Abstenerse o votar en defensa propia

borrego votando

Empiezo a pensar, y ya sé que en este país tal declaración está bastante mal vista, que el principal problema político español es que la falta de una democracia real durante tantos años, trufada con la mediocridad de los personajes que los partidos permiten llegar a sus puestos de responsabilidad, nos ha llevado a olvidar lo que realmente es una sistema democrático.

Sólo desde este supuesto, sin olvidar un descomunal cultivo del ego de los personajes en cuestión, se puede entender la situación actual.

Es verdad que la aplicación de la norma practicada por ellos para justificar su actuación, la real, no la invocada, varía según el candidato, pero el fondo final es tan similar que podría considerarse único. No hay país fuera del partido. En todo caso si hay país, personas, ciudadanos, contribuyentes, tontos útiles, solo importan los míos, los que me votan, o, en último caso, los del partido.

Pero eso no es democracia. Eso no es la esencia de la democracia que consiste en convencer y ejercer la labor pública en favor de todos, o, al menos de la mayoría.

El censo electoral se divide en tres tipos de personajes: los militantes, los votantes y los abstencionistas. Es verdad, es una simplificación, pero inevitable para explicar a algunos partidos por qué no ganan, e, incluso, por qué pierden.

Todo partido, sea del signo que sea, existe y vive de sus militantes. Personas fieles a una ideología y dispuestas a renunciar a sus propios criterios morales para asumir los que el partido, en realidad el líder de turno, les marca como necesarios. Pero todo partido gobierna gracias a sus votantes, es decir, gracias a  sus militantes sumados a aquellas personas, simpatizantes o no, a las que haya conseguido convencer de sus ideas y proyectos.

Ningún partido, ni en España ni en ningún otro lugar del mundo, puede gobernar solo con sus bases, salvo los partidos únicos que, por su propia idiosincrasia, consiguen siempre la mayoría, cuando no la totalidad, de las papeletas depositadas.

Y ese es, a mi simple entender, el drama de la izquierda española. Dividida en dos partidos incapaces de convencer a los votantes, en dos partidos encerrados en sus propios recursos y con posiciones tan diferentes que solo la necesidad, la ambición o la desesperación, les pueden permitir un acercamiento a nivel estatal. Que solo el ansia de alcanzar el gobierno les puede cegar para llegar a acuerdos que únicamente pueden ser viables a nivel local, donde los problemas de enjundia, los problemas realmente trascendentes para la globalidad del país no tienen relevancia.

Y ese ansia, y la históricamente pretendida, y cuestionable, superioridad moral, es precisamente la que les está llevando a convertirse en partidos de militantes, con líderes y declaraciones cada vez más de espaldas a los votantes y más centrados en los suyos. El PSOE se escora para alcanzar lo supuestamente perdido con Podemos y Podemos demuestra, una y otra vez, más preocupación por las reivindicaciones particulares de sus electos que un posicionamiento claro y votable de cara a sus no militantes

El uno se desangra elección tras elección amenazando con convertirse en un partido incapaz de volver a ganarse la confianza de los electores y el otro, de momento, parece haber alcanzado el techo de personas dispuestas a votar sus dispares y radicales propuestas.

¿Y la abstención? Los que la practican por desinterés total, ahí seguirán. Son auténticos militantes de la abstención. Pero no olvidemos que muchos la practican por falta de propuestas asumibles, por hartazgo con las maneras de los partidos, porque perciben una incapacidad del sistema para representarlos realmente. Es decir, por falta de voz en su voto. Y esto, aunque suene duro, se llama carencia democrática.

Y si esto sigue así, si llegamos a las quintas, a las sextas elecciones, posiblemente el partido que gane sea el partido abstencionista, y se lo tendrán bien merecido.

Yo estoy convencido, con absoluta convicción, de que si esto no ha sucedido ya es por ese inveterado recurso nacional que nos lleva cuando no estamos a favor de nada concreto a estar ferozmente en contra. Y ahora, en este momento de la historia, los españoles no votamos a favor de lo que queremos si no en contra de lo que no queremos. O sea, en defensa propia.

“Y ahora, en este momento de la historia, los españoles no votamos a favor de lo que queremos si no en contra de lo que no queremos. O sea, en defensa propia.”

Y por eso, por esa falta de mensaje comprable de los partidos de izquierdas para los no militantes, es por lo que un partido corrupto, un partido salpicado de problemas y con una trayectoria en los últimos años deleznable, gana y se afianza, porque la sensación general, la percepción de la calle es que más vale que nos tomen el pelo a que nos dejen sin país para cumplir una ambición personal, o a que jueguen con nuestro voto para arrebatarnos las tradiciones, o convertirnos en otros distintos a los que queremos, estamos acostumbrados a, ser.

Tal vez cuando esas izquierdas tan superiores moralmente que no se molestan en mirar si esa superioridad les es reconocida por el españolito de a pié, cuando empiecen a tener un proyecto de estado sin sorpresas personales no declaradas, puedan encontrar los votos perdidos en las últimas elecciones.

De momento, y para desgracia de todos, solo hay un partido capaz de atraer los votos no militantes y tener la representación mayoritaria de la calle. Sí, es verdad, sin convicción, con rabia, pero en defensa propia. O eso, o, con displicencia, con resignación o rabia, abstenerse de ser cómplice de un sistema electoral que solo se acuerda de los ciudadanos cada cuatro años, salvo repeticiones, y para engañarlos.

Rafael López Villar
Nacido en 1953 en Orense. Vive en Madrid desde los cuatro años. Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española sobre la que tiene varios blogs.

4 Comments

  1. Alfocea

    11 septiembre, 2016 at 2:29 pm

    Un tanto escueta su argumentaciòn.
    Con el debido respeto me centraré en la abstención. ABSTENCION ACTIVA, meditada y aplicada a un fin. Fin que no es otro que la no participación en el régimen por considerarlo ilegítimo. Y del mismo modo que lo es el régimen todos y cada uno de los partidos que lo conforman, avalan y perpetuan. En España hay una partidocracia que se reparte el estado y la corrupción. En España el ciudadano es un mero espectador que a la hora de votar la único que hace es refrendar una lista impuesta por el oligarca partidista y ahí se acabó su participación. En España no se elige al presidente de la nación ni a representante alguno de manera uninominal. En España la separación de poderes es una quimera. El judicial es reparto de cuotas de poder. En España no hay DEMOCRACIA.
    La abstencion activa y pacífica es el arma que disponemos para que este régimen caiga por falta de autoridad.

    • Rafael López Villar

      Rafael Villar

      26 septiembre, 2016 at 2:47 pm

      ¿Estimado/estimada? Alfocea: Esto es un artículo y, por tanto, una de sus características es la concisión. Pero toda una trayectoria de escritos desarrolla sobradamente la idea. Yo también he practicado la abstención activa, y el voto por sorteo, y… para que seguir. El sistema está blindado contra cualquier iniciativa ciudadana minoritaria y ninguno de sus detentadores está minimamente interesado en cambiarlo. Es lo que hay.

  2. Alicia

    11 septiembre, 2016 at 6:44 pm

    En efecto el problema es la falta de democracia, si la hubiera tendríamos gobierno al primer intento,elegido por los votantes y no por los partidos, y en elecciones distintas en tiempo y forma elegiríamos a nuestros representantes, cada uno al de su distrito. Eso es democracia y mientras no exista yo me cuento, y a mucha honra no entre los abstencionistas sino entre los abstencionarios que somos los que nos abstenemos conscientemente y luchamos además para que lleguemos a tener libertad política y democracia.

    • Rafael López Villar

      Rafael Villar

      26 septiembre, 2016 at 2:48 pm

      Y yo me cuento entre los que usted dice. Pelea, pataleta, abstención y vuelta a empezar.

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