Gobernabilidad versus representatividad ¿Por qué no ambas?

 
Vicente Serrano|Miembro de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista

 

Lunes, 29 de julio  de 2019

 

 

Grecia, hasta ahora, es un ejemplo de un sistema electoral donde, en aras de la gobernabilidad, se premia al partido más votado con 50 escaños extras.

En principio, es un sistema muy parecido al español con 56 distritos electorales con tamaños muy distintos, de los cuales 8 son uninominales (en España hay 52 circunscripciones provinciales de las cuales 2 son uninominales: Ceuta y Melilla). En dichos distritos o circunscripciones, se eligen 238 escaños. 12 se reparten proporcionalmente en circunscripción única y los 50 restantes, ahí ya difiere mucho de nuestro sistema, se asignan al partido más votado. Esto último garantiza la gobernabilidad a costa de deformar la voluntad popular. Ciertamente, en las próximas elecciones griegas el plus de 50 diputados desaparecerá, por la reforma de 2016, o no.

Es evidente que asegurar la mayoría del parlamento facilita tanto el nombramiento de presidente del gobierno como la estabilidad de dicho gobierno. La contrapartida es, como decía antes, la deformación de la voluntad popular. Con este sistema es difícil que la función de control del parlamento (poder legislativo) sobre el gobierno (poder ejecutivo) sea real.

Nueva Democracia recibe 50 escaños más, es decir que el reparto previo entre distritos y circunscripción única le asignaba 108. A tener en cuenta que esa asignación es entre 250 posibles. La comparativa con el sistema de reparto propuesto en Circunscripción Única es que esta se hace sobre 300, que es el real final.

En la anterior gráfica podemos observar como los porcentajes de voto (línea roja) se alinean con los porcentajes de la Circunscripción Única. La línea azul que representa el porcentaje de escaños con el sistema vigente se separa premiando a los votantes de ND cuyo voto vale más que el de él resto de votantes.

Parlamentarismo europeo

Prácticamente, todos los países europeos priorizan la gobernabilidad sobre la representatividad. Francia, con su sistema de circunscripciones uninominales y a doble vuelta, consigue que el sistema sea mayoritario puro, más aun que el británico que lo hace con una sola vuelta. Italia, con sus numerosos cambios de leyes a medida, persigue lo mismo; huyendo de las experiencias del pentapartido, ha caído en Berlusconi, hace un tiempo, y ahora en un gobierno xenófobo. Incluso Alemania, con su aparente Circunscripción Única –solo para la mitad de la cámara– combinada con un sistema uninominal, al exigir un mínimo del 5% para obtener representación, genera mayorías y deja sin representación a una parte importante del electorado.

Se salva de la criba Holanda, con un sistema proporcional puro.

El otro día el Sr. Pedro Sánchez hablaba en televisión de la posibilidad de reformar la Constitución para facilitar la creación de gobiernos estables. Parecía contemplar algún sistema que reforzase la mayoría del partido más votado, casi en línea con la vieja propuesta del PP de que gobierne el partido más votado.

Es evidente que el bipartidismo tal como hasta ahora lo contemplábamos ha dejado de ser viable ya que las muletas de los partidos gobernantes eran los nacionalistas. Con la irrupción de Podemos y de Ciudadanos, y la última de Vox, el sistema precisa de apoyos más complejos. No quiero decir que el sistema de “bipartidismo imperfecto” que genera nuestro sistema electoral haya acabado, simplemente se ha complicado, mientras no se resuelva el papel de los nuevos partidos. O dan el sorpasso o volverán a minimizarse, aunque es evidente que no desaparecerán, a menos a medio plazo. –

Optar por modificar nuestro sistema electoral a otro que genere mayorías más claras siempre ha sido la tentación de los dos grandes partidos, aunque en sus discursos hablen de mejorar la proporcionalidad. El peligro es que si nuestro sistema actual- autoproclamado como proporcional en la Constitución, aunque en realidad es bastante deformante de la voluntad popular- evoluciona a soluciones como la francesa, británica o griega o incluso italiana, la desidia de la ciudadanía aumentará.

Ya tenemos un sistema partitocrático donde la participación de los ciudadanos es marginal, por mucho sistema de voto electrónico que se inventen.

¿Por qué no caminar a un sistema parlamentario que refleje en el legislativo la pluralidad de la sociedad y asegure un ejecutivo con el refuerzo mayoritario de los votos? ¡No es una quimera!

El pasado 29 de julio, proponía un sistema de nombramiento de Presidente de Gobierno con apoyo social mayoritario como complemento a un sistema de conformación del Congreso de lo Diputados en Circunscripción Única sin mínimos para acceder a representación.

Me temo que los medios de comunicación y la clase política española no está muy interesada en este debate. Con escuchar las tertulias políticas televisivas el alma se te cae a los pies, por el desconocimiento de unos y por la tendenciosidad de otros.

¡Mal vamos!

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