FLUIR

Mar Outsiders (Campillo) ♦ Periodista

 

Martes, 3 de septiembre de 2019

¿Has sentido alguna vez el vaivén psicológico positivo de estar completamente absorto, enfocado e involucrado en una actividad durante un determinado momento? No es un misterio cómo se deriva en este deleite. Algunas personas, ad libitum​, penetran en el estado a veces vaporoso y otras líquido, que se denomina fluir o estar «en la zona».

“Finding Flow: The Psychology of Engagement with Everyday Life”, Mihaly Csikszentmihalyi

Mi mente no está divagando. No estoy pensando en nada. Totalmente involucrada en lo que hago, mi cuerpo se siente tan bien que parece estar fundido con la nada. Tan aislada que no escucho ni un ápice: el exterior está separado de mí. Soy menos consciente de mí misma y de mis preocupaciones. Estoy completamente inmersa en ese hueco, en esa zona. He olvidado el mundo exterior, permanezco centrada solo en lo que hago y en lo que sucede aquí y ahora, haciendo lo que amo, escribir o concebir cinematografías, antes de darme cuenta el tiempo ha pasado por completo.


Fluir es uno de los estados más agradables de la vida, nos envuelve por completo en el presente y nos ayuda a ser más creativos, productivos y felices.

Mihaly Csikszentmihalyi, psicólogo positivista que popularizó el concepto de Flow, define este estado mental como: «la sensación holística que sienten las personas cuando actúan con total participación».

Si se disfruta poseyendo el control de la tarea es, en gran medida, por su relación con la retroalimentación continua recibida. Descubrimos que lo que estábamos haciendo era muy gratificante. Csikszentmihaly, en 1.998, estudió las condiciones ideales para entrar en un estado de flujo y lo plasmó en una tabla: en el eje vertical, el equilibrio percibido a nivel de desafío, y en el horizontal, el nivel de habilidad, (o proporción). Es necesario que ambos se encuentren en una escala óptima y alta para fluir.

Flow State Scale de Csikszentmihalyi

Todos hemos escuchado el viejo dicho «elige un trabajo que ames y nunca trabajarás un día en tu vida». En la realidad del siglo XXI, sin embargo, abundan las distracciones: desde teléfonos vibrantes hasta notificaciones de correo electrónico constantes, estamos mucho mejor equipados para desconcentrarnos y dejar de disfrutar del estado de flujo.
Fluir en el lugar de trabajo tiene, además, implicaciones sobre el enfoque de innovación. John Hagel, del Centro de crecimiento corporativo de Deloitte, señala que llegar a la zona puede ayudarnos a tomar diferentes flujos de información y usarlos de manera creativa:
“Fluir permite absorber información, sintetizarla e integrarla. Esto impulsa el proceso creativo. En este movimiento parecido a una onda, las personas se están adaptando mientras usan el estado para llevar el rendimiento al siguiente nivel».

Mihaly Csikszentmihalyi: sobre la fluidez

 

No confundamos el fluir con el ensimismamiento, aunque ambos sean siempre un esfuerzo de concentración y apartamiento del mundo. Pensemos en la paradoja dramática de José Bergamín, que consiste en querer pensar sin separarse de los otros, y que los pensamientos sean convergentes, un Todo universal sin desgarramientos fantasmales. Este es el descenso a un estado de autoabsorción tóxica. El yo se vuelve cautivo de cierto tipo de orden, y entonces no está dispuesto a hacer frente a las ambigüedades de la vida. También puede socavar la cercanía o la intimidad.

Bruce Lee: “Sé agua”:

 

Y ahora, vamos a lo de dejar que fluya una relación.

Desde que se institucionalizaron los dogmas religiosos, la gran literatura, más tarde las paradojas de Disney, y las grandes canciones de amor aborregadas, con corazones acelerados y un no poder sobrevivir sin el otro, estamos cuatro minutos o el equivalente en una siesta maravillosa en una playa aislada, con las manos entrelazadas, el sol calentando y la paz tibiando las almas con una sincronización despampanante… Y luego, gracias a lo perfectamente imperfecto, el siguiente segmento de cuatro minutos golpea como un tsunami a través del desorden…

Pero existen otras tendencias emergentes, como el desapego y las relaciones líquidas, que son una representación social de la negación de nuestra propia vulnerabilidad y de nuestra inherente dependencia de la alteridad.

Muy pocas personas están dispuestas a construir conexiones fuertes y relaciones saludables, fuera de estos modelos.

Para desaprenderlos necesitamos juntar toda nuestra mierda romántica, encontrar el interruptor y romper con los arquetipos.

Hay quienes están fuera de estas guerras, y tienen otro frente: pensar que se necesitan tres o cuatro personas para hacer una buena pareja en estos días. Hasta que se encuentran a ese alguien como tres o cuatro personas juntas: fuerte, inmensa y capaz. Y entonces, ¿Qué pasa? Pues que el proceso más racional es desbancado por alguien que posee el 90% de los rasgos que siempre se deseaban en otra persona, y que realmente no se pensaba encontrar.

Para quienes prefieren tener un “plan”…

Si se consigue fluir, es posible no sentir la chispa o las mariposas (esa
maravillosa pero transitoria e incluso superficial sensación de estar en un estado de amor).
Entonces, ¿fluir es dar tiempo para ver cómo sería agregar una persona, otro miembro a la familia en tu vida cotidiana, que no una hermana, una madre o una mascota?

Esto es, en última instancia, antitético al romance por naturaleza; pero este punto de partida: ¿realmente es dejar fluir algo entre dos personas o es control?
No tiene que ver con la idea de buscar a The One, tampoco de ir de una relación a otra, ni estar interesado en estar siempre dentro y fuera del amor. Tal vez sea averiguar quién eres, qué quieres y ser eso, como punto de partida.

Vuelvo al principio: ¿Es posible sentir el vaivén sentimental positivo de estar absorto, enfocado e involucrado en una relación naciente?

Para mi es un misterio cómo derivar en este estado, a veces vaporoso y otras líquido, al que se refiere el concepto «dejar que fluya una relación»…

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