Una historia triste

 

Miércoles, 4 de septiembre de 2019

 

 

«Desde hace algunos años, Jorge escribe en su no-diario las cosas y acciones que se ha propuesto hacer en el día, pero que finalmente no ha realizado. Es un minucioso compendio de frustraciones en la que una frase se repite por encima de todas jornada tras jornada:

«…de nuevo, no he tenido valor para hacerlo. »

 

 


Jorge vive con su madre, María del Carmen, y ella escribe un diario al más puro estilo, narrando sus experiencias de los últimas cuatro décadas. Una frase se repite durante los últimos meses:
«Jorge sigue sin tener valor para hacerlo, tiene que decidirse, y pronto.»
Como todos los jueves, Jorge prepara la comida de los jueves; lentejas y boquerones fritos. Pone la mesa y después, lleva a su madre en brazos desde el dormitorio hasta el comedor, sentándola delicadamente sobre una silla previamente ablandada con un par de cojines. Comen.
-Cada vez haces mejor las lentejas, hijo.
– Gracias, madre. Hoy las he puesto un poco más de zanahoria y he añadido un chorrito de vinagre mientras cocían. Así tienen un toque como…
-¡A antiguo!
-Eso, madre a antiguo, para que recuerde los buenos tiempos. ¿Se acuerda cuando padre nos decía
«unas buenas lentejas no las hace cualquier mindundi; que son los platos sencillos los de sabor más inalcanzable»?
-Cómo voy a olvidarlo, Jorge…anda, trae los boquerones…
A María del Carmen le había cambiado el semblante risueño que se había pintado.
Boquerones fritos. Comen.
-Cada vez haces mejor los boquerones, hijo.
– Gracias, madre. Hoy los he frito con harina de maíz. Así tienen un toque como…
-¡A antiguo!
-Eso, madre a antiguo, para que recuerde los buenos tiempos. ¿Se acuerda cuando padre nos decía
«unos buenos boquerones fritos no los hace cualquier mindundi; que son los platos sencillos los de sabor más inalcanzable»?
-No, no puedo olvidarlo, Jorge…Hijo, ¿Cuándo vas a decidirte, por fin?
Jorge miró a la ventana y respondió:
-Ya está hecho madre, ya está hecho…
A los pocos segundos, una terrible explosión sacudió toda la ciudad.
-Anda, hijo trae el postre.
-Sí, madre.
Flan. Comen.
Un hilo musical de gritos y ambulancias con el ojo fuera de la orbita, hacía que el caramelo del flan supiera mejor que nunca.»

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