito, sino que, por higiene democrática también es necesario.”

Estamos ante personas que desconocen el poder de la razón, no sólo de la citada formación, sino también de otras muchas que, actualmente, podemos encontrar en la arena política, primando en ellas el poder de la violencia verbal, no solamente del espectro de la izquierda sino también en el lado contrario.

Vergüenza ajena no es la palabra para definir el sentimiento de repulsa hacia quienes se alegran de la desgracia de alguien, sea político, torero fiscal o cualquier otro cargo o profesión que por su censurable actuación o por sus ideas no puedan ser absueltas de ese juicio que todos los ciudadanos de forma legítima y en uso de nuestra libertad de expresión podemos y debemos hacer; porque vergüenza ajena sería identificarse, en cierto modo, con personas tan ruines.

Quienes hacen leña del árbol caído, ya sea porque ha sido talado, derribado  o simplemente porque se ha agotado su vida, demuestra la cobardía de quienes no han sabido hacer frente al problema en el momento que debieron hacerlo,  prefiriendo coger el hacha para golpearlo sin piedad hasta convertirlo en pequeños trozos de madera, absurdo salvo que queramos hacer fuego o reavivar el existente con el único objetivo de desestabilizar mediante el uso de la sinrazón y la violencia.

En definitiva, estamos ante individuos que se amparan en el grupo al que pertenecen cual borregos que se siguen unos a otros en una dirección marcado por pastores imberbes, no por edad, sino por falta de madurez democrática, de los que no deseo su muerte y mucho menos me alegraría por ella.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Sectas: La antroposofía, una pesudociencia que atrapa a las personas.

Como dijo San Mateo en su Evangelio, Cap. 24, Vers. 11:“ Y muchos profetas se levantarán, y engañarán a muchos”, y así está sucediendo, cayendo en manos de esos falsos profetas personas que confraternizan con terapias alternativas, falsos sanadores y guardianes del espíritu, apartándose del camino de la libertad en su sentido más amplio, pasando del libre pensamiento a ser seres adoctrinados en manos de un guía espiritual o maestro: quedando, finalmente, atrapados en un mundo que practica una pseudo ciencia conocida como antroposofía, lo que les lleva a asilarse por voluntad propia de sus seres queridos, de su familia más próxima, incluso amigos, a los que culpabilizan de su tortuosa existencia y de no entender o compartir esa espiritualidad transmitida por falsos y simplistas charlatanes, convertidos algunos en gurús de un tipo de agricultura que han bautizado con el nombre de biodinámica.

 

Para quienes lo desconozcan, la antroposofía consiste en un sistema místico-filosófico desarrollado por el austríaco Rudolf Steiner, haciendo una mezcla un tanto rara de pseudomedicina, agricultura, sistema educativo –las escuelas de Waldorf-, y hasta una corriente artística.

Como buena pseudociencia, tiene teoría para todo, y entre ellas no podía faltar la agricultura, conocida como agricultura biodinámica, la cual empezó con un curso que fue impartido por el propio Steiner en el año 1924, al que asistieron poco más de medio centenar de personas, donde se decían chorradas tales como que “los productos agrícolas estaban degenerando y que no podían ser usados como comida“, o que su misión, aunque no tenía ni puñetera idea de agricultura era “influir en la vida orgánica de la tierra a través de las fuerzas cósmicas y terretres” (sic).

Actualmente la antroposofía, se encuentra por todo el mundo, contando con ingentes cantidades de dinero, y lo que es peor, su funcionamiento es el mismo que el de una secta destructiva, basándose en una mezcla  de doctrinas diferentes, tales como:

– Las tonterías nacionalistas y profundamente irracionalistas de la filosofía romántica que le gustaba.

– La supuesta justificación científica del misticismo, extraída de Goethe.

– Lo que había aprendido con los chamanes de la teosofía. Especialmente astrología y cosas hinduístas tipo chakras o palabras en sánscrito.

– El cristianismo. La figura de Jesús es central en la antroposofía, aunque visto de una forma un tanto rara, ya que Steiner decía que son dos personas, utilizando, además, el concepto de “juicio final” propio de las sectas apocalípticas cristianas basado en el rapto espiritual del más allá pero sólo si pagamos dinero a los de la secta, sometiendo a ellos su voluntad. Decía, además, que sus conocimientos procedían de Jesús, que se le había aparecido una noche revelándole “cosas gordísimas”, aunque también hablaba de un herbolista que fue su maestro.

De esta manera, en el ámbito de la espiritualidad, aseveraba cosas tales como que:

1) La verdad no existe, es una creación del alma humana y cada cual ha de encontrar la suya.

2) El ser humano es cuerpo, alma y espíritu.

3) El alma humana se ve afectada cada semana según la posición de los astros.

4) Existe el karma y nos reencarnaremos.

Pero, este circo no termina ahí. Aparte de esta espiritualidad pseudocristina con matices religión budista, de captación de almas perdidas; lo peor, si cabe, es su absurda teoría racista, donde los negros son niños; además de otras mierdas propias de la dictadura nazi debido a su visión política fuertemente conservadora, negando la teoría de la evolución.

En definitiva, toda una pesudociencia para tontos o simples que necesitan ver su vida empecatada en doctrinas y reencarnados en cualquier especie que perpetúe su existencia, impartida en centros llamados Goetheanum, diseñados por el propio Steiner en honor a Johann Wolfgang von Goethe, hasta un total de diecisiete.

“toda una pesudociencia para tontos o simples que necesitan ver su vida empecatada en doctrinas y reencarnados en cualquier especie que perpetúe su existencia,”

En España, pese a que son ilegales, hay una cantidad considerable de escuelas Waldorf que, aunque vigiladas por la Administración las deja campar a sus anchas, a pesar de que los niños que a ellas acuden llevan un terrible desfase educativo, lo que los hace fácilmente manejables para ser adoctrinados al antojo de la secta por tratándose de una población indefensa que no puede reclamar sus derechos.

Además, estos niños son alimentados por los productos obtenidos de la agricultura biodinámica citada anteriormente, recibiendo una asistencia médica antroposófica, lo que constituye, sin lugar a dudas, un peligro para la salud pública, ya que muchas veces los antroposóficos no vacunan a sus hijos, originando, como se pueden imaginar, infecciones y virus de todo tipo, siendo la tosferina y el sarampión las más frecuentes.

Estamos, pues, antes un secta muy peligrosa en todos los sentidos, no sólo a nivel espiritual alineando a sus seguidores con una doctrina que  coge de aquí y de allá lo que les interesa, creando un remix sin ningún tipo criterio científico y sin la formación adecuada en determinadas materias,  lo que hace que carezcan del suficiente rigor como para que puedan considerarse en las verdades absolutas que transmiten a sus seguidores; sino también en lo material, vendiendo una especie de ciencia holística que promete sanarlo todo.

Falsos maestros y profetas, falsos médicos, personas adoctrinadas y sin libertad, pero lo peor de todo, desnaturlizadas, que reniegan de su propia familia, buscando compensación a pequeños fracasos de su vida, o a una vida vacía o perdida.

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

A mar revuelto, hasta el independentismo vale

 No sé si a ustedes se les ha llegado a pasar por la cabeza que esto de la independencia es algo que, a pesar de las muchas chapuzas en su puesta en escena esconde algo más tras de si.

 

Nadie en su sano juicio, y menos algunos politólogos, pueden haber pensado que el fin del procés es la independencia de Catalunya con el sistema constitucional vigente, y quien no oliese a sedición todo esto, o es que es un ignorante redomado, en cuanto al conocimiento del derecho se refiere, máxime cuando la vía del dialogo entre el gobierno central y el autonómico estaba rota; o también puede tratarse de un osado ignorante intentando poner al gobierno de Rajoy entre las cuerdas esperando que éste se achantase por miedo a una revolución popular en las calles de Barcelona.

Pensar en el última alternativa del modus operandi de los independentista sería desconocer la represión de la que siempre ha hecho gala el Partido Popular, posiblemente por lo enraizado que está en sus sangres el añorado, por ellos, dictador Francisco Franco, siendo prueba de ello, entre otros comportamiento y actitudes, las subvenciones que otorgan a asociaciones y organizaciones franquistas que, independientemente del objeto de sus estatutos, han dejado patente  la exaltación del fascismo de la que, incluso hacen gala sin ningún tipo de disimulo; aunque tampoco se puede negar que pueda haber más de un independentista que en su ensoñación, posiblemente se veían vencedores en esta batalla.

Como es lógico, el Tribunal Constitucional declaró ayer contrario a la Constitución la declaración unilateral de independencia de Catalunya, esto unido al posicionamiento en contra de los organismos internacionales a pesar del mucho ruido que parte del ex gobierno catalán y alcaldes de la cuerda están dando en Bruselas. Si bien a más de uno nos complace que la prensa internacional, en su mayoría, esté haciendo un perfecto análisis de la situación, incluido del abuso de las fuerzas del orden público, manejadas como suele hacer habitualmente  por el Partido Popular, a pesar del esfuerzo de Puigdemont en la capital de Bélgica de tratar de vender la moto a los periodistas con una película diferente de lo que ha sucedido, donde España aparece como un país maltratador y poco demócrata.

Pero, volviendo al argumentación inicial, el análisis que también puede hacerse de lo sucedido en cuanto al posicionamiento independentista se refiere, aparte de asegurar el plato de sopa boba de sus políticos en el Parlament durante los próximos treinta años, fraccionando no sólo Cataluña sino también al resto del Estado español, cuyos ciudadanos, de uno y otro lado se han tomado esto como una guerra entre moros y cristianos, obviando lo fundamental que no es otra cosa que el sentido independentista de algunos catalanes  -vamos a dar por hecho que la mitad-; sentimiento legítimo porque cada uno puede pensar lo que quiera, otra cosa es como se haga, de manera que cuanto más sean las medidas represoras, aunque sean legales, más exacerbado será, además de provocar que dicho sentimiento perdure a lo largo del tiempo como una demanda histórica, por lo que urge acercar posiciones.

La otra finalidad ha sido y sigue siendo aprovechar el momento de la representación de determinados partidos políticos entre cuyos objetivos es hacer que el actual sistema democrático salte por lo aires,  con la intención de demostrar al resto de España y al mundo en general que en parte de la península ibérica las cosas no funcionan bien, lo cual no es del todo falso, porque, precisamente, el surgimiento de ciertas fuerzas políticas a la izquierda de la izquierda a la que estábamos acostumbrados, se debe en gran medida al descontento de la población, sobre todo de la más joven que ven su futuro más que incierto.

 

“La otra finalidad ha sido y sigue siendo aprovechar el momento de la representación de determinados partidos políticos entre cuyos objetivos es hacer que el actual sistema democrático salte por lo aires,”

No es necesario posicionarse de uno y otro lado, máxime cuando es evidente que en ambos lados no se ha actuado correctamente o, al menos, como debería haberse hecho para evitar la confrontación vergonzosa que está teniendo lugar; para ver que, efectivamente ni España, ni ninguna de sus Comunidades Autónomas van bien, sino no se hubiese aplicado por el gobierno central la regla de contención del gasto para intentar enmendar las barrabasadas que se han hecho desde las distintas Administraciones Públicas; sino también en comprobar que la recuperación económica de la población no deja de ser más que una ficción o un cuento de brotes verdes. Sólo hay que salir a la calle y ver la gran cantidad de negocios que se cierran y no se vuelven abrir, o comprobar la estadística de desempleo, que levemente mejora y cuando lo hace es debido al empleo estacional en época estival, entre otros indicadores.

En definitiva, está pasando algo que, aparte de tener su causa fundamental en la política económica marcada por Europa, que ha demostrado que no está dando resultados, también lo es porque en España se han cometido excesos, no sólo por los poderes públicos, sino también por las propias familias que en el momento de las vacas gordas llegaron a endeudarse hasta las trancas pensando que el ritmo económico seguiría en ascenso, aunque el calentamiento económico ya se veía venir.

Gobierno central y gobiernos autonómicos, independientementes del color, se jactaban de un estado de bienestar ficticio provocado por la burbuja inmobiliaria, que lo vendían en cada comicio electoral como un logro de su gobierno para su rentabilidad política, hasta que todo ¡¡ boom !!, saltó por los aires, provocando una grieta en la economía difícil de recuperar. Y, como siempre se ha hecho, a mar revuelto ganancia de pescadores. La izquierda más radical aparece en escena, cuestionándolo todo, provocando y fomentando la lucha popular en las calles, incluso en las instituciones; y como contrapeso una nueva derecha, personalizada en Albert Rivera, aparte del resurgimiento de la extrema derecha que no dudan en salir a la calle enarbolando banderas españolas preconstitucionales en confrontación a la estelada, incluso a la señera

En fin, un totum revolutum, en que no sólo los ciudadanos mezclamos todo, sino también los políticos, éstos a su antojo para llevar el agua a su molino, que exige que todos nos soseguemos un poco, porque ni todo lo construido durante los últimos cuarenta años es malo y porque, la confrontación nunca contribuye al acercamiento de ideas y posiciones.

Nos urge que nos sentemos a hablar no sólo por el tema de Catalunya, sino que, además, deben llevarse  en el orden del día otros temas de vital trascendencia, siendo necesario un pacto de estado que, no sólo afronte la reforma constitucional, sino también una profunda reforma fiscal conforme a la cual paguen más los que más tienen, laboral y de pensiones, sin olvidarnos también de la reforma de ciertas instituciones básicas del Estado, como la Administración de Justicia, la sanitaria y la educativa, amén de la lucha efectiva contra la corrupción política, empezando a conjugar todos el verbo dimitir, por higiene política, al margen de la decisión que adopten los tribunales, porque dejar enquistar conductas contra las cuales no se reacciona con la misma rotundidad y prontitud que al aplicar el 155, lo único que conduce es la inseguridad jurídica de la ciudadanía que ve como el gobierno central o los gobiernos autonómicos no aplican la ley por el mismo rasero.

Si seguimos dando voces en la calle, da lo mismo en Bruselas, que en Madrid o que en Barcelona, y el resto de las ciudades de España, no llegaremos a escucharnos bien, imperando la agresividad y la fuerza, no la de la razón precisamente, situación de la  saldremos todos perdiendo.

 

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Puigdemont, de demócrata absolutista a mártir político

 

Que lo del independentismo ha sido un sainete mal montando y peor interpretado, es absolutamente cierto. Para muestra la más patética de las diferentes escenas que nos ha dejado y, quizá de las que nos seguirá dejando esta puesta en escena de algo que, en su esencia responde a un legítimo deseo de una parte de los ciudadanos de este país y que no se ha tratado ni se sigue tratando con la suficiente profundidad, amplitud de miras y madurez política por parte de quienes nos hemos visto envueltos en una confrontación que, a muchos, de uno y otro lado les ha retrotraído a épocas pasadas, envolviéndoles un patriotismo de propiedad e imposición, de manera que quienes no nos posicionamos entre sus  filas somos algo así como unos apátridas, traidores, fascistas y no sé cuántos improperios más que que he tenido que oír, dependiendo de que mi interlocutor fuese más español o catalán.

Volviendo al tema de la más patética de las escena que nos ha dejado el independentismo es la que tratan de aparentar los actores políticos de este procés, también promotores del mismo, de que están siendo objeto de una persecución política por parte del gobierno de España a través de jueces no independientes manipulados a su antojo.

Sí, eso es lo que han dicho, tratando de mostrar al resto del mundo que en España se funciona poco más o menos que en una república bananera, recordando a un presidente del gobierno que por su bigote y su estatura me recordaba a un dictador de cuyo nombre quiero olvidarme y no me dejan; o a Españistan utilizando una expresión más actual. Y, miren ustedes, aunque yo la he utilizado para hablar del caciquismo del actual partido en el gobierno, también es cierto que cuestionar a todo un sistema judicial, del que, evidentemente, se pueden predicar muchos fallos; muy pocos han evidenciado la prevaricación, la falta de independencia  de Jueces y Magistrados,  poco más que una media docena en los cientos de casos abiertos por corrupción no sólo contra miembros del actual partido del gobierno sino también contra el principal partido de la oposición.

Que vaya por delante que a mí me gustaría un sistema más democrático que el actual, no sólo en España, sino también en el resto de democracias existente en el mundo sin olor a dictadura, que también las hay, donde primase la voluntad de los ciudadanos mediante una representación más directa a través de listas abiertas, celebración de referéndums frente a decisiones política de especial trascendencia para el país, destitución e inhabilitación permanente para el ejercicio de cualquier cargo público de aquellos políticos corruptos; amen de una jefatura del Estado puramente democrática en cuanto a su elección y ejercicio de sus funciones, son, entre otras medidas, las necesarias para que nuestra Constitución pueda dar respuesta a las necesidades que plantean los nuevos tiempos, dando respuesta, además, a intereses legítimos históricamente planteados, pero sobre todo, a los intereses de los ciudadanos que somos los principales actores en este sistema que entre todos hemos elegido por considerarlo como el menos malo para podernos organizar y que nuestra sociedad sea cada día mejor o, al menos más eficiente y eficaz en pro del bienestar de todos.

Es por ello que no se puede desmontar como pretende Puigdemont y sus acólitos todo un sistema democrático que todos hemos construido durante los últimos cuarenta años, por el hecho de que algunos gobernantes y cargos electos en general del partido del gobierno del Estado, sean peor que la escoria, por varias razones, siendo la más importante la seguridad jurídica.

Para que se me entienda, debido a que los poderes públicos tienen como principal función satisfacer los intereses legítimos de los ciudadanos, lo que también se denomina bien común o intereses comunes, es por ello que se debe dotar al sistema de un corpus legal que garantice la permanencia de los derechos durante un plazo lo suficientemente largo como para que no se vea afectado por decisiones políticas cada vez que se cambie de gobierno. Sino fuese así, los ciudadanos se sentirían enormemente frustrados, lo que al final se traduciría en un caos, en cuento a la gobernabilidad del país se refiere. De manera que la osadía, la ignorancia y, aún peor, la manipulación sibilina de los que han querido convertir a Catalunya en una república por narices, hay que tildarla sin lugar a dudas de sedición, porque no todo vale y menos cuanto se atenta contra la normas básicas que sustentan un Estado, aunque calificarlo de rebelión es forzar mucho la máquina, puesto que violencia como tal no ha existido, salvo que se considere como tal la propia infracción del ordenamiento jurídico y el caso omiso a los tribunales como el Constitucional, que también habría que reformar.

 No quiero volver a acudir  al recurso de la ignorancia de muchos al tratar estos temas, quienes sin ningún pudor por no decir la verdad, mezclan conceptos justificando actuaciones ilegales, haciéndose pasar como mártires políticos, cuando la justicia por incumplimiento de la Norma jurídica actúa.

Como he dejado entrever antes, quiero una Constitución reformada que de repuesta a intereses legítimos como el que nos ocupa, de un pueblo, territorio o nación de ser independiente, administrando cauces que sin recurrir a la vía punitiva nos lleve a escuchar la voz de un pueblo expresada con las suficientes garantías.

No se trata de blanco o negro, hay muchos matices de grises que pueden ser igual de satisfactorios, sobre todo para que no haya vencedores y vencidos, sino ciudadanos dispuestos a ceder parte de sus pretensiones en pro de una convivencia social pacífica .

Que Puigdemont and Company  continúen si quieren  con su fracasada hoja de ruta, pero no nos insulten a los ciudadanos demócratas de este país llamado España que no pensemos igual que ustedes y los patriotas de banderas en el balcón, de uno y otro lado. Pero, déjenme decirles que de mártires y perseguidos políticos, cuando no han dudado en salir corriendo, tienen más bien poco, aunque jeta, para dar y regalar.

“No se trata de blanco o negro, hay muchos matices de grises que pueden ser igual de satisfactorios, sobre todo para que no haya vencedores y vencidos, sino ciudadanos dispuestos a ceder parte de sus pretensiones en pro de una convivencia social pacífica”

Abandonen las trincheras, porque quien en estos momentos se aparten del diálogo, están demostrando su ineptitud para tratar adecuadamente este tema que urge una respuesta, sino queremos que un futuro no muy lejano nos vuelva a explorar delante de nuestras narices. Haciéndose necesario que, con la misma diligencia con la que Rajoy ha convocado elecciones autonómicas en Catalunya, las convoque a nivel nacional buscando un gobierno lo suficientemente sólido como para poder afrontar el reto de la reforma constitucional sin aspavientos ni miedos infundados que lo único que demuestra es temor a que el pueblo hable.

No puedo prometer que no volveré a abordar este tema, aunque me gustaría hacerlo porque imperase la normalidad  democrática, cosa que todavía no he conocido en este país  a pesar de mis tacos que ya tornan blanco mi cabello. Y no porque después del franquismo hayan continuado alguno de sus herederos gobernando, sino también porque la denominada sangre nueva que está ingresando en la política, en ambos lados, está demostrando no haber aprendido nada del pasado, continuando como adoctrinados mecánicos blandiendo la bandera de falsas ideologías, falsos mensajes y, peor aún, falsos salva-patrias.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La osadía de los ignorantes

Como dijo Sócrates, la verdadera sabiduría esta en reconocer la propia ignorancia.

 

En todo este lío de Cataluña se echa la culpa a cualquiera que no sea afín a nuestras ideologías, aunque es evidente, y ya lo he dicho en otras ocasiones que los principales culpables son Puigdemont y Rajoy, sin embargo por encima de estos dos personajes, por llamarlos de alguna manera, hay otra causa fundamental de esta aberración jurídica y política a la que se ha llegado con la declaración unilateral de independencia, tanto por quienes la han declarado como por quienes la están combatiendo sin haber agotado previamente la vía del diálogo y la negociación política; dicha causa es la ignorancia.

Aquí todo el mundo opina, pero la opinión, aunque es libre, sin embargo no es gratuita, porque si la opinión no tiene fundamento suficiente y sólo se apoya en lo que creemos justo puede llevarnos cuanto menos a una confrontación de la que puede que no salgamos bien parados o que lleguemos a un diálogo de besugos, y es que lo justo no siempre es legal. Justicia y legalidad no siempre van de la mano, pongamos como ejemplo la pena de muerte que, aunque legal en algunos Estados de USA no deja de ser un atentando contra el bien más supremo de la persona como es la vida aunque lo decida un Juez y por lo tanto injusta, aunque muchos estén a favor de ella por aquello de “ojo por ojo y diente por diente”, para todo hay. Pues lo mismo sucede con el tema de Cataluña, pero al contrario, es decir, aunque pueda parecer justo el deseo de autodeterminación sin embargo no es legal mientras no se cambien las reglas del juego plasmada en el texto constitucional, el único que tenemos y hemos aceptado durante casi cuarenta años.

“Aquí todo el mundo opina, pero la opinión, aunque es libre, sin embargo no es gratuita, porque si la opinión no tiene fundamento suficiente y sólo se apoya en lo que creemos justo puede llevarnos cuanto menos a una confrontación de la que puede que no salgamos bien parados o que lleguemos a un diálogo de besugos,”


Es por ello que uno de los requisitos que debería pedirse a los políticos en caso de no tener la suficiente formación jurídica es que una vez hayan sido elegidos y antes de ser nombrados para el cargo que hiciesen como en cualquier empresa un cursillo rápido de Derecho Político y Constitucional, así algunos nos evitaríamos la vergüenza ajena de tener que oír las sandeces que, normalmente, algunos de ellos, llevados por no se qué “ideologías” o “creencias” dicen, sobre todo cuando están delante de una cámara de TV o un micrófono y se sienten agredidos por la pregunta del entrevistador o por un interlocutor que, con un poco más de fundamento y preparación que ellos, le rebate algún tema.

Algunos considerarán que lo que acabo de decir es un ataque a la verdadera esencia de la democracia, porque atenta contra el sistema de elección y el  derecho a ostentar un cargo público, como manifestación de la soberanía del pueblo en la que se basa este sistema político, además del de controlar a nuestro gobernantes, pudiéndose entender la exigencia de dicho requisito como una traba al derecho pasivo al sufragio universal, libre, libre, igual, directo y secreto; sin embargo pienso que es legítimo exigir que nuestros representantes estén, al menos, preparados para el cargo que ostentan por las responsabilidades que de ello se deriva; y no que cualquier español, aun siendo un tonto de baba, pueda acceder a un cargo político sin saber a duras penas donde tiene la mano derecha o la izquierda, aunque algunos piensen que para suplir esta falta de formación de los cargos públicos para eso están los asesores, más de veinte mil según las últimas cifras oficiales, con lo que ello comporta para el gasto público; además de quedar comprometida en cierto modo su objetividad por aquello de que no muerdas la mano de quien te da de comer, convirtiéndose, por lo tanto, en una objetividad acomodaticia a los intereses políticos.

Pues bien, esta falta de formación o pseudo información de Wikipedia hace que me revuelva hacia esa series de personas que, al igual que los políticos que veneran y aplauden como sus líderes que, a pesar de su ignorancia tienen la des-facha-tez  de querer imponernos o vendernos sus razonamientos como los únicos válidos y verdaderos, sin tener pajolera idea de que hablan, mezclando conceptos políticos y jurídicos a su antojo, cogiendo de aquí y de allá ideas de algún que otro entendidillo del tema. Hago notar que secciono la palabra “desfachatez” porque considerándose de izquierdas y republicanos algunos de estos iluminados, la imposición  pretendida de sus ideas hace que se demonice a todo aquel que no opina de la misma manera que ellos, mediante un fascismo de izquierdas que recuerdan la Rusia de Stalin.

Un ejemplo de esta supina ignorancia es la mala publicidad que algunos tratan de dar al artículo 155 de la Constitución Española. Por cierto, un artículo que todos debíamos conocer para poder hablar con fundamento, y que habiendo estado siempre en el texto constitucional, solamente se ha cuestionado ahora porque viene en contra de quienes quieren hacer de su capa un sallo, saltándose todo por la torera y, continuando con su ignorancia, obviando en su argumentación la Constitución de Estados federales de nuestro entorno que incluyen en sus articulados preceptos similares al nuestro cuando se pone en peligro el sistema democrático y constitucional del Estado central, a modo de precepto punitivo y de garantía de la propia Constitución y del sistema democrática que ésta ampara.

No quiero decir con ello que esté a favor de su aplicación sin previamente utilizar o agotar otras vías como la política por una y otra parte, como he dejado en otras ocasiones al hablar de este tema; pero, cuando falla esta vía y el caos empieza a abrirse camino por haber actuado en contra del Estado de Derecho todo sistema democrático que se precie debe disponer de los resortes adecuados para combatir a los sediciosos.

Como ha indicado mi compañero y amigo Rafael López Villar en su último artículo sobre los tiempos que nos esperan tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la convocatoria y celebración de elecciones autonómicas el próximo 21 de diciembre; estas medidas no resuelven de todo el problema, abriéndose un tiempo de huracanes y tempestades para una reforma del texto constitucional que permita abordar con seriedad y deseo de dar una salida a la pretensiones de independencia de algunas de los Comunidades Autónomas, como puede ser, entre otras soluciones la constitución de un Estado Federal, donde los diferentes territorios tengan más audeterminación en la gestión de sus intereses. Pero, por favor, no traten de venderme la moto y de mezclar churras con merinas, para justificar no se que deseo de ruptura radical y a cualquier precio, incluso aunque lo sea en contra de los intereses económicos de sus futuros ciudadanos y de sus empresas.

Espero que, evidenciando a los ignorantes políticos y sus acólitos y algunos fanáticos seguidores, tras el varapalo dado por la propia Unión Europea de no reconocer la autodeclarada República Catalana, se imponga la razón para todos los que deben intervenir en la solución del problema y que Pedro Sánchez imponga al presidente su compromiso de iniciar un proceso de reforma constitucional, en la que espero que todos los partidos de izquierda demuestre su sentido de Estado y se impliquen en el mismo porque de ello depende nuestro futuro.

Si algo bueno se puede atribuir a este esperpéntico “procés” es que, se hace patente la necesidad de una urgente reforma de la Constitución, adaptada a los nuevos tiempos. Tal vez haya llegado el momento de decirles a esos dos grandes partidos que han gobernado en alternancia España, que se reforme la Constitución en la profundidad que sea preciso para no seguir con rodeos de palabras o circunloquios para no expresar con claridad lo que se quiere conseguir. No como sucesores los sucesores del franquismo que hicieron la que tenemos ahora, sino como auténticos demócratas con el deseo de crear un nuevo Estado donde se consolide lo bueno que hemos conseguido hasta ahora, y  buscando soluciones a los nuevos retos, necesidades y problemas que se plantean en este momento para permitir que nuestro futuro sea mejor que el panorama que nos han dejado tras su ineptitud a los mandos del poder.

 

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La independencia de Cataluña. Un divorcio con graves consecuencias

 

El hartazgo sobre la independencia de Cataluña empieza a sentirse en la mayoría de los españoles, no sólo porque en la pantalla de nuestros televisores esta cuestión ocupa la mayor parte del tiempo en los informativos y debates, incluso en otros programas que sin estar dedicados a la información sino al entretenimiento también tocan, aunque sea de soslayo, lo que ya se denomina “el tema” o “la noticia” porque parece no haber otros que importen tanto a los medios.

 

La disección que se ha hecho de la consecución de la independencia por parte de la citada Comunidad Autónoma deja poco margen para el análisis desde cualquier óptica, tanto política, económica, histórica como sociológica, creo que ya se ha dicho todo, intentando cada cual llevar el agua a su molino, dependiendo del posicionamiento político del tertuliano, economista, periodista y demás “istas” que desde su oficio, hábito o actitud han analizado el tema, habiendo encontrado tanto los que se sitúan a un lado y al otro cobijo en sus teorías para justificar o no las acciones llevadas a cabo tanto por el Gobierno de España como por el Govern de Catalunya.

¿Dónde está por lo tanto la verdad?. Permítanme ustedes que les diga que, como en casi todo, la verdad absoluta no existe y, aunque en principio deben ser las leyes las que marquen la legitimidad de cualquier actuación llevada a cabo por los poderes públicos; sin embargo, no debemos olvidar que las leyes no son “palabra de Dios”, y que cuando hay voluntad política para solucionar un tema dichas leyes pueden ser modificadas, adaptadas al momento en el que, como en el que nos ocupa, se necesita buscar una solución a un tema que lleva dando guerra desde que esta Comunidad Autónoma se dio cuenta que era una de las mayores productivas del país y de las que menos fondos percibía del Estado en proporción a otras Autonomías, que por su lastre económico no aportaban tanto a la hucha común de todos los españoles.

Es cierto que en un principio me amparé en la legalidad para justificar que la actuación de los independentistas catalanes no era correcta, por eso de que cualquier democracia debe sustentarse en un estado de derecho, donde la supremacía de la ley hace posible que cualquier actuación arbitraria sea perseguida por los tribunales de justicia, porque así lo establece nuestra Norma suprema, la Constitución. Pero esta legalidad puede convertirse en un arma de doble filo cuando quien quiere hacerla cumplir desde un posicionamiento estrictamente jurídico, lo hace sin dar opciones al diálogo, o peor aún, cuando el que actúa como verdugo contra los incumplidores de la norma, ha sido el mismo quien las ha incumplido de manera reiterada, lo que le resta en cierto modo legitimidad para llevar a aquellos al patíbulo.

Esto es lo que le pasa al Partido Popular quien en reiteradas ocasiones no le ha importado en absoluto pasarse la Constitución por el arco del triunfo, valga a modo de ejemplo la declaración de inconstitucionalidad de la amnistía fiscal o la de las tasas judiciales, justicia gratuita y bajada salarial de los empleados públicos, entre otras; amen de más de una decena de recursos interpuestos ante el Tribunal Constitucional pendientes de resolución.

Resulta evidente que el incumplimiento de la Constitución podría graduarse según la Norma que se recurre, de manera que, no es lo mismo un recurso contra una Ley Orgánica como cuando lo es contra una Ley ordinaria, habida cuenta que la primeras  son las Leyes de desarrollo de los Derechos Fundamentales y de las Libertades Públicas recogidas en la sección primera del capítulo segundo del Título I de la Constitución, las que aprueban los Estatutos de Autonomía  y el régimen electoral general, además de otras previstas en la propia Constitución, y que requiere el voto favorable de la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados en una votación final sobre el conjunto del proyecto aprobado. Pero en el caso que analizamos, aunque es importante esta graduación, lo que realmente trasciende es que estamos ante dos incumplidores habituales de la Constitución, con la única diferencia que en el caso de Cataluña existe un artículo dentro del texto constitucional, el 155, que permite actuar frente a cualquier Comunidad Autónoma que no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España; mientras que en el caso del incumplimiento por parte del Gobierno del PP, se deja a su sentido de la responsabilidad política abandonar sus cargos por incompetentes en virtud de la declaración de inconstitucionalidad que haya tenido lugar, responsabilidad que el caso de Rajoy no hay por dónde cogerla porque nunca la ha tenido, desconociendo el sentido de la palabra dimisión.

Al final, en toda esta historia el que termina perdiendo es el ciudadano, bien porque no se le haga caso a sus pretensiones y demandas o bien porque las decisiones que se toman de una manera u otra repercuten sobre su propio bienestar, su economía o sobre sus derechos, incluso los consagrados como fundamentales en la Constitución que tanto unos como otros prostituyen a su antojo.

Pero volviendo a “el tema” nos encontramos realmente ante una bomba de relojería, ante un conflicto territorial, cuyas consecuencias políticas si no lo tratamos con la suficiente prudencia puede dar lugar a una confrontación sin precedentes mas que en la contienda de 1936; prudencia que en el momento actual no debería pasar por aplicar el precitado artículo 155 de la Constitución, porque si bien el Govern Catalán ha demostrado su temeridad en el tema de la independencia por las consecuencias tanto económicas como sociales que puede acarrear entre sus conciudadanos, totalmente enfrentados, en una proporción que me atrevería de calificar en empate técnico; igualmente la ha demostrado el Gobierno del PP, aplicando un artículo que no va a solventar el problema de fondo que, no es otro que el “catalanismo” o sentimiento catalán como nación, motivo por el cual la única solución plausible sería la convocatoria de elecciones tanto a nivel estatal como a nivel autonómico, pues nos encontramos ante posiciones irreconciliables que, necesariamente, para llegar a un principio de acuerdo, exige otros interlocutores, dada la incapacidad de los actuales.

“nos encontramos realmente ante una bomba de relojería, ante un conflicto territorial, cuyas consecuencias políticas si no lo tratamos con la suficiente prudencia puede dar lugar a una confrontación sin precedentes mas que en la contienda de 1936; prudencia que en el momento actual no debería pasar por aplicar el precitado artículo 155 de la Constitución”


Finalmente, sería de gran ayuda que tanto los españoles, dentro y fuera de Cataluña, y los catalanes independentistas, empezáramos a ver el tema más allá de nuestras propias narices y no como simple pollinos con orejeras, pues cuando se trata de un divorcio nadie puede apropiarse de la otra parte y mucho minusvalorar su sentir en el proceso de separación, de la misma manera que nadie en todo este lío puede apropiarse de la palabra patriotismo, porque como sentimiento de amor hacia la patria nadie tiene derecho a limitarlo a un determinado territorio. Por esto motivo imponer ideologías no sirve de mucho, porque simplemente con el amor no se paga el piso, ni el colegio de los niños, ni las letras del coche, ni la hipoteca, ni el salario de los trabajadores en una empresa, ni se sustenta una nación. Nos movemos en un entorno político y económico, que se puede ver resquebrajado simplemente por la insensatez de quienes lo han propiciado y quienes no saben dar otra respuesta más que a través de la fuerza, lo que no deja de ser pan para hoy y hambre para mañana.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Los sicarios del mal

 

¿Qué nos está pasando a las personas?, aunque quizá debería referirme a una especie indeterminada en involución que en su momento fue denomina humana, pero que hoy, por mucho que nos empeñemos ni siquiera estamos en el momento inmediatamente anterior al homo sapiens.

Esta mañana al cruzar por el paso de peatones no pude superar los apenas 10 metros que separaban uno y otro lado de la calle al haberme arriesgado a iniciar de forma imprudente tan rutinaria tarea en el momento en que el muñequito verde empezaba a parpadear anunciando el cambio a rojo, cuando me vi sorprendido por un vehículo que apretando el acelerador parecía que su intención era arrollarme para hacerme expiar por mi grave imprudencia. Un salto seguido de un quiebro a modo de los recortes taurinos tuve que dar para no ser arrollado por quien pretendía ser mi juez y verdugo, salvando mi pellejo por apenas unos centímetros.

Sobra continuar con el segundo capítulo de esta macabra historia, donde predominaron los insultos del fitipaldi con actitud sumamente violenta, para demostrarles nuestra incapacidad de empatía con nuestros semejantes, nuestra intolerancia, soberbia y falta de valores que nos convierte cada día más en seres más inhumanos, en camicaces del día a día.

No se como nos recordarán los nietos de nuestros nietos, si es que llegamos a perpetuarnos hasta ese momento, debido a que la bomba de relojería sobre la que, desgraciadamente se asienta nuestra vida, se ha puesto en marcha por nuestra inconsciencia, acelerando su deflagración las continuas confrontaciones con nuestros congéneres basadas en ideologías de saldo que compramos en mercados de cuarta o quinta mano, de políticos, medios de comunicación y falsos profetas, cuyo único fin es atraer y acaparar a imbéciles que no saben dirigir su vida por haber cambiado ideales y valores por dioses de cartón que les prometen un futuro próspero a cambio de una suscripción o afiliación gratis a sus ideas, que con el tiempo por su inconsistencia se evaporan como el humo, en ese intercambio falaz donde la rentabilidad económica y el materialismo devoran el poco alma que nos queda.

“ideologías de saldo que compramos en mercados de cuarta o quinta mano, de políticos, medios de comunicación y falsos profetas, cuyo único fin es atraer y acaparar a imbéciles”


Muchos dirán que soy un pesimista y que el paso de un semáforo a riesgo de ser atropellado por el macarra de turno no es lo suficientemente trascendental como para globalizar una experiencia personal, elevándola a un comportamiento social; pero, queramos o no, la vida y nuestra catalogación como humanos, depende de pequeñas cosas, de pequeñas actitudes, como ceder el paso a nuestros mayores, dejar el asiento del bus para una embarazada o discapacitado, ayudar a cruzar la calle a un invidente, dar las gracias cuando alguien nos sujeta la puerta del ascensor,  y un largo etcétera; que no solamente nos hace ser mejores, sino, también, más felices.

No soy pesimista, porque, aunque es cierto que hay grandes personas que convierten su vida en un servicio a los demás con la única intención de redimir al mundo de una destrucción casi segura, también las hay, por desgracia mayor en número, que enarbolando banderas de diferentes colores se nos presentan como salva patrias o elegidos por la divinidad, sin ni siquiera preguntarnos si queremos que ellos nos salven, apropiándose no sólo del tesoro de nuestra libertad, sino que, además se creen los únicos y mejores que el resto, o al menos se nos presentan como tales; buscando encima que les demos las gracias por una redención que no les hemos pedido, que no la necesitamos y menos con el envoltorio con la que quieren vendérnosla,  pero sobre todo, con tanta soberbia que cuando les hacemos frente nos acusan de traidores por no pensar  igual que ellos, aunque se auto denominan demócratas.

También habrá quien piense o se pregunte qué ofrezco o que hago yo por cambiar las cosas, qué quién soy para juzgar a los demás y, aunque no necesito dar explicaciones, justo es que lo haga cuando hago público mis pensamientos. Es por ello, no queriendo pecar de falsa humildad, decidles que sólo soy un peón, o si me apuran un aprendiz de la vida, de un mundo que cada vez entiendo menos, y que mi intención no es juzgar sino describir lo que veo que, ojalá sólo sea una distorsión de la realidad provocada por una miopía egocéntrica.

 

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Somalia, el  horror y la destrucción que no queremos ver

Posiblemente no nos duela tanto el atentado perpetrado el pasado sábado en la capital de Somalia, atribuido a la milicia yihadista Al Shabab, como nos ha dolido otros que han tenido lugar en diversas ciudades de países de la Unión Europea, incluido el nuestro; y esto es una realidad que quien la niegue nada más se está engañando a si mismo. Y, es que, los 6.520 kilómetros que separan Mogadiscio de Madrid hace que la sangre no parezca tan roja, ni posiblemente tan humana, como cuando quien se desangra es nuestro vecino, y porque tampoco es lo mismo que las víctimas tengan la piel de otro color, o profesen otra religión distinta a la nuestra.

Ni siquiera los medios de comunicación tratan la noticia de la misma manera. Una pequeña alusión en los telediarios y se acabó. No volvemos a saber nada, a diferencia a cuando la desgracia tiene lugar en nuestro entorno, donde la noticia machacona, una y otra vez, convierte a veces en abusiva, además de intoxicante la información, generando, incluso, un pánico en la población, aparte de fobias contra determinadas religiones y razas, con exaltaciones patrióticas excluyentes con lo que no es nuestro; no en vano cada vez van ganando más terrero los partidos de ultraderecha en Europa, fomentando la islamofobia o la xenofobia en general, bajo el argumento de que nos están quitando lo que es nuestro.

La crueldad del ser humano puede llegar a límites que no podríamos imaginar, si no es porque se están convirtiendo en habituales comentarios tales como que “se vayan a su país”,   “que nos dejen en paz”, acusándolos de delincuentes, vándalos, ladrones, vagos, y un largo etcétera, que evidencia un gran desprecio y rechazo de seres humanos que se refugian en nuestro país huyendo, a veces, de una muerte segura, y otras buscando iniciar una nueva vida que les libere de las penurias de su lugar de procedencia, en los que la economía de mercado que nos permite un nivel de vida más alto que el suyo, propicia cada vez más el empobrecimiento y explotación de quienes no han tenido la fortuna de nacer en nuestro entorno.

 

“La crueldad del ser humano puede llegar a límites que no podríamos imaginar, si no es porque se están convirtiendo en habituales comentarios tales como que “se vayan a su país”, “que nos dejen en paz”,  acusándolos de delincuentes, vándalos, ladrones, vagos, y un largo etcétera

El atentando de Somalia ha provocado, al menos 230 muertos, la mayoría calcinados, y 350 heridos, cifras que no son definitivas, fruto de la explosión de dos vehículos bombas, además de una gran cantidad de edificios destruidos, dejando un paisaje dantesco; sin que los hospitales den abasto para atender tanta desgracia humana.

Unidad frente al terrorismo reclama la Unión Europea y líderes políticos del mundo desarrollado, a quienes están siendo asediados por constantes ataques de las milicias yihadistas, concretamente del Shabad, grupo terrorista de corte islámica, fundado hace más de una década y posteriormente adherido a Al Qaeda, integrado por más de 7.000 combatientes que tras ser expulsados de las principales centros urbanos del país controlan las zonas rurales, habiendo provocado miles de muertos en los últimos siete años. Unión que debería transformarse en un mayor apoyo y ayuda internacional por parte de Occidente para hacer frente a tanta destrucción y terror yihadista.

Y es que los problemas no se solucionan apartándolos de nuestro lado, porque este mundo no deja de ser un lugar común donde habitamos todos los seres humanos, y cuando se siembran vientos se recogen tempestades.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El día de las fuerzas armadas y la ostentación del patriotismo.

Vaya por delante que nunca me han gustado las guerras, ¿a quién pueden gustarles?. Pero, que pregunta más ingenua… Aunque no, no es ingenua, es intencionada para que cada uno de ustedes se la hagan a si mismos y se respondan desde su lado más honesto. No se si llegarán a la misma respuesta que yo, aunque estoy convencido que la mayoría sí, con matices o sin ellos, porque siempre los hay fruto de la libertad de pensamiento y, mucho me temo que también en función de la ideología de cada uno, aunque tal vez debería decir algunos, adoctrinamientos.

Sí, hay personas a las que les gusta la guerra porque supone para ellos una forma de enriquecerse por la venta legal o ilegal de armas, para imponer su gobierno o conquistar un territorio. Pero, también, por patriotismo, aunque éste no se qué tiene que ver cuando la ofensiva lo es por motivos humanitarios formando parte de un bloque internacional, donde también se pegan tiros y mueren civiles, respondiendo en realidad a intereses de supremacía e imperialismo de ciertas potencias.

Sólo podría admitir la guerra como última oportunidad para recobrar la paz en defensa de intereses nacionales propios, y siempre como último eslabón ante el fracaso de la vía diplomática. Aquí sí podría emplearse de manera adecuada la palabra patriotismo, no como referencia a términos tales como globalización, internacionalismo o mundialismo; pero, tal vez, hoy día no puede hablarse realmente de intereses nacionales de defensa como modus operandi de un ejercito frente ataques exteriores.

Por otra parte, también quiero que conste que no me gusta las muestras ostentosas de nada y mucho menos la teatralización del poder, pero entiendo, y sobre todo respeto profundamente, el sentir patriótico de cada persona, aunque en mi pequeño mundo opto por un mundo sin fronteras y sin banderas, donde la fraternidad fuese el eje de nuestra convivencia. Algo utópico, ¿verdad?.

Reconduciendo lo expuesto a lo que el ayer supuso para muchos españoles la celebración del día de las Fuerzas Armadas, poco puedo objetar ante el sentir patriótico de muchos, aunque me temo que, precisamente, ese sentir ante el conflicto catalán no fue tan puro y tan patriótico, sino una muestra de poder o de identidad nacional frente a los radicales catalanes que pretenden la independencia de su territorio por la fuerza, lo que les hace semejantes a los que critican y útiles peones en un tablero de ajedrez, cuya partida responde más bien a intereses políticos que al verdadero sentir popular.

 

“poco puedo objetar ante el sentir patriótico de muchos, aunque me temo que, precisamente, ese sentir ante el conflicto catalán no fue tan puro y tan patriótico”

En definitiva, un día de las Fuerzas Armadas donde la bandera del Estado no se ha utilizado como un signo de identidad nacional, sino como un arma arrojadiza frente a las esteladas catalanas, como si se tratarse de un partido de fútbol. Una guerra de banderas, de la que muchos ciudadanos han participado en su uso de su libertad de pensamiento, colocándolas en sus balcones bajo el argumento de que “no podemos bajar la guardia”. ¿Qué guardia?, no entiendo nada. Tal vez estemos en guerra y yo no me haya enterado.

Volviendo al tablero de ajedrez, me resulta patético ver como los peones caen uno tras otro en defensa de un rey y su corte, en una confrontación de identidades nacionales que para unos supone mayor libertad y para otros la vuelta a un patriotismo desfasado donde lo que importa es subyugar a los contrarios mediante el uso de la fuerza. ¿Nadie se da cuenta de la utilización de la que los ciudadanos estamos siendo objeto?, ¿nadie se da cuenta que estamos ante un conflicto cuya única forma de resolver es en los despachos mediante la negociación y, finalmente, en el ágora donde nuestros representantes toman democráticamente las decisiones que, se supone, beneficiarán a la mayoría de los ciudadanos, en busca del bien común?.

Igual de patético que me ha resultado el montaje independentista, con una chapuza tras otra, me ha parecido la identidad patriótica que ayer llevó a muchos a enarbolar la bandera española y vitorear a quienes han sido vilmente manejados por el gobierno de Rajoy para imponer el orden mediante la fuerza, a los que siempre mostraré mi respeto en su trabajo de defensa del orden y de la seguridad ciudadana, pero a los que compadezco cuando en situaciones como la de Cataluña u otras donde el sentir popular necesita salir a las calle para ser oídos, son manejados como simples herramientas de un gobierno, o unos gobiernos, que no saben hacer bien su trabajo, que no consiste en otra cosa que en hacer política y procurar el bien de la mayoría.

Parece que después de cuarenta años de democracia tras la muerte del dictador, todavía utilicemos medidas muy similares a las que éste utilizó para reprimir al pueblo; pero, sobre todo, que no hayamos aprendido nada, comportándonos como verdaderos imberbes democráticos.

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Las calabazas del poder

Visto lo visto no hay ningún político que me satisfaga, ni plenamente, ni en pequeñas dosis; pero esto no viene de ahora, consecuencia de la mala gestión del conflicto de Cataluña, sino que se remonta a mucho tiempo atrás, tanto  que tengo que traslade en el tiempo  a la época de Felipe González y su gran engaño a los que confiábamos que el acceso al gobierno del  PSOE, iba a suponer un punto de inflexión en la política hacia un modelo donde los más débiles dentro del sistema serían los más protegidos frente al abuso del modelo capitalista en el que inevitablemente se sustenta la economía mundial. Pero, la realidad fue bien distinta, no sólo en el tema económico, sino también en la aparente ideología que un partido que se autodenomina socialista debía moverse, valga como ejemplo la salida de la OTAN, prometida en aquella campaña electoral que precedió a lo que la gran mayoría consideró el empoderamiento de la clase obrera.

 

Mentiras que, agravadas durante las sucesivas reelecciones de quien empezó vistiendo con una chaqueta de pana terminó vistiéndose con las mismas telas con las que se visten quienes viven en el olimpo, poniendo puentes de plata a banqueros y grandes empresarios, y de madera carcomida para quienes les habían dado el voto, no tardando en asomar una corrupción tan virulenta como la actual con causa en el “perpetuamiento” en el poder de políticos para los que el interés personal estaba por encima del bien común, y que, ocho años después tras la alternancia con su partenaire a la derecha, volvió con el gran talante de Zapatero a premiar a los fuertes frente a los débiles, con políticas que bautizadas como social democracia que hizo que muchos situasen a su predecesor, Aznar, a la izquierda del PSOE.

PP y PSOE, dos caras de una misma moneda, donde no existe cara y cruz, sino insignias diferentes con pretensiones similares, donde quienes deberíamos detentar la soberanía solamente somos escuchados cada cuatro años, después de habernos mentido no solamente en las legislaturas que preceden a los comicios, sino también en las campañas electorales con promesas que todavía logran convencer a muchos incautos; aunque cada vez, debido a la fragmentación de izquierdas y derechas desilusionadas, han fomentado la aparición en escena de nuevos partidos, en algunos casos como marca blanca de los situados a la derecha, y con posicionamiento más radicalizados en los que se sitúan en el lado contrario.

“PP y PSOE, dos caras de una misma moneda, donde no existe cara y cruz, sino insignias diferentes con pretensiones similares,”

Un arco iris de colores que, si bien parecían dar una nueva apariencia en las ágoras del poder legislativo, nos ha llevado a algunos, entre los cuales me incluyo, no sólo a creer que la mediocridad es la tónica general en la política de este país, sino que el engaño sigue siendo el eje de la actuación de quienes hemos elegido como nuestros representantes.

La radicalización de cierta izquierda ha convertido a muchos ciudadanos en adoctrinados cuya única causa es la lucha por la ruptura de un sistema, no desde dentro como prometieron algunos de sus líderes, levantando alfombras de palacios y despachos para que saliera la mierda que durante años allí se había ocultado, así como abriendo ventanas para que saliera el olor pestilente que su putrefacción había originado; pero sin una marcada política que nos haga intuir la luz al final de túnel, sino todo lo contrario, debido a la improvisación y alejamiento del sistema asambleario en el que dijeron que sustentarían sus políticas como empoderamiento de los ciudadanos, convirtiéndose al final en meras figuras decorativas, donde la verticalidad en su organización y poder de decisión les ha convertido en un partido más de los de siempre; con la única diferencia de que han pasado a librarse las batallas en las calles en vez de en las Cortes Generales y parlamentos autonómicos. Batallas en las que, una excelente puesta en escena, hace creer a muchos que la fuerza vale más que la palabra, y el insulto más que la razón, y cuya consecuencia inmediata esta siendo el ascenso en intención de voto de los satélites del PP, como C´s, y quien sabe dada la tendencia ascendente en Europa de la extrema derecha, quién sabe si de Vox.

Y, al final, sucede lo que sucede: a mar revuelto, ganancia de pescadores, y quien más consiga llevar el agua de este totum revolutum en que se ha convertido la política a su molino, mayor rentabilidad política sacará, mientras los ciudadanos seguiremos chupando un palo sentados, como dice Serrat en una de sus canciones, encima de una calabaza.

 

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El via crucis catalán y la resaca de un pueblo dividido.

Fuente foto: Eldiario.es

Claro que resulta penoso lo vivido ayer  en Cataluña, penoso porque es el fruto de la falta de diálogo entre el gobierno del Estado y el Gobierno de Cataluña, no porque las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado hayan cumplido con su deber que, no es otro que cumplir y hacer cumplir la Ley, y consecuencia de ello, las órdenes dadas por los Tribunales de Justicia, sin que por ello se pueda justificar determinadas cargas, posiblemente desproporcionadas, al igual que desproporcionado ha sido el comportamiento de determinada parte de la población civil, promoviendo acciones violentas contra los garantes de la seguridad, eso sin contar la violencia que entraña querer cumplir con un derecho sin amparo legal como es la celebración de un referéndum contemplado constitucionalmente y desarrollado por la Ley Orgánica 2/1980, de 18 de enero, sobre regulación de las distintas modalidades de referéndum, cuya convocatoria corresponde exclusivamente al Estado.

La esquizofrenia política de la que adolece el govern catalán descalifica y privan de legitimidad a este espectáculo esperpéntico que hemos contemplado todos los españoles, hablando de la violación de derechos fundamentales con amparo en la Constitución de 1978, esa misma Constitución que ellos se tratan de cargar. En definitiva un uso acomodaticio de un derecho constitucional, según de donde venga el viento, para amparar pretensiones que dudo compartan la totalidad de los catalanes.

No sabemos si es peor la ignorancia o la osadía, lo que si es cierto que la segunda en la mayoría de las ocasiones es consecuencia de la primera, porque en este caso los secesionistas invocan el derecho internacional para justificar un referéndum prohibido por el derecho interno, ese derecho de naciones al que, efectivamente está supeditado el nuestro como es la Carta de Naciones Unidas, concretamente  su artículo 2, así como el artículo 1 del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos o a la propia Resolución 2550 de Naciones Unidas de 24 de octubre de 1970; porque si bien es cierto que estas Normas internacionales reconoce el derecho de la libre autodeterminación de los pueblos, sin embargo, este derecho está supeditado a la concurrencia de una serie de circunstancias que olvidan mencionar.

Un derecho de autodeterminación que estando reconocido a la población de los Estados, los fideicomisos y los territorios no autónomos, sin embargo, no autoriza, y mucho menos fomentan “acción alguna encaminada a quebrantar o menoscabar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes (…) dotados de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivos de raza, credo o color“.

Por otra parte, citan  los independentistas, entre ellos Oriol Junquera, como ejemplo la acción de autodeterminación llevada a cabo en determinados Estados de nuestro entorno europeo, citando como la más próxima la de Irlanda, cuando existe una diferencia fundamental con la de Cataluña, como es el hecho de que la Constitución Británica contempla este derecho de secesión, cosa que no hace la española. Por consiguiente, nada más podríamos invocar tal  si nuestra Constitución lo contemplase, lo cual impone su modificación para poderlo llevar adelante.

Frente a cuestiones legales, no debemos olvidar la razón como medio necesario para solucionar un problema que en este país se lleva arrastrando desde que la Constitución española fuese promulgada, que sin entrar en disquisiciones acerca del acierto o desacierto de la organización territorial del Estado en Comunidades Autónomas, basada en una pretensión de un Estado federal de saldo, que continuamente ha sido objeto de confrontaciones en un reparto de competencias y medios de financiación no iguales para todos. Razón cuyo imperativo es necesario en un momento en que las personas de dentro de Cataluña partidarias del independentismo y las de fuera, defensoras de la indivisibilidad constitucional del país, de la que también participan muchos catalanes, piensan más con las vísceras que con la cabeza, excrementando más que buscar fórmulas que supongan un acercamiento de posturas.

“Razón cuyo imperativo es necesario en un momento en que las personas de dentro de Cataluña partidarias del independentismo y las de fuera, defensoras de la indivisibilidad constitucional del país, piensan más con las vísceras que con la cabeza, excrementando más que buscar fórmulas que supongan un acercamiento de posturas.”


Ahora viene la resaca, que cesen los insultos, que cese la confrontación violenta, e impere la razón y el dialogo, eso es lo que pedimos muchos, catalanes y no catalanes, porque si la cerrazón de los protagonistas en esta historia, gobernantes y gobernados no cesa, si no se buscan alternativas estaremos en un contencioso que no cesará nunca, porque solamente hay un camino para legitimar cualquier tipo de actuación en un sistema constitucional que no es otro que el Estado de Derecho.

Eso que defiende algunos que para que venza la paz primero hay que hacer la guerra, no supone más que otra de la manifestación de la incontinencia diarreica de quienes quieren que impere el caos y la sinrazón sobre el orden y la convivencia pacífica. En este sentido recodar las palabras del líder de Podemos que se comprometió a la reforma de un sistema dentro del sistema, palabras que muchos de sus acólitos y seguidores parecen haber olvidado, incluso el propio Pablo Iglesias, quien prefiere últimamente ponerse del lado de la ruptura constitucional, pasando por encima de toda la oposición de Parlament en una promulgación de Leyes vetadas por sus propios servicios jurídicos.

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Suscríbete al magazine por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Únete a otros 3.080 suscriptores

Estadísticas del sitio

  • 78.311 visitas

Un sitio de confianza

Publicidad local

 

 

 

 

Galería de Fotos

Acceder | Designed by Gabfire themes