Acercamiento a una eternésima parte de lo eterno, el infinito

Acostumbramos a asimilar lo infinito a lo muy grande. No, lo muy grande es finito, lo infinito es en realidad inabarcable para seres finitos como nosotros. También solemos confundir lo infinito con lo eterno. Tampoco. Lo infinito no es ni un instante dentro de lo eterno ya que lo eterno no admite referencias. Lo eterno no admite nada más, lo infinito puede ser una infinitésima parte del todo que sería una eternésima parte –permítaseme la invención de tal medida sin medida- de lo eterno.

Si en lo infinito hablamos del continente suponiendo finito el contenido y por tanto de lo que es, en lo eterno hablamos de dimensiones puramente filosóficas. Dentro de lo eterno cabe, lo que es, lo que fue, lo que será, lo que nunca fue y lo que jamás podrá ser –incluso lo inexpresable- ya que lo eterno trasciende la existencia.

Bien, poco queda por decir o por acercarnos a la eternidad que es inconcebible. Intentemos entonces acercarnos pues a lo infinito que es solamente inabarcable.

Si queremos acercarnos, muy de lejos, a lo que es el infinito supongamos que todo el espacio de nuestro universo se convirtiera en un hilo que un hombre tiene que recorrer poniendo pie sobre pie sin poder dejar ningún punto sin pisar. El tiempo necesario para recorrerlo en segundos, o el número de pisadas necesarias, serían un acercamiento, realmente lejano, a lo que es el infinito. O supongamos que un contador de instantes se hubiera puesto en marcha en el momento del big bang. Lo que marcara dentro de varios trillones de años distaría mucho de ser infinito. Pero seguimos hablando, tarados por nuestra dimensión, de grandes magnitudes muy alejadas de lo que es el infinito. El infinito sigue siendo el ultreya de las dimensiones.

“Si queremos acercarnos, muy de lejos, a lo que es el infinito supongamos que todo el espacio de nuestro universo se convirtiera en un hilo que un hombre tiene que recorrer poniendo pie sobre pie sin poder dejar ningún punto sin pisar.”

Tal vez la mejor forma de provocar un infinito en la vida real sea por medio de un espejo. Todos hemos visto la imagen de un espejo reflejado en un espejo que a su vez se refleja en un espejo… ¿infinitamente? Es posible, mientras haya luz habrá imagen y la luz en el espejo aumenta, no disminuye. Pero apenas hemos empezado, cada una de esas imágenes a su vez, si la aisláramos, propondría una infinita cantidad de imágenes reflejadas, cada una de las cuales, aislada… infinitamente. Pero eso es lo que vemos, de lo que somos conscientes, pero si entramos en el ámbito de lo que puede ser, que también pertenece a lo eterno, puede ser que nosotros no seamos más que una imagen aislada de un espejo infinitamente superior, que no será más que una imagen aislada… infinitamente.

Y apenas estaremos empezando.

Si recurrimos a la máxima de que todo lo que es dentro es fuera, o por vulgarizarlo, si consideramos la escala como una dimensión, todo lo que existe en nuestra  escala ha de existir en infinitas escalas superiores y en infinitas escalas inferiores. O por explicarlo de una forma más sencilla: Yo no sería más que una parte de un universo en el que exista un yo de una escala superior, que a su vez… infinitamente, pero al mismo tiempo cada parte de mi cuerpo será un universo en el que exista un yo de escala inferior, que a su vez… infinitamente.

O tal vez si usásemos una notación pseudo matemática suponiendo “n” como infinito y suponiendo que “n” represente el número de universos posibles en una escala y el número de escalas posibles, el número de universos existentes en un instante sería: (…(((n)^n)^n)^n…)^n donde los puntos suspensivos supondrían infinitas veces, aunque para que esto fuera realmente cierto tendríamos que encontrar la escala base de la existencia, que solo podría ser aquella en la que coincidieran la escala superior y la escala inferior.

Bien, finalmente y pese a todos los esfuerzos clarificadores lo único que queda claro es que la finita inteligencia humana es incapaz de referenciar de una forma concreta el infinito, que a su vez no es más que una eternésima parte de la esencia de lo eterno que era cuando nada existía y será cuando nada exista. De lo inexistente, de lo que llamamos la nada, de lo que existía antes del big bang y después de la máxima contracción de lo existente, ahora mejor ni hablamos.

Rafael López Villar Escrito por el Dic 16 2016. Archivado bajo Vida. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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