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Abraham Domínguez
Historias escritas por AbrahanDominguez
Soñador de nacimiento y buscador por vocación. Profesor universitario, ensayista y artista plástico por definición, mi tarea educativa y mi obra artística buscan el romanticismo perdido de otro tiempo, donde la creatividad y el ingenio dominaban el mundo.

Eterno Dalí

Sigo con atención, desde el primer día que salió a la luz, la presunta paternidad de Salvador Dalí. Digo presunta correctamente y no de la manera enconada con la que periodistas y medios de comunicación suelen usar el término, sin conocer siquiera su significado judicial. Aclarado esto, entro de lleno en el escándalo Dalí.

Nadie que conozca su biografía, su vida y sus pasiones, puede dar crédito a semejante sandez. Una pitonisa sexagenaria experta en intentar sacar dinero a todo aquel que se deje, intenta, con la única versión de su palabra, demostrar que su madre fue amante del Genio y que de ese escarceo el fruto fue ella. Imaginar a Dalí tocando un cuerpo que no fuera el suyo propio se me antoja tan surrealista como toda su obra. Que una juez tome por certeros los desvaríos pretenciosos de la primera persona que presente una demanda de paternidad de este calibre, es un ejemplo más de la salud de este país de pandereta y circo en el que nos ha tocado vivir. Despertar al último Genio de la pintura universal de su letargo, es un despropósito. Ni en sus mejores sueños de madrugada, cuando se despertaba de repente y sentía la necesidad de escribir lo que había originado su mente, podría imaginarse un episodio así.

Cuando he visto las imágenes del féretro paseado en brazos de los operarios, he pensado en una procesión. Una vez más, y casi treinta años después de su muerte, salía a la luz y recorría unos metros de calzada en Figueras. La expectación y el público como en la presentación de sus performances, estaban ahí. En el fondo, el espectáculo debe continuar. Ya sólo queda una cosa pendiente, y es que al igual que pasó con el Cid, Dalí ha de ganar su última batalla después de muerto. Mucho ánimo Maestro, los que te admiramos sabemos que tu vida y tu muerte han de seguir la estela de tu creación.

Abraham Domínguez
Soñador de nacimiento y buscador por vocación. Profesor universitario, ensayista y artista plástico por definición, mi tarea educativa y mi obra artística buscan el romanticismo perdido de otro tiempo, donde la creatividad y el ingenio dominaban el mundo.

Justicia Social

 

La Justicia Social ha alimentado el terrible ego de los políticos durante varias décadas, queriendo echar por tierra, bajo argumentos de diversas índoles, un Franquismo que poco o nada había hecho por los más desfavorecidos. Lejos de entrar en polémicas vanas donde la conclusión puede herir más de una sensibilidad y sin pretender ironizar sobre una realidad que me parece imprescindible, diré que el término en sí es un sin sentido.

La Justicia Social ni es justa ni es social, y nunca ha pretendido serlo desde que se acuñó el término. Igualar clases sociales, sueldos, condiciones laborales y demás prebendas, aparte de sonar como una música armónica en los oídos, es una ilusión risoria que jamás podrá realizarse. Lo más interesante es que los grupos políticos en su inmensa ignorancia, creen que a día de hoy pueden engañar a alguien con esto. Justicia Social con sueldos de miseria, contratos aún más míseros, paro abrumador y juventud huyendo de España, dibujan un panorama social donde realmente lo que se necesita es justicia.

Mientras nos sigan gobernado zotes de todas las razas, con o sin pedigree, disfrazando su maldad y codicia en forma de buenismo, jamás podrá lograrse una ligera igualdad de clases, de género o de oportunidades. La ciudadanía y no los políticos, debemos luchar sin descanso por nuestros derechos; los suyos están blindados y de nada sirve quejarse, tenemos lo que nos merecemos.

“Mientras nos sigan gobernado zotes de todas las razas, con o sin pedigree, disfrazando su maldad y codicia en forma de buenismo, jamás podrá lograrse una ligera igualdad de clases, de género o de oportunidades”.

Mientras sigamos votando a los partidos que nos ofrece el panorama actual en España, la justicia social seguirá siendo un término para buscar en el diccionario con poca enjundia, pero con fundamento.

Abraham Domínguez
Soñador de nacimiento y buscador por vocación. Profesor universitario, ensayista y artista plástico por definición, mi tarea educativa y mi obra artística buscan el romanticismo perdido de otro tiempo, donde la creatividad y el ingenio dominaban el mundo.

El viento en los sauces

Sauces. Parque del Retiro (Madrid).

Cuando se habla de cambio climático parece que nos suena a algo ajeno, impertérrito y extraño, algo que no nos afecta y de lo que es mejor no creerse nada. No va con nosotros o no existe. Pasamos tan de puntillas por la vida, tan ociosamente, que es imposible conocer la realidad que nos rodea, máxime si ésta tiene que ver con factores de temperatura, cambio atmosférico, o vanos discursos políticos en esta dirección que a las tres de la tarde lo único que provocan es sueño.

 

Pero sí, el cambio climático es un hecho. Podemos comprobar en este agitado verano cómo se suceden las olas de calor, cómo diluvia después durante días bajando la temperatura veinte grados, convirtiendo el estío es una tómbola en la que predecir el futuro del tiempo se convierte en oficio de adivinos. Lo peor de todo es que nos cuentan que tenemos que acostumbrarnos, pues va a ser la tónica general que se va a establecer en este perdido mundo.

Con cuarenta y dos grados en Madrid, la aventura de salir a la calle se convierte en odisea, la odisea de llegar hasta el Retiro en epopeya, y la epopeya de conseguir un banco a la sombra en leyenda. Una vez superadas estas trabas de la administración solar y bien caída la tarde, puede que hasta sople el viento; es cálido y se filtra entre las ramas de los sauces llorones agitándolos con fuerza y personificándolos de tal manera que parecen escaparse de las novelas de Tolkien. Sus hojas y sus ramas producen música, una alegre sinfonía al atardecer que hace mucho más llevadero el asfixiante calor que sufrimos por el día. Los colores rojizos y anaranjados que el ocaso trae consigo, golpean con fuerza en las copas y en el tronco componiendo un lienzo impresionista del que Monet hubiera sacado buen partido.

 

“Con cuarenta y dos grados en Madrid, la aventura de salir a la calle se convierte en odisea, la odisea de llegar hasta el Retiro en epopeya, y la epopeya de conseguir un banco a la sombra en leyenda.”


Las temperaturas aumentan, el clima cambia y las estaciones ya no son como antaño, todo es adaptación, buenas intenciones y mejores palabras. Nuestra madre es la Naturaleza y nuestro patrimonio es el paisaje y normalmente lo olvidamos. Mientras tanto, seguiremos pasando cada vez más calor en verano. Además se prolongará hasta noviembre o diciembre coincidiendo con la Navidad, veremos la nieve en fotografías antiguas y le contaremos a nuestros hijos lo que era esquiar, patinar, o lanzarse cuesta abajo en trineo. Conoceremos el desierto de cerca, tanto que creeremos que España es parte del Sahara. Olvidaremos flores, árboles y fauna, y lo peor de todo es que nos seguirá importando un bledo.

Abraham Domínguez
Soñador de nacimiento y buscador por vocación. Profesor universitario, ensayista y artista plástico por definición, mi tarea educativa y mi obra artística buscan el romanticismo perdido de otro tiempo, donde la creatividad y el ingenio dominaban el mundo.

Paisajes del alma

A lo largo de mi vida, el paisaje se ha convertido en una parte más de mí, como puedan ser un brazo, un ojo o una pierna, y se ha anclado con tanta fuerza en mi retina que no entiendo la vida sin poder asomarme a una ventana y contemplar la naturaleza en estado puro. 

Para mí el paisaje es una forma de vida. No comprendo cómo puede haber gente en este mundo que deteste el campo y sus formas de vida, cómo puede haber personas que jamás se han detenido ante un atardecer sin emocionarse, o cómo la visión de un acantilado junto al mar, o de un bosque de pinos en alta montaña, no hayan podido crear un sentimiento de espiritualidad y hasta de eternidad en un canto místico  ante la inmensidad de lo que nos rodea.

Es cierto que juego con ventaja, pues al haberme criado en mis primeros años en un minúsculo pueblo de Castilla, es imposible que no haya formado parte de los trigales en verano, de los campos de amapolas en primavera o del hielo y la nieve inundando los montes cercanos en otoño e invierno. ¿Quién no se siente libre de este modo?

Ya a la edad de cinco años, recuerdo que mi diversión favorita en el colegio donde dábamos clase los doce alumnos de todas las edades y cursos del pueblo, era mirar por la ventana indiscreta del aula, bajo la atenta mirada de Doña María Ángeles que además de ser mi madre era también la maestra, con lo que aquello suponía, regañina incluida si la distracción se prolongaba más de treinta segundos. Pero para un niño pueden más las distracciones mundanas que las docentes.

En los tiempos de recreo y de ocio, detrás de la escuela, podía contemplarse la inmensidad de un horizonte que no tenía fin, y donde los cantos de las perdices en primavera animaban y alimentaban esa visión romántica del paisaje que a día de hoy sigo teniendo. Y es que el paisaje nos habla sin que nos demos cuenta y nos enseña a ver el mundo y sus cambios, a comprender que todo es mutable y que todo pasa y tiene su tiempo y hasta su final. Contemplando los inmensos rebaños de ovejas con los corderos nuevos, comprendías la vida y la muerte; vida con su nacimiento y muerte cuando eran vendidos para las carnicerías. Pero es que hasta las hojas de los álamos tenían una duración y acababan muriendo, eso sí, siempre de una manera más poética y hasta esperanzadora, pues sabías que lo que se llevaba el otoño la primavera volvería a traerlo. Con las cosechas de cereal y con la llegada en los años ochenta de las vacas frisonas, también conocidas como vacas lecheras, entendías que hasta de los elementos del paisaje se obtenía un beneficio económico y que todo en la naturaleza tiene un objetivo claro y muy diferente al de las grandes ciudades.

“Y es que el paisaje nos habla sin que nos demos cuenta y nos enseña a ver el mundo y sus cambios, a comprender que todo es mutable y que todo pasa y tiene su tiempo y hasta su final.”


El paisaje cambia, pero siempre es el mismo en esencia. Cuando busco una respuesta en mi vida, la solución la encuentro lejos de mi despacho, de la urbe madrileña y del asfalto. Una montaña, un bosque o la ribera de un río pueden ser los mejores maestros  del mundo; no son necesarios ni divanes, ni psicólogos, ni consejeros, el paisaje en sí es la solución; y te das cuenta de que la felicidad se encuentra en lo más sencillo, y que no hay que recorrer miles de kilómetros para ser feliz. En muchas ocasiones basta con subir a un lugar elevado, abrir bien los ojos y dejarte inundar por lo que ves, fundirte con el entorno e intentar descubrir lo que nuestros ancestros en la prehistoria solían hacer, buscando la magia y la belleza en un entorno que nos habla pero que sólo pocos son capaces de escuchar.

Abraham Domínguez
Soñador de nacimiento y buscador por vocación. Profesor universitario, ensayista y artista plástico por definición, mi tarea educativa y mi obra artística buscan el romanticismo perdido de otro tiempo, donde la creatividad y el ingenio dominaban el mundo.

Vamos al cine

Lo reconozco, me fascina y apasiona el cine, forma parte de mí, es mi medio de vida, con quien me acuesto y me levanto, al menos mentalmente. No puedo vivir sin cine, para mí como para Aute, “toda la vida es cine y los sueños cine son”.

Adoro el cine clásico cada vez más; la bazofia actual me da dolor de cabeza en su gran mayoría, me aburre y me provoca sueño, y mira que hacen lo posible para que esto no ocurra con ritmos trepidantes y cambios de planos que vuelven loco al más cuerdo. La industria ha empeorado sí, y no merece la pena decir lo contrario. Estamos en una etapa de mediocridad absoluta, acorde con el tiempo que nos ha tocado vivir. Poca gente va ya al cine, sus precios escandalosos frenan al público en general y al joven en particular, sumado a la baja calidad de una gran mayoría de películas que se emiten. La industria está más que tocada desde hace tiempo. Por otra parte, odio las palomitas, la coco-cola y toda la oferta de comida basura que se oferta para visionar una película. Al cine se va a disfrutar y a que te engañen o enriquezcan durante dos horas, no a engordar.

Hace años que no encuentro una película que me fascine, que me emocione realmente y de la que diga que es genial, así que he decido volver a la Filmoteca, a la mía y la de España, y descubrir nuevos títulos que guarden joyas desconocidas. Del cine en televisión me permito no hablar porque con sus cortes publicitarios el insulto al espectador está servido. Me centro en la Filmoteca. Disfrutar de ella es algo fabuloso, porque sigue guardando la magia de lo clásico, convirtiéndose en un lugar donde aún sí se puede soñar. Para empezar, casi todas se encuentran en lugares y edificios emblemáticos tanto por su historia como por su antigüedad e historicidad, por lo que el atractivo es doble.

Recuerdo Salamanca, en mis años de estudiante a finales de los noventa, cómo llegué por casualidad a la Filmoteca, guiado quizás por un espíritu desconocido que hizo que me topara con ella, me adentrase en sus fauces y me devorara para siempre. En aquel tiempo hacerse socio era algo muy sencillo, y dada su sencillez, fue lo primero que hice. A partir de entonces supe que mi vida iba a cambiar, iba a ser más completa y hasta más feliz. Los viernes por la mañana era el día en el que yo me realizaba, uno o dos días antes tenías que elegir qué película querías ver para que estuviera preparada cuando llegases. Con este pequeño detalle podías sentirte importante y hasta valorado, pues la gente que allí acudía era toda estudiosa e investigadora de lo fílmico y por lo tanto creía en lo que hacía.

 

“A partir de entonces supe que mi vida iba a cambiar, iba a ser más completa y hasta más feliz.Los viernes por la mañana era el día en el que yo me realizaba”

El ambiente era insuperable, las conversaciones elevadas y hasta el olor de las viejas películas y de la cartelería tenían algo especial y distinto a lo que podías encontrarte en un cine convencional.

Descubrí cantidad de películas que eran desconocidas para mí y empecé a interesarme por géneros y títulos nuevos. Mi verdadera vocación empezó ahí y supe que el cine iba a ser una parte importante de mi vida. Hoy, ya lejos de Salamanca hace muchos años, he obviado el cine convencional y comercial y he vuelto a la Filmoteca, esta vez la de Madrid, donde el ambiente, las conversaciones y hasta el olor de lo clásico y antiguo sigue siendo el mismo del de la Filmoteca de la vieja ciudad del Tormes. He vuelto a recordar los viejos tiempos y he sido muy feliz buscando entre legajos, películas y archivos, todo lo que un día me emocionó  y me convirtió en lo que soy hoy, un enamorado del séptimo arte.

 

Abraham Domínguez
Soñador de nacimiento y buscador por vocación. Profesor universitario, ensayista y artista plástico por definición, mi tarea educativa y mi obra artística buscan el romanticismo perdido de otro tiempo, donde la creatividad y el ingenio dominaban el mundo.

El futuro educativo de españa

El futuro de España en materia de educación, lejos de ser una cuestión importante, pasa por un momento delicado.

Aunque históricamente siempre ha estado en una ligera cuerda floja, ha habido momentos de cierta lucidez que eran apagados tan pronto como emergían. Políticos de muy diferentes ideologías a lo largo de los siglos XIX, XX Y XXI, han dejado escapar un concepto claro del mañana educativo, sin importarles en ningún caso cuál iba a ser el siguiente escalón. La naturaleza española, caprichosa y vehemente, poco dada a la reflexión y a la cuestión intelectual, suele escupir al cielo sin darse cuenta de que lo más probable es que el escupitajo le acabe cayendo en la cara.

Los que estudiamos en la añorada EGB, sabemos que nuestro sistema educativo funcionó, sobre todo cuando nos comparamos con los actuales y patéticos medios de enseñanza, que una vez finalizados, coincidiendo con el fin de un gobierno, están abocados a un cambio legislativo y a ser sustituidos por un paradigma de la ignorancia aún mayor, que conducirá a las nuevas y postreras generaciones a desconocer quién fue Lope de Vega, Becquer o el Cid. Además seguirán sumando con los dedos, navegando por las redes sociales en vez de hacerlo en una piragua, tragarán la basura que de manera indecente aparece en la bien llamada caja tonta, y no tocarán los libros, pues desde hace décadas la lectura es tabú entre la mayoría de nuestros jóvenes estudiantes.

Podríamos echar la culpa a muchas causas y personas del fracaso de la educación en este país, y desde luego estaríamos haciendo lo correcto, pero lo peor y más grave de todo, no reside en lo que se ha hecho mal. Volver al pasado poco o nada de sentido tiene, si no es para aprender de los errores. El problema está en un futuro inmediato del que nadie quiere hacerse cargo, pues la educación es conocimiento y el conocimiento es poder; y el poder no es compatible con los que ya lo ostentan desde sus escaños.

“El problema está en un futuro inmediato del que nadie quiere hacerse cargo, pues la educación es conocimiento y el conocimiento es poder; y el poder no es compatible con los que ya lo ostentan desde sus escaños.”


Un país serio tiene una educación seria y lo es porque la educación en sí ha de serlo. De hecho debería ser lo más serio dentro de las prioridades de un Estado. A la seriedad hay que unir la calidad y con este binomio empezar a trabajar, no en nuevos modelos y proyectos educativos, sino comenzando a valorar la educación como la base de una sociedad. Para eso hay que concienciar a los políticos, a los centros educativos, a los padres y por último a los alumnos, enseñándoles que todo requiere un esfuerzo, que con faltas de ortografía no se puede aprobar, que el profesor es una autoridad, y que la educación es lo único en esta vida que les va a dar el mayor de los bienes de la tierra, la Libertad.

Consiguiendo esto habremos dado un paso de gigante, pero para ello, los de arriba, los de abajo y los del medio deben apartar sus diferencias y pensar en el Futuro sin que éste se diluya como una idea lejana del pensamiento, y actuar, trabajar y luchar sin desmayo hasta que el último de nuestros alumnos consiga la mejor formación de calidad que haya existido en España.

Abraham Domínguez
Soñador de nacimiento y buscador por vocación. Profesor universitario, ensayista y artista plástico por definición, mi tarea educativa y mi obra artística buscan el romanticismo perdido de otro tiempo, donde la creatividad y el ingenio dominaban el mundo.

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