Embaucadores





17/mayo/2019
Feliciano Morales. Director-Editor Plazabierta.com

Muchas personas cuando hablan encandilan, dicen palabras bonitas, pero sólo son eso: palabras.  Podríamos decir que en estas personas “del dicho al hecho hay mucho trecho” tal y como reza en nuestro rico refranero, sólo buscan quedar bien, pero sin adoptar compromiso alguno o lo que es peor, dicen una cosa y hacen otra.

En ellas el “buenismo” no existe, no son hacedores del bien, son predicadores y repetidores de frases hechas, de consejos que ellos mismos son incapaces de poner en práctica, aduladores que buscan embaucar a quienes le rodean, el reconocimiento social a su aparente bonhomía.

Esta forma de actuar no es más que una manifestación perversa de su cinismo.  Un cinismo adornado con joyas verbales. Se esconden detrás de una falsa apariencia, bajo el manto del buenismo, haciendo un marketing social de si mismo y de sus ideas atizando luego en la penumbra a quien no piensa o actúa como él. Hacen en público concesiones generosas para evitar conflictos, tanto a nivel personal como social, en un intento hipócrita de apaciguamiento.

Buenista viene de bueno, como dice la RAE es una actitud de quien, ante los conflictos, rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con extrema tolerancia, siendo esta la imagen que tratan de dar aquellos farsantes con piel de cordero. En público dicen una cosa y en privado hacen otra, incluso en determinados ámbitos actúan de manera diferente según el foro en el que se encuentren. En definitiva,  no dan la auténtica cara, van de apaciguadores cuando luego son ellos los que crean los conflictos o echan leña al fuego para que no se apague.

Hacen una caridad de reconocimiento social, sólo para que los demás les ensalcen. Perdonan en público agravios recibidos pero guardan el rencor en su interior, no son capaces del olvidar, estando al acecho de quien le agravió, para en pequeños comités destruirle. No van de cara.

Se olvidan de que los problemas se pueden solucionar a través del dialogo, la solidaridad y la tolerancia, siendo éstas, a tal caso, apariencias iniciales dentro de un mero postureo.

Viven socialmente en una constante actitud artificiosa e impostada que adoptan por conveniencia o simplemente para presumir, en busca de una “posverdad” que no es más que una distorsión deliberada de la realidad, siendo capaz de manipular creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública.

No son más que embaucadores a través de una falsa representación de virtudes de las que carecen. Son un fraude social en busca de un populismo sonriente.

Están lejos de ser libre-pensadores porque buscan solución a los problemas con términos acuñados en vez de con argumentos y análisis de los argumentos contrarios. Están lejos de ser buenas personas, aunque lo parezcan.

Cuidado con ellos.

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