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Feliciano Morales
Historias escritas por felicianoplaza
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Rajoy y Cifuentes, un tándem de dudosa moralidad

RAJOY BESO CIFUENTES

 

Que Rajoy diga que no ve motivos suficiente como para que Cristina Cifuentes tenga que dimitir, es de un despropósito de tal magnitud que a muchos nos lleva a plantearnos la escasa moralidad de este gobierno del Partido Popular. Y me refiero al Ejecutivo porque es éste el que canaliza la ejecución de sus decisiones políticas y, porque la moralidad en cuanto al partido se refiere ha sido tantas veces cuestionada, -tantas como investigados y procesados hay en su seno por corrupción-, que no merecería la pena a volver a incidir sobre lo mismo.

 

Es cierto que los miembros del Ejecutivo forman parte del PP y que, por lo tanto, si éste es de dudosa moralidad, también lo serán aquellos; pero vamos a darles un margen por aquello de que todo el mundo no es igual. Ahora bien, aún haciendo ese esfuerzo no puedo exculparlos en cuanto que forman parte de un gobierno presidido por M Rajoy, ese mismo, al menos suponemos mientras no se demuestre lo contrario, que aparece en los papeles de Bárcenas en cuanto al percibo de sobres llenos de dinerito en concepto de no se sabe qué, por consiguiente sin declarar. Un equipo o gabinete que, por razones obvias debe ser homogéneo, razón por la cual sólo con la pertenencia al mismo están apoyando a un presidente de dudosa moralidad.

Por ello, es de entender que el susodicho, el gallego que responde con preguntas y que padece bloqueos en su verborrea incontenida, tal vez por el buen orujo, quien sabe; apoye o siga apoyando a Dª Cristina Cifuentes. Será por aquello que: “Dios los crea y ellos se juntan”.

Pero, para no incurrir en error, presto me dispongo a mirar en google el concepto de inmoral, remitiéndome a una de sus definiciones como aquello que es contrario a los principios de la moral. Y, como moralidad, el conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad. Por consiguiente, no pecamos en llamarlos inmorales, si sus acciones no sólo nos conducen al concepto filosófico de la moral, sino que van más allá en cuanto que, podrían infringir algún ilícito penal.

“es de entender que el susodicho, el gallego que responde con preguntas y que padece bloqueos en su verborrea incontenida, tal vez por el buen orujo, quien sabe; apoye o siga apoyando a Dª Cristina Cifuentes.”


Nos dice M. Rajoy que no hay razones para la dimisión de Cifuentes, cuando se ha demostrado sobradamente por Eldiario.es los múltiples indicios que ha llevado a la opinión pública, en su mayoría, a considerar que la aquella debería dimitir ipso facto. Pero, aparte, Sr. M. Rajoy, por si le parece poco lo que la prensa ha sacado a relucir de su brillante presidenta de la Comunidad de Madrid; el daño que esta señora ha provocado a la comunidad universitaria de la Universidad Rey Juan Carlos,  unido a la actuación de su anterior rector dimitido, hace que se infravalore sus titulaciones ante la duda del compadreo que parece existir algunas veces, como con Cifuentes, afectando, sin duda a la imagen exterior de nuestras universidades públicas, algunas de ellas de prestigio mundial en algunos de sus grados.

Además, Sr. M. Rajoy, porque ustedes no pueden ampararse en la presunción de inocencia para no responder de sus errores políticos. Ustedes tienen un plus de responsabilidad, de manera que no sólo deberían dimitir cuanto se confirma la comisión de un delito o falta por algún tribunal de justicia, sino cuando la imagen de la institución que representa pueda quedar cuestionada, por existir indicios o evidencias suficientes, como en el caso de Cifuentes; y no echar un pulso como esta haciendo contra quienes destaparon el caso y contra el resto de partidos que piden su dimisión o quieren presentar una moción de censura, con aquel video colgado en redes sociales de “no pienso dimitir”, a la vez que enseñaba una papeles o actas de su master con firmas falsas.

Pero, claro, que le importa a M. Rajoy la salud democrática de las instituciones. Nada, absolutamente nada, como ya ha demostrado en reiteradas ocasiones apoyando a gente de su partido, como hizo en su momento con Bárcenas, para luego darle la espalda cuando se vio en los papeles de éste de la contabilidad B del partido, calificándolo, sin dudarlo,  como un delincuente.

Así que, el apoyo de Rajoy a Cristinta Cifuentes es otro motivo más de los muchos que hacen indigno para el cargo de presidente del gobierno a aquel, en vez de exigir a ésta su dimisión, como hacen el resto de partidos y como desean los ciudadanos honrados de este país; pero claro, como va a exigir lo mismo que él debería hacer y no hace.

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Es la hora de la revolución

Egospolíticos

Si hay algo que nunca he aguantado de los políticos es la prepotencia. Aunque hay de todo, buenos, malos y mediocres, pero, convendrán conmigo que lo que más abunda es la mediocridad que, unida a ese endiosamiento que algunos representantes del pueblo tienen de si mismos, dan como resultado una coctel molotov, al convertirse por obra y gracia de los votos en seres osados, cuyo atrevimiento y descaro les lleva a actuar de manera imprudente o al menos, con la falta de humildad que se exige a quien es mandatario de los ciudadanos que lo han elegido.

 

Esta situación nos esta llevando al descrédito de la propia clase política, pero también de quienes investidos de la denominada soberanía popular, es decir, de los ciudadanos y ciudadanas que permiten esta manera sucia de hacer política o de representación, donde habitualmente aquellos se olvidan que no están puestos ahí para hacer lo que les venga en gana, casi siempre en beneficio propio o del partido al que pertenecen.

Muchos y muchas, no entendemos que la forma de hacer política sea en las calles, haciendo ruido y manejando y agitando a las masas, en principio, porque, si un valor es importante es la paz social, habida cuenta que es un reflejo de que el pueblo esta satisfecho. Pero, la realidad es bien distinta, tenemos políticos que no merecen estar donde están, y no se trata de preparación para el cargo que ostentan, que también, como es el caso del presidente del Gobierno del Estado español, que ni siquiera sabe hablar el castellano con sus lapsus de verborrea inconexa, como para hablar Inglés, lengua franca en el ámbito internacional. Sin embargo, tal almagama de despropósitos y mentiras, a veces, no nos dejan otra salida a los ciudadanos que armar revuelo para ser escuchados, no tanto dentro de nuestras fronteras, porque ya vemos que las referidas prepotencia e inutilidad les lleva a hacer oídos sordos para conservar su estatus; sino fuera, en los países de nuestro entorno político, en esa vieja Europa que, lejos de estar unida, como muchos de los dirigentes papagayos quieren transmitir, las evidencias, nos demuestran, que es todo lo contrario, haciéndose cada día mayor la fractura que separa a los países ricos de los pobres, a los del Norte y los del Sur

Pero, lo más importante y, a la vez, trascendente de todo esto, es que el pueblo, los electores, los ciudadanos y ciudadanas españoles, incluidos los que no se sienten como tal, al final no somos diferentes a ellos. Nos movemos por los mismos resortes, no en vano dice el rico refranero español que “cada uno tiene lo que se merece” o  “cada uno recoge lo que siembra”, afirmación que, aunque  no nos guste oír por lo difícil de aceptar, sin embargo, es cierta, ya que cada persona tiene que pagar un precio por alcanzar determinadas metas y, cuando ese precio se fija en moneda que no es de curso legal, pasa lo que pasa, que, en vez de movernos en el camino de la rectitud, si tenemos que pisar al de al lado para alcanzar dicha meta  lo hacemos.

Estamos en un mundo donde los principios y valores que deben marcar nuestra actuación cada día son más débiles, prevaleciendo el individualismo sobre la colectividad. Entonces, ¿por qué nos quejamos de la mediocridad de quienes nos representan, acaso no somos muy parecidos a ellos?. Nos embebemos de la misma falta de valores, de los mismos juegos sucios, del mismo “trepismo” para alcanzar nuestras metas. Mentimos igual que ellos para quedar bien o conseguir algo. Realmente, nos hemos convertido en “egos políticos”, engreídos, carentes de modestia, con aires de arrogancia, lo que nos convierte también en seres egoístas.

“Mentimos igual que ellos para quedar bien o conseguir algo. Realmente, nos hemos convertido en “egos políticos”, engreídos, carentes de modestia, con aires de arrogancia, lo que nos convierte también en seres egoístas.”


¿Dónde están los hombres y mujeres buenos?, porque también los hay. Aquellos que buscan el consenso, que huyen del ruido ensordecedor de las confrontaciones, que intentan ayudar y socorrer a quien lo necesita, que se preocupan por su entorno, por el futuro de nuestra sociedad. Hombres y mujeres íntegros a los que corresponde, por emergencia político-social, intentar cambiar el mundo a mejor, siendo ellos y ellas mejores. Claro que, hablar hoy día de integridad moral, rectitud y generosidad con nuestros semejantes, parece, cuanto menos, palabras dichas por un cura en su púlpito de los domingos y fiestas de guardar; sin embargo, son necesarias personas cada día más comprometidas por el cambio, por un nuevo orden mundial. En definitiva, es necesario una revolución social, que debe empezar de puertas para adentro en nuestros hogares, transmitiendo a nuestros hijos, a nuestro entorno más próximo los mismos valores que hemos recibido de nuestros padres y, por supuesto, dando ejemplo con nuestras propias vidas, con nuestro trabajo, con nuestro compromiso social. Así, cuando salgamos a la calle para reivindicar nuestros derechos los haremos con la fuerza y autoridad que nos asiste por ser mejores que quienes nos gobiernan y no igual o parecido a ellos. Esta es la única forma de cambiar el mundo, cambiando primero nosotros, luego nuestro entorno.

Claro que, es más fácil salir a la calle vociferando, guiados por consignas políticas, por la mediocridad de una información sesgadas y partidista, que lo único que hace es engordar ese ego político que nos lleva a creernos mejores que los demás. La verdad, una lástima.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La Agencia Tributaria piensa en ti. El presupuesto de los necesitados.

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En los Presupuestos Generales del Estado para el presente ejercicio, presentados el pasado martes en forma de tablet  por el Ministro Montoro en el Congreso de los Diputados para su tramitación parlamentaria; aún dando margen suficiente a lo que me puede asombrar en las actuaciones del Gobierno del PP, creo que han superado el límite de los eufemismos a los que tan acostumbrado nos tienen, al tachar o tildar aquellos presupuestos como “los Presupuestos para los necesitados”, sólo por una reducción del IRPF para las rentas más bajas y, una subida para las pensiones, también más bajas… Éste es todo el esfuerzo que ha hecho el gobierno para la gente pobre de misericordia.

¿Acaso no se ha enterado el gobierno que SI NO SE TRABAJA NO SE OBTIENE RENTA  y que las pensiones más bajas, la mayoría no contributivas, están despreciando el esfuerzo que nuestros mayores han tenido que hacer durante su dilatada vida laboral para tener derecho a una PENSIÓN DIGNA?.

Sí, éste parece ser todo el esfuerzo que está haciendo el gobierno, eso sí, subiéndose ellos el sueldo en un 1,50%   (1.200 euros más que el año anterior) frente  a la tomadura de pelo de la subida de las pensiones en un ridículo 0,25%. Éste es el esfuerzo que hace el gobierno para asegurar una vivienda digna a esas más de 30.000 personas que viven en la calle, al margen de quienes tienen que regresar a casa de sus padres y abuelos para cobijarse ante la pérdida de renta debido a la estafa de la  denominada “crisis económica”; que por cierto, dicen ellos, los del gobierno, que ya remonta. ¿No se para quién?. Bueno, para ser sinceros, sí, y no es demagogia, para los ricos, para las rentas más altas; no en vano han aumentado las ganancias para fortunas tales como las de Amancio Ortega, Juan Roig Alfonso, Rafael del Pino y familia, Sandra Ortega Mera, Fracisco y Jon Riberas Meras, Sol Daurella Comadrán y familia, Juan y Carlos March Delgado,Familia Entrecanales,  Isak Andic Ermay, entre otros muchos, que continuarían en la lista de millonarios de España.

Podríamos ahora hablar de la pobreza infantil o de la pobreza energética, ambas de las más altas en Europa, como todos pueden comprobar en cualquier emeroteca de su confianza, maquillados o elevados según el medio, pero allá cada cual donde se mete. Pero, ¿para qué?, si a estas alturas el que no ve es porque no quiere.

Ya se podrían poner cantidad de datos estadísticos con sus fuentes oficiales que, quien es votante del PP, no hay que darle más vueltas, es que…, o no es de este mundo o algo le pasa, al menos ahora viéndose lo que son capaces de llegar hacer o haber hecho. Claro que, el mapa político nunca ha estado peor que ahora para la complicada gobernabilidad del país, y elegir es una tarea muy difícil, casi imposible, sobre todo cuando los políticos han demostrado de forma sobrada que hay algo que se les da estupendamente como es echar siempre la culpa a los contrarios de todo lo malo, y no exculpo a nadie.

 

“quien es votante del PP, no hay que darle más vueltas, es que, o no es de este mundo o algo le pasa, al menos ahora viéndose lo que son capaces de llegar hacer o haber hecho”


Y, ¿ahora qué?, pues nada…, lo que les digo, que aquí todo el mundo opinamos, bueno, unos más que otros, los hay que directamente van al insulto y a la descalificación, y me da lo mismo el sector rojo que el azul que, hoy en día, se diferencia muy poco, incluso los extremos llegan a tocarse por su intolerancia y dogmatismo de imposición. Y los que no están en los extremos… pues, pues como todos los que se dedican a esto…, a vivir de la política, lo cual no estaría mal si por lo menos cada día aprendiesen a ser mejores en lo que hacen y no todo lo contrario, como demuestra la creciente corrupción política en este nuestro maltratado país.

Dicho de otra manera, seguiremos opinando, pero no como ellos quieren que hagamos, quitándole la razón a uno para dársela al otro, -al nuestro casi siempre-; sino intentando ser lo más neutro posible en la valoración que hagamos en el momento de ejercer nuestro más importante derecho político como es el de elegir a nuestros representantes, y si ninguno lo merece digámoslo también, haciendo o provocando que el voto sea nulo. Este mundo necesita libre-pensadores, no borregos adoctrinados. Este mundo necesita gente comprometida con su entorno, con su gente. Debemos salir de esta mediocridad política en la que nos encontramos, sino mañana y pasado mañana, más de lo mismo, ellos seguirán comiendo con cubierto de plata y…, nosotros, sin ni siquiera saber si seguiremos comiendo mañana.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La vidorra de los Franco

Franco JuanCarlos

El dictador con el entonces prínciple J
Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias

Cuando un rey, Jefe del Estado reconoce públicamente la labor de un dictador y, además, premia su actuación concediendo títulos nobiliarios a sus herederos, es una más de la muchas actuaciones que hacen indigna esta institución en este país; pero ésta, merece una especial atención para demostrar la connivencia entre la monarquía y Franco, al menos del rey Juan Carlos I, para hacer efectivo su nombramiento como sucesor en la Jefatura del Estado fruto de la llamada Ley de Sucesión  en este cargo.

Sí, por algunos o algunas no se sabía, Fue el actual rey emérito quien concedió a los Franco el Título del Ducado de Franco a través del decreto 3028/1975 “para sí, sus hijos y descendientes”, siendo la viuda de Franco la primera que lo detentó, heredándolo posteriormente su hija Carmen Franco, fallecida recientemente, lo que hace que este título actualmente este pendiente de asignación a sus herederos legítimos por haber sido reclamado por  uno de ellos en exclusiva; aparte del correspondiente al Marquesado de Villaverde.

¿Intercambios de favores?. Es posible, Franco no daba puntada sin hilo, y consciente del aislamiento europeo a la autarquía por él instalada en nuestro país, sabía o podía intuir que a su muerte, sería difícil perpetuar su régimen y que mejor que devolver el poder a la monarquia española en la persona de Juan Carlos, aunque el llamado a reinar fuese su padre Juan de Borbón, no tomado en cuenta por el dictador debido a las malas relaciones entre ambos. Algo así como: “yo te nombre príncipe de España…“, como así fue, “… y tú te comprometes que ser el garante de que a mis hijos, nietos y demás familia nacida de éstos se les reconozca como Grandes de España por ser mis descendientes, aparte de respetar las propiedades inmobiliarias que se transmiten en la sucesión“.

Lo dicho puede llevar a pensar a algunos y algunas que debemos agradecer a Franco la actual monarquía parlamentaria instituida como forma de Estado tras su muerte. ¿Fue un plan pergeñado entre el dictador y su sucesor para el establecimiento de un nuevo régimen democrático, donde se garantizara un ciertas estabilidad política o social?, también es posible.

Los hechos tienen dos lecturas. La real o la auténtica, es decir, tal y como acontecen sin contaminación de ningún tio y, otra, la que cada a cada uno o a cada una le conviene para resaltar o denostar a alguien o algo. Y, la evidencia de dicha connivencia entre instituciones lo demuestra la concesión del mencionado titulo nobiliario con el nombre de Franco, el de un dictador, el de una persona que por amor a España tuvo secuestrada a todo un pueblo durante más de cuarenta años. Así se selló por el rey Juan Carlos I, el inicio de su reinado, ofreciéndose como un rey de todos los españoles y españolas, dentro de un régimen democrático. ¿Qué burla, no?.

¿Qué hubiera pasado si no se hubiese respetado aquella Ley de Sucesión?, ¿hubiese sido posible la instauración de un régimen democrático sin que la Jefatura del Estado la ostentará un rey?. La respuesta puede plantearse también como un interrogante: ¿por qué no?. Si, podría ser posible que ahora tuviésemos una república como muchos y muchas anhelamos; o no. Nadie, o al menos yo no lo conozco, al margen de un montón de charlatanes videntes pasados de rosca; que tenga una bola de cristal que nos ofrezca una lectura de lo que hubiese sido el pasado si hubiésemos elegido otro camino.

Lo que está claro, es que, lo que hoy tenemos podemos cambiarlo si no nos gusta, sólo es necesario obtener una mayoría parlamentaria especial exigida para una reforma constitucional, evidentemente, porque una democracia funciona así, siendo uno de sus pilares la consagración de un Estado de Derecho, donde la ley como expresión de la voluntad popular impere sobre cualquier otra actuación arbitraria. Todo lo demás es una perdida de tiempo.

Personalmente, no reconozco ningún mérito a rey emérito, y menos al actual, para que ostenten la Jefatura del Estado, y menos que se les otorgue privilegios por tal condición. No tengo, por mi condición de demócrata, otra opción que respetar esta institución como Jefatura de Estado.

Hizo lo que tuvo que hacer cuando el dictador murió y ya está, no hay que buscar más flecos o pies al gato que, seguro los hay, pero, ¿para qué?, ¿para regocijarnos en el odio?, leamos la historia para no olvidar de quienes somos y  de donde venimos, pidamos la compensación por los derechos vulnerados por el Estado en el pasado, y dispongámonos a trabajar para cambiar lo que no nos guste, llegando si es necesaria a la formación de coaliciones que nos permitan hacer efectivo dicho cambio.

Es cierto que se voto la forma de Estado, es decir la monarquía parlamentaria, en el contexto de una futura Constitución, como una opción que ya habían elegido otros por nosotros. Pero también lo es, el hecho que si no nos gusta lo cambiemos. No es necesario ninguna revolución y liarnos a palos y a montar broncas, que a muchos interesa. Sí el derecho a manifestarnos para hacernos oír y reclamar los que consideramos nuestros derechos . Sólo es necesario ser tenaces en nuestro objetivos y empezar a trabajar todos los que nos consideramos republicanos.

Sucedió lo que sucedió, pero todo es cambiable, nada es eterno, y “no hay mal que dure cien años”. Pero hay algo, entre las muchas cosas que se han hecho mal durante la instauración del actual régimen democrático hasta el momento, es la concesión por el rey Juan Carlos I, de un título nobiliario a los Franco, a esos que no han hecho absolutamente nada por España, nada más que vivir a todo trapo de las rentas del dictador, lo que les ha servido para hacer multitud de negocios inmobiliarios de las que han sacado rentables ganancias. Fortuna que procede evidentemente de un régimen dictatorial, de un régimen ilícito mantenido a lo largo de los años bajo la represión y violación de los derechos más básicos que corresponden a los ciudadanos como seres sociales y políticos.

“Fortuna que procede evidentemente de un régimen dictatorial, de un régimen ilícito mantenido a lo largo de los años bajo la represión y violación de los derechos más básicos que corresponden a los ciudadanos como seres sociales y políticos.”


Dicho de otra manera, me importa realmente un bledo o menos que un bledo, que a Franco o al rey emérito se les atribuya, o no,  el mérito del paso de una dictadura a una democracia, dicen que sin violencia, ¿depende dónde?, y sin derramamiento de sangre; que se lo digan a las familias que han perdido alguno de sus miembros o han sido víctimas  directas ellas o alguno de sus miembros de la banda terrorista ETA.


Si por Decreto se concedió un título nobiliario que, al igual que todos los existentes, dudo se puedan merecer por sus tenedores, y menos sus herederos, simplemente por el hecho de haber nacido en el seno de una determinada familia; que por Decreto, por Ley o por lo que haga falta dentro de los cauces legales se derogue los títulos de los Franco, porque nadie merece el reconocimiento como mérito el ser un descendiente de un dictador con las manos manchadas de sangre. Y, tampoco vendría mal, aunque sólo sea  por simple higiene democrática, se dispusiera devolver a sus originarios propietarios todas aquellas propiedades que los fueron usurpadas para el regocijo y disfrute de una familia, creando un patrimonio familiar que, como otros grandes de España, con título o sin él, han originado rentas llevadas a paraísos fiscales, todo por el amor a España.

No demos más pábulo a esta familia, cortemos ante la disputa de sus títulos nobiliarios tras la muerte de la hija del dictador, con este reconocimiento, y rescatemos para dignidad de este país, todas sus  apropiaciones indebidas y; por supuesto, por la institución que se otorgó tales títulos, se dé una explicación a los Españoles de los verdaderos motivos para su concesión, o al menos pedir perdón a las familias, herederos de todas aquellas personas represaliadas, asesinadas, maltratadas socialmente, y torturadas; en definitiva víctimas de una dictadura que el rey emérito decidió premiar.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Que fácil es manipular a un pueblo

 

Cuando un gobierno lo único que busca es la confrontación en vez de la paz social, esta convirtiendo a los ciudadanos en poco más que un objeto de usar y tirar. Lo mismo da, que da lo mismo, cuando la técnica a utilizar es la dejarnos en formol hasta que las cosas se pasen y se olviden.

 

También otro recurso muy propio del gobierno de Rajoy, es utilizar la mentira, y repetirla una y otra vendiéndola como si fuese verdad para que la gente termine creyéndosela o, al menos, se plantee el interrogante de la posible verdad… Las medias verdades, la utilización de falsas ideologías, el uso de insignias patrias como si fuesen los únicos propietarios de ellas… son otras de las artimañas de este gobierno, más debilitado que nunca, pero que la soberbia a la que nos tiene acostumbrados hacen que saquen la cabeza del fango maloliente en el que se encuentra, ayudados por su marca blanca de color naranja.

De todas estas técnicas, la que más ha caracterizado al actual gobierno de España es la continua confrontación, reprimida a continuación con las porras de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, utilizadas a su antojo, manipuladas a su gusto, de ahí que, quien recrimine a nuestros garantes de la seguridad púbica, carentes de ideología, o así debería ser en el ejercicio de su cargos como agentes de la autoridad, no sabe por donde se encuentra o que rollo mental tiene en su cabeza, porque un Estado es lo que es, y la seguridad hay que garantizarla. Otra cosa, por supuesto, es el  del uso y/o el abuso que personas concretas y determinadas puedan hacer de su situación de poder -por eso a mi me gustan ver imágenes de las dos partes en una manifestación-, pero lo excepcional no puede convertirse en pauta general. Y, de todas, formas si no queremos que utilicen las porras no se las demos, tampoco les demos cascos, ni chalecos anti-balas, etc, les damos un uniforme chuli y  rosas… y ya está; luego si nos roban, nos matan, nos extorsionan… pues allá cada uno.

Confrontación y represión, una y otra vez. Hoy somos unos los afectados, mañana otros, y la falta de fuerza de un pueblo memo que se traga todo lo que le dicen o quiere oir…, así siempre ha gobernado la derecha…, y no busquemos tres pies al gato. Aunque, tal vez, debería retractarme de esto último, porque parece que cierto sector de la izquierda disfruta con afrentas a la Constitución y a todo un Estado para hacer valer su derecho a la independencia, respetable como cualquier otra opinión, pensamiento, idea…, pero defendidas por las vías legales y democráticas. Que manía por querer hacer trizas un sistema que, aunque es cierto no funciona a la perfección por mantener a tantos sinvergüenzas en el poder, sin embargo, permite tener establecidas las bases mínimas en la que se sustenta cualquier sistema democrático. Todo es mejorable, claro que si, para eso esta la vía de la reforma Constitucional.

Confrontación en ideas, ¿por qué?, ¿qué absurdo puede llevar a un ser humano a creerse en posesión de la auténtica verdad?. Ni siquiera los votos pueden legitimar la prevalencia de una verdad sobre otra, porque la verdad absoluta no existe, máxime cuando el ser humano, con su codicia y soberbia, fundamentalmente, tiende a manipular hasta las verdades, apropiándose de ellas.

Pero erre que erre, ni los unos, en  no querer buscar soluciones al problema territorial de Cataluña, digamos que el PP y C´s, ni los otros, los independentistas de izquierdas, los de la estelada -para que nos entendamos todos-, por empeñarse en alargar un proceso soberanista sin futuro, por las formas y fondo que se propone; tienen el más mínimo interés en que reine la concordia. Les interesa hacer ruido porque así se tapan mejor las torpezas de todos.

“Confrontación en ideas, ¿por qué?, ¿qué absurdo puede llevar a un ser humano a creerse en posesión de la auténtica verdad?. Ni siquiera los votos pueden legitimar la prevalencia de una verdad sobre otra,”

Pero, no todo es el proceso soberanista, ni la detención de Puigdemont, ni mucho menos; porque aunque su ruido intencionado lo llene casi todo, aún queda un hueco para meter la próxima confrontación buscada por M. Rajoy y los suyos, la de los pensionistas entre si, puesto que en la Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2018, en trámite parlamentaria, sólo contempla la subida para las pensiones mínimas y de viudedaz… y al resto que le den, como si no hubiesen cotizado. Pero no deben perder la fuerza en la lucha de nuestros jubilados y pensionistas en pro de una pensiones justas para todos, porque al resto les darán unas migajas antes de que finalice el año pensando en las inminentes elecciones locales.

Pero, no sólo esto, en su apuesta populista también el PP  prevé en los nuevos presupuestos una rebaja del IRPF para las rentas más bajas, una mejora de las condiciones laborales y salariales de los funcionarios, sólo los del Administración General del Estado, y una bajada del IVA para el cine del 21% al 10%, olvidándose de otros sectores ligados a la cultura. Unas migajas, que pretende apagar el fuego echándole más ramas. Unas migajas que mantendrán callados a unos pocos durante un tiempo, al menos el necesario para manipular su conciencia social en los próximos comicios electorales.

Hasta que se nos vuelvan a hinchar las narices por otro tema y volvamos a salir a las calles, a las plazas, y del nuevo el gobierno, confrontación y represión, confrontación y represión… Que fácil es manipular a un pueblo y que poca consistencia tiene en sus ideas, en su dignidad, en la defensa de sus derechos…, y sólo por creernos todo lo que nos cuentan y nos meten por imágenes de nuestros televisores, cada vez de mas pulgadas… Además, mientras las cosas vayan tirando para que meternos en líos, ¿verdad?.

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Las nuevas catedrales

Me  preguntaron: ¿crees en Dios?, y mi cabeza se remontó a mis primeros años de escuela, donde en clase de religión estudiábamos el catecismo, y recuerdo en una de las primeras preguntas que se resolvían en tan espiritual-encasillamiento de las excelencias divinas y de su creación, se resolvía la pregunta ¿Quién es Dios?, y recuerdo, incluso mi voz cuando Don Tomás me lo pregunta  y yo respondía  “Dios es nuestro padre, creador y señor de todas las cosas…”, luego continuaba, con algo que no tiene desperdicio: “… que premia a los buenos y castiga a los malos.”

También recordé en esos flases que pasan por nuestra memoria a más velocidad que la de la luz, las distintas caras que a lo largo de mi vida había puesto a “mi Deidad”, un Dios sonriente, paternal, que acogía entre sus manos a todos los  hombres y mujeres del mundo, a un Dios enojado, lanzando rayos sobre la raza humana por la maldad del hombre, de la humanidad…, “creada a su imagen y semejanza” (Génesis 1:26-27); también lo vi como un Dios justo, que daba la oportunidad de que todo el mundo volviese al buen camino premiándoles por ello con la vida eterna a su derecha, mientras que los malos, los indeseables, los asesinos, los pederastas…, los condenaba a las penas del infierno. También lo vi…, como…, un juez intolerante a la vez verdugo que me empezaba a arrebatar a mis seres queridos, algunos jóvenes, ¿por qué?… A partir de ahí la imagen se distorsionó y dejé de ponerle cara…

Dejé de ver a Dios, y tengo que decir que en interior se hizo un vacío bastante grande, quizá por mi rebeldía hacia mi Dios. Empecé a envidiar a los que en Él creían, porque sí, sin más razones, sobre todo en ese Dios indulgente, porque era una forma bajo la que podría haberme cobijado en los malos momentos, cuando nadie me acompañaba en el camino. Entonces lo vi como el principio del todo, de un todo infinito que se expande… como una energía cósmica, como algo que representa la total libertad de la propia existencia, sin dogmas, sin caras, sin religiones, donde el ser humano, aunque siendo una mota de polvo en un universo… es parte de eso todo.

Entonces me di cuenta, que el homo sapiens, esos que me encuentro todos los días en mi corto peregrinar por este mundo, casi iguales que yo, eran parte de ese Dios universo, de ese Dios energía, de ese Dios origen del todo, si es que tuvo que haber un origen… Desde este momento esa ha sido mi imagen de Dios, la de mis congéneres, como parte ínfima de un universo…

Si  nuestra especie esta concebida para procrear como una tendencia a perpetuarse en el tiempo, ¿por qué no puedo ver a Dios en cada una de la gente buena que me encuentro por el mundo?, ¿por qué no creer que podemos ser mejores?, ¿por qué no pensar que podemos mejorar el mundo si nos lo proponemos y buscar otros universos?,  sin ataduras cargadas de moralina, sin jueces despiadados, ávidos de juicios con prejuicios…

Prefiero creer en el ser humano, en ese ser que, a pesar de haber demostrado a lo largo de su existencia el daño que puede hacer,  también es capaz, abriendo un poco más las mentes, nuestras mentes que, igual que hemos construido pirámides, catedrales, cohetes, sondas y estaciones espaciales que exploran nuestro universo, robots que cada día nos imitan mejor; podemos crear nuestra propia existencia, no dejarla que deambule a lo largo de nuestras cortas vidas a capricho de intereses espurios de quienes quieren controlar el mundo con el dinero, con la ambición, con la política… con la explotación y destrucción de la propia humanidad… y, si podemos hacerlo, ¿por qué no intentarlo?…  ¿por qué no empezamos a dejar de blandir nuestras espadas y empezamos a mover nuestras cabezas para empezar a ser mejores?, porque sólo así conseguiremos cambiar nuestro entorno y, así, siguiendo la mismas tendencia de expansión de nuestro universo, cambiar los entornos próximos, para crear al final un mundo mejor…

“podemos crear nuestra propia existencia, no dejarla que deambule a lo largo de nuestras cortas vidas a capricho de intereses espurios de quienes quieren controlar el mundo con el dinero, con la ambición, con la política… con la explotación y destrucción de la propia humanidad… 

hombre-mundo


Gracias a aquellas mujeres y hombres íntegros, rectos, que cada día lo intentan, volviendo a construir catedrales donde antes sólo había escombros, piedras amontonadas sin aristas… Gracias por enseñarme y poder aprender como hacer un mundo mejor.

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

¿Volverán las oscuras golondrinas?

 

 

Volveranlasoscurasgolondrinas
Nada me hubiese satisfecho más que no tener que volver a hablar de Cataluña por el soporífero, manipulador y desgastado  hasta los huesos “procés”, sobre todo porque igual que no me gustan las consignas políticas cuando vienen de la derecha, tampoco me satisfacen cuando vienen de la izquierda; sobre todo cuando las conductas de quienes transmiten ideas como dogmas políticos, roza poco más que el absolutismo ideológico.

 

Me estoy refiriendo a la fuga de Marta Rovira tras mandar una carta a los militantes anunciando su exilio,  indicando, entre otros aspectos, que «Será un camino duro, pero es la única forma que tengo de recuperar mi voz política»; huyendo de esta forma de su comparecencia ante el Tribunal Supremo, a la que sí han acudido los otros líderes independentistas citados, Jordi Turull, Carme Forcadell, Raul Romeva, Dolors Bassa y Josep Rull, Llanera por su implicación en el ‘procès’ independentista

Bien…, situados en los hechos brevemente narrados, pero que todos conocemos bien por lo trillado del tema en informativos, redes sociales, prensa, etc, etc…, lo que no aguanto, realmente, de los políticos, es su desarrollada capacidad para engañar a la gente, no sólo a los contrarios, sino a su propia militancia, simpatizantes, busca-vidas  políticos que se apuntan a un tornado para sobresalir entre los suyos y salir en la foto, por utilizar términos o expresiones absolutamente inapropiadas respecto de los temas que tratan, manipulando información, para la consecución de un objetivo, en nuestro caso, alarga el Procés hasta que, a punto de rasgar, se vuelva a repetir la historia una y otra vez. ¿Hasta cuándo?.

Lejos de volver a demostrar la anti-juricidad de proceso independentista de Cataluña, por lo manido del tema y, sobre todo, porque intentar demostrar desde una perspectiva jurídica algo de lo que el contrario no quiere ver, es perder tiempo; aunque volveré a dar dos pinceladas para situarnos, por si alguien piensa que mis palabras también pueden ser manipuladoras al dar por sentado la ilegalidad de este esperpento experimento político. La primera de ellas es hacer mención a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Nueva York (1966) que, si bien arranca diciendo, que: “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación”–, sin embargo, y esta sería la segunda pincelada, la Corte de La Haya en numerosas sentencias interpreta la resolución 2625 (párrafo 80) donde se recoge  este derecho,  de la siguiente manera: “Ninguna de las disposiciones de los párrafos precedentes se entenderá en el sentido de que autoriza o fomenta cualquier acción encaminada a quebrantar o menospreciar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes que […] estén, por tanto, dotados de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivo de raza, credo o color”, lo que se conoce con el nombre de secesionismo.

Los que nos consideramos democráticos, porque respetamos las ideas contrarias a las nuestras, nos gusten o no, sólo por el mero hecho de que en esto consiste una auténtica democracia, es decir, en que cada uno pueda exponer sus ideas, debatir todos sobre ellas y, a falta de consenso, decidir sobre su resolución el voto de la mayoría. Ahora bien, lo que no se puede respetar porque en sí ya supone una falta de respeto, es querernos tomar el pelo y tratarnos como a “gilipollas”, y perdonen mi expresión, a los ciudadanos, llamando “exilio” a lo que es una huida hacia delante, ni llamar a quienes están en la cárcel por fomentar dicha secesión, presos políticos, cuando se trata de todo lo contrario, políticos que están presos por no respetar las reglas del juego que marca nuestra propia Constitución y el sistema normativo que debe emanar de ella; no de la imposición, aunque está venga refrendada por unos votos obtenidos de un referéndum ilegalmente convocado y peor controlado en los resultados, y de unas elecciones que, admitiendo los resultados que han hecho que el independentismo haya vuelto a triunfar por la unión de todos ellos, lo que no se puede dar por válido es la actitud pertinaz, absurda y ineficaz de volver a repetir los mismos errores cometido antes de las citadas elecciones, porque haciéndolo, basándose en dicha mayoría, no convalida o hace legítima su actuación por ser contraria al Orden Constitucional e irremediablemente, si se quiere no cronificar el problema que han generado los gobernantes catalanes, la solución, debe pasar por una negociación entre independentistas y constitucionalistas que implique la reforma de la Constitución de 1978 para posibilitar dentro de los cauces legales el deseo de un pueblo, dudo que por mayoría, de ser independiente.

“Ahora bien, lo que no se puede respetar porque en sí ya supone una falta de respeto, es querernos tomar el pelo y tratarnos como a “gilipollas”, y perdonen mi expresión, a los ciudadanos, llamando “exilio” a lo que es una huida hacia delante”

Tengo que reconocer que Gabriel Rufián me llego a caer bien por sus enfrentamiento a pecho descubierto con Rajoy, sobre todo para recriminarle su actitud poco respetuosa con el pueblo Catalán; pero esta percepción inicial se ha ido desvirtuando, cuando sus palabras se han ido transformando en consignas manipuladoras, revistiendo al procés de un aura de renovación democrática, cuando en realidad se trata de una imposición en toda regla; de manera que, si utiliza términos jurídico-políticos, que lo haga en su estricto significado, no el que él y lo suyos quieren atribuirle en cada momento.

Pero, bueno, aquí cada uno se cree lo que se quiere creer y manipula lo que le puede perjudicar, y el que no tenga pecado que arroje la primera piedra.

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Pá lista, yo

Cifuentes

Cristina Cifuentes

No puedo salir de mi asombro cuando he sabido que, la más progre de la derecha española, entendiéndose por progre en nuestro caso como equivalente a “menos autoritaria que el resto”, “La Cifuentes”, la que presumía de honradez frente a su predecesor en el cargo Jaime Ignacio González González; se la ha pillado con el carrito del helado y con el heladero incluido, perdón por el frío; claro, presuntamente,  por aquello  de hacer valer el derecho constitucional a la presunción de inocencia,  aunque en el caso del PP, parece ser que la balanza se inclina del lado de la falta absoluta de la misma no en vano a quien lo ha denominado como una organización mafiosa, o mejor dicho, criminal, por reunir los elementos jurídicos para ser considerada como tal: como son la pluralidad de personas, su carácter estable y la coordinación con reparto de funciones. ¿No les parece que se identifica con la trama de la Gürtel?

Y si me parecía que mi mandíbula no podía dar más de sí  en la gesticulación de mi asombro, pude comprobar que así no era, que todavía mi mandíbula podía hacer un ángulo mayor aunque cerca del desencaje, cuando una prestigiosa universidad pública, como lo es la del Rey Juan Carlos, financiada por la Comunidad de Madrid, parece no haber jugado muy limpio en la atribución de un Máster en Derecho Autonómico a la ahora Presidenta de dicha Comunidad.

Volviendo a recalcar, aún a riesgo de que me llaméis pesado, el derecho a la presunción de inocencia, hasta ahora sólo hay unos datos irrefutables como es la huella dejada en el expediente académico digitalizado, para que con sólo la diferencia de unos pocos minutos pasara de “no presentado” a “notable”, y si esto fuera poco, el cambio se hizo en la intranet de gestión de alumnos por una funcionaria desde otro campus diferente, quien se quita del medio el marrón diciendo que un profesor le ordenó el cambio, pero sin revelar su nombre…. “Uf… que mal  huele

Y, digo que es el único dato irrefutable porque el argumento dado por le Rector de la mencionada Universidad carece de consistencia por su fácil manipulación, aunque reconoce la excepcionalidad de un error informático que se subsanó tras consultar a los respectivos profesores a los que correspondía la valoración de las citadas asignaturas, todo ello sin probar, claro está; lo cual parece que no piensa hacer al haberse amparado en la Ley de Protección de Datos para negar la transparencia como uno de los derechos básicos del procedimiento administrativo. Y eso que es catedrático de Derecho Constitucional.

De verdad, ¿soy sólo yo el que tiene muy desarrollada la pituitaria o a ustedes también les huele a chamusquina todo esto?…. Al final todo queda en casa,  es decir, en la Comunidad de Madrid a la que pertenece la tal Real Universidad; además no estamos hablando de cualquier alumno y de cualquier expediente, sino el de la mismísima presidenta que, por aquel momento, ya era muy conocida por haber formado parte de diversas entidades educativas como el Consejo de Universidades de la Comunidad de Madrid (1998-2000), o del Consejo de Administración de la Universidad cuestionada (1996-2000),  a lo que hay que unir su dilatada y ascendente carrera política.

 

“De verdad, ¿soy sólo yo el que tiene muy desarrollada la pituitaria o a ustedes también les huele a chamusquina todo esto?…. Al final todo queda en casa,  es decir, en la Comunidad de Madrid a la que pertenece la tal Real Universidad; además no estamos hablando de cualquier alumno”

Por otra parte, volviendo a apelar a la calidad de catedrático de Derecho Constitucional del susodicho Rector, su insistencia en el derecho de igualdad de trato de Cristina Cifuentes que al resto de ciudadanos, parecía querer dar una justificación a lo que se constató como un simple error informático, sin necesidad de hacerlo, lo que me hace pensar que “excusatio non petita, accusatio manifesta”, o lo que es  lo mismo ‘excusa no pedida, acusación manifiesta’.​

En otros países de nuestro entorno altos cargos de gobierno de la vieja Europa han dimitido por cuestiones, quizá de menos de trascendencia, por la actuación presuntamente irregular en nuestro caso de un funcionario, lo que equivaldría a la comisión del delito de falsedad de documento público. Pero, me temo que la puritana moralista Cifuentes no lo hará, porque del puritanismo a la soberbia, aunque sea espiritual, hay una delgada línea; además de por no perder la tradición de su partido de no dimitir por nada.

Pero, lo que más me duele de todo esta comedia es su final trágico que la convierte, lógicamente, en una tragicomedia, como es el hecho de la indecencia de nuestros gobernantes y la osadía de tomarnos a los ciudadanos por tontos, lo cual me estoy planteando sino será por permitir que tanto político de pedigrí sigan ensuciando la decencia de un país.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El ser humano por encima de todo

Los “seres humanos”, ustedes y yo, biológicamente no somos más que una especie animal que recibe el nombre de Homo Sapiens, principal característica que nos diferencia de otros seres vivos, es decir la capacidad de razonar; la cual nos ha permitido organizar el mundo, relacionarnos con otros sujetos de la misma especie, lo que a la vez nos convierte en seres sociales, por ser capaces de vivir en sociedad, consesuando o conveniendo las reglas básicas para la convivencia.

Por otra parte, con  el vocablo “todo” estaríamos designando a un conjunto como una unidad o refiriéndose a la totalidad de sus elementos. Algo difícil de entender que científicos de nuestro tiempo como Albert Einstein y Stephen Hawking, han tratado de explicar a través de la denominada “teoría del todo”, como una hipótesis de la física teórica que plantea la conexión entre todos los fenómenos físicos conocidos en el universo.

No obstante, nosotros vamos a referirnos al “todo” como aquellos elementos o realidades con las que tiene que convivir el ser humano, sobre todo aquellas que delimitan el concepto de humanismo.

El humanismo es una corriente filosófica que ha tenido una gran influencia tanto en la psicología como en la política y las ciencias sociales en general. Sin embargo, no existe como algo homogéneo, sino que existen diferentes tipos de humanismo.

Nació en Italia en el siglo XV durante la época renacentista, fundamenténdose en el valor de los seres humanos, dándole mayor importancia al pensamiento crítico y a lo racional, por encima de toda superstición o dogma. Así el humanismo se caracterizó por la libertad de pensamiento más allá de cualquier creencia, con un fuerte amor a lo natural, interesándose por el desarrollo de la inteligencia, que implicaba el ejercicio de la ciencia, análisis e interpretación.

Cada una de estas clases de humanismo expresa, a su manera, la idea fundamental de esta forma de pensar: que importan la vida de todos los seres humanos y que, por defecto, hay que respetar las vidas de los demás sin pretender alterarlas injustificadamente o sin tener en cuenta su opinión.

De todas las manifestaciones o tipos de humanismo, nos centraremos en el humanismo empírico, el cual, se trata de diferenciar del resto, por el hecho de ser más una de los más prácticos y aplicados, de manera que, mientras otras formas de esta corriente de pensamiento se basan más en ideas abstractas, como por ejemplo la necesidad de no dominar a otros seres humanos, este se centra en el rechazo o la aceptación de ciertas acciones o actitudes concretas.

Se trata realmente de una corriente de pensamiento donde se le otorga mayor  valor a las acciones y a los conceptos, por lo que lejos de ser una doctrina, destaca las acciones que deben ser aceptadas o rechazadas por los individuos; motivo por el cual rechaza toda acción que ponga límites a la libertad de pensamiento y de expresión.

Condenan cualquier forma de violencia y exaltan los derechos de las minorías, promoviendo, asimismo, la fraternidad y la libertad como los máximos valores humanos, por lo que esta corriente se ha convertido en un referente valioso en nuestro mundo actual, donde el individuo esta sometido a una servidumbre social, donde los dogmas limitan la libertad de pensamiento y el dinero lo controla todo.

“Se trata realmente de una corriente de pensamiento donde se le otorga mayor  valor a las acciones y a los conceptos, por lo que lejos de ser una doctrina  (…)  rechaza toda acción que ponga límites a la libertad de pensamiento y de expresión.”


Además, dicha servidumbre, hace que las acciones de los individuos están sometidas al un juicio social, de manera que, si lo que un individuo piensa no es aceptado por la mayoría se convierte en un paria ideológico, lo que nos lleva a una falacia ad populum, porque la mayoría apela a la popularidad de una reclamación como una razón para aceptarla, o lo que es lo mismo, acepta una idea o una conducta por el hecho de que un montón de personas no pueden estar todas equivocadas; valga como ejemplo el razonamiento: “El hecho de que la mayoría de los ciudadanos apoyen la pena de muerte prueba que esta es moralmente aceptable” o “Star wars es la mejor película de todos los tiempos. Ninguna película ha hecho tanto dinero como ella”.

Estando así las cosas, el problema es que las corrientes de opinión aunque tienen su origen en la opiniones de la individualidad de los entes sociales en torno a temas de interés común, conllevando un debate cuando se adentran en un proceso comunicativo colectivo; sin embargo, el poder del dinero, hace que sea fácil la manipulación de los individuos y de las sociedades en que éste se integra, donde la publicidad y el marketing juegan un papel importante que distorsiona dichas corrientes de opinión.

De la misma manera, la política, como ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los Estados, utiliza sin escrúpulos a través de las ideologías a los individuos sociales, buscando únicamente la rentabilidad política para asegurarse el poder más que el propio bienestar del ser humano,  lo que unido al poder del dinero antes citado y a su influencia en las corrientes de opinión, nos lleva a la servidumbre social a la que hemos hecho referencia.

 


Es por ello, que el humanismo empírico se convierte en un referente muy importante en nuestras vidas, porque nos lleva al resultado de que el individuo esté por encima de todo y nada ni nadie esté por encima del ser humano. Por lo que tenemos dos opciones, una empezar a pensar por nosotros mismos o, por el contrario, someternos a corrientes de opinión formadas en base dogmas políticos o de cualquier otro tipo. Dicho de otra manera, empezar a ser personas o convertirnos en borregos.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

¿Personas tóxicas?. No, gracias.

Máscara Tóxica

En las últimas semanas me he visto atrapado por las garras de una personas tóxica, incluso de la que dudo pueda ser tan inocente como se me trató de mostrar,  y os puedo garantizar que no hay nada peor que meterse a redentor cuando quien tenemos delante no quiere ser redimido, o cuando la lucha por su causa deja de tener causa para convertirse en una manipulación de quien ofreciendo una mano mediante el chantaje emocional y no emocional llega a agotarse, así como  a la conclusión de que no eres mas que un clínex para que esa persona pueda secarse las lágrimas y limpiarse los mocos.

Existen personas tóxicas, en las que sus estrategias manipuladoras pueden atraparte como una araña atrapa a su presa en la tela antes tejida por ella, personas egocéntricas, con una visión pesimista de la vida, casi siempre basada en una experiencia negativa que convierten en su causa para atrapar a gente solidaria que empatiza con el dolor humano.

Son zalameras en un principio, como muestra de su agradecimiento a la abnegada ayuda de quienes hacen suya la causa victimista de aquella, pero que no tardan en cambiar su piel como las serpientes para, cuando dejas de ayudarlas o no puedes ayudarla más, darte el mordisco de gracia para transmitirte todo el veneno que llevan dentro.

No tienen consciencia de sí mismas, actúan como si todo el mundo estuviese en contra de ellas sin pararse a analizar las situaciones que generan por su roll de víctima, deteniéndose ante la vida sin controlar su mente y su corazón, entrando en una espiral cuyo único fin es llamar la atención como víctima de un sistema. No gozán, en definitiva, de una sana consciencia que les permita darse cuenta de sus actitudes dañinas y sobre su impacto en las personas de su alrededor que le prestan ayuda.

Son evidiosas cuando comparan su desgraciada vida con la de los demás, lo que las sume en una infelicidad con tendencia globalizadora a todo su ser y a toda su existencia que, en ocasiones, muestran con amenazas de quitarse la vida como única solución a tanta desgracia como soportan. No viven en paz y no dejan vivir en paz a las personas que se acercan para intentar ayudarlas.

Son personas destructivas con ellas mismas y con los demás, sobre todo cuando se les propone la búsqueda de profesionales que puedan ayudarlas para salir de su amarga existencia e intentas apartarte ante la conciencia de que más que ayudarlas estas alimentado su victimismo; o cuando te das cuenta que con su actitud de vampiros emocionales que te están absorbiendo tu energía vital.

 

“Son personas destructivas con ellas mismas y con los demás, sobre todo cuando se les propone la búsqueda de profesionales que puedan ayudarlas para salir de su amarga existencia”

Las cualidades personales que has puesto a su disposición con la única y sana intención de ayudar y por las que un día fuiste elogiado -sin buscarlo-, se convierten en el centro de su burla destructora, propagando a los cuatro vientos lo infame que pueden llegar a ser la personas que las estuvieron ayudando.

Todo esto hace que se conviertan en personas peligrosas, dañinas, intentando compensar su gran frustración utilizando incluso las malas artes y la violencia de las que ellas mismas dicen haber sido víctimas, desprestigiando incluso su causa. Motivo por el cual, debemos tener mucho cuidado ante estas personas, no confundiendo empatía con el dolor ajeno a convertirnos en salvadores de situaciones o causas que se nos escapan a nuestro buen intencionado hacer, porque no somos profesionales y, sobre todo, porque nuestra pretendida ayuda puede atraparnos en una relación tóxica que a nadie ayuda, ni a la, pretendida víctima y a nosotros mismos.

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La integridad de unos padres

Despedidagabriel
Me atrevería afirmar que la mayoría de los españoles hemos tenido que contener la emoción tras conocer el desenlace fatal de la desaparición del pequeño Gabriel; así como la furia contra su presunta asesina por su execrable conducta contra un niño indefenso, por su frialdad y actuación ante los medios intentando despistar a los investigadores, a su propia pareja -padre del niño-, a miles de voluntarios, y a millones de ciudadanos que hemos seguido los acontecimientos con la esperanza puesta en su retorno, esperanza que poco a poco se iba disipando, sobre todo cuando  fuimos conocedores de la extraña aparición de su camiseta.

Si de las muchas actuaciones de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que merecen ser ensalzadas, ésta es una de ellas, por su eficaz actuación y por su rapidez, aún a pesar de que poco más de las dos semanas que han transcurrido desde su desaparición para muchos, pero sobre todo para la familia, ha sido una eternidad. Pero, si alguien merece un especial reconocimiento es la propia familia de Gabriel, sobre todo la de sus padres Ángel y Patricia, no sólo por el exquisito trato hacia los medios, sino también por su colaboración con los investigadores del caso, y por su enorme integridad.

Y, de nuevo el debate sobre la prisión permante revisable, lo que no dejar de ser un eufemismo de la cadena perpetua pero con matices cuyo origen lo tiene en la Ley Orgánica 1/2015 por la que se modificó el Código Penal, sobre la que el Congreso de los Diputados está estudiando su derogación a iniciativa del PNV.

Hace unos días, mostré mi opinión sobre la excesiva politización que existe del Derecho Penal y de sus penas, olvidando, a veces, su doble finalidad, por una parte la del pago de la deuda contraida con la Sociedad y con la víctima por su conducta punitiva y, por otra, la de reinserción del condenado una vez cumplida su condena.

Por otra parte, es comprensible la actitud de muchos padres que por la desaparición y asesinato de sus hijos, hagan suya la causa de defensa de la citada  condena; pero, el problema surge cuando de casos particulares, como el de la muerte de Gabriel, Diana Quer, Marta del Castillo, MariLuz Cortés, Candela y Amaia Oubel Viéitez, y Ruth y José Bretón Ortiz,  se globalizan en una pena aplicable a otros muchos supuestos sin concretar, de excepcional gravedad en los que esté justificada una respuesta extraordinaria mediante la imposición de una pena de prisión de duración indeterminada, sujeta a un régimen de revisión. Entre otras cosas, porque se incumple el principio constitucional de reinserción y el carácter no degradante de las penas”

“es comprensible la actitud de muchos padres que por la desaparición y asesinato de sus hijos, hagan suya la causa de defensa de la citada  condena; pero, el problema surge cuando de casos particulares como el de la muerte de Gabriel (…) se globalizan” 

Bien es cierto, también, que dicha pena se aplica a asesinatos especialmente graves, homicidio del Jefe del Estado o de su heredero, de jefes de Estado extranjeros y en los supuestos más graves de genocidio o de crímenes de lesa humanidad. Ahora bien, la investigación criminológica demuestra que el aumento de la dureza de las condenas no disuade de cometer delitos. Además, nuestro Código Penal es uno de los más serveros de nuestro entorno con penas de hasta 40 años en prisión (por concatenación de distintas penas).

También hay que tener en cuenta si interesa a un Estado el alto presupuesto dedicado a las instituciones penitenciarias, ascendiendo el coste por preso 21.299 euros; además de la alta tasa de reclusos que en nuestro país es superior a los de nuestro entorno. ¿No sería mejor invertir en otras medidas de prevención del delito y en medidas sociales que luchen contra la verdadera causa de los mismos que, en la mayoría de los casos se debe a la marginación y la desigualdad social?.

Sí, resulta obvio que quien delinque pague por sus acciones, y que la pena sea proporcional a su gravedad, pero, también es necesario poner en la misma balanza otros aspectos, y es que la pena de cadena perpetua no devuelve a las madres y padres los hijos que han perdido a manos de un criminal sin escrúpulos; satisfaciendo únicamente su deseo de justicia contra tan grave pérdida, lo cual no deja de ser una manera de aplacar su deseo y el de muchos ciudadanos, de venganza contra crímenes como los indicados.

Es decir, tenemos en una balanza, por una parte la necesidad de castigo y, por otra, la humanidad hacia el preso, como un Derecho Humano que impide penas inhumanas y degradante; línea que también  marca nuestra propia Constitución. Y, no nos queda otra que buscar el equilibrio dicha balanza, símbolo de la justicia, sin que resulte oportuno juzgar en caliente y, no lo digo yo, lo ha dicho la mismísima madre de Gabriel en el funeral de su hijo, en referencia a un cuento que tras la noticia de la muerte ha llegado a sus manos, donde se indica que no han perdido sino que han ganado un tesoro porque la bruja del cuento está donde tiene que estar y, que, por lo tanto, debemos sacarla de nuestras cabezas.

Hagamos caso a Patricia, y cuando el dolor que todos tenemos en nuestros corazones por la pérdida de Gabriel, nunca tan grande como el suyo, tome poso; debemos hablar con tranquilidad para buscar el equilibrio aludido, una difícil decisión que aunque debe ser adoptada por nuestros representantes políticos, estos no pueden desoír la voz del pueblo, pero sin intentar hacer de ello una causa política, sino buscando lo mejor para todos, para toda la sociedad.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Un oportunista llamado Rivera

Albert Rivera Y Inés Arrimadas

Albert Rivera Y Inés Arrimadas

Una de las cosas peores que hay en política es la de quien se sube al carro aprovechando la oportunidad del momento para sacar  la mayor rentabilidad de ello, actitud que en más de una ocasión ha protagonizado y, permítanme la expresión, el falso o farsante Albert Rivera, el hombre de centro, según él, que más a la derecha no pueda estar.

 

 Ya lo demostró con su apoyo a la envestidura de Rajoy, dándoselas de hombre de Estado, para permitir la gobernabilidad del país, aunque de vez en cuando pretenda correr una cortina de humo con sus críticas a determinada acciones del gobierno que, al final permite en su connivencia con aquel, por lo tanto cómplice también de ellas, incluso, tal vez, como colaborador necesario ya que, sin su apoyo, determinados desmanes del PP tendrían freno.

Así es Rivera, un oportunista que me recuerda a muchos de los que he conocido en mi activismo político, si es que así se puede llamar a mi paso fugaz por algunas militancias políticas, pensando en cambiar el mundo, creyendo en personas que, al final, resultaban ser lo mismo que criticaban.

Hoy día no creo en nadie. Ningún político me ofrece la confianza plena para que yo le dedique un minuto de mi tiempo, pudiéndose decir que me he convertido en un ácrata recalcitrante, que lo único que defiende es la libertad de pensamiento y el respeto a quienes no piensan igual que yo; actitud que en determinados momentos no es fácil de mantener cuando te encuentras en el camino a ciertos seres con actitudes fanáticas y seguidores de ideologías descafeinadas o de moda, que cada vez son más, pero que, cuando rascas un poco, te das cuenta de lo que son, perros fieles a sus amos y faltos de criterio.

A veces he preguntado a personas de derechas el porqué de su “seguidismo” político, sin saberme dar una razón convincente. Les he preguntado por su ideología, y lo único que he obtenido han sido ambigüedades o absurdeces en las que incluso mezclan religión y política. Les he pedido que me definan el liberalismo que practican, confundiendo liberal con libertad… Claro que, al preguntar a los de izquierda, no han sido muy diferentes a los que tienen enfrente, o mejor dicho a los que están enfrentados; sin saber lo que es el socialismo, y mucho menos practicarlo.

Luego están los social-demócratas, como se autodenominan ellos, a los que yo llamo descafeinados con leche desnatada, en donde sitúo a los de Albert Rivera, quienes se mueven dependiendo de donde venga el viento, tal y como han demostrado en la última manifestación y huelga feminista del pasado 8 de marzo, sobre cuya convocatoria se convirtieron en los más críticos, con Arrimadas, la única mujer con más mando en el partido a la cabeza que comparó la huelga a un “picnic comunista en la plaza de Moscú”; pero que no tardó en ensalzar su gran triunfo, como así ha sido a nivel mundial, al día siguiente de su celebración, como una victoria de las mujeres entre las cuales se situaba ella.

“Luego están los social-demócratas, como se autodenominan ellos, a los que yo llamo descafeinados con leche desnatada, en donde sitúo a los de Albert Rivera, quienes se mueven dependiendo de donde venga el viento…”

Debería darles vergüenza este tipo de prácticas, sobre todo cuando llevan aparejadas ciertos juicios morales, como si ellos fuesen los único portadores de la moralidad política; cuando distan mucho de ser políticos inmaculados, como así puso de manifiesto el Tribunal de Cuentas respecto a su financiación irregular en sus inicios parlamentarios en Cataluña; sino más bien los representantes de una farsa política de oportunismo sin límites.

Y, como siempre, muchos de los que depositan su voto a favor, creyéndose las mentiras de tanto sinvergüenza que se suben al carro del oportunismo, del mamoneo sin límites, ases de la manipulación ideológica, entre los que se sitúa Rivera y su lugarteniente Inés Arrimada. Tal vez esta sea la forma de triunfar en la política, vendiendo farsas al pueblo, poniéndose medallas ganadas por otros, haciéndose pasar por hombres y mujeres de pro, cuando en realidad huelen igual de mal que a los que critican.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Que le corten la cabeza

 

Hay santos y santos, personas y personas, creyentes, agnósticos, ateos, pero de lo que más abundan son aquellos que tienen vocación de jueces, aunque sin toga ni birrete, gente que parece que se bañan todos los días en agua bendita o al menos, que se creen con el poder suficiente, no sé si por su posición, sus creencias, experiencias o porqué narices, de juzgar a los demás.

 

Algunos pensarán que haciendo lo que estoy haciendo estoy incurriendo en la misma conducta que he empezado por criticar, aunque lamento defraudarles, porque hay dos formas de juzgar, una llevando al patíbulo a quien se juzga y otra, para corregir, valga la expresión, de forma fraternal y humana ante una conducta inapropiada. Pero, también hay otra diferencia en cuanto a quien juzga, pues los hay quien lo hacen desde una posición de superioridad, quizá porque se creen mejores; o quien lo hace desde la misma altura o al menos sin perjuicios. Pero, aún así, haciéndolo con la mejor de las intenciones y desprovisto de superioridad moral, nadie, absolutamente nadie es quien para juzgar a los demás a nivel personal.

Somos muy propensos, y estoy utilizando el plural mayestático, de juzgar a nuestros semejantes, sin pararnos un instante a calzarnos sus mismos zapatos, a ponernos en su piel…,  y nos quedamos tan frescos. Incluso, los hay, quien con una falsa humildad piden perdón antes de emitir su juicio, como si con ello su acción -y aquí no utilizo el mismo plural que antes-, fuesen mejor. Quizá aquí debería traer a colación una frase de una persona buena, santa, Teresa de Calcuta, que dice: “si juzgas a la gente, no tienes tiempo para amarla”, o el ejemplo del mismo Jesús de Nazaret cuando dijo “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”, demostrando su amor ante María Magdalena, condenada socialmente por prostituta…, y lo hago por quienes desde los altares y los púlpitos se dedican a cortar cabezas

Pero, ¿por qué hago este juicio social?.

Motivos hay muchos, quizá porque no me guste en el mundo en el que vivo, quizá porque desde niño me he visto, creo que como la mayoría, sometido al juicio de los demás, a un juicio de comparación, a un juicio de desaprobación, pero, aún peor, a un juicio destructivo, el peor de todos. Aunque, he de reconocer, que algunos, sobre todo los que se me hicieron con buena fe, amor o sin saberlo hacer de otra manera, me sirvieron para mejorar en conductas censurables o inapropiadas. Pero, el que hoy me haya convertido en censor social lo es porque en los últimos días he visto un comportamiento que me ha hecho recordar mi paso por la Facultad de Derecho, en concreto de una reflexión hecha en clase de Derecho Penal de que cualquier persona y cualquier situación puede convertirse en apta para delinquir y todo, precisamente, porque somos seres humanos, porque no somos perfectos.

“cualquier persona y cualquier situación puede convertirse en apta para delinquir y todo, precisamente, porque somos seres humanos, porque no somos perfectos.”

 

Delincuente es aquella persona que comete un delito, o lo que es lo mismo, una acción punible por estar tipificada como tal en una Ley Penal, pero es muy importante un elemento para que el juzgador imponga la pena como castigo, que no es otra cosa que el ánimo de delinquir o “animus delinquendi”, el cual evidentemente debe ser demostrado o probado en un juicio justo, en un juicio en el que exista un verdadero equilibrio e igualdad entre partes, lo cual es muy bonito visto de esta manera, aunque la realidad dista mucho de esta oportunidad que nos da el sistema para demostrar nuestra inocencia, porque en muchas ocasiones dicho equilibrio no existe y, por lo tanto, el juicio deja de ser justo para convertirse en una desafortunada pantomima, en una representación teatral de las muchas que estamos acostumbrados a ver en esta nuestra sociedad; siendo la razón de ello en que la justicia para que sea realmente favorable a nuestros intereses cuesta dinero, y bastante, de manera que la justicia se convierte en una auténtica falacia cuando el que está siendo juzgado no puede pagarse un buen abogado, teniendo que recurrir a la justicia gratuita y no porque  los abogados del turno de oficio sean malos o no estén preparados para ello, sino porque su motivación, quizá no sea la misma cuando el que paga es el papá Estado, y lo que paga no se adecúa a los servicios que se prestan y se hace tarde, mal y nunca. Aunque en algunos casos, también lo sea por no estar suficientemente preparados para lo que van a hacer, sobre todo porque el que mucho abarca poco aprieta, y los abogados especializados salen muy caro.

No soy yo quien lo dice, sino el propio Tribunal Supremo anulado la designación de un abogado de oficio a un recurrente en casación al apreciar “una falta absoluta de defensa” en su recurso, lo que califica de “collage de consideraciones jurídicas”, “carentes de ligazón discursiva” y “huérfanas” de correspondencia con las objeciones que plantea, sosteniendo en ocasiones “una cosa y su contraria”, tal y como publica delajusticia.com, a cuya lectura les remito.

Es por ello que todo lo que aparece en una sentencia no es, ni mucho menos palabra de Dios, ni que los hechos que aparecen como probados sean realmente la realidad absoluta. Además, en un juicio, aparte de los abogados, intervienen una serie de profesionales que por su condición de funcionarios sus valoraciones e informes se tienen por ciertos como una presunción “iuris tantum”; latinajo que significa que lo que ellos afirman puede ser contradicho si se logra demostrar lo contrario, lo que me lleva también a afirmar que quienes pueden pagarse unos buenos peritos que puedan romper dicha presunción, tienen más oportunidad para que la balanza de la justicia se incline hacia su lado.

Por supuesto, que todo tiene sus excepciones, pero lo que está claro es que no todos los que están en la cárcel merecen estar en ella, y mucho menos juzgados con la crueldad que a veces lo hacemos desde la sociedad, sin pensar que, en muchos casos, están entre rejas porque son víctimas del sistema, provenientes de familias desestructuradas, de barrios marginales o que, simplemente se han visto abocados a delinquir como modo de supervivencia, y no es demagogia. Distinto de quienes teniéndolo todo quieren mucho más -y ya saben a quien me refiero-, o de quienes cometen delitos de lesa humanidad.

No quiero, ni pretendo  hacer apología de ningún delito o conducta reprobable, no. Siendo de justicia que quien delinque pague por sus actos, con penas adecuadas y proporcionadas a sus delitos, por haber entrado en deuda con la sociedad y con la víctima -abarcando no solamente al sujeto contra quien se ha perpetrado el acto punible, sino también a quienes les rodean, familiares y amigos-. Pero, también, es de justicia que cuando individualmente juzguemos a alguien lo hagamos con la suficiente prudencia, pero sobre todo teniendo en cuenta que, como se ha dicho antes, ni tú ni yo estamos libres de que un día pudiéramos estar ante un juez, y que por ello no merecemos ser repudiados socialmente, a no ser que entremos en el tema de la venganza personal o de defender largas penas de prisión que, en vez de cumplir con su función que, no es otra que la reinserción social, se pretanda la destrución de la persona condenada. Ahora bien, si queremos politizar el derecho penal, sacando rentabilidad de posiciones cada vez más represoras, entonces volvamos a la pena de muerte, así muerto el perro se acabó la rabia.

“Ahora bien, si queremos politizar el derecho penal, sacando rentabilidad de posiciones cada vez más represoras, entonces volvamos a la pena de muerte, así muerto el perro se acabó la rabia.”

 

Juzgar

 

 

Tampoco quiero desaprobar la reacción de familiares de las víctimas, de su sentimiento de impotencia, de su deseo de justicia, quien soy yo para hacerlo. Su sufrimiento inconmensurable merece la comprensión de todos. Pero, insisto, si queremos ser justos, seámoslo a todos los niveles.

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El raquitismo democrático

 

raquitismo mental

Cuando en una sociedad, no sólo la española, la intolerancia y la radicalización se convierte en la tónica general de la actuación de los individuos que la integran, podemos afirmar que se trata de una sociedad poco evolucionada, democráticamente hablando; siendo la consecuencia de esa escasa evolución la propagación de un raquitismo mental y, finalmente político, del la que es responsable, en gran parte,s la clase política, al fomentar la imposición de ideas y la confrontación, en vez de los valores que deben regir la actuación humana.

A pesar de vivir en sociedades que se autodenominan democráticas, la realidad dista mucho para considerar que existe una auténtica democracia, porque lejos de respetar las reglas del juego de este sistema político, los intereses, a veces partidistas, y otras, económicos, desvirtúan o enrarecen el sistema, convirtiendo a los ciudadanos en peones de una mala partida de ajedrez, manejados por los que están en la retaguardia. De manera que, lejos ganar la partida en beneficio de todos, sólo lo es en beneficio de unos cuantos, representados por la figura que tratan de defender.

Algunos dirán que esto siempre ha sido así, que el pez gordo se come al pequeño y que los que pensamos que las cosas pueden ser distintas no somos más que unos locos ingenuos, eso cuando no se nos tilda con peores adjetivos, la mayoría de las veces peyorativos, sólo porque no nos acomodamos a las reglas que no responden a la esencia de todo gobierno que no es otra que la satisfacción de interés general.

La obesidad de los sistemas democráticos hace que el raquitismo mental y democrático se propague como una epidemia entre la sociedad, infundiendo en los individuos que la integran pautas de comportamiento que responden más bien a la imagen de una máquina programada para cumplir unos postulados, que a la libertad personal de actuar con arreglo a unos valores o principios superiores a aquellos que lo único que persiguen es seguir alimentado al de arriba a costa de la salud  el trabajo de los de abajo.

“La obesidad de los sistemas democráticos hace que el raquitismo mental y democrático se propague como una epidemia entre la sociedad…”


Aunque carezco de dotes de videncia, la evidencia demuestra que no vamos por buen camino, porque la obesidad, cada día más mórbida del sistema, está propiciando un montón de patologías que están transformando a la sociedad en un monstruo que devora a la persona. Necesitamos, por ello, una vacuna urgente contra este cáncer social y, como toda vacuna necesitamos de un agente que se asemeje al microorganismo causante de la enfermedad. Que se asemeje, no que sea igual.

Y, es que, mientras los ciudadanos respondamos a postulados políticos, el individuo cada vez será menos persona, debido a ese raquitismo mental que nos impide pensar por nosotros mismos. Por lo tanto, si el patógeno causante de la enfermedad de la sociedad en la que nos encontramos es la forma en que la que actúan nuestros políticos, la solución está en que seamos nosotros mismos quienes hagamos la política.

No se trata con ello de rebelarse contra el sistema, sino transformarlo poco a poco a base de una mayor implicación del ciudadano en aquellas cuestiones que nos afectan a todos y que hace que nuestra vida no sea tan buena como debería en proporción a la presión fiscal que soportamos; así como arbitrar los medios necesarios para que nuestra voz sea realmente oída. Claro que, esto exige mucha generosidad por parte de los ciudadanos, sino queremos que el raquitismo mental finalmente se transforme en un raquitismo democrático; generosidad que implica en primer lugar la aceptación de unas reglas de juego que permitan la supervivencia del sistema y, en segundo lugar, la búsqueda del consenso frente a la imposición de la mayoría, aceptando esta última en caso de desacuerdo, como no puede ser de otra forma, en una sociedad democrática.

Necesitamos, por tanto, de un humanismo político  y social que resalte las cualidades del ser humano, que luche por los intereses de las personas. Necesitamos, en definitiva, libre-pensadores y no loros de repetición de lo que dicen los políticos o determinados grupos de presión o de poder. Pero, sobre todo, lo que necesitamos son las ganas de cambiar las cosas y el convencimiento de que si nos lo proponemos podemos hacerlo.

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La guerra de los pensionistas

pensiones justas
Después de haber vaciado la hucha de las pensiones a Rajoy no se le ocurre otra cosa que contestar a los pensionistas que razonablemente protestan por las ridículas subidas de aquella, que no puede prometerles una subida mayor porque sería mentirles y crearles falsas esperanzas. Y, así, sin más da por zanjado el tema o, al menos, lo pretende.

Cuando un amigo mío bautizó como Don Tancredo a Rajoy, dio en el clavo. Un monigote sometido a la suerte de los acontecimientos, alguien incapaz de planificar nada, de buscar soluciones con visión de futuro. Su incapacidad de gobernar el país ya la he demostrado en reiteradas ocasiones, sólo sabe seguir las pautas que le marcan desde Europa de contención del gasto y de recortes que han demostrado que poco contribuyen a la recuperación económica.

Algunos saldrán con el cuento de que lo afirmado es mentira, que el país se recupera económicamente, que vamos en buena línea y que la mejor muestra de tener un presidente que sabe lo que se hace ha sido la imposición del artículo 155 en Cataluña para evitar el fraccionamiento de España. Que cantidad de falacias, un patriota que gobierna a base de la imposición y de mano dura, porque es incapaz del dialogo, convirtiéndose en un insensato, igual que lo son los independentistas.

Rajoy, sobradamente ha demostrado que su cabeza no funciona del todo bien, no solamente por esas ausencias, frases inconexas o tics nerviosos que delatan su gran capacidad para mentir con un giño del ojo izquierdo. También, los hay, que quieren demostrar que es una persona sobradamente preparada para el cargo, resaltando su inteligencia por haber sacado el número uno en la oposición de registradores de la propiedad, cuando en realidad su única virtud es el haber sido un empollón, un autómata de repetición, cualidad que aún preserva repitiendo consignas y mentiras, con el único fin de convertir  la mentira en verdad a base de repetirla una y mil veces.

Pero, centrando el tema, que no es otro que el de las pensiones, obligado a tratarlo ante la lucha iniciada de los pensionistas por una pensión digna que les permita llevar una vida digna,  ganada después de una larga vida laboral, donde religiosamente han  cotizado, precisamente, de cara a sus derechos pasivos.

En definitiva, los pensionistas no hacen más que pedir lo que les corresponde, lo que se han ganado a base de un esfuerzo continuado, algo muy distinto a lo que pasa con la clase política con derecho a pensiones de oro, aunque eufemísticamente las llaman complementos a la pensión, sólo por el mero hecho de haber cotizado durante siete años, cuando a los ciudadanos que los han elegido se les exige treinta y ocho años y medio. Si ya de por sí, este agravio comparativo duele, aún duele mucho más que el Presidente del Gobierno se quede tan fresco, o peor aún, tenga remordimientos de mentir a los ciudadanos, cuando en él es ésta la tónica general; mentiras, mentiras y más mentiras.

“los pensionistas no hacen más que pedir lo que les corresponde, lo que se han ganado a base de un esfuerzo continuado, algo muy distinto a lo que pasa con la clase política con derecho a pensiones de oro sólo por el mero hecho de haber cotizado durante siete años”

Rajoy no puede hacer la promesa de la subida las pensiones porque él mismo ha propiciado la falta de fondos para este fin. Ahora bien, si sigue habiendo dinero para mantener duplicidades de funcionamiento en servicios públicos, para el pago de personal de confianza que los políticos utilizan para su asesoramiento, o para mantener los altos sueldos de la clase política en general, a excepción de Concejales en pequeños municipios, donde la falta de recursos para una gratificación acorde a su trabajo es imposible, pone de relieve que son los únicos que pueden desempeñar vocacionalmente su cargo dentro esta clase que hoy día se nos muestra como indigna por los innumerables casos de corrupción y por los resultados de su gestión; amén de otros desmanes donde los políticos gastan los impuestos buscando no el bien común o general, sino la rentabilidad política de cara a su reelección en futuros comicios electorales, aferrándose de esta manera al sillón igual que los  ixodoideos o garrapatas se agarran a su huésped para vivir chupándoles la sangre, con la única diferencia que éstas solo lo hacen durante dos meses que dura su vida y los políticos, si pueden, durante toda su vida.

Dinero hay, el problema es donde se gasta, o dicho de otra manera, las preferencias que la clase política marca para delimitar el gasto público, entre las que parece no estar los jubilados y sus pensiones, tal vez porque consideren que no son lo suficientemente importante o, porque debido a su esperanza de vida no constituye un problema grave de futuro y, también porque como son viejos no tienen suficiente fuerza para luchar por lo que consideran justo.

Pues, mire por donde, Sr. Rajoy, que precisamente porque son viejos son más sabios. Como dice el refrán que el diablo sabe más por viejo que por diablo, perdón por la comparación, así le pasa a nuestros mayores, su dilatada vida ha contribuido a que su experiencia sea mayor que la de muchos jóvenes y no tan jóvenes que parece que se comen el mundo siguiendo, la mayoría de las veces cual meros borregos, consignas de políticos o movimientos sociales, sin pararse a pensar por ellos mismos.

Nuestros mayores, los viejos, como muchas veces los denominamos, no han nacido en los árboles siendo como son ahora…, no, ellos han sido también jóvenes con inquietudes muy parecidas de las que presumen ahora la juventud, nada nuevo se ha inventado, ellos son como un buen vino de reserva cuyos sabores y aromas mejoran o se potencian con el paso del tiempo. No son tontos, ni mucho menos y, precisamente porque no lo son, no permiten que los traten como tales, además de porque disponen de tiempo libre, ganado al igual que sus pensiones, no les importa luchar de forma activa por sus pensiones y, estoy convencido que así lo van a hacer,  sin tregua, con igual o quizá más valentía que quienes protagonizan otras demandas sociales.

Es por ello que no les basta que este Don Tancredo diga que no les puede prometer lo que no puede cumplir, porque eso no es verdad, sí se puede, primero haciendo un reparto más justo de la riqueza; segundo que la carga fiscal sea proporcional a la riqueza y recursos económicos de los contribuyentes y, en tercer lugar, marcado prioridades del gasto, entre las cuales, obviamente deben estar las pensiones, porque de otra forma estaremos ante un fraude a los pensionistas en activo que, dicho sea de paso, se han convertido en muchos casos en héroes anónimos al tener que tirar de toda la familia, hijos y nietos, por la grave crisis del mercado laboral, con pensiones, la mayoría ni siquiera mileuristas; pero también, sería un fraude a todos los trabajadores, por las deducciones que se hacen de su sueldo para garantizar su futuro.

Pero, como en todo tipo de protesta social, el número es muy importante, porque cuantos más seamos los que luchemos, mejor se oirá nuestra voz; de manera que, la lucha por las pensiones no sólo debe ser cosa de los jubilados, sino también del resto de ciudadanos, con el único objetivo no sólo de recuperar ese sistema público de pensiones que fue un ejemplo para muchos de los países de nuestro entorno geográfico, con pensiones dignas, no  dando de ganar a la banca con planes privados de pensiones, esa misma banca que se ha lucrado del dinero de todos los españoles en un rescate financiero que nunca recuperaremos a pesar que el Sr. de Guindos prometiese lo contrario.

Está bien visto que mentir es lo que saben hacer nuestros políticos, pero en este caso de poco les va a servir, porque quienes se han puesto en pie de guerra no piensan ceder ante el chantaje y su voto vale mucho, demasiado para que la balanza de gobierno se incline de un lado o de otro. Así que ojo, señor Rajoy, en este caso me parece que son los pensionistas los que tienen la sartén por el mango y el mango también.

 

 

 

Feliciano Morales

Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

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