Afinsa, consideraciones sobre un disparate

Es difícil decir algo nuevo en un tema tan tratado, incluso tan maltratado, pero curiosamente, a pesar de todo lo que he leido, no he encontrado a nadie que explique con un mínimo de rigor como se puede producir un disparate semejante.

Todos los negocios tienen múltiples variables que permiten el enfoque correcto que el empresario debe de dar a su negocio, pero, entre todas ellas, las fundamentales para que el negocio pueda prosperar son el conocimiento y la gestión las que determinan de una forma más directa la deriva del proyecto.

Todos tenemos claro qué es el conocimiento, el dominio de los conceptos que atañen a un tema. Y el conocimiento aplicado a un negocio es fundamental a la hora de la toma de decisiones, ya que de ellas depende el beneficio que es el objetivo prioritario de todo negocio. Y empezamos con los conceptos esquivos.

¿Que es el beneficio?, ¿que diferencia hay entre el bruto y el neto?. El beneficio es la diferencia entre el coste del producto que comercializas y su venta. Hasta que no hay venta cerrada se puede hablar de beneficio estimado, pero no de beneficio real. E incluso, una vez realizada la operación se podrá hablar de beneficio bruto (B.B.), y habrá que esperar a restar los costes generales y los impuestos para determinar el beneficio real de una operación o beneficio neto (B.N.).

Bueno, parece fácil, pero no lo es. Una de las grandes dificultades en todo negocio es establecer con rigor el precio de coste (P.C.) del producto que se comercializa. Inicialmente, y para un negocio ideal, es sencillo. El coste de un producto que se compra y se vende inmediatamente es el precio al que lo hemos pagado. Pero, ¿y si el producto no es único?, ¿y si no se vende inmediatamente y hay que almacenarlo?, ¿y si se compra varias veces a distintos precios antes de empezar a venderlo?, ¿y si se mezclan los de distintos precios en una sola venta?, todo se complica. Para empezar a los gastos generales tendremos que incorporar los gastos de almacenamiento, pero es que tendremos que establecer alguna norma para saber, lo más aproximadamente posible, el coste de lo que vendemos (P.C.)

Hay tres reglas casi universales para calcular el coste de un material en un almacén con rotación -rotación es el conjunto de entradas y salidas de un producto determinado almacenada sin que tengan que corresponderse entradas con salidas, p.ej. compro cinco, vendo tres, compro seis, vendo cuatro, compro dos… -. Estas tres reglas se llaman LIFO, FIFO y medio y corresponden con las iniciales en inglés de su forma de aplicarse al valorar:

  • FIFO. First In First Out. Primero que entra primero que sale. A todos los productos vendidos se les aplica el precio del primero que se ha comprado. Solo se aplica en mercados en recesión ya que se supone que el primero comprado es el más caro y por tanto al vender  al P.C. del primero el B.B. es mayor.
  • LIFO. Last In First Out. Último que entra primero que sale. A todos los productos en venta se les aplica como P.C. el precio de compra del último adquirido. Mercado en expansión. Se supone que el último valor pagado es el más caro, luego al aplicarlo a los adquiridos con precio más bajo se revalorizan y aumenta el B.B.
  • Medio. Es el más habitual. Cada vez que se compra se recalcula el precio de coste de todos los productos iguales según la fórmula: Articulos almacenados por el P.C. anterior + articulos comprados x precio de compra / articulos almacenados + artículos comprados. Y sobre ese precio resultante P.C. nuevo se calcula el P.V.R. o precio de venta recomendado, habitualmente un % sobre el P.C. resultante.

 

Es verdad que aunque estamos simplificando y que para hablar de los costes de almacenamiento y calcular el % de B.B. a aplicar para que la empresa sea rentable, tendremos que manejar conceptos como stock medio, índice de rotación u obsolescencia, pero esto no es un curso de gestión, que también, si no un artículo sobre las razones del fiasco de Afinsa.

Bien, Afinsa compraba, pero no vendía, y por tanto no tenía unos ingresos inmediatos por gestión de ventas, especulaba. Esto es compraba, almacenaba esperando la revalorización, o sea una versión del LIFO, e iba pagando beneficios con las nuevas aportaciones de asociados que se utilizaban para eso, una parte, y el resto para adquirir nuevos bienes. Y se suponía que lograda la máxima revalorización se vendería el producto y con los beneficios se haría lo mismo que con las nuevas aportaciones.

¿Que sucede si el producto no se revaloriza?, que el sistema no se sostiene. ¿Y si se deprecia?, Que se está repartiendo lo que no se puede reponer. ¿Pueden los gestores saber que esto se está produciendo?. Depende de sus conocimientos del sector y de gestión. ¿Sucede lo mismo con los controladores que la ley exige para un negocio de este tipo?. Los conocimientos de gestión le son exigibles, pero los de conocimiento del sector son los que están en cuestión.

El sector de la filatelia tiene sus propias características que provienen de la valoración peculiar del producto con el que se trabaja, y es que el precio de compra del producto es puramente circunstancial y no se tiene en cuanta a la horade valorar el producto almacenado.

Veamos las peculiaridades de Afinsa, que provienen de las de una empresa financiera, la especulación, y la del valor sobre el que especula, la filatelia. Afinsa vendía la revalorización de sus productos adquiridos, la mayor parte sellos, y no el producto en sí mismo. Y esto suponía que tenía que lograr el mayor beneficio estimado que, por supuesto, y como ya dijimos, no es un beneficio real.

Para ello tenía que reflejar en sus balances un cálculo de la revalorización que fuera justificable, aunque no necesariamente real, y ya nos acercamos a la pirueta final. ¿Como creo un beneficio desmesurado donde no hay más que perdidas?. Trabajando con sellos hay una forma en que se puede justificar tanto si existe un ánimo de estafar o si simplemente hay un temerario desconocimiento de las particularidades del sector. Me explico.

La revalorización es la diferencia que existe entre la inversión realizada por compras, la suma de las facturas de proveedores y los impuestos, y el valor actual de los productos adquiridos en propiedad. Y el problema surge a la hora de valorar esos productos.

Cualquiera que trabaje con sellos, como coleccionista, como comerciante, o como simple aficionado, sabe que el sello tiene, al menos, tres valores: el valor facial, el valor que tiene en su cara y que sirve para comprarlo en el momento de ser emitido y de ser usado para franquear un correo. El valor de catálogo o valor referencial que se le da en los catálogos especializados y que cualquier conocedor sabe que no no es real, si no orientativo. Y el valor real, que no se concreta hasta el momento en que se ejecuta la venta del sello y que depende de su rareza y del capricho del comprador por adquirirlo. Luego hay otra serie de factores que pueden revalorizar un sello concreto: un defecto, un matasellos, que esté en un bloque determinado, que el número de serie de la hoja sea capicúa, o uno concreto, y así hasta un millón de factores diferentes.

Afinsa compró sellos en una época en el que las tiradas eran monstruosas, desmesuradas, en un momento en el que se hacían tiradas para franqueo que el mercado postal, no el filatélico, tardaba años en consumir y que por tanto no se revalorizaban, en un momento en el que la popularización del fax, las empresas de mensajería y la irrupción de las nuevas tecnologías supusieron un desplome del tráfico de envíos postales, agravado por la irrupción de los franqueos automáticos que utilizaban otro sistema de sellado de envíos y que relegaban a los sellos a los cajones de las oficinas de correo.

Bueno, ya hemos explicado como el valor real de las compras de Afinsa se aproximaba mucho a cero, pero, ¿como se podía seguir vendiendo una revalorización que no existía? .Afinsa se intervino en el año 2006, pero en el año 2002 Afinsa se encuentra una revalorización inesperada de sus existencias, entra en vigor el euro. El valor referencial de los catalogos pasa de pesetas a euros con un incremento considerable y Afinsa lo aplica a sus balances.

Dice Jose María Sempere en un artículo publicado en Filatelia en mayo del 2005, y que evidentemente los de Afinsa no debieron de leer:

“No es ningún secreto que el valor real de los sellos y cualquier objeto en general, está sometido a las leyes del mercado; leyes que a través de la oferta y la demanda generan subidas y bajadas de sus precios según las circunstancias del momento. ¿Por qué en los catálogos sólo se reflejan las alzas y no las bajas? Sucede que cuando el mercado experimenta bajas reiteradas llega a producirse un desequilibrio entre los precios de los catálogos y los que realmente se utilizan en la compra y venta que, en ocasiones, llegan a ser enormes.

Argumentan los que pretenden seguir una política artificial de precios en lugar de ir ajustando el catálogo a la realidad del mercado que ello perjudica a la inversión que ha efectuado el coleccionista. Eso es falso. En primer lugar el coleccionista que quiera vender lo tendrá que hacer al valor de mercado con independencia de lo que puedan decir los catálogos. Por el contrario con ese proceder el coleccionista se desmotiva, porque se siente engañado con unas valoraciones falsas. Creyendo en los precios de catálogo, cuando acude a vender le dicen que esos precios no eran reales. A los únicos que perjudica que el catálogo sea un reflejo fiel del mercado, es a quienes quieren especular, a quienes pretenden dirigir el mercado a través de los precios de los catálogos mintiendo al coleccionista al decirle que siempre suben y nunca bajan.”

 

Hay poco más que explicar. Según catálogo las existencias de Afinsa se habían revalorizado siete u ocho veces su valor facial. Según catálogo. Según mercado las existencias de Afinsa no valían nada. Las autoridades tardaron un poco en darse cuenta del disparate. Y ¿Afinsa? pues, si aplicamos la navaja de Hanlon, en babia y arruinando a muchas personas. Y si no la aplicamos lucrándose a costa de los que arruinaban.

 

“Según catálogo las existencias de Afinsa se habían revalorizado siete u ocho veces su valor facial. Según catálogo. Según mercado las existencias de Afinsa no valían nada.”

Tal vez las autoridades implicadas debieron de estar más despiertas, tener mayor conocimiento de lo que tenían que auditar. Tal vez debieron de buscar una solución que no provocara la debacle que se provocó. No lo sé. Yo solo se algo de gestión y algo de filatelia. Eso y que, independientemente de mi solidaridad con el sufrimiento de los afectados, el especular con el dinero lleva aparejado el riesgo de perderlo. Y si no que se lo pregunten a los miles de empresarios arruinados en los últimos años. También con ellos soy solidario.

Rafael López Villar

Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

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Rafael López Villar Escrito por el Sep 25 2017. Archivado bajo Actualidad, Economía. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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