El escalón felón

Francisco R. Breijo-Márquez ♦ Doctor en Medicina. 

 

Viernes,  20 de septiembre de 2019

Leo un titular informativo , no sin asombro, en uno de los diarios digitales de la comunidad donde habito que tanto me pasma que, sin pestañear siquiera, clico en ella sin dilación. Y me la zampo.

El titular dice exactamente : «Nuevo patinazo de la Reina Letizia por su bronca a un guardaespaldas». 

El contenido viene a decir – doy como hecho cierto que algo de exageración debe tener el mismo, en otro caso sería totalmente  inaceptable – que la princesa ( ¡perdón!… Reina consorte) le echó un rapapolvo de padre , muy señor mío y “que me he quedado con tu cara” a uno de los guardaespaldas que la protegen, o eso deberían…

Resulta que, según el diario, la muchacha se tropezó – que dio un traspiés, vaya – en un escalón que no había previsto que estaba por allí y, ni corta ni haragana, dirigió su mirada más fiera al pobre guardaespaldas que más cerca le pillaba recriminándole en voz queda y mirada felina que no hubiese visto antes el escalón de marras, para que de esa manera ella no hubiese quedado como  pandero de elefanta delante del personal que tanto y tanto la aclamaba.

La muchacha nunca ha sido santa a la que yo haya guardado, ni piense guardar ,devoción alguna. Es más, no me cae muy bien que digamos. No sabría decir el porqué de mi atrabilis, pero así es.

Y no crean que es últimamente, no.

Para mí que es desde que la vi por primera vez por la tele y no precisamente como presentadora de telediarios de la uno, no.

No tenía ni remota idea de que era periodista, ni que presentaba telediarios, ni que era asturiana (porque es asturiana ¿no?) ¡Qué va!

Me enteré de sus antecedentes y de su facha cuando el entonces Principe de Asturias y hoy Rey  – no electo, creo – don Felipe, la presentó a la plebe como su novia formal.

Tengo entendido que, previamente, le había dicho a sus regios papás que o era ésa – Leticia– o que renunciaba a la corona española de una maldita vez.

¡Que ya estaba bien de que sus papás le dijeran tantos noes a las novias que el muchacho les había propuesto!

Y tuvieron los papás que ‘achantar la muí’ y tragar con la menos irritante y más proclive a sus intereses de estado. Digo yo que serían de Estado. Y le tocó a Leticia ser la princesa consorte (yo lo escribo sin “zeta”, que me gusta más).

Todo esto independientemente de que a uno no le caiga, ni le haya caído ,  bien la muchacha, sino todo lo contrario ( siempre la valoré -subjetivamente, por supuesto- , como ‘rabiseca’, ‘marimandona’ y con sonrisas más que forzadas en un pretendido intento de quedar medio bien con sus lacayos , vasallos y plebeyos ). Seguro que me equivoco…¡Ay, me equivoco tantas veces..!

Pero, las acciones y decisiones de la misma – en muchas ocasiones vistas – son intolerables para un servidor. Y eso, quieras que no, influye.

Recuérdese el pifostio que se armó con la reina madre – o emérita…o como se diga ahora – a la salida de una catedral de no sé dónde, a la hora de hacerse fotos con una de las infantas (o con las dos, que no me acuerdo muy bien). Alguna critica que otra le cayó a la princesa doña Leticia. Al menos yo las oí y leí.

Mas que no sirvan estos deslices como que la princesa Leticia es rabiseca y marimandona por el mero hecho de que haya conyugado con un príncipe de casta (electo creo que no… creo) y se le hayan subido tales humos a la cabeza.

Que igual en la intimidad del hogar dulce hogar es afectuosa, compasiva, generosa y desprendida…vaya usted a saber.

Aunque, de ser cierto lo que dice el diario digital de la comunidad en la que habito, a mi no me parece nada, pero es que nada, bien su actitud ante el pobre guardaespaldas; que bastante tendrá el muchacho mirando en derredor por si algún terrorista de tres al cuarto asoma una culata y pueda herir a tan magna personalidad.

So pena que  también tenga la princesa doña Leticia guardaespaldas especializados en vislumbrar y valorar, previamente,  la peligrosidad de cualquier escalón imprevisto donde la princesa doña Leticia pudiera tropezar y hacerse un esguince peroneo-astragalino de primer grado y le fuere  preciso tomar ibuprofenos con omeprazoles (¡cómo detesto escribir principios activos farmacológicos!) más algún elixir tópico apestante para mitigar tanto dolor. O sea, hacerse pupita, la dulce princesa.

Mire usted por dónde que, tal noticia – si es que se le puede llamar así a semejante tontería – me ha recordado a un líder latinoamericano de la más contumaz izquierda obrera – o eso dice él, y viste como un indígena para intentar dar el pego – que viene a llamarse Juan Evo Morales Ayma y es presidente de Bolivia desde hace más tiempo del que sin duda merece (desde 2005, según fuentes consultadas) cuando se dio cuenta de que a su zapato derecho se le habían soltado los cordones y, bastó una mirada de soslayo a uno de sus guardaespaldas para que éste , sin encomendarse ni a dios ni a ese diablo que todos padecemos, agachara su cerviz, pusiera rodilla en tierra y, con un primorosa floritura, le acordonase los zapatos a tan desprendido e izquierdista presidente. Lo estoy viendo ahora mismo…o como si lo viera.

¡De pena!

P.S.- No ha mucho, un columnista de estos lares – Fermín Gassol Peco – escribió un artículo con el título « Talla personal». ¡Qué corto se quedó el buen hombre!

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