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Feliciano Morales
Historias escritas por felicianoplaza
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Somalia, el  horror y la destrucción que no queremos ver

Posiblemente no nos duela tanto el atentado perpetrado el pasado sábado en la capital de Somalia, atribuido a la milicia yihadista Al Shabab, como nos ha dolido otros que han tenido lugar en diversas ciudades de países de la Unión Europea, incluido el nuestro; y esto es una realidad que quien la niegue nada más se está engañando a si mismo. Y, es que, los 6.520 kilómetros que separan Mogadiscio de Madrid hace que la sangre no parezca tan roja, ni posiblemente tan humana, como cuando quien se desangra es nuestro vecino, y porque tampoco es lo mismo que las víctimas tengan la piel de otro color, o profesen otra religión distinta a la nuestra.

Ni siquiera los medios de comunicación tratan la noticia de la misma manera. Una pequeña alusión en los telediarios y se acabó. No volvemos a saber nada, a diferencia a cuando la desgracia tiene lugar en nuestro entorno, donde la noticia machacona, una y otra vez, convierte a veces en abusiva, además de intoxicante la información, generando, incluso, un pánico en la población, aparte de fobias contra determinadas religiones y razas, con exaltaciones patrióticas excluyentes con lo que no es nuestro; no en vano cada vez van ganando más terrero los partidos de ultraderecha en Europa, fomentando la islamofobia o la xenofobia en general, bajo el argumento de que nos están quitando lo que es nuestro.

La crueldad del ser humano puede llegar a límites que no podríamos imaginar, si no es porque se están convirtiendo en habituales comentarios tales como que “se vayan a su país”,   “que nos dejen en paz”, acusándolos de delincuentes, vándalos, ladrones, vagos, y un largo etcétera, que evidencia un gran desprecio y rechazo de seres humanos que se refugian en nuestro país huyendo, a veces, de una muerte segura, y otras buscando iniciar una nueva vida que les libere de las penurias de su lugar de procedencia, en los que la economía de mercado que nos permite un nivel de vida más alto que el suyo, propicia cada vez más el empobrecimiento y explotación de quienes no han tenido la fortuna de nacer en nuestro entorno.

 

“La crueldad del ser humano puede llegar a límites que no podríamos imaginar, si no es porque se están convirtiendo en habituales comentarios tales como que “se vayan a su país”, “que nos dejen en paz”,  acusándolos de delincuentes, vándalos, ladrones, vagos, y un largo etcétera

El atentando de Somalia ha provocado, al menos 230 muertos, la mayoría calcinados, y 350 heridos, cifras que no son definitivas, fruto de la explosión de dos vehículos bombas, además de una gran cantidad de edificios destruidos, dejando un paisaje dantesco; sin que los hospitales den abasto para atender tanta desgracia humana.

Unidad frente al terrorismo reclama la Unión Europea y líderes políticos del mundo desarrollado, a quienes están siendo asediados por constantes ataques de las milicias yihadistas, concretamente del Shabad, grupo terrorista de corte islámica, fundado hace más de una década y posteriormente adherido a Al Qaeda, integrado por más de 7.000 combatientes que tras ser expulsados de las principales centros urbanos del país controlan las zonas rurales, habiendo provocado miles de muertos en los últimos siete años. Unión que debería transformarse en un mayor apoyo y ayuda internacional por parte de Occidente para hacer frente a tanta destrucción y terror yihadista.

Y es que los problemas no se solucionan apartándolos de nuestro lado, porque este mundo no deja de ser un lugar común donde habitamos todos los seres humanos, y cuando se siembran vientos se recogen tempestades.

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El día de las fuerzas armadas y la ostentación del patriotismo.

Vaya por delante que nunca me han gustado las guerras, ¿a quién pueden gustarles?. Pero, que pregunta más ingenua… Aunque no, no es ingenua, es intencionada para que cada uno de ustedes se la hagan a si mismos y se respondan desde su lado más honesto. No se si llegarán a la misma respuesta que yo, aunque estoy convencido que la mayoría sí, con matices o sin ellos, porque siempre los hay fruto de la libertad de pensamiento y, mucho me temo que también en función de la ideología de cada uno, aunque tal vez debería decir algunos, adoctrinamientos.

Sí, hay personas a las que les gusta la guerra porque supone para ellos una forma de enriquecerse por la venta legal o ilegal de armas, para imponer su gobierno o conquistar un territorio. Pero, también, por patriotismo, aunque éste no se qué tiene que ver cuando la ofensiva lo es por motivos humanitarios formando parte de un bloque internacional, donde también se pegan tiros y mueren civiles, respondiendo en realidad a intereses de supremacía e imperialismo de ciertas potencias.

Sólo podría admitir la guerra como última oportunidad para recobrar la paz en defensa de intereses nacionales propios, y siempre como último eslabón ante el fracaso de la vía diplomática. Aquí sí podría emplearse de manera adecuada la palabra patriotismo, no como referencia a términos tales como globalización, internacionalismo o mundialismo; pero, tal vez, hoy día no puede hablarse realmente de intereses nacionales de defensa como modus operandi de un ejercito frente ataques exteriores.

Por otra parte, también quiero que conste que no me gusta las muestras ostentosas de nada y mucho menos la teatralización del poder, pero entiendo, y sobre todo respeto profundamente, el sentir patriótico de cada persona, aunque en mi pequeño mundo opto por un mundo sin fronteras y sin banderas, donde la fraternidad fuese el eje de nuestra convivencia. Algo utópico, ¿verdad?.

Reconduciendo lo expuesto a lo que el ayer supuso para muchos españoles la celebración del día de las Fuerzas Armadas, poco puedo objetar ante el sentir patriótico de muchos, aunque me temo que, precisamente, ese sentir ante el conflicto catalán no fue tan puro y tan patriótico, sino una muestra de poder o de identidad nacional frente a los radicales catalanes que pretenden la independencia de su territorio por la fuerza, lo que les hace semejantes a los que critican y útiles peones en un tablero de ajedrez, cuya partida responde más bien a intereses políticos que al verdadero sentir popular.

 

“poco puedo objetar ante el sentir patriótico de muchos, aunque me temo que, precisamente, ese sentir ante el conflicto catalán no fue tan puro y tan patriótico”

En definitiva, un día de las Fuerzas Armadas donde la bandera del Estado no se ha utilizado como un signo de identidad nacional, sino como un arma arrojadiza frente a las esteladas catalanas, como si se tratarse de un partido de fútbol. Una guerra de banderas, de la que muchos ciudadanos han participado en su uso de su libertad de pensamiento, colocándolas en sus balcones bajo el argumento de que “no podemos bajar la guardia”. ¿Qué guardia?, no entiendo nada. Tal vez estemos en guerra y yo no me haya enterado.

Volviendo al tablero de ajedrez, me resulta patético ver como los peones caen uno tras otro en defensa de un rey y su corte, en una confrontación de identidades nacionales que para unos supone mayor libertad y para otros la vuelta a un patriotismo desfasado donde lo que importa es subyugar a los contrarios mediante el uso de la fuerza. ¿Nadie se da cuenta de la utilización de la que los ciudadanos estamos siendo objeto?, ¿nadie se da cuenta que estamos ante un conflicto cuya única forma de resolver es en los despachos mediante la negociación y, finalmente, en el ágora donde nuestros representantes toman democráticamente las decisiones que, se supone, beneficiarán a la mayoría de los ciudadanos, en busca del bien común?.

Igual de patético que me ha resultado el montaje independentista, con una chapuza tras otra, me ha parecido la identidad patriótica que ayer llevó a muchos a enarbolar la bandera española y vitorear a quienes han sido vilmente manejados por el gobierno de Rajoy para imponer el orden mediante la fuerza, a los que siempre mostraré mi respeto en su trabajo de defensa del orden y de la seguridad ciudadana, pero a los que compadezco cuando en situaciones como la de Cataluña u otras donde el sentir popular necesita salir a las calle para ser oídos, son manejados como simples herramientas de un gobierno, o unos gobiernos, que no saben hacer bien su trabajo, que no consiste en otra cosa que en hacer política y procurar el bien de la mayoría.

Parece que después de cuarenta años de democracia tras la muerte del dictador, todavía utilicemos medidas muy similares a las que éste utilizó para reprimir al pueblo; pero, sobre todo, que no hayamos aprendido nada, comportándonos como verdaderos imberbes democráticos.

 

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Las calabazas del poder

Visto lo visto no hay ningún político que me satisfaga, ni plenamente, ni en pequeñas dosis; pero esto no viene de ahora, consecuencia de la mala gestión del conflicto de Cataluña, sino que se remonta a mucho tiempo atrás, tanto  que tengo que traslade en el tiempo  a la época de Felipe González y su gran engaño a los que confiábamos que el acceso al gobierno del  PSOE, iba a suponer un punto de inflexión en la política hacia un modelo donde los más débiles dentro del sistema serían los más protegidos frente al abuso del modelo capitalista en el que inevitablemente se sustenta la economía mundial. Pero, la realidad fue bien distinta, no sólo en el tema económico, sino también en la aparente ideología que un partido que se autodenomina socialista debía moverse, valga como ejemplo la salida de la OTAN, prometida en aquella campaña electoral que precedió a lo que la gran mayoría consideró el empoderamiento de la clase obrera.

 

Mentiras que, agravadas durante las sucesivas reelecciones de quien empezó vistiendo con una chaqueta de pana terminó vistiéndose con las mismas telas con las que se visten quienes viven en el olimpo, poniendo puentes de plata a banqueros y grandes empresarios, y de madera carcomida para quienes les habían dado el voto, no tardando en asomar una corrupción tan virulenta como la actual con causa en el “perpetuamiento” en el poder de políticos para los que el interés personal estaba por encima del bien común, y que, ocho años después tras la alternancia con su partenaire a la derecha, volvió con el gran talante de Zapatero a premiar a los fuertes frente a los débiles, con políticas que bautizadas como social democracia que hizo que muchos situasen a su predecesor, Aznar, a la izquierda del PSOE.

PP y PSOE, dos caras de una misma moneda, donde no existe cara y cruz, sino insignias diferentes con pretensiones similares, donde quienes deberíamos detentar la soberanía solamente somos escuchados cada cuatro años, después de habernos mentido no solamente en las legislaturas que preceden a los comicios, sino también en las campañas electorales con promesas que todavía logran convencer a muchos incautos; aunque cada vez, debido a la fragmentación de izquierdas y derechas desilusionadas, han fomentado la aparición en escena de nuevos partidos, en algunos casos como marca blanca de los situados a la derecha, y con posicionamiento más radicalizados en los que se sitúan en el lado contrario.

“PP y PSOE, dos caras de una misma moneda, donde no existe cara y cruz, sino insignias diferentes con pretensiones similares,”

Un arco iris de colores que, si bien parecían dar una nueva apariencia en las ágoras del poder legislativo, nos ha llevado a algunos, entre los cuales me incluyo, no sólo a creer que la mediocridad es la tónica general en la política de este país, sino que el engaño sigue siendo el eje de la actuación de quienes hemos elegido como nuestros representantes.

La radicalización de cierta izquierda ha convertido a muchos ciudadanos en adoctrinados cuya única causa es la lucha por la ruptura de un sistema, no desde dentro como prometieron algunos de sus líderes, levantando alfombras de palacios y despachos para que saliera la mierda que durante años allí se había ocultado, así como abriendo ventanas para que saliera el olor pestilente que su putrefacción había originado; pero sin una marcada política que nos haga intuir la luz al final de túnel, sino todo lo contrario, debido a la improvisación y alejamiento del sistema asambleario en el que dijeron que sustentarían sus políticas como empoderamiento de los ciudadanos, convirtiéndose al final en meras figuras decorativas, donde la verticalidad en su organización y poder de decisión les ha convertido en un partido más de los de siempre; con la única diferencia de que han pasado a librarse las batallas en las calles en vez de en las Cortes Generales y parlamentos autonómicos. Batallas en las que, una excelente puesta en escena, hace creer a muchos que la fuerza vale más que la palabra, y el insulto más que la razón, y cuya consecuencia inmediata esta siendo el ascenso en intención de voto de los satélites del PP, como C´s, y quien sabe dada la tendencia ascendente en Europa de la extrema derecha, quién sabe si de Vox.

Y, al final, sucede lo que sucede: a mar revuelto, ganancia de pescadores, y quien más consiga llevar el agua de este totum revolutum en que se ha convertido la política a su molino, mayor rentabilidad política sacará, mientras los ciudadanos seguiremos chupando un palo sentados, como dice Serrat en una de sus canciones, encima de una calabaza.

 

 

 

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El via crucis catalán y la resaca de un pueblo dividido.

Fuente foto: Eldiario.es

Claro que resulta penoso lo vivido ayer  en Cataluña, penoso porque es el fruto de la falta de diálogo entre el gobierno del Estado y el Gobierno de Cataluña, no porque las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado hayan cumplido con su deber que, no es otro que cumplir y hacer cumplir la Ley, y consecuencia de ello, las órdenes dadas por los Tribunales de Justicia, sin que por ello se pueda justificar determinadas cargas, posiblemente desproporcionadas, al igual que desproporcionado ha sido el comportamiento de determinada parte de la población civil, promoviendo acciones violentas contra los garantes de la seguridad, eso sin contar la violencia que entraña querer cumplir con un derecho sin amparo legal como es la celebración de un referéndum contemplado constitucionalmente y desarrollado por la Ley Orgánica 2/1980, de 18 de enero, sobre regulación de las distintas modalidades de referéndum, cuya convocatoria corresponde exclusivamente al Estado.

La esquizofrenia política de la que adolece el govern catalán descalifica y privan de legitimidad a este espectáculo esperpéntico que hemos contemplado todos los españoles, hablando de la violación de derechos fundamentales con amparo en la Constitución de 1978, esa misma Constitución que ellos se tratan de cargar. En definitiva un uso acomodaticio de un derecho constitucional, según de donde venga el viento, para amparar pretensiones que dudo compartan la totalidad de los catalanes.

No sabemos si es peor la ignorancia o la osadía, lo que si es cierto que la segunda en la mayoría de las ocasiones es consecuencia de la primera, porque en este caso los secesionistas invocan el derecho internacional para justificar un referéndum prohibido por el derecho interno, ese derecho de naciones al que, efectivamente está supeditado el nuestro como es la Carta de Naciones Unidas, concretamente  su artículo 2, así como el artículo 1 del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos o a la propia Resolución 2550 de Naciones Unidas de 24 de octubre de 1970; porque si bien es cierto que estas Normas internacionales reconoce el derecho de la libre autodeterminación de los pueblos, sin embargo, este derecho está supeditado a la concurrencia de una serie de circunstancias que olvidan mencionar.

Un derecho de autodeterminación que estando reconocido a la población de los Estados, los fideicomisos y los territorios no autónomos, sin embargo, no autoriza, y mucho menos fomentan “acción alguna encaminada a quebrantar o menoscabar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes (…) dotados de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivos de raza, credo o color“.

Por otra parte, citan  los independentistas, entre ellos Oriol Junquera, como ejemplo la acción de autodeterminación llevada a cabo en determinados Estados de nuestro entorno europeo, citando como la más próxima la de Irlanda, cuando existe una diferencia fundamental con la de Cataluña, como es el hecho de que la Constitución Británica contempla este derecho de secesión, cosa que no hace la española. Por consiguiente, nada más podríamos invocar tal  si nuestra Constitución lo contemplase, lo cual impone su modificación para poderlo llevar adelante.

Frente a cuestiones legales, no debemos olvidar la razón como medio necesario para solucionar un problema que en este país se lleva arrastrando desde que la Constitución española fuese promulgada, que sin entrar en disquisiciones acerca del acierto o desacierto de la organización territorial del Estado en Comunidades Autónomas, basada en una pretensión de un Estado federal de saldo, que continuamente ha sido objeto de confrontaciones en un reparto de competencias y medios de financiación no iguales para todos. Razón cuyo imperativo es necesario en un momento en que las personas de dentro de Cataluña partidarias del independentismo y las de fuera, defensoras de la indivisibilidad constitucional del país, de la que también participan muchos catalanes, piensan más con las vísceras que con la cabeza, excrementando más que buscar fórmulas que supongan un acercamiento de posturas.

“Razón cuyo imperativo es necesario en un momento en que las personas de dentro de Cataluña partidarias del independentismo y las de fuera, defensoras de la indivisibilidad constitucional del país, piensan más con las vísceras que con la cabeza, excrementando más que buscar fórmulas que supongan un acercamiento de posturas.”


Ahora viene la resaca, que cesen los insultos, que cese la confrontación violenta, e impere la razón y el dialogo, eso es lo que pedimos muchos, catalanes y no catalanes, porque si la cerrazón de los protagonistas en esta historia, gobernantes y gobernados no cesa, si no se buscan alternativas estaremos en un contencioso que no cesará nunca, porque solamente hay un camino para legitimar cualquier tipo de actuación en un sistema constitucional que no es otro que el Estado de Derecho.

Eso que defiende algunos que para que venza la paz primero hay que hacer la guerra, no supone más que otra de la manifestación de la incontinencia diarreica de quienes quieren que impere el caos y la sinrazón sobre el orden y la convivencia pacífica. En este sentido recodar las palabras del líder de Podemos que se comprometió a la reforma de un sistema dentro del sistema, palabras que muchos de sus acólitos y seguidores parecen haber olvidado, incluso el propio Pablo Iglesias, quien prefiere últimamente ponerse del lado de la ruptura constitucional, pasando por encima de toda la oposición de Parlament en una promulgación de Leyes vetadas por sus propios servicios jurídicos.

 

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El diván de mi vecina. Dos razones contrapuestas

Como ya ha habido quien me ha tachado de machista por esta sección, bajo el argumento de que quien es protagonista pertenece al sexo femenino, quiero que me permitan hacer una pequeña reflexión que, no es otra, que afirmar que la estupidez no conoce de géneros, pero sobre todo dejar claro que yo no tengo la culpa de que mi vecina sea mujer y que tenga algún defectillo que otro, como también los tengo yo y, quizá más grandes que ella, al igual que tampoco tenga la culpa de que ella piensa de una manera muy distinta a la mía. Por eso he decidido hoy contaros mi último encuentro con ella del que he salido escaldado, pero no como un gato, quizá más inteligente que yo por aquello de que el “gato escaldado del agua fría huye”, sino como un hombre que tropieza, no sólo dos veces, sino trescientas o más veces, sobre la misma piedra. 

 

Todo empezó en uno de los muchos encuentros esporádico con mi vecina en el rellano de la escalera y en el hecho de equivocar lo legítimo con la falta de respeto, o lo que es lo mismo, las “churras con las merinas”, al aferrarme a los estereotipos, a los que se ha aferrado también ella en otras ocasiones, pero, como no supone un argumento válido apoyarme en algo que otra persona hace mal para hacer yo lo mismo, no quiero recordar aquí mis vivencias con ella y sus equivocaciones para justificar las mías, cada uno es responsable de lo que dice y de lo que hace.

Como en estos momentos parece haberse detenido la vida en nuestro país no  hablándose de otra cosa que de política y como el tema catalán lo tenemos presente hasta en la sopa, lo cual no deja de ser bueno aunque haya quien piense lo contrario, por el debate social que ha originado; salté como un animal, y nunca mejor dicho, sobre su presa, cuando a la espera del ascensor y ante el comentario de que la “están liando parda”, de arremeter contra ella calificándola de intolerante sin causa. “¿Sin causa?” contesto ella, “yo tengo mi causa, como tú tienes las tuya”, añadió. “¿Cuál es tu causa”?, pregunté yo ahora, a lo que me respondió de nuevo: “La unidad, el orden social, la convivencia en paz”. No hubo más palabras, llegamos al portal y dándome ella un beso de refilón en la mejilla, se despidió para seguir con sus cosas.

“Unidad, orden social, convivencia en paz”, fueron las palabras que durante toda la mañana estuvieron rezumbando en mis oídos con la misma fuerza con la que ella las pronunció, lo que hizo que mi cabeza no parece de dar vueltas a su significado, llegando al convencimiento que, aunque para ella no tenían el mismo que para mi, pues ya conocemos ambos y los que me leen nuestra forma de pensar; sin embargo el error fue calificarla de “intolerante sin causa”, pues legítimo es para ella pensar como le de la gana, al igual que yo, y luchar o defender su causa como  yo la mía.

Una vez me dijo alguien en respuesta a un comentario mío en las redes sociales la tendencia de muchos a hacer argumentos ad hominen, dicho de otra manera, recurrir a la descalificación cuando no se está de acuerdo con alguien, recurriendo a la falacia de minimizar la opinión del contrincante atacando a la persona en vez de al argumento, valga como ejemplo el opinar que por ser de derechas, vestir de una determinada manera, ser negro o blanco…, alguien no puede tener razón,

Pienso, y con esto creo no caer en falacia alguna, que nada nos puede otorgar más poder que el de la propia razón, que no es otra cosa que la capacidad que tenemos los seres humanos para que de acuerdo con nuestros conocimientos e información de la que disponemos establezcamos relaciones entre ideas y conceptos para llegar a formular una conclusión o un juicio sobre algo en concreto, haciendo que este juicio no tenga que caer en la descalificación para demostrar que estamos en lo cierto,  y que los que

 “Pienso, y con esto creo no caer en falacia alguna, que nada nos puede otorgar más poder que el de la propia razón”

no piensan como nosotros están equivocados. Aunque también, es necesario para no ofender a nuestro interlocutor que dicho juicio o conclusiones sean emitidos con el máximo respeto, y no me refiero al respeto del que muchos hacen gala, de decir “eres un necio o un tonto con todos mis respetos”, porque sólo el propio argumento si esta basado en la razón “nuestra razón”, es el que se tiene que abrirse camino ante la razón del contrario, y sino lo hace será porque la del contrario tiene la misma solidez y validez que la nuestra; o porque, y esto ya no tiene solución y suele suceder muy a menudo, porque el que tenemos enfrente tengan las entendederas tan mermadas que no vale la pena seguir hablando con él. Buena gana de peder el tiempo.

Es obvio que nadie somos perfectos, que nuestros conocimientos son limitados, que tendemos a globalizar lo que son nuestras convicciones, vivencias y pensamientos, sin darnos cuenta que más allá de nuestro pequeño mundo existen tantos mundos como el de personas existen en este planeta del que hemos hecho nuestro hogar. En eso se basa la tolerancia, en escuchar y argumentar con la mente tan abierta como para que nos podamos plantear en un momento del diálogo o discusión, que el otro puede tener razón.

Así pasé la mañana, dando vueltas a las palabras de mi vecina y a mi estupidez de no pensar que lo que ella piensa puede ser una causa tan legítima y válida como la mía, que dicho sea de paso, a estas alturas de la película creo que el que no tiene causa soy yo, porque pensar en un mundo sin fronteras y sin banderas, quizá sea algo tan utópico que luchar por ello sería como darme con la cabeza en una piedra. Así que, cuando volví a casa, antes de abrir la puerta para entrar en ella llamé a la de mi vecina reclamando me invitase a un café en el diván de siempre para poder disculparme de mi intolerable y estúpido comportamiento.

 

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El caos de España ante la fuerza de la sinrazón

N
o hay nada peor, al menos en este país, o tal vez tenga que decir todo lo contrario, que prohibir algo para que todo el mundo tienda a saltarse la prohibición, lo cual no deja de estar, en cierto modo, bien máxime en la piel de un ácrata como el que escribe estas líneas, entre otras cosas, porque la libertad del individuo es uno de los valores supremos que deben regir su vida.

 

Ahora bien, si quienes incumplen la prohibición no tiene otro fundamento que el empeño de oponerse al sentir mayoritario basado en una aparente legalidad, sólo aparente, el resultado que puede obtener es un auténtico caos, porque para ser libre y, por lo tanto, pretender el autogobierno, hay que tener, entre otras cosas la suficiente información y formación como para tender a un juicio justo y a una conducta respetable, incluso por lo que no piensan igual.

Por otra parte, resulta patético que quien demanda libertad suele ser el que menos respeta esta libertad, queriendo imponer su criterio por encima de todo y de todos, incluso utilizando armas no legítimas como son el insulto, la descalificación gratuita y la violencia, a veces física, y muchas veces verbal, como supremos jueces, pero sobre todo como verdugos de ideologías opuestas, pero no por ello válidas, siempre que se mueven en el contexto del respeto a la libertad de pensamiento que, no es otra cosa que el pensar, comunicar y difundir libremente nuestras ideas y opiniones de palabra o por escrito en cualquier medio y, sobre todo, sin atentar contra el derecho al honor y a la dignidad de la persona, así como a su propia imagen e intimidad personal.

Resulta obvio, y también legítimo, que el individuo defina su propia personalidad en la forma que estime oportuno, como una autodeterminación de los valores y principios que rigen su vida, repito, “valores y principios”, de la misma manera que la de los grupos sociales y políticos en los que se integra, como una decisión consensuada de los habitantes de un territorio o unidad territorial sobre su futuro estatuto político; pero ello dentro de un orden y con el respeto al que se ha aludido anteriormente, sino queremos desembocar en un estado de confusión y desorden; siendo por ello necesario  movernos en algunas de las siguientes líneas de actuación que, aunque contradictorias, tienden al mismo fin. La primera consistente en el desenvolvimiento dentro de un orden superior ya establecido con respeto a las normas que rigen la toma de decisiones que hacen posible una convivencia pacífica; y la segunda, estableciendo un orden diferente resultado del consenso con ese otro orden con el que se pretende romper, porque si no hay acuerdo de voluntades la confrontación es inevitable y la fractura social será tan grande como sean los cimientos que se tratan de remover.

Sentadas las anteriores bases, analizando la independencia pretendida de Cataluña no deja de ser un despropósito de consecuencias que, ni los que la pretenden como los que se oponen a ella, han calibrado; originando una falla en el terreno político y social, incluso judicial, de tales proporciones que cualquiera que sean los pilares en la que una y otra posición se sustente están abocados a un colapso donde resultaría imposible la construcción de un sistema diferente, así como el mantenimiento del existente y opuesto, en tanto en cuanto también es fruto de la autodeterminación aunque esta sea histórica, fruto de guerras, conquistas, fueros y acuerdos entre territorios separados e incluso enfrentados en guerras de  épocas pasadas, algunas no muy lejanas.

 

“la independencia pretendida de Cataluña no deja de ser un despropósito de consecuencias que, ni los que la pretenden como los que se oponen a ella, han calibrado;”

Así pues, la solución solamente puede ser una, el acuerdo de voluntades tanto por parte de los independentistas como del gobierno del que se pretenden sustraer, sin imponer por parte de unos y sin oponerse por parte de los otros, porque tanto una como la otra al estar basadas en la fuerza hacen que pierdan la razón, para dejar paso a actitudes violentas que, inevitablemente, a medida que vayan caminando van a generar más violencia, soterrando la razón a profundidades de las que cada vez va a resultas más difícil desenterrar.

Dicho de otra manera, el gobierno estatal, debería ser consciente de que el estado de las autonomías tal y como se concibió en una Constitución del 78, que hoy resulta obsoleta, está abocado al fracaso por moverse en el terreno de las medias tintas, de autogobiernos que no lo son y de competencias controladas que hacen imposible dicho autogobierno sin entrar no sólo en la confrontación entre el Estado y las Comunidades Autónomas, sino también de éstas entre si, al basarse en un nivel competencial y de financiación que a lo largo de los cuarenta años que llevamos de “pseudo democracia” hemos comprobado que no se han basado en un principio de solidaridad de reparto de los fondos de compensación territorial.

No sirve de nada judicializar lo que debe resolverse en el terreno de la política, y mucho menos pretender hacer valer un Estado de Derecho utilizando las porras y armas de las fuerzas y cuerpos de seguridad del país, deteniendo a diestro y siniestro a quienes pretenden una consulta legitima acerca de la autodeterminación, ni tampoco la fuerza de la calle y la provocación basada en adoctrinamientos políticos que, ni siquiera, aportan una información suficiente para que los ciudadanos, en este caso de Cataluña, puedan votar libremente, porque la libertad como se ha dejado claro anteriormente no consiste en hacer lo que uno quiere y menos por la fuerza y el insulto. Pero, esto es España y así somos los españoles, incluso los de Cataluña aunque no se sientan como tales, pues como dijo el hijo de un carpintero hace dos mil años: “por sus hechos los conoceréis”… y todos pagaremos las consecuencias.

 

 

 

 

 

 

 

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Afectadas por Forum Filatélico y Afinsa en huelga de hambre

Aunque el protagonismo del referéndum catalán el próximo 1 de octubre esta haciendo sombra a muchas de las noticias que están acaeciendo en nuestro país, la vida continúa siendo por ello que queremos sacar a la luz uno de los casos más sangrantes en la economía de más de un cuarto de millón de españoles que confiaron sus ahorros a las Entidades Forum Filatélico y Adfinsa y de la lucha de algunos de sus afectados que han decidido iniciar una huelga de hambre en demanda de justicia.

Después de más de once años ayer se inició el juicio contra los presuntos responsables del Forum Filatélico, para  los cuales la Fiscalía Anticorrupción solicita  27 años de cárcel por delitos de estafa, insolvencia punible y falseamiento de cuentas, en concreto contra Francisco Briones, como principal responsable, y contra los consejeros Miguel Ángel Hijón, Agustín Fernández, Francisco José López Guilarte y Juan Maciá. Permaneciendo fugado el empresario Carlos Llorca Rodríguez, también imputado en los casos Ballena Blanca y Malaya, quien se encargaba de desviar los fondos procedentes de los ahorros a paraísos fiscales.

Aunque el caso salió a la luz en el año 2006,  la citada entidad llevaba captando inversores en sellos de correos a través de sus comerciales repartidos por todo el territorio nacional desde los años ochenta con promesas de intereses muy superiores a las que ofrecía la banca, dentro de una estructura piramidal de la que también entró a formar parte Afinsa con un modelo de empresarial similar, con el fin de reforzar las rentas de los nuevos inversores que alcanzaron un total de 459.000 a los que ahora se adeudan más 6.000 millones de euros; resultando afectados más de 270.000 personas.

Forum Filatélico acumulaba 121,2 millones de euros cuyo valor iba encareciéndose de manera artificial a medida que se iban comprando empresas instrumentales que pasaban a formar parte de aquella, además de una maquinación empresarial consistente en una valoración sobrevalorada de los sellos superior a 5.247 millones, aunque su valor después de una valoración pericial independiente resultó ser once veces inferior, motivo por el cual las aseguradoras de Forum suspendieron sus pólizas en el año 2005. La OCU denunció que el valor de sellos no alcanzaba 16% de inversión.

Aunque en el año 2008, Mariano Rajoy señaló que: “Los poderes públicos tienen la obligación de atender a los afectados“, sin embargo el ministro De Guindos sigue negando la responsabilidad del Estado, motivo por el cual dichos afectados siguen demandando hoy justicia, habiendo iniciado  hace unos días tres de ellos, mujeres, una huelga de hambre en las proximidades del museo Reina Sofía de Madrid, pidiendo ser recibidos por el Gobierno y oídos por los Comisión de Investigación del caso.

Magazine Plazabierta.com ha contactado con ellas para que nos cuenten de primera mano cuáles son sus expectativas y demandas dentro del juicio recientemente iniciado, su estado de salud y hasta qué punto existe una implicación de los poderes públicos, haciendo de portavoz, Peña, quien nos responde a las siguientes preguntas:

¿Cuántas personas estáis de huelga de hambre y qué demandáis a la justicia y a los poderes públicos?

Somos tres mujeres las que hemos decidido iniciar esta huelga de hambre, Conchi, Carmén y yo para que se haga justicia con los afectados en sus ahorros, de lo que no ha sido una estafa, sino un EXPOLIO POLÍTICO FINANCIERO.

 

“no ha sido una estafa, sino un EXPOLIO POLÍTICO FINANCIERO.”

¿Cuáles han sido desde el punto de vista humano, las consecuencias de este expolio, según nos dices?

Muchas personas han perdido todos los ahorros de una vida, desgracia que ha ocasionado en muchos de ellos enfermedades, depresiones, muertes y hasta suicidios, al privárseles de aquellos por la intervención ilegal de las empresas Forum-Afinsa por parte del Gobierno de Zapatero.

¿Al parecer en esta huelga de hambre, una de vosotras padece una cardiopatía?

Así es, una de nosotras que, por salvar su intimidad no diré su nombre, padece problemas cardiacos.

¿Cuánto tiempo lleváis en huelga de hambre y como os encontráis?

Llevamos ocho días y, aunque nos sentimos muy débiles seguiremos luchando para que se nos resarza de las consecuencias de este expolio, debido a la intervención política de los Jueces de la Audiencia Nacional, Grande Marlaska, Garzón y Ruz.

¿Qué quieres decir por “intervención de los Jueces de la Audiencia Nacional”?

Fue enviada una carta por parte de la Inspectora de Hacienda, María Teresa Yábar Sterling,  prima del Ministro Moratinos y mujer de un encargado en arte del Banco de Santander, con esto te digo todo, denunciando ante la Fiscalía la actividad de las compañías FORUM FILATÉLICO y AFINSA, en el que “destapa” una presunta estafa filatélica, motivo por el que  los Jueces de la Audiencia Nacional dieron la orden de intervenirlas por creer que estaban haciendo de Financieras.

Después de once años, el pasado 22 de junio del año en curso, la administración concursal ha mandado un escrito al Juez de los Mercantil dónde reconocen que las empresas FORUM y AFINSA eran Mercantiles.

Por tanto NO hay ESTAFA ninguna.

¿Quieres añadir algo más que no te hayamos preguntado?

Quiero hacer referencia a un documento de un magistrado de lo Contencioso  Administrativo de la Audiencia Nacional, que resume  muy bien lo ocurrido, dando una pista de quién es el culpable de nuestra ruina. OJO , esto lo dice un magistrado, no un prevaricador, saquen ustedes sus conclusiones: “La lesión patrimonial que han sufrido los clientes de Forum y Afinsa se debe directamente a la intervención judicial de la otra Audiencia Nacional y a la situación de insolvencia que esa circunstancia provocó. Lo que sin duda habría sucedido con cualquier empresa, incluso del Ibex, si su plana mayor es detenida a lo Starsky y Hutch, y sus locales cerrados al público ¿O alguien cree lo contrario?”. NAVARRO SANCHIS Magistrado de la Audiencia Nacional, que se esta refiriendo a los jueces de lo Penal de la Audiencia Nacional

 Nos despedimos de Peña, sin que ésta pueda disimular su fatiga, deseando el éxito de la medida que han emprendido  a riesgo de poner en peligro su salud, así como a todos los afectados; pidiendo a nuestros lectores de la capital de España se desplacen al lugar en apoyo a estas tres valientes mujeres.

En el juicio recientemente iniciado, el  expresidente de Fórum Filatélico durante su declaración,  ha respondido a las preguntas del fiscal Juan Pavia, ante quien ha asegurado que Fórum Filatélico se dedicaba exclusivamente «a comprar y vender sellos», negando  la presunta estafa a 270.000 personas.

Durante el desarrollo del juicio, que se prevé que se extienda hasta las próximas Navidades, pasarán por el banquillo 28 acusados más.

El próximo martes, 26 de septiembre,  desvelaremos todos los pormenores de este caso tan sangrante para las personas que confiaron en unas inversiones a Fórum Filatélico y Afinsa dentro  del programa de radio Serendipiti guiado por María José Marín Berenguer a las 9,30 horas en el 106.4 de la FM, en el que también estaremos presentes algunos de los redactores de MAGAZINE PLAZABIERTA.COM, entrevistando a algunos de los afectados.

 

NOTA IMPORTANTE. La personas que se ha declarado en huelga han creado un grupo de WhatsApp para todos los afectados por el Forum Filatélico y Afinsa  en el móvil 626414947. No dudes en llamar porque la unión hace la fuerza.

ANUNCIO PROGRAMA RADIO

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Una España  dividida, corrupta y pobre

Después de cuarenta años intentando hacer de España un país moderno, democrático y autosuficiente, los españoles nos encontramos con todo lo contrario, tal vez porque las bases instauradas en aquel 1978 en que se aprobó la Constitución no fueron las acertadas, tal vez porque quienes han sido nuestros representantes, elegidos democráticamente en las urnas no hayan sido lo suficientemente dignos para el cargo, o tal vez porque los ciudadanos de Norte a Sur, de Este a Oeste, no hemos sido ni somos lo suficientemente democráticos como para aceptar las reglas del juego y estar a la altura de lo que se exige para una convivencia pacífica y de compromiso de unidad dentro de la pluralidad y multiculturalismo que forman los diferentes territorios que integran el país. Eso, sin olvidar, la continua contienda que en el intento democrático de la Segunda República dio paso a una guerra civil con sustento en un patriotismo de imposición y no de decisión.

Así es España, un país que, a pesar de un Texto Constitucional que proclama la unidad y la solidaridad entre todos los territorios o Comunidades Autónomas, sigue dividido e incapaz de ponerse de acuerdo, posiblemente por establecer en su origen un marco competencial diferente para las denominadas Comunidades históricas y el resto; con una mayor transferencia de competencias a las primeras, lo que posiblemente las haya llevado a considerarse diferentes, que lo son, sobre todo en cuanto a la pervivencia de sus derechos forales y/o de identidad territorial; y por ello la consecuencia del deseo de algunas de ser más fuertes e independientes que el resto.

Cierto es, que el camino de imposición de algunos de los territorios históricos basado en el concepto de autodeterminación, no ha sido el mismo, pues mientras en el País Vasco la violencia fue el camino seguido por los desalmados terroristas de la izquierda abertzale, secundado por parte de la sociedad civil, fruto de un nacionalismo radical; sin embargo, aunque en la contienda abierta por el pueblo catalán no ha existido una violencia tan extrema y mortal, se sigue el mismo criterio de imposición, lo que también se traduce en el mismo secesionismo a la fuerza y sin respetar las reglas básicas de convivencia que todos nos hemos impuesto, no ya con la promulgación de la Constitución Española, no aceptada por algunos y por otros considerada como obsoleta, pero sí mediante normas menores que amparadas en aquella, todos absolutamente todos, hemos discutido, votado y aceptado a través de nuestros representantes en el parlamento español, donde los nacionalistas no sólo han tenido representación, sino que además, han dado su apoyo para conseguir mayorías parlamentarias a gobiernos estatales elegidos en las urnas utilizando la contraprestación como pago a sus favores, obteniendo prebendas inalcanzables para otros, sobre todo en el tema de la financiación y en el ámbito competencial al que se ha hecho mención anteriormente.

En definitiva, el chantaje siempre ha sido el arma utilizada por los nacionalistas, y lo que para ellos un día fue normal y entraba dentro del juego democrático, también por ellos utilizado por conveniencia, hoy día no lo es. Dicho de otra manera, lo que en un tiempo les sirvió hoy no les sirve, amparándose en un Derecho Internacional que no sustenta de ninguna manera su pretensión de independencia, manipulando, por no decir engañando, a un pueblo sediento de cambios en un país donde la insatisfacción democrática ha sido el denominador común, sobre todo en el momento actual donde la crisis, no sólo económica ha dado al traste con el estado de bienestar, sino también la crisis de valores que nuestros representantes políticos han potenciado con una corrupción galopante permitida no sólo por los dos partidos políticos que se han sucedido en el gobierno estatal y  en los autonómicos, sino por los propios ciudadanos que, inexplicablemente vuelven a votarlos fruto de una desidia o apatía social, donde la resignación en vez de la indignación y la lucha por nuestros derechos, es el máximo exponente de la falta de formación democrática que hace que no nos impliquemos en los asuntos que a todos nos conciernen.

“En definitiva, el chantaje siempre ha sido el arma utilizada por los nacionalistas, y lo que para ellos un día fue normal y entraba dentro del juego democrático, también por ellos utilizado por conveniencia, hoy día no lo es.”

La vacuna democrática del 78 parece haber perdido su eficacia ante  un virus que a medida que ha pasado el tiempo se ha hecho inmune, y todo porque ni los gobernantes ni el pueblo han sabido y siguen sin saber estar a la altura de los valores y principios que rigen la convivencia plural en nuestro país, convirtiéndose y convirtiéndonos en demócratas de pacotilla incapaces de sentarnos a la misma mesa y hablar de nuestro futuro, de nuestras necesidades y diferencias. Pero esto es España, y así somos los españoles, lo mismo da donde hayamos nacido, vivido o estemos haciendo nuestra vida.

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El diván de mi vecina. Sálvame

De la vecina de enfrente no se puede prescindir por mucho que su carácter sea incompatible con el de uno, no sólo porque al enemigo hay que tenerlo cerca, incluso más cerca que a los propios amigos, conforme dijo Michael Corleone en la película “El Padrino II”, para de esta forma poder controlar sus movimientos y sorprenderle antes de que sea él quien nos sorprenda a nosotros con acciones que nos pueden perjudicar.

Aunque en este caso mi vecina no es un enemigo declarado o sin declarar, pero si un poquito peligrosa en cuento a sus prejuicios en contra de los que no pensamos como ella, más que todo porque su encasillamiento hacia las personas no responden a la realidad sino a la respuesta de su pequeño mundo mental e ideológico, donde la tolerancia no es su principal característica.

Además, la vecina de enfrente te puede sacar de vez en cuando de algún atolladero doméstico, como darte un poco de sal cuando se nos ha olvidado reponer la nuestra, dejarle una copia de las llaves para poder entrar en nuestro domicilio en el supuesto de olivarnos las nuestras en su interior o para que te recoja el correo cuando nos vamos de vacaciones, entre otros muchos supuestos. Éste fue el caso que ha dado pie a la historia que trato de contarles esta vez, en concreto el haberme quedado sin azúcar para un postre que estaba preparando para una cena doméstica con unos amigos.

Tal necesidad, me hizo apresurarme al domicilio de mi vecina con un vaso en la mano para que pudiera darme un poco de tan preciado elemento para los golosos como yo. Tras tocar el timbre no tardó mucho en abrirme la puerta, casi diría que estaba esperándome detrás ella, quizá porque su curiosidad al cerrar la mía, le hubiese llevado a echar un vistazo por la mirilla, aunque no puedo asegurarlo a diferencia de otras veces que había notado el ruido de la pequeña chapa que cubre esta óptica antirrobo y cotilla.

Como siempre, entre personas educadas los buenos días intercambiados de ambos fue seguido de la pregunta de ella, obvia tras percatarse del vaso que llevaba en mi mano como si estuviese pidiendo limosna: “¿que vecino, necesitas sal?”. “no vecina, necesito azúcar para endulzarme un poco la vida”, respondí; lo cual dio pie a que ella, dentro de su sarcasmo habitual añadiese: “¿Tan mal te van las cosas, vecino?.

Pude percatarme de su intención como siempre de estimular mi ego, motivo por el cual, dentro del autocontrol que estaba empezando a dominar tras la convivencia con mi vecina, la respondí con bastante sosiego en comparación a esas otras veces que consigue sacarme de mis casillas: “no vecina, las cosas me van estupendamente, sólo que tengo una cena con unos amigos esta noche, y me he quedado sin azúcar para el postre que estaba dispuesto a prepar”.

De repente, encontrándome sumido en este interrogatorio de tercer grado que suele ser costumbre en los encuentros con mi vecina, mi móvil empezó a sonar, comprobando en la pantalla que era la llamada de la pareja que había invitado a la cena, por lo que me vino el presentimiento que el compromiso no iba a poder hacerse realidad. Así fue, Nacho me llamaba para decirme que, inexplicablemente, Marta, su novia se encontraba indispuesta, motivo por el cual no podrían asistir a la cena, por lo que, tras pedirme mil y una disculpas, me pidió, asimismo,  pospusiésemos el encuentro para otro día en su casa.

Quitando importancia a la situación antes de colgar el teléfono, mi vecina con su vista de lince y oído de serpiente se percató del plantón que me acababan de dar por lo que no tardó en iniciar un nuevo interrogatorio: “qué ha pasado, vecino, ¿te han dado plantón?”, “así es”, respondí, “parece ser que una situación de fuerza mayor nos obliga a suspender la cena”, añadí.

Entonces qué plan tienes para esta noche”, me preguntó, de nuevo; “pues comerme lo que he guisado, yo solo, entre esta noche y mañana”. ¿Para qué se me ocurriría ser tan sincero, o más bien tonto?, pues conociendo las salidas de mi vecina más me hubiese valido decir cualquier otra cosa que me hubiese alejado de mi hogar, pero sobre todo del suyo. “¿Por qué no traes la cena aquí a mi casa y te acompaño?, yo pongo el vino y hago el postre”, me propuso. La verdad es que no me apetecía absolutamente nada, pero negarme a la propuesta hubiese resultado descortés por mi parte, así que acepté al no encontrar otra salida.

Me invitó a tomar asiento en el diván de siempre, que ya parece más mío que suyo, ofreciéndome un café mientras preparaba la parte de la cena a la que se había comprometido. Acepté el café con la condición de que ella también se tomase otro, “vale”, dijo ella, “pero, acompáñame a la cocina”, concluyó.

Sustituyendo el diván por un taburete de cocina, tuvimos una conversión intrascendental para lo que, habitualmente, suelen ser las conversaciones que tenemos, centrándonos tras hablar del tiempo en recetas de cocina, sobre todo de repostería y postres que es lo que peor se me da, por lo que aproveché bolígrafo en mano a tomar determinadas notas.

No tardó más de media hora en hacer una tarta de manzana, aprovechando el tiempo en el que ella ponía la mesa en ir buscar la cena que yo tenía preparada a mi casa. Tras hacer dos viajes de ida y vuelta entre domicilios, por fin nos dispusimos a cenar, elogiando ella durante el ágape mi buena mano con la cocina, lo cual agradecí enormemente como recompensa a mi trabajo, aunque para mi cocinar no supone ningún esfuerzo.

Empezando el delicioso postre que ella había hecho, que tampoco tardé mucho en valorar muy positivamente –les recuerdo que soy enormemente goloso-, se levantó de la mesa para encender la televisión, tras preguntarme si me importaba. La verdad es que no me gusta ver la tele mientras como, sobre todo cuando lo hago en compañía pues considero más interesante una conversación que el oír un ruido de fondo, pues salvo algún programa interesante, es para lo que uso este electrodoméstico, para meter ruido.

Pero, peor no podía ser la propuesta, habida cuenta que el canal seleccionado por ella lo tengo vetado en mi televisor,  por el chismorreo que llena las tardes entre semana y las noche del sábado. Creo que habrán adivinado a que cadena me refiero, así como el programa en cuestión cuya única diferencia entre ambas franjas horarias es la cursi expresión de “Deluxe” ulterior a su nombre diario, “Sálvame”, no sé si como petición de ayuda para quienes no soportamos este tipo de prensa más que amarilla, carente de todo tipo de ética; o porque quienes en él intervienen, algunos que se consideran periodistas, hunden en la miseria a personajes o personajillos que, aunque participan por su rentabilidad en él, deben ser salvados de la gran cantidad de mierda que arrojan sobre ellos, haciendo juicios de valor que quien ejerce el periodismo debería abstenerse de hacer, porque su única obligación es mostrar unos hechos dejando al espectador o lector, en su caso, que sea quien juzgue lo que se le expone.

“porque quienes en él intervienen, algunos que se consideran periodistas, hunden en la miseria a personajes o personajillos que, aunque participan por su rentabilidad en él, deben ser salvados de la gran cantidad de mierda que arrojan sobre ellos, haciendo juicios de valor que quien ejerce el periodismo debería abstenerse de hacer”


Ahora bien, si dichos “periodistas” de pacotilla deben ser criticados, peor son los que se atribuyen dicha profesión sin serlo, y no me refiero al título universitario que los habilita como tales, pues algunos no siéndolo, su conducta y profesionalidad, pero sobre todo su decencia, les hacen  más merecedores del mismo que a los que me he referido antes. Citar nombres sobra, porque todos, absolutamente todos los que participan en él como colaboradores, amén de la propia dirección, no pueden ser más pendencieros.

Sin embargo, hay una persona que, a la que a tales calificativos hay que añadirle otros como el de ignorante, en el sentido de carecer no sólo de conocimientos de cultura básica, sino de expresión verbal, exigencia mínima para alguien que pretende comunicar algo, pero sobre todo por la osadía y resentimiento con el que actúa, bautizada como la “princesa del pueblo”, cuando el calificativo que más le pegaría sería el de “princesa de las chonis”; además de esperpéntica y grosera, sobre todo cuando cuenta las cosas porque le “salen del…”, como ella misma dice.

Esta vez mi vecina coincidió conmigo, claro que no hablábamos de política, sino de determinados seres de la especie humana que han hecho de su vida y de la de los suyos un espectáculo -durante bastante tiempo de una menor-, sólo por venganza hacia el padre de ésta, primer amor de su vida por el que no fue correspondida, y que, aunque se lo pueda merecer no tiene sentido después de tanto tiempo, salvo que se haya convertido en una patología de su retorcida psicología. Creo que ya habrán adivinado a quien me refiero, ya que su nombre prefiero no pronunciar.

Aunque nuestro juicio negativo, el de mi vecina y el mío, sobre ella, pensamos que no podría empeorar, sin embargo, en este tercer o cuarto programa que estaba viendo por imposición, igual que los anteriores, aunque aquellos en alguna sobremesa en compañía de alguien con mucho interés en verlo; el colmo de los colmos o la falta de escrúpulos de esta mujer presa de la infamia del programa que la ha llevado al estrellato de la inmoralidad, predicable también respecto de sus fans y tele espectadores que sustentan este circo televisivo, creo que ha alcanzado su zenit al hacer un espectáculo de la enfermedad de la actual mujer de aquel, quien presa de una situación de enajenación mental, conforme relato de tan abominable princesa, intentó buscar en ella cierto cobijo a sus fantasmas psicológicos.

Queridos “belenistas” esta es vuestro ídolo, una fracasada del amor, porque ella es incapaz de querer a nadie más que a ella misma y de olvidar al torero, haciendo sangre de todo lo que rodea, incluso a su actual mujer enferma.

Ojala que su actual “el Miguel” no tenga que sufrir el precio de la fama y la perniciosa actitud de esta mujer.

Eso sí, prometo no volver a ver este programa, ni siquiera por dar satisfacción a aquellas amigas que, como mi vecina, me hicieron verlo en anteriores ocasiones cediendo al chantaje de su compañía; entre otras cosas porque no quiero volver a ser cómplice de la falta de escrúpulos de una cadena televisiva que siempre ha buscado el espectáculo en las flaquezas y desgracias del ser humano.

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El diván de mi vecina. Mi querida España

Hace unos días al salir al balcón con el objeto de comprobar el tiempo que hacía para  salir a la calle con la ropa adecuada debido a la variabilidad de la climatología en este verano, encontré el de mi vecina engalanado con la bandera patria,

lo cual no me sorprendió debido a la eliminatoria del campeonato de fútbol que el pasado sábado nos regaló un 3-0 en el partido de nuestra selección frente a la italiana, lo que a muchos nos hizo revivir la época dorada de cuando resultamos campeones del mundo en aquel mundial de Sudáfrica de 2010; pero no tardó mucho en disiparse mi pensamiento, pues encontrándome absorto en tales cavilaciones me hizo volver a la realidad los buenos días de aquella con la diplomacia que la caracteriza esbozando esa sonrisa que siempre me ha parecido forzada.

Como es de buen nacidos ser agradecidos le agradecí su saludo, devolviéndoselo de la misma manera, acompañado de la obligada pregunta acerca de la bandera, eso sí, con cierta ironía por mi parte, ya que desconocía su afición por el fútbol: “Qué vecina, ¿animando a la selección?. Su respuesta, frunciendo el entrecejo fue de sorpresa: “¿Qué selección?”: “La española, ¿cuál va a ser?”, respondí yo.

Agitando ella levemente la cabeza a modo de desconcierto, siendo conscientes ambos que estábamos ante un diálogo de besugos, con el fin de dar por terminada tanta interlocución volvió a lanzarme una nueva pregunta: “¿a qué te estas refiriendo vecino?”. Entonces me di cuenta que mi vecina no era aficionada al fútbol, sino que, ni tan siquiera, había visto el partido al que me estaba refiriendo, con lo cual mi nueva pregunta fue directa: “entonces si no se debe al fútbol, ¿cuál es el motivo para que tengas engalanado tu balcón de tal manera?”. “Pues cuál va a ser”, respondió ella, añadiendo: “la unidad de España”.

 

¿cuál es el motivo para que tengas engalanado tu balcón de tal manera?”. “Pues cuál va a ser”, respondió ella, añadiendo: “la unidad de España”.

 

Todo mi gozo en un pozo. Lo que prometía ser una interesante conversación sobre fútbol quedó en lo de siempre, en una confrontación política, a todas luces tan cansina como siempre pues de todos es sabido que la sintonía entre mi vecina y yo acerca de este tema, como en muchos, no es muy  buena, por lo cual decidí evadirla. “Bueno vecina, me tengo que marchar”, añadiendo en tono socarrón: “me parece estupendo que defiendas tus ideales y que presumas de ser española”.

Pero ella, habiéndose percatado de mi guasa, me  hizo el ofrecimiento que yo menos deseaba en ese momento: “pasa vecino, y te tomas con café rápido”. “No vecina”, respondí añadiendo: “gracias, pero no tengo tiempo”. Pero como ella sabe de mis costumbres volvió a acorralarme como si se tratase de una partida de ajedrez en la que estaba a punto de hacer el “jaque mate”, respondiendo: “que más te da tomártelo en mi casa que en el bar de abajo”.

Me había vencido con su astucia de mujer. “Bueno, vecina, paso pero no me entretengo mucho”.

He de reconocer que mi vecina hace unos estupendos capuchinos, con esa espuma que se te queda en el labio superior, a mí también en el bigote; pero para evitar que pudiera atragantárseme fui decidido a no entrar al trapo de sus cuestionamientos. Pero, mi equivocación, intentando desviar la conversación sobre su ortodoxa convicción acerca de la unidad del país, fue volver hacer alusión al mencionado partido de fútbol ensalzando la victoria y el juego de España, pues eso sirvió para retomar la conversación que ella había pretendido iniciar en el balcón. Así que, haciéndome tomar asiento en el diván de siempre mientras ponía en la pequeña mesa situada a mi derecha, llena de cuadros de su familia, pero sobre todo de ella en varias poses y escenarios, además de una pequeña bandera roja y gualda, me espetó a bocajarro: “estoy de los catalanes hasta el… cogote”, contuve la respiración ante tal pausa, pensando que iba a decir otra parte del cuerpo menos pudorosa; así que pensando que su cabreo no era tan grande le argumenté que no todos los catalanes eran iguales, ni que tampoco  todos deseaban la independencia.

Ya la montaron en la época de Azaña, siempre son los rojos quienes la montan”. Cogí aire para intentar que mi respuesta fuese lo más civilizada posible: “¿no será que los rojos, como tú dices, son los que siempre han luchado por los derechos civiles y por la democracia en este país?”. Su repuesta fue una carcajada llena de bilis. “Sí, matando a la gente como en Paracueyos del Jarama”.

La cosa se ponía complicada, prometiendo ser muy reñida para tan temprana hora, por lo que volví a retomar mi propósito inicial de no iniciar una guerra dialéctica, así que, contesté: “vecina lo peor de la guerra civil no fue en si la propia contienda, pues en ambos bandos murieron, incluso, hermanos de sangre, sino la muertes y la represión posteriores a manos de los vencedores sobre los vencidos”. Pero, ante argumentos tan manidos y desagradables, me tomé el café prácticamente de un sorbo, apresurándose a levantarme para no dar lugar a más discusión que, por otra parte, no era la primera vez que teníamos; pero sobre todo, porque me di cuenta que el problema no era mi vecina realmente, sino que ella es reflejo de la sociedad española donde si no se hace sangre de las ideologías no somos nosotros mismos, donde la confrontación es la tónica habitual, donde la negociación se convierte en imposición. Hoy es Cataluña, mañana el País Vasco, y hasta el condado de Treviño.

Adiós vecina”, fue mi despedida. Un adiós con mucha tristeza y decepción, por ella, por mí, por todos, viniéndose a mi cabeza la letra de aquella canción de la inolvidable Cecilia, que fue censurada  y cambiada por otra: “mi querida España, esta España viva, esta España muerta”

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La sombra de un payaso

Llevo buscando durante todo el día  la inspiración para contarles algo, pero por más que me estrujo mi cabeza lo único que consigo es escribir dos líneas, como ahora, y de pronto, todo se vuelve negro,  nada surge en mi cabeza, sólo la desidia de un fin de semana tirado en el sofá viendo películas sin final para no pensar en nada.

Un buen amigo me dijo un día que la mejor fuente de inspiración es escribir sobre lo que a uno mismo le gustaría leer, saber o conocer. Pero nada, el paisaje de mi cerebro esta yelmo, sin pizca de vida. Sino fuera porque mi tenacidad me hace seguir pensando en algo que escribir, diría que hoy tengo el encefalograma plano.

Pienso en cosas impactantes, en las últimas noticias, en lo más visto y sobre lo que más se habla en las redes sociales. Empiezo a tirar del hilo, pero nada, vuelvo a darme contra ese muro que no me deja ver la vida hoy. Intento tirarlo, pero no puedo.

No quiero caer en el pesimismo e intento dejarlo, cerrar el ordenador esperando a que las musas vuelvan, pero hoy han pasado de mi, quizá porque mi cabeza necesita descansar de esta vida que a veces me cansa, me extenúa por la rapidez con la que suceden las cosas, por la simplicidad con la que todo se juzga, por los radicalismos de moda, por la opinión sin fundamento, porque se pasa de lo blanco a lo negro, sin que, ni siquiera nos percatemos de la enorme cantidad de colores y de matices que hay entre uno y otro.

Me pregunto si vivir tan deprisa beneficia al ser humano, no como individuo, que también, sino como ser sociable. Es tan trepidante la vida que ni siquiera nos percatamos de quienes nos rodean sino es para satisfacer nuestro propio ego, nuestra necesidad social de sentirnos acompañados porque nos da miedo estar solos, escuchar la voz de nuestra conciencia, los latidos de vida, pero sobre todo de amor, de nuestro corazón, de reflexionar si el camino que estamos andando es el correcto porque nos da miedo salir de nuestra zona de confort.

Sigo pensando en que escribir, sin darme cuenta que ya lo estoy haciendo, quizá porque lo que veo no me gusta, y aunque lo estoy plasmando en palabras siento que se borran nada más escribirlas, convirtiéndose lo que quiero que sea una línea argumental  en residuos de palabras sin sentido.

No pretendo juzgar a nadie, ni siquiera a mi mismo, porque si me juzgo quizá no llegue a buen puerto, porque el psicoanálisis no me gusta, porque me cansa sentenciar la vida propia y ajena: porque todo está clasificado, metido en cajas que si las abres quizá en la mayoría de ellas salga el apestoso olor de lo que con el tiempo se pudre.

Al final, empiezo a ver luz. Empiezo a vislumbrar algo en el fondo de mi cabeza, intento precipitarme hacia ella para que no desaparezca, para que no se desvirtúe en la negritud de mi abulia. De repente, como el que llega al final del túnel,  lo que antes era oscuridad absoluta ahora es una intensa luz blanca, radiante, pero que me impide ver con claridad lo que se oculta en el centro de mi pequeño universo.

La precipitación se transforma en una moviola a cámara lenta, una moviola que no es la primera vez que me ofrece la misma imagen, un payaso sentado sobre la lápida rota de una tumba de un cementerio en ruinas. Intento ver sus tristes facciones ocultas bajo la pintura de su maquillaje circense. Me acerco más a él intentando combatir la luz que me deslumbra y cuando estoy a penas a un palmo de su cara la intento tocar sintiendo en la yema de mis dedos el frio del espejo donde se esconde esa imagen.

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El diván de mi vecina. El anonimato del dolor

Cuando le conté a mi vecina el milagro que había experimentado en primera persona tras mi visita de la semana pasada a otra vecina, sentí que por primera vez estábamos compartiendo un mismo sentimiento sincero pues le vi alumbrar por su lagrimal una corriente de lágrimas que me hizo ver en ella su buen sentir hacia a mí, a pesar de nuestras “controversias” ideológicas. Pero tuvo que surgir, como siempre, lo imprevisto, para que, como era habitual entre los dos, explotase la batalla de periodicidad semana que solemos mantener.

Desgraciadamente, siempre tiene que surgir algún tema que por su trascendencia surja el debate social, puesto que, cuando algo se sale de lo normal, es lógico que todos nos preguntemos sus motivos, causas y efectos, independientemente de la unión ciudadana frente aquello que pueda perturbar nuestra zona de confort social, y por el sentimiento que nos une en relación a las inocentes víctimas que, como en nuestro caso, han perdido su vida o han resultado heridas en los últimos atentados yihadistas perpetrados en Barcelona y en Cambrils hace poco más de una semana.

Sí, éste, dolorosamente, ha si el motivo de la nueva confrontación entre mi vecina y yo,  haciendo que se desvirtuaran los efectos del milagro al que me he referido al principio, habiéndome devuelto a lo terrenal las inevitables flaquezas y/o pecados capitales del ser humano, entre ellos la soberbia de querer superar en razón a nuestro adversario con el carácter de verdad absoluta.

La chispa que hizo que surgiese el desencuentro fue la pitada al rey y a Rajoy en la asistencia a la manifestación del pasado sábado en Barcelona, en mi opinión merecida, independientemente del dolor o sufrimiento al que me he referido anteriormente, puesto que, actos multitudinarios de unión fraternal de los ciudadanos no pueden, ni deben, capitalizarse ni ideológica, ni políticamente. Nadie, salvo los propios ciudadanos deben ir a la cabeza de este tipo de manifestaciones. Nadie, absolutamente nadie, nos debe representar frente a un dolor que, aunque generalizado, es algo que pertenece a lo más interior de la persona, lo que suele denominarse como su fuero interno. Y esto también lo hago extensible a las autoridades catalanas que estuvieron presentes.

“actos multitudinarios de unión fraternal de los ciudadanos no pueden, ni deben, capitalizarse ni ideológica, ni políticamente”



Intolerable, absolutamente intolerable lo de los independentistas en Barcelona, que han convertido la manifestación por los atentados en un acto de político en pro de la separación de España”…. Se hizo el silencio, pues tal afirmación en cierto modo produjo en mi un cierto desasosiego debido a que la respuesta que asomaba en mi cabeza no quería que se convirtiese en una manifestación en contra de la unión frente al terrorismo, sea del carácter que sea. Así pues, intentando adornar algo que sólo era un embrión en la comunicación verbal, le conteste: “vecina, ¿sólo fueron los independentistas lo que silbaron al rey y al presidente del gobierno, o fue una manifestación del sentir minoritario ante un sistema que, como el nuestro, fabrica armas para gobiernos que financian al yihadismo?…. “Que barbaridad estas diciendo vecino”, sentenció ella.

Ahora se yo que pensar es de bárbaros, pero sobre todo el hecho que,  decir algo que es real sea calificado de barbaridad. ¿Por qué? y ¿para quién, es una barbaridad?. Al parecer más de los que me pensaba son iguales que mi vecina, pues no fue la única en recriminarme lo dicho; pero también siento que yo no estoy solo. Y si por decir que ya es hora que los políticos y el rey se mezclen entre los ciudadanos cuando se trata de una manifestación de dolor y repulsa hacia el terrorismo, cuyas connotaciones religiosas, en nuestro caso, no dejan de ser una tapadera de otros intereses más perversos de lucha por el poder, no siendo siervos de su Dios los terroristas -que escribo con mayúsculas por respeto a tal deidad-, sino del capitalismo por participar en un mercado de ventas de armas que otros, a pesar de darse con el puño en el pecho, fomentan.

A todo lo que dije mi vecina, por supuesto, hizo oídos sordos, como seguro lo harán muchos que leen estas palabras, pensando que sólo los radicales, perroflautas o no piensan como yo, pero no está mal porque por lo menos, como he dicho antes no estoy sólo en pensar que la “pitada” hacia el rey y Rajoy no lo fue por su oposición a la independencia de Cataluña, sino por la rentabilidad que sacan de tales actos. No obstante, antes de irse mi vecina me preguntó “¿dónde dejas la unidad por las víctimas?“. Mi respuesta en este caso fue inmediata: “en el corazón de cada uno de los que estaban en la manifestación de forma anónima y en los que sin asistir a ella por la razón que fuese, condenamos con toda energía este tipo de actos uniéndonos al dolor de los familiares y amigos de las víctimas y de los propios heridos“.

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El diván de mi vecina. Los ojos del alma

Hoy he decido ser infiel a mi vecina de enfrente, pero que conste que no lo hago con acritud como decía aquel presidente del gobierno socialista que llevó al PSOE a la derecha, ni por falta de talante como dijo también su colega de las cejas arqueadas, no. Aún a pesar de que no coincidamos en nuestras opiniones en muchos temas de candente debate social, yo aprecio mucho a mi vecina, será porque soy masoquista y, como dije en otra ocasión,  me gusta meterme en todos los charcos, sin aprender aquello de que el “gato escaldado del agua caliente huye”. Pero sobre todo porque el roce lo hace todo, y que nadie lo coja por el sentido que no es.

 

Pues bien, mi “infidelidad” tiene su razón de ser -esperando no defraudar a mis lectores-, ya que que me he visto obligado por las circunstancias a sustituir el diván de aquella por el de otra vecina, en  este caso la del piso de abajo, porque quiero hacer partícipes a todo el mundo de algo asombroso, quizá milagroso, sino fuera porque lo ocurrido se debe a la pericia de un doctor y, por supuesto, al avance de la medicina, independientemente de que su mano haya sido dirigida o no por la providencia divina.

Sin entrar en detalles sobre la ciencia médica, porque aunque se me han contado alguno de ellos, seguro que metería la pata al trasmitirlo a ustedes, con lo cual es preferible ir al grano y contarle el fruto de la intervención del mencionado doctor en oftalmología que ha hecho que mi vecina (la de abajo) después de más de diez años de pérdida total de visión por un accidente la haya vuelto a recobrar, aunque tiene que utilizar  unas gafas de “culo de vaso” para hacer su vida diaria, esperando una segunda intervención para poder reducir sus dioptrías.

Creo que el hecho, de por si, es tan importante que merece la pena ser contado, pero, aún hay más, como es lo que salió de su boca cuando la fui a visitar tras enterarme en mis cotilleos con la de enfrente de tan milagroso acontecimiento. Lo que me ha llevado a hacer ciertos razonamientos, pero sobre todo a hacer una crítica del ser humano en su globalidad y, por supuesto, de mí mismo, porque poco difiero del resto en lo que a ciertos comportamiento se refiere, sobre todo al egocentrismo del que muchas personas adolecemos, creyéndonos la mayoría de las veces el centro del universo.

Mi nueva vecina, en estos lares, con un gozo y felicidad que no había visto nunca en perdona alguna–no es para menos-, pero sobre todo con una paz inmensa, agradecía al universo como totalidad de la existencia del ser y del estar, el milagro que la medicina había operado en su persona. Estaba exultante de felicidad por lo ocurrido, pero sobre todo, no porque había recobrado la vista en sus ojos, sino también en su alma.

Me contó que durante los años en que había estado sin visión, las turbulencias de su alma, le había llevado a ennegrecer su espíritu por una grave depresión motivada por la pérdida de visión, de la cual fue saliendo a medida que empezó a aprender nuevas cosas, como moverse en la oscuridad con la ayuda de su bastón que todavía conserva para no olvidar tan amargos momentos, a leer en braille y a ganarse la vida vendiendo el cupón en una esquina del viejo barrio en el que vivimos. Pero, sin darse cuenta, añadió, fue aprendiendo a sentir al mundo de otra manera, y como todo depende del color con el que se miren las cosas y, aunque el color con el que ella veía era negro, poco a poco empezó  a ver en su interior los colores de su nueva vida, agradeciendo estar viva del accidente que le robó su visión.

” fue aprendiendo a sentir al mundo de otra manera, y como todo depende del color con el que se miren las cosas y, aunque el color con el que ella veía era negro, poco a poco se empezó  a ver en su interior los colores de su nueva vida, agradeciendo estar viva del accidente que le robó su visión.”

Me dijo, como al palpar la cara de las personas que conocía antes de quedarse ciega, las empezó a ver y sentir de diferente manera, no sólo intentando mantener su imagen a través del tacto, sino que era capaz de ver en su interior, y en el silencio de la oscuridad, sentir sus tribulaciones y sus alegrías. Y, ahora, que la luz ha vuelto a sus ojos su agradecimiento al universo no se debe tanto a este hecho sino a que su visión era muy superior a la de antes, a pesar del grosor de las lentes de sus gafas; porque había aprendido a ver el mundo desde el interior y a las personas con el amor, la fraternidad la comprensión y la tolerancia que hacen que todo adquiera un nuevo significado.

Entonces, me di cuenta de mi desgracia, porque ahora el que estaba ciego era yo; mejor dicho, lo había estado siempre, pero no me había dado cuenta, porque lo que veían mis ojos era una ficción por mi creada, de sentir y vivir las cosas con arreglo a mi tamiz. Ojalá esta sensación fruto de la lección de vida  que me había dado mi vecina permanezca en mi durante el resto de mi vida. Ojalá que el mundo aprendiese a ver con lo ojos de mi vecina, porque todo funcionaria mejor y nos ayudaría a comprender a nuestros semejantes, incluso a mi intolerante vecina de enfrente, porque yo también lo soy, a veces. Pero sobre todo porque sus pensamientos, equivocados o no, son el fruto de su vida, de su experiencias o de su aprendizaje, y también de su soledad y de su edad madura.

Me despido de mi vecina de abajo después de abrazarla sintiendo su cuerpo y su alma, y darle un fuerte beso en la frente, en señal de agradecimiento por lo que me había enseñado sin darse cuenta, y me apresuro a subir las escaleras para no perder tiempo esperando al ascensor para a contarle a mi vecina, la de enfrente, la que todos ya conocéis: de que yo también había recobrado la vista.

 

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Unidad, pero también responsabilidad frente al terrorismo

Fuente: ABC

Ya pasaron los dos días oficiales de luto por los atentados de Barcelona y Cambrils, aunque con dos días no es suficiente para que la mayoría de los ciudadanos de este país podamos sacar la pena que llevamos en el interior por tales atrocidades cometidas por unos niñatos fanáticos cuyos cerebros fueron “lavados” por un imán de Ripoll, un pequeño pueblo de la provincia de Gerona, de apenas diez mil habitantes, Abdelbaki Es Satty, conocido como “el curilla”, encargado de su adoctrinamiento para perpetrar un atentado a gran escala, posiblemente en la Sagrada Familia de Barcelona, si no hubiera sido por la explosión del chalet donde estaban fabricando los explosivos en la localidad de Alcanar.

Resulta necesario volver a la normalidad y dejar lo sucedido en el recuerdo, “un mal recuerdo”, dijo la vicepresidenta del gobierno en su visita a Barcelona al día siguiente de lo sucedido; como si fuésemos máquinas que pudiésemos programa nuestro cerebro. Pero, no nos cabe otra, después de haber quitado el luto de la banderas, insignias oficiales y en los medios de comunicación, incluidos los perfiles de las redes sociales, webs y en un sin fin de manifestaciones y altares improvisados, en memoria de las víctimas y sus familias, que tendrán que vivir con el pesar de a quien se le arrebata una o varias vidas,;así como de los accidentados, todos ellos con secuelas para toda su vida, sino físicas sí psíquicas que, posiblemente, les robe el sueño durante el resto de sus noches, así como la paz necesaria para poder llevar adelante la ya de por sí, vida estrenaste, de quienes vivimos en un mundo cada vez más deshumanizado y lleno de radicalismos y confrontaciones, donde los valores y la fraternidad con nuestros semejantes brilla por su ausencia.

Pero, sin duda, ha llegado el momento de que nos preguntemos el “porqué” de estos atentados, así como, si quienes están encargados de velar por nuestra seguridad han hecho lo necesario para que tales hechos se hubiesen podido evitar o al menos minimizar sus efectos.

Estos dos días que han pasado hemos oído en los medios de comunicación, como los responsables políticos, entre ellos, los encargados de la cartera de interior tanto a nivel estatal como en la respectiva Consejería dentro de la Generalitat, en cierto modo han justificado la imposibilidad de evitar lo que ha sucedido, en primer lugar haciendo referencia al hecho de que el riesgo cero no existe, y en segundo lugar porque los autores de tales actos actúan con la cobardía de quien ha declarado la guerra a occidente pero sin dar la cara.

“Pero, sin duda, ha llegado el momento de que nos preguntemos el “porqué” de estos atentados, así como, si quienes están encargados de velar por nuestra seguridad han hecho lo necesario para que tales hechos se hubiesen podido evitar o al menos minimizar sus efectos.”

 

Pero, también en este breve espacio de tiempo que ha transcurrido desde que se han perpetraron los atroces actos se han ido descubriendo una serie de datos que evidencian que los responsables de nuestro seguridad han cometido ciertos errores que, si no pueden elevarse a la categoría de negligentes, sí podrían tacharse de cierta irresponsabilidad o al menos relajación en su cometido, que no es otro que minimizar al máximo los daños que, ante un posible atentando, pueden ocasionarse:

1.- El miércoles 16 de Agosto se produce una explosión enorme en un chalet de Alcanar que se escuchó a varios kilómetros a la redonda. Los Mossos declararon esa explosión como “accidentental” por “acumulación de gas”. Al parecer, la Guardia Civil de San Carlos de la Rapita acudió inmediatamente, pero los Mossos no les dejaron ni entrar.

2.- En la casa de Alcanar aparecieron más de cien bombonas de butano y varias de acetileno. Los testimonios del vecindario daban cuenta de que la casa estaba “okupada” por un gran número de árabes. Los Mossos no consideraron otra hipótesis que la del accidente y no comunicaron ni a la Guardia Civil ni a la Policia Nacional este incidente ni les dejaron investigar. Uno de los ocupantes de la casa resultó herido y fue trasladado al hospital. Nadie le interrogó ni mucho menos le detuvo en ese momento. Ya después del atentado de Barcelona descubrieron en la casa restos de triperóxido de triacetona (TATP), el explosivo usado por las células yihadistas y cuya fórmula de fabricación difunden en sus páginas web. Ese dato hubiera puesto inmediatamente a los ocupantes de la casa en relación con un atentado.

3.- Una furgoneta irrumpe en Las Ramblas a gran velocidad. Ello es posible porque no existían barreras en la zona peatonal pese a que la Policia Nacional recomendó instalarlos antes de Navidad. Los Mossos y la alcaldesa de  Barcelona, Ada Colau, se negaron a la instalación de bolardos, maceteros u otros obstáculos, bajo la justificación de que no pueden poner barreras en todas las calles de Barcelona, cuando todos sabemos que los atentados de esta naturaleza se están cometiendo en todo Europa en las calles de más concurrencia de peatones.

4.- En la “operación jaula” una agente de los Mossos resulta arrollada por un coche. El compañero abre fuego contra el vehículo que aparece abandonado en la localidad de Sant Just. Se informa de que el conductor ha sido abatido por los disparos del agente y que ha muerto por impacto de bala. Luego se descubre que el difunto estaba sentado en el asiento del copiloto y que murió por apuñalamiento de arma blanca. El vehículo no tenía ni un solo impacto de los diez tiros disparados. Pasadas diez horas se dan cuenta de que el difunto no tenía nada que ver con el atentado y que el conductor está huido.

5.- Se descubre que todo empezó en una mezquita de Ripoll, en la que actuaba como imam un marroquí ex presidiario de la cárcel de Tarragona, Abdelbaqui Es Satti, del que se sabía que había teñido relación con los terroristas del 11-S. Ripoll es un pueblo de 10.000 habitantes en el que, por lo visto, las autoridades de Interior de Cataluña no sabían qué clase de tipo andaba dirigiendo una mezquita.

Como puede verse, la seguridad no ha funcionado como tenía que funcionar, ni los servicios de inteligencia sobre todo cuando el nivel de alerta ante un atentando estaba en la categoría 4 en una escala del 1 al 5.

Es evidente, claro está, que la policía de “a pie” ha sido la que ha dado la cara y la que se ha jugado “el tipo” en estos trágicos sucesos, cuya labor, por lo tanto debe ser ensalzada, pero no así la de sus responsables o la de los servicios de inteligencia; sin olvidarnos de el afán de las autoridades catalanas y responsables de los Mossos de excluir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de la investigación de este atentado; tratándo de presentarse ante el mundo como un estado independiente; y fingir una eficacia muy lejos de la realmente demostrada. En definitiva han querido hacer política con 14 muertos y 100 heridos

Desde luego, que debe haber unión ante el fanatismo yihadista, contra estos hijos del diablo y del terror que dicen ser hijos de Alá, que sacrilegio; y cuya finalidad no es otra que desestabilizar el mundo, quizá para que los padres de la guerra y quienes fabrican sus armas sigan viviendo de este negocio en el cual participan muchos de los países occidentales.

 

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El diván de mi vecina. Ave María Purísima

Los contrastes de mi vecina cada vez me sorprenden más. De feminista recalcitrante de hace sólo una semana a católica beata. Y no es que me parezca mal o me moleste este último papel que ha asumido, porque, como no puede ser de otra manera cada uno es libre de pensar lo que le dé la realísima gana, aunque hay muchos y muchas que la tolerancia que piden para los demás no va con ellos. Éste es el caso de mi vecina.

Nunca he manifestado abiertamente mi sentido o creencias religiosas porque pienso que eso forma parte de mi intimidad, claro está, salvo a las personas más cercanas a mi y, discúlpenme si sigo manteniendo esta postura, creo que lo entenderán. Pero mi vecina no lo entiende, es más, con ella, con la que no suelo tener muchas reservas –no se si a partir de este momento seguiré con esta misma actitud-, porque ha llegado a tacharme de “rojo ateo”, simplemente porque le he manifestado que no entiendo esos contrastes que evidencian sus creencias, aparte, claro está, de las contradicciones que manifiestan. Ahora bien, si de lo que se trata es de tener una moral acomodaticia cogiendo lo que le parece de cada cosa, entonces no tengo más que decir.

La cuestión es que mi vecina que no suele pisar la iglesia salvo en ocasiones que así lo exijan por eso de que hay que mantener una compostura social o apariencia ante los demás, dígase, en entierros, bautizos, bodas y demás ceremonias en las que hay que cumplir con las personas más próximas; hace unos días que la vi entrar en la parroquia del barrio, motivo por el que mi lado femenino de curiosidad insaciable cuando no entiendo bien ciertos comportamientos, decidí seguirla y, medio a escondidas.

Penetré también en el templo, quedándome en los último bancos en actitud de recogimiento pero sin perderla ojo, mientras ella avanzó a las primeras filas, y tras santiguarse, se puso de rodillas tapándose la cara con las dos manos. Nunca he entendido porque hay que taparse la cara para entrar en trance con el más allá.

En dicha actitud permaneció un buen rato, o al menos eso me pareció a mi, porque el tiempo se me hizo un pelín largo, hasta que la final volviéndose a santiguar, se incorporó y dirigiéndose a una capilla que hay en un extremo, introdujo varias monedas en un portavelas moderno, en el que, en función de las monedas que iba metiendo se iban encendiendo las lucecitas de  las velas de plástico, alzando a continuación la vista a la imagen de un Cristo crucificado que siempre, desde niño, me había dado un poco de miedo por lo ténebre del lugar y por el sufrimiento que transmitía su cuerpo lleno de girones y sangre, y cuyos ojos medio entornados y con semblante rígido parecen obsérvate con una mezcla entre benevolencia y clemencia.

Tras haber hecho el trueque, me imagino, de yo te doy a cambio de que tú me des -interpretación que siempre he dado a este mercantilismo eclesiástico-, volvió de nuevo a santiguarse, por tercera vez, a la vez que abandonaba dicha capilla dirigiéndose a la salida.

Me apresuré a salir antes que ella para que no me pudiese ver, sentándome a continuación en uno de los bancos del parque próximo al templo por el que era obligatorio pasar, disimulando con el móvil en la mano, como si estuviese mandando un mensaje a alguien, con el objeto de hacerme el encontradizo con ella y averiguar su repentina actitud tan beata.

Así fue, mi vecina se percató de mi presencia y se dirigió al banco en el que fingía descansar aparentando de no enterarme de nada de lo que sucedía a mi alrededor, y tras el intercambio obligado de saludos, le manifesté que no me había percatado de su presencia en la zona, a lo que me respondió que no es que estuviera ya en el parque, sino que venía de la parroquia de hacer unas gestiones. “¿Gestiones?”, le pregunte, expresión que parecía corroborar esa forma mía de ver la oración llena de peticiones interminables a cambio de una cuantas monedas; manifestándole con cierta sorna, “hija parece que vienes de una gestoría en vez de una iglesia”. Broma que no aguantó y que le llevó a juzgarme de la manera que he indicado antes. “Vecina, no te pongas así”, añadí intentando apaciguar la situación.

Más calmada, tras unos segundos de silencio tenso, me respondió aunque con cierto desaire: “sí, gestiones”, las mismas que hacéis vosotros para jorobar a una institución como ésta que tanto bien hace a la sociedad. “¿Nosotros?” la interpelé con cierto asombro. “Si vosotros, los de la izquierda”, contestó.

Mi buen talante se iba transformando por momentos en un cabreo que me iba carcomiendo por dentro, por lo que mi respuesta obligada fue la de pedirle que no me metiese en el mismo saco que al resto de la humanidad a la que estaba condenando a las penas del infierno por no tener ni la misma conducta ni las mismas creencias que ella, volviéndola a interpelar con una nueva pregunta: “¿y que hacemos, según tú, para jorobar a la iglesia?”. Se quedó pensativa un breve momento, mascullando la respuesta: “intentar quitarle las ayudas, exenciones y beneficios fiscales que tiene”.

“¿y que hacemos, según tú, para jorobar a la iglesia?”. Se quedó pensativa un breve momento, mascullando la respuesta: “intentar quitarle las ayudas, exenciones y beneficios fiscales que tiene”.


Mi asombro iba in crescendo por el juicio al que estaba siendo sometido, como si fuese el único culpable anticlerical del mundo. “Yo no quito nada a nadie”, le dije, añadiendo: “de todas formas, Jesucristo dijo: dar a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar, aunque entiendo que, como institución debe sobrevivir, pero para eso está la caridad”, concluí a la vez que me despedí de mi piadosa e intolerante vecina. “Adiós vecino”, me contestó con desairé mientras abandonaba el lugar, zanjando el tema con la única frase con la que quienes no tienen razones suelen terminar sus interpelaciones: “contigo no se puede hablar”.

Y allí me quedé, como un pollo al que le quitan el cuello después de haberlo desplumado, susurrando para no crispar más los ánimo: “Ave María Purísima”. Pero ella me contesto: “sin pecado concebida”.

Feliciano Morales
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

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