Franceses y compatriotas

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 2 de octubre de 2019

Prestemos hoy atención a los españoles que se instalaron en Francia a propósito de la Guerra Civil, o que emigraron allí por motivos económicos (nada que ver con los actuales fugados en democracia, unos impostores). Algunos de aquellos se hicieron fuera estudiosos de la cultura española. Es el caso de Benito Pelegrín (1940), que nació en Barcelona y llegó de niño a Francia, donde reivindicó no ser ‘Benoît Pellegrin’. Estudioso y divulgador de Baltasar Gracián, ha expresado que nunca será enteramente francés pero que ya no es ‘totalmente español’. Otros hispanistas franceses de esa época sonJoseph Pérez o los ya fallecidos François Lopez (sic) y Thomas Gómez. Este último, turolense, ha contado que perdió la nacionalidad española a los veinte años, pues sus padres solicitaron que sus hijos se naturalizaran franceses para opositar a cargos públicos. Somatizó aquellos cambios, «a partir de entonces y por mucho tiempo sufrí todo tipo de dolencias y achaques impropios de un adolescente». Ahora bien, cuando venía a España no dejaba de chocarle que le tomasen por francés y lo tratasen como tal. Tenían su inclusión nacional perdida entre brumas.

Hace diez años, los profesores Ricardo García Cárcel y Eliseo Serrano Martín tuvieron la magnífica idea de organizar un coloquio con estos hispanistas franceses. 

Fue en Zaragoza y queda constancia de este acontecimiento en el libro Exilio, memoria personal y memoria histórica. Otros nombres de los participantes en aquel simposio fueron Bartolomé Benassar, Araceli Alonso-Guilaume, Augustin Redondo, Jean-Louis Guereña, Eliseo Trenc y Jean-Claude Villegas.

En la formación de todos estos intelectuales cabe resaltar la importancia de la escuela pública francesa, laica, republicana por la igualdad de oportunidades y valoración del esfuerzo. A partir de circunstancias muy diversas, todos ellos compartieron un compromiso ético e intelectual con una España liberal y limpia, ‘camisa blanca de mi esperanza’. Eran de aquí pero también de allí. Nada les era ajeno. Ricardo García Cárcel destaca en este libro espléndido la oscuridad en que refugiaron su ‘identidad’ nacional. Y ha subrayado que estos franceses compatriotas son los más impermeables a la leyenda negra y «quienes más y mejor han usado el concepto de España, tan maltrecho en nuestros pagos». Merecen un homenaje de gratitud. 

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