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Historias escritas por Colaborador

Los zapatos de Sabine

Los zapatos de Sabine

© Amparo Perianes

El sufrimiento de la desesperación

Dejadme sufrir en paz..

Las personas que deciden terminar con su vida no son diferente al resto. No existe un perfil del suicida. Los espirituales, esos que viven en comunión con Dios dicen que el suicida es un Espíritu cobarde e ignorante que huye a los compromisos adquiridos en la Espiritualidad, como medio de rescate de su propio pasado; destruyendo un cuerpo que no le pertenece, ya que es una obra de Dios. Que simple razonamiento,

¿Es un valiente o un cobarde el que decide quitarse la vida?. El suicida ni es un loco ni un valiente ni un cobarde. Sin embargo, constituye un problema de salud pública, ya que cada año un millón de personas en el mundo se suicida; es decir, cada 40 segundos muere un individuo por su propia mano.  El suicidio ocurre en un individuo normal que está enfrentando una situación difícil, complicada, dolorosa; el suicida es una persona que sufre, y tanto es su sufrimiento que prefiere no vivir para no sufrir. Sus notas más notables son el sufrimiento y la desesperanza”.

Una fuerte desesperanza, que no depresión, porque la depresión, no es condición para que se dé el suicidio, es la desesperanza, cuando ya no espera nada de nada ni de nadie…, es un desamparo aprendido que no puede cambiar su entorno, porque hace las misma cosas, de la misma manera, y sigue frustrándose, sigue fracasando en la forma en que enfrenta su vida.

No hace más de un año un amigo mío, extremadamente religioso, decidió quitarse la vida. ¿Por qué tomo esta decisión?, ¿por qué un hombre temeroso de Dios y amante de la vida decidió poner fin a todo?. La desesperanza ante una grave enfermedad con dolores insoportables parece que fue la causa.

Quizás alguno de nosotros haya sentido algo parecido a esto, o puede que no nos imaginemos qué pasa por la cabeza de quien se plantea la posibilidad de quitarse la vida. Probablemente la mayoría no entendamos nunca cómo puede llegar alguien a suicidarse. Es por ello que queremos acercaros  una realidad muy dura para muchas personas en el mundo y para sus familiares y amigos. Porque aunque a veces parezca que el dolor, el vacío o el derrumbamiento de nuestro mundo vaya a ser permanente, no lo es. Puede ser algo temporal.

¿Te has preguntado alguna vez, qué diferencia a un valiente de un cobarde? A primera vista, parece que son dos personas muy distintas, ¿verdad?

Pues si lo piensas no hay tanta diferencia…

¿Cuándo fue la última vez que fuiste valiente? ¿Qué sucedió? ¿Cómo te sentiste? ¿Qué hiciste? ¿Cúal fue el resultado?

¿Cuándo fue la última vez que fuiste cobarde? ¿Qué sucedió? ¿Cómo te sentiste? ¿Qué hiciste? ¿Cúal fue el resultado?

La diferencia no es muy grande. Los dos quieren hacer lo que toca en vistas a conseguir sus objetivos. Los dos sienten el miedo, cuando tienen que actuar su corazón se acelera y les sudan las manos. Se les encoge el estómago. Les tiembla el pulso y su voz se quiebra. Las piernas flaquean.

Nada más lejos que querer hacer desde este razonamiento una apología del suicidio, ni mucho menos, sino simplemente acercarnos a quienes han perdido las ganas de vivir y, si cabe, de una manera simbólica tenderles mi mano, y contarles mi experiencia.

Hace tiempo, casi cuatro años me detectaron una artrosis degenerativa en la zona lumbar de mi espalda, lo que llevó a los médicos a intervenirme quirúrgicamente llevando a cabo una artrodesis. Para que todos  nos enteremos, una fijación con tornillos de  varias vértebras. Después del tiempo transcurrido no sólo las cosas no han mejorado, sino  que los dolores han ido cada vez más en aumento haciéndose. Dicen que se trata de dolores neuropáticos, un trastorno neurológico en el que las personas experimentan dolor crónico intenso debido a un nervio dañado. Los nervios conectan la médula espinal con el cuerpo y ayudan al cerebro a comunicarse con la piel, los músculos y los órganos internos.

Dolores que me han llevado más de una vez a tirar la toalla, ante este sufrimiento incontrolable, a no ser mediante una medicación salvaje a base de corticoides y estupefacientes derivados de la morfina, horas y horas de cama, y un largo peregrinaje por hospitales, buscando una solución que quizá o exista. Medicación que anula todos sus sentidos,hasta convertirte en ocasiones en un trozo de carme deambulante capaz de autolesionarse por el mero hecho de llamar la atención en una necesidad acuciante de sentir el apoyo de quienes te rodean, intentando reforzar una autoestima que no existe, y como muestra al exterior de nuestro sufrimiento. Conductas parasuicidas.

“Dolores que me han llevado más de una vez a tirar la toalla, ante este sufrimiento incontrolable, a no ser mediante una medicación salvaje a base de corticoides y estupefacientes derivados de la morfina, horas y horas de cama, y un largo peregrinaje por hospitales, buscando una solución que quizá o exista”

¿Se puede pedir tanto estoicismo a estas personas?, ¿se puede atentar más contra su propia dignidad llamándolas cobardes?. Aquí no hay valientes ni cobardes, y mucho menos falta de generosidad con los tuyos, a tal caso molestia, perturbación en su vivir diario. Sólo hay una realidad: el sufrimiento que, aunque en compañía de nuestros seres queridos y amigos, sólo lo sufrimos nosotros, empeorando nuestra calidad de vida.

Hoy por hoy amo la vida, a mi esposa, a mi familia, pero tengo francamente, el miedo de algún día no poderlo soportar. Pero, por favor, no me juzgues, no tienes derecho a hacerlo. Al menos dejadme ser libre.

No tengo falta de pudor por contar esto, sino la necesidad de tocar la mano a los que me conocéis.

Pero, prefiero no decir mi nombre al menos así te ahorro el motivo de juzgarme en nombre de no se qué deidades, ética o moral.

 

Poema a Esperanza Aguirre

Poema a Esperanza Aguirre.

(Grande de España y del universo

conocido)

Esperanza.

Yo… soy esa.

La condesa lideresa.

Que aparcaba en los carriles

Y se enfrentaba a los viles,

Agentes de movilidad,

Que me odiaban de verdad.

Por ser mujer elegante

Muy simpática y galante,

Y por tener mucha pasta,

Mucho ingenio y también casta.

Me rodeé de batracios

En despachos y en espacios,

Pensé que besaba un sapo…

Que era príncipe no un capo

Y así destapé la trama.

Pues yo soy, la puta ama.

Una persona decente

Que administro limpiamente,

El dinero de la gente.

Vosotras uno, yo veinte.

Ahora me siento muy triste,

El alma la llevo en ristre.

Lloro y muy acongojada

¡Me siento tan humillada!

Pues me quieren señalar,

Como a un corrupto vulgar.

No lo pienso consentir

¡Y no voy a dimitir!

 

Y es que soy la lideresa,

Doble condesa sorpresa.

Provengo de gran linaje,

Alta alcurnia y mucho encaje.

¿Que buscan? ¿Meterme presa?

¡Cuánta calumnia y ultraje!

Después de mi gran gestión,

¡Venga privatización!

¡Vean mi dedo en acción!

También me debo a mi gente,

Que son de millones, veinte.

Y si reduces los datos,

De veinte se quedan cuatro.

Que han ido a buenos colegios 

Y merecen privilegios.

Cargos, viajes, putas, cuentas

En paraísos y vueltas,

Por los mejores hoteles,

Mesas, con finos manteles,

Y tratamiento de don

o doña, ¡que no es de coña!,

Que te da honorabilidad,

Y riqueza en cantidad.

Pues se goza de lo ajeno

Que lo nuestro es menos bueno,

Por eso bajo el colchón,

Está amarrado a presión.

Así que recuérdenme triste

Con lágrimas y apenada,

Con el alma acongojada

Por la terrible traición,

Y no como a la condesa,

La pérfida lideresa,

Rodeada de ladrones,

Para los que no hay jabones

Que oculten el mal olor

De todo a su alrededor.

Menos yo que soy muy buena

Por eso ténganme pena.

Ruth Gonzalez

Cruzaremos el umbral

 

Luis Melero

El cuerpo

Entre sueños sintió la tibieza del lecho, cambió de postura y alargó el brazo hacia el cuerpo acostado a su lado profundamente dormido. No era bello pero si bien proporcionado y viril.

Ella recorrió suavemente el mapa del objeto percibido y a medida que sentía que los músculos del cuerpo se tensaban la reacción biológica involuntaria del otro provocaba en ella excitación. Se acercó lentamente para evitar despertarlo hasta sentirlo en su interior presionando primero con suavidad para proseguir a un ritmo constante y rápido hasta producirle una erección. Seguidamente se levantó con cuidado por temor a despertarlo y se dirigió al baño para asearse. Después volvió al dormitorio y se arrebujó a su lado sintiendo el calor humano que crea la intimidad y el compartir la misma cama.

Una hora más tarde los maullidos de Missa la despertaron. La gata vieja como su dueña quería ir a comer, se levantó de la cama y la acompañó hasta la cocina. Cada noche se repetía el mismo ritual. La gata quería que la contemplara mientras satisfacía su necesidad, podríamos compararlo a la reacción de un niño que muestra a su cuidador lo bien que se porta. Cuando Missa terminó de comer se dirigieron al dormitorio. En el espejo de la cómoda se reflejaba la cama vacía y la manta de la gata caída sobre la alfombra. Acto seguido rehízo la cama y colocó la manta en su lugar y seguidamente se acostó. AL cabo de unos minutos Misssa se acurrucó a su lado con la cabeza apoyada en sus lumbares.

Lo acontecido la noche anterior le alegró día. Aunque desde muchos años atrás ella intuía que la relación no funcionaba, se había aferrado al mundo de la ilusión disculpando los indicios, las palabras y las acciones que confirmaban las sospechas. El pretexto escogido para no enfrentarse a la realidad era que todas las parejas tenían problemas de convivencia. Pero llegó un día en el que ella quiso saber y comprender la situación. Al principio, él se resistió negando las evidencias pero al sentirse acorralado y ante la firmeza y constancia de ella, al final cedió y contó la verdad. Ella era un objeto en sus manos que podía y había manipulado siempre. Al juguete lo que más le dolió de la confesión era que él considerara que poseía el derecho de someterla a su voluntad y estaba convencido que era normal, Todos los varones ejercían la misma posesión sobre las mujeres.

“Lo acontecido la noche anterior le alegró día. Aunque desde muchos años atrás ella intuía que la relación no funcionaba, se había aferrado al mundo de la ilusión disculpando los indicios, las palabras y las acciones que confirmaban las sospechas.”

Tras el impacto mental-emocional” El juguete roto” tomó la decisión de afrontar el fracaso, la frustración y el dolor. En primer lugar, se planteó encontrar herramientas mentales, sociales culturales que le permitieran superar la situación, Pasado el primer impacto se prometió así misma, no permitir jamás que ningún hombre volviera a ejercer una relación de poder sobre su mente, sus ingresos, su deseo o su cuerpo.

Y puedo asegurar que lo consiguió, aunque tuvo que vivir el resto de su vida en una prisión-mausoleo de una pequeña pensión y nunca pudo afrontar la independencia económica.

Él nunca la ayudo. El tiempo le permitió reconstruir su identidad y vivir en paz disfrutando lo que la vida le ofrecía cada día. Sin ninguna duda, La soledad impuesta es difícil de sobrellevar. Pero no hay soledad más desoladora que vivir en compañía y ni un solo día sentirse acompañado o arropado por la otra persona.

Aunque toda la vida compartieron domicilio con una convivencia difícil, él poco a poco la arrinconó en una habitación y ella se fue antes que él. Sin embargo, desde la ruptura vivieron en mundos distintos, Su universo era la familia, Missa, un pequeño grupo de amigos. La gran ventaja que tuvo es que le interesaban muchos temas y la curiosidad llenaba el vacío provocado por la soledad afectiva. En las reuniones lúdicas entre amigos después de unas copas comenzaban las bromas y confesiones. Ella siempre comentaba que nunca antes de la ruptura había sido tan feliz al dejar de ser un juguete y haber recobrado su dignidad. Ante las insinuaciones de los compañeros manifestaba una y otra vez, no necesitar más que soñar una cama compartida con otro cuerpo en alguna ocasión, disfrutar el momento y al día siguiente saber que el suceso había sido una ilusión.


© Carmen Garrido

Los Roba gallinas y los “Otros”

No habíamos pensado nunca que los roba gallinas somos el pueblo incluida la clase media-media.

 

 Ciudadanos que producen riqueza, pagan los impuestos y reproducen nuevos ciudadanos. Sin embargo, sí por el devenir de la vida alguno pierden el sustento, se ven envueltos en procesos administrativos, judiciales, con la hacienda pública o simplemente manifestar una opinión contraria a la establecida por la autoridad. Al ciudadano normal se le obliga a pagar multas excesivas so pena de embargarles los bienes o entrar en prisión. El pueblo no entiende ni puede costear el entramado legal-judicial al que está sometido. Un ejemplo de estos ciudadanos son los castigados a penas de cárcel por gastarse parte del rédito de una tarjeta encontrada en la calle en comida para sus hijos, por el robo de una bicicleta o por delinquir para conseguir una dosis de droga. Todos ellos ya han sido excluidos del sistema y es el único camino que les brinda la sociedad para malvivir cada día.

Por otro lado están los “Otros”. Los que han confeccionado durante siglos un código legal lleno de recovecos a su imagen y conveniencia con el fin de utilizar la ley, las formalidades, las influencias y el dinero para alargar los procesos mediante recursos tras recursos, destrucciones de pruebas “ destrucción del ordenador a martillazos”, prescripción de delitos y suma y sigue. Todo lo expuesto y lo obviado permite a los “Otros” conseguir sentencias absolutorias o extraordinariamente benignas en relación a las fechorías cometidas.

Nadie que no sea peligroso para sus semejantes debería entrar en prisión. La cárcel no mejora a las personas. Debería de haber otros medios que sirvieran para rehabilitar y reintegrar a los delincuentes y marginados en la sociedad. Ahora bien, sí un señor roba a un particular o a una empresa está obligado a pagar la deuda con sus bienes. En caso de ser insolvente se le descuenta una cantidad de sus salarios futuros, o considera un indigente toda la vida.

Agradecería que alguien nos informara sobre lo siguiente. ¿En qué galaxia vivimos, en qué planeta? Cómo es posible que en una democracia europea supuestamente avanzada los políticos, financieros y otros delincuentes de altos vuelos condenados, no devuelvan hasta el último euro indebidamente apropiado y de algún modo paguen a la sociedad el daño causado. Ese dinero no reintegrado no es del Estado sino del pueblo que con su sudor ha pagado impuestos para tener una mejor sanidad, educación, pensiones y un futuro mejor.

Ciudadanos estas son las dos Españas, una crea riqueza con su trabajo y sus impuestos, mientras la “Otra” se sirve de los roba gallinas para vivir a costa del pueblo, saquear el país, enriquecerse y llevar el dinero a buen recaudo a paraísos fiscales.

Cuando los políticos nos comparan con otros países europeos siempre resaltan los aspectos que a ellos les interesan pero se olvidan de las desigualdades que nos alejan del progreso. Piensan que el pueblo no sabe lo que le conviene, pero ellos sí saben cuáles son sus conveniencias. Con este fin los “Otros” intentan crear un clima de miedo y crispación dividendo a España entre rojos, nacionalistas y españolistas.

“Ciudadanos estas son las dos Españas, una crea riqueza con su trabajo y sus impuestos, mientras la “Otra” se sirve de los roba gallinas para vivir a costa del pueblo, saquear el país, enriquecerse y llevar el dinero a buen recaudo a paraísos fiscales.”

Sin embargo, el discurso cala cada día menos en la población. Los ciudadanos quieren gobiernos democráticos que hagan funcionar el Estado de modo equitativo y a partir de esta premisa allá cada uno con sus preferencias. Estamos cansados de sentir vergüenza de la clase dirigente.  Cuando afirman que ta

o cual corrupto ya no pertenece a una sigla se olvidan que cuando votamos no elegimos a personas sino a los partidos y que son estas agrupaciones las que confeccionan la lista de los candidatos. Por tanto, las formaciones son la responsables de la corrupción perpetradas por sus miembros durante los mandatos.

Estos pueblos “ignorantes y manejables” saben y reconocen con resignación, la extracción continúa de la riqueza del Estado a favor de los “Otros” en la Historia de España y se asombran que ni la entrada en la Comunidad Europea haya sido capaz de revertir la situación.

Presuntamente todos con grandes proclamas intentaran crear un pacto para dar la apariencia de renovación de todo lo sucedido durante estos últimos cuenta años. Pero lo seguro es, “que todo cambiará para que siga igual”. Los poderes no van a consentir convertirse en roba gallinas trabajadores y pagadores de impuestos con los mismos deberes y derechos que el pueblo. Cada día cuando me despierto pienso en la grandeza de los pueblos del Estado español cuando a pesar del aumento de la desigualdad promovida por el expolio continuado de los “Otros” seguimos adelante.

© Carmen Garrido

El término por la palabra

 

Disponía nuestra anterior ley de enjuiciamiento criminal (LECrim, en adelante) de varios términos para identificar a la parte sobre la que recaía el proceso, de tal forma que uno podía saber perfectamente en que estado se encontraba el asunto dependiendo de cómo lo llamasen.

Por supuesto, no todo el que sufría un procedimiento penal en sus carnes tenía que pasar por ser identificado por todos y cada uno. Así, uno podía ser acusado pero más tarde podía resultar absuelto, no llegando nunca a ser condenado ni reo, por ejemplo.

Teníamos, así, términos como detenido, imputado, acusado, condenado o reo. Todos determinaban la posición que ocupaba el justiciable en cada uno de los momentos procesales, si es que debía estar en alguno de ellos, claro.

Pero, llegó el momento de encausar -no sé ya si estará bien expresado- a determinados políticos,  pues de la investigación de hechos delictivos aparecían indicios de que tales personas podrían ser partícipes de aquel ilícito. Aquello «se les fue de las manos» a las fuerzas y cuerpos de seguridad y empezaron a brotar políticos en las causas como si de setas se tratase. De una simple investigación, aparecían tres más. De esas tres, quince más. Y así. Esto era y es un no parar.

Y claro, saltaban a los medios, porque aquellos presuntos eran políticos. Y cada vez eran más, y más conocidos. Y estaban de todos los colores, sexos, ideologías, orientación sexual, creencias y tamaños -en pleno respeto a nuestro adorado artículo 14 de la Constitución, en adelante CE-. Aquellos pedían y exigían respeto a su derecho a presunción de inocencia (artículo 24.2 de la misma Carta Magna), aún con sentencia condenatoria firme.

“Claro, ya se oía mucho aquello de «imputado» por los pasillos de las Cortes. Más que eso de «elegible», «candidato», «consejero», «diputado»… Y la palabra «imputado», aunque rimaba, era muy fea.”

Claro, ya se oía mucho aquello de «imputado» por los pasillos de las Cortes. Más que eso de «elegible», «candidato», «consejero», «diputado»… Y la palabra «imputado», aunque rimaba, era muy fea. Denostaba a los compañeros. Ya no se apreciaba todo aquello que habían hecho por el bien de la plebe de forma desinteresada.

Conforme aparecían imputados, se diluía el significado de «desinteresado». Es más, nos daba ya  al -ahora para ellos- populacho, la impresión de que era más un interés «más que interesado». Así no los podríamos creer. No los podríamos votar. ¡Perderían su puesto! ¿Y qué harán ahora? Todavía no se habían colocado todos en alguna energética o multinacional anteriormente favorecida de turno. ¿Quién iba a recibir a un «presunto criminal imputado»?

Al ser tantos, entre ellos amigos y otros dispuestos a perder esa amistad a cambio de una reducción de condena, de manera totalmente previsora -no como en otros asuntos menos importantes para el gobernado como cláusulas bancarias, energías renovables, tarifas eléctricas- decidieron «ajustar» los términos empleados a una realidad más actual.

Así, a través del preámbulo V de la Ley 13/2015, de 5 de octubre, de modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para el fortalecimiento de las garantías procesales y la regulación de las medidas de investigación tecnológica (ahí es nada), se presentó la justificación del cambio de denominación. Desde 1882 se venían usando prácticamente los mismos términos, pero como digo, el común no pierde nada si se le tilda de «imputado». El gobernante sólo puede ser tratado de absuelto, inocente (o Infante de España, que en algunos honrosos casos ya es causa de) o, en cualquier caso, parte-inocente-que-puede-conocer-algún-detalle-que-ayude-al-esclarecimiento-de-los-hechos-y-que-«están-deseando-ir-a-declarar-ante-el-Juez-para-aclarar». Pero ese último término quedaba muy largo, así que pensaron en uno más corto pero que no hiciese mella en sus intachables conductas y reputación. «Investigado» queda bien, pensaron. Y así lo hicieron. Y en alarde de benevolencia y magnificencia le regalaron tal término a todos los justificiables, sin distinción -otra vez, en defensa del art. 14 de la Constitución Española-.

Explica el preámbulo de la citada norma que se cambia tal término para evitar connotaciones negativas -antes no debían ser tan negativas, apreciaron- y estigmatizadoras -debe ser que esta cualidad la aportó la aparición de las redes sociales, de ahí que ahora sí son estigmatizadoras y antes no-. Se aplica -investigado, se entiende- cuando son sólo «meros sospechosos», aquellos sobre los que no hay suficientes indicios para atribuirle formalmente la comisión de un delito.

«Encausado» será aquel a quien la autoridad judicial le imputa (imputado, pues) indicios razonados y suficientes de tener actividad y participación penalmente punible en la comisión de un hecho delictivo en concreto. En realidad lo que hacen nuestros tribunales es, una vez valoradas las pruebas practicadas y analizada una acusación fundada que solicita la continuación del procedimiento, decir si hay indicios suficientes o no que puedan hacer pensar que hay un delito y que la persona de la que hablan puede tener alguna responsabilidad penal, y si los hay, se le imputa/encausa. De otra forma se podría entender como que «imputa» quiere decir «sentencia», lo que sería en realidad aplicable el término  «condenado» y no «encausado», claro. Aquí también se usa el término de «imputado», «acusado» o «procesado», pues ya hay una acusación sobre unos hechos concretos, una determinación de la actuación sobre el que versa, se establece el grado de participación y si hay circunstancias eximentes, atenuantes o agravantes (así como petición de condena detallada para cada uno de los actos de los que se le considere responsable y, si lo hubiere, cuantía de responsabilidad civil). Es decir, que hay indicios más que suficientes y claros como para pensar que eres culpable.

Y esta reforma la propuso el partido que hoy sigue en lo alto de nuestras Cortes. Aún así no les ha parecido suficiente, o se han dado cuenta de que no anduvieron todo lo fino que hubiesen debido. Tal es su suerte que ahora llaman a Diego digo, y viceversa.

Y es que, aunque compartan acepciones, «término» y «palabra» no siempre son lo mismo, por más que, a través de una demagogia oculta tras un leve velo transparente de analogía, quiera uno hacer valer gato por liebre. De esta forma, cierto político que ahora está en todos los medios -póngase, en realidad, a cualquiera de los actuales- en su día dio su «palabra», aquella que siempre se cumple (5º y 6º significado en el DRAE), de que si a su nombre le acompañaba el «término» (8º significado en el DRAE) «imputado» dimitiría.

Y llegó el momento, en que haciendo uso de la nueva nomenclatura, en atención respetuosa a nuestras leyes, y sin que eso signifique resolución alguna, se procedió a la imputación de este señor. Y este caballero no dimite, ni dimitirá. Solicita paciencia al vulgo, pues demostrará que nada hizo y que es inocente. No se ha puesto en duda, por quienes le precisan cumplimiento, del resultado de su pleito. Sólo le instan a cumplir con su palabra, lo cuál no hace aunque ahora intente confundir con retóricos  (entiéndase a la tercera acepción de la palabra en el DRAE) términos.

Ahora lo defienden desde más arriba poniendo como ejemplo a otros -sus compañeros de pactos, que no de color- que «metieron la pata, pero no la mano», aludiendo a que es el mismo supuesto. Pero, por más que intenten confundir al pueblo y a sus «compadres», la palabra que dio no fue respecto de una condena, sino sobre un término que se ajustó a su gusto, dejándolo sólo para singular estado dentro del proceso penal.

Así que, en cumplimiento de sus funciones, cumpla con su palabra, o vuelvan a modificar el término; y si no, sinceramente y para todos los que se encuentren en esa misma situación, espero que el incumplimiento de su palabra sea el término de su carrera político-pública.

© David Breijo. Abogado.

Matemáticas

© Nieves Laguna

Hace unos días me levanté con un pensamiento que a lo largo del día fue tomando forma. Para esto me han ayudado mucho las circunstancias actuales de mi vida y lo sucedido en mis últimos tiempos.

Este pensamiento es el de que la vida es como un problema de matemáticas en el que se debe identificar, analizar e interpretar los datos disponibles con la suficiente atención para recoger los puntos importantes en pos de solucionarlo eficaz y correctamente, porque si no, te pierdes en un cúmulo de fórmulas que te harán dar muchas vueltas hasta llegar al resultado acertado.

Este resultado algunas veces es claro y meridiano, pero otras, la gran mayoría de las veces, hay que buscarle y es en esta búsqueda donde se utilizan todas las fórmulas que uno conoce y si no.… se las inventa. El caso es llegar a la solución.

En estos problemas existen las constantes; que normalmente son la familia y los mejores amigos. Las variables; que son los amigos temporales, los que vienen, los que van, los que se quedan, los que se cruzan, los que por alguna razón entran para enseñarte algo que no habías visto, una variable con la que no contabas y que luego, después de encauzarte en el camino para llegar a la solución, desaparecen por donde vinieron. Están las incógnitas, por supuesto, a mí las que más me gustan.

Puedes visualizar todo problema en conjunto, pero no lo entenderás a menos que comprendas todas y cada una de las variables que lo constituyen y sus posibles derivadas.

Tenemos las parábolas que son aquellas circunstancias y/o personas que no saben ni por donde van, indecisos, que normalmente te hacen perder el tiempo e intentan arrastrarte a su infortunio y su infravaloración que tienen de su propio ser, no aguantan que tú seas feliz, o estés centrada/o.

Las raíces cuadradas y las derivadas son las más difíciles de interpretar, son personas cerradas que se aferran a tu existencia para salir de su vida de mediocridad como si les fuera la vida en ello, te absorben toda la energía, te alagan, hacen lo posible para que tu les prestes toda tu atención y cuando les has resuelto su problema, si te he visto no me acuerdo. Normalmente las raíces cuadradas y las derivadas son las que más dolores de cabeza y anímicos te producen.

Están los descartes, estas situaciones y/o personas hay que desecharlas de inmediato de tu vida. Sólo te traerán amarguras. Algunas veces las ves nada más leer el problema, otras tardas un poquito más, según lo vas desarrollando, pero en cuanto la encuentres hay que descartarla y seguir con tu vida, con tu problema matemático.

Están los problemas matemáticos simples, como las sumas, las restas, las multiplicaciones y las divisiones en las que sabes a ciencia cierta el resultado. Pero hay problemas que, por su complejidad, o bien no se resuelven nunca, o cuando te llegan no estás en el momento adecuado para ponerte a resolverlos, estos es mejor dejarles pasar, o apartarlos a un lado hasta que, o bien te encuentres con la suficiente fuerza como para atajarlo, o que se canse por si solo y desaparezca.

También hay problemas que no tienen solución, no la busquéis, no les deis más vueltas, es que no se puede, no hay forma humana de solucionarlos.

Toda regla tiene su excepción y cada excepción tiene su regla.

“También hay problemas que no tienen solución, no la busquéis, no les deis más vueltas, es que no se puede, no hay forma humana de solucionarlos.”

La fórmula matemática perfecta es la del círculo, pero es muy difícil llegar a ella y mantenerla. Vivimos en un mundo con pocos círculos, sin aristas y muchos cuadrados, triángulos, trapecios, rombos, rectángulos, y demás polígonos cada uno con su fórmula matemática… que tela marinera.

Toda, exactamente, toda la vida está regida por las matemáticas y por la vehemencia y pasión que cada uno ponga en la actuación para la resolución de sus problemas, aunque tengas que ponerte a contar con los dedos de las manos, pero recordar que algunas veces, sólo algunas veces, en muy rara ocasión 2+2 igual no son 4.

El jardinero

© Nieves Laguna, 

Un joven jardinero había perdido las ganas de vivir debido a que por las nuevas tecnologías su trabajo cada día era más prescindible, llegando a sumirse en un profundo estado de melancolía.

No encontraba trabajo porque, además, por su edad, las pocas casas que contaban con bellos jardines ya tenían sus jardineros de confianza, con lo que él pasaba su tiempo dedicándolo a su familia y se había olvidado de quien era.

Pero una mañana que paseaba observando los hermosos jardines, ya que no le quedaba otra cosa que hacer mientras sus hijos estaban estudiando, vio que una de las casas por las que él pasaba había cambiado de dueña y ésta aún no contaba ni con maquinaria moderna ni con jardinero.

Vaciló mucho, lo pensó bastante, estaba indeciso, no sabía si entrar o no. Finalmente, aunque le costó, traspasó la puerta de la casa y se dirigió a la que él creía la dueña y que estaba sentada en un columpio que había instalado en la rama de un árbol, para ofrecerle sus servicios.

La nueva dueña al verlo entrar con paso firme y seguro y tras su presentación, le escuchó. Oyó su oferta:

“Señora. Déjeme cuidar de su jardín, lo haré como nadie antes lo ha hecho porque he nacido para cuidar de las flores, de sus flores, para plantarlas, alimentarlas, verlas crecer, deleitarme con su aroma, cuidarlas, y todas las mañanas tendrá un precioso bouquet de sus maravillosas flores.”

La dueña hipnotizada por sus palabras, su presencia y su voz, vaciló unos momentos mientras lo observaba, pero accedió a contratarle.

El jardinero llegaba todas las mañanas puntual y antes de que la señora pudiera darse cuenta, le dejaba un ramo de sus flores en la puerta de la casa, conforme fue pasando el tiempo esa relación se hizo más profunda llegando a ser confidentes el uno del otro.

El jardinero tooooooooodos los días cortaba una flor, la dejaba en el asiento del columpio, y cuando la señora salía a darle los buenos días, recogía la flor, aspiraba su olor y se la ponía en el pelo.

Pronto se convirtió en una costumbre. Él todas las mañanas le ponía la flor en el columpio, ella salía de casa, olía su maravilloso perfume, se la ponía en el pelo y se dejaba mecer por el viento de la mañana sentada en su columpio, mientras el jardinero la observaba cuidando del jardín y hasta algunas mañanas también se atrevía a empujarla, mientras hablaban de sus vidas.

Pero ella pronto le empezó a exigir más flores por la mañana, flores por la tarde, flores a todas horas, se había convertido en adicción para ella de tal manera que ya no concebía una mañana sin su flor y en una pesadilla para el jardinero, ya que algo que hacía por placer, ahora era un tormento.

 Cada día soportaba menos ir a trabajar, hasta tal punto que le planteó a la señora tomarse unas vacaciones. Evidentemente la dueña de la casa no accedió, no soportaba no verle, no hablar con él, no compartir sus flores y no se daba cuenta que lo estaba asfixiando. Pese a todo, el jardinero desapareció de su vida y lo que fuera un fabuloso jardín ahora era un desierto infértil y asolado. Ella permanecía horas mirando la puerta de su jardín esperando que su jardinero querido apareciera de nuevo, espera inútil, ya que pasaban los días y con cada hora ella caía más y más en la misma melancolía que caracterizaba a su cuidador de flores.

Una mañana, la puerta volvió a abrirse, y el jardinero le habló, le dio las gracias por sacarle de la tristeza en la que estaba sumido, por devolverle la vida que había perdido, por encontrar al hombre que antaño había sido al darle trabajo en su jardín y estaba dispuesto a volver con fuerzas renovadas a cuidar de sus margaritas, de sus petunias, de sus lilas, de sus garberas, de sus plantas de otras tierras.

Desde su regreso, el jardinero volvió a colocar una flor encima del columpio, flor que se marchitaba día tras día, porque la tristeza que su marcha provocó en la dueña de aquél exótico jardín le hizo enfermar y una mañana la encontraron en su habitación, sentada en su butacón, con la ventana abierta mirando hacia su jardín, fallecida, con una nota entre sus manos dirigida al jardinero:

“Volviste demasiado tarde. Mi corazón no aguantó más la pena de tu ausencia y el caos de mi hermoso jardín, quédate con él, ahora es tuyo. Espero que puedas perdonarme algún día.”.

Desde entonces, todos los días hay dos flores que nunca faltan, una en el columpio del árbol y otra en la tumba de la señora que se convirtió en el Amor de su vida sin él siquiera darse cuenta y así siguió cuidando de aquel fantástico jardín hasta que sus fuerzas le dejaron hacerlo.

La bailarina de Alejandria. © Nieves Laguna

Ostracon de la bailarina contorsionista del Museo Egipcio de Turín

Estaba casada, algunas veces con éxito, otras no tanto, con el escribano del faraón y era una de sus bailarinas. Hacía mucho tiempo que ya no sentía pasión ni por su marido, ni por su vida, ni por nada que la rodeara; se había acostumbrado a la cotidianeidad de los quehaceres maritales y sus obligaciones con el faraón. Se había convertido en la odalisca de éste y en su principal arma de seducción para los tratados internos con otras delegaciones de Egipto e incluso con sus pueblos fronterizos.

Tanto el escribano como su esposa iban con el faraón a cualquier reunión de estado, acto oficial o incluso religioso, del cual su marido daba cuenta de todo lo sucedido escribiendo con el cálamo de un avestruz en los papiros envejecidos. Ella se encargaba, siempre sola, de deleitar, embelesar y amenizar con su estilizada y cautivadora danza a los políticos, mandatarios, invitados y al propio faraón en las noches largas y calurosas del vasto imperio egipcio; de ésta manera el hijo de Ra, siempre conseguía sus propósitos. Otras, era obligada a prestar su cuerpo, que no su alma, a algún comerciante que no transigía en firmar los contratos con el faraón si no era acostándose con la bailarina de Alejandría que se había vuelto tan insensible y tan fría como el mármol que adornaba las estancias de los palacios gubernamentales.

De complexión atlética, ella parecía un junco mecido por la calima del Nilo en tardes calurosas, su piel era satinada y de un color cobrizo oscuro que la daba aún más el aspecto de ser algo intangible e inalcanzable, como la obsidiana tallada por las manos magistrales del escultor.

Según el movimiento de sus caderas, sus brazos, su pecho, su vientre o piernas, se dejaban ver destellos dorados del sol del Sáhara en cada uno de sus movimientos. Su pelo era negro brillante, y con reflejos azulados del mar de su Alejandría natal, tan querida y tan lejana, y siempre lo llevaba suelto.

Por todo adorno, unos brazaletes en sus antebrazos, herencia de su abuela y unas pulseras con cuentas de azabache en los tobillos. La cadera rodeada por una cadena de plata, trabajada con exquisito gusto por el hermano de su padre, del que colgaban dijes de lapislázuli y regalada en su décimo años de cosecha.

Este abandono de la vida que la rodeaba no era excusa para la dejadez de su cuerpo. Como hembra del Nilo, era femenina, coqueta y presumida. Los ojos eternamente enmarcados por polvo khol negro que hacían su mirada aún más penetrante y misterios. Le gustaba cuidar su figura, su espesa cabellera y cuando no bailaba para el faraón, se colocaba una flor blanca que nacía de un árbol del jardín del harem que había mandado traer la madre del faraón de la lejana India. El olor del frangnipali era dulce y a su vez amaderado, suave, pero intenso, era un descanso para los sentidos el aroma de aquella flor, tan increíblemente mágico.

Una noche de celebraciones, en el palacio del mandatario de Nubia, ella tropezó inexplicablemente mientras bailaba. Cuando terminó su danza el faraón la miró con un gesto de total desagrado y ella se retiró a la habitación que siempre tenía reservada para sus cambios de vestuario y su descanso durante las largas noches de negociaciones y festejos. Se puso una de sus flores en el pelo como intentando evadirse y tratando de no pensar en la represalia que sabía que iba a tener por parte de su dueño en cuanto terminara la efeméride. Absorta en sus pensamientos, no percibió la presencia del aguador con su aguamanil que estaba detrás de ella aspirando profundamente el olor de la frágil flor que se había colocado en el cabello. Sigiloso como sólo ellos sabían ser, entró en la sala momentos antes y vio a la joven de semblante triste echada entre los futones adamascados con los ojos cerrados. Cautivado por su exótica belleza se arrodilló a su lado y quedó al momento hechizado por la calma con la que ésta respiraba. Intentando encontrar una nueva postura, ella abrió los ojos y vio al sirviente tan cerca que se sobresaltó por completo y se puso en pie.

– Tranquila no te asustes. Soy Shian Ka’an, el aguador, no pretendía inquietarte.

Pero ya era tarde porque en los breves segundos que transcurrieron cuando el joven pronunciaba esas palabras, mientras sus ojos del color del ámbar la miraban, se dio cuenta de que ya nada volvería a ser igual por ese sentido especial que tienen sólo algunas mujeres. Se había sentido atraída por su mirada, por su voz, por su olor.

– Me llamo Kefar Nahum. Soy la bailarina del faraón de Egipto y deberías haber llamado antes de entrar, ¿no te han enseñado normas de cortesía en éste pueblo de tierras estériles? No deberías estar aquí, está prohibido por mi señor que yo cruce palabra alguna con un sirviente.

Oído esto, el aguador bajó la cabeza haciendo un gesto de comprensión y se retiró de la habitación. Unos instantes después Kefar Nahum fue llamada al salón para volver a bailar. Cuando regresó de su baile se encontró con una flor de loto flotando en una jofaina, justo donde ella había reposado su cabeza unos momentos antes. De repente se sintió sorprendida y agitada, un escalofrío le recorrió el cuerpo desde la punta de los pies hasta la nuca erizándole el pelo. Esa noche el sueño terminó por ganar la batalla.

Antes de que el sol asomara tras las dunas del este, al otro lado del río, ella despertó y encontró en un escabel un tarrito que contenía aceite de sándalo y una nota: “Te espero en la puerta del templo cuando el sol esté tocando la línea del horizonte en su amanecer. Usa el aceite y ven.”

Ella no sabía, no pensaba, no lograba apaciguar su corazón, que por momentos parecía latir descompasado. Se puso el aceite por todo su cuerpo, se vistió con el kalisaris de lino y salió de la habitación hacia donde le decía la nota, esperando que fuera el sirviente y sólo el sirviente quien la esperaba por que por alguna razón que no alcanzaba a atisbar se sentía atraída por él.

Llegó a la puerta del templo justo cuando el sol terminaba de salir por el horizonte y allí estaba, era Shian Ka’an, como ella había deseado.

– Cierra los ojos, dame tus manos y deja que te guie por favor.

Accedió sin preguntar nada, estaba hipnotizada, intrigada y excitada. Notó que las manos de su guía la subían en una catanga y que él se sentaba a su lado. El trayecto, que no por su longitud se le hizo eterno, llegó a su fin. Shian Kka’an la descalzó antes de bajar y ella, aún con los ojos cerrados pisó la arena caliente del desierto.

– No abras aún los ojos, hasta que no te lo diga.
– Pero…
– ¡Ssshhh! (la hizo callar poniendo el dedo índice sobre sus labios). Ya casi hemos llegado.

En pocos pasos entraron en una jaima que el aguador había levantado en el desierto a orillas del Nilo. Ella dejándose guiar por ese sentimiento que le recorría el cuerpo, sin saber por qué, estaba tan atónita que no podía pensar, y de repente percibió el aroma del incienso de vainilla, de dátiles frescos, da agua fría, de canela… y cuando estaba intentando asimilar todos esos olores una voz le susurró al oído.

– Ya puedes abrir los ojos.

Ella así lo hizo y se vio en el centro de la tienda rodeada de sedas, de linos, de alfombras, de aceites, de inciensos, de frutas, de frutos secos, y con él.

Shian Ka’an la desvistió y la puso una chilaba abotonada de arriba abajo. Con cada botón que iba abrochando su aguador el deseo se acrecentaba en ella. Cuando el joven terminó con los botones, la tumbó sobre los cojines y empezó a darle de comer, despacio, acariciando con cada dátil los labios de ella.

No se lo podía creer, estaba dejándose llevar, estaba haciendo algo tan prohibitivo que no quería dejar de hacerlo, y se sentía conquistada y provocativa. Dejó que Shian Ka’an le diera de comer, le quitara de nuevo la chilaba botón por botón, descubriendo cada centímetro de su oscura piel y se dejó frotar con aceites exóticos traídos de lejanos países. Cuando el aguador terminó, le puso un caftán y se la llevó a la orilla del río donde subieron en una falukah que dejaron flotar a la deriva. Disfrutaron el resto del día uno del otro, abandonándose al goce de los sentidos, amándose, dándose de comer mutuamente, bañándose en el Nilo, sin pensar en las consecuencias.

– ¿Ke significa Kefar Nahum?
– Tierra de Consuelo. ¿Y Shian Ka’an?

– Dónde Nace el Cielo.

Pasaron los días y ella se levantaba cada mañana húmeda y excitada por saber que su joven la estaría observando desde algún lugar.

Bailaba para los comensales y anhelaba cada noche cuando él, con su acostumbrado sigilo, llegaba hasta su estancia para saciar toda su sed.

Pero una mañana los festejos terminaron y el faraón con su escriba, su séquito y su bailarina tuvieron que regresar. Kefar Nahum pidió que le sirvieran un poco de agua en su habitación antes de salir para Tebas. Shian Ka’an apareció turbado por la noticia de su partida. Ella se arrancó un dije de la cadena de su cadera y se lo dio.

– Dónde Nace el Cielo encontré Tierra de Consuelo, nunca amaré a otra mujer.

A los pocos días de llegar a Tebas, Kefan Nahum fue llamada ante el faraón. Vestida para bailar, se sorprendió cuando en la sala sólo se encontraban su marido y el hijo de Ra. Cuando estuvo frente a él, éste hizo un gesto y un par de guardias tiraron el cuerpo sin vida del aguador delante de ella. No tardó en comprender que había sido ajusticiado por el verdugo del alto mandatario nubio al enterarse de su relación.

– Vete de Tebas. Serás repudiada por todos. Ya no tengo esposa. No sé quién eres (le increpó su marido).

Kefar Nahum, miró al faraón que le hizo una leve insinuación con las manos para que ella misma sin ayuda de nadie se llevara a su amante y no volviera más. La bailarina ayudada por dos criados que se apenaron de ella, se llevó el cuerpo de Shian Ka’an fuera de palacio, lo subió en una carreta y puso rumbo a su ciudad natal. Tras dos días de viaje, sin comer, ni beber, llegó a Alejandría, paró en un acantilado cerca del faro y sacando fuerzas de flaqueza, abrazó al aguador y vio su dije colgado de su cuello.

– Tierra de Consuelo descubrió Donde Nace el Cielo. Nunca amaré a otro hombre. (Dijo poniéndose una flor de frangnipali en el cabello suelto)

Y sin pensarlo, como un exorcismo romántico, miró al abismo que se abría ante ellos, respiró profundamente y dio un paso adelante. Mientras caían tuvo la certeza de que nunca fue amada, porque su marido ni siquiera la veía. Sólo amó y fue amada en tierras nubias.

Encontraron pocos días después dos cuerpos varados en la playa, el del aguador de Nubia, y el de la bailarina de Alejandría.

© Nieves Laguna

Dulcinea ©Nacho Sánchez Tabernero

Dulcinea tiene unas converse de tacón alto, sus gemelos son regaliz de caramelo que se estira y dilata a cada paso que desliza sobre el suelo, sus muslos han sido y son premio de ebrias cacerías donde patinan sobre el hielo de su piel peleles.
Dulcinea lleva flequillo y fuma a su estilo los pitillos, los únicos que han saboreado su agrio carmín a cambio de vida.
Dulcinea es el pedestal de papel que mantienen todos los Robin de su bosque y de los bosques de los alrededores cuyas flechas nunca acertarían su blanco amor
Dulcinea tiene lentejuelas tatuadas en su cuerpo que saludan como un flash a cada movimiento, regando en arco los iris ajenos que la contemplan a cámara lenta y la graban para tener sexo de coctelera con ella
Dulcinea no se ve en el espejo porque hay besos rojos embadurnando el cristal y se dibuja eses en su rostro de diosa pordiosera, abre la puerta dejando la luz encendida y baila en blanco y negro el “you never can tell” de chuck berry por el pasillo acariciando ambos lados de la pared dejando una figura en forma de cruz y un humo que penetra tanto que la sientes.
Dulcinea para el tiempo y tiembla sola en invierno, se refugia en el cajón de la lejía y bebe de la cañería cuando nadie le ve.
Lo peor de todo es que los tristes seguiremos siendo nosotros.

Futuro.- ©Nacho Sánchez Tabernero

Aprieto mi cráneo, cierro los ojos intentando recordar su nombre.

Me acuerdo del lugar, me estiro en el sofá y allí están, todos los libros, que son pocos, que tengo y veo en el lomo negro su nombre en blanco.

Cortázar y su idea del “futuro”.

Tan él.

Tantos todos en apenas dos líneas.

Tantos palos de polos construidos para tocar un micro cielo a mano de todos.

Tantos todos.

Y sólo uno.

 

¿Dioses?

Frío y sombrío, sobre la copa de las nubes, entre la espesa niebla propia de tales alturas. De la memoria de los hombres relegado, pero aún cierto.

Con aquella entrada cercada desde antaño por puertas de interminable visión, hoy chirriantes por el desuso en su apertura, solo imaginada por los antiguos, alguien ha conseguido entrar sin despertar a los presentes del terrible  castigo que es el sueño provocado por el olvido.

De aquella legendaria mesa de las fiestas y bacanales, tan alta como imponente, de uno de sus extremos, descuidado por quien tuvo por obligación su custodia, alguien ha conseguido recoger un poco del néctar y de la ambrosía. La más deseada de las leyendas, la más oscura de nuestras vanidades.

Mercurio, hoy cambiando su mítico emblema alado por el perfil blanco de un vulgar avechucho sobre fondo azul; y su portentoso carro por unas más veloces ondas, ha dado la noticia: el humano tiene en su poder el elixir de la inmortalidad. Elixir en forma de ciencia.

El hombre ha conseguido trasplantar un corazón artificial a un paciente que lo necesitaba sin más dilación, bajo pena de visita a los confines de Plutón. Ha sucedido en Murcia, y ha sido, gracias a los dioses, un éxito.

El hombre ha conseguido trasplantar un corazón artificial a un paciente que lo necesitaba sin más dilación, bajo pena de visita a los confines de Plutón. Ha sucedido en Murcia, y ha sido, gracias a los dioses, un éxito.”

Y aquello que para el resto le ha resultado menos impactante que el secreto de belleza de algunas mortales, o del escaso resultado de un partido entre veintidós tahúres, es el germen de la tan ansiada por todos inmortalidad.

Un poder al que me apunto a mí y a mis cercanos. Prefiero ahorrar como sea para comprar uno antes que para viajar con Caronte, aunque sólo me pida dos monedas. Siempre me mareé viajando sobre el agua, hasta en patinete.

Pero como todo deseo anhelado, hay que tener mucho cuidado. Todo tiene su contrapunto, es ley del universo, y eso no se puede esquivar. Ni siquiera Saturno puede comerse eso.

Y en ese contrapunto entran las primeras advertencias, más de coña que otra cosa:

«Si voy a vivir eternamente, ¿a qué edad me debo casar o «arrejuntarme»? Se va a hacer, nunca mejor dicho, eterno eso de «hasta que la muerte os separe». ¿Se me pasará el arroz alguna vez? ¿Hasta qué edad  dirán los que te rodean que es mejor esperar para tener hijos: los 40, 70, 150, 1000, 4.000.000…?

¿Y para jubilarte (si es que te dejan, claro)? La caja de la Seguridad Social se va al carajo seguro.

Veré deshacerse el país, volver a arrejuntarse, a que Gibraltar sea español, luego marroquí y puede que hasta chileno; que Europa se una con África, luego que se separe de Asia, que se junte con América, que Oceanía acabe pegada a Alaska…

Por cojones veré la evolución del hombre y, si sigue el camino que nos han enseñado a través de Darwing, lo de que nos hayamos autoproclamado «homo sapiens» les va a dar la risa (ya nos da, la verdad). En ese caso ¿nos aceptarán, nos repudiarán, nos exterminarán por el bien del universo? Tendremos que buscar la forma de salir de este planeta, porque Hawking ya ha advertido de que la vida en el planeta se extinguirá por la acción de la propia naturaleza en el, ahora breve y preocupante, plazo de unos 1.000 años; y el Sol «apenas» tardará unos 5.000 millones de años en comerse la Tierra.»

Seguro que cualquier persona que haya dado la primera hora del primer curso de medicina, de una forma clara, concisa, probada y aplastante, me rebate toda esta disertación por la «simple» implantación de un corazón artificial. El envejecimiento de los tejidos, putrefacción,…

Pero para los profanos en la materia, como yo, no podemos hasta tanto sino hacer «locas cábalas» con la evolución de tal descubrimiento, tomando como guía la evolución de otros muchos descubrimientos anteriores a los que otros dijeron que eran locuras: del descubrimiento de la electricidad al corazón artificial; del descubrimiento de la rueda, a los viajes a la Luna… Y la verdad es que la más común causa de muerte (problemas de corazón o parada del mismo), ya no estaría. Tendríamos, poco a poco, más años de vida. Iríamos, con ello, dando nueva vara para medir a Láquelis y quitándole estrés laboral a Átropos para que no corte nuestro hilo. Y con ello investigaríamos sobre evitar dichos otros males: envejecimiento de tejidos, problemas a nivel celular, cerebral…

Y no me vale que me digan que dicho aparato no existe, porque ya lo hemos visto.  O que no se puede poner o no funciona, pues la operación -gracias al cielo- ha sido un éxito. Tampoco que sólo se pondrá a los ricos, pues fue a un mengano como yo. Ni que sólo para jóvenes en casos muy especiales, pues en este caso fue a un señor de unos 70 años cuyo viaje al Elíseo ya tenía reserva.

Tampoco me vale que me digan que es un aparato enorme que no permite una vida autónoma, pues ahí estarán los ingenieros y empresas para hacerlo cómodo, rápido, fiable y económico -con el tiempo- como la evolución del teléfono. Y ya tenemos mini baterías de larga duración, con la carga inalámbrica para poder cargarla a través de una camisa o durmiendo en la cama. Y con ingenieros inmortales, aseguramos la perfección del aparato.

Y es entonces cuando, una vez hechas las chanzas con ocasión de la noticia y la sandez de la posible eternidad, es cuando te planteas otros posibles escenarios, problemas, dilemas… Ya no te planteas posibilidades jocosas, como si será posible no tener un pequeño desliz con tu pareja «en toda tu -ahora inmortal- vida».

Te planteas cuántas veces entrarías en la cárcel, por una cosa u otra. Ya no sería un estigma, sino una parte de la vida, de tu crecimiento personal. Te planteas si una condena por asesinato de 20 años es mucho o muy poco. Porque a día de hoy 20 años es, si hacemos caso a la media que nos dan los seguros, un cuarto de nuestra vida. Suficiente -o al menos debería ser- como para darnos cuenta de lo que hemos hecho, nos arrepintamos, nos reinsertemos y para que la propia sociedad de por pagada nuestra falta. Pero, si tenemos la inmortalidad, ¿qué nos supone 20 años? Menos que lo que canta Gardel. Entonces ¿qué sería lo justo: 100 años, 1.000, 1 millón de años, la ejecución? ¿Te plantearías, sabiéndote inmortal, pasar sólo 20 años en prisión si con ello eliminas de la ecuación a tal fulano que es un asesino, violador, torturador…? Y en el lado contrario, ¿se pararían los cobardes maltratadores en matar a sus víctimas si la condena es de solo 20 años en la eternidad? ¿Deberíamos matarlos antes de tal acontecimiento para prevenir, o nos la jugamos con la esperanza de que acaben siendo buenas personas, aunque sea dentro de 500 años?

¿Habría espacio en este planeta para todos? Teniendo posibilidad todos de vivir eternamente, a buen seguro la población se multiplicaría exponencialmente, y si hoy -que morimos sobre los 80/85 de media- nos dicen que ya es un problema, si no lo hacemos lo será aún más. ¿O castigaríamos a los que no pertenecen al primer mundo, como hacemos ahora, sin darles tal posibilidad? ¿Miraríamos a otro lado limpiando nuestra conciencia comprando un boleto por Navidad o haciendo una puntual aportación a una ONG?

Si no somos lo que ellos quieren, y ya tenemos esa inmortalidad, ¿cómo acabarían con nosotros? ¿Nos dejarán morir de hambre? ¿nos ejecutarán a una edad que ellos consideren, como describía William F. Nola en «La fuga de Logan»? En tal caso, ¿es la inmortalidad Guatemala o Guatepeor?

¿Se negarían los cirujanos a ponerlo con base a una objeción de conciencia? ¿Programarían el fallo los ingenieros que lo diseñan o fabrican? ¿Obligarán las compañías que los fabriquen a que, tras un tiempo, sufran la obsolescencia programada? ¿Y cuánto será ese tiempo? ¿Será justo que lo hagan?  ¿Eso no sería, realmente, «jugar a ser Dios»? ¿No serían todos estos, de hacerlo o no hacerlo, asesinos?

¿Quién merecería ser inmortal? ¿En manos de quién estaría el decidir quién puede ser inmortal y quién no? Los ricos y poderosos tendrán ya asegurada tal virtud, pero para el resto ¿quién lo decidiría? ¿Son ellos más merecedores de dicho privilegio que uno de Somalia? ¿Es mejor Donald Trump que el primo de mi vecino; Putin que tú; Paris Hilton que mi tía?

Me fío de los médicos, que son los que operarían e implantarían el sistema. Me fío de los ingenieros, que harían realmente el aparato. Pero si no me fío de los poderosos a día de hoy, ni de los políticos que tenemos, ¿por qué debería fiarme de ellos para tratar este tema? ¿Quizá debiésemos acabar con todos para «prevenir» un uso abusivo de la inmortalidad, como hacen los Dioses del Olimpo?

Es este el Tormento de Tántalo, que padece eterna hambre y sed, mientras su cuerpo está metido en un lago, y cuyas aguas se retiran de sus labios cuando este se acerca para beber, y sobre cuya cabeza cuelgan frutas, que se elevan cuando quiere cogerlas, con una piedra siempre encima que amenaza con aplastarle.

Es tema, de momento, más de Derecho Natural que Positivo. Necesitaríamos profundizar en ello a través más de un planteamiento filosófico que legislativo. La ciencia siempre va por delante del Derecho, pero no debería ir por delante del razonamiento. Hay veces que el hecho sobreviene, y no hay manera de preverlo, pero hay casos en los que, por muy loca que parezca la idea, va a venir. Y más vale empezar ya antes que lamentarnos.

© David Breijo Martínez

Abogado

 

Como pollo sin cabeza

Al principio, cuando apareció por los andurriales politiqueros de estas plazas patrias, me caía bien. O, al menos, no me caía mal. Si; lo reconozco,  me resultaba majete.

Educado, locuaz, con desparpajo y verbosidad que se echaba en falta. Ideas claras, novedosas por estos lares. Vestido para las ocasiones, impolutamente y en consonancia con las mismas.

Al oír sus proclamas de «regeneración democrática» (¿qué será eso, por Dios?), sin gana alguna de echar la casa por la ventana y sin coger raudamente chistera y paraguas a apuntarme a su partido, pues…me dejaba llevar por sus peroratas. Si no escuchándole, si oyéndole –cosas muy distintas-.

Apañaba (y los sigue haciendo) sus disertaciones y asertos con una manipulación gestual exagerada a mi gusto. El lenguaje gestual está muy bien, vale…pero no tanto; demasiadas manotadas para aquí, allá y per cuyá. A mi gusto.

Tanto gesticular con el único fin de dar más empaque a las palabras, puede interpretarse como inseguridad, falta de manejo del tema reportado e ideas a transmitir. Puede resultar estomagante y poco creíble. Como me sucedió a mí. Y a alguno de ustedes, me da en la nariz.

Pero bueno, “bien está si es que bien acaba”. Que no ha sido el caso, por cierto. Lo mire uno por donde lo mire y desde el ángulo que lo vislumbre.

Albert Rivera, líder de un partido autodenominado Ciudadanos, C’s en sus siglas, naranja como color identificativo y otras cosas más- que no vienen al caso- ha salido rana para cualquier mente medianamente lúcida.

Y anda por ahí como «pollo sin cabeza» sin decantarse hacia uno u otro lado de manera definitiva y no bamboleante como está haciendo, cual pato mareado.

Empieza a pactar con el Psoe en nombre de no sé qué aritméticas, y termina confabulándose con el Pépé a la hora de elegir la mesa presidencial del Congreso de los diputados.

A un servidor eso, lejos de parecerle medianamente serio, lo que le convida a pensar es que se trata de decisiones de polichinelas simplones y sin criterio ni raciocinio alguno. Acercándose al Sol que más le caliente y arrimando su sardina al ascua que más a punto la deje.

Acaba de unirse al señor Rajoy para, en amor y compaña, que la presidenta del Congreso sea al actual ministra de Fomento en funciones – que siempre me pareció muy maja, por cierto – , y a la par conseguir él y su partido una o dos butacas adyacentes a la misma.

¡Él! Que había pregonado hasta la pota que todo partido político aspirante a gobernar este desgobierno pasaba por no trocar ideas por sillones. Pues eso… ¡que si quieres arroz catalina, aquí te traigo dos tazas!

Amigo señor Albert Rivera, se ha llenado usted de gloria y coherencia con esta decisión. Pero hasta lo inalcanzable para cualquier mortal al paño. Al menos a mi gusto. Y al gusto también de dos rubias cacareantes que estoy oyendo – que no escuchando- ahora mismo por la tele y que deben ser habituales en programas a la sazón, porque yo las veo todos los días al cambiar de canal cuando termina el puente viejo (que, mira que es viejo ya el puentecito y su maldito secreto).

“Él! Que había pregonado hasta la pota que todo partido político aspirante a gobernar este desgobierno pasaba por no trocar ideas por sillones. Pues eso… ¡que si quieres arroz catalina, aquí te traigo dos tazas!”

¿Qué pensará de usted el señor Sánchez, con quien tanto quería? Pues lo normal en estos casos, que va usted zigzageando como “pollo sin cabeza”.

Claro que ahora le toca a él; al señor Sánchez, digo.

Me están mosqueando – y mucho – las declaraciones del mismo al populacho – es decir, a nosotros los pobres oyentes ignorantes – .

Pasa del “no es no, ¿qué parte del no es el que no entiende, señor Rajoy?”, al “a día de hoy” el no sigue siendo no. ¿Luego ya veremos según soplen los vientos y azucen el Sol y las ascuas señor Sánchez? ¡Anda ya, plis!

En la seguridad, casi axiomática,  de que el señor Rivera pondrá algún pretexto inapelable a la hora de explicarnos que su verdadero intento no ha sido otro que el de  encontrar una buena coyuntura , en buena y leal oposición, que le permita alcanzar un marco previo que garantice unas premisas mínimas para facilitar la creación de resortes que impulsen un punto de partida sólido y capaz desde todos los puntos de vista habidos y por haber, me despido de ustedes – mis queridos lectores- .

Solo apostillar que estoy casi convencido de que el señor Sánchez hará un regateo similar cuando tenga que explicar porqué concedió la abstención en segunda votación para el bien de todos los españoles, esos a los que no pretenden insultar su dignidad con unas terceras votaciones. ¡Anda ya otra vez! (Siempre les quedarán los consabidos “sacados de contexto”)

Ojalá me equivoque en este último punto, pero me da que no…me lo huelo.

Entonces les digo a todos ellos esa frase tan de moda hoy –y tan potantemente manida -: ¡No en mi nombre!

Breijo-Marquez, Francisco R. 

No te pierdas el siguiente video:

https://www.facebook.com/eldiarioes/videos/1387201784629023/

ESTRENOS CINES: Election: La noche de las bestias

Llega la tercera entrega de la saga “The Purge”, tras “The Purge. La noche de las bestias” (2013) y “Anarchy: La noche de las bestias” (2014).

 

Próximos estrenos: la noche de las bestias

cartelera

Género: ACCIÓN, CIENCIA-FICCIÓN, TERROR, THRILLER

Fecha de estreno:15 de Julio de 2016

Director:James DeMonaco

Guión:James DeMonaco

Reparto: Frank Grillo, Elizabeth Mitchell, Mykelti Williamson, Ethan Phillips, Raymond J. Barry, Terry Serpico, Edwin Hodge, Stephanie McIntyre, Kimberly Howe, Joseph Julian Soria, Kyle Secor, Rob Vardaro, David Aaron Baker, Christopher James Baker, Shawn Contois, Juani Feliz, Pamela Figueiredo Wilcox, London Hall.

Pais:EE.UU., Francia

FECHA ESTRENO: 15 de julio de 2016

 

 

SINOPSIS Tercera entrega de la saga “The Purge”, tras “The Purge. La noche de las bestias” (2013) y “Anarchy: La noche de las bestias” (2014).

Basándose en el siempre explosivo universo que descubrimos en las dos entregas anteriores y que recaudaron más de 200 millones de dólares en la taquilla mundial, Election: La noche de las bestias revela un nuevo y aterrador capítulo de las doce horas de anarquía desenfrenada anuales debidamente aprobadas por los Nuevos Fundadores de América para mantener la grandeza del país.

Hace dos años que Leo Barnes (Frank Grillo) decidió no cometer un lamentable acto de venganza en la Noche de las Bestias. Ahora es el jefe de seguridad de la senadora Charlie Roan (Elizabeth Mitchell) y debe protegerla durante la campaña presidencial, además de sobrevivir al ritual anual en el que pobres e inocentes se convierten en blancos. Pero una traición inesperada les deja en las calles de Washington D.C. durante la única noche en la que nadie puede ayudarlos. Deben sobrevivir hasta el amanecer… o ser sacrificados por el bien del Estado.

Vuelven a colaborar con James DeMonaco, creador de las franquicia, en Election: La noche de las bestias, los productores Jason Blum (las entregas de las entregas de Insidious y Ouija, así como La visita), de Blumhouse Productions; los socios Michael Bay, Brad Fuller y Andrew Form (las entregas de Ninja Turtles, La matanza de Texas, Ouija), de Platinum Dunes, y Sébastien K. Lemercier (Asalto al distrito 13, Four Lovers), el socio productor del guionista y director James DeMonaco.

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