Animales, animalistas y bestias

Muerte toro de lidia

¿Qué le parecería a cualquiera de ustedes si al perro que tiene en casa desde hace años como uno más de la familia lo torturaran hasta la muerte?. Seguramente que les sentaría bastante mal, y amen de la correspondiente denuncia, ni siquiera quiero imaginar que harían si se encontrase con el asesino/maltratador. Lo mismo podríamos decir de cualquier otro animal que forme parte de nuestras vidas.

Pero, ¿qué pasa si el animal torturado y asesinado es un toro?. He aquí el gran conflicto, no sólo porque  los intereses en juego son bien distintos, desde un interés económico, en cuanto al negocio que genera los festejos taurinos, hasta el hecho de considerar un arte la lidia hasta su sacrificio, bajo la justificación de que el toro bravo ha nacido para eso, pues no creo que nada ni nadie nazca para morir a manos de una persona.

Así pues, bajo la premisa que no me considero una activista en contra de la tauromaquia, pero tampoco una defensora de la misma, quiero centrarme en determinadas actitudes que desde uno u otro punto de vista no son justificables bajo ningún concepto.

Algunos pensarán que mantener esta posición ecléctitica no beneficia a nadie y que quizá lo haga por no mojarme o evitar conflictos, lo que comúnmente solemos denominar “saber nadar y guardar la ropa”. A este respecto, nada tengo que decir.  Que cada uno piense lo que quiera, faltaría más, aunque viendo a lo que me voy enfrentar no dudo que me lloverán, no sólo las críticas desde una y otra postura, sino la intolerancia basada en la falta de argumentos y sustentada en el insulto.

Así, de la misma manera que no puedo entender que un ser humano se alegre o desee la muerte de otro, sólo por el hecho de ser torero, también se me hace cuesta arriba el tolerar las actitudes violentas de los aficionados a los toros contra los activistas que pretenden la erradicación de la que se ha venido en llamar la fiesta nacional. Todo ello, basado en un denominador común, la radicalización de posiciones que, en vez de buscar soluciones basadas en el entendimiento, por aquello de que “hablando se entiende la gente”, prefieren la confrontación y la violencia.

Twits festejando la cogida y muerte del torero Victor Barrio

Tan deplorable son ambas posturas que me cuesta justificar la lucha contra el maltrato y la muerte del toro cuando quien lo hace está usando de la misma forma la violencia, sino física, sí verbal, llegando a la provocación, aunque disfrazada de protesta pacífica, eso sin valorar la de aquellos animalistas con falta de coherencia que después de acudir a reivindicar los derechos del animal no les importa meterse en el bar de la esquina a comerse un pincho moruno o de geta, o cualquier otro cuya materia prima proceda del animal. Quizá porque consideren más ortodoxo freír el cerebro de una res en el matadero  que atravesarle el corazón con una espada, después de haberle picado sin consideración, provocando un gran boquete en su espalda, y de clavarle tres pares de banderillas.

No, no puedo admitir el maltrato animal, pero tampoco puedo justificar la lucha contra el mismo basada en el insulto o en cualquier manifestación de odio contra quien se dedica a ese maltrato, porque actuar de tal manera, mediante la incitación al odio y a la violencia de cualquier tipo, lo que esta dejando entrever son los instintos más básicos del ser humano; pero también la infracción de las leyes que hacen posible la convivencia entre los individuos que formamos parte de una comunidad. Todo lo cual nos lleva a una sola conclusión que consiste en saber encauzar las protestas contra el maltrato animal, no contra los maltratadores directamente, porque si así lo hacemos nos estaremos tomándonos la justicia por nuestra mano, y todos sabemos que ocurre cuando quien juzga es el pueblo en la plaza pública.

 

“Todo lo cual nos lleva a una sola conclusión que consiste en saber encauzar las protestas contra el maltrato animal, no contra los maltratadores directamente, porque si así lo hacemos nos estaremos tomándonos la justicia por nuestra mano, y todos sabemos que ocurre cuando quien juzga es el pueblo en la plaza pública”


Así pues, tanto la protesta de los defensores de la tauromaquia como de los que viven de ella, debe ser en contra de quien dicta las normas, si estas se consideran injustas, que en el caso del maltrato animal lo son; pero tampoco podemos obviar que la parte contraria tiene derecho a manifestar y defender sus derechos e intereses legítimos, si es que los tiene, o se considera poseedores de ellos.

Nadie puede negar que es una constante en las relaciones humanas el hecho de que la violencia lo único que engendra es más violencia, puesto que una de las virtudes de la que solemos carecer el ser humano es la templanza, necesaria para que la racionalidad aflore cuando al que tenemos enfrente muestra una conducta irracional o violenta, o en contra de la propia naturaleza, salvo que queramos montar la marimorena, por aquello de que llamando la atención se nos hará caso.  Espero que quienes persisten en ello no tengan que lamentar en ningún momento ninguna desgracia humana irreparable. Espero, igualmente, que quien defiende el maltrato del toro o de cualquier otro animal, no sufra ningún mal. Y, finalmente, espero que nuestros gobernantes den solución a lo que sin duda constituye un conflicto social grave, que parece aflorar los instintos más básicos del ser humano que, aún dudando de su superioridad, buscando la confrontación lo convierten en el peor de los animales.

 

De todas formas juzguen ustedes

 

 

Olga Sánchez Rodrigo

Busco la verdad para contársela al mundo. No creo en la neutralidad del periodista, casi siempre es de quien le paga. Por el contrario, SÍ CREO y APOYO al periodismo ciudadano, el hecho por gente de la calle, gente que cuenta lo que le pasa.

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