El ser humano

Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

Los diversos conceptos del ser humano confluyen en definirlo como una animal racional. Animal porque procede de la familia de los homo sapiens, y racional porque tiene la capacidad de razonar, de hecho el vocablo “sapiens” significa sabio.

Sin embargo, a pesar de los logros alcanzados a lo largo de los tiempos de los que evidentemente son protagonistas grandes hombres y mujeres, tenemos una historia que es una vergüenza porque igual que hemos evolucionado en la ciencia hemos involucionado en el humanismo hasta el punto que estamos acudiendo a un eclipse de los valores y de la dignidad del ser humano.

Cada vez son más los elementos económicos, políticos, sociales e incluso culturales que limitan la solidaridad y la libertad de elección del ser humano, imponiéndose cada vez más aquellas ideologías que en vez de potenciar la dignidad y el respeto hacia la persona en todas las relaciones que configuran su vida individual, comunitaria y social, potencian la confrontación y la destrucción de los valores humanos como la honestidad, la sensibilidad, la gratitud, la humildad, la prudencia, el respeto, la responsabilidad, entre otros muchos.

Hablamos de derechos. Derechos de las homosexuales, derechos de los animales, derechos de las mujeres, derechos de los parados, de los pensionistas…, pero no respetamos los derechos humanos, es más, los prostituimos a nuestro antojo para sustentar ideologías de todo tipo con el único objetivo de imponerse sobre las contrarias mediante una hermenéutica viciada en origen porque no parten de una conciencia histórica y social, se juzgan situaciones acontecidas en un marco histórico determinado con elementos actuales cargados de una serie de prejuicios y expectativas que convierten el argumento en un engaño o mentira que suponen un obstáculo a una interpretación seria que den solución a problemas y procesos sociales actuales.

Es por ello que, una de las cualidades que definen al ser humano, cual es la capacidad de raciocinio, cada vez está más limitada por corrientes de opinión marcadas por ideologías interesadas, manipuladoras, y lo que es peor fragmentadoras de los grupos sociales. Si a esto unimos la sobrada muestra de la capacidad destructiva del ser humano a lo largo de la historia, no solamente en relación a sus congéneres sino de nuestro hábitat, hace que cada vez se pueda cuestionar más la auténtica naturaleza humana, salvo que admitamos que estamos ante una especie animal mala por naturaleza.

Dijo Thomes Hobbes en su obra El Leviatán (1651) que, el hombre es un lobo para el hombre, «Homo homini lupus», con ello pretendió la defensa de la razón práctica sin perder la vista a los otros, es decir, del resto de individuos que conforman el grupo, tanto en la acción moral como en la política.

A diferencia del lobo que es gregario, siguiendo una tendencia a agruparse en manadas, predominando el grupo y su defensa frente agresiones externas, el hombre es segregario, estando encaminada su actuación irracional  a destruir el grupo, a dividirlo, a destruirlo; lo que evidencia los horrores de los que es capaz la humanidad para consigo misma.

Mientras perdamos la expectativa de que el hombre es un fin y no meramente un medio y, por ello digno de respeto en todas las relaciones y manifestaciones que configuran su vida, estaremos convirtiendo las sociedades actuales en una jungla de animales irracionales, crueles y, lo que es peor, destructivos, peor que el lobo al que se refiere Hobbes.

Se hace absolutamente necesario en este momento de un existencialismo vertiginoso, promover todas aquellas facetas humanas tendentes a satisfacer las necesidades y aspiraciones del hombre, mediante un reconocimiento recíproco de los hombres en su dignidad, de manera que la relación del individuo con la naturaleza y con los demás seres humanos tengan como fin el progreso de la humanidad y no su destrucción.

Si no empezamos a actuar así, si la política, los avances científicos, tecnológicos…, en definitiva si nuestra propia existencia no la ponemos a servicio de los demás, con el fin de corregir todas aquellas irregularidades, diferencias, injusticias que atentan contra nuestra propia dignidad, estaremos abocados al fracaso de nuestra propia existencia, transformándonos en seres humanos instrumentalizados y degradados.

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